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| Gustavo Adolfo Bécquer La corza blanca IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Capítulo
1 II| sino en latín, como el abad de Munilla, no se iba sin 2 II| Larvas de las fuentes, abandonad el lecho de musgo y caed 3 II| la cabeza con delicioso abandono e hiriendo el suelo con 4 II| corza blanca, desde que abandonó el soto en que habían sesteado 5 II| ágiles movimientos, imposible abarcar con una mirada los infinitos 6 II| perfume de las violetas que se abren entre las sombras.~ - Ven 7 I | se movían a mi alrededor. Abrí los ojos, según dejo dicho, 8 I | aunque no tanto que no abriese los ojhos en el mismo punto 9 II| claridad inundaba el soto, abrillantaba la intranquila superficie 10 II| parecía una flor a medio abrir, cuyo flexible talle más 11 II| del atónito montero vagaba absorta de un lado a otro, sin saber 12 II| revolver en su mente las más absurdas imaginaciones.~«No cabe 13 II| pupilas, suya aquella rubia y abundante cabellera que, después de 14 II| jugueteando, mientras las otras acababan de despojarse de las ligeras 15 I | iglesia,m donde después de acabada la misa del domingo solía 16 II| aquellos cortos instantes para acabarse de desenredar y huir ligera 17 | acaso 18 II| disposición de los árboles, los accidentes del terreno, las curvas 19 II| clara y aguda detuvo su acción con un grito, diciéndole:~ - ¿ 20 II| propósito para colocarse al acecho de las reses, anduvo un 21 II| hubiera podido decir algo acerca del misterioso origen de 22 I | monte de su feudo, tuvo que acogerse durante las horas de la 23 II| que se encontraba. Una vez acomodado en su nuevo escondite, esperó 24 I | después de dar una gran voz acompañada de un silbido para que se 25 I | en su favorita diversión acompañado de su hija, cuya belleza 26 I | saludarle por su nombre, acompañando el saludo con una bondadosa 27 II| aquellas misteriosas voces, que acompañándose del rumor del aire, del 28 II| origen de Constanza, pues acompañó a don Dionís en sus lejanas 29 I | sustos.~ - ¿Pues qué le acontece a ese pobre diablo? - inquirió 30 I | de cazadores les habían acontecido, cuando por lo alto de la 31 I | fatigas de los combates.~Aconteció una vez a este caballero, 32 II| y desde muy niño habíase acostumbrado a prevenir al menor de sus 33 II| puertas de su castillo. Acto continuo dispusiéron una 34 II| flotantes hojas de un planta acuática, de la cual parecía una 35 I | preste de Tarazona, al que acudí no ha mucho para consultar 36 II| aquellos cuidados con que se adelantaba a prevenir los caprichos 37 I | de la chopera, prosiguió adelante la interrumpida caza.~ 38 I | Esteban, uno de éstos se adelantó hasta el sitio en donde 39 I | orden a su comitiva para que aderezasen las caballerías que andaban 40 II| al menor de sus deseos y adivinar y satisfacer el más leve 41 II| el objeto de sus ocultas adoraciones; la hija del noble don Dionís, 42 II| agua con los ojos azules adormecidos aspirando con voluptuosidad 43 II| revelábase su carácter adulador y rastrero. No faltaban, 44 I | No eché en saco roto la advertencia, y aquella noche misma fui 45 II| su mano se entretenía en afilar en los ratos de ocio las 46 I | montero, a que, según él afirma, y lo jura y lo perjura 47 II| en su garganta y tuvo que agarrarse al tronco de un árbol para 48 II| lugar en que se encontraba, agazapóse en un ribazo junto a unos 49 II| Delante de sus compañeras, más ágil, más linda, más juguetona 50 II| imposible seguirlas en sus ágiles movimientos, imposible abarcar 51 II| cuando se bate a golpes o se agita con violencia, Garcés comenzó 52 I | murmullos del viento que agitaba las hojas de los árboles, 53 II| remanso del río.~El viento, agitando los frondosos pabellones 54 I | contorno, habían no hace mucho agotado la caza en estos montes, 55 I | roca con un ruido manso y agradable.~Haría cosa de unas horas 56 I | de un silbido para que se agruparan los corderos, que no perdía 57 II| sueño.~ - El pastor que aguarda el día consultando las estrellas, 58 II| instrucciones de Esteban, debía aguardar la aparición de las corzas, 59 II| montero, y con voz clara y aguda detuvo su acción con un 60 II| burla hecha al montero.~ - ¡Ah, condenado engendro de Satanás! - 61 II| consultando las estrellas, duerme ahora y dormirá hasta el amanecer.~ - 62 II| sobrenombre, porque eran tan airosa, tan blanca y tan rubia, 63 II| suyos, en fin, aquel cuello airoso que sostenía su lánguida 64 II| trenzas rubias y su tez de alabastro, había tenido por madre 65 II| entre las frondas de una alameda.~Este extraño rumor sólo 66 II| escondrijo al montero.~Los álamos, cuyas plateadas hojas movía 67 II| dio un paso hacia delante, alargó el cuello por encima de 68 II| que, jinete en un poderoso alazán, seguía a paso el palafrén 69 I | incierta y torpe como la de los albinos, la nariz roma, los labios 70 II| te has creido fuera de mi alcance, y esto diciendo, dejó volar 71 II| jugando y persiguiéndose con alegres risas por entre el laberinto 72 I | carrascales y los lentiscos, se alejó seguida de una tropa de 73 II| arrojados con descuido sobre la alfombra del césped, las muchachas 74 | algún 75 II| unas matas de lentisco, altas lo bastante para ocultar 76 II| hiriendo el suelo con el pie en alternada cadencia.~Era imposible 77 I | ladera y a través de los alternados murmullos del viento que 78 II| prescindiendo de la momentánea alucinación que turbó un instante sus 79 I | entreabiertos, la frente alzada, la tez blanca , pero ennegrecida 80 II| sus lebreles favoritos y amaestraba a sus halcones, a los cuales 81 II| Venid, que las que os aman os esperan impacientes.~ 82 II| ahora y dormirá hasta el amanecer.~ - Reina de las ondinas, 83 I | precioso chapín de tafilete amarillo, pero como al par de Esteban 84 I | digresiones del zagal, que amenazaba no concluir nunca - , déjate 85 I | una chopera, departiendo amigablemente con sus monteros sobre las 86 I | encuentros con los corzos amigos de burlas, no sea que haga 87 II| señales de mal disimulado amor.~Si en efecto era así, el 88 II| pestañas, que apenas bastaban a amortiguar la luz de sus pupilas, suya 89 I | picada.~ - ¡Friolera! - añadió el montero en tono de zumba, 90 II| remontándose con lentitud por el ancho horizonte, estaba inmóvil 91 I | de un tiempo a esta parte anda más tonto que lo que naturalmentre 92 I | aderezasen las caballerías que andaban paciendo sueltas por el 93 II| por fortuna, esta vez ha andado un poco torpe, dejándome 94 II| simples, y si te empeñas en andarle a los talones, va a dar 95 II| percibir aquellos lamentos angustiosos. ¡Dios mío, si será verdad!~ 96 II| valido una especie de general animadversión, y al decir a los envidiosos, 97 I | pregunté a los peones, con ánimo de ver si topaba con la 98 II| llamado Garcés hijo de un antiguo servidor de la familia, 99 II| satisfacer el más leve de sus antojos.~Por su mano se entretenía 100 II| horror, las palabras se anudaron en su garganta y tuvo que 101 II| de uno de los sueños más apacibles de su vida, cuando de repente 102 I | en la punta de un palo, apareció el zagal que los conducía.~ - 103 II| Esteban, debía aguardar la aparición de las corzas, la luna comenzaba 104 II| desvanecido, con mucha precaución apartó un poco las ramas, y no 105 I | empezaron a saltar por entre las apiñadas matas de cantueso y tomillo 106 I | aquella noche misma fui a apostarme entre los chopos. Durante 107 II| las mayores precauciones, apoyándose en la tierra primero sobre 108 II| solicitud de Garcés y el aprecio con que sus señores le distinguían, 109 I | garrote.~ - Pero vamos - apremió don Dionís, impaciente al 110 II| hablar las corzas es pura aprensión de Esteban, que es un completo 111 II| costumbre.~ - No sabemos - se apresuraron a contestar los otros servidores - ; 112 II| desmayadas ramas, y los apretados carrascales por cuyos troncos 113 II| estupor, la corza blanca había aprovechado aquellos cortos instantes 114 I | de don Dionís, se había aproximado al grupo de los cazadores, 115 II| enamorado joven; pero deseando apurar su paciencia hasta lo último, 116 II| contacto de la fresca brisa, aquéllas danzaban en vertiginosa 117 I | trovadores.~ - Pues no paro aqui la cosa - continuó el zagal, 118 I | I~En un pequeño lugar de Aragón , y allá por los años de 119 II| la conducta del monarca aragonés del cual recabó entre otras 120 II| agarrarse al tronco de un árbol para no caer a tierra.~Constanza, 121 II| cuello por encima de los arbustos para dominar el remanso, 122 II| señora, él ejercitaba en los ardides de la caza a sus lebreles 123 II| triunfo!~Esto diciendo, armó su ballesta, no sin haberle 124 II| del agua, el penetrante aroma de las flores sílvestres 125 II| Munilla, no se iba sin un arpón en el cuerpo.~En este punto 126 II| cantaban así:~Coro~ - El arquero que velaba en lo alto de 127 II| ballesta entre los dientes, y arrastrándose como una culebra por detrás 128 I | que es justo y está allá arriba, proveerá a todo.~Firme 129 I | que las iba guiando, no arrojaban bramidos al huir, sino que 130 II| suspendidos de los árboles o arrojados con descuido sobre la alfombra 131 I | respecto a su moral, podía asegurarse sin temor de ser desmentido 132 I | pues de nosotros podemos asegurarte que no bajamos una vez a 133 II| ofrecérsela a mi señora!»~Asi pensando y discurriendo 134 II| creyeron sorprender en la asiduidad del solícito mancebo algunas 135 I | el pide de Constanza que asomaba por debajo del brial, calzado 136 II| e involuntario grito de asombro.~La luna, que había ido 137 I | alrededor con una expresión asoombrada y estúpida.~ - Me sucede 138 I | de la cara, en guedejas ásperas y rojas semejantes a las 139 II| cantares misteriosos que el áspid de los celos le mordía el 140 II| ojos azules adormecidos aspirando con voluptuosidad del perfume 141 II| oro.~ - Venid, que ya el astro protector de los misterios 142 I | sumo cuidado, y poniendo atención a aquel confuso murmullo 143 I | por su parte, aunque sin atender al efecto que su narración 144 II| los matojos, con el oído atento al más leve rumor y la vista 145 I | perpendiculares rayos del sol, y su atillo al hombro en la punta de 146 II| por su belleza y sus raros atractivos.~La Azucena del Moncayo 147 II| sus manos, dejando caer atrás la cabeza con delicioso 148 II| el enamorado joven no se atrevía ya a dar crédito ni al testimonio 149 II| Constanza fijaba sus ojos en el atribulado Garcés y rompía a reír como 150 II| hablillas de sus convecino , y aun el mismo Garcés, que tan 151 II| pormenores de su increíble aventura, y si bien no pudo menos 152 II| repitió el joven - , pues he averiguado que es verdad que la corza 153 II| instante sólo se ocupó en averiguar, teniendo en cuenta la dirección 154 II| embargo, algunos que más avisados o maliciosos, creyeron sorprender 155 II| a cual más bella, que la ayudaban a despojarse de sus ligerísimas 156 II| Dionís tuvo una vida bastante azarosa en su juventud, y después 157 II| tan rubia, que como a las azucenas, parecía que Dios la había 158 II| como a través de una gasa azul.~Las corzas habían desaparecido.~ 159 II| saliendo nuevamente a la senda, bajaban del monte en dirección al 160 I | podemos asegurarte que no bajamos una vez a las hazas que 161 I | pero como al par de Esteban bajasen también los ojos de don 162 II| deslizábase desde allí bañando el pie de los sauces que 163 I | por el camino vuelven en bandadas de la fuente con sus cántaros 164 II| largas pestañas, que apenas bastaban a amortiguar la luz de sus 165 II| produce el agua cuando se bate a golpes o se agita con 166 I | en donde el zagal daba de beber a su ganado, y le condujo 167 II| vio Garcés un grupo de bellisimas mujeres, de las cuales unas 168 I | hasta unos cien corderos blancos como la nieve, detrás de 169 I | singular y extraordinaria blancura le habían granjeado el sobrenombre 170 II| derretir y que a la mañana blanquean entre la verdura.~En el 171 I | acompañando el saludo con una bondadosa sonrisa.~Era Esteban un 172 II| Castilla caperuzas rojas bordadas de oro.~Para con los otros 173 II| permanecían recostadas aún al borde del agua con los ojos azules 174 II| que Constanza salió del bosquecillo, sin velo alguno que ocultase 175 II| imaginaciones de veinte años que bosquejase con los colores de la fantasía 176 I | pronto lejos como cerca, el bramido de los ciervos que se llamaban 177 I | maravillosa que ha poseído hom,bre alguno, a no ser Salomón, 178 I | rastro de las reses las breves huellas de unos pies pequeñitos 179 I | que asomaba por debajo del brial, calzado de un precioso 180 II| protector de los misterios brilla en la plenitud de su hermosura.~ - 181 II| furtivo rayo de luz, que brillaba como un relámpago de plata 182 II| al contacto de la fresca brisa, aquéllas danzaban en vertiginosa 183 I | del lugar, cuando riendo y bromeando por el camino vuelven en 184 I | compañeras, ~que está ahí el bruto de Esteban!~Al llegar a 185 I | juegos, sino punto en boca, buenas y muchas oraciones a San 186 I | castigo de mi indiscreción, buenos evangelios llevo cosidos 187 II| de la comitiva y echó en busca del zagal por lo más espeso 188 I | para que aderezasen las caballerías que andaban paciendo sueltas 189 II| vengo a todo correr de mi caballo, como aquí, sólo me ocupaba 190 II| absurdas imaginaciones.~«No cabe duda que todo eso de hablar 191 II| aquella rubia y abundante cabellera que, después de coronar 192 II| fin; pero al llegar, sus cabellos se erizaron de horror, las 193 II| era Constanza.~No podia caber duda, no; suyos eran aquellos 194 II| presentes - . Dejáte de cacerías nocturnas y de corzas blancas; 195 II| sobrenaturales carcajadas se te cae la ballesta de las manos, 196 II| abandonad el lecho de musgo y caed sobre nosotras en menuda 197 I | sol, y el cabello, que le caía parte sobre los ojos y parte 198 I | cuales, con su casperuza calada para libertarse la cabeza 199 II| hallaban las corzas.~Hecho el cálculo, cogió la ballesta entre 200 II| punto en donde según sus cálculos debían aparecer las corzas 201 II| Silfos invisibles, dejad el cáliz de los entreabiertos lirios 202 I | unas y otras las horas del calor eran pasadas y el vientecillo 203 I | asomaba por debajo del brial, calzado de un precioso chapín de 204 I | riendo y bromeando por el camino vuelven en bandadas de la 205 II| enredaban las madreselvas y las campanillas azules, formaban un espeso 206 I | chopos y a refrescar los campos, dio orden a su comitiva 207 II| indecible - , pronto has cantado victoria pronto te has creido 208 II| comenzaron nuevamente a cantar estas palabras con una melodía 209 I | bandadas de la fuente con sus cántaros a la cabeza.~Según colegía 210 II| ha de dar crédito a las cantigas del país, San Humberto, 211 I | entre las apiñadas matas de cantueso y tomillo y a descender 212 I | Hacía la cañada de los cantuesos - me contestaron.~No eché 213 II| en las ferias de Castilla caperuzas rojas bordadas de oro.~Para 214 II| vertiginosa ronda, entrelazando caprichosamente sus manos, dejando caer 215 I | humor prorrumpieron en una carcajada estrepitosa. De los primeros 216 II| Una sonora y estridente carcajda vino a sacarle al fin de 217 II| flores sílvestres y las caricias del viento comunicasen a 218 II| efecto era así, el oculto cariño de Garcés tenía más que 219 I | pan blanco y un trozo de carne de jabalí, y en el estómago 220 II| lirios y venid en vuestros carros de nácar, a los que vuelan 221 II| redondas espaldas como una cascada de oro, suyos, en fin, aquel 222 I | detrás de los cuales, con su casperuza calada para libertarse la 223 II| murmurábase que la hermosa castellana de Veratón no era tan limpia 224 I | y torna a molestarme en castigo de mi indiscreción, buenos 225 II| compraba en las ferias de Castilla caperuzas rojas bordadas 226 I | divertido refiriendo la causa de sus continuos sustos.~ - ¿ 227 II| de tener los ojos y las cejas negros como la noche, siendo 228 I | carcajadas con las que las celebran.~Mientras esto decía el 229 II| voluptuosas, sueños diáfanos y celestes como la luz que entonces 230 II| misteriosos que el áspid de los celos le mordía el corazón, y 231 I | proximidad de las voces y del cercano chasquido de las ramas que 232 II| lentitud por detrás de los cercanos montes.~A fuer de buen cazador 233 II| las rodillas.~Ya de pie, y cerciorándose a tientas de que el arma 234 II| del monte.~La noche había cerrado casi por completo cuando 235 I | calzado de un precioso chapín de tafilete amarillo, pero 236 I | las voces y del cercano chasquido de las ramas que crujían 237 II| agua, haciéndola saltar en chispas luminosas sobre las flores 238 I | y en una unbría de los chops, donde ni a la hora de la 239 II| suspendida en la mitad del cielo. Su dulce claridad inundaba 240 I | del riachulo, hasta unos cien corderos blancos como la 241 | cierto 242 II| debajo de los infinitos círculos de luz de las ondas.~Otra 243 I | que a pesar de su fingida circunspección no pudo por menos que tomar 244 I | la relación el zagal, los circunstantes no pudieron ya contener 245 II| surcando el agua como un cisne y rompiendo la corriente 246 II| hacia en montero, y con voz clara y aguda detuvo su acción 247 II| mitad del cielo. Su dulce claridad inundaba el soto, abrillantaba 248 I | he de morrir..., dijo... claro y distintamente, estas palabras:~¡ 249 II| cazador práctico en esta clase de expediciones nocturnas.~ 250 II| más leve rumor y la vista clavada en el punto en donde según 251 II| túnicas que aún ocultaban a la codiciosa vista el tesoro de sus formas.~ 252 II| una. ¡Oh, si yo pudiese coger viva una corza blanca para 253 II| corzas.~Hecho el cálculo, cogió la ballesta entre los dientes, 254 II| encubierto gozo.~Mientras duró la colación prolongóse esta escena en 255 I | cántaros a la cabeza.~Según colegía de la proximidad de las 256 I | demonio a lo que se puede colegir de sus hábitos de cristiano 257 II| disimulando en lo posible la cólera que le producía el burlón 258 II| continuo dispusiéron una frugal colocación y sentóse con su hija en 259 I | que otra vez, habiéndome colocado en otro escondite por donde 260 II| en la punta de la vira, y colocándosela a la espalda se dirigió 261 II| un punto a propósito para colocarse al acecho de las reses, 262 I | a las crines de un rocin colorado.~Esto, sobre poco más o 263 II| embargo, entre los señores comarcanos murmurábase que la hermosa 264 I | las rudas fatigas de los combates.~Aconteció una vez a este 265 II| su juventud, y después de combatir largo tiempo bajo la conducta 266 I | estrepitosa. De los primeros en comenzar a reír y de los últimos 267 II| había pasado de la mitad, comenzara a dejarse sentir, bien que 268 II| hermosura, sus compañeras comenzaron nuevamente a cantar estas 269 II| como la luz que entonces comienza a transparentarse a través 270 I | vuélvete a tus corderos, que comienzan a desbandarse por la cañada. 271 II| el burlón regocijo de sus compañeros - , yo no me he visto nunca 272 II| aquellos pies diminutos, comparables sólo con dos pedazos de 273 I | parecer buscando un punto de comparación, dirigió la vista hacia 274 II| propósitos o desistiria completamente de la empresa.~ - ¡Y qué 275 I | por la huellas, debía de componerse de más de veinte, le segaron 276 II| sus halcones, a los cuales compraba en las ferias de Castilla 277 II| impresión, Garcés comenzó a comprenderlo así, y riéndose interiormente 278 II| repitió Constanza - . No comprendo lo que quieres decir.~ - 279 II| las caricias del viento comunicasen a sus sentidos el dulce 280 I | ocasión los ha sorpendido concertando entre sí las burlas que 281 I | zagal, cuando Constanza hubo concluido - sino que otra vez, habiéndome 282 I | zagal, que amenazaba no concluir nunca - , déjate de rodeos 283 II| hecha al montero.~ - ¡Ah, condenado engendro de Satanás! - exclamó 284 I | apareció el zagal que los conducía.~ - A propósito de aventuras 285 II| combatir largo tiempo bajo la conducta del monarca aragonés del 286 I | beber a su ganado, y le condujo a presencia de su señor 287 II| En las ráfagas del aire y confundido con los leves rumores de 288 II| algarabía tan ruidosa y confusa como la de los pájaros que 289 | conmigo 290 I | Bartolomé, que es quien le conoce las cosquillas, y dejarle 291 I | ninguna de las personas que le conocían, que era perfectamente simple, 292 II| sé tolerarlo.~Constanza conoció el efecto que su burla había 293 II| nunca con el diablo y, por consiguiente, no sé todavía cómo las 294 I | Pues, hombre, no sé en qué consistía el que tú no las topes, 295 II| pastor que aguarda el día consultando las estrellas, duerme ahora 296 I | que acudí no ha mucho para consultar mis dudas, con el diablo 297 II| estremeciéndose ligeramente al contacto de la fresca brisa, aquéllas 298 II| es verdad lo que nos ha contado Esteban... ¡Oh, entonces 299 I | circunstantes no pudieron ya contener por más tiempo la risa que 300 I | cañada de los cantuesos - me contestaron.~No eché en saco roto la 301 I | al asunto.~ - A él voy - contestó con calma Esteban, que después 302 | contigo 303 I | Por una parte vuestras continuas excursiones, y por otra 304 II| puertas de su castillo. Acto continuo dispusiéron una frugal colocación 305 I | Pues no paro aqui la cosa - continuó el zagal, cuando Constanza 306 I | refiriendo la causa de sus continuos sustos.~ - ¿Pues qué le 307 I | vida en veinte jornadas al contorno, habían no hace mucho agotado 308 | contra 309 II| sucederme, y si, por el contrario es verdad lo que nos ha 310 II| rubia como el oro, habían contribuido a dar pábulo a las hablillas 311 II| pábulo a las hablillas de sus convecino , y aun el mismo Garcés, 312 II| y más despacio, más se convencía de que aquella mujer era 313 II| manos a boca con el demonio convertido en corza blanca. A cada 314 II| separó con mano trémula y convulsa el ramaje que le ocultaba, 315 II| ribazo junto a unos chopos de copas elevadas y oscuras, a cuyo 316 II| blancas como el vellón de un cordero, sacaba su cabeza rubia 317 II| cabellera que, después de coronar su frente se derramaba por 318 I | a una cañada por donde corría un riachuelo, saltando de 319 II| apenas de lo que le pasaba, corrió en la dirección en que había 320 II| formas.~En esos ligeros y cortados sueños de la mañana, ricos 321 II| a través de las blancas cortinas del lecho, no ha habido 322 I | de tus encuentros con los corzos amigos de burlas, no sea 323 I | buenos evangelios llevo cosidos a la pelliza y con su ayuda 324 I | que es quien le conoce las cosquillas, y dejarle andar; que Dios 325 II| para servirla como tenía de costumbre.~ - No sabemos - se apresuraron 326 II| caprichos, sus nunca vistas costumbres, hasta la particularidad 327 II| elevadas y oscuras, a cuyo pie crecían unas matas de lentisco, 328 I | los monteros, notando la creciente inquietud del pobre mozo, 329 II| prolongóse esta escena en que la credulidad del joven montero fue, por 330 I | y vibrante que dijo...., creedlo, señores, esto es tan seguro 331 I | en el mismo punto en que creí percibir que las ramas se 332 II| testimonio de sus sentidos, y creíase bajo la influencia de un 333 II| cantado victoria pronto te has creido fuera de mi alcance, y esto 334 II| persuación de que cuando había creído oír no era más que esa vaga 335 I | la pelliza y con su ayuda creo que, como otras veces, no 336 II| más avisados o maliciosos, creyeron sorprender en la asiduidad 337 I | y rojas semejantes a las crines de un rocin colorado.~Esto, 338 I | colegir de sus hábitos de cristiano viejo, se encuentra, sin 339 I | chasquido de las ramas que crujían al romperse para dar paso 340 I | descubrir algo a través de los cruzados troncos de los árboles.~ - ¿ 341 II| los infinitos detalles del cuadro que formaban, unas corriendo, 342 II| fue a situarse sobre unos cuarenta pasos más lejos del lugar 343 II| llegó Garcés todo sofocado, cubierta aún de sudor la frente, 344 II| se iba sin un arpón en el cuerpo.~En este punto del diálogo 345 I | dicho, me incorporè con sumo cuidado, y poniendo atención a aquel 346 II| envidiosos, en todos aquellos cuidados con que se adelantaba a 347 II| y arrastrándose como una culebra por detrás de los lentiscos, 348 I | Constanza, que parecía la más curiosa e interesada en que el pastor 349 I | las aventuras más o menos curiosas que en su vida de cazadores 350 II| accidentes del terreno, las curvas del río y la profundidad 351 II| al montero.~Los álamos, cuyas plateadas hojas movía el 352 II| apretados carrascales por cuyos troncos subían y se enredaban 353 I | sitio en donde el zagal daba de beber a su ganado, y 354 I | por estos montes se han dado de ojo para no dejarle en 355 I | excursiones, y por otra el dale que le das de los cazadores 356 II| existe. A más de Esteban, lo dan por seguro otros varios 357 II| la fresca brisa, aquéllas danzaban en vertiginosa ronda, entrelazando 358 II| sus palabras, comenzó a darle al ya sendereado mozo los 359 II| fuera de sí, como loco, sin darse cuenta apenas de lo que 360 I | por otra el dale que le das de los cazadores furtivos, 361 II| donde según sus cálculos debían aparecer las corzas Garcés 362 II| llamarse, había nada con que no debiese estar ya muy familiarizado 363 I | Firme en esta ídea, había decidido no volver a decir palabra 364 I | sus estupendas aventuras, decidióse éste a hablar, mas no sin 365 II| primero sobre la punta de los dedos, y después con una de las 366 II| torno su flotante sombra, dejaba penetrar a intervalos un 367 II| plateada.~ - Silfos invisibles, dejad el cáliz de los entreabiertos 368 I | trampa o con ballesta no dejan res a vida en veinte jornadas 369 II| caprichosamente sus manos, dejando caer atrás la cabeza con 370 II| ha andado un poco torpe, dejándome entre las manos la mejor 371 I | reír y de los últimos en dejarlo , fueron don Dionís, que 372 II| de la mitad, comenzara a dejarse sentir, bien que el lejano 373 II| disimuladas de los presentes - . Dejáte de cacerías nocturnas y 374 I | amenazaba no concluir nunca - , déjate de rodeos y ve derecho al 375 I | oí una nueva voz fresca, delgada y vibrante que dijo...., 376 II| un extraño rumor de voces delgadas, dulces y misteriosas que 377 II| suaves notas de aquella deliciosa música, Garcés se mantuvo 378 | demás 379 I | de los cazadores, y como demostrase su curiosidad por conocer 380 II| las corzas estuvieran ya dentro del río, a fin de hacer 381 I | la sombra de una chopera, departiendo amigablemente con sus monteros 382 I | déjate de rodeos y ve derecho al asunto.~ - A él voy - 383 II| que el sol no ha podido derretir y que a la mañana blanquean 384 II| los otros servidores - ; desapareció de entre nosotros cerca 385 II| cuando veía era efecto del desarreglo de su imaginación, porque 386 II| madreselvas, pugnaba en vano por desasirse. Garcés le encaró la ballesta. 387 I | corderos, que comienzan a desbandarse por la cañada. Si los espíritus 388 I | guerra contra infieles, descansaba a la sazón, entregado al 389 I | de cantueso y tomillo y a descender a la orilla opuesta del 390 I | alrededor una mirada de desconfianza, como temiendo ser oído 391 I | de temor y como queriendo descubrir algo a través de los cruzados 392 II| árboles o arrojados con descuido sobre la alfombra del césped, 393 II| nocturnas.~A medida que desechaba la primera impresión, Garcés 394 II| instantes para acabarse de desenredar y huir ligera como un relámpago, 395 II| prevenir al menor de sus deseos y adivinar y satisfacer 396 II| terció don Dionís, y con una desesperante gravedad a través de la 397 I | los ciervos, algunas ramas desgajadas, la corriente un poco turbía 398 I | del mundo:~ - ¡Oh no!; por desgracia, no los tengo yo tan pequeños 399 II| firme en sus propósitos o desistiria completamente de la empresa.~ - ¡ 400 I | la hora de la siesta se desliza un rayo de sol, encontré 401 II| cañada por la vertiente, deslizábase desde allí bañando el pie 402 II| en ella las puntas de sus desmayadas ramas, y los apretados carrascales 403 I | asegurarse sin temor de ser desmentido ni por él ni por ninguna 404 II| mientras más la miraba, y más despacio, más se convencía de que 405 I | perdía de vista y comenzaba a desparramarse por el monte, tornó a rascarse 406 II| del ensueño que queda, al despertar, en la imaginación como 407 I | uno de los palafreneros, despidióse de don Dionís y su hija, 408 II| como la de los pájaros que despiertan al primer rayo del sol entre 409 II| ojos del atónito Garcés.~Despojadas ya de sus túnicas y sus 410 II| blanca, cuyo extraño color destacaba como una fantástica luz 411 II| velos de mil colores, que destacaban sobre el fondo suspendidos 412 II| inmóvil. Después que se hubo desvanecido, con mucha precaución apartó 413 II| El encanto se rompió , desvanecióse todo como el humo, y al 414 II| ligereza increíble unas veces deteniéndose como a escuchar otras, jugueteaban 415 II| y con voz clara y aguda detuvo su acción con un grito, 416 II| risueñas y voluptuosas, sueños diáfanos y celestes como la luz que 417 II| cuerpo.~En este punto del diálogo terció don Dionís, y con 418 II| de la empresa.~ - ¡Y qué diantre! - exclamó, saliendo del 419 I | Abrí los ojos, según dejo dicho, me incorporè con sumo cuidado, 420 II| su acción con un grito, diciéndole:~ - ¿Garcés, qué haces?.~ 421 I | Era Esteban un muchacho de diecinueve a veinte años, fornido, 422 II| cogió la ballesta entre los dientes, y arrastrándose como una 423 II| por su parte y una cosa diferente, formando una algarabía 424 I | impaciente al escuchar las digresiones del zagal, que amenazaba 425 II| del monte.~ - ¡Oh, bien dije yo que todas estas cosas 426 I | cuando algunos de ellos me dijeron:~ - Pues, hombre, no sé 427 II| jazmines, y aquellos pies diminutos, comparables sólo con dos 428 I | hablar, mas no sin que antes dirigiese a su alrededor una mirada 429 I | de pasar kis ciervos para dirigirse a la cañada, allá al filo 430 II| Garcés tenía más que sobrada disculpa en la incomparable hermosura 431 I | del mundo, los ciervos que discurren por estos montes se han 432 II| del césped, las muchachas discurrían a su placer por el soto, 433 II| señora!»~Asi pensando y discurriendo pasó Garcés la tarde, y 434 I | recuerdos o hílvanar su discurso, que al fin comenzó de esta 435 II| roncaba a pierna suelta, disfrutando a todo sabor de uno de los 436 II| palabras las risas más o menos disimuladas de los presentes - . Dejáte 437 II| mancebo algunas señales de mal disimulado amor.~Si en efecto era así, 438 II| con voz entrecortada y disimulando en lo posible la cólera 439 I | presencia de su señor que, para disipar la turbación y el visible 440 II| mismo tono:~ - ¿Y si al dispararle te saluda con alguna risa 441 II| las veredas vecinas, la disposición de los árboles, los accidentes 442 II| Aunque el joven se sentía dispuesto a ver en cuanto le rodeaba 443 II| castillo. Acto continuo dispusiéron una frugal colocación y 444 II| cuando tornó a oír el eco distante de aquellas misteriosas 445 II| aprecio con que sus señores le distinguían, habíanle valido una especie 446 I | la verdad es que no pude distinguir a ninguno.~No obstante, 447 I | morrir..., dijo... claro y distintamente, estas palabras:~¡Por aquí, 448 I | carcajadas y tres o cuatro voces distintas que hablaban entre si, como 449 II| parecía mostrarse un tanto distraida y silenciosa, y retirada 450 I | hallándose en su favorita diversión acompañado de su hija, cuya 451 I | puede haceros pasar un rato divertido refiriendo la causa de sus 452 II| su ballesta de marfil, él domaba los potros que había de 453 II| temblando la última nota. Y dominado por la invencible languidez 454 II| encima de los arbustos para dominar el remanso, y tendió la 455 I | después de acabada la misa del domingo solía reunirme con algunos 456 II| estrellas, duerme ahora y dormirá hasta el amanecer.~ - Reina 457 II| que parecía servirle de dosel , y rodeada de un grupo 458 I | saber cómo ni por donde , dotado de la facultad más maravillosa 459 II| espacio de tiempo irresoluto, dudando si, a pesar de las burlas 460 I | mucho para consultar mis dudas, con el diablo no sirven 461 II| consultando las estrellas, duerme ahora y dormirá hasta el 462 II| rumor de voces delgadas, dulces y misteriosas que hablaban 463 II| palabras con una melodía dulcísima:~Coro~ - Genios del aire, 464 II| movía el aire con un rumor dulcísimo, los sauces que inclinados 465 II| encubierto gozo.~Mientras duró la colación prolongóse esta 466 II| para ocultar a un hombre echado en tierra.~El río, que desde 467 I | cantuesos - me contestaron.~No eché en saco roto la advertencia, 468 II| notado de la comitiva y echó en busca del zagal por lo 469 II| tenía poco más o menos la edad de Constanza, y desde muy 470 I | sazón, entregado al alegre ejercicio de la caza, de las rudas 471 II| de montar su señora, él ejercitaba en los ardides de la caza 472 II| sentir que sus ideas se elaboraban con más lentitud y sus pensamientos 473 II| práctico en el oficio, antes de elegir un punto a propósito para 474 II| junto a unos chopos de copas elevadas y oscuras, a cuyo pie crecían 475 | ellas 476 II| invencible languidez que embargaba sus miembros, iba a reclinar 477 II| el haz del agua.~ - Ven a embriagarte con el perfume de las violetas 478 II| venid zumbando como un emjambre de insectos de luz y de 479 II| tentar a los simples, y si te empeñas en andarle a los talones, 480 I | haberse oído la esquililla empezaron a saltar por entre las apiñadas 481 II| tiro más seguro. Apenas empezó a escucharse ese ruido particular 482 I | cuando por lo alto de la empinada ladera y a través de los 483 II| desistiria completamente de la empresa.~ - ¡Y qué diantre! - exclamó, 484 II| por desasirse. Garcés le encaró la ballesta. pèro en el 485 II| para volver por último a encerrarse en su castillo de Veratón 486 I | la turbación y el visible encogimiento del pobre mozo, se apresuró 487 I | hasta el extremo de no encontrarse un venado en ellos ni por 488 II| para el caso de que se encontrase de manos a boca con el demonio 489 I | desliza un rayo de sol, encontré huellas recientes de los 490 I | vez a las hazas que no nos encontremos rastro, y hace tres o cuatro 491 II| de inteligencia y su mal encubierto gozo.~Mientras duró la colación 492 I | hábitos de cristiano viejo, se encuentra, sin saber cómo ni por donde , 493 I | pues de este tamaño sólo se encuentran en las hadas cuya historia 494 I | tan cerca o más que me encuentro de vosotros, oí una nueva 495 I | Tarazona no hables de tus encuentros con los corzos amigos de 496 I | entrase a más andar el día engalfados en perseguir a una res en 497 II| de un sueño fascinador y engañoso.~No obstante, pugnaba en 498 II| montero.~ - ¡Ah, condenado engendro de Satanás! - exclamó Garcés 499 I | alzada, la tez blanca , pero ennegrecida por el sol, y el cabello, 500 I | oculto, y dando unos saltos enormes por encima de los carrascales