| Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
| Guy de Maupassant La belleza inútil IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Párrafo
1 III| animales no tienen aquí abajo otra preocupación que la 2 I| paciencia, le contestó, abandonándose a su cólera:~ -Hace usted 3 III| compañera como ella, la abandonó de pronto y se dio a correr 4 III| conjunto que tantas cosas abarca, tantas, tantísimas, desde 5 I| de la iglesia, que estaba abierta, calculando oír detrás de 6 II| en la cama con los ojos abiertos, meditando, sin acabar de 7 I| de portarme como esposa abnegada, dándole todo el cariño 8 I| más. Ha habido une táctica abominable y misteriosa que me ha costado 9 I| forjado usted con todo el aborrecimiento que por mi sentía, con los 10 III| piedras preciosas de las abotonaduras; miraban a los palcos, cuajados 11 I| avenida, el inmenso monumento abría su arco colosal sobre un 12 III| de los hombros desnudos abriesen sus cálices a todas las 13 III| hombres, cosas todas que han acabado por adornar, por hacer menos 14 II| abiertos, meditando, sin acabar de comprender, sin poder 15 IV| tormento cada vez que los miro? Acabaré por volverme loco.~ - 16 IV| Dígame la verdad!~ -Acabo de hacerlo. Jamás le engañé.~ 17 III| única razón, su cazurrería. Acabó descubriendo que el dormir 18 III| gérmenes. Uno de los pequeños accidentes imprevistos de sus fecundidades 19 III| unos minutos a filosofar acerca de las penas secretas, misteriosas, 20 I| desde hacía mucho tiempo. Se acercó y la saludó, diciendo:~ -¿ 21 III| todas las miradas, con un acompañamiento de música y de conversaciones.~ 22 I| probable.~ -¿Me permitirá acompañarla?~ -Usted es el dueño 23 I| No.~ -¿Quiere usted acompañarme a una iglesia?~ -¿Para 24 I| intimidación y de coerción, acordándome únicamente de que tenía 25 II| cuando llegó la hora de acostarse todos, les dio un beso muy 26 II| hecho colocar; luego se acostó y permaneció en la cama 27 III| hemos tenido más remedio que acostumbrarnos a comer todas esas cosas 28 I| no lo hubiese visto, con actitud tan altanera, que el marido 29 III| y la más sagrada de las actividades humanas, a otros órganos 30 I| de un hombre zafio.~ "¡Acuérdese de las veces que hemos reñido! ¡ 31 III| comerse entre ellos, de acuerdo con sus instintos, porque 32 III| exhibición, cuyo final no se adivina todavía.~ - ¡Pobres mujeres!~ -¿ 33 I| descubierto en sus ojos, y lo he adivinado! Quiere usted a sus hijos 34 III| clarearse bien, pero que se adivinan con bastante aproximación.~ - 35 I| comprenderlo; pero, al fin, lo adiviné. Llegó usted a jactarse 36 III| nacida para ser hermosa, admirada, festejada y adorada, haya 37 III| cantándola, interpretándola, admirándola como poetas, idealizándola 38 I| La encuentro a usted adorable.~ Ella no contestó, y 39 III| hermosa, admirada, festejada y adorada, haya tenido que pasar once 40 II| años, y con vestidos azules adornados de puntillitas blancas, 41 III| todas que han acabado por adornar, por hacer menos árida, 42 III| licores, telas, vestidos, adornos, camas, colchones, carruajes, 43 II| revólver cargado que había adquirido unos días antes.~ Las 44 I| formas, como usted mismo ha advertido hace un momento, el verme 45 I| permanecía en pie a sus espaldas, advirtió, por fin, que lloraba. Lloraba 46 III| todas esas cosas y hasta a aficionarnos a ellas, porque es lo único 47 I| le dijo el marido.~ Aflojó un poco la presión, y entonces 48 III| exigente, investigadora, agitada, inquieta, ¿hubiera creado 49 I| impedirme ser hermosa y agradar, que me calificasen en los 50 II| contra la pared, y salió sin agregar palabra.~ Ella, entonces, 51 III| en la señora de Mascaret, agregó:~ -¿Quién va a creer 52 II| las calles.~ La condesa aguardaba, enérgica y nerviosa. Ya 53 II| sola a su habitación.~ Aguardó, porque estaba segura de 54 I| rencoroso que ahora mismo lo aguijonea al verse a mi lado. No es 55 II| miraba a cada instante las agujas del reloj. Vino la doncella 56 III| investigadores, los inquietos. .. ¡Ah, qué pobres diablos!~ " 57 I| un débil sollozo, oculto, ahogado; entre sus dedos.~ El 58 I| violencia, que ella se calló, ahogando un lamento que reventaba 59 I| que seguiremos así diez aiios más. Hasta entonces no dejará 60 I| hermosa, esbelta, y el óvalo alargado de su cara, su cutis de 61 IV| que mentía.~ Ella le alargó la mano:~ -Entonces, ¿ 62 I| rebosante de claridad, luz y alegría.~ La condesa de Mascaret 63 I| mi preñez, usted mismo se alejaba de mí, y se pasaba meses 64 IV| Sólo un recurso tenía para alejarlo a usted de mi lecho. Mentí 65 | algún 66 | algunas 67 | algunos 68 III| grima pensar que semejante alhaja, que una perla como ésa, 69 III| para la que nos infundió aliento la divina Providencia.~" 70 III| propia casa, alojados y alimentados, y no tienen que ocuparse 71 III| grutas o en los árboles, alimentándonos con la carne de los animales, 72 III| preparado para recibir, alojar, alimentar y dar satisfacción a seres 73 III| manantiales, el cobijo, el alimento y la bebida. Por eso las 74 | allí 75 III| rebelarán eternamente todas las almas delicadas? Este Creador 76 III| Están en su propia casa, alojados y alimentados, y no tienen 77 III| preparado para recibir, alojar, alimentar y dar satisfacción 78 III| de los gorriones o de las alondras, pero no mi boca. Por consiguiente, 79 I| hubiese visto, con actitud tan altanera, que el marido sintió en 80 I| jurar en falso delante de un altar en el que está guardado 81 I| él le miraba a los ojos, alterado ya por la ira, y resolló:~ -¡ 82 III| Grandín le contestó:~ -¡Alto ahí, querido! Esa es probablemente 83 I| trate usted de impedírmelo, alzaré la voz para que me oigan 84 II| contestaba a sus miradas, alzó las dos manos, la derecha 85 I| condenada. ¿Que quién fue mi amante? No lo sabrá usted jamás. 86 IV| los que ya tengo, y con amarlos con todo mi corazón. Yo 87 III| agradable, muy tranquila y de un ambiente sano. Esta mujer ha realizado 88 I| al hombre enamorado, al amo brutal.~ Aunque sus servidores 89 IV| anhelos que los siglos han ido amontonando en nosotros, anhelos que, 90 III| cabeza, vistiendo chaleco de ancha boca, que dejaba ver la 91 III| este incómodo recinto de animaluchos, este campo de hortalizas, 92 III| comprenderte.~ Salins se fue animando.~ -¿Sabes cómo concibo 93 IV| para ellos un padre a la antigua, lo mismo que he sido para 94 IV| marido por el estilo de las antiguas familias, porque yo sigo 95 IV| más temible quizá que su antiguo y sencillo amor.~FIN~ 96 IV| confusamente la causa de sus antiguos celos y sin ver claro todavía 97 III| diversidad de caracteres o de antipatías físicas inadvertidas al 98 I| bien. Siempre me fue usted antipático, y se lo demostré en toda 99 II| las horas en el reloj. Se apagaron todos los ruidos del palacio. 100 III| hijos a estilo de bestia apareada por la ley. ¡Fíjate en esa 101 II| cortinas, y el conde no había aparecido todavía en el cuarto. Entonces 102 III| completamente seguro.~ -Aparente veinticinco.~ -Ha tenido 103 IV| en nosotros, anhelos que, apartándose de su primitiva y divina 104 IV| estatua de carne que despierta apetitos inmateriales en tanto grado 105 I| otro al suelo bajo el golpe aplastador de su puño.~ Pero nada 106 III| nosotros los que nos hemos apoderado de la creación, cantándola, 107 I| pero en su escuela he aprendido a ser astuta -: el cariño 108 II| estaban lejos de ella, se aprestó a defender su vida de ser 109 I| está de mi parte.~ Apretaba con las tenazas de su puño 110 II| espíritu le fallaban las frases apropiadas, y casi le daba miedo oír 111 I| usted la de mis padres, aprovechando que es usted rico y que 112 III| se adivinan con bastante aproximación.~ -Y ¿cuál es?~ -Yo 113 I| poblada barba roja; un hombre apuesto, un caballero del gran mundo. 114 IV| palacio. Como siempre, cuando aquél se detuvo delante de la 115 | aquellas 116 | aquello 117 III| adornar, por hacer menos árida, monótona y dura esta existencia 118 II| instante el pensamiento de armarse de un pequeño revólver que 119 II| todos los niños, y sólo se armó de un frasco de sales.~ 120 I| en la cristalería de sus arneses y linternas, formaban un 121 I| palacio!~ Los caballos arrancaron a trote ligero.~ 122 II| hiciesen brotar una idea o arrancasen una palabra.~ Dos o tres 123 II| aquel hombre despótico, arrebatado, dispuesto siempre a la 124 III| en una caverna, desnuda o arrebujada en pieles de animales. ¿ 125 I| Ella no contestó, y siguió arrellanada en el coche con aire de 126 I| semblante de su mujer, que no se arriesgaba a ello.~ Deslizó disimuladamente 127 I| hasta la verja del coro, se arrodilló en una silla y oró. Oró 128 III| poetas, idealizándola como artistas, explicándolo como sabios, 129 III| sirvan a nosotros su carne asada, con trufas que los cerdos 130 I| siempre seductora y siempre asediada de homenajes, y cuando yo 131 IV| pero yo no podía, se lo aseguro, continuar con aquella vida 132 III| semejantes, nos ha permitido asimismo inventar la música, y con 133 I| se había puesto rojo de asombro y de irritación; y gruñó 134 III| infernal, siempre suspicaz y áspero. Desde que se dedica a divertirse, 135 I| escuela he aprendido a ser astuta -: el cariño que siente 136 III| cualquiera diría que el Creador, astuto y cínico, quiso privar para 137 I| que decirle es esto. No me asusta nada y puede hacer usted 138 IV| flores de ensueño únicamente, ataviadas de todo cuanto la civilización 139 III| marrullero, y ha sabido ataviarlo tan bien de poesía literaria, 140 III| coquetería de la vida, el atavío de las mujeres y el talento 141 II| a comer.~ La condesa, atenazada por una emoción que no había 142 IV| conseguiré nunca saber a qué atenerme. Hubiera preferido que me 143 III| señora alta muy joven, y que atraía todas las miradas de la 144 III| porque conocía de tiempo atrás las deslumbradoras paradojas 145 IV| despertó en mi unos celos atroces, porque es una mujer de 146 I| a pesar de sus hábitos autoritarios y despóticos.~ Entonces 147 I| pasos por el conde.~ Avanzó sin detenerse hasta la verja 148 I| extremo de aquella larga avenida, el inmenso monumento abría 149 II| las tres niñas, con el aya inglesa, la señora Smith, 150 II| diez años, y con vestidos azules adornados de puntillitas 151 I| con unos celos de espía: bajos, innobles, degradantes para 152 I| hombros anchos, poblada barba roja; un hombre apuesto, 153 II| se corrió por el mantel. Bastó aquel ligero ruido para 154 III| cobijo, el alimento y la bebida. Por eso las personas exigentes 155 III| exquisitos, bombones, pastelería, bebidas, licores, telas, vestidos, 156 II| El señor abate rezó la bendición según tenía por costumbre 157 III| Dios no previó jamás la benignidad y las costumbres pacíficas; 158 IV| mirarlos, ni a llamarlos, ni a besarlos, ni a coger a uno sobre 159 II| acostarse todos, les dio un beso muy largo, los envió a dormir, 160 IV| Él se la tomó y se la besó, contestándole:~ -Quedamos 161 III| ex profeso para nosotros, bestezuelas descontentadizas e inquietas?~ " 162 III| normal hace hijos a estilo de bestia apareada por la ley. ¡Fíjate 163 III| que dejaba ver la camisa blanca, en la que brillaban el 164 II| adornados de puntillitas blancas, parecían otras tantas muñecas 165 II| otro como se buscan las bocas de dos pistolas.~ El 166 II| de mundo, y ocultó en un bolsillo el pequeño revólver cargado 167 III| alimentos más exquisitos, bombones, pastelería, bebidas, licores, 168 II| los tres años. Todas eran bonitas y prometían llegar a ser 169 III| la tierra de limpio, de bonito, de elegante y de ideal 170 I| Bolonia o los hace cabalgar en borriquitos por Montmorency. Y los lleva 171 I| de ellos, y los pasea en break por el Bosque de Bolonia 172 III| camisa blanca, en la que brillaban el oro y las piedras preciosas 173 III| momento en duda que aquello ha brotado del suelo para que se lo 174 II| inútiles tentativas hiciesen brotar una idea o arrancasen una 175 III| nosotros. El pensamiento, que brotó y se desarrolló por un milagro 176 I| hombre enamorado, al amo brutal.~ Aunque sus servidores 177 I| cogido de la muñeca con brutalidad salvaje, y se la estrujaba 178 III| que se parecen mucho al bruto están aquí contentos y satisfechos. 179 III| llevadero nuestro destino de brutos, hemos descubierto y fabricado 180 III| Viven los siete, y es una buena madre. Visito de cuando 181 III| El carnero, el corzo y el buey, ¿no lo son de los grandes 182 I| despegar los labios. El marido buscaba la manera de trabar conversación, 183 II| encuentros, las pupilas de uno buscaban las del otro como se buscan 184 II| buscaban las del otro como se buscan las bocas de dos pistolas.~ 185 I| de Paris, se dio usted a buscar un medio para apartar de 186 I| Son siete los que tengo, ¡busque! Pensaba habérselo dicho 187 III| estaban en pie en el patio de butacas, con el sombrero en la cabeza, 188 I| Bosque de Bolonia o los hace cabalgar en borriquitos por Montmorency. 189 III| de Roberto el Diablo. Los caballeros estaban en pie en el patio 190 II| examinaban una a una aquellas cabezas. De pronto, al colocar su 191 III| hemos tenido que llevar a cabo, a pesar de la Naturaleza 192 III| una comida de conejos y de cabras, lo mismo que la hierba 193 I| así provocado y esperando caer de un momento a otro al 194 III| tantas, tantísimas, desde los calcetines hasta el teléfono. Piensa 195 I| iglesia, que estaba abierta, calculando oír detrás de ella el peso 196 III| demasiado caro. Llegó, por cálculos de economía doméstica, a 197 III| hombros desnudos abriesen sus cálices a todas las miradas, con 198 I| hermosa y agradar, que me calificasen en los salones y en los 199 I| Pues yo estoy resuelta a no callar hasta que le haya dicho 200 I| pisaron la calzada de la calle.~ Los dos esposos permanecían 201 II| lejano de los coches en las calles.~ La condesa aguardaba, 202 I| tal violencia, que ella se calló, ahogando un lamento que 203 I| recelos momentáneamente calmados, con el gozo de ver cómo 204 I| cabeza, hasta que pisaron la calzada de la calle.~ Los dos 205 II| acostó y permaneció en la cama con los ojos abiertos, meditando, 206 III| telas, vestidos, adornos, camas, colchones, carruajes, ferrocarriles 207 I| París.~ Marido y mujer no cambiaron entre si una sola palabra 208 III| nosotros? Nada. Ellos, en cambio, lo tienen todo: las cavernas, 209 III| boca, que dejaba ver la camisa blanca, en la que brillaban 210 I| Subían por la cuesta de los Campos Elíseos hacia el Arco de 211 III| apoderado de la creación, cantándola, interpretándola, admirándola 212 III| era buen marido, tenía un carácter infernal, siempre suspicaz 213 III| consecuencia de la diversidad de caracteres o de antipatías físicas 214 II| bolsillo el pequeño revólver cargado que había adquirido unos 215 II| hijos palabras tiernas, cariñosas, y mimos de madre que ensanchan 216 IV| con usted, y hasta he sido cariñoso y complaciente. Dígame la 217 III| natural del gavilán? El carnero, el corzo y el buey, ¿no 218 III| de los grandes animales carniceros? ¿O es que creemos que están 219 III| casa le salía demasiado caro. Llegó, por cálculos de 220 I| para mi persona. No llevaba casada ocho meses y ya usted me 221 I| hace sólo once que nos casamos y usted echa cuentas de 222 III| objetos, empezando por las casas y siguiendo por los alimentos 223 I| miento nunca, caballero. Me casé con usted contra mi voluntad; 224 I| expedía usted al campo, al castillo de la familia, al verde, 225 I| tropezó con ella como por casualidad; pero su mujer retiró el 226 IV| palpitando confusamente la causa de sus antiguos celos y 227 III| la hizo para vivir en una caverna, desnuda o arrebujada en 228 III| cambio, lo tienen todo: las cavernas, los árboles, el follaje, 229 I| rojo. Parecía que el sol, cayendo sobre él, levantaba por 230 III| ocuparse más que de pacer, cazar o comerse entre ellos, de 231 III| probablemente la única razón, su cazurrería. Acabó descubriendo que 232 III| zanahorias, sí, señor, y cebollas, nabos y rábanos, porque 233 I| muchas lágrimas, tuve que ceder.~ "Usted me compró, y 234 III| milagro nervioso de las células de nuestro cerebro, hace 235 III| función fortuita de los centros nerviosos de nuestro cerebro, 236 III| asada, con trufas que los cerdos desentierran ex profeso 237 I| y gruñó con los dientes cerrados:~ -Si, hable usted.~ 238 I| las puertas rotas y de las cerraduras forzadas! Me ha tenido usted 239 II| puerta con llave y corrió el cerrojo de seguridad que ella había 240 III| en la cabeza, vistiendo chaleco de ancha boca, que dejaba 241 III| espaldas a la orquesta, charlaban, mirando al mismo tiempo 242 II| con toda su pollada. Hizo charlar a los mayores, contó cuentos 243 III| igualmente una manera de chasquear a Dios y de rendir homenaje 244 III| producto espontáneo de la ciega fecundidad divina?~ -¡ 245 III| descubierto, además, las ciencias y las artes, La escritura 246 I| mes de junio, a eso de las cinco y media de la tarde, y por 247 III| que el Creador, astuto y cínico, quiso privar para siempre 248 III| jactancia, que se explayaban en círculo alrededor del gran teatro.~ 249 I| Bosque, la otra hacia la ciudad.~ El conde Mascaret volvió 250 IV| somos, mujeres de un mundo civilizado, caballero. No somos ya, 251 III| sospecha, que no llegan a clarearse bien, pero que se adivinan 252 I| distinguía un cielo rebosante de claridad, luz y alegría.~ La condesa 253 III| descubierto y fabricado toda clase de objetos, empezando por 254 I| una quemadura. Se irguió y clavó sus ojos en los de él.~ - 255 III| follaje, los manantiales, el cobijo, el alimento y la bebida. 256 I| destellos luminosos en los cobres, en la plata y en la cristalería 257 III| cuando como gallinas. La codorniz, la paloma y la perdiz, ¿ 258 I| procedimientos de intimidación y de coerción, acordándome únicamente 259 IV| llamarlos, ni a besarlos, ni a coger a uno sobre mis rodillas, 260 I| El marido le había cogido de la muñeca con brutalidad 261 III| vestidos, adornos, camas, colchones, carruajes, ferrocarriles 262 III| al mismo tiempo aquella colección de elegancias, aquella exposición 263 I| contestó, abandonándose a su cólera:~ -Hace usted mal en 264 I| monumento abría su arco colosal sobre un cielo rojo. Parecía 265 III| del suelo para que se lo coma el pico de los gorriones 266 III| mismo que les robo a la comadreja y a la zorra cuando como 267 III| qué pobres diablos!~ "Comemos repollos y zanahorias, sí, 268 III| más que de pacer, cazar o comerse entre ellos, de acuerdo 269 III| cierto es que se trata de una comida de conejos y de cabras, 270 III| que mediana, con muy poca comodidad y elegancia, en condiciones 271 III| mujeres!~ -¿Por qué las compadeces?~ -¿Por qué? Ponte a 272 III| uno de los dos, dijo a su compañero, Bernardo Grandín:~ - 273 IV| no sé por qué razón, por compasión quizá.~ Ella le contestó 274 IV| hasta he sido cariñoso y complaciente. Dígame la verdad, y yo 275 IV| extraño y misterioso de tantos complicados anhelos que los siglos han 276 II| pequeño revólver que había comprado hacia poco, en previsión 277 I| niegue usted. Mucho tardé en comprenderlo; pero, al fin, lo adiviné. 278 III| pocas personas capaces de comprenderte.~ Salins se fue animando.~ -¿ 279 II| el cuarto. Entonces ella comprendió que no volvería nunca más, 280 I| que ceder.~ "Usted me compró, y luego, cuando me tuvo 281 III| carne, al mismo tiempo que comunica la idea. El olfato, que 282 III| con la que recibimos la comunicación de nuestros semejantes, 283 III| animando.~ -¿Sabes cómo concibo yo a Dios? - dijo -. Como 284 III| estúpidamente prolífico y no tiene conciencia de toda la serie de combinaciones 285 III| doméstica, a las mismas conclusiones a que tú llegas con la filosofía.~ 286 III| comodidad y elegancia, en condiciones indignas de nosotros.~ " 287 IV| desde hace seis años me he conducido correctamente con usted, 288 III| se trata de una comida de conejos y de cabras, lo mismo que 289 I| ha obligado a que se lo confesase hoy. No tengo más que decir.~ 290 III| finalidades distintas, ¿por qué no confió esta misión sagrada, la 291 IV| descubrimiento, palpitando confusamente la causa de sus antiguos 292 III| impotente, ignorante y lleno de confusiones.~ "Contémplala, a esta 293 III| inventar la civilización, conjunto que tantas cosas abarca, 294 | conmigo 295 IV| adivinar que su mujer estaba conmovida, y tuvo la sensación de 296 III| escuchaba con atención, porque conocía de tiempo atrás las deslumbradoras 297 III| decir con exactitud. La conozco desde su niñez. Estuve presente 298 III| los ojos. Si un creador consciente hubiese previsto que el 299 III| surgir en una familia como consecuencia de la diversidad de caracteres 300 I| a otras tantas victorias conseguidas, no porque lleven su sangre. 301 IV| palabras de una mujer? No conseguiré nunca saber a qué atenerme. 302 I| que van en el pescante. Si consentí en que subiese al coche 303 II| estaba dispuesta a todo, y se consideraba triunfante, porque el suplicio 304 III| de poesía literaria, que consigue que la mujer olvide a veces 305 III| alondras, pero no mi boca. Por consiguiente, cuando mastico el pan, 306 I| hijos arranca de que ellos constituían la seguridad suya cuando 307 I| tocó en el hombro.~ Este contacto la hizo volver en sí como 308 III| mujer olvide a veces los contactos a que se ve sometida. Y 309 III| lleno de confusiones.~ "Contémplala, a esta tierra nuestra, 310 I| detuvo unos segundos para contemplar a su mujer, y palideció 311 III| caballos y de vacas. Cuando contemplo las espigas de un campo 312 I| Ella, entonces, sin poderse contener más, le replicó con voz 313 III| mucho al bruto están aquí contentos y satisfechos. Los demás, 314 II| con una súbita rebelión, y contestando a la pregunta con igual 315 IV| se la tomó y se la besó, contestándole:~ -Quedamos amigos. Gracias, 316 II| Dos o tres veces intentó contestarle la condesa, por delicadeza 317 III| asquerosamente y morir a continuación, como los efímeros insectos 318 IV| no podía, se lo aseguro, continuar con aquella vida odiosa 319 II| Hizo charlar a los mayores, contó cuentos a los más pequeños, 320 IV| con expresión sincera y convencida:~ -Si no hubiese procedido 321 I| sorprendido.~ -¿Está usted convencido de que creo en Dios?~ - 322 III| transparentaba un sincero convencimiento:~ -¡Vaya que si es hermosa! ¿ 323 III| acompañamiento de música y de conversaciones.~ Dos amigos, vueltos 324 III| de la reproducción, que convierte a una mujer normal en una 325 I| que yo era capaz, usted se convirtió en un marido celoso, celoso 326 II| De pronto, al colocar su copa en la mesa, se le quebró, 327 II| ensanchan de felicidad los corazoncitos de los pequeños.~ Terminada 328 I| detenerse hasta la verja del coro, se arrodilló en una silla 329 IV| seis años me he conducido correctamente con usted, y hasta he sido 330 III| abandonó de pronto y se dio a correr detrás de cualquier perdida, 331 I| formaban un río de doble corriente, una hacia el Bosque, la 332 IV| esta vida, esta idea que me corroe, esta pregunta que me formulo 333 II| debajo de los flecos de las cortinas, y el conde no había aparecido 334 III| gavilán? El carnero, el corzo y el buey, ¿no lo son de 335 I| abominable y misteriosa que me ha costado mucho tiempo descifrar - 336 III| jamás la benignidad y las costumbres pacíficas; lo único que 337 III| la mar si estuviese solo. Crea, porque crear es la función 338 III| nos hemos apoderado de la creación, cantándola, interpretándola, 339 III| producción de electricidad creada por frotamientos o yuxtaposiciones 340 III| estuviese solo. Crea, porque crear es la función de Dios; pero 341 III| o con hierbas crudas que crecen a la intemperie del sol 342 I| entonces ella le dijo:~ -¿Cree usted que soy una mujer 343 III| animales carniceros? ¿O es que creemos que están destinados al 344 IV| de seis años en semejante creencia! No; cuando miente es hoy; 345 III| agregó:~ -¿Quién va a creer que esa mujer ha tenido 346 IV| este momento? ¿Cómo voy a creerle lo que me dice? ¿Cómo dar 347 I| usted que soy una mujer creyente?~ -Sí -balbuceó él, sorprendido.~ -¿ 348 III| es lo único que aquí se cría; pero lo cierto es que se 349 I| voz para que me oigan los criados que van en el pescante. 350 III| mundo no ha sido hecho para criaturas como nosotros. El pensamiento, 351 I| Subió a él de un salto, crispada de angustia, jadeante de 352 I| cobres, en la plata y en la cristalería de sus arneses y linternas, 353 I| está guardado el cuerpo de Cristo?~ -No.~ -¿Quiere usted 354 III| matásemos, o con hierbas crudas que crecen a la intemperie 355 II| marido y mujer. Y siguieron cruzando a cada momento sus miradas; 356 II| en pie junto a su silla. Cruzaron un ligero saludo, y tomaron 357 III| abotonaduras; miraban a los palcos, cuajados de mujeres escotadas, llenas 358 | cualquier 359 | cualquiera 360 | Cuándo 361 | Cuántas 362 II| aparecido todavía en el cuarto. Entonces ella comprendió 363 II| se oía el tintineo de los cubiertos de plata y de la porcelana.~ 364 I| cochero, inclinando un poco el cuello, pero sin apartar la vista 365 I| nos casamos y usted echa cuentas de que seguiremos así diez 366 II| charlar a los mayores, contó cuentos a los más pequeños, y cuando 367 I| irritada.~ Subían por la cuesta de los Campos Elíseos hacia 368 III| la inteligencia tiene la culpa de que nos sintamos tan 369 IV| Quizás he sido más culpable de lo que usted me supone; 370 II| La más pequeña no había cumplido aún los tres años. Todas 371 IV| lado del otro dentro del cupé que los llevaba a casa, 372 I| alargado de su cara, su cutis de brillante marfil, sus 373 III| pequeños dramas del matrimonio cuya existencia se sospecha, 374 III| entrar en el de exhibición, cuyo final no se adivina todavía.~ - ¡ 375 I| grises y negros cabellos le daban un aire de distinción. Subió 376 III| extraordinaria? ¿Y nunca ha dado motivo a que se hable de 377 III| pasar once años de su vida dando herederos al conde de Mascaret?~ 378 I| portarme como esposa abnegada, dándole todo el cariño de que yo 379 II| duraría toda la vida, sin darle un momento de tregua.~ 380 I| perfidias. Hasta llegó a dármelo e entender. ¡Qué ignominia! 381 II| mesa con gesto irritado; al darse la vuelta dio un empujón 382 II| del día se deslizaron por debajo de los flecos de las cortinas, 383 III| es nuestra enemiga, que debemos luchar siempre contra ella, 384 I| únicamente de que tenía el deber de portarme como esposa 385 I| cuerpo, que terminaba en un débil sollozo, oculto, ahogado; 386 III| Estuve presente cuando debutó en sociedad, de jovencita. 387 I| dirigían y sobre las que, sin decírmelas directamente, se susurraban 388 III| las dolencias, fealdades y decrepitudes humanas. Parece que no los 389 III| suspicaz y áspero. Desde que se dedica a divertirse, se ha hecho 390 I| persona los homenajes que me dedicaban, y se le ocurrió la idea 391 III| mujer.~ Los dos amigos dedicaron entonces unos minutos a 392 II| lejos de ella, se aprestó a defender su vida de ser humano, del 393 II| del mismo modo que había defendido su vida de mujer de mundo, 394 I| de ver cómo mi talle se deformaba.~ "¡Cuántas veces he 395 I| deseo -, es el anhelo de deformar mi cuerpo.~ "Ha habido 396 I| espía: bajos, innobles, degradantes para usted y ofensivos para 397 II| tranquilidad.~ -No le deis importancia, hijitos. Vuestro 398 III| chaleco de ancha boca, que dejaba ver la camisa blanca, en 399 I| estupefacto y desconcertado; pero, dejándose llevar por sus hábitos de 400 I| aiios más. Hasta entonces no dejará usted de estar celoso.~El 401 I| exasperada:~ -Le ruego que me deje en paz. Ya no me queda ni 402 III| eternamente todas las almas delicadas? Este Creador económico 403 II| contestarle la condesa, por delicadeza femenina, obedeciendo a 404 | demasiado 405 I| usted antipático, y se lo demostré en toda ocasión, porque 406 III| los alimentos materiales, derrama también la palabra y el 407 I| dispuesta a todo, que lo desafiaré todo, que no temo a nada 408 I| Va usted e oír cosas muy desagradables; pero sepa que estoy dispuesta 409 III| imprevisto, condenado a desaparecer con la tierra, para resurgir 410 IV| maté fue porque, matándola, desaparecería para mi toda esperanza de 411 II| presentaban perspectivas de desarrollarse como hombres vigorosos, 412 III| pensamiento, que brotó y se desarrolló por un milagro nervioso 413 III| humanas, a otros órganos menos desaseados y sucios? La boca, que nutre 414 IV| delante de la escalinata, descendió el conde el primero, y ofreció 415 I| ha costado mucho tiempo descifrar - pero en su escuela he 416 II| pero fue en vano. En el desconcierto de su espíritu le fallaban 417 III| monstruoso órgano creador, desconocido de nosotros, que siembra 418 III| para nosotros, bestezuelas descontentadizas e inquietas?~ "Observa 419 III| razón, su cazurrería. Acabó descubriendo que el dormir en casa le 420 III| de cara al escenario, se descubrieron y tomaron asiento.~ 421 IV| estupefacto de aquel tardío descubrimiento, palpitando confusamente 422 I| de todos, pero no logrará descubrirlo. Me di a él sin amor y sin 423 I| palabras por entre sus labios desdeñosos:~ -Ya lo ve usted.~ -¿ 424 III| con trufas que los cerdos desentierran ex profeso para nosotros?~ " 425 I| nunca me negaría yo a ese deseo -, es el anhelo de deformar 426 I| en los momentos de pena desgarradora. Era un estremecimiento 427 II| insinuar una conversación. Iba desgranando temas, sin que sus inútiles 428 III| que se sigue llamando los designios de la Providencia.~ Grandin, 429 II| primeras luces del día se deslizaron por debajo de los flecos 430 I| se arriesgaba a ello.~ Deslizó disimuladamente su mano 431 III| conocía de tiempo atrás las deslumbradoras paradojas de su fantasía, 432 III| miradas de la sala con su deslumbrante belleza. Su tez pálida, 433 III| para vivir en una caverna, desnuda o arrebujada en pieles de 434 IV| que los llevaba a casa, no despegaban los labios. Pero, de pronto, 435 I| uno al lado del otro, sin despegar los labios. El marido buscaba 436 I| relacionada en sociedad, despertaban otra vez los celos de usted 437 IV| Sí, lo reconozco; usted despertó en mi unos celos atroces, 438 IV| mujer, estatua de carne que despierta apetitos inmateriales en 439 II| tendría resuelto aquel hombre despótico, arrebatado, dispuesto siempre 440 I| sus hábitos autoritarios y despóticos.~ Entonces dijo en voz 441 I| carruajes, salpicados de destellos luminosos en los cobres, 442 III| lamentables y perpetuos desterrados en la tierra, porque es 443 IV| no era una simple mujer destinada a perpetuar su raza, sino 444 IV| a serlo, simples hembras destinadas a repoblar la tierra.~ 445 III| es que creemos que están destinados al engorde, para que nos 446 III| hacer más llevadero nuestro destino de brutos, hemos descubierto 447 III| mundo no previsto por los destinos inmortales, ignorado por 448 IV| lado sin que la duda me destroce el alma. Dígame cuál de 449 I| musculoso, como queriendo destrozarle los dedos. Ella, lívida 450 III| muerte de los seres, que se destruyen unos a otros y se devoran 451 I| escalinata.~ -¡Usted desvaría!~ -No. Tengo siete hijos 452 I| el conde.~ Avanzó sin detenerse hasta la verja del coro, 453 I| mordedura de los celos que lo devoraban desde hacía mucho tiempo. 454 III| destruyen unos a otros y se devoran con encarnizamiento.~ " 455 III| entreacto de Roberto el Diablo. Los caballeros estaban 456 III| inquietos. .. ¡Ah, qué pobres diablos!~ "Comemos repollos y 457 III| Nunca.~ -Y ¿qué me dices de su marido? Es un tipo 458 III| con ella el ensueño, la dicha, el infinito, además del 459 IV| terrible de su paseo al Bosque, diciéndole:~ -¿Es cierto?~ -Es 460 I| irritación; y gruñó con los dientes cerrados:~ -Si, hable 461 I| se hallaban en situación difícil. Después de muchas lágrimas, 462 III| combinaciones a que da lugar con la difusión de sus gérmenes. Uno de 463 IV| Cuál de ellos es? Dígamelo de una vez.~ -Jamás.~ - 464 IV| Hubiera preferido que me dijese: "Es Santiago o es Juana..."~ 465 I| Bolonia, volvió a tomar la dirección de París.~ Marido y mujer 466 I| las que, sin decírmelas directamente, se susurraban en voz baja 467 I| sobre las galanterías que me dirigían y sobre las que, sin decírmelas 468 I| Subió ella al carruaje sin dirigirle una mirada, como si no lo 469 I| arriesgaba a ello.~ Deslizó disimuladamente su mano hacia la mano enguantada 470 II| hombre despótico, arrebatado, dispuesto siempre a la violencia? 471 I| cabellos le daban un aire de distinción. Subió ella al carruaje 472 I| tejados del patio principal se distinguía un cielo rebosante de claridad, 473 III| que es hoy, una cosa tan distinta del pensamiento y de la 474 III| por Él dio dos finalidades distintas, ¿por qué no confió esta 475 III| o en otra parte, igual o distinto, en alguna de las combinaciones 476 III| capaces de comprender; una distracción agradable, sensual e inteligente, 477 III| como consecuencia de la diversidad de caracteres o de antipatías 478 III| áspero. Desde que se dedica a divertirse, se ha hecho muy tratable; 479 I| linternas, formaban un río de doble corriente, una hacia el 480 III| envejecen con todas las dolencias, fealdades y decrepitudes 481 III| obligados estamos a vencer y domar el instinto animal, que 482 III| por cálculos de economía doméstica, a las mismas conclusiones 483 I| obligarán a escucharme y a dominarse. Óigame bien. Siempre me 484 II| agujas del reloj. Vino la doncella para vestirla de noche, 485 III| dar satisfacción a seres dotados de pensamiento; y él también 486 IV| Creo lo que me dice. Me doy cuenta de que ahora dice 487 III| drama, uno de esos pequeños dramas del matrimonio cuya existencia 488 IV| a ver envuelto en nuevas dudas, y no saldré de ellas jamás! ¿ 489 I| acompañarla?~ -Usted es el dueño del carruaje.~ Sin manifestar 490 III| menos árida, monótona y dura esta existencia de simples 491 IV| No le parece que esto ha durado ya bastante?~ -¿A qué 492 II| a que lo tenía sometido duraría toda la vida, sin darle 493 I| conversación, pero era tal la dureza del semblante de su mujer, 494 I| que nos casamos y usted echa cuentas de que seguiremos 495 III| Llegó, por cálculos de economía doméstica, a las mismas 496 III| delicadas? Este Creador económico y malévolo que a todos los 497 III| que si es hermosa! ¿Qué edad puede tener?~ -Espera. 498 IV| verdad. En aquella ocasión, efectivamente, tuve siempre el recelo 499 III| sostengo, e insisto. ¿Hay, en efecto, algo más innoble y repugnante 500 III| a continuación, como los efímeros insectos de las noches otoñales.