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Gustavo Adolfo Bécquer
La corza blanca

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
enred-persu | pesad-zurro

     Capítulo
501 II| cuyos troncos subían y se enredaban las madreselvas y las campanillas 502 II| laberinto de sus árboles, y enredándose en una red de madreselvas, 503 II| que esa vaga huella del ensueño que queda, al despertar, 504 I | yo estaba oculto, cuando enteramente a mis espaldas, tan cerca 505 II| sinuosidades del Moncayo, al entrar en la cañada por la vertiente, 506 I | Azucena, que como se les entrase a más andar el día engalfados 507 II| vida, cuando de repente entreabrió los ojos sobresaltado, e 508 II| interrumpió Garcés, con voz entrecortada y disimulando en lo posible 509 I | descansaba a la sazón, entregado al alegre ejercicio de la 510 II| la gente del castillo se entregó al reposo, Garcés permaneció 511 II| danzaban en vertiginosa ronda, entrelazando caprichosamente sus manos, 512 II| antojos.~Por su mano se entretenía en afilar en los ratos de 513 II| aquel punto había estado entretenido revlviendo en su mente las 514 II| animadversión, y al decir a los envidiosos, en todos aquellos cuidados 515 II| del luminoso éter, venid envueltos en un jirón de niebla plateada.~ - 516 II| llegar, sus cabellos se erizaron de horror, las palabras 517 II| Palestina, en donde anduvo errante algunos años, para volver 518 | esas 519 II| la corza blanca, deseando escapar por el soto, se había lanzado 520 II| objeto que había de herir, se escapó de sus labios un imperceptible 521 II| menuda lluvia de perlas.~ - Escarabajos de esmeralda, luciérnagas 522 I | hermosa niña se apresuró a esconderlo, exclamando con el tono 523 II| cuando ya el sol comenzó a esconderse por detrás de las vecinas 524 II| flores extrañas que nacen escondidas en el lecho de las aguas 525 II| los ojos de su amante los escondidos tesoros de su hermosura, 526 II| jugueteaban entre sí ya escondiéndose entre la espesura, ya saliendo 527 II| próxima al lugar que servía de escondrijo al montero.~Los álamos, 528 II| seguro. Apenas empezó a escucharse ese ruido particular que 529 II| perlas.~ - Escarabajos de esmeralda, luciérnagas de fuego, mariposas 530 | esos 531 II| vira, y colocándosela a la espalda se dirigió a la poterna 532 II| dejó caer al suelo el arma, espantado a la sola idea de haber 533 II| exclamó Garcés con voz espantosa, recogiendo la ballesta 534 II| persuadirse que su señora era algo especial y no se parecia a las demás 535 II| distinguían, habíanle valido una especie de general animadversión, 536 II| Al cazador furtivo que esperaba sorprender la res lo ha 537 II| que las que os aman os esperan impacientes.~Garcés, que 538 II| con ayuda de los cuales espero en Dios y en mi patrón San 539 II| Y venid vosotros todos, espiritus de la noche, venid zumbando 540 I | personas que las que allí estaban presentes, y de rascarse 541 II| Garcés - , en cuanto a eso, estad segura que como yo la topase 542 I | juicio que tienes, y pues ya estás provisto de los evangelios, 543 II| superficie. En tanto que éstas permanecían recostadas aún 544 | éste 545 I | carne de jabalí, y en el estómago un valiente trago de vino 546 | éstos 547 I | explicaciones sobre el asunto.~Estrechado, sin embargo, por las interrogaciones 548 II| aguarda el día consultando las estrellas, duerme ahora y dormirá 549 II| perfume de las flores y estremeciéndose ligeramente al contacto 550 I | prorrumpieron en una carcajada estrepitosa. De los primeros en comenzar 551 II| su amante. Una sonora y estridente carcajda vino a sacarle 552 I | el pastor refiriese sus estupendas aventuras, decidióse éste 553 I | una expresión asoombrada y estúpida.~ - Me sucede una cosa muy 554 I | chopos. Durante toda ella estuve oyendo por acá y por allá, 555 II| sificiente para que las corzas estuvieran ya dentro del río, a fin 556 I | inmediato soto; y cuando todo estuvo a punto, hizo seña a los 557 II| habitadores del luminoso éter, venid envueltos en un jirón 558 I | contestar de una manera evasiva, como deseando evitar explicaciones 559 I | manera evasiva, como deseando evitar explicaciones sobre el asunto.~ 560 II| de Constanza, la extraña exaltación de sus ideas, sus extravagantes 561 II| gran rato de acá para allá examinando las trochas y las veredas 562 I | se apresuró a esconderlo, exclamando con el tono más natural 563 II| un relámpago?.~ - ¡Oh! - exclamo Garcés - , en cuanto a eso, 564 I | parte vuestras continuas excursiones, y por otra el dale que 565 II| verdad que la corza blanca existe. A más de Esteban, lo dan 566 II| refiere a ese simple no existirá algo de verdad?», prosiguió 567 II| práctico en esta clase de expediciones nocturnas.~A medida que 568 II| poco las ramas, y no sin experimentar algún sobresalto, vio aparecer 569 II| Constanza, herida por su mano, expiraba allí a su vista, revolcándose 570 II| una melodía después que ha expirado temblando la última nota. 571 I | evasiva, como deseando evitar explicaciones sobre el asunto.~Estrechado, 572 I | sucede una cosa muy extraña - explicó Esteban - cuando, después 573 I | volvía a su alrededor con una expresión asoombrada y estúpida.~ - 574 II| servicio de don Dionís, la exquisita solicitud de Garcés y el 575 I | aire como gritos y cantares extraños, carcajadas y tres o cuatro 576 I | A propósito de aventuras extraordinarias - exclamó al verle uno de 577 I | del mundo, y fingiendo un extraordinario interés por conocer los 578 II| exaltación de sus ideas, sus extravagantes caprichos, sus nunca vistas 579 I | en estos montes, hasta el extremo de no encontrarse un venado 580 II| adulador y rastrero. No faltaban, sin embargo, algunos que 581 II| Constanza - , personadme si he faltado un momento a mi obligación: 582 II| un antiguo servidor de la familia, y por tanto el más querido 583 II| no debiese estar ya muy familiarizado un cazador práctico en esta 584 I | en su torre señorial un famoso caballero llamado don Dionís, 585 II| bosquejase con los colores de la fantasía una escena semejante a la 586 II| estas cosas no eran más que fantasmagorías del diablo! - exclamó entonces 587 II| color destacaba como una fantástica luz sobre el oscuro fondo 588 II| de una vez el encanto que fascinaba sus sentidos, separó con 589 II| la influencia de un sueño fascinador y engañoso.~No obstante, 590 I | de la caza, de las rudas fatigas de los combates.~Aconteció 591 I | caballero, hallándose en su favorita diversión acompañado de 592 II| de la caza a sus lebreles favoritos y amaestraba a sus halcones, 593 II| los cuales compraba en las ferias de Castilla caperuzas rojas 594 II| apenas tomaba parte en la fiesta, «pero, ¿quién dice que 595 II| a otro, sin saber dónde fijarse, hasta que, sentado bajo 596 I | dirigirse a la cañada, allá al filo de la medianoche me rindió 597 I | Dionís, que a pesar de su fingida circunspección no pudo por 598 I | más señoril del mundo, y fingiendo un extraordinario interés 599 II| un instante sus sentidos, fingiéndole músicas, rumores y palabras, 600 I | era Esteban en cuanto al físico, respecto a su moral, podía 601 II| flor a medio abrir, cuyo flexible talle más bien se adivinaba 602 II| ligeramente inclinada como una floir que se rinde al peso de 603 II| los espíritus.~Mientras flotaban en el aire las suaves notas 604 II| que derramaba en torno su flotante sombra, dejaba penetrar 605 II| rubia entre las verdes y flotantes hojas de un planta acuática, 606 II| formaban un espeso muro de follaje alrededor del remanso del 607 II| rumores y palabras, ni en la forma de las corzas, ni en sus 608 I | a un pequeño rellano que formaba el monte en el sitio donde 609 I | diecinueve a veinte años, fornido, con la cabeza pequeña y 610 II| el montero - ; pero por fortuna, esta vez ha andado un poco 611 I | de curiosidad picada.~ - ¡Friolera! - añadió el montero en 612 II| primer rayo del sol entre las frondas de una alameda.~Este extraño 613 II| El viento, agitando los frondosos pabellones de verdura que 614 II| continuo dispusiéron una frugal colocación y sentóse con 615 II| esmeralda, luciérnagas de fuego, mariposas negras, ¡venid!~ - 616 I | vuelven en bandadas de la fuente con sus cántaros a la cabeza.~ 617 II| mariposas.~ - Larvas de las fuentes, abandonad el lecho de musgo 618 II| de los cercanos montes.~A fuer de buen cazador y práctico 619 I | los últimos en dejarlo , fueron don Dionís, que a pesar 620 | fuese 621 I | advertencia, y aquella noche misma fui a apostarme entre los chopos. 622 I | le das de los cazadores furtivos, que ya con trampa o con 623 I | zagal daba de beber a su ganado, y le condujo a presencia 624 II| salto los matorrales, cuál ganando a todo correr la trocha 625 II| palabras se anudaron en su garganta y tuvo que agarrarse al 626 I | el remedio: paternoster y garrotazo.~El zagal, después de guardarse 627 I | veces, no me será inútil el garrote.~ - Pero vamos - apremió 628 II| objetos como a través de una gasa azul.~Las corzas habían 629 II| no todavía cómo las gasta: pero conmigo os juro que 630 II| misma en que sonaban los gemidos. Llegó al fin; pero al llegar, 631 II| saluda con alguna risa del género de la que oyó Esteban, o 632 II| melodía dulcísima:~Coro~ - Genios del aire, habitadores del 633 II| había tenido por madre una gitana. Lo cierto que pudiera haber 634 II| el agua cuando se bate a golpes o se agita con violencia, 635 II| se rinde al peso de las gotas de rocío, y aquellas voluptuosas 636 II| entre las sombras.~ - Ven a gozar de la noche, que es el día 637 II| inteligencia y su mal encubierto gozo.~Mientras duró la colación 638 I | dejarle en paz, siendo lo más gracioso del caso que en más de una 639 I | recostado sobre la menuda grama a la sombra de una chopera, 640 I | extraordinaria blancura le habían granjeado el sobrenombre de la Azucena, 641 II| y con una desesperante gravedad a través de la que se adivinaba 642 I | las ráfagas de aire como gritos y cantares extraños, carcajadas 643 I | la nariz roma, los labios gruesos y entreabiertos, la frente 644 II| don Dionís mandó volver grupas a su gente para tornar al 645 II| placer por el soto, formando grupòs pintorescos, y entraban 646 I | garrotazo.~El zagal, después de guardarse en el zurrón un medio pan 647 I | alrededor de la cara, en guedejas ásperas y rojas semejantes 648 I | haber servido a su rey en la guerra contra infieles, descansaba 649 I | como la blanca que las iba guiando, no arrojaban bramidos al 650 I | una esquililla a las del guión de un rebaño.~En efecto, 651 II| varios pastores, que juran haberla visto más de una vez, y 652 II| armó su ballesta, no sin haberle hecho antes la señal de 653 II| corza blanca bien puede haberlka, puesto que, si se ha de 654 I | era así, pues a poco de haberse oído la esquililla empezaron 655 II| señores le distinguían, habíanle valido una especie de general 656 II| Constanza, y desde muy niño habíase acostumbrado a prevenir 657 II| cortinas del lecho, no ha habido nunca imaginaciones de veinte 658 I | concluido - sino que otra vez, habiéndome colocado en otro escondite 659 II| Constanza se retiraron a sus habitaciones, y toda la gente del castillo 660 II| Coro~ - Genios del aire, habitadores del luminoso éter, venid 661 I | se puede colegir de sus hábitos de cristiano viejo, se encuentra, 662 I | ni por un ojo de la cara.~Hablaba yo de esto mismo en el lugar, 663 II| que un juglar, aunque me hablara, no ya en romance, sino 664 I | del preste de Tarazona no hables de tus encuentros con los 665 II| contribuido a dar pábulo a las hablillas de sus convecino , y aun 666 I | sí las burlas que han de hacerle y después que estas burlas 667 I | es poco, y el cual puede haceros pasar un rato divertido 668 | haces 669 II| entraban y salían en el agua, haciéndola saltar en chispas luminosas 670 I | sólo se encuentran en las hadas cuya historia nos refieren 671 I | amigos de burlas, no sea que haga el diablo que al fin pierdas 672 II| revlviendo en su mente las más halagüeñas imaginaciones, comenzó a 673 II| favoritos y amaestraba a sus halcones, a los cuales compraba en 674 II| seguían, el punto donde se hallaban las corzas.~Hecho el cálculo, 675 I | honda del sitio en que nos hallamos, y en una unbría de los 676 I | una vez a este caballero, hallándose en su favorita diversión 677 I | señalado con la cruz, ni hallarse en relaciones con el demonio 678 I | nadie, ni por nada, pero lo haré hoy por satisfacer a vuestra 679 II| ramas de los sauces sobre el haz del agua.~ - Ven a embriagarte 680 I | no bajamos una vez a las hazas que no nos encontremos rastro, 681 II| relámpago, riéndose de la burla hecha al montero.~ - ¡Ah, condenado 682 II| caer a tierra.~Constanza, herida por su mano, expiraba allí 683 II| mismo punto en que iba a herirla, la corza se volvió hacia 684 I | espaldas, pero por más que hice todo ojos, la verdad es 685 II| topase de ballesta, aunque me hiciese más monos que un juglar, 686 II| de roca y un corazón de hielo para permanecer impasible 687 I | de reunir sus recuerdos o hílvanar su discurso, que al fin 688 II| con delicioso abandono e hiriendo el suelo con el pie en alternada 689 I | maravillosa que ha poseído hom,bre alguno, a no ser Salomón, 690 I | del sol, y su atillo al hombro en la punta de un palo, 691 II| monte, hasta caer en una hondura próxima al lugar que servía 692 II| con lentitud por el ancho horizonte, estaba inmóvil y como suspendida 693 II| cabellos se erizaron de horror, las palabras se anudaron 694 I | ni por nada, pero lo haré hoy por satisfacer a vuestra 695 II| paises remotos. El único que hubiera podido decir algo acerca 696 II| hermosura de Constanza. Hubiérase necesitado un pecho de roca 697 II| no era más que esa vaga huella del ensueño que queda, al 698 II| de sus nocturnos juegos, huían espantadas de su presencia, 699 II| sobre la limpia corriente humedecían en ella las puntas de sus 700 II| desvanecióse todo como el humo, y al bullicioso tropel 701 I | rienda suelta a su buen humor prorrumpieron en una carcajada 702 I | con la cabeza pequeña y hundida entre los hombros, los ojos 703 I | I~En un pequeño lugar de Aragón , 704 I | aquella turba de locuelas, iban a salir de la espesura a 705 II| arma, espantado a la sola idea de haber podido herir a 706 I | proveerá a todo.~Firme en esta ídea, había decidido no volver 707 II| asombro.~La luna, que había ido remontándose con lentitud 708 I | sentado en el porche de la iglesia,m donde después de acabada 709 II| II~Entre los monteros de Don 710 II| sueños de la mañana, ricos en imágenes risueñas y voluptuosas, 711 II| y satisfecha que pudiera imaginarse.~ - Perdonadme señora - 712 I | vamos - apremió don Dionís, impaciente al escuchar las digresiones 713 II| las que os aman os esperan impacientes.~Garcés, que permanecía 714 II| de hielo para permanecer impasible un día y otro al lado de 715 II| escapó de sus labios un imperceptible e involuntario grito de 716 II| sopor en que parecía estar impregnada la Naturaleza toda, el enamorado 717 II| que desechaba la primera impresión, Garcés comenzó a comprenderlo 718 II| del que vuelve en sí de improvisto después de un sueño profundo.~ 719 II| corazón, y obedeciendo a un impulso más poderoso que su voluntad, 720 II| saliendo del estado de incertidumbre en que se encontraba - . 721 I | pequeños y azules, la mirada incierta y torpe como la de los albinos, 722 II| lánguida cabeza, ligeramente inclinada como una floir que se rinde 723 II| dulcísimo, los sauces que inclinados sobre la limpia corriente 724 I | espíritus malignos tornan a incomodarle ya sabes el remedio: paternoster 725 I | palabras que dejo referidas, me incorporé con prontitud para sorprender 726 I | ojos, según dejo dicho, me incorporè con sumo cuidado, y poniendo 727 II| los ojos sobresaltado, e incorporóse a medias lleno aún de ese 728 II| riéndose interiormente de su incredulidad y su miedo, desde aquel 729 II| ballesta con una rapidez indecible - , pronto has cantado victoria 730 II| tomaban formas más leves e indecisas.~Cosa de dos horas o tres 731 I | molestarme en castigo de mi indiscreción, buenos evangelios llevo 732 I | otro escondite por donde indudablemente habían de pasar kis ciervos 733 I | rey en la guerra contra infieles, descansaba a la sazón, 734 II| sentidos, y creíase bajo la influencia de un sueño fascinador y 735 I | paciendo sueltas por el inmediato soto; y cuando todo estuvo 736 II| superficie de las aguas inmóviles y profundas.~Oculto tras 737 I | señores reían a sabor de sus inocentadas, él tornaba la vista a un 738 I | parecía todo turbado e inquieto; mientras los señores reían 739 I | monteros, notando la creciente inquietud del pobre mozo, que ya fijaba 740 I | acontece a ese pobre diablo? - inquirió don Dionís con aire de curiosidad 741 II| zumbando como un emjambre de insectos de luz y de oro.~ - Venid, 742 II| aprovechado aquellos cortos instantes para acabarse de desenredar 743 I | Al decir esto, el mozo, instintivamente, y al parecer buscando un 744 II| al punto en que según las instrucciones de Esteban, debía aguardar 745 II| burlas con sus miradas de inteligencia y su mal encubierto gozo.~ 746 I | parecía la más curiosa e interesada en que el pastor refiriese 747 II| comprenderlo así, y riéndose interiormente de su incredulidad y su 748 I | Estrechado, sin embargo, por las interrogaciones de su señor y por los ruegos 749 I | chopera, prosiguió adelante la interrumpida caza.~ 750 II| pobre Esteban.~ - Señora - interrumpió Garcés, con voz entrecortada 751 II| sombra, dejaba penetrar a intervalos un furtivo rayo de luz, 752 II| el mismo Garcés, que tan intimamente la trataba, había llegado 753 II| el soto, abrillantaba la intranquila superficie del rio y hacía 754 II| zagal por lo más espeso e intrincado del monte.~La noche había 755 II| cielo. Su dulce claridad inundaba el soto, abrillantaba la 756 I | otras veces, no me será inútil el garrote.~ - Pero vamos - 757 II| las corzas Garcés esperó inútilmente un gran espacio de tiempo.~ 758 II| nota. Y dominado por la invencible languidez que embargaba 759 II| niebla plateada.~ - Silfos invisibles, dejad el cáliz de los entreabiertos 760 II| labios un imperceptible e involuntario grito de asombro.~La luna, 761 I | tres o cuatro días, sin ir más lejos, una manada que, 762 II| que se adivinaba toda la ironía de sus palabras, comenzó 763 II| largo espacio de tiempo irresoluto, dudando si, a pesar de 764 I | blanco y un trozo de carne de jabalí, y en el estómago un valiente 765 II| semejantes a manojos de jazmines, y aquellos pies diminutos, 766 II| joven montero mientras que, jinete en un poderoso alazán, seguía 767 II| éter, venid envueltos en un jirón de niebla plateada.~ - Silfos 768 I | dejan res a vida en veinte jornadas al contorno, habían no hace 769 II| formaban, unas corriendo, jugando y persiguiéndose con alegres 770 II| hiciese más monos que un juglar, aunque me hablara, no ya 771 II| deteniéndose como a escuchar otras, jugueteaban entre sí ya escondiéndose 772 II| más ágil, más linda, más juguetona y alegre que todas, saltando, 773 I | que al fin pierdas el poco juicio que tienes, y pues ya estás 774 | junto 775 I | que, según él afirma, y lo jura y lo perjura por todo lo 776 II| otros varios pastores, que juran haberla visto más de una 777 I | unas carcajadas cuyo eco juraría que aún me está sonando 778 II| las gasta: pero conmigo os juro que todo podrá hacer menos 779 I | dejarle andar; que Dios que es justo y está allá arriba, proveerá 780 II| vida bastante azarosa en su juventud, y después de combatir largo 781 I | lejos, una manada que, a juzgar por la huellas, debía de 782 I | indudablemente habían de pasar kis ciervos para dirigirse a 783 I | algunos peones de los que labran la tierra de Veratón, cuando 784 I | por lo alto de la empinada ladera y a través de los alternados 785 I | el punto de saltarle las lágrimas a los ojos.~El zagal, por 786 II| Garcés, al percibir aquellos lamentos angustiosos. ¡Dios mío, 787 II| cuello airoso que sostenía su lánguida cabeza, ligeramente inclinada 788 II| dominado por la invencible languidez que embargaba sus miembros, 789 II| escapar por el soto, se había lanzado entre el laberinto de sus 790 II| oscuros y sombreados de largas pestañas, que apenas bastaban 791 II| uncidas las mariposas.~ - Larvas de las fuentes, abandonad 792 II| no ya en romance, sino en latín, como el abad de Munilla, 793 II| ardides de la caza a sus lebreles favoritos y amaestraba a 794 II| Moncayo llamábanla en veinte leguas a la redonda, y bien merecía 795 II| acompañó a don Dionís en sus lejanas peregrinaciones, era el 796 II| dejarse sentir, bien que el lejano murmullo del agua, el penetrante 797 I | dice que sabía hasta el lenguaje de los pájaros.~¿Y a qué 798 II| pie crecían unas matas de lentisco, altas lo bastante para 799 II| rompiendo la corriente con el levantado seno; otras, sumergiéndose 800 II| regocijo; de modo que cuando se levantaron los paños, y don Dionís 801 II| violencia, Garcés comenzó a levantarse poquito a poco y con las 802 I | su casperuza calada para libertarse la cabeza de los perpendiculares 803 II| acababan de despojarse de las ligeras túnicas que aún ocultaban 804 II| salvando los matorrales con ligereza increíble unas veces deteniéndose 805 II| ayudaban a despojarse de sus ligerísimas vestiduras, creyó ver el 806 II| tesoro de sus formas.~En esos ligeros y cortados sueños de la 807 II| compañeras, más ágil, más linda, más juguetona y alegre 808 II| cáliz de los entreabiertos lirios y venid en vuestros carros 809 I | montero, Constanza, que así se llamaba la hermosa hija de don Dionís, 810 I | bramido de los ciervos que se llamaban unos a otros, y de vez en 811 II| La Azucena del Moncayo llamábanla en veinte leguas a la redonda, 812 II| bramidos con que parecían llamarse, había nada con que no debiese 813 II| completo cuando don Dionís llegaba a las puertas de su castillo. 814 I | que estas burlas se han llevado a término, ha oído las ruidosas 815 I | al romper el día, cuando llevé a los corderos al agua, 816 I | indiscreción, buenos evangelios llevo cosidos a la pelliza y con 817 II| verdad!~Y fuera de sí, como loco, sin darse cuenta apenas 818 I | paso a aquella turba de locuelas, iban a salir de la espesura 819 II| por detrás de las vecinas lomas y don Dionís mandó volver 820 II| Escarabajos de esmeralda, luciérnagas de fuego, mariposas negras, ¡ 821 II| haciéndola saltar en chispas luminosas sobre las flores de la margen 822 II| del aire, habitadores del luminoso éter, venid envueltos en 823 I | el porche de la iglesia,m donde después de acabada 824 II| alabastro, había tenido por madre una gitana. Lo cierto que 825 II| Sin duda soñaba con las majaderías que nos refirió el zagal», 826 I | aunque un tanto suspicaz y malicioso, como buen rústico.~Una 827 II| algunos que más avisados o maliciosos, creyeron sorprender en 828 I | cañada. Si los espíritus malignos tornan a incomodarle ya 829 I | días, sin ir más lejos, una manada que, a juzgar por la huellas, 830 II| vecinas lomas y don Dionís mandó volver grupas a su gente 831 II| aquellas manos semejantes a manojos de jazmines, y aquellos 832 I | roca en roca con un ruido manso y agradable.~Haría cosa 833 II| deliciosa música, Garcés se mantuvo inmóvil. Después que se 834 II| de las transformaciones maravillosas.~ - Venid, que las que os 835 II| rodeaba algo de sobrenatural y maravilloso, la verdad del caso era 836 II| incomparable Constanza.~Marchando de sorpresa en sorpresa, 837 II| mercedes el feudo del Moncayo marchóse a Palestina, en donde anduvo 838 II| saetas de su ballesta de marfil, él domaba los potros que 839 | mas 840 II| profundas.~Oculto tras los matojos, con el oído atento al más 841 II| en que se encontraba - . Mayor mal del que me ha sucedido 842 II| poquito a poco y con las mayores precauciones, apoyándose 843 II| nuestros pasos.~ - Ven a mecerte en las ramas de los sauces 844 II| suelto sobre los hombros mecíase suspendida de la rama de 845 I | cañada, allá al filo de la medianoche me rindió un poco el sueño , 846 II| sobresaltado, e incorporóse a medias lleno aún de ese estupor 847 II| expediciones nocturnas.~A medida que desechaba la primera 848 II| carácter tan pronto retraído y melancólico como bullicioso y alegre 849 II| acostumbrado a prevenir al menor de sus deseos y adivinar 850 II| Esteban, que es un completo mentecato», decía entre sí el joven 851 II| cual recabó entre otras mercedes el feudo del Moncayo marchóse 852 II| leguas a la redonda, y bien merecía este sobrenombre, porque 853 II| sentóse con su hija en la mesa.~ - Y Garcés ¿dónde está? - 854 II| languidez que embargaba sus miembros, iba a reclinar de nuevo 855 II| después de terminar este minucioso reconocimiento del lugar 856 II| nocturnas y de corzas blancas; mira que el diablo ha en la flor 857 II| reforzaban las burlas con sus miradas de inteligencia y su mal 858 I | donde después de acabada la misa del domingo solía reunirme 859 | mismas 860 II| el astro protector de los misterios brilla en la plenitud de 861 II| podido decir algo acerca del misterioso origen de Constanza, pues 862 II| al oír aquellos cantares misteriosos que el áspid de los celos 863 I | toma en cuenta y torna a molestarme en castigo de mi indiscreción, 864 II| que, prescindiendo de la momentánea alucinación que turbó un 865 II| tiempo bajo la conducta del monarca aragonés del cual recabó 866 II| ballesta, aunque me hiciese más monos que un juglar, aunque me 867 II| los potros que había de montar su señora, él ejercitaba 868 I | al físico, respecto a su moral, podía asegurarse sin temor 869 II| el áspid de los celos le mordía el corazón, y obedeciendo 870 I | seguro como que me he de morrir..., dijo... claro y distintamente, 871 II| la cual también parecía mostrarse un tanto distraida y silenciosa, 872 I | de la tarde comenzaba a mover las hojas de los chopos 873 I | de vez en cuando sentía moverse el ramaje a mis espaldas, 874 II| álamos, cuyas plateadas hojas movía el aire con un rumor dulcísimo, 875 I | percibir que las ramas se movían a mi alrededor. Abrí los 876 I | sonrisa.~Era Esteban un muchacho de diecinueve a veinte años, 877 | muchas 878 II| antes de tres días, viva o muerta, os la traeré al castillo.~ - ¡ 879 II| Garcés, y este había ya muerto hacía bastante tiempo, sin 880 I | había referido, le hizo una multitud de preguntas, a las que 881 II| en latín, como el abad de Munilla, no se iba sin un arpón 882 I | través de los alternados murmullos del viento que agitaba las 883 II| entre los señores comarcanos murmurábase que la hermosa castellana 884 II| que pudiera haber en estas murmuraciones nadie pudo nunca decirlo, 885 II| fuentes, abandonad el lecho de musgo y caed sobre nosotras en 886 II| tierra.~El río, que desde las musgosas rocas donde tenía el nacimiento, 887 II| notas de aquella deliciosa música, Garcés se mantuvo inmóvil. 888 II| sus sentidos, fingiéndole músicas, rumores y palabras, ni 889 II| venid en vuestros carros de nácar, a los que vuelan uncidas 890 II| esas flores extrañas que nacen escondidas en el lecho de 891 II| Veratón con una hija pequeña, nacida sin duda en aquellos paises 892 I | es el caso que, sin haber nacido en Viernes Santo, ni estar 893 II| musgosas rocas donde tenía el nacimiento, venía siguiendo las sinuosidades 894 I | atender al efecto que su narración había producido, parecía 895 II| parecía estar impregnada la Naturaleza toda, el enamorado mozo 896 I | anda más tonto que lo que naturalmentre lo hizo Dios, que no es 897 II| de Constanza. Hubiérase necesitado un pecho de roca y un corazón 898 II| luciérnagas de fuego, mariposas negras, ¡venid!~ - Y venid vosotros 899 II| tener los ojos y las cejas negros como la noche, siendo blanca 900 II| envueltos en un jirón de niebla plateada.~ - Silfos invisibles, 901 I | le rodeaban, la hermosa niña se apresuró a esconderlo, 902 | ninguna 903 | ninguno 904 II| de Constanza, y desde muy niño habíase acostumbrado a prevenir 905 II| adoraciones; la hija del noble don Dionís, la incomparable 906 II| sorpendidas en lo mejor de sus nocturnos juegos, huían espantadas 907 I | apresuró a saludarle por su nombre, acompañando el saludo con 908 | nosotras 909 II| expirado temblando la última nota. Y dominado por la invencible 910 I | corderos.~Como a esta sazón notábase don Dionís que entre unas 911 II| castillo, separóse sin ser notado de la comitiva y echó en 912 II| flotaban en el aire las suaves notas de aquella deliciosa música, 913 | nuestros 914 II| le mordía el corazón, y obedeciendo a un impulso más poderoso 915 II| del rio y hacía ver los objetos como a través de una gasa 916 II| faltado un momento a mi obligación: pero allá de donde vengo 917 II| por decirlo así, el tema obligado del general regocijo; de 918 I | orilla de este rio, como obra de dos tiros de honda del 919 I | del caso que en más de una ocasión los ha sorpendido concertando 920 II| en afilar en los ratos de ocio las agudas saetas de su 921 II| convulsa el ramaje que le ocultaba, y de un solo salto se puso 922 II| ligeras túnicas que aún ocultaban a la codiciosa vista el 923 II| altas lo bastante para ocultar a un hombre echado en tierra.~ 924 II| creyó ver el objeto de sus ocultas adoraciones; la hija del 925 II| bosquecillo, sin velo alguno que ocultase a los ojos de su amante 926 II| caballo, como aquí, sólo me ocupaba en serviros.~ - ¿En servirme? - 927 II| desde aquel instante sólo se ocupó en averiguar, teniendo en 928 II| corza blanca. A cada nueva ocurrencia de su padre, Constanza fijaba 929 II| cazador y práctico en el oficio, antes de elegir un punto 930 II| viva una corza blanca para ofrecérsela a mi señora!»~Asi pensando 931 II| escena semejante a la que se ofrecía en aquel punto a los ojos 932 I | aún me está sonando en los oídos en este momento.~ - ¡Bah!....¡ 933 I | tanto que no abriese los ojhos en el mismo punto en que 934 II| infinitos círculos de luz de las ondas.~Otra allá, con el cabello 935 II| amanecer.~ - Reina de las ondinas, sigue nuestros pasos.~ - 936 I | a descender a la orilla opuesta del riachulo, hasta unos 937 II| algo acerca del misterioso origen de Constanza, pues acompañó 938 II| sendereado mozo los consejos más originales del mundo, para el caso 939 II| sauces que sombreaban sus orillas, o jugueteando con alegre 940 II| chopos de copas elevadas y oscuras, a cuyo pie crecían unas 941 II| silbando y fue a perderse en la oscuridad del soto, en el fondo del 942 II| fantástica luz sobre el oscuro fondo de los árboles.~Aunque 943 II| suyos eran aquellos ojos oscuros y sombreados de largas pestañas, 944 I | Durante toda ella estuve oyendo por acá y por allá, tan 945 II| hasta que, sentado bajo un pabellón de verdura que parecía servirle 946 II| agitando los frondosos pabellones de verdura que derramaba 947 II| habían contribuido a dar pábulo a las hablillas de sus convecino , 948 II| pero deseando apurar su paciencia hasta lo último, tornó a 949 I | caballerías que andaban paciendo sueltas por el inmediato 950 II| crédito a las cantigas del país, San Humberto, patrón de 951 II| nacida sin duda en aquellos paises remotos. El único que hubiera 952 II| los otros monteros, los pajes y la gente menuda del servicio 953 II| alazán, seguía a paso el palafrén de Constanza, la cual también 954 I | orden de su señor uno de los palafreneros, despidióse de don Dionís 955 II| feudo del Moncayo marchóse a Palestina, en donde anduvo errante 956 I | pequeñitos como la mitad de la palma de mi mano, sin ponderación 957 I | hombro en la punta de un palo, apareció el zagal que los 958 I | guardarse en el zurrón un medio pan blanco y un trozo de carne 959 II| cuando se levantaron los paños, y don Dionís y Constanza 960 I | tafilete amarillo, pero como al par de Esteban bajasen también 961 II| todas, saltando, corriendo, parándose y tornando a correr, de 962 | parecer 963 II| era algo especial y no se parecia a las demás mujeres.~Presente 964 II| cortos bramidos con que parecían llamarse, había nada con 965 I | los trovadores.~ - Pues no paro aqui la cosa - continuó 966 II| vistas costumbres, hasta la particularidad de tener los ojos y las 967 II| dejó volar la saeta, que partió silbando y fue a perderse 968 II| cuenta apenas de lo que le pasaba, corrió en la dirección 969 I | las horas del calor eran pasadas y el vientecillo de la tarde 970 II| de la noche, que ya había pasado de la mitad, comenzara a 971 II| pensando y discurriendo pasó Garcés la tarde, y cuando 972 II| por seguro otros varios pastores, que juran haberla visto 973 I | incomodarle ya sabes el remedio: paternoster y garrotazo.~El zagal, después 974 I | de ojo para no dejarle en paz, siendo lo más gracioso 975 II| Hubiérase necesitado un pecho de roca y un corazón de 976 II| comparables sólo con dos pedazos de nieve que el sol no ha 977 I | voltear la honda para reunir a pedradas los corderos.~Como a esta 978 I | evangelios llevo cosidos a la pelliza y con su ayuda creo que, 979 II| lejano murmullo del agua, el penetrante aroma de las flores sílvestres 980 II| flotante sombra, dejaba penetrar a intervalos un furtivo 981 II| elaboraban con más lentitud y sus pensamientos tomaban formas más leves 982 I | breves huellas de unos pies pequeñitos como la mitad de la palma 983 I | de los árboles, comenzó a percibirse, cada vez más cerca, el 984 II| partió silbando y fue a perderse en la oscuridad del soto, 985 I | agruparan los corderos, que no perdía de vista y comenzaba a desparramarse 986 II| que pudiera imaginarse.~ - Perdonadme señora - rogó, dirigiéndose 987 II| don Dionís en sus lejanas peregrinaciones, era el padre de Garcés, 988 I | que le conocían, que era perfectamente simple, aunque un tanto 989 I | con sus monteros sobre las peripedias del día, y refiriéndose 990 I | él afirma, y lo jura y lo perjura por todo lo más sagrado 991 II| nosotras en menuda lluvia de perlas.~ - Escarabajos de esmeralda, 992 II| un corazón de hielo para permanecer impasible un día y otro 993 II| impacientes.~Garcés, que permanecía inmóvil, sintió al oír aquellos 994 II| entregó al reposo, Garcés permaneció un largo espacio de tiempo 995 II| Garcés le encaró la ballesta. pèro en el mismo punto en que 996 I | libertarse la cabeza de los perpendiculares rayos del sol, y su atillo 997 I | andar el día engalfados en perseguir a una res en el monte de 998 II| unas corriendo, jugando y persiguiéndose con alegres risas por entre 999 II| dirigiéndose a Constanza - , personadme si he faltado un momento 1000 II| mucha calma, y en la firme persuación de que cuando había creído


enred-persu | pesad-zurro

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