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Gustavo Adolfo Bécquer
La rosa dela pasión

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
manan-zumba

    Capítulo
501 I | también es fácil, y huye mañana, por ejemplo, lo cual cabe 502 I | decía, riéndose de una manera extraña y diabólica - . ¿ 503 II | la preocupaban se pasó la mano por la frente, que la angustia 504 I | proverbial en todo Toledo, y su mansedumbre, a prueba de las jugarretas 505 I | quedar sola en el mundo, se mantenía encerrada en un profundo 506 II | este breve diálogo, Sara se mantuvo algunos instantes sumida 507 I | y entrecortada, como si maquinalmente fuesen repitiendo sus labios 508 I | ciudad, prendados de su maravillosa hermosura, la habían solicitado 509 I | del judío, y dentro de un marco de azulejos de vivos colores, 510 I | enredándose por la columnilla de mármol que lo partía en dos huecos 511 I | yunque, suspendió su continuo martilleo, y sin mostrar la menor 512 I | después de dejar a un lado el martillo se ocupaba en bruñir el 513 III| el cielo en boca de los mártires, Daniel, ciego de furor, 514 I | plantas trepadoras que se mecen verdes y llenas de savia 515 II | de un barquichuelo que se mecía amarrado a un poste cerca 516 III| parásitas, entre las que yacían, medio ocultas, ya el destrozado 517 III| espantosa obra que había estado meditando días y días, mientras golpeaba 518 I | afirmaciones, no hiciesen mella en el ánimo de Daniel.~Este, 519 I | martilleo, y sin mostrar la menor emoción, preguntó a su interpelante:~- ¿ 520 | menos 521 I | de la hebrea:~- ¡Parece mentira que tan ruin tronco haya 522 I | yunque donde aderezaba las mil baratijas mohosas y, al 523 II | indicado. Durante algunos minutos se la vio aparecer y desaparecer 524 I | Pobre Daniel, dirán los míos, ¡ya chochea! ¿Para qué 525 I | levantó de nuevo sus ojos, lo miró un rato fijamente, sin decir 526 I | habitación raquítica, tenebrosa y miserable como su dueño, un judío 527 | misma 528 | mismo 529 Int| Mientras me explicaba el misterio de su forma especial, besaba 530 IV | del mundo, flor extraña y misteriosa, que había crecido y enredado 531 I | aderezaba las mil baratijas mohosas y, al parecer, sin aplicación 532 II | hacen, qué intentan. Un momento de vacilación podría perderlo».~ 533 II | hebrea, arrojando algunas monedas a su conductor y señalando 534 I | cada vez con más fuerza, mordiendo el metal con sus dientes 535 I | Para qué quiere ese viejo moribundo y decrépito esa hija tan 536 I | escondida entre la alta torre morisca de una antigua parroquia 537 I | antiguas construcciones de los moros toledanos. Alrededor de 538 I | continuo martilleo, y sin mostrar la menor emoción, preguntó 539 I | de una antigua parroquia mozárabe y los sombríos y blasonados 540 Int| esta singular historia una muchacha muy buena y muy bonita.~ 541 I | limites.~Inútilmente los muchachos, para desesperarlo, tiraban 542 | Muchas 543 | muchos 544 I | una y hasta diez veces el mugriento bonetillo que cubría su 545 III| religión, estaba allí y parecía multiplicarse dando órdenes a los unos, 546 III| venganza, rodeado de una multitud como él, ávida de saciar 547 III| una afrentosa cruz y que murió en ella por redimiros, abriéndonos 548 I | entre nuestros hermanos se murmura de tu hija?~El judío levantó 549 II | impaciencia.~- ¡Ella es! - murmuró entre dientes el barquero - . ¡ 550 I | ajimez, único abierto en el musgoso y agrietado paredón de la 551 IV | volvieron a abrirse, ni nadie vio más a la hermosa hebrea 552 I | dilataban a la sombra de su nariz desmesurada y corva como 553 III| horrible solicitud los aprestos necesarios para la consumación de la 554 II | llamada la Cabeza del Moro, su negra silueta se dibujó un instante 555 I | sombrío cerco de pestañas negras, en cuyo fondo brillaba 556 | ninguno 557 II | lejanas voces de los guardias nocturnos que en aquella época velaban 558 Int| a uno, de la flor que da nombre a esta leyenda.~Si yo la 559 I | aburrirlo, llamándole con los nombres más injuriosos, o las viejas 560 | nuestra 561 | nuestras 562 | nuestro 563 I | Daniel.~Daniel levantó de nuevo sus ojos, lo miró un rato 564 | nunca 565 II | de qué tratan y con qué objeto abandonan la ciudad a estas 566 I | inmensa fortuna, veíasele, no obstante, todo el día acurrucado 567 III| por entre la maleza que la ocultaba, presentóse de imprevisto 568 III| entre las que yacían, medio ocultas, ya el destrozado capitel 569 I | mientras tú asistes al oculto sanedrín de nuestros rabinos - 570 I | pequeños, redondos y casi ocultos entre las espesas cejas, 571 I | a un lado el martillo se ocupaba en bruñir el broche de metal 572 I | Este, sin abandonar su ocupación, fija la mirada en el yunque, 573 III| ávida de saciar su sed de odio en uno de los enemigos de 574 III| avergüenzo de mi origen.~Al oir estas palabras, pronunciadas 575 I | impidió al que se alejaba oír el rumor de las celosías 576 II | silencio y como tratando de ordenar sus ideas. «No hay duda - 577 III| parecía multiplicarse dando órdenes a los unos, animando en 578 I | Con que a mi Sara, al orgullo de la tribu, al báculo en 579 III| cristiana y me avergüenzo de mi origen.~Al oir estas palabras, 580 I | en el cielo de una noche oscura. Sus labios, encendidos 581 III| Sara, que en favor de la oscuridad había logrado llegar hasta 582 II | alternativamente entre aquel oscuro laberinto de rocas oscuras 583 | otro 584 IV | ballestazos a los Judas de paja, ni más ni menos que como 585 I | su tugurio; en vano los pajecillos y hasta los hombres de armas 586 I | rato fijamente, sin decir palabra, y, bajando otra vez la 587 I | hombres de armas del próximo palacio pretendían aburrirlo, llamándole 588 I | hada. Su tez era blanca, pálida y transparente como el alabastro 589 II | a ganar, y a su alma su palma, que yo en nada entro ni 590 I | recortados hábilmente de un paño de púrpura por las invisibles 591 III| crecían zarzales y hierbas parásitas, entre las que yacían, medio 592 II | cerca de los molinos, que parecen como incrustados al pie 593 I | labios, encendidos y rojos parecían recortados hábilmente de 594 II | amor de la lumbre consejas parecidas a las del Cristo de la Luz, 595 I | en el musgoso y agrietado paredón de la calleja, habitaba 596 I | torre morisca de una antigua parroquia mozárabe y los sombríos 597 I | a uno de sus habituales parroquianos sin agobiarlo a fuerza de 598 I | edificios ruinosos.~En la parte de la casa que recibía una 599 I | columnilla de mármol que lo partía en dos huecos iguales, subía 600 II | opuesta.~- ¿Cuántos han pasado esta noche? - preguntó Sara 601 I | feligresía se santiguaban al pasar por el umbral de su puerta, 602 II | nuestra fe renovaron la cruel Pasión de Jesús.~Reinaba en la 603 IV | algunos años después un pastor trajo al arzobispo una flor 604 III| atrio, que dibujaban algunos pedruscos diseminados por el suelo, 605 III| arrojar un grito de horror al penetrar en su interior con la mirada.~ 606 II | sus ideas. «No hay duda - pensaba entre sí - ; mi padre ha 607 I | de una guarnición con una pequeña lima, comenzó a hablar en 608 II | momento de vacilación podría perderlo».~Cuando Sara se puso un 609 I | alta voz, admirados de las perfecciones de la hebrea:~- ¡Parece 610 I | conducta que el capricho de permanecer libre.~Al fin, un día, cansado 611 I | piensa arrebatármela un perro cristiano? ¿Y vosotros creéis 612 I | de cuanto a ellos pudiera pertenecer, jamás pasó junto a un caballero 613 III| por levantar en alto una pesada cruz, mientras otros tejían 614 I | prueba de las jugarretas más pesadas y las burlas y rechiflas 615 I | rodeados de un sombrío cerco de pestañas negras, en cuyo fondo brillaba 616 Int| posible, ahí va lo que de esa piadosa tradición se me acuerda 617 III| dos tiros de ballesta del picacho que el vulgo conoce en Toledo 618 III| zarzales o afilaban sobre una piedra las puntas de enormes clavos 619 I | para desesperarlo, tiraban piedras a su tugurio; en vano los 620 I | en que se apoya mi vejez, piensa arrebatármela un perro cristiano? ¿ 621 III| donde hoy se encuentra la pintoresca ermita de la Virgen del 622 Int| besaba las hojas y los pistilos que iba arrancando, uno 623 I | la vivienda una de esas plantas trepadoras que se mecen 624 IV | hacen en algunas de nuestras poblaciones, Daniel abrió la puerta 625 I | dientes de acero - . ¡Je! ¡Je! Pobre Daniel, dirán los míos, ¡ 626 I | Postigo y los escuderos pobres.~Aborrecedor implacable 627 I | del deseo.~Los judíos más poderosos de la ciudad, prendados 628 II | anteriormente.~- Ni los he podido contar - respondió el interpelado: ¡ 629 II | Un momento de vacilación podría perderlo».~Cuando Sara se 630 III| enérgica entereza que sólo pone el cielo en boca de los 631 I | acurrucado en el sombrío portal de su vivienda, componiendo 632 III| cabellos, la arrastró, como poseído de un espíritu infernal, 633 II | que se mecía amarrado a un poste cerca de los molinos, que 634 I | Zocodover, las revendedoras del Postigo y los escuderos pobres.~ 635 II | alguna venganza horrible. Es preciso que yo sepa dónde van, qué 636 I | tristeza de las inteligencias precoces, y ya hinchaban su seno 637 I | habitaba Sara, la hija predilecta de Daniel.~Cuando los vecinos 638 I | encajarse rechinando sobres sus premiosos goznes impidió al que se 639 I | poderosos de la ciudad, prendados de su maravillosa hermosura, 640 II | las horribles dudas que la preocupaban se pasó la mano por la frente, 641 II | sorprendido nuestro amor y prepara, alguna venganza horrible. 642 III| parecía guiar un sobrenatural presentimiento, al llegar al punto que 643 III| maleza que la ocultaba, presentóse de imprevisto en el umbral 644 II | qué lo aguardarán, aunque presumo que para nada bueno.~Después 645 I | armas del próximo palacio pretendían aburrirlo, llamándole con 646 III| no vendrá porque yo lo he prevenido de vuestras asechanzas.~- ¿ 647 I | principal o un canónigo de la primada sin quitarse una y hasta 648 I | admirado de que sus sospechas primero, y después sus afirmaciones, 649 I | pasó junto a un caballero principal o un canónigo de la primada 650 I | ese amante es cristiano y procura seducirla, y la seduce, 651 I | en efecto, Sara era un prodigio de belleza. Tenía los ojos 652 I | tiendecilla.~El ruido que produjo ésta al encajarse rechinando 653 III| Al oir estas palabras, pronunciadas con esa enérgica entereza 654 I | dicen de ella?~- Dicen - prosiguió su interlocutor - , dicen... ¡ 655 I | había llegado a hacerse proverbial en todo Toledo, y su mansedumbre, 656 I | los hombres de armas del próximo palacio pretendían aburrirlo, 657 I | que todo es posible, y proyecta huir con ella, que también 658 III| resplandor de una fogata que proyectaba las sombras de aquel círculo 659 I | Toledo, y su mansedumbre, a prueba de las jugarretas más pesadas 660 III| amante le había revelado, no pudo contenerse a la vista de 661 III| eso no es verdad; tú no puedes habernos hecho traición, 662 II | barca, teniendo tan cerca el puente?... No, no irán a nada bueno 663 III| abriéndonos para una eternidad las puertas del cielo. No; ya no soy 664 III| afilaban sobre una piedra las puntas de enormes clavos de hierro. 665 I | punto de luz de su ardiente pupila como una estrella en el 666 I | hábilmente de un paño de púrpura por las invisibles manos 667 II | perderlo».~Cuando Sara se puso un instante en pie, y como 668 III| humanas. Del templo sólo quedaban en pie los muros laterales 669 I | eligiese un compañero antes de quedar sola en el mundo, se mantenía 670 | quién 671 I | ya chochea! ¿Para qué quiere ese viejo moribundo y decrépito 672 I | canónigo de la primada sin quitarse una y hasta diez veces el 673 I | oculto sanedrín de nuestros rabinos - insistió el joven hebreo, 674 III| tejían una corona con las ramas de los zarzales o afilaban 675 I | muchos años su habitación raquítica, tenebrosa y miserable como 676 II | por unos judíos, dejó un rastro de sangre por el cual se 677 I | nuevo sus ojos, lo miró un rato fijamente, sin decir palabra, 678 I | profundo silencio, sin dar más razón de su extraña conducta que 679 III| de una santa indignación, rebosando en generosa ira y animada 680 I | más pesadas y las burlas y rechiflas de sus vecinos, no conocían 681 I | produjo ésta al encajarse rechinando sobres sus premiosos goznes 682 I | la parte de la casa que recibía una dudosa luz por los estrechos 683 III| descarnados brazos para recibirla, exclamando al dirigirse 684 I | interlocutor hacia la calle, recogió sus trebejos muy despacio 685 I | encendidos y rojos parecían recortados hábilmente de un paño de 686 IV | más a la hermosa hebrea recostada en su alféizar de azulejos 687 III| y que murió en ella por redimiros, abriéndonos para una eternidad 688 II | de entregarse al sueño o referían al amor de la lumbre consejas 689 Int| leyenda.~Si yo la pudiera referir con el suave encanto y la 690 II | alejado de los molinos y como refiriéndose a algo de que ya habían 691 Int| un jardín de Toledo, me refirió esta singular historia una 692 II | la cruel Pasión de Jesús.~Reinaba en la ciudad un silencio 693 II | en su barca, aparejó los remos, y cuando Sara, que no era 694 I | Daniel Leví.~Era este judío rencoroso y vengativo, como todos 695 II | implacables enemigos de nuestra fe renovaron la cruel Pasión de Jesús.~ 696 I | si maquinalmente fuesen repitiendo sus labios las ideas que 697 I | brotaba una chispa de mal reprimida cólera, seguía impasible 698 III| humilde, sino que, antes bien, respirando cólera de sus pequeños y 699 III| con la mirada.~Al rojizo resplandor de una fogata que proyectaba 700 I | se abría un ajimez árabe, resto de las antiguas construcciones 701 III| aquella época los ruinosos restos de una iglesia bizantina, 702 III| dijo Sara con voz firme y resuelta - todo el baldón de vuestra 703 III| dirigió con paso firme y resuelto hacia las abandonadas ruinas 704 I | como si la judía acabara de retirarse de su alféizar.~ 705 I | para que cuanto antes se reúnan. Esta noche, dentro de una 706 II | noche será la última que se reúnen.~- ¿Y sabes de qué tratan 707 III| traición, hasta el punto de revelar nuestros misteriosos ritos, 708 I | truhanes de Zocodover, las revendedoras del Postigo y los escuderos 709 II | sino que esta noche anda revuelta toda esa endiablada raza 710 II | zumbaba entre las torcidas revueltas de las calles, cuando el 711 II | de los muros conducen al río, a una persona a quien, 712 III| revelar nuestros misteriosos ritos, y si es verdad que los 713 II | del Cristo de la Luz, que, robado por unos judíos, dejó un 714 III| dirigirse a los que los rodeaban:~- Ahí os la entrego; haced 715 III| espíritu de la venganza, rodeado de una multitud como él, 716 I | Tenía los ojos grandes y rodeados de un sombrío cerco de pestañas 717 III| interior con la mirada.~Al rojizo resplandor de una fogata 718 I | Sus labios, encendidos y rojos parecían recortados hábilmente 719 III| de aquel espectáculo y, rompiendo por entre la maleza que 720 III| amenazante, le preguntó con voz ronca:~- ¿Qué buscas aquí, desdichada?~- 721 I | ya se veía grabada en su rostro esa dulce tristeza de las 722 I | cintos viejos o guarniciones rotas, con las que traía un gran 723 III| laterales y algunos arcos rotos ya y cubiertos de hiedra.~ 724 III| Sara! - exclamó el judío, rugiendo de cólera - . Sara, eso 725 I | puerta de la tiendecilla.~El ruido que produjo ésta al encajarse 726 I | Parece mentira que tan ruin tronco haya dado tan hermoso 727 III| resuelto hacia las abandonadas ruinas de la iglesia.~En efecto, 728 I | al que se alejaba oír el rumor de las celosías sobre el 729 I | hipócrita.~Dueño, según los rumores del vulgo, de una inmensa 730 I | hermosa y tan joven, si no sabe guardarla de los codiciosos 731 I | interrumpiéndole el joven - , ¿sabéis acaso...?~- - dijo Daniel 732 I | tesoro?... ¿Crees tú que no sabrá vengarse?~- Pero - exclamó 733 II | Después, el diablo y ellos sabrán a dónde se dirigen - respondió 734 I | que nada sabes ni nada sabrías si no hubiese llegado la 735 III| multitud como él, ávida de saciar su sed de odio en uno de 736 III| esperáis la víctima para el sacrificio, si ya no es que intentáis 737 II | que yo en nada entro ni salgo.~Esto diciendo, el buen 738 II | aguardado hasta entonces, hubo saltado al barquichuelo, soltó la 739 IV | en los labios comenzó a saludar a los que pasaban, sin dejar 740 I | agobiarlo a fuerza de humildes salutaciones, acompañadas de aduladoras 741 IV | atributos del martirio del Salvador del mundo, flor extraña 742 II | los hombres de armas de San Cervantes, pero, en fin, 743 I | mientras tú asistes al oculto sanedrín de nuestros rabinos - insistió 744 III| víctima.~Sara, llena de una santa indignación, rebosando en 745 I | devotas de la feligresía se santiguaban al pasar por el umbral de 746 II | se tendrán dada cita con Satanás, que todos acuden a mi barca, 747 I | mecen verdes y llenas de savia y lozanía sobre los ennegrecidos 748 I | su corazón abrigaba algún secreto importante, uno de sus adoradores 749 I | procura seducirla, y la seduce, que todo es posible, y 750 I | amante es cristiano y procura seducirla, y la seduce, que todo es 751 I | de mal reprimida cólera, seguía impasible golpeando con 752 | según 753 III| llegar al punto que le había señalado su conductor, vaciló algunos 754 II | monedas a su conductor y señalando un camino estrecho y tortuoso 755 Int| suave encanto y la tierna sencillez que tenía en su boca, os 756 II | por uno de los estrechos senderos que desde lo alto de los 757 I | precoces, y ya hinchaban su seno y se escapaban de su boca 758 II | diciendo, el buen hombre, sentándose en su barca, aparejó los 759 II | horrible. Es preciso que yo sepa dónde van, qué hacen, qué 760 I | alabastro de la estatua de un sepulcro. Contaba apenas dieciséis 761 | ser 762 | será 763 II | estrecho y tortuoso que subía serpenteando por entre las rocas, ¿es 764 II | rocas, ¿es ese el camino que siguen?~- Ese es, y cuando llegan 765 III| III~Siguiendo el camino donde hoy se encuentra 766 IV | IV~Al día siguiente, cuando las campanas de 767 III| capitel de una columna, ya un sillar groseramente esculpido con 768 II | Cabeza del Moro, su negra silueta se dibujó un instante sobre 769 Int| Toledo, me refirió esta singular historia una muchacha muy 770 III| a quien parecía guiar un sobrenatural presentimiento, al llegar 771 I | al encajarse rechinando sobres sus premiosos goznes impidió 772 I | compañero antes de quedar sola en el mundo, se mantenía 773 I | blasonados muros de una casa solariega, tenía hace muchos años 774 I | maravillosa hermosura, la habían solicitado para esposa; pero la hebrea, 775 III| en fin, con una horrible solicitud los aprestos necesarios 776 II | saltado al barquichuelo, soltó la amarra que lo sujetaba 777 I | hundidos se dilataban a la sombra de su nariz desmesurada 778 I | parroquia mozárabe y los sombríos y blasonados muros de una 779 I | acompañadas de aduladoras sonrisas.~La sonrisa de Daniel había 780 II | entre sí - ; mi padre ha sorprendido nuestro amor y prepara, 781 III| judíos arrojaron un grito de sorpresa, y Daniel, dando un paso 782 I | sufrir los desdenes de Sara y sospechando que su eterna tristeza era 783 I | hebreo, admirado de que sus sospechas primero, y después sus afirmaciones, 784 Int| la pudiera referir con el suave encanto y la tierna sencillez 785 I | diciendo, Daniel empujó suavemente a su interlocutor hacia 786 II | angustia había cubierto de un sudor glacial, la barca tocaba 787 III| pedruscos diseminados por el suelo, crecían zarzales y hierbas 788 II | acababan de entregarse al sueño o referían al amor de la 789 I | fin, un día, cansado de sufrir los desdenes de Sara y sospechando 790 II | soltó la amarra que lo sujetaba y comenzó a bogar en dirección 791 II | mantuvo algunos instantes sumida en un profundo silencio 792 I | instante los ojos de su yunque, suspendió su continuo martilleo, y 793 I | escapaban de su boca esos suspiros que anuncian el vago despertar 794 | suyos 795 II | de las rocas que baña el Tajo, y sobre las que se asienta 796 IV | había crecido y enredado sus tallos por entre los ruinosos muros 797 | también 798 Int| Introducción~Una tarde de verano, y en un jardín 799 I | para seguir su interrumpida tarea, exclamó:~- ¿Y quién dice 800 III| pesada cruz, mientras otros tejían una corona con las ramas 801 II | Dónde diantres se tendrán dada cita con Satanás, que 802 I | su habitación raquítica, tenebrosa y miserable como su dueño, 803 II | todos acuden a mi barca, teniendo tan cerca el puente?... 804 I | Daniel se dejara arrebatar su tesoro?... ¿Crees tú que no sabrá 805 I | invisibles manos de un hada. Su tez era blanca, pálida y transparente 806 I | pasaban por delante de la tienda del judío y veían por casualidad 807 I | aldabas la puerta de la tiendecilla.~El ruido que produjo ésta 808 I | ventura, que si mi hija tiene un amante..., que bien pudiera 809 Int| con el suave encanto y la tierna sencillez que tenía en su 810 III| hebrea y derribándola en tierra y asiéndola por los cabellos, 811 II | de haber asistido a las tinieblas en su magnífica catedral, 812 I | muchachos, para desesperarlo, tiraban piedras a su tugurio; en 813 IV | Toledo se entretenían en tirar ballestazos a los Judas 814 III| del Valle, y como a dos tiros de ballesta del picacho 815 II | sudor glacial, la barca tocaba a la orilla opuesta.~- Buen 816 IV | catedral asordaban los aires tocando a gloria, y los honrados 817 | toda 818 IV | ni más ni menos que como todavía lo hacen en algunas de nuestras 819 I | construcciones de los moros toledanos. Alrededor de las caladas 820 II | bueno cuando así evitan toparse de manos a boca con los 821 II | torres o zumbaba entre las torcidas revueltas de las calles, 822 I | escondida entre la alta torre morisca de una antigua parroquia 823 II | girar las veletas de las torres o zumbaba entre las torcidas 824 I | las callejas más oscuras y tortuosas de la ciudad imperial, empotrada 825 II | señalando un camino estrecho y tortuoso que subía serpenteando por 826 III| los unos, animando en el trabajo a los otros, disponiendo, 827 II | aproximarse a la orilla, bajando trabajosamente por uno de los estrechos 828 Int| va lo que de esa piadosa tradición se me acuerda en este instante.~ 829 I | guarniciones rotas, con las que traía un gran tráfico entre los 830 III| no puedes habernos hecho traición, hasta el punto de revelar 831 IV | algunos años después un pastor trajo al arzobispo una flor hasta 832 I | tez era blanca, pálida y transparente como el alabastro de la 833 I | veían por casualidad a Sara tras las celosías de su ajimez 834 II | a algo de que ya habían tratado anteriormente.~- Ni los 835 II | reúnen.~- ¿Y sabes de qué tratan y con qué objeto abandonan 836 II | profundo silencio y como tratando de ordenar sus ideas. «No 837 I | hacia la calle, recogió sus trebejos muy despacio y comenzó a 838 I | vivienda una de esas plantas trepadoras que se mecen verdes y llenas 839 I | mi Sara, al orgullo de la tribu, al báculo en que se apoya 840 I | Parece mentira que tan ruin tronco haya dado tan hermoso vástago!~ 841 I | un gran tráfico entre los truhanes de Zocodover, las revendedoras 842 I | desesperarlo, tiraban piedras a su tugurio; en vano los pajecillos 843 III| el atrio de la iglesia, tuvo que hacer un esfuerzo para 844 II | Parece que esta noche será la última que se reúnen.~- ¿Y sabes 845 I | estrechos vanos de aquel ajimez, único abierto en el musgoso y 846 Int| esto no es posible, ahí va lo que de esa piadosa tradición 847 II | intentan. Un momento de vacilación podría perderlo».~Cuando 848 III| había señalado su conductor, vaciló algunos instantes, indecisa 849 III| misteriosos crímenes; recordó vagamente la aterradora historia del 850 I | suspiros que anuncian el vago despertar del deseo.~Los 851 III| ermita de la Virgen del Valle, y como a dos tiros de ballesta 852 II | preciso que yo sepa dónde van, qué hacen, qué intentan. 853 I | dudosa luz por los estrechos vanos de aquel ajimez, único abierto 854 I | tronco haya dado tan hermoso vástago!~Porque, en efecto, Sara 855 I | quitarse una y hasta diez veces el mugriento bonetillo que 856 I | dieciséis años, y ya se veía grabada en su rostro esa 857 I | de una inmensa fortuna, veíasele, no obstante, todo el día 858 I | báculo en que se apoya mi vejez, piensa arrebatármela un 859 II | nocturnos que en aquella época velaban en derredor del Alcázar, 860 II | viento, que hacía girar las veletas de las torres o zumbaba 861 III| justicia de esa infame, que ha vendido su honra, su religión y 862 III| cristiano a quien aguardáis no vendrá porque yo lo he prevenido 863 I | Crees tú que no sabrá vengarse?~- Pero - exclamó interrumpiéndole 864 I | Era este judío rencoroso y vengativo, como todos los de su raza, 865 Int| Introducción~Una tarde de verano, y en un jardín de Toledo, 866 III| fe inquebrantable en el verdadero Dios que su amante le había 867 I | trepadoras que se mecen verdes y llenas de savia y lozanía 868 III| martirio, y los feroces verdugos sólo aguardaban a la víctima.~ 869 III| el umbral del templo.~Al verla aparecer, los judíos arrojaron 870 I | nombres más injuriosos, o las viejas devotas de la feligresía 871 I | cadenillas de metal, cintos viejos o guarniciones rotas, con 872 II | ya por los gemidos del viento, que hacía girar las veletas 873 II | II~Era noche de Viernes Santo, y los habitantes 874 I | umbral de su puerta, como si viesen al mismo Lucifer en persona.~ 875 III| pintoresca ermita de la Virgen del Valle, y como a dos 876 I | calumnia?~- Quien los ha visto conversar más de una vez 877 I | un marco de azulejos de vivos colores, se abría un ajimez 878 II | intervalos, ya por las lejanas voces de los guardias nocturnos 879 IV | morisco ajimez de Sara no volvieron a abrirse, ni nadie vio 880 III| parásitas, entre las que yacían, medio ocultas, ya el destrozado 881 III| vulgo para apostrofar y zaherir a los hebreos.~Pero ya no 882 I | tráfico entre los truhanes de Zocodover, las revendedoras del Postigo 883 II | veletas de las torres o zumbaba entre las torcidas revueltas


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