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Guy de Maupassant
La belleza inútil

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


abajo-efime | egois-ofens | ofrec-zorra

     Párrafo
501 I| siendo la victima de su egoísmo feroz?~    El marido se 502 III| también de una producción de electricidad creada por frotamientos 503 III| con muy poca comodidad y elegancia, en condiciones indignas 504 III| tiempo aquella colección de elegancias, aquella exposición de encantos, 505 I| la cuesta de los Campos Elíseos hacia el Arco de Triunfo 506 II| daba cuenta de que algo embarazoso ocurría, y se esforzaba 507 III| unión con la mujer. Sin embargo, el hombre ha descubierto 508 I| Quiere?~    -Si usted se empeña, sí.~    Ella llamó en voz 509 I| dice usted? Pues bien: ¿se empeñe en que yo se lo diga?~    - 510 I| tuvo en su poder, cuando yo empezaba a ser una compañera dispuesta 511 III| fabricado toda clase de objetos, empezando por las casas y siguiendo 512 III| que indicaban que iba a empezar el tercer acto. Los dos 513 I| la persecución a que lo empujaba ese anhelo infame y rencoroso 514 II| al darse la vuelta dio un empujón a la silla, enviándole contra 515 I| delataba, más que al hombre enamorado, al amo brutal.~    Aunque 516 III| a otros y se devoran con encarnizamiento.~    "En cuanto a nosotros, ¡ 517 IV| salón pequeño, y un lacayo encendió las luces, sorprendido.~    518 II| II~    Encerrada en su habitación, la condesa 519 IV| que hablase, y usted se encerró en su mutismo, permaneció 520 I| lo que llevo como un peso encima del corazón desde que vengo 521 I| hora de que vuelva a estar encinte, porque soy todavía muy 522 II| pesar suyo, a pesar del encrespamiento de su carne y de su corazón 523 III| en ella animales? ¿Qué se encuentra en ella para nosotros? Nada. 524 I| Qué quiere usted?~    -La encuentro a usted adorable.~    Ella 525 II| provocaba cada uno de aquellos encuentros, las pupilas de uno buscaban 526 III| la Naturaleza es nuestra enemiga, que debemos luchar siempre 527 II| a la pregunta con igual energía que contestaba a sus miradas, 528 II| La condesa aguardaba, enérgica y nerviosa. Ya no le temía; 529 III| groseros, llenos de gérmenes de enfermedades, y que, después de unos 530 III| con fijeza a un palco de enfrente, en el que había una señora 531 IV| hijos, porque jamás le he engañado.~    Él la agarró del brazo 532 I| adelante, porque la venganza de engañar a un hombre no es tal mientras 533 I| amor y sin placer, sólo por engañarle a usted. Y también él me 534 III| sienten su impotencia para engañarse exaltándose, han inventado 535 IV| Acabo de hacerlo. Jamás le engañé.~    Él la miró a la cara, 536 III| fin, a todos los fenómenos engendrados por las fermentaciones infinitas 537 III| que están destinados al engorde, para que nos sirvan a nosotros 538 I| disimuladamente su mano hacia la mano enguantada de la condesa, y tropezó 539 III| hombre de la posibilidad de ennoblecer, revestir de belleza, idealizar 540 II| cariñosas, y mimos de madre que ensanchan de felicidad los corazoncitos 541 I| podían oírlos, por el ruido ensordecedor de las ruedas, ella repitió 542 I| Hasta llegó a dármelo e entender. ¡Qué ignominia! Como no 543 III| infierno! Es la juventud entera, es toda la belleza, son 544 I| quiere decir.~    -Sí que me entiende usted. Hace tres meses que 545 I| súbitamente, y balbuceó:~    -No entiendo lo que quiere decir.~    - 546 I| cuando yo los llevaba en mis entrañas. El amor a los hijos lo 547 III| período de producción, para entrar en el de exhibición, cuyo 548 IV| Con mucho gusto.~    Entraron en un salón pequeño, y un 549 III| teatro de la Opera durante un entreacto de Roberto el Diablo. Los 550 III| nuestra, tal y como Dios la ha entregado a los que en ella habitan. ¿ 551 IV| persiguen una belleza mística, entrevista e inalcanzable. Así son 552 II| niñas; sus ojos, inseguros, enturbiados por la angustia, examinaban 553 III| un gusano que lo roe. Y envejece mucho, al revés de su mujer.~    554 III| de florecimiento animal, envejecen con todas las dolencias, 555 II| dio un empujón a la silla, enviándole contra la pared, y salió 556 II| dio un beso muy largo, los envió a dormir, y se retiró sola 557 IV| Ahora me voy a ver envuelto en nuevas dudas, y no saldré 558 III| explicándolo como sabios, que se equivocan, es cierto, pero que encuentran 559 | eran 560 | esas 561 I| ligeramente. Era muy hermosa, esbelta, y el óvalo alargado de 562 IV| su mujer para subir las escaleras.~    Cuando llegaron al 563 III| se volvieron de cara al escenario, se descubrieron y tomaron 564 III| palcos, cuajados de mujeres escotadas, llenas de diamantes y de 565 III| ciencias y las artes, La escritura y los versos. Sí; hemos 566 III| Providencia.~    Grandin, que le escuchaba con atención, porque conocía 567 I| delante de Dios que me está escuchando. Era la única venganza que 568 I| testigos que le obligarán a escucharme y a dominarse. Óigame bien. 569 I| tiempo descifrar - pero en su escuela he aprendido a ser astuta -: 570 IV| Entonces él exclamó:~    -¿Es ése el lenguaje de una madre?~    -¿ 571 III| legumbres silvestres, rocosa y esférica, que nuestra imprevisora 572 II| embarazoso ocurría, y se esforzaba en insinuar una conversación. 573 | esos 574 IV| usted mucho?~    -De un modo espantoso. Sin ese sufrimiento no 575 IV| pronto, lo sintió por una especie de intuición, que aquel 576 IV| de usted, no es mío. He esperado, pero he sufrido más de 577 I| del marido así provocado y esperando caer de un momento a otro 578 IV| desaparecería para mi toda esperanza de saber cuál de nuestros..., 579 III| toda la belleza, son las esperanzas de triunfo, todo el ideal 580 I| jamás, con unos celos de espía: bajos, innobles, degradantes 581 III| vacas. Cuando contemplo las espigas de un campo de trigo maduro, 582 II| En el desconcierto de su espíritu le fallaban las frases apropiadas, 583 III| belleza de los rostros y el esplendor de los hombros desnudos 584 III| pensamiento humano es un producto espontáneo de la ciega fecundidad divina?~    -¡ 585 I| el deber de portarme como esposa abnegada, dándole todo el 586 IV| de la sensualidad.~    El esposo permanecía en pie delante 587 I| de la calle.~    Los dos esposos permanecían uno al lado 588 | Ésta 589 III| refinados seamos, más obligados estamos a vencer y domar el instinto 590 II| se le ocurrió pensar que estarían allí todos los niños, y 591 | éste 592 IV| coquetería y de encanto estético en torno a la mujer, estatua 593 | estos 594 III| la noche, ostentaban una estrecha diadema de diamantes, que 595 I| el Arco de Triunfo de la Estrella. A un extremo de aquella 596 IV| Es cierto.~    Pero él, estremecido de angustia, gimió:~    -¡ 597 I| pena desgarradora. Era un estremecimiento ondulatorio de todo su cuerpo, 598 IV| en la oscuridad y se lo estrujó de la misma manera que el 599 II| volvería nunca más, y se quedó estupefacta. Cerró la puerta con llave 600 III| no sabe lo que hace, es estúpidamente prolífico y no tiene conciencia 601 III| conozco desde su niñez. Estuve presente cuando debutó en 602 IV| sorprendido.~    Cuando estuvieron a solas, siguió hablando:~    -¿ 603 III| sus huevos en la mar si estuviese solo. Crea, porque crear 604 III| se rebelan y se rebelarán eternamente todas las almas delicadas? 605 III| combinaciones nuevas del eterno recomenzar de las cosas. 606 III| en ella habitan. ¿No es evidente que está dispuesta, con 607 III| Espera. Te lo voy a decir con exactitud. La conozco desde su niñez. 608 III| impotencia para engañarse exaltándose, han inventado el vicio 609 II| enturbiados por la angustia, examinaban una a una aquellas cabezas. 610 I| más, le replicó con voz exasperada:~    -Le ruego que me deje 611 I| de marido modelo y padre excelente.~    Por vez primera desde 612 IV| atrevo a quererlos, con excepción, quizá de los dos mayores; 613 I| situación se prolongaba con exceso, y la tocó en el hombro.~    614 IV| hijos más.~    Entonces él exclamó:~    -¿Es ése el lenguaje 615 III| producción, para entrar en el de exhibición, cuyo final no se adivina 616 III| resignación de los animales, exigente, investigadora, agitada, 617 III| bebida. Por eso las personas exigentes como yo se encuentran siempre 618 I| su señor..., y puedo exigirle lo que quiera y cuanto quiera... 619 I| meses sin que lo viese. Me expedía usted al campo, al castillo 620 III| lujo, de jactancia, que se explayaban en círculo alrededor del 621 III| idealizándola como artistas, explicándolo como sabios, que se equivocan, 622 III| colección de elegancias, aquella exposición de encantos, verdaderos 623 I| vergonzoso oír a una madre expresarse como lo ha hecho usted. 624 IV| Ella le contestó con expresión sincera y convencida:~    - 625 II| parecían otras tantas muñecas exquisitas. La más pequeña no había 626 I| carruaje.~    Sin manifestar extrañeza por el tono en que ella 627 III| social.~    -¿Te parece extraordinaria? ¿Y nunca ha dado motivo 628 I| Triunfo de la Estrella. A un extremo de aquella larga avenida, 629 III| brutos, hemos descubierto y fabricado toda clase de objetos, empezando 630 II| desconcierto de su espíritu le fallaban las frases apropiadas, y 631 I| supone capaz de jurar en falso delante de un altar en el 632 III| de encantos, verdaderos o falsos, de joyas, de lujo, de jactancia, 633 IV| el estilo de las antiguas familias, porque yo sigo siendo un 634 III| deslumbradoras paradojas de su fantasía, le preguntó:~    -Según 635 I| la estrujaba; respiraba fatigosamente y se le saltaban las lágrimas.~    - 636 IV| lo que me dice? ¿Cómo dar fe, después de esto, a las 637 III| con todas las dolencias, fealdades y decrepitudes humanas. 638 III| fermentaciones infinitas y fecundas de la materia viva. "Amigo 639 III| producto espontáneo de la ciega fecundidad divina?~    -¡Desde luego! 640 III| accidentes imprevistos de sus fecundidades ha sido el pensamiento humano; 641 II| de madre que ensanchan de felicidad los corazoncitos de los 642 II| condesa, por delicadeza femenina, obedeciendo a sus instintos 643 III| Esta mujer ha realizado el fenómeno de vivir en familia sin 644 III| fenómenos engendrados por las fermentaciones infinitas y fecundas de 645 II| era sincero?~    El rencor fermentado dentro de sus venas la sacudió 646 I| la victima de su egoísmo feroz?~    El marido se había 647 III| camas, colchones, carruajes, ferrocarriles y toda suerte de máquinas; 648 III| para ser hermosa, admirada, festejada y adorada, haya tenido que 649 IV| inmateriales en tanto grado como la fiebre de la sensualidad.~    El 650 III| que seguía con la atención fija en la señora de Mascaret, 651 I| Hace usted mal en fijarse en mi hermosura, porque 652 III| Entonces el otro miró con fijeza a un palco de enfrente, 653 III| entonces unos minutos a filosofar acerca de las penas secretas, 654 III| conclusiones a que tú llegas con la filosofía.~Sonaron los tres golpes 655 III| en el de exhibición, cuyo final no se adivina todavía.~    - ¡ 656 IV| de su primitiva y divina finalidad, persiguen una belleza mística, 657 III| órganos ideados por Él dio dos finalidades distintas, ¿por qué no confió 658 I| magnificos caballos negros. Era a fines del mes de junio, a eso 659 II| hijas, y dijo con acento firme resuelto, y sin vacilaciones:~    - 660 III| caracteres o de antipatías físicas inadvertidas al principio.~    661 III| infinito, además del placer físico del sonido. Pero cualquiera 662 II| deslizaron por debajo de los flecos de las cortinas, y el conde 663 III| después de unos pocos años de florecimiento animal, envejecen con todas 664 III| cavernas, los árboles, el follaje, los manantiales, el cobijo, 665 I| El amor a los hijos lo ha forjado usted con todo el aborrecimiento 666 I| sus arneses y linternas, formaban un río de doble corriente, 667 I| usted hace, no pierdo mis formas, como usted mismo ha advertido 668 IV| corroe, esta pregunta que me formulo constantemente y que constituye 669 III| Desde luego! Una función fortuita de los centros nerviosos 670 I| rotas y de las cerraduras forzadas! Me ha tenido usted condenada 671 I| de macho, de los trabajos forzados de perpetua preñez a que 672 II| niños, y sólo se armó de un frasco de sales.~    Cuando entró 673 II| espíritu le fallaban las frases apropiadas, y casi le daba 674 II| manos, la derecha hacia la frente de sus hijos, la izquierda 675 IV| ojos grises como un cielo frío. Brillaba en su oscuro peinado, 676 III| electricidad creada por frotamientos o yuxtaposiciones inesperadas, 677 I| horizonte un polvillo de fuego.~    Los carruajes, salpicados 678 | fuese 679 I| mis encantos, sobre las galanterías que me dirigían y sobre 680 III| y a la zorra cuando como gallinas. La codorniz, la paloma 681 I| lamento que reventaba en su garganta.~Al fin, le dijo, en tono 682 III| son la presa natural del gavilán? El carnero, el corzo y 683 III| de habilidad, talento y genio han sido necesarios para 684 I| al prado, para que fuese gestando a mi hijo. Y cuando yo reaparecía, 685 IV| estremecido de angustia, gimió:~    -¡Ahora me voy a ver 686 I| a otro al suelo bajo el golpe aplastador de su puño.~    687 III| se lo coma el pico de los gorriones o de las alondras, pero 688 III| ingeniosas y un poco de gracia, de belleza, de encanto 689 IV| contestándole:~    -Quedamos amigos. Gracias, Gabriela.~    Se retiró, 690 IV| apetitos inmateriales en tanto grado como la fiebre de la sensualidad.~    691 IV| usted ni al horror, más grande todavía, de saber que hay 692 III| buey, ¿no lo son de los grandes animales carniceros? ¿O 693 III| Fíjate en esa mujer! ¿No da grima pensar que semejante alhaja, 694 I| angustia, jadeante de miedo, y gritó al cochero:~    -!Al palacio!~    695 I| porque le indignó semejante grosería, propia de un hombre zafio.~    "¡ 696 III| no hizo sino unos seres groseros, llenos de gérmenes de enfermedades, 697 I| asombro y de irritación; y gruñó con los dientes cerrados:~    - 698 III| en él desnudos, dentro de grutas o en los árboles, alimentándonos 699 I| un altar en el que está guardado el cuerpo de Cristo?~    - 700 III| preocupación, un pesar, un gusano que lo roe. Y envejece mucho, 701 IV| contestó:~    -Con mucho gusto.~    Entraron en un salón 702 III| perdida, sobre todo después de haber sido lo bastante patán para 703 I| tengo, ¡busque! Pensaba habérselo dicho más adelante, mucho 704 I| Por vez primera desde que habían salido del palacio se volvió 705 III| inventiva, imaginación; qué de habilidad, talento y genio han sido 706 III| necesarios para hacer casi habitable este suelo pedregoso y salvaje!~    " 707 III| entregado a los que en ella habitan. ¿No es evidente que está 708 I| le tolero que siga usted hablándome de ese modo.~    -Pues yo 709 IV| verdad? Mil veces le pedí que hablase, y usted se encerró en su 710 III| sido lo bastante patán para hacerla siete veces madre?~    Grandín 711 IV| la verdad!~    -Acabo de hacerlo. Jamás le engañé.~    Él 712 I| ocurrió la idea execrable de hacerme pasar la vida en una preñez 713 I| celos que lo devoraban desde hacía mucho tiempo. Se acercó 714 III| cuando mastico el pan, no hago otra cosa que robar lo suyo 715 I| usted rico y que ellos se hallaban en situación difícil. Después 716 IV| verdad, y yo le juro que no haré nada malo.~    A pesar de 717 | has 718 IV| negamos a serlo, simples hembras destinadas a repoblar la 719 III| once años de su vida dando herederos al conde de Mascaret?~    720 I| propósito delante de su hermana, que me lo repitió, porque 721 III| la carne de los animales, hermanos nuestros, qué matásemos, 722 I| usted mal en fijarse en mi hermosura, porque yo le juro que jamás 723 II| sus inútiles tentativas hiciesen brotar una idea o arrancasen 724 III| cabras, lo mismo que la hierba y el trébol son alimentos 725 III| nuestros, qué matásemos, o con hierbas crudas que crecen a la intemperie 726 II| izquierda hacia la de sus hijas, y dijo con acento firme 727 II| No le deis importancia, hijitos. Vuestro papá ha tenido 728 I| exceso, y la tocó en el hombro.~    Este contacto la hizo 729 I| él, levantaba por todo el horizonte un polvillo de fuego.~    730 III| animaluchos, este campo de hortalizas, esta huerta de legumbres 731 III| campo de hortalizas, esta huerta de legumbres silvestres, 732 III| que un pez sembraría sus huevos en la mar si estuviese solo. 733 I| tengo más que decir.~    Huyó hacia la puerta de la iglesia, 734 I| I~    Delante de la escalinata 735 III| que a todos los órganos ideados por Él dio dos finalidades 736 III| admirándola como poetas, idealizándola como artistas, explicándolo 737 III| ennoblecer, revestir de belleza, idealizar su unión con la mujer. Sin 738 IV| anhelos que los siglos han ido amontonando en nosotros, 739 I| dármelo e entender. ¡Qué ignominia! Como no podía usted impedirme 740 IV| refiere?~    -Al suplicio ignominioso a que me tiene sometido 741 III| los destinos inmortales, ignorado por ellos, que sólo nuestras 742 III| será siempre impotente, ignorante y lleno de confusiones.~    " 743 III| libertinaje, lo cual constituye igualmente una manera de chasquear 744 II| II~    Encerrada en su habitación, 745 III| III~    Fue en el teatro de 746 III| esfuerzos, paciencia, inventiva, imaginación; qué de habilidad, talento 747 IV| más de lo que usted podría imaginarse, porque ya no me atrevo 748 I| ignominia! Como no podía usted impedirme ser hermosa y agradar, que 749 I| decirle. Como trate usted de impedírmelo, alzaré la voz para que 750 IV| en su mutismo, permaneció impenetrable, inflexible, inexorable, 751 IV| puedo saber cuál es, que me impide querer a los otros.~    752 I| maternidad que me viene usted imponiendo desde hace once años. Quiero 753 II| tranquilidad.~    -No le deis importancia, hijitos. Vuestro papá ha 754 II| pasen unos días, ya no le importará nada.~    Conversó con el 755 III| nosotros que sienten su impotencia para engañarse exaltándose, 756 III| porque es y será siempre impotente, ignorante y lleno de confusiones.~    " 757 III| y esférica, que nuestra imprevisora Providencia nos preparó 758 III| las reacciones químicas imprevistas producidas por nuevas mezclas 759 III| accidente local, pasajero, imprevisto, condenado a desaparecer 760 III| los pequeños accidentes imprevistos de sus fecundidades ha sido 761 III| aunque sea un homenaje impúdico. Pero el ser normal hace 762 III| o de antipatías físicas inadvertidas al principio.~    Roger 763 IV| belleza mística, entrevista e inalcanzable. Así son algunas mujeres, 764 I| Felipe.~    El cochero, inclinando un poco el cuello, pero 765 II| porcelana.~    De pronto se inclinó su marido hacia ella y le 766 III| recibir al hombre de hoy este incómodo recinto de animaluchos, 767 III| de que nos sintamos tan incómodos en lo que no había sido 768 III| tenido siete hijos.~    -Es increíble.~    -Viven los siete, y 769 III| y repugnante que el acto indecente y ridículo de la reproducción 770 I| reaparecía, hermosa y lozana, indestructible, siempre seductora y siempre 771 III| Sonaron los tres golpes que indicaban que iba a empezar el tercer 772 III| elegancia, en condiciones indignas de nosotros.~    "Cuanto 773 I| porque me quiere y porque le indignó semejante grosería, propia 774 III| frotamientos o yuxtaposiciones inesperadas, parecidas, en fin, a todos 775 IV| impenetrable, inflexible, inexorable, y ahora, de pronto, me 776 I| que lo empujaba ese anhelo infame y rencoroso que ahora mismo 777 III| marido, tenía un carácter infernal, siempre suspicaz y áspero. 778 III| una mujer como ésa! ¡Qué infierno! Es la juventud entera, 779 III| engendrados por las fermentaciones infinitas y fecundas de la materia 780 III| el ensueño, la dicha, el infinito, además del placer físico 781 IV| permaneció impenetrable, inflexible, inexorable, y ahora, de 782 III| reproductores, única para la que nos infundió aliento la divina Providencia.~" 783 III| pero que encuentran rezones ingeniosas y un poco de gracia, de 784 II| las tres niñas, con el aya inglesa, la señora Smith, a la izquierda. 785 I| los celos de usted y se iniciaba de nuevo la persecución 786 IV| carne que despierta apetitos inmateriales en tanto grado como la fiebre 787 I| aquella larga avenida, el inmenso monumento abría su arco 788 III| previsto por los destinos inmortales, ignorado por ellos, que 789 III| Hay, en efecto, algo más innoble y repugnante que el acto 790 I| unos celos de espía: bajos, innobles, degradantes para usted 791 III| investigadora, agitada, inquieta, ¿hubiera creado para recibir 792 III| bestezuelas descontentadizas e inquietas?~    "Observa a esa mujer, 793 III| los investigadores, los inquietos. .. ¡Ah, qué pobres diablos!~    " 794 III| continuación, como los efímeros insectos de las noches otoñales. 795 II| las tres niñas; sus ojos, inseguros, enturbiados por la angustia, 796 II| ocurría, y se esforzaba en insinuar una conversación. Iba desgranando 797 III| asquerosamente" y lo sostengo, e insisto. ¿Hay, en efecto, algo más 798 I| perpetua, hasta que mi cuerpo inspirase repugnancia a todos los 799 III| contra la Naturaleza, para instalarnos de una manera menos que 800 IV| Puedo hablar algunos instantes más con usted?~    Ella 801 IV| porque yo sigo siendo un instintivo, un hombre primitivo, de 802 III| estamos a vencer y domar el instinto animal, que es la representación 803 III| hace de todos nosotros, los intelectuales, unos lamentables y perpetuos 804 III| pequeño accidente de la inteligencia tiene la culpa de que nos 805 III| ellos, que sólo nuestras inteligencias son capaces de comprender; 806 III| distracción agradable, sensual e inteligente, inventada ex profeso para 807 III| Cuanto más civilizados, inteligentes y refinados seamos, más 808 III| hierbas crudas que crecen a la intemperie del sol o de la lluvia?~    " 809 II| palabra.~    Dos o tres veces intentó contestarle la condesa, 810 IV| todavía, sintiendo nacer en su interior una emoción extraña, más 811 III| la creación, cantándola, interpretándola, admirándola como poetas, 812 I| olvidar sus procedimientos de intimidación y de coerción, acordándome 813 IV| sintió por una especie de intuición, que aquel ser que tenía 814 III| sensual e inteligente, inventada ex profeso para nosotros, 815 III| engañarse exaltándose, han inventado el vicio y refinado el libertinaje, 816 III| trabajo, esfuerzos, paciencia, inventiva, imaginación; qué de habilidad, 817 III| perlas, como flores de un invernadero en el que la belleza de 818 III| los animales, exigente, investigadora, agitada, inquieta, ¿hubiera 819 III| exquisitos, los soñadores, los investigadores, los inquietos. .. ¡Ah, 820 II| costumbre cuando no había invitados, porque cuando había gente 821 I| ojos, alterado ya por la ira, y resolló:~    -¡ Está 822 I| recibido una quemadura. Se irguió y clavó sus ojos en los 823 I| puesto rojo de asombro y de irritación; y gruñó con los dientes 824 I| coche con aire de reina irritada.~    Subían por la cuesta 825 II| servilleta a la mesa con gesto irritado; al darse la vuelta dio 826 IV| IV~    El conde y La condesa 827 III| falsos, de joyas, de lujo, de jactancia, que se explayaban en círculo 828 I| lo adiviné. Llegó usted a jactarse de ese propósito delante 829 I| salto, crispada de angustia, jadeante de miedo, y gritó al cochero:~    -! 830 III| cuando debutó en sociedad, de jovencita. Tiene..., tiene... treinta..., 831 III| verdaderos o falsos, de joyas, de lujo, de jactancia, 832 IV| dijese: "Es Santiago o es Juana..."~    El carruaje entraba 833 III| perfecto, es hoy un gran juerguista. Cuando era buen marido, 834 III| rato, contestó con acento juguetón, en el que se transparentaba 835 I| Era a fines del mes de junio, a eso de las cinco y media 836 II| ella y le dijo:~    -¿Me jura usted aquí, en medio de 837 I| Me supone capaz de jurar en falso delante de un altar 838 IV| de Dios, y mentí cuando juré con la mano levantada sobre 839 I| El conde de Mascaret juzgó que la situación se prolongaba 840 III| los intelectuales, unos lamentables y perpetuos desterrados 841 I| ella se calló, ahogando un lamento que reventaba en su garganta.~ 842 I| sus hábitos de violencia, lanzó un "¿Cómo dice usted?", 843 I| A un extremo de aquella larga avenida, el inmenso monumento 844 IV| para alejarlo a usted de mi lecho. Mentí delante de Dios, 845 III| hortalizas, esta huerta de legumbres silvestres, rocosa y esférica, 846 II| muros, el retumbo suave y lejano de los coches en las calles.~    847 IV| exclamó:~    -¿Es ése el lenguaje de una madre?~    -¿Cómo? - 848 IV| cuando juré con la mano levantada sobre la cabeza de mis hijos, 849 II| ruido para que la condesa se levantase, sobresaltada, de su silla. 850 II| verdad.~    El conde se levantó, tiró la servilleta a la 851 I| hacia esfuerzos inútiles por liberar la mano de aquel torno que 852 I| paz. Ya no me queda ni la libertad de pasear sola en mi coche.~    853 III| inventado el vicio y refinado el libertinaje, lo cual constituye igualmente 854 III| bombones, pastelería, bebidas, licores, telas, vestidos, adornos, 855 I| a su mujer, y palideció ligeramente. Era muy hermosa, esbelta, 856 I| mujer, que había llegado al limite de su paciencia, le contestó, 857 III| que hay en la tierra de limpio, de bonito, de elegante 858 I| cristalería de sus arneses y linternas, formaban un río de doble 859 II| mesa, se le quebró, y el liquido rojizo se corrió por el 860 III| ataviarlo tan bien de poesía literaria, que consigue que la mujer 861 I| destrozarle los dedos. Ella, lívida de dolor, hacia esfuerzos 862 III| contra eso que se sigue llamando los designios de la Providencia.~    863 IV| atrevo a mirarlos, ni a llamarlos, ni a besarlos, ni a coger 864 I| se empeña, sí.~    Ella llamó en voz alta:~    -Felipe.~    865 II| estupefacta. Cerró la puerta con llave y corrió el cerrojo de seguridad 866 III| existencia se sospecha, que no llegan a clarearse bien, pero que 867 I| victoria, que estaba ya llegando el Bosque de Bolonia, volvió 868 IV| las escaleras.~    Cuando llegaron al primer piso, volvió a 869 III| mismas conclusiones a que tú llegas con la filosofía.~Sonaron 870 II| la misma raza, fuerte y llena de vida.~    El señor abate 871 III| cuajados de mujeres escotadas, llenas de diamantes y de perlas, 872 III| siempre impotente, ignorante y lleno de confusiones.~    "Contémplala, 873 III| sino unos seres groseros, llenos de gérmenes de enfermedades, 874 III| otra.~    "Para hacer más llevadero nuestro destino de brutos, 875 I| victorias conseguidas, no porque lleven su sangre. Son victorias 876 I| Si.~    -¿Todo lo que llevo como un peso encima del 877 I| silenciosamente, como suelen llorar las mujeres en los momentos 878 III| intemperie del sol o de la lluvia?~    "Basta un segundo de 879 I| resolló:~    -¡ Está usted loca!~    -Lo que no estoy es 880 III| pensamiento humano; accidente local, pasajero, imprevisto, condenado 881 IV| miro? Acabaré por volverme loco.~    -Entonces, ¿ha sufrido 882 I| usted de todos, pero no logrará descubrirlo. Me di a él 883 I| yo reaparecía, hermosa y lozana, indestructible, siempre 884 III| de combinaciones a que da lugar con la difusión de sus gérmenes. 885 I| salpicados de destellos luminosos en los cobres, en la plata 886 I| su execrable tiranía de macho, de los trabajos forzados 887 III| espigas de un campo de trigo maduro, no pongo ni por un momento 888 I| elegante, tirada por dos magnificos caballos negros. Era a fines 889 I| cólera:~    -Hace usted mal en fijarse en mi hermosura, 890 III| Este Creador económico y malévolo que a todos los órganos 891 IV| le juro que no haré nada malo.~    A pesar de la oscuridad 892 III| árboles, el follaje, los manantiales, el cobijo, el alimento 893 I| ve usted que soy yo quien manda, y que soy el más fuerte - 894 I| de remonta. En cuanto se manifestaba mi preñez, usted mismo se 895 I| dueño del carruaje.~    Sin manifestar extrañeza por el tono en 896 II| rojizo se corrió por el mantel. Bastó aquel ligero ruido 897 IV| usted que mintió. ¡Y me ha mantenido usted por espacio de seis 898 III| mujer normal en una simple máquina de hacer hijos.~    -Y ¿ 899 III| ferrocarriles y toda suerte de máquinas; hemos descubierto, además, 900 IV| retiró, sin dejar de mirarla, maravillado de lo hermosa que era todavía, 901 II| vestirla de noche, y después se marchó.~    Dieron las ocho, y 902 II| con su preceptor, el abate Marín, a la derecha de la madre; 903 III| algo, como réplica al Dios marrullero, y ha sabido ataviarlo tan 904 III| Por consiguiente, cuando mastico el pan, no hago otra cosa 905 IV| Si no la maté fue porque, matándola, desaparecería para mi toda 906 I| mejor le parezca. Puede matarme si le parece bien. Uno de 907 III| hermanos nuestros, qué matásemos, o con hierbas crudas que 908 IV| pudiese hacer. Si no la maté fue porque, matándola, desaparecería 909 III| infinitas y fecundas de la materia viva. "Amigo mío, basta 910 III| cuerpo con los alimentos materiales, derrama también la palabra 911 I| suplicio odioso de perpetua maternidad que me viene usted imponiendo 912 III| esos pequeños dramas del matrimonio cuya existencia se sospecha, 913 II| completamente rubias, la mayor de diez años, y con vestidos 914 II| Adelante.~    Apareció el mayordomo, y dijo:~    -La señora 915 I| junio, a eso de las cinco y media de la tarde, y por entre 916 III| de una manera menos que mediana, con muy poca comodidad 917 II| regresado e casa? ¿Qué habría meditado, qué prepararía, qué tendría 918 II| cama con los ojos abiertos, meditando, sin acabar de comprender, 919 II| el palacio no se oía el menor ruido, y ella miraba a cada 920 IV| siempre el recelo de que mentía.~    Ella le alargó la mano:~    - 921 I| negros. Era a fines del mes de junio, a eso de las cinco 922 III| imprevistas producidas por nuevas mezclas por el estilo también de 923 IV| semejante creencia! No; cuando miente es hoy; no por qué razón, 924 I| toda ocasión, porque yo no miento nunca, caballero. Me casé 925 | mientras 926 IV| Cómo voy a saber la verdad? Mil veces le pedí que hablase, 927 III| brotó y se desarrolló por un milagro nervioso de las células 928 III| que siembra por el espacio millones de mundos, de la misma manera 929 II| palabras tiernas, cariñosas, y mimos de madre que ensanchan de 930 III| dedicaron entonces unos minutos a filosofar acerca de las 931 III| preciosas de las abotonaduras; miraban a los palcos, cuajados de 932 I| carruaje sin dirigirle una mirada, como si no lo hubiese visto, 933 III| la orquesta, charlaban, mirando al mismo tiempo aquella 934 I| palacio se volvió ella para mirarle cara e cara:~    -Sea, pues. 935 IV| mayores; no me atrevo a mirarlos, ni a llamarlos, ni a besarlos, 936 II| sobresaltada, de su silla. Se miraron por vez primera marido y 937 IV| tormento cada vez que los miro? Acabaré por volverme loco.~    - 938 III| por qué no confió esta misión sagrada, la más noble y 939 | mismas 940 III| de encanto oculto y de misterio a los fenómenos. Dios no 941 I| une táctica abominable y misteriosa que me ha costado mucho 942 III| acerca de las penas secretas, misteriosas, que pueden surgir en una 943 IV| sino el producto extraño y misterioso de tantos complicados anhelos 944 IV| finalidad, persiguen una belleza mística, entrevista e inalcanzable. 945 I| sentía, con los viles recelos momentáneamente calmados, con el gozo de 946 I| llorar las mujeres en los momentos de pena desgarradora. Era 947 III| por hacer menos árida, monótona y dura esta existencia de 948 III| Dios? - dijo -. Como a un monstruoso órgano creador, desconocido 949 I| cabalgar en borriquitos por Montmorency. Y los lleva usted por la 950 I| larga avenida, el inmenso monumento abría su arco colosal sobre 951 I| en el corazón una nueva mordedura de los celos que lo devoraban 952 III| reproducirse asquerosamente y morir a continuación, como los 953 III| extraordinaria? ¿Y nunca ha dado motivo a que se hable de ella?~    - 954 | muchas 955 III| por el espacio millones de mundos, de la misma manera que 956 I| marido le había cogido de la muñeca con brutalidad salvaje, 957 II| blancas, parecían otras tantas muñecas exquisitas. La más pequeña 958 II| de las tapicerías de los muros, el retumbo suave y lejano 959 I| con las tenazas de su puño musculoso, como queriendo destrozarle 960 IV| y usted se encerró en su mutismo, permaneció impenetrable, 961 III| sí, señor, y cebollas, nabos y rábanos, porque no hemos 962 IV| que era todavía, sintiendo nacer en su interior una emoción 963 III| que una perla como ésa, nacida para ser hermosa, admirada, 964 IV| los hijos que aún no han nacido; me basta con serlo de los 965 III| perdiz, ¿no son la presa natural del gavilán? El carnero, 966 III| talento y genio han sido necesarios para hacer casi habitable 967 III| Piensa en que hemos tenido necesidad de inventar la civilización, 968 IV| de otra alma, con otras necesidades. No olvidaré jamás sus palabras, 969 IV| caballero. No somos ya, y nos negamos a serlo, simples hembras 970 I| anhelo de poseerme - nunca me negaría yo a ese deseo -, es el 971 II| condesa aguardaba, enérgica y nerviosa. Ya no le temía; estaba 972 III| desarrolló por un milagro nervioso de las células de nuestro 973 III| fortuita de los centros nerviosos de nuestro cerebro, por 974 I| todos los hombres. No; no lo niegue usted. Mucho tardé en comprenderlo; 975 III| exactitud. La conozco desde su niñez. Estuve presente cuando 976 III| esta misión sagrada, la más noble y la más sagrada de las 977 III| efímeros insectos de las noches otoñales. He dicho "para 978 II| en la habitación con su nodriza.~    Las tres niñas, completamente 979 | nuestras 980 I| sintió en el corazón una nueva mordedura de los celos que 981 II| castaño claro y el otro, de nueve años, castaño oscuro, presentaban 982 I| de usted y se iniciaba de nuevo la persecución a que lo 983 III| desaseados y sucios? La boca, que nutre al cuerpo con los alimentos 984 II| por delicadeza femenina, obedeciendo a sus instintos de mujer 985 III| fabricado toda clase de objetos, empezando por las casas 986 III| pensamiento; y él también nos obliga a luchar constantemente, 987 I| no lo sabe. Usted me ha obligado a que se lo confesase hoy. 988 III| y refinados seamos, más obligados estamos a vencer y domar 989 I| aquí tengo testigos que le obligarán a escucharme y a dominarse. 990 III| elegante y de ideal no es obra de Dios, sino del hombre, 991 IV| No tengo derecho a obrar de esa manera.~    -¿No 992 III| descontentadizas e inquietas?~    "Observa a esa mujer, la señora de 993 I| su sangre. Son victorias obtenidas sobre mí, sobre mi juventud, 994 II| suspiro, como si hubiese obtenido la primera victoria, y siguió 995 III| tratable; pero se diría que oculta una preocupación, un pesar, 996 II| vida de mujer de mundo, y ocultó en un bolsillo el pequeño 997 III| alimentados, y no tienen que ocuparse más que de pacer, cazar 998 II| cuenta de que algo embarazoso ocurría, y se esforzaba en insinuar 999 I| la víctima del suplicio odioso de perpetua maternidad que 1000 I| degradantes para usted y ofensivos para mi persona. No llevaba


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