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Gustavo Adolfo Bécquer
La rosa dela pasión

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
aband-malez | manan-zumba

    Capítulo
1 III| firme y resuelto hacia las abandonadas ruinas de la iglesia.~En 2 II | tratan y con qué objeto abandonan la ciudad a estas horas?~- 3 I | ánimo de Daniel.~Este, sin abandonar su ocupación, fija la mirada 4 I | vanos de aquel ajimez, único abierto en el musgoso y agrietado 5 I | y los escuderos pobres.~Aborrecedor implacable de los cristianos 6 I | azulejos de vivos colores, se abría un ajimez árabe, resto de 7 III| murió en ella por redimiros, abriéndonos para una eternidad las puertas 8 I | cierto de que su corazón abrigaba algún secreto importante, 9 IV | nuestras poblaciones, Daniel abrió la puerta de su tenducho, 10 III| de la cruz, que parecía abrir sus descarnados brazos para 11 IV | ajimez de Sara no volvieron a abrirse, ni nadie vio más a la hermosa 12 I | próximo palacio pretendían aburrirlo, llamándole con los nombres 13 II | en su magnífica catedral, acababan de entregarse al sueño o 14 I | golpe, como si la judía acabara de retirarse de su alféizar.~ 15 | acaso 16 III| algunos instantes, indecisa acerca del camino que debía seguir; 17 I | uno de sus adoradores se acercó a Daniel y dijo:~- ¿Sabes, 18 I | metal con sus dientes de acero - . ¡Je! ¡Je! Pobre Daniel, 19 I | calva y amarillenta, ni acogió en su tenducho a uno de 20 I | de humildes salutaciones, acompañadas de aduladoras sonrisas.~ 21 II | cita con Satanás, que todos acuden a mi barca, teniendo tan 22 Int| piadosa tradición se me acuerda en este instante.~ 23 III| los de su raza los habían acusado más de una vez de misteriosos 24 III| un paso hacia su hija, en ademán amenazante, le preguntó 25 I | de hierro el yunque donde aderezaba las mil baratijas mohosas 26 I | vivienda, componiendo y aderezando cadenillas de metal, cintos 27 I | insistió el joven hebreo, admirado de que sus sospechas primero, 28 I | exclamaban en alta voz, admirados de las perfecciones de la 29 I | salutaciones, acompañadas de aduladoras sonrisas.~La sonrisa de 30 III| ramas de los zarzales o afilaban sobre una piedra las puntas 31 I | sospechas primero, y después sus afirmaciones, no hiciesen mella en el 32 III| vosotros clavasteis en una afrentosa cruz y que murió en ella 33 I | habituales parroquianos sin agobiarlo a fuerza de humildes salutaciones, 34 I | abierto en el musgoso y agrietado paredón de la calleja, habitaba 35 II | persona a quien, al parecer, aguardaba con impaciencia.~- ¡Ella 36 III| los feroces verdugos sólo aguardaban a la víctima.~Sara, llena 37 II | a quien al parecer había aguardado hasta entonces, hubo saltado 38 III| porque el cristiano a quien aguardáis no vendrá porque yo lo he 39 II | ignoro...; pero ello es que aguardan a alguien que debe de llegar 40 II | noche. Yo no para qué lo aguardarán, aunque presumo que para 41 I | corva como el pico de un aguilucho, y aunque de sus ojos pequeños, 42 IV | la catedral asordaban los aires tocando a gloria, y los 43 I | pálida y transparente como el alabastro de la estatua de un sepulcro. 44 II | velaban en derredor del Alcázar, ya por los gemidos del 45 I | cerrar con dobles cerrojos y aldabas la puerta de la tiendecilla.~ 46 I | goznes impidió al que se alejaba oír el rumor de las celosías 47 II | barquero apenas se hubieron alejado de los molinos y como refiriéndose 48 II | instante en pie, y como para alejar las horribles dudas que 49 II | respondió el barquero.~Sara se alejó en la dirección que éste 50 | algo 51 II | pero ello es que aguardan a alguien que debe de llegar esta 52 | algún 53 II | dineros a ganar, y a su alma su palma, que yo en nada 54 I | de los moros toledanos. Alrededor de las caladas franjas del 55 II | vio aparecer y desaparecer alternativamente entre aquel oscuro laberinto 56 I | cubría su cabeza calva y amarillenta, ni acogió en su tenducho 57 II | al barquichuelo, soltó la amarra que lo sujetaba y comenzó 58 II | barquichuelo que se mecía amarrado a un poste cerca de los 59 III| hacia su hija, en ademán amenazante, le preguntó con voz ronca:~- ¿ 60 II | parece sino que esta noche anda revuelta toda esa endiablada 61 II | mano por la frente, que la angustia había cubierto de un sudor 62 III| rebosando en generosa ira y animada de esa fe inquebrantable 63 III| y redondos ojos, parecía animado del espíritu de la venganza, 64 III| dando órdenes a los unos, animando en el trabajo a los otros, 65 I | no hiciesen mella en el ánimo de Daniel.~Este, sin abandonar 66 III| de una iglesia bizantina, anterior a la conquista de los árabes.~ 67 II | de que ya habían tratado anteriormente.~- Ni los he podido contar - 68 I | alta torre morisca de una antigua parroquia mozárabe y los 69 I | ajimez árabe, resto de las antiguas construcciones de los moros 70 I | su boca esos suspiros que anuncian el vago despertar del deseo.~ 71 II | sentándose en su barca, aparejó los remos, y cuando Sara, 72 I | mohosas y, al parecer, sin aplicación alguna, de que se componía 73 III| inventada por el vulgo para apostrofar y zaherir a los hebreos.~ 74 I | tribu, al báculo en que se apoya mi vejez, piensa arrebatármela 75 III| una horrible solicitud los aprestos necesarios para la consumación 76 II | se asienta la ciudad, vio aproximarse a la orilla, bajando trabajosamente 77 | aquellos 78 | aquí 79 I | colores, se abría un ajimez árabe, resto de las antiguas construcciones 80 III| anterior a la conquista de los árabes.~En el atrio, que dibujaban 81 III| muros laterales y algunos arcos rotos ya y cubiertos de 82 I | brillaba el punto de luz de su ardiente pupila como una estrella 83 Int| hojas y los pistilos que iba arrancando, uno a uno, de la flor que 84 III| asiéndola por los cabellos, la arrastró, como poseído de un espíritu 85 I | tú que Daniel se dejara arrebatar su tesoro?... ¿Crees tú 86 I | se apoya mi vejez, piensa arrebatármela un perro cristiano? ¿Y vosotros 87 II | exclamó la hermosa hebrea, arrojando algunas monedas a su conductor 88 III| verla aparecer, los judíos arrojaron un grito de sorpresa, y 89 III| Daniel, ciego de furor, se arrojó sobre la hermosa hebrea 90 IV | después un pastor trajo al arzobispo una flor hasta entonces 91 III| he prevenido de vuestras asechanzas.~- ¿Sara! - exclamó el judío, 92 | así 93 III| derribándola en tierra y asiéndola por los cabellos, la arrastró, 94 II | Tajo, y sobre las que se asienta la ciudad, vio aproximarse 95 I | misma calle, mientras tú asistes al oculto sanedrín de nuestros 96 II | Toledo, después de haber asistido a las tinieblas en su magnífica 97 IV | campanas de la catedral asordaban los aires tocando a gloria, 98 III| crímenes; recordó vagamente la aterradora historia del Niño Crucificado, 99 IV | veían figurados todos los atributos del martirio del Salvador 100 | aún 101 III| porque soy cristiana y me avergüenzo de mi origen.~Al oir estas 102 III| de una multitud como él, ávida de saciar su sed de odio 103 I | de decirlo todo... Adiós; avisa a nuestros hermanos para 104 II | instante sobre el fondo azul del cielo, y, por último, 105 I | orgullo de la tribu, al báculo en que se apoya mi vejez, 106 I | comenzó a hablar en voz baja y entrecortada, como si 107 III| firme y resuelta - todo el baldón de vuestra infame obra, 108 III| Valle, y como a dos tiros de ballesta del picacho que el vulgo 109 IV | se entretenían en tirar ballestazos a los Judas de paja, ni 110 II | al pie de las rocas que baña el Tajo, y sobre las que 111 I | donde aderezaba las mil baratijas mohosas y, al parecer, sin 112 I | Cuando los vecinos del barrio pasaban por delante de la 113 I | Sara era un prodigio de belleza. Tenía los ojos grandes 114 Int| misterio de su forma especial, besaba las hojas y los pistilos 115 III| ruinosos restos de una iglesia bizantina, anterior a la conquista 116 I | manos de un hada. Su tez era blanca, pálida y transparente como 117 I | mozárabe y los sombríos y blasonados muros de una casa solariega, 118 II | lo sujetaba y comenzó a bogar en dirección a la orilla 119 I | diez veces el mugriento bonetillo que cubría su cabeza calva 120 Int| muchacha muy buena y muy bonita.~Mientras me explicaba el 121 III| parecía abrir sus descarnados brazos para recibirla, exclamando 122 II | nada bueno.~Después de este breve diálogo, Sara se mantuvo 123 I | pestañas negras, en cuyo fondo brillaba el punto de luz de su ardiente 124 I | se ocupaba en bruñir el broche de metal de una guarnición 125 I | entre las espesas cejas, brotaba una chispa de mal reprimida 126 I | el martillo se ocupaba en bruñir el broche de metal de una 127 Int| historia una muchacha muy buena y muy bonita.~Mientras me 128 II | fin, ello es que me dan buenos dineros a ganar, y a su 129 I | jugarretas más pesadas y las burlas y rechiflas de sus vecinos, 130 III| preguntó con voz ronca:~- ¿Qué buscas aquí, desdichada?~- Vengo 131 I | pertenecer, jamás pasó junto a un caballero principal o un canónigo 132 I | mañana, por ejemplo, lo cual cabe dentro de lo humano, crees 133 III| tierra y asiéndola por los cabellos, la arrastró, como poseído 134 III| los hebreos.~Pero ya no le cabía duda alguna; allí, delante 135 | cada 136 I | componiendo y aderezando cadenillas de metal, cintos viejos 137 I | toledanos. Alrededor de las caladas franjas del ajimez, y enredándose 138 I | agrietado paredón de la calleja, habitaba Sara, la hija 139 I | I~En una de las callejas más oscuras y tortuosas 140 II | torcidas revueltas de las calles, cuando el dueño de un barquichuelo 141 I | bonetillo que cubría su cabeza calva y amarillenta, ni acogió 142 IV | día siguiente, cuando las campanas de la catedral asordaban 143 I | caballero principal o un canónigo de la primada sin quitarse 144 I | permanecer libre.~Al fin, un día, cansado de sufrir los desdenes de 145 III| ocultas, ya el destrozado capitel de una columna, ya un sillar 146 I | extraña conducta que el capricho de permanecer libre.~Al 147 I | tienda del judío y veían por casualidad a Sara tras las celosías 148 I | tráfico.~Sobre la puerta de la casucha del judío, y dentro de un 149 I | ajimez, que en aquel punto cayeron de golpe, como si la judía 150 III| si ya no es que intentáis cebar en mí vuestra sed de sangre, 151 I | ocultos entre las espesas cejas, brotaba una chispa de mal 152 I | y rodeados de un sombrío cerco de pestañas negras, en cuyo 153 I | muy despacio y comenzó a cerrar con dobles cerrojos y aldabas 154 I | comenzó a cerrar con dobles cerrojos y aldabas la puerta de la 155 II | hombres de armas de San Cervantes, pero, en fin, ello es que 156 I | riéndose mientras la lima chirriaba cada vez con más fuerza, 157 I | espesas cejas, brotaba una chispa de mal reprimida cólera, 158 I | Daniel, dirán los míos, ¡ya chochea! ¿Para qué quiere ese viejo 159 III| de los mártires, Daniel, ciego de furor, se arrojó sobre 160 | cierto 161 II | cuando hubo llegado a la cima llamada la Cabeza del Moro, 162 I | aderezando cadenillas de metal, cintos viejos o guarniciones rotas, 163 III| proyectaba las sombras de aquel círculo infernal en los muros del 164 II | diantres se tendrán dada cita con Satanás, que todos acuden 165 III| un Padre a quien vosotros clavasteis en una afrentosa cruz y 166 III| piedra las puntas de enormes clavos de hierro. Una idea espantosa 167 I | no sabe guardarla de los codiciosos ojos de nuestros enemigos?... ¡ 168 III| destrozado capitel de una columna, ya un sillar groseramente 169 I | ajimez, y enredándose por la columnilla de mármol que lo partía 170 I | instaba para que eligiese un compañero antes de quedar sola en 171 I | aplicación alguna, de que se componía su tráfico.~Sobre la puerta 172 I | sombrío portal de su vivienda, componiendo y aderezando cadenillas 173 II | desde lo alto de los muros conducen al río, a una persona a 174 I | más razón de su extraña conducta que el capricho de permanecer 175 Int| que tenía en su boca, os conmovería como a mí me conmovió, la 176 Int| conmovería como a mí me conmovió, la historia de la infeliz 177 III| del picacho que el vulgo conoce en Toledo por la Cabeza 178 I | rechiflas de sus vecinos, no conocían limites.~Inútilmente los 179 III| bizantina, anterior a la conquista de los árabes.~En el atrio, 180 II | referían al amor de la lumbre consejas parecidas a las del Cristo 181 I | de sus adoradores y a los consejos de su padre, que instaba 182 I | árabe, resto de las antiguas construcciones de los moros toledanos. 183 III| aprestos necesarios para la consumación de la espantosa obra que 184 I | estatua de un sepulcro. Contaba apenas dieciséis años, y 185 II | anteriormente.~- Ni los he podido contar - respondió el interpelado: ¡ 186 III| había revelado, no pudo contenerse a la vista de aquel espectáculo 187 I | que lo hay? ¡Je!, ¡je! - continuaba, siempre hablando para sí 188 I | su yunque, suspendió su continuo martilleo, y sin mostrar 189 I | calumnia?~- Quien los ha visto conversar más de una vez en esta misma 190 I | indicio cierto de que su corazón abrigaba algún secreto importante, 191 III| mientras otros tejían una corona con las ramas de los zarzales 192 II | laberinto de rocas oscuras y cortadas a pico después, y cuando 193 I | de su nariz desmesurada y corva como el pico de un aguilucho, 194 I | dicen... ¡Qué yo! Muchas cosas... Entre ellas, que tu hija 195 IV | tenducho, como tenía por costumbre, y con su eterna sonrisa 196 III| impasible el yunque de su covacha de Toledo.~Sara, que en 197 III| diseminados por el suelo, crecían zarzales y hierbas parásitas, 198 IV | y misteriosa, que había crecido y enredado sus tallos por 199 I | perro cristiano? ¿Y vosotros creéis que lo hay? ¡Je!, ¡je! - 200 II | el cual se descubrió el crimen, o la historia del Santo 201 III| de una vez de misteriosos crímenes; recordó vagamente la aterradora 202 III| vuestra hija, porque soy cristiana y me avergüenzo de mi origen.~ 203 I | Aborrecedor implacable de los cristianos y de cuanto a ellos pudiera 204 II | consejas parecidas a las del Cristo de la Luz, que, robado por 205 III| aterradora historia del Niño Crucificado, que ella hasta entonces 206 II | nuestra fe renovaron la cruel Pasión de Jesús.~Reinaba 207 I | sus labios las ideas que cruzaban por su mente.~- ¡Je, je, 208 III| hierro. Una idea espantosa cruzó por su mente: recordó que 209 | Cuántos 210 II | frente, que la angustia había cubierto de un sudor glacial, la 211 III| algunos arcos rotos ya y cubiertos de hiedra.~Sara, a quien 212 I | mugriento bonetillo que cubría su cabeza calva y amarillenta, 213 IV | azulejos de colores.~*~ Cuentan que algunos años después 214 I | cerco de pestañas negras, en cuyo fondo brillaba el punto 215 Int| uno a uno, de la flor que da nombre a esta leyenda.~Si 216 II | Dónde diantres se tendrán dada cita con Satanás, que todos 217 I | que tan ruin tronco haya dado tan hermoso vástago!~Porque, 218 II | en fin, ello es que me dan buenos dineros a ganar, 219 I | dijo Daniel levantándose y dándole un golpecito en la espalda - , 220 I | un profundo silencio, sin dar más razón de su extraña 221 II | que aguardan a alguien que debe de llegar esta noche. Yo 222 III| indecisa acerca del camino que debía seguir; pero, por último, 223 III| que no era ya el viejo débil y humilde, sino que, antes 224 I | mente.~- ¡Je, je, je! - decía, riéndose de una manera 225 I | miró un rato fijamente, sin decir palabra, y, bajando otra 226 I | hubiese llegado la hora de decirlo todo... Adiós; avisa a nuestros 227 III| vuestra infame obra, y vengo a deciros que en vano esperáis la 228 I | quiere ese viejo moribundo y decrépito esa hija tan hermosa y tan 229 I | crees tú que Daniel se dejara arrebatar su tesoro?... ¿ 230 II | robado por unos judíos, dejó un rastro de sangre por 231 I | indescriptible. Sus labios delgados y hundidos se dilataban 232 II | aquella época velaban en derredor del Alcázar, ya por los 233 III| sobre la hermosa hebrea y derribándola en tierra y asiéndola por 234 IV | los ruinosos muros de la derruida iglesia.~ 235 II | llegan a la Cabeza del Moro, desaparecen por la izquierda. Después, 236 II | minutos se la vio aparecer y desaparecer alternativamente entre aquel 237 II | del cielo, y, por último, desapareció entre las sombras de la 238 III| cruz, que parecía abrir sus descarnados brazos para recibirla, exclamando 239 II | de sangre por el cual se descubrió el crimen, o la historia 240 I | llegar a este punto, el desdeñado amante de Sara se detuvo 241 I | día, cansado de sufrir los desdenes de Sara y sospechando que 242 III| ronca:~- ¿Qué buscas aquí, desdichada?~- Vengo a arrojar sobre 243 I | anuncian el vago despertar del deseo.~Los judíos más poderosos 244 I | Inútilmente los muchachos, para desesperarlo, tiraban piedras a su tugurio; 245 I | a la sombra de su nariz desmesurada y corva como el pico de 246 I | recogió sus trebejos muy despacio y comenzó a cerrar con dobles 247 I | suspiros que anuncian el vago despertar del deseo.~Los judíos más 248 III| yacían, medio ocultas, ya el destrozado capitel de una columna, 249 I | desdeñado amante de Sara se detuvo para ver el efecto que sus 250 I | injuriosos, o las viejas devotas de la feligresía se santiguaban 251 II | la izquierda. Después, el diablo y ellos sabrán a dónde se 252 I | de una manera extraña y diabólica - . ¿Con que a mi Sara, 253 II | bueno.~Después de este breve diálogo, Sara se mantuvo algunos 254 II | raza de judíos !... ¿Dónde diantres se tendrán dada cita con 255 III| árabes.~En el atrio, que dibujaban algunos pedruscos diseminados 256 II | Moro, su negra silueta se dibujó un instante sobre el fondo 257 I | tarea, exclamó:~- ¿Y quién dice que eso no es una calumnia?~- 258 I | sepulcro. Contaba apenas dieciséis años, y ya se veía grabada 259 I | sin quitarse una y hasta diez veces el mugriento bonetillo 260 I | labios delgados y hundidos se dilataban a la sombra de su nariz 261 II | ello es que me dan buenos dineros a ganar, y a su alma su 262 III| inquebrantable en el verdadero Dios que su amante le había revelado, 263 I | Je! ¡Je! Pobre Daniel, dirán los míos, ¡ya chochea! ¿ 264 II | ellos sabrán a dónde se dirigen - respondió el barquero.~ 265 III| seguir; pero, por último, se dirigió con paso firme y resuelto 266 III| recibirla, exclamando al dirigirse a los que los rodeaban:~- 267 III| dibujaban algunos pedruscos diseminados por el suelo, crecían zarzales 268 III| el trabajo a los otros, disponiendo, en fin, con una horrible 269 I | despacio y comenzó a cerrar con dobles cerrojos y aldabas la puerta 270 II | para alejar las horribles dudas que la preocupaban se pasó 271 I | la casa que recibía una dudosa luz por los estrechos vanos 272 I | por ventura, que Daniel duerme? ¿Crees tú, por ventura, 273 I | grabada en su rostro esa dulce tristeza de las inteligencias 274 II | éste le había indicado. Durante algunos minutos se la vio 275 I | ennegrecidos muros de los edificios ruinosos.~En la parte de 276 I | fácil, y huye mañana, por ejemplo, lo cual cabe dentro de 277 | él 278 I | padre, que instaba para que eligiese un compañero antes de quedar 279 | ellas 280 I | y sin mostrar la menor emoción, preguntó a su interpelante:~- ¿ 281 I | tortuosas de la ciudad imperial, empotrada y casi escondida entre la 282 I | Y esto diciendo, Daniel empujó suavemente a su interlocutor 283 I | ellas, que tu hija está enamorada de un cristiano.~Al llegar 284 I | ruido que produjo ésta al encajarse rechinando sobres sus premiosos 285 Int| pudiera referir con el suave encanto y la tierna sencillez que 286 I | noche oscura. Sus labios, encendidos y rojos parecían recortados 287 I | en el mundo, se mantenía encerrada en un profundo silencio, 288 III| No; ya no lo soy; he encontrado otro Padre, un Padre todo 289 III| Siguiendo el camino donde hoy se encuentra la pintoresca ermita de 290 II | noche anda revuelta toda esa endiablada raza de judíos !... ¿Dónde 291 III| con hojas entrelazadas, endriagos horribles o grotescas o 292 III| palabras, pronunciadas con esa enérgica entereza que sólo pone el 293 III| su instinto no la había engañado. Daniel, que ya no sonreía; 294 I | raza, pero más que ninguno engañador e hipócrita.~Dueño, según 295 II | respondió el interpelado: ¡un enjambre! Parece que esta noche será 296 I | savia y lozanía sobre los ennegrecidos muros de los edificios ruinosos.~ 297 III| una piedra las puntas de enormes clavos de hierro. Una idea 298 IV | misteriosa, que había crecido y enredado sus tallos por entre los 299 I | caladas franjas del ajimez, y enredándose por la columnilla de mármol 300 III| pronunciadas con esa enérgica entereza que sólo pone el cielo en 301 I | comenzó a hablar en voz baja y entrecortada, como si maquinalmente fuesen 302 II | magnífica catedral, acababan de entregarse al sueño o referían al amor 303 III| los rodeaban:~- Ahí os la entrego; haced vosotros justicia 304 III| groseramente esculpido con hojas entrelazadas, endriagos horribles o grotescas 305 IV | honrados vecinos de Toledo se entretenían en tirar ballestazos a los 306 II | su palma, que yo en nada entro ni salgo.~Esto diciendo, 307 III| los has revelado, tú no eres mi hija...~- No; ya no lo 308 III| encuentra la pintoresca ermita de la Virgen del Valle, 309 | esas 310 I | ya hinchaban su seno y se escapaban de su boca esos suspiros 311 I | imperial, empotrada y casi escondida entre la alta torre morisca 312 I | revendedoras del Postigo y los escuderos pobres.~Aborrecedor implacable 313 III| ya un sillar groseramente esculpido con hojas entrelazadas, 314 III| iglesia, tuvo que hacer un esfuerzo para no arrojar un grito 315 III| creído ver que algunos hacían esfuerzos por levantar en alto una 316 | esos 317 I | dándole un golpecito en la espalda - , más que tú, que nada 318 Int| el misterio de su forma especial, besaba las hojas y los 319 III| contenerse a la vista de aquel espectáculo y, rompiendo por entre la 320 III| vengo a deciros que en vano esperáis la víctima para el sacrificio, 321 I | y casi ocultos entre las espesas cejas, brotaba una chispa 322 I | la habían solicitado para esposa; pero la hebrea, insensible 323 I | Entre ellas, que tu hija está enamorada de un cristiano.~ 324 | ésta 325 III| enemigos de su religión, estaba allí y parecía multiplicarse 326 III| allí, delante de sus ojos, estaban aquellos horribles instrumentos 327 III| espantosa obra que había estado meditando días y días, mientras 328 I | dentro de una o dos horas, yo estaré con ellos. ¡Adiós!~Y esto 329 I | como el alabastro de la estatua de un sepulcro. Contaba 330 | éste 331 II | conductor y señalando un camino estrecho y tortuoso que subía serpenteando 332 I | ardiente pupila como una estrella en el cielo de una noche 333 I | persona.~Daniel sonreía eternamente, con una sonrisa extraña 334 III| redimiros, abriéndonos para una eternidad las puertas del cielo. No; 335 II | a nada bueno cuando así evitan toparse de manos a boca 336 I | acurrucado junto a su yunque, exclamaban en alta voz, admirados de 337 III| descarnados brazos para recibirla, exclamando al dirigirse a los que los 338 III| por la Cabeza del Moro, existían aún en aquella época los 339 Int| muy bonita.~Mientras me explicaba el misterio de su forma 340 I | con ella, que también es fácil, y huye mañana, por ejemplo, 341 III| de Toledo.~Sara, que en favor de la oscuridad había logrado 342 I | las viejas devotas de la feligresía se santiguaban al pasar 343 III| instrumentos de martirio, y los feroces verdugos sólo aguardaban 344 IV | vista, en la cual se veían figurados todos los atributos del 345 III| horribles o grotescas o informes figuras humanas. Del templo sólo 346 I | abandonar su ocupación, fija la mirada en el yunque, 347 I | sus ojos, lo miró un rato fijamente, sin decir palabra, y, bajando 348 III| rojizo resplandor de una fogata que proyectaba las sombras 349 Int| explicaba el misterio de su forma especial, besaba las hojas 350 I | del vulgo, de una inmensa fortuna, veíasele, no obstante, 351 I | Alrededor de las caladas franjas del ajimez, y enredándose 352 II | preocupaban se pasó la mano por la frente, que la angustia había cubierto 353 III| a arrojar sobre vuestras frentes - dijo Sara con voz firme 354 | fuesen 355 III| mártires, Daniel, ciego de furor, se arrojó sobre la hermosa 356 II | me dan buenos dineros a ganar, y a su alma su palma, que 357 II | del Alcázar, ya por los gemidos del viento, que hacía girar 358 III| indignación, rebosando en generosa ira y animada de esa fe 359 II | gemidos del viento, que hacía girar las veletas de las torres 360 II | había cubierto de un sudor glacial, la barca tocaba a la orilla 361 IV | asordaban los aires tocando a gloria, y los honrados vecinos 362 I | en aquel punto cayeron de golpe, como si la judía acabara 363 III| meditando días y días, mientras golpeaba impasible el yunque de su 364 I | cólera, seguía impasible golpeando con su martillito de hierro 365 IV | pasaban, sin dejar por eso de golpear en el yunque con su martillito 366 I | levantándose y dándole un golpecito en la espalda - , más 367 I | rechinando sobres sus premiosos goznes impidió al que se alejaba 368 I | dieciséis años, y ya se veía grabada en su rostro esa dulce tristeza 369 I | rotas, con las que traía un gran tráfico entre los truhanes 370 I | belleza. Tenía los ojos grandes y rodeados de un sombrío 371 III| entonces había creído una grosera calumnia inventada por el 372 III| una columna, ya un sillar groseramente esculpido con hojas entrelazadas, 373 III| entrelazadas, endriagos horribles o grotescas o informes figuras humanas. 374 I | y tan joven, si no sabe guardarla de los codiciosos ojos de 375 II | historia del Santo Niño de la Guardia, en quien los implacables 376 II | las lejanas voces de los guardias nocturnos que en aquella 377 I | el broche de metal de una guarnición con una pequeña lima, comenzó 378 I | de metal, cintos viejos o guarniciones rotas, con las que traía 379 III| hiedra.~Sara, a quien parecía guiar un sobrenatural presentimiento, 380 II | habitantes de Toledo, después de haber asistido a las tinieblas 381 III| es verdad; tú no puedes habernos hecho traición, hasta el 382 I | rojos parecían recortados hábilmente de un paño de púrpura por 383 I | agrietado paredón de la calleja, habitaba Sara, la hija predilecta 384 I | tenía hace muchos años su habitación raquítica, tenebrosa y miserable 385 II | de Viernes Santo, y los habitantes de Toledo, después de haber 386 I | su tenducho a uno de sus habituales parroquianos sin agobiarlo 387 I | je! - continuaba, siempre hablando para sí y siempre riéndose 388 I | pequeña lima, comenzó a hablar en voz baja y entrecortada, 389 I | una casa solariega, tenía hace muchos años su habitación 390 III| rodeaban:~- Ahí os la entrego; haced vosotros justicia de esa 391 | hacer 392 I | de Daniel había llegado a hacerse proverbial en todo Toledo, 393 II | gemidos del viento, que hacía girar las veletas de las 394 I | las invisibles manos de un hada. Su tez era blanca, pálida 395 II | orilla opuesta.~- ¿Cuántos han pasado esta noche? - preguntó 396 | has 397 | haya 398 I | rabinos - insistió el joven hebreo, admirado de que sus sospechas 399 III| apostrofar y zaherir a los hebreos.~Pero ya no le cabía duda 400 III| verdad; tú no puedes habernos hecho traición, hasta el punto 401 I | ruin tronco haya dado tan hermoso vástago!~Porque, en efecto, 402 I | prendados de su maravillosa hermosura, la habían solicitado para 403 I | después sus afirmaciones, no hiciesen mella en el ánimo de Daniel.~ 404 III| rotos ya y cubiertos de hiedra.~Sara, a quien parecía guiar 405 III| suelo, crecían zarzales y hierbas parásitas, entre las que 406 I | inteligencias precoces, y ya hinchaban su seno y se escapaban de 407 I | que ninguno engañador e hipócrita.~Dueño, según los rumores 408 I | hebrea, insensible a los homenajes de sus adoradores y a los 409 III| infame, que ha vendido su honra, su religión y a sus hermanos.~ ~ 410 IV | tocando a gloria, y los honrados vecinos de Toledo se entretenían 411 I | si no hubiese llegado la hora de decirlo todo... Adiós; 412 III| para no arrojar un grito de horror al penetrar en su interior 413 III| Siguiendo el camino donde hoy se encuentra la pintoresca 414 II | Sara al barquero apenas se hubieron alejado de los molinos y 415 I | sabes ni nada sabrías si no hubiese llegado la hora de decirlo 416 I | mármol que lo partía en dos huecos iguales, subía desde el 417 I | todo es posible, y proyecta huir con ella, que también es 418 III| grotescas o informes figuras humanas. Del templo sólo quedaban 419 I | lo cual cabe dentro de lo humano, crees tú que Daniel se 420 III| era ya el viejo débil y humilde, sino que, antes bien, respirando 421 I | sin agobiarlo a fuerza de humildes salutaciones, acompañadas 422 I | indescriptible. Sus labios delgados y hundidos se dilataban a la sombra 423 I | que también es fácil, y huye mañana, por ejemplo, lo 424 I | I~En una de las callejas más 425 Int| hojas y los pistilos que iba arrancando, uno a uno, de 426 III| enormes clavos de hierro. Una idea espantosa cruzó por su mente: 427 II | ciudad a estas horas?~- Lo ignoro...; pero ello es que aguardan 428 I | lo partía en dos huecos iguales, subía desde el interior 429 II | II~Era noche de Viernes Santo, 430 III| III~Siguiendo el camino donde 431 II | al parecer, aguardaba con impaciencia.~- ¡Ella es! - murmuró entre 432 I | y tortuosas de la ciudad imperial, empotrada y casi escondida 433 I | sobres sus premiosos goznes impidió al que se alejaba oír el 434 I | escuderos pobres.~Aborrecedor implacable de los cristianos y de cuanto 435 II | la Guardia, en quien los implacables enemigos de nuestra fe renovaron 436 I | corazón abrigaba algún secreto importante, uno de sus adoradores se 437 III| ocultaba, presentóse de imprevisto en el umbral del templo.~ 438 II | molinos, que parecen como incrustados al pie de las rocas que 439 III| vaciló algunos instantes, indecisa acerca del camino que debía 440 I | con una sonrisa extraña e indescriptible. Sus labios delgados y hundidos 441 II | dirección que éste le había indicado. Durante algunos minutos 442 I | que su eterna tristeza era indicio cierto de que su corazón 443 III| Sara, llena de una santa indignación, rebosando en generosa ira 444 Int| conmovió, la historia de la infeliz Sara.~Ya que esto no es 445 III| horribles o grotescas o informes figuras humanas. Del templo 446 I | llamándole con los nombres más injuriosos, o las viejas devotas de 447 I | rumores del vulgo, de una inmensa fortuna, veíasele, no obstante, 448 III| ira y animada de esa fe inquebrantable en el verdadero Dios que 449 I | esposa; pero la hebrea, insensible a los homenajes de sus adoradores 450 I | sanedrín de nuestros rabinos - insistió el joven hebreo, admirado 451 I | consejos de su padre, que instaba para que eligiese un compañero 452 III| la iglesia.~En efecto, su instinto no la había engañado. Daniel, 453 III| estaban aquellos horribles instrumentos de martirio, y los feroces 454 I | esa dulce tristeza de las inteligencias precoces, y ya hinchaban 455 III| sacrificio, si ya no es que intentáis cebar en mí vuestra sed 456 II | dónde van, qué hacen, qué intentan. Un momento de vacilación 457 II | podido contar - respondió el interpelado: ¡un enjambre! Parece que 458 I | menor emoción, preguntó a su interpelante:~- ¿Y qué dicen de ella?~- 459 I | la vista para seguir su interrumpida tarea, exclamó:~- ¿Y quién 460 II | ciudad un silencio profundo, interrumpido a intervalos, ya por las 461 I | vengarse?~- Pero - exclamó interrumpiéndole el joven - , ¿sabéis acaso...?~- 462 II | profundo, interrumpido a intervalos, ya por las lejanas voces 463 Int| Introducción~Una tarde de verano, y en 464 I | vecinos, no conocían limites.~Inútilmente los muchachos, para desesperarlo, 465 III| creído una grosera calumnia inventada por el vulgo para apostrofar 466 I | paño de púrpura por las invisibles manos de un hada. Su tez 467 III| indignación, rebosando en generosa ira y animada de esa fe inquebrantable 468 II | cerca el puente?... No, no irán a nada bueno cuando así 469 IV | IV~Al día siguiente, cuando 470 II | Moro, desaparecen por la izquierda. Después, el diablo y ellos 471 | jamás 472 Int| tarde de verano, y en un jardín de Toledo, me refirió esta 473 II | renovaron la cruel Pasión de Jesús.~Reinaba en la ciudad un 474 IV | tirar ballestazos a los Judas de paja, ni más ni menos 475 I | cayeron de golpe, como si la judía acabara de retirarse de 476 I | mansedumbre, a prueba de las jugarretas más pesadas y las burlas 477 III| entrego; haced vosotros justicia de esa infame, que ha vendido 478 II | alternativamente entre aquel oscuro laberinto de rocas oscuras y cortadas 479 I | que después de dejar a un lado el martillo se ocupaba en 480 III| quedaban en pie los muros laterales y algunos arcos rotos ya 481 II | a intervalos, ya por las lejanas voces de los guardias nocturnos 482 I | acaso...?~- - dijo Daniel levantándose y dándole un golpecito en 483 III| algunos hacían esfuerzos por levantar en alto una pesada cruz, 484 I | un judío llamado Daniel Leví.~Era este judío rencoroso 485 Int| flor que da nombre a esta leyenda.~Si yo la pudiera referir 486 I | el capricho de permanecer libre.~Al fin, un día, cansado 487 I | sus vecinos, no conocían limites.~Inútilmente los muchachos, 488 II | cuando hubo llegado a la cima llamada la Cabeza del Moro, su negra 489 I | como su dueño, un judío llamado Daniel Leví.~Era este judío 490 I | palacio pretendían aburrirlo, llamándole con los nombres más injuriosos, 491 II | siguen?~- Ese es, y cuando llegan a la Cabeza del Moro, desaparecen 492 III| aguardaban a la víctima.~Sara, llena de una santa indignación, 493 I | trepadoras que se mecen verdes y llenas de savia y lozanía sobre 494 III| favor de la oscuridad había logrado llegar hasta el atrio de 495 I | verdes y llenas de savia y lozanía sobre los ennegrecidos muros 496 I | como si viesen al mismo Lucifer en persona.~Daniel sonreía 497 II | o referían al amor de la lumbre consejas parecidas a las 498 II | asistido a las tinieblas en su magnífica catedral, acababan de entregarse 499 I | cejas, brotaba una chispa de mal reprimida cólera, seguía 500 III| rompiendo por entre la maleza que la ocultaba, presentóse


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