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| Benito Pérez Galdós Tristana IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Capítulo
501 XIV | llamará como yo, con mi apellido nada más. ¿Para qué tanto 502 XIX | del Altísimo me traen muy apenada. ¿Qué será esto? ¿No se 503 XVIII | le hago fu. Yo con todo apenco. Quiero saber, saber, saber. 504 VI | feo pañuelo, y su alcoba apestaba de los menjurjes que usar 505 XXIV | enfermedad. Entontecida y aplanada, su ingenio superior sufría 506 XVI | tiempo advirtió en él un aplanamiento sospechoso. Entrábale como 507 XII | no lo merece, como quien aplasta hormigas, te enseñara yo... ~ 508 XXIII | tímido esfuerzo del ser aplastado bajo la losa de aquel sueño 509 XVIII | se reía de mí; ahora me aplaude, y se arranca los pelos 510 IX | Tengo ambición, deseo el aplauso, la gloria, un nombre. Ser 511 XXIII | esta idea, parecía querer aplazar el contento que de ella 512 VIII | medio de una pasta que se aplica sobre tabla o tela. ¡Vaya 513 VII | era, sí, dócil, noblote y aplicadillo, con aficiones a la tauromaquia 514 XIII | ella una aptitud para algo, aplicándola al estudio de un arte cualquiera. « 515 XVI | como corcel en cuyos ijares aplicaran espuelas calentadas al rojo! 516 XIV | quiera que sea, me conviene aplicarme, aprender todo eso, y, sin 517 IX | Tristana y Horacio solían apoderarse durante breves momentos 518 XXVII | semanas sin que el pintor aportara por allí, y cuando iba, 519 I | estampa y nombre peregrino; no aposentado en casa solariega, pues 520 VIII | saber si vivía en aquel aposento tan ventilado, y me dijo 521 VII | unirse a una partida que, apostada en sitio conveniente, desvalijaba 522 XXV | ya, ya sabré yo... ~ - ¿Apostamos a que le espanta?~ - No; 523 XIII | le llevó de modelo para apóstol... Crea usted que le sacó 524 XVIII | delante de mis encantos o appas, como dicen los franceses 525 XVIII | franceses y nosotros. ¡Ay, qué appases los míos! Pues ¿y tú? Haz 526 II | no de primera, bastante apreciable por los afanes y placeres 527 VI | volviéndose algo roñoso. Apremiado por la creciente penuria, 528 XXIV | pondrá profesor para que aprenda a tocar música buena... 529 XIII | insustancial de las niñas que aprenden para llevar un buen yerno 530 V | mí que si me pusiera, lo aprendería pronto. Me noto... no sé 531 XXIX | en aquellos tiempos había aprendido a hacer la señal de la cruz 532 XII | como un medio fácil de que aprendieras, por demostración experimental, 533 XIV | particular lo que me pasa: aprendo fácilmente las cosas difíciles; 534 XIV | Tristana disipar aquella fugaz aprensión, y más mona y hechicera 535 XXIV | fuerza de observación que los aprensivos dirigen sobre sus propios 536 IV | y se llenó de ideas, en apretados capullos primero, en espléndidos 537 XXIII | pintar. ~Con un cordial apretón de manos se despidió Augusto, 538 XI | él son más dolorosas las apreturas de la conciencia. Tristana 539 II | salido a su defensa en un aprieto grave. Detestaba la Policía 540 XIV | las cosas difíciles; me apropio las ideas y las reglas de 541 XXII | en glorias remotísimas. Aprovechó los momentos de sedación 542 XXVI | sintieran los pasos, y se aproximaba a la puerta por si ocurría 543 IV | sufrir a los ocho meses, aproximadamente, de su deshonra, y cuando 544 VII | Tristana en su busca; antes de aproximarse a los incendiarios vio a 545 XIX | Y yo he dicho que sí; lo apruebo, me siento actriz. Hasta 546 XX | Dentro de un mes! ¡Ay!, yo apuesto a que no. Dices eso por 547 IX | de hombre; con los ochos apuntaba un contorno de seno de mujer, 548 XVIII | mi marisabidillismo (ve apuntando las palabras que invento), 549 XIX | por este sistema mío de apuntar y no hacer fuego, diciendo 550 IV | Anhelos indescifrables apuntaron en su alma. Se sentía inquieta, 551 XIX | expulsados, para el cual apuntaste ya algunas figuras. Hazlo, 552 XXIV | cabezas, torsos desnudos, apuntes de paisaje, bodegones, frutas 553 I | era sobrina del señorón. Apuntó pronto, generalizándose 554 XIII | más que yo». ~Y Horacio, apuradísimo, después de muchos rodeos, 555 I | que yo fui, aunque, si me apuran, me atreveré a decir que 556 X | acecha. Créete que en vez de apurar la felicidad, nos vendría 557 XIV | Respondiole el pintor que no se apurara por adquirir el saber doméstico, 558 XIV | hasta de una ciencia, si me apuras; pero no puedo enterarme 559 XVIII | frágiles que inmoló en el ara nefanda de su liviandad. ¡ 560 XV | por do quiera; un alquicel árabe, un ropón japonés, antifaces, 561 XXIX | que le entró de plantar un arbolito, no parando hasta lograr 562 XV | jarro del agua con ramas de arbustos puestas a refrescar, una 563 III | inteligente. Mosquetes raros y arcabuces roñosos, pistolas, alabardas, 564 XXVII | mostraba con paternal amor los arcanos del arte, el otro dejaba 565 VI | el cual tenía D. Lope su archivo galante. En las paredes 566 I | increíbles, como indicadas en arco con la punta de finísimo 567 VIII | puntos negros. Él, en cambio, ardía en deseos de contar su vida, 568 XVI | decía Tristana. Si las de él ardían, las de ella quemaban. Véase 569 XXII | humanidad me importaban un ardite... Pues ahora, la piernecita 570 XXVII | despertaron en ella, con el ardor de aquel nuevo estudio, 571 XXI | efluvios de su imaginación ardorosa y con la idea de pronto 572 XXVII | la joven asimilarse estos arduos conocimientos. Diríase que 573 VIII | iguales son los granos de arena de una clepsidra. Sostúvole 574 VIII | padres desde Fiume a la Argelia; criado en Orán hasta los 575 IV | Dígase lo que se quiera - argüía para su capote, recordando 576 XXIX | en esta forma, ayudado de argumentos en cuya fuerza persuasiva 577 IV | dejaba ver en ocasiones arideces horribles de astro apagado 578 IX | las cuatro reglas de la Aritmética... Te vi al fin; me saliste 579 VIII | grillos odiosos del cálculo aritmético, y metiéndole en el magín, 580 XXIX | pública las dos dehesas de Arjonilla, con lo cual no sólo podrá 581 XII | haciéndola crujir, cual armadura de templado acero, le dijo 582 XII | y tú tenías miedo a las armaduras que adornaban mi sala. ¡ 583 V | suponer y del presumir, armando castilletes de vida futura, 584 VII | siguiendo desde lejos; otros armaron al instante la indispensable 585 IX | Depósito de aguas veían los armatostes del Tío Vivo, rodeados de 586 I | parecía toda ella un puro armiño y el espíritu de la pulcritud, 587 XXIV | oía en su mente las dulces armonías del instrumento, menos sentidas 588 XXIX | a usted, si entra por el aro y acata los mandamientos 589 XVII | el arpa. Déjenme a mí de arpas y acordeones, y de fulgores 590 IX | aquellos edificios de humilde arquitectura, rodeados de banquillos 591 XII | tener que refugiarme en este arrabal excéntrico y vulgarote. 592 XXIX | hasta ver que el plantón arraigaba y se cubría de frescas hojas. 593 XI | es dar un gran tirón para arrancarse de tan ignominiosa y antipática 594 XX | sino para tener el gusto de arrancársela al chisgarabís, quien quiera 595 XIV | Cómo pronto? Dímela, o te arranco una oreja. ~ - Pues yo... ¿ 596 XXVI | agobiaban a D. Lope, se arrancó a proponer a este lo que 597 XXVIII | envejeció con terrible presteza; arrastraba los pies como un octogenario, 598 VII | Sin saber lo que hacía... arrastrada por un vértigo... a todo 599 VII | chafado sin afectación; arrastrando, mal cogido con la mano 600 XIX | sí, iría, vaya si iría, arrastrándome. ¿Y tú me querrás cojitranca? ¿ 601 IX | suelo desnudo, perdiéndose y arrastrándose como líneas que quieren 602 XVIII | Vente, vente. Ya estoy arreglando tu habitación, que será 603 XXV | eres un esperpento!... No; arreglándote un poquito, resultarías 604 XIV | con fe, ¿cómo nos vamos a arreglar, hijo de mi vida? Es cosa 605 XXII | Quitarle una pierna! Si eso se arreglara cortándome a mí las dos... 606 XXIV | probar su aptitud. Ya se arreglaría con un solo pie para mover 607 XV | la portera, que intentaba arreglarlo todas las mañanas, aumentaba 608 XV | conquistar mi independencia y de arreglármelas con mi ingenio como pueda. 609 IX | Alicante, donde mis tíos arreglaron la herencia, asignándome 610 XXIV | señorita. Es preciso que lo arreglemos, aprovechando una salida 611 XXVI | necesaria su presencia. Arreglose Tristana la cabeza, recordando 612 III | caballero entre mil vistosos arreos de guerra y caza, formando 613 XVIII | de che pianger suoli? Se arrepiente de no haberme comprendido, 614 XXIII | Quiso romper la carta, arrepintiose de ello, y por fin la entregó 615 I | rosetones blancos, el moño arribita, traspasado con horquillas 616 XXVIII | pertenecerle. Las muletas arrimadas a un lado, le hacían lúgubre 617 XIV | ignoro lo que cuesta una arroba de patatas y un quintal 618 XXVIII | locos amores. Como quien se arroja a un piélago tranquilo, 619 XXVI | encontrarlas, y una vez arrojadas sobre la infeliz inválida, 620 XIX | sin fin, que Saturna me arrolla con muchísimo cuidado. ¡ 621 XVIII | tostaditas, el bacalao y el arroz en sus múltiples aspectos, 622 VI | caballero, ahondando las arrugas de sus sienes mas que los 623 XIX | se queja de amor, que se arrulla como tus palomas? No; quéjase 624 VIII | todas amor, idealismo y arrullo, con alguna queja mimosa 625 XV | entusiasmes con tu Tenorio arrumbado. ~ - Yo no me entusiasmo 626 III | Lope vio salir su precioso arsenal, quedose atribulado y suspenso, 627 XXIII | después, bien ligadas las arterias, cosida la piel del muñón, 628 V | desbocarse en el Círculo de Artesanos, o en los metingues de los 629 IV | D. Lope, y derogaran los articulitos o mandamientos cuya inutilidad 630 XXVII | las empresas y victorias artísticas, con gran estupor de Horacio, 631 XVIII | Te gusta a ti el cabrito asado? Dígolo porque si probaras 632 X | que más no podía ser. Y le asaltaba el recelo amarguísimo de 633 IV | Temores y desconfianzas le asaltaban; casi casi sentía en la 634 XIV | de ideas que en tropel la asaltaron, echose a reír, bien segura 635 XIX | gozo en un pozo. Estarás en ascuas, sin carta mía desde el 636 XII | protegerte contra toda clase de asechanzas y a defender tu honor...». ~ 637 XXIX | propuesta, si aceptándola aseguraba la existencia de Tristana 638 XXVII | también indiferencia del arte, asegurando que la gloria y los laureles 639 XX | en la primera visita, sin asegurar que quedase bien, es decir, 640 XXIII | para ti... No necesitas asegurármelo para que yo lo crea y lo 641 XXII | pronóstico muy risueño, y aseguró que aquello era cosa de 642 XXIII | suplicante. Para tranquilizarla, asegurole Miquis que confiaba en curarla 643 X | lo negaba la niña, luego asentía con su desdeñoso silencio. 644 XXVIII | hízose popular entre los que asiduamente asistían a los oficios mañana 645 XXVII | que Horacio dejó de ser asiduo en sus visitas. La retirada 646 IV | principios sobre que se asienta, etcétera, etcétera... se 647 XIX | la inmortalidad el alto asiento, tiene mucha sal. Lo que 648 IX | arreglaron la herencia, asignándome la parte que quisieron, 649 III | pueblo, y no vacilaba en asignarse un lugar de los más obscuros 650 XV | del bel parlare. Con su asimilación prodigiosa, Tristana dominó 651 XXVII | maravilla ver a la joven asimilarse estos arduos conocimientos. 652 VII | adopte posturas decorosas al asirse a la tabla. Voces hondas 653 XXVIII | entre los que asiduamente asistían a los oficios mañana y tarde, 654 XXVIII | Reparatrices y en San Fermín, asistiendo a novenas y manifiestos. 655 XXVII | Desde aquel día el maestro asistió a las lecciones con interés 656 IX | junto a los troncos; el asno, que pacía con grave mesura; 657 V | la historia y la poesía asociadas en feliz maridaje. Saturna 658 VII | aquella hermosa vía, bien asoleada, ancha y recta, que domina 659 VIII | otras formas de tratamiento. Asombrábase ella del engaño de sus ojos 660 XXVII | entendía y manejaba el color, y asombrados los dos de semejante cambio, 661 XIX | darás que hacer a la fama y asombrarás al mundo con tu genio maravilloso. 662 XV | insulsez, atrevidilla sin asomos de corrupción, con la sinceridad 663 XVIII | licor de Engadi, digo, de Aspe, y me estoy poniendo gordo 664 XXVIII | llegó a olvidarse del primer aspecto de su ideal, y no vio al 665 XVIII | el arroz en sus múltiples aspectos, los pavipollos y los salmonetes 666 XIII | vivir sin ti. Toda mujer aspira a casarse con el hombre 667 X | las tierras labradas, y aspiraban con el aire las delicias 668 XVIII | aspiro a lo imposible, y aspiraré siempre, hasta que el imposible 669 IX | cuarto en aquella tienda asquerosa y mal oliente. A mí me tocaba 670 IX | hasta poner sus manos en las astas retorcidas, y se hubiera 671 XVI | Panchita de Rímini, que no se asusta de la muerte, y se siente 672 XXII | Tristana, porque entró Saturna, asustadísima, a ver qué demonches le 673 XIII | conocido? Confiésame que te has asustado un poquitín al oírme lo 674 XXV | ese pobre chico...! ~ - Se asustará sólo de verme. Saturna, 675 XVIII | cerebrito por dentro, te asustarías. Allí andan las ideas a 676 XVIII | no te hagas tan sabia. Me asustas. De mí sé decirte que en 677 XXIII | agregó Miquis - , no se asuste la muñeca, que no la haremos 678 XIX | su reuma. Hombre, no te asustes; D. Lope no puede pegarme 679 XIV | de una tarde brumosa, se asustó Díaz de oírla expresarse 680 VIII | como medida preventiva le ataba las piernas a las patas 681 IX | dediqueme al estudio; copiaba, atacando con brío el natural; pero 682 V | vivimos sin movimiento, atadas con mil ligaduras... También 683 XXIII | que quiero... me lo trae atadito de pies y manos. ¡Pobre 684 XXII | febrero, cuando un repentino ataque de hemoptisis de doña Trinidad 685 XXIII | permitiría esta infamia... Atar a una pobre mujer, ponerle 686 XXVIII | de embellecer su persona; ataviábase sencillamente con mantón 687 III | temperamento, por educación y por atavismo, pues tuvo dos tíos académicos, 688 XXII | espíritu sereno, capaz de atemperarse a las circunstancias más 689 XIII | tarde algunas noches, y atentamente la observaba; mas no la 690 I | sabía hermanar las palabras atentas y familiares con la autoridad 691 XIX | esto con circunstancias atenuantes; que a mí me aflija, a las 692 XXV | agudeza y pericia mundana del atildado viejo - . Estoy a sus órdenes. ~ 693 VII | Gracias a Dios - pensó atisbándolos de lejos - ; ya pica: hablando 694 X | boa, ni al fiero león del Atlas; pero tenía miedo de D. 695 IX | es?». ~Dijo, y Tristana, atontada por aquel espiritualismo, 696 IX | estaban hechas, y ya no me atormentaba la idea de doctorarme de 697 XXVIII | ideas propias que aún la atormentaban. A Horacio no le volvió 698 IX | que les llegaba al alma, y atormentados por el deseo de un más allá. 699 XII | averiado, a quien los años atormentan como espectros acusadores. ~ 700 XIX | de ideítas que me están atormentando y que te comunicaré incontinenti. 701 XXV | cierto matiz poético. La atracción se fue acentuando con las 702 XVII | querencias del propietario, esas atracciones vagas que sujetan al suelo 703 XVIII | no quiero, heme dado unos atracones que ya, ya... ¡Dios mío, 704 IV | casi milagrosa. Eran sus atractivos personales de tan superior 705 XVIII | palabras tan sabias se me atragantan; pero, en fin, la soltaré... 706 XXV | sin mi permiso, y el otro atrancando las puertas como si hubiera 707 IX | sorprendimos con hambre atrasada, el hambre espiritual, noble 708 IV | entonces, la hija de Reluz, atrasadilla en su desarrollo moral, 709 X | es que cuando cobra los atrasos se los gasta en una semana, 710 XVII | hortalizas; suya la acequia que atravesaba caudalosa la huerta y terrenos 711 VII | más miedo que yo, y no se atreve a decirme que soy su única! 712 IV | peligro; que ahora nadie se atreverá a tocarla al pelo de la 713 I | aunque, si me apuran, me atreveré a decir que no hay en estos 714 XXIV | Vamos, ¿por qué no te atreves con mi retrato... o con 715 VII | honestísima distancia. No se atrevía la esclava de D. Lope a 716 XV | candorosa sin insulsez, atrevidilla sin asomos de corrupción, 717 VII | sé qué daría por que se atreviera... No sé quién es, y pienso 718 XXVII | improvisar con gallardo atrevimiento, y se pasmó de la soltura 719 X | desdeñoso silencio. Un día se atrevió a responderle: «Bueno, pues 720 III | precioso arsenal, quedose atribulado y suspenso, aunque su grande 721 VIII | noticias, óiganse las que atropelladamente vomitó la boca de Saturna, 722 XV | que digo. Las ideas se me atropellan aquí disputándose cuál sale 723 XXI | las ideas unas tras otras, atropellándose, y la memoria, una vez que 724 XIX | le quemaran vivo. Estoy atroz, no sé lo que pienso, no 725 VII | de los ciegos, picoteadas atrozmente de viruelas, vacíos los 726 XX | cuando el gran D. Lope se atufa, nadie puede con él! La 727 XII | me indigestara, y que sin atufarme mucho, porque el caso no 728 XVI | sé manejar, y que si me atufo, ¡pim!, me voy a dormir 729 XXII | malestar general. Desesperado y aturdido, sin la presencia de ánimo 730 XIII | demostraba las aspiraciones más audaces. «Mira, hijo de mi alma - 731 XVI | llevose las manos a la cabeza augusta, arrepentido y pesaroso 732 XV | arreglarlo todas las mañanas, aumentaba la confusión y el desarreglo. 733 XXVIII | dedicadas al arte músico para aumentar las consagradas a la contemplación 734 VIII | su vez ofrece increíbles aumentos de amor, sin ver el límite 735 XVI | salga a la cara como una aurora boreal, yo te digo, ¡oh 736 XXIV | sobre sus propios órganos, auscultando su respiración y el correr 737 XXVI | entrevista. Fingió D. Lope que se ausentaba, sin hacer la menor alusión 738 VIII | carromato; de no haberse ausentado de su tienda más que para 739 VIII | Díaz, hijo de español y de austríaca, del país que llaman Italia 740 I | ya la tenéis legítima y auténtica señora de Garrido. Pasado 741 VIII | hablaban mucho; pero la auto - biografía se infiltraba 742 XXIV | como un profundo análisis autopersonal, algo semejante a la intensísima 743 XIX | lleven ramos, y se crean autorizados para declararme la mar de 744 II | hombre que se despepitaba por auxiliar a las personas queridas 745 XXVIII | empezando por lo presente, avanzando en el morir hacia lo pasado; 746 VIII | feroz abuelo era también avaro, de la escuela del licenciado 747 VII | alto, como persona que, avasallada por un sentimiento más fuerte 748 XVIII | Yo tengo aquí almendra y avellana bastantes para empacharte 749 XII | sin duda, con varonil y avellanada hermosura de Cuadro de las 750 VII | los altos de Maudes, las avenidas del Hipódromo y los cerros 751 XV | decirle que no me interesa más aventura que la de mi señó Juan de 752 XXV | y honores de chuleta, se aventuró a decirle ./. cuatro verdades, 753 XXVII | artista ocultar sus lágrimas, avergonzado de verterlas. Cuando la 754 XXIII | habitación para volver en seguida avergonzándose de su pusilanimidad. Vio 755 XII | su insomnio de libertino averiado, a quien los años atormentan 756 XIII | Pero no quería meterse en averiguaciones directas, por creerlas ofensivas 757 I | una cifra tan imposible de averiguar como la hora de un reloj 758 XXVI | ni la Naturaleza, ni las aves domésticas, ni la vida regalada 759 IX | hermosos animales de raza de Ávila, comúnmente negros, con 760 XXIV | florecientes. No sólo le llevó los avíos de pintar, dos cajas de 761 III | o cada mes por lo menos, avisaba los carros de mudanzas, 762 XXV | tarde subiré al estudio... Avísale... anda... y después, cuando 763 XXV | suyo. Con que... ~ - Le avisaré... Pero no salga con alguna 764 XXV | llama un rasgo. Encárgate de avisarle que me espere en su estudio 765 XXIV | le hablaba... Dice que se avistará con D. Lope para cantarle 766 IX | dibujo, costábame Dios y ayuda encajar un contorno... Te 767 XXVIII | formas plásticas del culto la ayudaban a sentirlo. Fue la mudanza 768 XXIX | la carga en esta forma, ayudado de argumentos en cuya fuerza 769 XXIII | de Medicina, que hacía de ayudante, pasando a la sala silenciosos 770 XV | compañera de toda la vida; ayudarme y sostenerme con tu cariño!... ¿ 771 XIV | Soy pincha de Saturna, la ayudo, barro, limpio y fregoteo, 772 XVIII | naranjos están cargados de azahares, para que lo sepas, ¡rabia, 773 XII | demasiado para entregarte a los azares de lo desconocido y a las 774 III | espejo que ha perdido el azogue, no conservaba ni una idea, 775 XII | contenerse, y sintiendo que le azotaba el alma una racha de ira, 776 XIX | Saturna, que a D. Lope le azotaran públicamente, paseándole 777 XVI | escúpeme, y manda que me azoten». ~De ella a él:~«... Ni 778 XI | Su blancura de nácar tomó azuladas tintas a la luz del velón 779 VII | y ciego, con sus gabanes azules y galonada gorra. En cada 780 XXVII | descendencia menuda y volverse todo babas ante ella. A las lecciones 781 XV | casacas bordadas, pelucas, babuchas de odalisca y delantales 782 XVIII | sopas de ajo tostaditas, el bacalao y el arroz en sus múltiples 783 X | algún mequetrefe, de estos bacillus virgula del amor que andan 784 XVIII | jazemos ahora, ¿cuándo, per Baco? Vente, vente. Ya estoy 785 II | época, cual las invisibles bacterias en la atmósfera física. 786 XXIX | carnal, el arcediano de Baeza D. Primitivo de Acuña, el 787 XX | ya podrás brincar y hasta bailar unas malagueñas». ~ - ¡Dentro 788 XXI | yo te aseguro que no será bailarina... ¡Lo que es eso...! Mi 789 XII | escalón en escalón he ido bajando, hasta llegar a esta miseria 790 VII | pulmones, y la idea de que, al bajar del coche, el desconocido 791 VII | era lo bonito y decente. Bajaron, y el caballero incógnito 792 IX | parecían encantados. Los balancines, la montaña rusa, destacaban 793 XX | sobre ella, la cautiva negó, balbuciendo excusas; pero el tirano, 794 II | uniformada, y cubría de baldón a los carabineros y vigilantes 795 XV | hucha para guardar todas las balitas de su revólver. Con tanta 796 XVII | márgenes quietas, cristalinos bancos de esmeralda. ~Lo que observaba 797 III | lides como la de cañones y banderas que en otro orden pregonan 798 VII | de molinitos de papel, de banderillas para torear y de torrados 799 III | hija la zambullía en el baño tres veces al día, y el 800 IX | arquitectura, rodeados de banquillos paticojos y de rústicas 801 I | cuarto de alquiler de los baratitos, con ruidoso vecindario 802 XXV | Pero, en fin, demos de barato que el pintamonas sea un 803 XII | he ido buscándolos más baratos, hasta tener que refugiarme 804 I | por la sola razón de la baratura de las casas, que aun con 805 VII | simpático... muy moreno, con barba corta... Creyó al pronto 806 XVIII | toda la fuerza de mi supina barbarie». ~De la señorita de Reluz:~«¡ 807 XX | Lope, acariciándole la barbilla y sentandose a su lado - . 808 XV | se escapo con D. Lope a Barcelona. Allí tuvo este siete aventuras 809 XV | fotografías mil de caballos, barcos, perros y toros. ~Después 810 VI | entre trastos feísimos, un bargueño estropeado por las mudanzas, 811 XIII | piano, el indispensable barniz de francés, y qué sé yo... 812 XVIII | celos del mar azul, los barquitos, las naranjas, las palomas, 813 XXV | Dios le perdone todas sus barrabasadas y picardías, tanto engaño 814 VII | chiquero, apartado, callejones, barrera, música del Hospicio y demás 815 IX | caídas, que el manso viento barría suavemente, amontonándolas 816 XIV | pincha de Saturna, la ayudo, barro, limpio y fregoteo, eso 817 II | órdenes de caballería, con base popular, servicio obligatorio, 818 XXI | cuatro lecciones tuyas me bastarán para seguir tus huellas, 819 I | zorro en mano, el polvo y la basura la respetaban; y cuando 820 II | acabaron de perderle, y el batacazo fue de los más gordos, hallándose 821 III | lista ya larguísima de sus batallas ganadas a la inocencia. ~ 822 XII | permitía ya el uso de un batín nuevo y elegante; la cabeza 823 I | supe que la partida de bautismo rezaba D. Juan López Garrido, 824 XII | la flor de malva, ni las bayetas calientes: lo que pedía 825 XV | comprar unas horquillas en el bazar, di un duro y no me cuidé 826 XIX | No oyes cómo se queja tu Beatricita? ¿Crees que se queja de 827 XVI | Yo me mato como quien se bebe un vaso de agua. ¡Qué gusto, 828 XXIX | estoy hecho un mocoso y un bebé... no tanto, Primitivo, 829 XI | malísimo, que el buen señor bebía con verdadera resignación, 830 XV | su amiguita lecciones del bel parlare. Con su asimilación 831 XXI | quien se cifraban todas las bellezas visibles e invisibles. Su 832 VII | para torear y de torrados y bellotas. ~Tras importunas lluvias 833 XVI | sin padre y sin marido. Bendecía la soledad, y debía mucha 834 XVIII | cosas malas. No hago más que bendecir este fuerte constipado que 835 XX | hablado del altarito, de las bendiciones y de la vida chabacana y 836 X | entonces no saldría, ¡Dios bendito!, y ¿qué sería de ella presa, 837 XXV | tomar, vacilando entre la benevolencia y una dignidad que bien 838 V | mujeres, como los tienen esos bergantes de hombres, anda con Dios. 839 XII | aturdimiento, me pones en berlina y das alas a cualquier mequetrefe 840 XXIX | sus nobles huesos a San Bernardino. Pero aunque las tales señoras, 841 XXI | le preguntó D. Lepe, besando sus manos, sin disimular 842 XXVI | este se retiró, después de besarla cariñosamente y de reiterarle 843 IX | en el ánimo más valeroso; bestias inofensivas a fuerza de 844 XVII | de palmeras gallardas, de bíblica hermosura, y un olivar de 845 VII | Los domingos no quedaba bicho viviente en casa, y todas 846 VIII | hablaban mucho; pero la auto - biografía se infiltraba sin saber 847 XX | quiera que sea, que me la birló, y probar que cuando el 848 XVI | digo mal: quisiera ser Bismarck para crear un imperio, y 849 XXIII | primeros tajos del diligente bisturí vio D. Lope la primera sangre, 850 II | la noche a la mañana sin blanca, deshonrado y por añadidura 851 XXII | bello ideal, y le ofrecía mi blanquísima mano...! Terminaba estas 852 XIX | respecto a mí. ¡Jesús, qué blasfemia! No, ¡cuando Él lo hace...! 853 XXII | piedad, ya con amenazas y blasfemias. Su irreflexivo temor le 854 XII | Tristana que le importaba un bledo la pobreza. ~«¡Ah!... no, 855 XIV | te acuerdas.~ - Que sí, bobillo. ¡Tengo yo una memoria...! 856 XXIV | si tenemos ahí!... No sea bobo, déjeme y le traigo...». ~ 857 XX | algo más. Con el último bocado entre los dientes volvió 858 IX | espiritualismo, que era como bocanadas de incienso que su amante 859 XIII | el aliento. Callaban las bocas, y los espíritus seguían 860 XII | rodeaban. Ya me privaba de mi bodega, bien repuesta de exquisitos 861 XXIV | desnudos, apuntes de paisaje, bodegones, frutas y flores, todo de 862 XV | mujer casera. No doy pie con bola, y te ocasionaré mil desazones. 863 VII | cacahuetes, avellanas, bollos o mendrugos de pan. Algunos 864 XXVII | prestarse, como amigo sincero y bondadoso, a darte leccioncitas de 865 I | familiar llaneza, era joven, bonitilla, esbelta, de una blancura 866 I | pincel; pequeñuela y roja la boquirrita, de labios un tanto gruesos, 867 XV | cual dices tú, los campos borda... ~Al extranjero, al extranjero ( 868 XV | quirotecas, chupas y casacas bordadas, pelucas, babuchas de odalisca 869 X | picos, las fresnedas que bordean el Manzanares, las desnudas 870 XVI | andaluz del médico de a bordo, que todo lo curaba con 871 XVI | la cara como una aurora boreal, yo te digo, ¡oh Restituta!, 872 XVIII | basta, per pietá. Estoy borracha hoy. Me he bebido tus cartas 873 IX | aunque tuve también allí mis borracheritas del género de las de Venecia, 874 XIX | te obscureces más, que te borras completamente, y abur mi 875 XIV | Justo es decir que la serie borrascosa de turcas de amor cogidas 876 X | que no puedo quererle, si borrase la palabra amor de nuestras 877 XVIII | suelta, no me amarres, no borres mi... ¿lo digo? Estas palabras 878 XXI | picante estilo. Todo ello se borró de su memoria, como se fue 879 XXIV | de dibujo, incitándola a bosquejar en lienzo o en tabla algún 880 IX | sobre ella con un descomunal botafumeiro, no supo responderle. Sentía 881 XII | decadencia, quitándose las botas y poniéndose las zapatillas 882 III | que, para pagar médico, botica y entierro, amén de las 883 V | médicas, abogadas, siquiera boticarias o escribanas, ya que no 884 XV | remolacha, y ese cuerpo de botijo. ¡Ay, tus dedos son tenazas! ~ - 885 XX | criaturitas, ovillito de algodón, brasero, camillita y demás imbecilidades. 886 IV | el caballero recobraba su bravía entereza. Por fin, la acción 887 IX | que los esperaba, iban del brazo por el camino de Aceiteros, 888 XXVIII | calzarse bien, y de continuo bregaba con el zapatero por si ajustaba 889 IX | la soledad de mi estudio, bregando con la forma humana, pensaba 890 XXVII | primeras dificultades en brevísimo tiempo, con gran sorpresa 891 XXII | su amo. ~«Vete de aquí, bribona... Tú tienes la culpa. Digo, 892 IX | árboles, y hacia la carretera brillaban luces, las del tranvía o 893 I | cabello y no muy copioso, brillante como torzales de seda y 894 XXV | les da matices frescos y brillantes. El cristal mío me presenta 895 XXI | quieres llamarla, se desata y brinca como una loca. Créelo, tú 896 VII | pan. Algunos corretean y brincan jugando a la toña; otros 897 XX | agradezco; pero, ¡ay!... Ya no brincaré más. ~El tono de hondísima 898 XIX | que una luxación, por los brincos que doy para escalar de 899 XXV | escalera, se decía entre toses broncas y ahogados suspiros: «Pero, ¡ 900 III | que del fondo del pecho le brotaba, y poner en su rostro la 901 XVIII | diente a la tragedia. Las brujitas me han dicido que seré reina... 902 XVIII | hacia ti marca siempre tu brújula, tu chacha querida, tu... 903 XVII | puede decirse, por entre las brumas que envolvían su alma. El 904 XIV | melancolía de una tarde brumosa, se asustó Díaz de oírla 905 XXVI | Tristana una desilusión brusca. Aquel hombre no era el 906 XXVI | repugnancia de un rompimiento brusco, que habría sido inhumano 907 IX | recreaban en la placidez bucólica de aquel vallecito en miniatura. 908 IV | realidades del vivir. ¡Ah!, si el buenazo de Moisés levantara ./. 909 XXIII | Hija mía, te quedarás buenísima - dijo D. Lope, envalentonándose 910 IX | siempre veían uno o dos bueyes desuncidos, echados, de 911 III | veces al día, y el gato huyó bufando de la casa, por no hallarse 912 IV | recibido del Cielo una tácita bula que los dispensaba de toda 913 VII | provincial. La ropa de paño burdo no le consentía ser muy 914 VII | colorada, hacía como que se burlaba también. Por la noche no 915 XI | resolución de burlar al burlador y de arrancarle su víctima, 916 XI | número: maridos y padres burlados; esposas que se han ido 917 XI | viva era su resolución de burlar al burlador y de arrancarle 918 XIX | querrás cojitranca? ¿No te burlarás de mí? ¿No perderás la ilusión? 919 XIX | estás hecho un ganso es por burlarte de mí. No, niño, eres un 920 XXV | No se burle.~ - Si no me burlo.~ - Bello ideal quiere decir...~ - 921 XVIII | número de maridillos que burló, y a las vírgenes honestas 922 X | y luego, entre airado y burlón, le decía: «Porque nada 923 XIII | joven? Veo que pones carita burlona. Eso quiere decir que soy 924 XVIII | langostinos, y pintando burros con zaragüelles, o personas 925 XXVI | encantadora... ~Horacio buscaba en su mente todas las flores 926 VII | encontró los ojos de él que la buscaban. Sintió vergüenza y se apartó 927 XII | cada pocos años, he ido buscándolos más baratos, hasta tener 928 XXV | decoroso que ande el novio buscándome las vueltas para entrar 929 XIII | las tres me hace gracia. Buscaremos otra. Pero yo pregunto: ¿ 930 XVI | No, no.~ - Iré después a buscarla a usted a la entrada de 931 VIII | Señorita... ¡qué cosas! Voy a buscarle, pues quedamos en ello, 932 XVII | el hatillo y me lanzo a buscarte. No sé lo que pensará mi 933 X | la vida sin que nadie los busque. Yo también soy pesimista; 934 II | de las ideas y prácticas caballerescas de su amigo, calculando 935 XX | te pregunto quién es el caballerito, ni me importa saberlo. 936 XVIII | ramo de mujeres, es bueno y caballeroso. Ahora que renquea y no 937 XXIV | óleo y acuarela, pinceles, caballetes y demás, sino también el 938 IX | de tenebrosa soledad. Los caballitos de madera, con las patas 939 XV | Lo de la marquesa del Cabañal es de lo más chusco...! 940 XI | Juan Tenorio. En palacios y cabañas se coló, y no respetó nada 941 XXIV | tocando suavemente los blancos cabellos del galán caduco, le contestó 942 VII | galón no ajustaba bien a su cabezota, de cabello duro y cerdoso 943 XXIX | vivir mucho! D. Lope no cabía en sí de contento, y Tristana 944 XXVIII | en Dios tan completa al cabo de algún tiempo, que Tristana 945 VIII | la escuela del licenciado Cabra, y daba de comer a su nieto 946 XVIII | olvidó decirte que tengo tres cabras con cada ubre como el bombo 947 XVIII | tanto asco nos daban. Las cabritas te esperan, inglesilla de 948 XVIII | gitana. ¿Te gusta a ti el cabrito asado? Dígolo porque si 949 VII | el pañuelito de naranjas, cacahuetes, avellanas, bollos o mendrugos 950 XVIII | huevo, preguntan al cielo, cacareando, qué razón hay para que 951 XI | comprende, y que parecen cadáveres risueños pegados a un árbol, 952 XVI | humana de romper su amorosa cadena, ni siquiera de aflojarla? ~« 953 I | casa y en las tertulias cafeteriles o casinescas a que concurría, 954 VI | y fuerte; pero ya se le caían mechones, que él habría 955 IX | el remolino de las hojas caídas, que el manso viento barría 956 IX | esparcido sobre el montón, caiga donde cayere. ~»Te diré 957 XX | Ahora... niña (sacando una cajita de farmacia), vas a tomar 958 XIV | carros fúnebres con las cajitas blancas? ¡Me da una tristeza!... 959 XI | ella con la preguntita de cajón: «¿Me quieres más o me quieres 960 XXI | para cultivar rábanos y calabazas. No te opongas a mi deseo, 961 XV | Te advierto que soy una calamidad como mujer casera. No doy 962 XXVIII | otros gastos en tiempos tan calamitosos. Pero lo más particular 963 XVII | querida. Me espanta mi propia calavera. Que me devuelvan mi carne 964 V | Pero cosiendo, cosiendo... Calcula las puntadas que hay que 965 II | caballerescas de su amigo, calculando que no constituían oficio 966 VIII | los grillos odiosos del cálculo aritmético, y metiéndole 967 VIII | centellas, su color moreno caldeado de sol, su voz como blanda 968 III | quién podría ser D. Pedro Calderón, y al pronto creyó que era 969 XX | Qué tal?... ¿Has tomado el caldito? Bien; me gusta que no hagas 970 XX | Ya que no otra cosa, el caldo y la copita de jerez. ¿Te 971 XVI | ijares aplicaran espuelas calentadas al rojo! Tantos ardores 972 XIX | muchísima pachorra en las losas calentitas de la vida doméstica! Hijo, 973 VIII | tal crimen, el lugar más calentito de los Infiernos debía ser 974 II | su casa, que pillar una calentura maligna que lo despachó 975 I | de ese papel plástico, caliente y vivo en que aquellos inspirados 976 XII | de malva, ni las bayetas calientes: lo que pedía era la compañía 977 XIII | hasta perder el aliento. Callaban las bocas, y los espíritus 978 VIII | color de ocre, el cual, a la calladita, por no atreverse a contrariar 979 XIX | las cosas con misterio y callándolas sin dejar de decirlas. Pues 980 XII | mal, que más le valiera callarse. Los penetrantes ojos de 981 VII | aficiones a la tauromaquia callejera. La señorita le obsequiaba 982 XXII | de las llamadas hierbas callejeras. Oírlo D. Lope y mandar 983 XII | mí no me gustan idilios callejeros, que pienso serán hasta 984 VII | presidencia, chiquero, apartado, callejones, barrera, música del Hospicio 985 V | de concluir. ~La señorita calló, sumergiéndose en una cavilación 986 XXVI | dejando atrás, con menos calma que a la subida, el sin 987 XIV | ansias se calmasen; ./. y se calmarían, tomando el amor un carácter 988 XXIII | franca y segura, y que para calmarla le iba a dar un poquitín 989 XIV | cuando las locas ansias se calmasen; ./. y se calmarían, tomando 990 XX | diciéndole: «Pobre alma mía, cálmate. Ha llegado la hora de la 991 XXII | prueba se ven los puntos que calza nuestra capacidad para el 992 XXVI | el interior de su casa, calzado de silenciosas zapatillas, 993 III | parlamentos de D. Gil de las Calzas verdes, de La Verdad sospechosa 994 XXVII | sin rebozo: «¡Cuánto ha cambiado ese hombre, pero cuánto! 995 XX | se quedaban atrás en este cambiazo, porque D. Lope apenas salía 996 XXV | también a mí me quiere camelar? - dijo la doméstica, familiarizándose 997 XIX | pasada, como la Dama de las camelias? No, hijo mío. Es que D. 998 XX | ovillito de algodón, brasero, camillita y demás imbecilidades. Y 999 XI | las pone como si fueran camisas. La conciencia negra y sucia 1000 XII | cuando D. Lope tiró de la campanilla para llamarla. En la manera