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| Benito Pérez Galdós Tristana IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Capítulo
1 XVIII | Lady Restitute». ~Jueves 14.~«¡Ay! No te había dicho 2 II | altivo desprecio. Hacia 1880, cuando ambos habían pasado 3 VIII | quedamos en ello, al número 5 de la calle esa de más abajo... 4 VI | verdad sea dicha, no le abandonaba enteramente, y en sus ratos 5 V | Acosada por la idea de abandonar la morada de D. Lope, oyó 6 XII | puedo abandonarte, no te abandonaré nunca, y mientras este triste 7 XVI | tía no está bien. No puedo abandonarla. Si tal barbaridad hiciera, 8 X | tan bien, que no pudiera abandonarlo. Barruntaba lo que en la 9 XII | una víctima; yo no puedo abandonarte, no te abandonaré nunca, 10 XVIII | invento), yo me mato si tú me abandonas. Eres responsable de la 11 II | cebada, en contratas de abastecimientos militares y otros honrados 12 XXIII | fin la entregó a D. Lope, abierta, para que le pusiese el 13 XXVI | oreja en el resquicio que abierto dejó para el caso, y algo 14 XXIV | al volver del tenebroso abismo. Y después, su fisonomía 15 XXIX | D. Lope seguro de haber abjurado y maldecido su queridísima 16 XX | no hablemos de eso; no me abochornes... Si te incomodo, me lo 17 V | Si nos hicieran médicas, abogadas, siquiera boticarias o escribanas, 18 XI | mucho antes de conocerte, abominaba yo de mi flaqueza de ánimo; 19 III | la época de su viudez y abominando de ellos. Volvió sus ojos 20 XXII | y de todo mi ser. Por él abomino de mis aventuras, de mis 21 XXVII | Y te estima. Me propuso abonar los gastos de tu enfermedad. 22 XVII | para acá una carta fuera de abono, o un telegrama que diga: 23 XI | Tocábale aquella noche aborrecer a su tirano, y cuando le 24 XV | lástima; días en que me toca aborrecerle, y anoche le aborrecí, porque 25 XV | aborrecerle, y anoche le aborrecí, porque en la narración 26 IV | desposarse con su víctima, pues aborrecía el matrimonio; teníalo por 27 XI | A veces paréceme que le aborrezco, que siento hacia él un 28 XIX | Eso de que un galán me abrace, eso de que a un actorcillo 29 XVI | buscar un término a tan abrasadoras emociones, deseaba repetirlas, 30 XV | Inés, la cosa... Oye. (Abrazándole.) Lo que he pensado de mí, 31 XV | se fue derecha a él para abrazarle, cual si hubiera pasado 32 XVII | infinitísimo, o nada... ¿Cuántos abrazos crees que te voy a dar cuando 33 XVI | músculos de los párpados. No abría los ojos sino a medias, 34 XV | me ocurre. ¿Si ahora se abriera esa puerta y apareciera 35 XVII | encantos del paisaje se abrieron paso al fin, si así puede 36 XI | confidencias difíciles, abriéronse las páginas biográficas 37 XXVI | creer cuanto se le decía, abrigaba en su interior cierta desconfianza 38 VIII | de capa, ella de velito y abrigo corto, de bracete, olvidados 39 II | y una hija de diecinueve abriles, llamada Tristana. ~ 40 XXV | estaré en casa, y... Mira, se abrirá una rendijita en la puerta 41 XVII | mi primera ocupación es abrirles la puerta. Salen mis amiguitas 42 XIX | la neblina se despeja... abro mucho los ojitos de la imaginación, 43 XII | correspondía tocar más que abrojos. Reconozco que he sido malo 44 X | y las hondas cañadas del Abroñigal. Dejando el coche, paseaban 45 VI | de ocupaciones gratas, le abrumaba el espíritu. Porque la casa, 46 X | que tipos de una insipidez abrumadora... Vaya, hagamos las paces. 47 XX | de eso. Te lo perdono... Absolución total. Ya ves... quiero 48 VIII | a Hermógenes lo preciso absolutamente para vivir, sin refinamientos 49 XXI | castillo a castillo, dueños absolutos de nuestras respectivas 50 VII | hombre que tan sin motivo absorbía su atención, ver si era 51 XXVII | estilo para expresarlo, absorbíanla por entero; su rostro se 52 XXVII | confunden. Y de tal modo absorbió a Tristana el arte con tanto 53 XIV | angelito? ~Tristana se quedó absorta, mirando las rayas del entarimado. 54 XXVII | estancia para seguir con abstracción profunda la hermosa salmodia, 55 XX | pues sus pensamientos le abstraían completamente de todo lo 56 IX | Entregueme a filosofías abstrusas, y en la soledad de mi estudio, 57 IX | exaltación, no nos parecieron absurdos. Nos sorprendimos con hambre 58 VII | aguardan ya las madres, abuelas o tías (del que las tiene), 59 XVII | medio de la sencillez y la abundancia, teniendo por maridillo 60 II | dejaba de ser común, fruto abundante del tiempo en que vivimos; 61 XIX | borras completamente, y abur mi señó Juan. Te me vuelves 62 XVI | tristeza, de privación. Todo le aburría: la casa, doña Trini, la 63 XX | temporada, hallándose sola, aburrida, encontrara por ahí a un 64 VII | verbo humano, con las caras aburridas, muertas, de los ciegos, 65 XXVII | concluían por desmayar y aburrirse, difiriendo las lecciones 66 XXVI | obliga a no incurrir en abuso. ¿Te parece que me retire 67 XI | nombraba, decía: «Tu marido aca, tu marido allá...» y ella 68 XXV | juguetes. La pintura no acaba de distraerla... la música 69 VII | Cuidado que no ver! No acababan de ser personas: faltábales 70 XXIII | absoluto hasta que mis días acaben. ¡Pobre muñeca con alas! 71 III | a saco, espada en mano, acabó sus tristes días. Pero la 72 XXV | presente. Que usted fue el acabose, por sabido se calla; pero 73 III | atavismo, pues tuvo dos tíos académicos, y otro que fue emigrado 74 XX | mona? - le dijo D. Lope, acariciándole la barbilla y sentandose 75 XXIX | usted, si entra por el aro y acata los mandamientos de la ley 76 XV | favelle... parole di dolore, accenti d'ira... Ya, ya; la congruencia 77 II | que no fuera de cosas accesorias y sin importancia. Veintiún 78 XXII | infernal, con violentos accesos de fiebre, entrecortados 79 XXIV | vida y troquel de nuestras acciones». ~En presencia de la señorita 80 XV | discoprendo, solo il nulla s'accresce cuando sintió los pasitos 81 X | paréceme que el mal me acecha. Créete que en vez de apurar 82 XXIV | mentalmente sus músculos y acechando el vibrar de sus nervios. 83 XXVI | diligente criada a su punto de acecho; pero nada sacó en limpio, 84 IX | del brazo por el camino de Aceiteros, al anochecer más silencioso 85 XXVII | otro dejaba traslucir su acendrada ternura con suspiros y alguna 86 II | de cosas materiales con acentos de entereza estoica. Para 87 X | entre cautiva y tirano se acentuaba de día en día. D. Lope llegó 88 XXI | aspiraciones son ahora más acentuadas que nunca; mi ambición, 89 XXVI | Díaz, quedamos en que se acepta el obsequio del organito, 90 XXIX | sociedad. No sentía el acto, lo aceptaba, como un hecho impuesto 91 XXV | poquito, resultarías muy aceptable. Tienes unos ojos que ya 92 XXIX | rechazar la propuesta, si aceptándola aseguraba la existencia 93 XXVI | eso sí; pero no se puede aceptar, porque lo veda el decoro. ~ - 94 XVII | mundo nos designe, y que aceptaremos para estar bien con él... ¿ 95 XXVII | puedas necesitar. Esto lo acepté: no creí prudente rechazarlo. 96 XXVI | muy mal, en pensarlo así. Acéptelo, y después seremos más amigos. ~ - ¿ 97 XVIII | Yo libre y honrada, te acepto así, aldeanote y criador 98 XVIII | con tus limoneros y tus acequias de undosa corriente. Yo 99 VII | chicos que jugaban en la acera, y uno de ellos cayó al 100 IX | transeúnte. Tristana se acercaba a ellos hasta poner sus 101 VII | le hablo, le hablo... me acerco, le pregunto qué hora es, 102 V | tenazón en el gaznate y no acertaba con la palabra primera, 103 III | pensar discreto y el obrar acertado. Dos manías, entre otras 104 XVI | esta de dulcísimo carácter, achacosa, aunque no muy vieja, y 105 XXI | imaginación cuanto quieres achicarte, y te vuelvo bonito cuando 106 III | helaba de frío, en aquella se achicharraba; en una había vecinas escandalosas, 107 VI | de belleza y juventud, le acibaraba la vida. Su buen juicio, 108 I | respetaban; y cuando se acicalaba y se ponía su bata morada 109 X | prolijo esmero señoril, acicalándose como en sus mejores tiempos. 110 I | las ocho, y en afeitarse y acicalarse, pues cuidaba de su persona 111 XXI | grande en el mundo. ¿No aciertas cómo? Pues yo no puedo explicármelo; 112 XXVIII | operación realizada con tanto acierto por Miquis y su amigo, cuando 113 XX | de niño. ~«Ea, no hay que acobardarse. Yo tengo confianza; tenla 114 XXVII | mano para que paseara, y no acogió mal la niña este ofrecimiento, 115 XXVIII | oficios mañana y tarde, y los acólitos la consideraban ya como 116 XX | tomas o los dejas, según te acomode. ~No era la primera vez 117 I | firmes y nobles, tan buen acomodo hacía el nombre con la espigada 118 XXVI | un gran consuelo para mí acompañar a mi Paquilla de Rímini 119 XXV | anda... y después, cuando acompañes a la señorita, te dejas 120 XX | entrañable afecto y se acongojaba de verla enferma y con pocas 121 XI | que contestó la niña muy acongojada que era esto más fácil de 122 VII | Me tendrá por mujer mala? Aconséjame, dirígeme. Yo no sé de estas 123 XXV | Pues haga usted lo que le aconsejo. No hay tiempo que perder. 124 VIII | vida, precursora quizá de acontecimientos graves. Algún cataclismo 125 III | No comprendía nada, no se acordaba de cosa alguna, ignoraba 126 XV | ganas de verte... ¿Te has acordado de mí? ¿A que no has soñado 127 XVII | tardes, sin que el artista se acordara de merendar ni de comer. ~ 128 XII | hasta con lujo. Tú no te acordarás, porque eras entonces muy 129 XV | recoger la vuelta. Cuando me acordé, ya estaba en el tranvía... 130 XVII | Déjenme a mí de arpas y acordeones, y de fulgores celestes. 131 XV | anhelaba oír; y ya no se acordó de Leopardi ni se cuidó 132 XXVIII | beatas llegó a ser tal, que acortaba las horas dedicadas al arte 133 XII | podemos llamar hombres sin acortar la palabra o estirar la 134 XVI | no; la visión de ella le acosaba; el recuerdo fresquísimo 135 V | una cavilación sombría. Acosada por la idea de abandonar 136 X | particular que, si sales, te acose algún mequetrefe, de estos 137 XII | rodillas - , porque no quería acostarme sin charlar algo más. Sé 138 XIX | alrededor del árbol antes de acostarse, y ya entrarán, ya entrará 139 XXI | Ayudada de Saturna, se acostó, después que esta le hubo 140 XII | levantándose él también.) No estoy acostumbrado a inspirar asco, francamente, 141 XXVI | pasó; estoy mejor, y me voy acostumbrando a la idea de no tener más 142 XXVI | mal rato; pero al fin me acostumbraré. ¿Qué remedio tengo?... ~ - 143 XXV | objetos hasta que pudiese acostumbrase a mirarlos sin tanta emoción; 144 XII | tomas - dijo Garrido con acritud - , y la energía con que 145 XXVI | afectuosos, sin llegar al tono y actitudes de la verdadera confianza. 146 XXI | recetar calmantes, menos activos que la idea de ti... He 147 XIX | abrace, eso de que a un actorcillo cualquiera tenga yo que 148 XXIV | cajas de colores para óleo y acuarela, pinceles, caballetes y 149 VII | tumulto infantil, madres que acuden airadas... Tantas manos 150 XII | ella y no a la criada, y acudió cediendo a una costumbre 151 XII | que no he de dormir si me acuesto dejándote disgustada... 152 XXVI | caudal inmenso de fluido acumulado en su sistema nervioso, 153 XXIX | de Baeza D. Primitivo de Acuña, el galán en decadencia 154 II | dejaba de ser vil el metal acuñado, ni la alegría que el cobrarlo 155 XII | atormentan como espectros acusadores. ~Encontrole paseándose 156 IV | como él, hijitos mimados de Adán, habían recibido del Cielo 157 VIII | las cuatro de la tarde. Adaptábase poco a poco a tan horrible 158 XVII | de la inexorable ley de adaptación, que hubo de encontrar adecuadas 159 XVII | adaptación, que hubo de encontrar adecuadas condiciones locales para 160 XXVII | antes que se las revelaran; adelantábase a la propia enseñanza, y 161 XXIV | Pero qué, ¿te ríes? Adelante. «Pues no me caso... Que 162 XXII | La misma Tristana se le adelantó, diciendo con aparente serenidad: « 163 XXVII | tiempo, es decir, cuando los adelantos de la joven se marcaron 164 XXVIII | operación, su rostro había adelgazado tanto, que muchos que en 165 XXIV | invalida que le convendría más adestrar la mano en alguna copia, 166 XV | Venecia, Roma y Nápoles se adestró de tal modo, que fácilmente 167 XVII | comprendo mi fe constante y mi adhesión sin límites. Protesto, me 168 XI | Entreveía ./. o más bien adivinaba el artista un misterio grave 169 XIII | observaba; mas no la reprendía, adivinando que, al menor choque, la 170 IX | Aún se miraban de lejos, adivinándose, más que viéndose, entre 171 VI | a buenas horas!, en la administración doméstica, tan disconforme 172 XV | ni del dorado techo... se admira, fabricado... del sabio 173 VI | flojo en hombre tan devoto admirador de sí mismo. Llegó día en 174 XXV | se alegraba de tratarle, admirando de cerca, por primera vez, 175 XXVII | genio esta niña - afirmaba, admirándola con efusión contemplativa - , 176 XIII | de espanto, Pepe. No sé admirar esas hembras pintadas. Me 177 XVII | algún día hemos de amarlo y admirarlo juntos. Pero ¡si estás conmigo 178 XXVI | usted cómo transijo. Se admite el regalo del instrumento 179 IV | caballería sedentaria, no admitía crimen ni falta ni responsabilidad 180 XVIII | que en esta rustiquidad (admitida la nueva palabra) casi me 181 XXVI | dignidad no podía el caballero admitir. «Porque, mire usted, amigo - 182 XX | las más viejas, de las más adocenadas y vulgares del humano repertorio. 183 VIII | años que medían entre la adolescencia y la edad viril. ¡Juventud!, 184 IX | mis tristezas amargas de adolescente; en sueños veía siluetas, 185 VII | absurdo pedir al náufrago que adopte posturas decorosas al asirse 186 XXIII | manos. ¡Pobre alma mía, adorable chicuela, la quiero, la 187 XVII | puerta. Salen mis amiguitas adoradas, y para saludar al nuevo 188 XXVII | educándola como a un hijo único y adorado. El anciano músico y el 189 XXVIII | a la niña del que fue su adorador, y con toda su sagacidad 190 XVIII | Tabla de logaritmos, te adoraré con toda la fuerza de mi 191 XXI | género trágico, que podré adorarte desde el castillo de mi 192 VI | su proceder y procuraba adormecer a la cautiva con palabras 193 XXI | perfecciones de que quiero ver adornada tu sublime persona. ¿Quieres 194 XXI | todo el saber que leyendo adquirí, y que se me había como 195 VII | su despilfarro, y cuarto adquirido era cuarto lanzado a la 196 XXVII | rostro se transfiguraba, adquiriendo celestial belleza; su alma 197 IV | estaba el caballero de su adquisición, porque la chica era linda, 198 XXVI | cállate. Ese grado de adulación no debe consentirse entre 199 XX | más sensible de su ser, adulando sus gustos y estimulando 200 XI | culpable, porque no soy adúltera; no engaño sino a quien 201 II | para mercachifles? Te lo advertí cuando empezaste, y no quisiste 202 XI | pues el muy ladino, cuando advertía en ella síntomas de hastío 203 III | y hasta en la comida se advertían tufos de alcanfor. Con decir 204 XII | tiempo, Tristana, para que adviertas tu error y retrocedas, porque 205 XII | aunque me muera... Oye, adviértele que despida el modelo, si 206 XXVII | profesor un hombre chiquitín, afable, de una paciencia fenomenal, 207 V | intrigaran con el Gobierno para afanar los destinos. Así anda la 208 XIV | de fresno. ¡Qué tontería, afanarnos por lo que no existe, por 209 XXII | había de decir! Nada me afectaba y los sentimientos de toda 210 VI | vivo de su presunción, no afectaban a Tristana tanto como las 211 XI | a la revelación, porque afectan a la conciencia y al amor 212 XXV | prepárala para que no se afecte cuando vea en su presencia 213 XXVII | faltillas; recibíale siempre afectuosa, y le veía partir sin aparente 214 XXVI | conversación en los términos más afectuosos, sin llegar al tono y actitudes 215 I | punto de las ocho, y en afeitarse y acicalarse, pues cuidaba 216 I | caballero, como un precioso afeite aplicado a embellecer la 217 XXVI | y decente. No le veo muy aferrado a la infantil manía del 218 XV | Pero no te afanes, no te aferres tanto a esa aspiración, 219 XV | convertirán en humo. Por eso me aferro más a la idea de conquistar 220 XIV | había que tomar posesión, afianzando sólidamente en él la planta 221 VII | noblote y aplicadillo, con aficiones a la tauromaquia callejera. 222 XXVIII | su cuello y de su busto. Aficionose a pasar las horas de la 223 IX | como crestería negra de afiladas puntas, los cipreses del 224 XXVII | Es un genio esta niña - afirmaba, admirándola con efusión 225 XIII | concluía por hacer suya la afirmación de Saturna. ~«Pero tú - 226 XXVI | ya lo sé - replicó ella, afirmándolo por lo mismo que empezaba 227 XXIII | para que yo lo crea y lo afirme... Vamos, ¿a que al fin 228 VI | relevado de las miserias que afligen a la humanidad. Y para colmo 229 XXVI | obstante, descontenta y afligida, apartó de sí el espejo, 230 XXIV | espejo y mirándose en él se afligió extremadamente. ~«Pues no 231 XIX | atenuantes; que a mí me aflija, a las primeras de cambio, 232 XVI | no por Dios!), cuando me aflijo por una ausencia breve y 233 IX | después de mucho tira y afloja, conseguían despegarse, 234 XVI | amorosa cadena, ni siquiera de aflojarla? ~«Iré a llevarla a usted - 235 XXVI | poca sangre de sus venas afluyó al corazón; apenas podía 236 XI | Ah, no creas! Ha sido muy afortunado en amores. Sus conquistas 237 VII | he dado a entender; ¡qué afrenta!, le quiero sin conocerle, 238 XXII | decir! ¡Yo, que he sabido afrontar sin un fruncimiento de cejas 239 VII | y ve un madero y a él se agarra, creyendo encontrar en él 240 IX | como a tal, y me cuida y me agasaja. También ella fue víctima 241 V | migas. Sin la compañía y los agasajos de Saturna, la vida de Tristana 242 XI | firmeza, y a medida que se agigantaba en su mente la figura de 243 XV | Tristana entró con aquella agilidad infantil que no cedía ni 244 XX | la necesidad de sueño la agobiaba; envuelta en un mantón de 245 XXVI | dificultades de cierto género que agobiaban a D. Lope, se arrancó a 246 XV | primero, como cuando se agolpa el gentío a la puerta de 247 III | aquel año hicieron buen agosto paseándole los trastos por 248 IV | los matrimonios que han agotado el capitalazo de las ternezas, 249 XXIV | mansedumbre, al principio agradaron a D. Lope; mas no tardó 250 XXVI | organito, pero no lo demás; se agradece, eso sí; pero no se puede 251 I | habéis escapado, pobrecitas! Agradeced a Dios el no haber nacido 252 XII | conmigo tengo mucho que agradecerte! Me has querido en mi vejez, 253 II | de ser de la fuerza del agradecimiento y de las emociones terribles 254 XX | te lo digo para que me lo agradezcas. Ya sé que en otros tiempos 255 XX | Dices eso por consolarme. Lo agradezco; pero, ¡ay!... Ya no brincaré 256 IV | vio en D. Lope al viejo, y agrandaba con su fantasía la ridícula 257 XIII | el ciclo de sus ideas se agrandó, y comunicándose de uno 258 XIII | de Saturna. ~«Pero tú - agregaba - , eres una mujer excepcional, 259 II | los presentes, y que estos aguantan por timidez y cortedad de 260 XVI | Si no fuera por ti, yo no aguantaría las crudezas de este frío 261 VII | ponen a jugar. Allí les aguardan ya las madres, abuelas o 262 XXIV | para mover los pedales. Aguardando con febril impaciencia al 263 IV | recorre los períodos de aguda dolencia febril, y en ella 264 IX | sentían como heridos por un aguijón que les llegaba al alma, 265 VII | prisionera que descubre un agujerito por donde escaparse? Yo 266 XIX | decirlas. Pues entérate, aguza el oído y escucha. ¡Ay, 267 III | aunque su grande ánimo supo aherrojar la congoja que del fondo 268 XV | casa, y el pájaro voló... Ahi Pisa, vituperio delle genti. ¿ 269 VII | quiero ahogarlo, y me ahoga. Es esto estar enamorada? 270 III | Aquel diluvio con jabón los ahogaba a todos. Por fortuna, en 271 XXV | decía entre toses broncas y ahogados suspiros: «Pero, ¡Dios mío, 272 VII | semejante a la del que se está ahogando y ve un madero y a él se 273 VII | se me desborda... quiero ahogarlo, y me ahoga. Es esto estar 274 XXIII | Saturna, Saturna... ven, me ahogo... Este olor de las flores... 275 X | tener algún alivio en sus ahogos pecuniarios, porque cesaron 276 VI | del menesteroso caballero, ahondando las arrugas de sus sienes 277 XXII | Garrido, a quien se podía ahorcar con un cabello, no tuvo 278 XIX | menos a ti. Quisiera que ahorcaran a doña Malvina, que fusilaran 279 XXVIII | alquiler de la nueva casa ahorraba una corta cantidad, que 280 IX | sus cartas le decía que ahorrase... Apenas llegué a Madrid 281 VII | su madre le incitaba al ahorro, sugiriéndole la idea de 282 V | delante de los ojos, como si ahuyentara una mosca». ~ 283 XXIV | los trebejos de pintura, y ainda mais, me comprará un organito, 284 VII | infantil, madres que acuden airadas... Tantas manos quisieron 285 X | juramentos, y luego, entre airado y burlón, le decía: «Porque 286 XXV | ya no hay hombres guapos, airosos, atrevidos, que sepan enamorar. 287 XXVII | en el mundo ocurría, su aislamiento era completo, absoluto. 288 XXVI | la mente de la niña como ajadas y desvanecidas por obra 289 | ajeno 290 VI | que los años, y más que el ajetreo que desde los veinte se 291 VI | con que ella defendía su ajuar de la descomposición y de 292 XII | sintió cierta comezón de ajustar cuentas de gratitud; pero 293 XXIX | los dedos, y no cesaba de alabar a Dios. ¿Eran felices uno 294 III | arcabuces roñosos, pistolas, alabardas, espingardas de moros y 295 I | casi inverosímil de puro alabastrina; las mejillas sin color, 296 XXI | de que solían ambos hacer alarde ingenioso en sus íntimas 297 XXIV | la niña eran para causar alarma. No parecía la misma, y 298 VI | le ponía la desproporción alarmante entre su flacidez enfermiza 299 VII | muy sorprendida, rechazar, alarmarse, ofenderse y decir que no 300 XVII | más pares. Me levanto al alba, y mi primera ocupación 301 I | Habiendo perdido a su marido, albañil que se cayó del andamio 302 XVIII | personas racionales con albarda... digo, al revés. Oigo 303 VII | las puertas de las casas alborotando como demonios. Confusión, 304 III | tenía, puestos a secar, los álbums de retratos. Tristana contemplaba, 305 III | con el duque de Rivas y Alcalá Galiano, detestaba las modernas 306 XXVI | le parecieron de singular alcance. ~Por de pronto, ni una 307 III | comida se advertían tufos de alcanfor. Con decir que lavaba los 308 V | fortifican por el momento como el alcohol, aunque a la larga destruyan. ~«¡ 309 XXIII | desordenada, como de embriaguez alcohólica. «No quiero, no quiero... 310 XVIII | honrada, te acepto así, aldeanote y criador de pollos. Tú 311 XVII | vale así... Dime que te alegra lo que te cuento hoy, y 312 XXV | y casi... y sin casi, se alegraba de tratarle, admirando de 313 IX | retorcidas, y se hubiera alegrado de tener algo que echarles 314 XXV | Tristanita, y Tristanita se alegrará de verle, no me opongo a 315 XXIII | ocasión muy propicia para alegrarse de cosa alguna. ~Halló después 316 XI | aún, si lo sientes o te alegras, si valgo más o valgo menos 317 VI | quieres que piense, en cosas alegres? Dime dónde están, dímelo 318 XIX | cojeo. ¡Qué alivio, qué alegrón! D. Lope celebra mi mejoría; 319 XXII | fuerzas de la paciente. ~Alegrose Tristana de la vuelta de 320 VII | enterado aún. El tal se alejaba: era joven, de buena estatura; 321 XVIII | como dijo Séneca... no, no, Alejandro Dumas. Doña Malvina se sabe 322 XII | que quieras; pero no te alejes de mí. Yo sé que no puedo 323 V | hubiera sido yo inglesa o alemana y me quedara un dejo... ~ - 324 XXIII | fabrican los ingleses y alemanes, y con ellos se anda mejor 325 XIII | y los espíritus seguían aleteando por el espacio. ~En tanto, 326 III | estropajo; lavaba también las alfombras, los colchones de muelles, 327 XV | Concilio de Trento y que D. Alfonso el Sabio... oye una cosa 328 XX | criaturitas, ovillito de algodón, brasero, camillita y demás 329 XXIII | chiquitín, en el cual puso los algodones impregnados de cloroformo, 330 VIII | físicos, y al sorprender en alguien síntomas de carácter, padecía 331 | alguno 332 XXIII | después a la joven bastante alicaída, y empleó para reanimarla, 333 XXIII | no padeceré más. Dios me alienta, me dice que saldré bien 334 XIII | lánguidamente hasta perder el aliento. Callaban las bocas, y los 335 XIX | quien me ha traído este alifafe. El Demonio es mala persona, 336 XVI | tintero a nuestro amigo Alighieri... ~»He vuelto a leer tu 337 X | imposturas iban ganando tiempo, y alimentaban su pasión, hoy con anhelos, 338 XXVI | costearle la ropa y a señalarle alimentos... y esto, con franqueza, 339 XXI | Hoy me he sentido muy aliviada, y me dedico a pensar en 340 XVIII | palomitas. To be or not to be... All the world a stage». ~De 341 XVIII | Navidades? Yo tengo aquí almendra y avellana bastantes para 342 XVII | anfiteatro de la villa, los almendros, los tipos de labradores 343 XVII | Juan. No quiero yo alas ni alones, ni andar entre ángeles 344 XV | esparcidos por do quiera; un alquicel árabe, un ropón japonés, 345 VI | sitio si hubiera alguna alquimia que lo consintiese. La dentadura 346 XXIII | trocose en valor estoico, altanero, incapaz de flaquear; su 347 XVII | absurdo, y casémonos ante este altar incomparable, o ante cualquier 348 II | muchos que hociquean ante los altares y andan siempre entre curas. 349 IX | ligero temblor de las más altas ramas de los árboles, que 350 XXI | trémula mano, entre las alteradas excitaciones del insomnio 351 XXVI | con una generosidad y una alteza de miras que le honra mucho, 352 XXII | Pues sí... La fiebre altísima, el frío en la médula, ¿ 353 II | que Garrido miraba con altivo desprecio. Hacia 1880, cuando 354 VII | al Canalillo o hacia las alturas que dominan el Hipódromo; 355 XI | del velón con pantalla que alumbraba el gabinete. Parecía una 356 XXVI | ausentaba, sin hacer la menor alusión al caso; pero se quedó en 357 XIII | contigo, con la frente bien alzada, pues por muy bueno que 358 XXVIII | muletas, aunque estas le alzaran los hombros, destruyendo 359 XXII | con movimiento instintivo, alzó las manos como para sostenerlo. ~ - 360 XXII | sus bromas y la máscara de amabilidad caritativa, y le habló con 361 XXIX | lo más ignominioso es ese amancebamiento criminal...». ~ - Pero hijo, 362 XXI | escribir a Horacio, y al amanecer, antes que se levantara 363 XIX | después de una noche infernal, amanecí en un grito. D. Lope trajo 364 VII | y aunque por las mañanas amanecía Madrid enfundado de nieblas 365 XVIII | y siendo distintos, se amarán más. Déjame suelta, no me 366 XVII | obscura y deliciosa; que amarás esta paz campestre; que 367 XV | seductor. Sabía ser dulce y amarga, blanda y fresca como el 368 XIII | cosa de juego?». ~Quejábase amargamente de no haber tenido a su 369 XVI | Tristana, o tuviese dejos amargos de las dulzuras del día, 370 IX | el registro de una queja amarguísima, lamentándose de que Horacio 371 X | Y le asaltaba el recelo amarguísimo de ser menos amada después 372 XXIV | pobre D. Lepe las horribles amarguras que pasando estaba, y aun 373 VIII | mecánicos de Hermógenes, el amarillo y calvo dependiente, que, 374 XXVI | bello ideal, ni aquello de amarla hasta la muerte, con patita 375 XXVIII | variar esta en la manera de amarle, no menos varió en su cerebro 376 XVII | pensando que algún día hemos de amarlo y admirarlo juntos. Pero ¡ 377 VIII | para ti. Antes de dejar de amarme, dame la muerte mil veces». ~ 378 XXIV | deseo, que a la casa le amarraba, D. Lope salía muy a menudo, 379 VIII | Sometiose la víctima, y ya no le amarraron los pies a la mesa y pudo 380 XXI | mi libertad, porque no me amarras a la pata de una silla ni 381 XVIII | más. Déjame suelta, no me amarres, no borres mi... ¿lo digo? 382 XXI | dejarme, no; te retengo, te amarro, pues mis locuras necesitan 383 XIV | independencia!... sin perjuicio de amarte y de ser siempre tuya. Yo 384 IX | abuelo dejó un bonito caudal, amasado cuarto a cuarto en aquella 385 XX | ambición diré, si quieres. Ambicionas porque vales. Si tu voluntad 386 XXI | ideal alborozo, con las ambiciones más despiertas que nunca 387 XIII | deseo ser libre. Por eso ambiciono un medio de vivir; cosa 388 XXIV | espíritu siempre inquieto y ambicioso; ni se le ocurrieron los 389 II | agravio más insignificante ni ambigüedades de palabra que pudieran 390 XII | tanto la niña de aquella amenaza, y hubo de encontrarla tan 391 XXIX | espantosa miseria que le amenazaba. Sin el auxilio de sus ./. 392 XII | esto una mirada tan viva y amenazante sobre la pobre joven, que 393 XVI | dos o tres personas que amenizaban las tristes noches de doña 394 VI | están, dímelo pronto. ~Para amenizar la conversación, Saturna 395 II | Lo ves? - le decía a su amigote - , ¿te convences ahora 396 XVII | abrirles la puerta. Salen mis amiguitas adoradas, y para saludar 397 XVIII | horriblemente cargadas de amílico. ¡Mistificador! ~»Noticia 398 IX | viento barría suavemente, amontonándolas junto a los troncos; el 399 XII | que no quiso expresar. Le amordazaba la delicadeza, en la cual 400 VIII | su sinceridad, sentíase amordazada por el temor a ciertos puntos 401 XVI | forma humana de romper su amorosa cadena, ni siquiera de aflojarla? ~« 402 IV | acción devastadora del tiempo amortiguó su entusiasmo hasta suavizar 403 XXVI | monopolice la excelsa virtud de amparar al desvalido... Si quiere 404 V | nunca malditas ganas de ampararla. Recordó también (y a todas 405 XXIX | y de un modo discreto le ampararon en su pobreza. En cuanto 406 XII | para que te amparase, y te amparé, y decidido estoy a protegerte 407 XXVI | mejor en su género; que le añada una completa biblioteca 408 XVII | tejuelos de oro bruñido, añadían toques picantes a la majestad 409 IV | minuta, fueron un pegote añadido por Moisés a la obra de 410 XXVI | inválida, ya no tenía más que añadir. Con un poquito de violencia, 411 XI | expresarlo todo de una vez, añadiré que desde que te conocí 412 IV | perversas doctrinas. Debe añadirse que a cuantos estimamos 413 XXV | sabré yo de estas cosas! Y añado más: la niña no espera su 414 X | existen en la creación. Analizando su miedo, la señorita de 415 XV | entendimiento le permitía analizarse con observación segura, 416 VII | hermosa vía, bien asoleada, ancha y recta, que domina un alegre 417 XV | el desarreglo. Sobre el ancho diván veíanse libros revueltos, 418 XVI | al mar, por aquel cuento andaluz del médico de a bordo, que 419 I | albañil que se cayó del andamio en las obras del Banco, 420 II | contraposición a la idea de andante o correntona; mas interpretaba 421 XXIII | ella, y me pondré buena, y andaré... con muletas, o como Dios 422 IV | punta sólo de pensar cómo andaría la máquina social si a sus 423 XVIII | una señora alta, huesuda, andariega, con feísima cara de rosas 424 IV | poner la mano en ella sin andarse en chiquitas. Bien demuestra 425 XIX | estrellas, lo mismo que si ando. Ese Miquis, que parta un 426 XIX | conocerte, mi desesperación anduvo en tratos con él; pero te 427 XV | sugeridas por cualquier anécdota picaresca, por este o el 428 IV | deplorables. Era que D. Lope, por añejo dogma de su caballería sedentaria, 429 XV | estampas; en el cuartito anexo destinado a lavatorio y 430 XVII | y lejanos, el pintoresco anfiteatro de la villa, los almendros, 431 X | gracejo - . Nos pasamos ya de angelicales, alma mía. Y eso de imponernos 432 XIV | de los hogares vivirá el angelito? ~Tristana se quedó absorta, 433 XVI | quebradero de cabeza y de las angustias que estás pasando. Te lo 434 XXII | a las circunstancias más angustiosas de la vida, se le debe hablar 435 XVII | turban tu espíritu, y que anhelas ser una feliz y robusta 436 XXV | imaginación para verlas animadas, moviendo los labios y fijando 437 XXIV | Soltaron ambos la risa, y animado don Lope con su éxito, siguió 438 XVIII | día más gorda, hecha un animal, y con un dije que llaman 439 XIII | dime que no; dame bombo, anímame... Pues si con voluntad, 440 XIX | contrario, sin duda para animarme. Dios mío, ¿cómo voy a ser 441 XX | sigamos con lo mismo. Con que anímate, que dentro de un mes ya 442 XXIV | orden, y con tal idea se animó y tuvo algunas horitas de 443 XXIX | graciosos, atrevidos y con ánimos para vivir mucho! D. Lope 444 XXIII | envalentonándose al verla tan animosa - . Pues si yo supiera que 445 XX | defender la presunción y el animoso espíritu de sus años maduros; 446 XXII | tienen por cobardes resultan animosos, y otros que se creen gallos 447 XXII | determinó algún alivio, luego aniquiló las cortas fuerzas de la 448 XI | según le iban pesando los añitos. A mí me ha tocado ser la 449 IX | camino de Aceiteros, al anochecer más silencioso y solitario 450 IX | vida lo más peregrino y anómalo que en clase de vidas de 451 XII | ternura. ~«Hija mía, me anonadas juzgándome de una manera 452 XVI | pero sospechaba que algo anormal y peligroso ocurría en la 453 XVI | todas las circunstancias anormales de su vida. Y no era que 454 XVII | situación. La huerta poblada de añosos frutales, algunos de especies 455 IX | por hombre entumecido y anquilosado para siempre... Pues, señor, 456 XXVII | pensar en otra cosa. Cada día ansiaba más y mejor música. La perfección 457 XIV | volvería cuando las locas ansias se calmasen; ./. y se calmarían, 458 IV | sus ojos por parte alguna; ansiosos temores la turbaban a veces, 459 VI | conservar su esbeltez de antaño sin el auxilio de una férrea 460 XIII | Adelantas, hija, adelantas. De anteanoche acá noto una gran diferencia». ~ 461 II | ellos debe hablarse, como antecedentes o causas que son de lo que 462 XVIII | bebido tus cartas de los días anteriores y las encuentro horriblemente 463 XXIX | solteronas, histéricas y anticuadas, muy metidas en la iglesia 464 VI | ambos quedaron iguales en lo anticuado y traído de la ropa. La 465 XV | árabe, un ropón japonés, antifaces, quirotecas, chupas y casacas 466 XII | imagen del padre noble de antigua comedia! Pero la prosa y 467 VIII | más crueles tiranos de la antigüedad o del moderno imperio turco, 468 II | su colección de cuadros antiguos, si no de primera, bastante 469 XI | arrancarse de tan ignominiosa y antipática vida. Horacio la incitó 470 VIII | libertad en aquel tugurio antipático, pestilente y obscuro, donde 471 VIII | las ideas, mil trabajos antipáticos de cuentas, facturas y demonios 472 XXIII | del muñón, y hecha la cura antiséptica con esmero prolijo, empezó 473 XXVI | Estas niñas mimosas y antojadizas suelen tener vista muy larga. 474 XVIII | por escribirte: la pálida antorcha se extingue, bien mío. Oigo 475 XXVIII | lo extraño de tal cambio. Anublose su entendimiento; su cuerpo 476 VI | es posible imaginar: todo anunciaba penuria y decaimiento: nada 477 XXIV | impaciencia al profesor anunciado por D. Lope, oía en su mente 478 XXIII | manos se despidió Augusto, anunciándole su pronta vuelta, sin precisar 479 XXIII | cuarto de la enferma y se anunció con donaire: «Guapa moza, 480 XX | si tú te tragas semejante anzuelo, haz cuenta que te pierdes, 481 VII | lluvias trajo el año aquel una apacible quincena de Octubre, con 482 IV | les diese la ventolera de apadrinar los disparates de D. Lope, 483 IV | arideces horribles de astro apagado y muerto. Era que al sentido 484 V | la hacen flexible, esos apagadores que ensordecen el ruido, 485 XXIII | piernas se sustituyen por aparatos mecánicos que fabrican los 486 XV | se abriera esa puerta y apareciera tu D. Lope...? ~ - ¡Ay! 487 IX | viejo tan vicioso como aparentaba serlo por desquite, por 488 XXVI | inquietó a Tristana, que aparentando creer cuanto se le decía, 489 XII | Y como las tumultuosas apariciones de aquel sentimiento le 490 XXIV | invisible. Tu propia grandeza te aparta de mis ojos... hablo de 491 VII | parte en ningún juego, se apartaban desconsolados. Algunos se 492 VII | con presidencia, chiquero, apartado, callejones, barrera, música 493 VIII | saliese a la tienda ni se apartara del trabajo fastidioso que 494 XII | hombre que a todo trance te apartará del mal, y... ~ - Lo que 495 XII | revisto de autoridad para apartarte de un extravío, y si otra 496 XV | que eran el saborete de su apasionada conversación, variaban cada 497 VIII | calle esa de más abajo... y apechugo tan terne con la dichosa 498 XVI | traicionero. No hay cosa peor que apegarse a un vicio de querer... 499 XIX | ser tan rebrutísimo y en apegarte a esas cominerías ramplonas. ¡ 500 XXVII | poca afición al arte de Apeles, sino que sus aptitudes,