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| Gustavo Adolfo Bécquer La promesa IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Capítulo
1 I | pan a su mesa. Si hoy le abandono, mañana sus hombres de armas 2 IV | le escuchaban con la boca abierta apresurándose a comprarle 3 II | rastrillos, mientras se abrían de par en par, y gimiendo 4 III| invisible que os atormenta. Abrís los ojos y vuestro terror 5 I | minutos, durante los cuales se acabó de borrar el rastro de luz 6 II | menuda del servicio de las acémilas.~Luego, envueltos en la 7 I | imposible!~Después, acercándose a la desconsolada niña y 8 IV | estribillo.~El conde se acercó al grupo y prestó atención. 9 IV | de la hueste, entre las aclamaciones de la multitud, pasmada 10 IV | o guzla árabe con que se acompañaba en la relación de sus romances. 11 IV | palabras.~El conde de Gómara, acompañado de su fiel escudero, atravesó 12 IV | mucha calma, mientras su acompañante daba la vuelta al corro 13 II | de algunas personas que acudieron a socorrerla. Era Margarita, 14 III| hechos sobrenaturales. ¿Te acuerdas del día de nuestro encuentro 15 II | picas y provistos de sendas adargas de cuero. Tras éstos no 16 III| previene mis deseos y se adelanta a mis acciones. La he visto, 17 IV | un momento de ocio para aderezar y componer sus armas rotas 18 IV | formaban el romero y sus admiradores, comenzaba éste a templar 19 IV | gigantesca atalaya, sobre cuyo aéreo pretil lanzaban chispas 20 IV | ha conocido, ~con grande aflicción gemía: ~«¡Ay de mí, que 21 III| ilusión. Vi una mano que, agarrándole de la brida, lo detuvo con 22 IV | somnámbulo, cuyo espíritu se agita en el mundode los sueños, 23 II | armas.~La multitud corrió a agolparse en los ribazos del camino 24 II | todo el campo de Gómara la aguda trompetería de los soldados 25 II | dejó de herir el viento al agudo clamor de la formidable 26 III| banquetes donde procuraba ahogar mi pena entre la confusión 27 IV | del campo, llenando los aires de mil y mil ruidos discordes, 28 | ajena 29 I | galope por el fondo de la alameda.~Margarita siguió a Pedro 30 II | cielo la primera luz del alba, cuando empezó a oírse por 31 III| antes en Écija, Carmona y Alcalá del Río de Guadaira, donde, 32 IV | repiten de unos en otros los aldeanos del campo de Gómara, y se 33 I | más me entristece que me alegra ver irse a los que acaso 34 I | has de venir compuesta y alegre; así no dirán las gentes 35 I | lágrimas me hacen daño. Voy a alejarme de ti; mas yo volveré después 36 I | los árboles del soto y se alejó al galope por el fondo de 37 IV | santos.~En las inmensas alforjas que colgaban de sus hombros 38 | alguna 39 | algunas 40 III| los moros de Nebrija en el aljarafe de Triana? Éramos pocos. 41 V | gente del país dice que alli está enterrada Margarita.~ 42 IV | flanqueados de torres, almenadas y fuertes. Por cima de la 43 IV | Por cima de la corona de almenas rebosaba la verdura de los 44 IV | otras muchas baratijas de alquimia, de vidrio y plomo.~Cuando 45 IV | le respondió éste sin alterarse.~ - ¿Y dónde has aprendido 46 II | misterioso amante en el muy alto y muy temido señor conde 47 IV | ofendida por un poderoso. Altos juicios de Dios han permitido 48 IV | el luminoso horizonte, se alzaban los muros de Sevilla, flanqueados 49 IV | brocatel, secretos para hacerse amar de todas las mujeres, reliquias 50 IV | voces de los mercaderes ambulantes, el golpear del hierro contra 51 I | brazos de su amante. Después añadió, con acento más sordo y 52 IV | oído el rumor más leve. Andaba maquinalmente, a la manera 53 I | al conde, que se marcha a Andalucía.~ - A mí más me entristece 54 III| del día, os oigo suspirar angustiado, y si corro a vuestro lecho, 55 I | rompió al fin aquel silencio angustioso, exclamando con voz sorda 56 IV | guerreras una vida y una animación imposible de pintar con 57 IV | atravesó por entre los animados grupos sin levantar los 58 III| de mis manos, y el fogoso animal corría llevándome a una 59 IV | pensamientos que embargaban su ánimo. Según había enunciado el 60 V | Al pie de unos árboles añosos y corpulentos hay un pedacito 61 III| de pie, le hablaba el más antiguo de los escuderos de su casa, 62 IV | se decía. ~El escudero le anuncia ~que a la guerra se partía. ~« 63 IV | alguna de las baratijas que anunciaba a voces y con hiperbólicos 64 IV | el escudero tan extraño anuncio, pugnó por arrancar a su 65 I | Los rumores del campo se apagaban; el viento de la tarde dormía 66 II | Tras éstos no tardaron en aparecer los aparejadores de las 67 I | y unas tras otras fueron apareciendo las mayores estrellas.~Pedro 68 II | los escuderos de su casa, apareció el conde.~Al verle, la multitud 69 II | tardaron en aparecer los aparejadores de las máquinas, con sus 70 IV | muro de curiosos, que se apartaban con respeto al reconocerle, 71 III| cerrando sus escuadrones, apoyaban en tierra el cuento de sus 72 III| mismo, mírala, mírala aquí, apoyada suavemente en mis hombros.~ 73 IV | alterarse.~ - ¿Y dónde has aprendido ese romance? ¿A quién se 74 IV | escuchaban con la boca abierta apresurándose a comprarle alguna de las 75 IV | metal; allí algunos peones aprovechaban un momento de ocio para 76 III| le decía - .¿Qué mal os aqueja y consume? Triste vais al 77 | aquellas 78 | aquellos 79 II | vagando por la llanura, aquéllos coronando las cumbres de 80 IV | especie de bandolina o guzla árabe con que se acompañaba en 81 I | en aquel paraíso de los árabes, donde dicen que hasta el 82 II | las pesadas puertas del arco que conducía al patio de 83 II | los peones de la mesnada, armados de largas picas y provistos 84 II | su sabor las brillantes armaduras y los lujosos arreos del 85 IV | extraño anuncio, pugnó por arrancar a su señor de aquel sitio; 86 III| mi tienda. Quería en vano arrancarme de la imaginación el recuerdo 87 IV | conciencia de sus acciones y como arrastrado por una voluntad ajena a 88 II | armaduras y los lujosos arreos del séquito del conde de 89 V | conde.~Después que éste, arrodillado sobre la humilde fosa, estrechó 90 I | pronunciar estas palabras se arrojó por última vez en brazos 91 III| inmóvil, pálido, terrible, as manos cruzadas sobre la 92 V | mucho el sitio en donde se asegura tuvo lugar la extraña ceremonia 93 IV | enseñas con escudos partidos, astros, grifos, leones, cadenas, 94 IV | mezquitas y la gigantesca atalaya, sobre cuyo aéreo pretil 95 IV | destreza; y el rumor de los atambores, el clamor de las trompetas, 96 IV | acercó al grupo y prestó atención. Por una coincidencia, al 97 III| con algo invisible que os atormenta. Abrís los ojos y vuestro 98 III| osado interrumpirle sin atraer sobre su cabeza la explosión 99 IV | acompañado de su fiel escudero, atravesó por entre los animados grupos 100 III| poco de su inmovilidad y, atrayéndole hacia sí cariñosamente, 101 IV | una de las más heroicas y atrevidas de aquella época, había 102 III| combate y triste volvéis, aun tornando con la victoria. 103 | aún 104 V | Margarita y un sacerdote autorizado por el Papa bendijo la lúgubre 105 III| el recuerdo de la extraña aventura. Mas al dirigirme al lecho 106 III| querer algo de mí, y lo avisan con hechos sobrenaturales. ¿ 107 IV | grande aflicción gemía: ~«¡Ay de mí, que se va el conde ~ 108 II | libres para que diesen paso y ayuda a sus huestes.~A los farautes 109 I | nombre oscuro... El cielo nos ayudará en la santa empresa. Conquistaremos 110 I | cielo es más limpio y más azul que el de Castilla; volveré, 111 IV | brazo, le preguntó en voz baja y convulsa:~ - ¿De qué tierra 112 I | viéndola llorar, tornaba a bajarlos, guardando a su vez un silencio 113 III| hueste mora. Yo pugnaba en balde por contenerle. Las riendas 114 IV | capaces de poner colorado a un ballestero con oraciones devotas, historias 115 IV | blanco los más expertos ballesteros de la hueste, entre las 116 IV | enfermedades contagiosas; bálsamos maravillosos para pegar 117 IV | a templar una especie de bandolina o guzla árabe con que se 118 III| herirme; la he visto, en los banquetes donde procuraba ahogar mi 119 IV | especie de letanía en latín bárbaro, ora diciendo una bufonada 120 IV | grifos, leones, cadenas, barras y calderas y otras cien 121 V | sacerdote autorizado por el Papa bendijo la lúgubre unión, es fama 122 I | a traerme la mía.~Pedro besó la frente de Margarita, 123 IV | Después que hubo estirado bien las cuerdas unas tras otras 124 II | bordados de oro y colores y sus birretes guarnecidos de plumas vistosas.~ 125 III| mano, una mano hermosa, blanca hasta la palidez, que descorrió 126 IV | follaje lucían los miradores blancos como la nieve, los minaretes 127 IV | que le escuchaban con la boca abierta apresurándose a 128 IV | sol, las cuatro grandes bolas de oro, que desde el campo 129 IV | mitad; evangelios cosidos en bolsitas de brocatel, secretos para 130 II | casullas de seda, sus escudos bordados de oro y colores y sus birretes 131 II | fortaleza.~Unos sentados al borde de los fosos, otros subidos 132 I | durante los cuales se acabó de borrar el rastro de luz que el 133 II | semejaban a lo lejos un bosque de lanzas.~Por último, precedido 134 IV | cogiéndole con fuerza del brazo, le preguntó en voz baja 135 III| mano que, agarrándole de la brida, lo detuvo con una fuerza 136 II | para ver más a su sabor las brillantes armaduras y los lujosos 137 III| momento de la tienda. Acaso la brisa de la tarde refrescará vuestras 138 IV | evangelios cosidos en bolsitas de brocatel, secretos para hacerse amar 139 IV | bárbaro, ora diciendo una bufonada o una chocarrería, mezclada 140 I | vergüenza, y sus pajes y sus bufones dirán, en son de mofa: « 141 I | Entonces volveré en tu busca y nos iremos juntos a habitar 142 II | armado de punta en blanco, caballero sobre un potro morcillo, 143 II | levantaba el casco de sus caballos, y lanzando chispas de luz 144 III| interrumpirle sin atraer sobre su cabeza la explosión de su cólera.~ - ¿ 145 IV | lugares de España, joyuelas, cadenillas, cinturones, medallas y 146 I | por entre sus dedos para caer en la tierra, hacia la que 147 II | pregonaban en alta voz y a son de caja las cédulas del rey llamando 148 I | dormido bajo su techo, me he calentado en su hogar y he comido 149 IV | pregonaban el nombre y la calidad de sus dueños. Por entre 150 I | silencio profundo.~Y todo callaba alrededor y parecía respetar 151 III| fantasía, hasta ahora he callado por vergüenza; pero no, 152 I | de Gómara?», y mi señor callará con vergüenza, y sus pajes 153 IV | sus dueños. Por entre las calles de aquella improvisada ciudad 154 IV | unas tras otras y con mucha calma, mientras su acompañante 155 III| refrescará vuestras sienes, calmando ese incomprensible dolor, 156 II | cordón a lo largo de la calzada, ya haría cerca de una hora 157 IV | mirábanse, pues, tiendas de campaña de todas formas y colores 158 II | soldados del conde, y los campesinos que llegaban en numerosos 159 IV | oyentes, el romero comenzó a cantar con voz gangosa y con un 160 IV | hierro contra el hierro, los cánticos de los juglares, que entretenían 161 IV | interminable relación, chistes capaces de poner colorado a un ballestero 162 I | respetable como nuestro cariño, y es mi deber. Nuestro 163 III| y, atrayéndole hacia sí cariñosamente, le dijo con voz grave y 164 I | prosiguió con acento más cariñoso y suave:~ - Margarita, para 165 III| luchado antes en Écija, Carmona y Alcalá del Río de Guadaira, 166 V | la extraña ceremonia del casamiento del conde.~Después que éste, 167 II | de polvo que levantaba el casco de sus caballos, y lanzando 168 II | de corte, ufanos con sus casullas de seda, sus escudos bordados 169 II | séquito del conde de Gómara, célebre en toda la comarca por su 170 | cerca 171 II | numerosos grupos de los lugares cercanos vieron desplegarse al viento 172 IV | plomo.~Cuando el conde llegó cerce del grupo que formaban el 173 V | asegura tuvo lugar la extraña ceremonia del casamiento del conde.~ 174 III| muerte segura. Ya los moros, cerrando sus escuadrones, apoyaban 175 V | lúgubre unión, es fama que cesó el prodigio y la mano muerta 176 IV | su interminable relación, chistes capaces de poner colorado 177 IV | diciendo una bufonada o una chocarrería, mezclada en su interminable 178 III| combate, mi caballo, herido y ciego de furor, se precipitó hacia 179 IV | almenadas y fuertes. Por cima de la corona de almenas 180 IV | mil objetos diferentes: cintas tocadas en el sepulcro de 181 IV | España, joyuelas, cadenillas, cinturones, medallas y otras muchas 182 IV | aquella improvisada ciudad circulaban en todas direcciones multitud 183 II | de nuevo el toque de los clarines, rechinaron las cadenas 184 IV | para libertarse de toda clase de enfermedades contagiosas; 185 IV | Señor - dijo el romero, clavando sus ojos en los del conde 186 III| expugnar el castillo de Triana, coger entre sus dedos y partir 187 IV | encontraba el romero y, cogiéndole con fuerza del brazo, le 188 IV | prestó atención. Por una coincidencia, al parecer extraña, el 189 III| cabeza la explosión de su cólera.~ - ¿Qué tenéis, señor? - 190 IV | las inmensas alforjas que colgaban de sus hombros se hallaban 191 II | coronando las cumbres de las colinas, los de más allá formando 192 IV | chistes capaces de poner colorado a un ballestero con oraciones 193 II | Gómara, célebre en toda la comarca por su esplendidez y sus 194 IV | romero y sus admiradores, comenzaba éste a templar una especie 195 I | tarde dormía y las sombras comenzaban a envolver los espesos árboles 196 IV | enunciado el cantor antes de comenzar, el romance se titulaba 197 II | espectáculo, no sin que algunos comenzaran a impacientarse, cuando 198 I | calentado en su hogar y he comido el pan a su mesa. Si hoy 199 II | a oírse un rumor sordo, compasado y uniforme. Eran los peones 200 III| dijeron - , ibais sólo, completamente solo. Por eso nos maravillamos 201 IV | de ocio para aderezar y componer sus armas rotas en la última 202 IV | abierta apresurándose a comprarle alguna de las baratijas 203 I | nosotros, y has de venir compuesta y alegre; así no dirán las 204 IV | se mueve y marcha sin la conciencia de sus acciones y como arrastrado 205 V | a un lado del camino que conduce a Gómara he visto no hace 206 II | pesadas puertas del arco que conducía al patio de armas.~La multitud 207 IV | se hallaban revueltos y confundidos mil objetos diferentes: 208 I | ojos hasta que su sombra se confundió entre la niebla de la noche, 209 II | para saludarle, y entre la confusa vocería se ahogó el grito 210 III| ahogar mi pena entre la confusión y el tumulto, escanciar 211 III| decirle con voz profundamente conmovida:~ - Venid... Salgamos un 212 I | con acento más sordo y conmovido - :Ve a mantener tu honra; 213 III| por mi salvador. Nadie le conocía, nadie le había visto. « 214 I | riberas del Guadalquivir a los conquistadores.~Entonces volveré en tu 215 I | ayudará en la santa empresa. Conquistaremos a Sevilla, y el rey nos 216 I | volveré después de haber conseguido un poco de gloria para mi 217 | consigo 218 III| yo no hallo palabras de consuelo.~ ~ 219 III| Qué mal os aqueja y consume? Triste vais al combate 220 IV | toda clase de enfermedades contagiosas; bálsamos maravillosos para 221 III| Yo pugnaba en balde por contenerle. Las riendas se habían escapado 222 | contra 223 III| insistió, sin embargo, en contrariar sus ideas, y se limitó a 224 IV | un extraño y pintoresco contraste.~Aquí descansaban algunos 225 IV | le preguntó en voz baja y convulsa:~ - ¿De qué tierra eres?~ - 226 III| escanciar el vino en mi copa, y siempre se halla delante 227 III| tornar, sabiendo que ya el corcel no obedecía al jinete». 228 III| Fernando, después de salir de Córdoba, había venido por sus jornadas 229 II | de más allá formando un cordón a lo largo de la calzada, 230 IV | corro sacando los últimos cornados de la flaca escarcela de 231 II | por la llanura, aquéllos coronando las cumbres de las colinas, 232 V | de unos árboles añosos y corpulentos hay un pedacito de prado 233 I | gemir, pero las lágrimas corrían silenciosas a lo largo de 234 II | patio de armas.~La multitud corrió a agolparse en los ribazos 235 II | siguieron los heraldos de corte, ufanos con sus casullas 236 I | de justas, un lidiador de cortesía».~Al llegar a este punto, 237 III| palidez, que descorrió la cortinas, desapareciendo después 238 IV | por la mitad; evangelios cosidos en bolsitas de brocatel, 239 IV | prestaban a aquel cuadro de costumbres guerreras una vida y una 240 III| estrellarnos, cuando... Créeme: no fue una ilusión. Vi 241 I | fondo violado del cielo del crepúsculo, y unas tras otras fueron 242 III| corría por sus mejillas. Creyendo loco a su señor, no insistió, 243 III| sufrido demasiado en silencio. Creyéndome juguete de una vana fantasía, 244 II | tierra llana, célebres en las crónicas de nuestros reyes por la 245 IV | refiere a una desdichada cruelmente ofendida por un poderoso. 246 III| pálido, terrible, as manos cruzadas sobre la empuñadura del 247 II | sus torres de palo; las cuadrillas de escaladores y la gente 248 IV | discordes, prestaban a aquel cuadro de costumbres guerreras 249 V | al llegar la primavera se cubre espontáneamente de flores. 250 IV | echaban, ~la mano no le cubría: ~la mano donde un anillo 251 IV | última refriega; más allá cubrían de saetas un blanco los 252 IV | refiere la historia que cuentas? - volvió a exclamar su 253 III| escuadrones, apoyaban en tierra el cuento de sus largas picas para 254 IV | que hubo estirado bien las cuerdas unas tras otras y con mucha 255 II | provistos de sendas adargas de cuero. Tras éstos no tardaron 256 IV | honra mía!» ~Mientras la cuitada llora, ~diz que el viento 257 II | aquéllos coronando las cumbres de las colinas, los de más 258 I | volveré, te lo juro; volveré a cumplir la palabra solemnemente 259 IV | sabréis, quizá, a quién toca cumplirla.~ ~ 260 IV | mientras su acompañante daba la vuelta al corro sacando 261 I | porque tus lágrimas me hacen daño. Voy a alejarme de ti; mas 262 I | a Sevilla, y el rey nos dará feudos en las riberas del 263 III| El cielo o el infierno deben querer algo de mí, y lo 264 I | nuestro cariño, y es mi deber. Nuestro señor, el conde 265 III| desvanece. ¿Qué os pasa, señor? Decídmelo. Si es un secreto, yo sabré 266 III| sus ideas, y se limitó a decirle con voz profundamente conmovida:~ - 267 I | de luz que el sol había dejado al morir en el horizonte; 268 II | de sus pulmones.~Cuando dejó de herir el viento al agudo 269 III| copa, y siempre se halla delante de mis ojos, y por donde 270 | demasiado 271 III| que descorrió la cortinas, desapareciendo después de descorrerlas. 272 I | la frente de Margarita, desató su caballo, que estaba sujeto 273 IV | pintoresco contraste.~Aquí descansaban algunos señores de las fatigas 274 I | Después, acercándose a la desconsolada niña y tomando una de sus 275 III| desapareciendo después de descorrerlas. Desde entonces, a todas 276 III| blanca hasta la palidez, que descorrió la cortinas, desapareciendo 277 IV | Gómara, y se refiere a una desdichada cruelmente ofendida por 278 III| misteriosa que previene mis deseos y se adelanta a mis acciones. 279 IV | palabras oía. ~«Nos has deshonrado», dice. ~«Me juró que tornaría.»~« 280 I | lo largo de sus mejillas, deslizándose por entre sus dedos para 281 II | que en aquel momento cayó desmayada y como herida de un rayo 282 II | lugares cercanos vieron desplegarse al viento el pendón señorial 283 IV | Guadalquivir. Enfrente del real, y destacándose sobre el luminoso horizonte, 284 IV | multitud, pasmada de su destreza; y el rumor de los atambores, 285 III| ojos y vuestro terror no se desvanece. ¿Qué os pasa, señor? Decídmelo. 286 II | marcha los farautes, que, deteniéndose de trecho en trecho, pregonaban 287 III| agarrándole de la brida, lo detuvo con una fuerza sobrenatural 288 IV | ballestero con oraciones devotas, historias de amores picarescos 289 IV | soldados, que, hablando dialectos diversos y vestido cada 290 I | horizonte; la luna comenzó a dibujarse vagamente sobre el fondo 291 I | paraíso de los árabes, donde dicen que hasta el cielo es más 292 IV | letanía en latín bárbaro, ora diciendo una bufonada o una chocarrería, 293 II | lugares libres para que diesen paso y ayuda a sus huestes.~ 294 III| la muralla de picas - me dijeron - , ibais sólo, completamente 295 III| sobrenatural y, volviéndole en dirección a las filas de mis soldados, 296 IV | ciudad circulaban en todas direcciones multitud de soldados, que, 297 I | removió los labios como para dirigirle la palabra; pero su voz 298 III| extraña aventura. Mas al dirigirme al lecho torné a ver la 299 IV | aires de mil y mil ruidos discordes, prestaban a aquel cuadro 300 III| caballo estaba algunos pies de distancia del muro de hierro en que 301 IV | que de países extraños y distantes vinieran también, llamados 302 I | noche, y cuando ya no pudo distinguirle, se volvió lentamente al 303 IV | cuales ondeaban al viento distintas enseñas con escudos partidos, 304 IV | que, hablando dialectos diversos y vestido cada cual al uso 305 I | tierra, hacia la que había doblado su frente.~Junto a Margarita 306 III| calmando ese incomprensible dolor, para el que yo no hallo 307 I | exclamó entonces Margarita, dominando su emoción y con voz resuelta 308 I | apagaban; el viento de la tarde dormía y las sombras comenzaban 309 I | el ocio de las paces, he dormido bajo su techo, me he calentado 310 IV | nombre y la calidad de sus dueños. Por entre las calles de 311 III| Cuando todos los guerreros duermen rendidos a la fatiga del 312 I | Pedro, con acento aún más dulce y persuasivo, prosiguió 313 III| Éramos pocos. La pelea fue dura, y yo estuve a punto de 314 I | transcurrieron algunos minutos, durante los cuales se acabó de borrar 315 IV | por más tierra que le echaban, ~la mano no le cubría: ~ 316 III| sin haber luchado antes en Écija, Carmona y Alcalá del Río 317 II | al estribo izquierdo, el ejecutor de las justicias del señorío 318 III| III~El ejército de don Fernando, después 319 | Ella 320 | ellas 321 | ellos 322 IV | lúgubres pensamientos que embargaban su ánimo. Según había enunciado 323 III| pasos como fuera de sí y embargado de un terror profundo.~El 324 I | la palabra solemnemente empeñada el día que puse en tus manos 325 II | primera luz del alba, cuando empezó a oírse por todo el campo 326 III| manos cruzadas sobre la empuñadura del montante y los ojos 327 IV | voces y con hiperbólicos encomios, había un extraño personaje, 328 IV | el conde llegó a donde se encontraba el romero y, cogiéndole 329 IV | juró que tornaría.»~«No te encontrará, si torna, ~donde encontrarte 330 IV | encontrará, si torna, ~donde encontrarte solía.»~Mientras la infelice 331 V | lugarejo miserable y que se encuentra a un lado del camino que 332 III| acuerdas del día de nuestro encuentro con los moros de Nebrija 333 IV | libertarse de toda clase de enfermedades contagiosas; bálsamos maravillosos 334 IV | izquierda del Guadalquivir. Enfrente del real, y destacándose 335 III| profundo.~El escudero se engujó una lágrima que corría por 336 IV | ondeaban al viento distintas enseñas con escudos partidos, astros, 337 V | país dice que alli está enterrada Margarita.~ 338 IV | llevan al soto; ~la han enterrado en la umbría; ~por más tierra 339 IV | Dios han permitido que al enterrarla quedase siempre fuera de 340 I | le dijo uno de ellos al entrar - ; que mañana vamos a Gómara 341 III| al jinete». Aquella noche entré preocupado en mi tienda. 342 I | exclamando con voz sorda y entrecortada, y como si hablase consigo 343 IV | cánticos de los juglares, que entretenían a sus oyentes con la relación 344 I | Andalucía.~ - A mí más me entristece que me alegra ver irse a 345 IV | embargaban su ánimo. Según había enunciado el cantor antes de comenzar, 346 I | las sombras comenzaban a envolver los espesos árboles del 347 II | de las acémilas.~Luego, envueltos en la nube de polvo que 348 IV | heroicas y atrevidas de aquella época, había traído a su alrededor 349 II | acudieron a socorrerla. Era Margarita, Margarita, que 350 | Éramos 351 | Eran 352 IV | convulsa:~ - ¿De qué tierra eres?~ - De tierra de Soria - 353 II | palo; las cuadrillas de escaladores y la gente menuda del servicio 354 IV | tanto que sus pajes les escanciaban el vino en copas de metal; 355 III| confusión y el tumulto, escanciar el vino en mi copa, y siempre 356 III| la tienda sentado en un escaño de alerce, inmóvil, pálido, 357 IV | del combate, sentados en escaños de alerce a la puerta de 358 III| contenerle. Las riendas se habían escapado de mis manos, y el fogoso 359 IV | últimos cornados de la flaca escarcela de los oyentes, el romero 360 III| los moros, cerrando sus escuadrones, apoyaban en tierra el cuento 361 IV | pajecillos y gente menuda que le escuchaban con la boca abierta apresurándose 362 IV | juglar permaneció inmóvil escuchando esta cántiga:~I~La niña 363 IV | por la fama, a unir los esfuerzos a los del santo rey.~Tendidas 364 | eso 365 IV | de todos los lugares de España, joyuelas, cadenillas, cinturones, 366 II | los curiosos esperaban el espectáculo, no sin que algunos comenzaran 367 II | una hora que los curiosos esperaban el espectáculo, no sin que 368 I | comenzaban a envolver los espesos árboles del soto.~Así transcurrieron 369 IV | que un somnámbulo, cuyo espíritu se agita en el mundode los 370 II | en toda la comarca por su esplendidez y sus riquezas.~Rompieron 371 V | llegar la primavera se cubre espontáneamente de flores. La gente del 372 | este 373 IV | romances. Después que hubo estirado bien las cuerdas unas tras 374 III| horas, en todas partes, estoy viendo esa mano misteriosa 375 V | arrodillado sobre la humilde fosa, estrechó en la suya la mano de Margarita 376 III| de hierro en que íbamos a estrellarnos, cuando... Créeme: no fue 377 III| visto. «Cuando volabais a estrellaros en la muralla de picas - 378 I | apareciendo las mayores estrellas.~Pedro rompió al fin aquel 379 IV | siempre terminaba con el mismo estribillo.~El conde se acercó al grupo 380 II | motes y sus calderas, y al estribo izquierdo, el ejecutor de 381 IV | había terminado la última estrofa, cuando rompiendo el muro 382 III| La pelea fue dura, y yo estuve a punto de perecer. Tú lo 383 IV | hombres partidos por la mitad; evangelios cosidos en bolsitas de brocatel, 384 I | aquel silencio angustioso, exclamando con voz sorda y entrecortada, 385 IV | que cuentas? - volvió a exclamar su interlocutor, cada vez 386 I | una promesa.~ - ¡Pedro! - exclamó entonces Margarita, dominando 387 IV | saetas un blanco los más expertos ballesteros de la hueste, 388 III| atraer sobre su cabeza la explosión de su cólera.~ - ¿Qué tenéis, 389 III| Guadaira, donde, una vez expugnado el famoso castillo, puso 390 III| acciones. La he visto, al expugnar el castillo de Triana, coger 391 IV | real de los cristianos se extendía por todo el campo de Guadaira 392 IV | faltando algunos que de países extraños y distantes vinieran también, 393 IV | reinos de la Península, no faltando algunos que de países extraños 394 I | oscuro, sin nombre y sin familia, a él le debo cuanto soy. 395 III| donde, una vez expugnado el famoso castillo, puso los reales 396 II | una veintena de aquellos famosos trompeteros de la tierra 397 III| Creyéndome juguete de una vana fantasía, hasta ahora he callado 398 III| guerreros duermen rendidos a la fatiga del día, os oigo suspirar 399 IV | descansaban algunos señores de las fatigas del combate, sentados en 400 I | Dónde está el escudero favorito del conde de Gómara?», y 401 I | Sevilla, y el rey nos dará feudos en las riberas del Guadalquivir 402 IV | Gómara, acompañado de su fiel escudero, atravesó por entre 403 IV | calderas y otras cien y cien figuras o símbolos heráldicos que 404 I | llenos de lágrimas, para fijarlos en los de su amante, y removió 405 IV | en los del conde con una fijeza imperturbable - , esta cántiga 406 III| volviéndole en dirección a las filas de mis soldados, me salvó 407 | fin 408 I | emoción y con voz resuelta y firme - . Ve, ve a mantener tu 409 IV | los últimos cornados de la flaca escarcela de los oyentes, 410 IV | alzaban los muros de Sevilla, flanqueados de torres, almenadas y fuertes. 411 V | cubre espontáneamente de flores. La gente del país dice 412 III| escapado de mis manos, y el fogoso animal corría llevándome 413 IV | las oscuras manchas del follaje lucían los miradores blancos 414 II | hombres de armas del castillo, formados en gruesos pelotones, que 415 II | colinas, los de más allá formando un cordón a lo largo de 416 IV | tiendas de campaña de todas formas y colores sobre el remate 417 II | viento al agudo clamor de la formidable trompetería, comenzó a oírse 418 II | la torre más alta de la fortaleza.~Unos sentados al borde 419 V | arrodillado sobre la humilde fosa, estrechó en la suya la 420 II | cayó con pausa sobre el foso, y se levantaron los rastrillos, 421 II | sentados al borde de los fosos, otros subidos en las copas 422 I | crepúsculo, y unas tras otras fueron apareciendo las mayores 423 IV | flanqueados de torres, almenadas y fuertes. Por cima de la corona de 424 IV | dijo el rey Salomón cuando fundaba el templo y las únicas para 425 III| caballo, herido y ciego de furor, se precipitó hacia el grueso 426 I | Ponte tus vestidos de gala - le dijo uno de ellos al 427 I | del conde no es más que un galán de justas, un lidiador de 428 I | árboles del soto y se alejó al galope por el fondo de la alameda.~ 429 IV | comenzó a cantar con voz gangosa y con un aire monótono y 430 IV | conocido, ~con grande aflicción gemía: ~«¡Ay de mí, que se va 431 I | entre las manos; lloraba sin gemir, pero las lágrimas corrían 432 I | alegre; así no dirán las gentes murmuradoras que tienes 433 IV | minaretes de las mezquitas y la gigantesca atalaya, sobre cuyo aéreo 434 II | abrían de par en par, y gimiendo sobre sus goznes, las pesadas 435 I | haber conseguido un poco de gloria para mi nombre oscuro... 436 IV | mercaderes ambulantes, el golpear del hierro contra el hierro, 437 II | par, y gimiendo sobre sus goznes, las pesadas puertas del 438 IV | del rey, y en medio de un gran corro de soldados, pajecillos 439 IV | que le ha conocido, ~con grande aflicción gemía: ~«¡Ay de 440 IV | heridas por el sol, las cuatro grandes bolas de oro, que desde 441 III| cariñosamente, le dijo con voz grave y reposada:~ - He sufrido 442 IV | escudos partidos, astros, grifos, leones, cadenas, barras 443 II | confusa vocería se ahogó el grito de una mujer, que en aquel 444 IV | hazañas portentosas, y los gritos de los farautes que publicaban 445 III| furor, se precipitó hacia el grueso de la hueste mora. Yo pugnaba 446 II | del castillo, formados en gruesos pelotones, que semejaban 447 II | montaban poderosas mulas con gualdrapas y penachos, rodeado de sus 448 I | lentamente al lugar donde la guardaban sus hermanos.~ - Ponte tus 449 I | llorar, tornaba a bajarlos, guardando a su vez un silencio profundo.~ 450 III| es un secreto, yo sabré guardarlo en el fondo de mi memoria 451 II | y colores y sus birretes guarnecidos de plumas vistosas.~Después 452 IV | aquel cuadro de costumbres guerreras una vida y una animación 453 IV | y cada cual armado a su guisa, formaban un extraño y pintoresco 454 IV | una especie de bandolina o guzla árabe con que se acompañaba 455 | ha 456 III| contenerle. Las riendas se habían escapado de mis manos, y 457 I | busca y nos iremos juntos a habitar en aquel paraíso de los 458 III| A un lado, y de pie, le hablaba el más antiguo de los escuderos 459 IV | multitud de soldados, que, hablando dialectos diversos y vestido 460 I | entrecortada, y como si hablase consigo mismo:~ - ¡Es imposible..., 461 V | conduce a Gómara he visto no hace mucho el sitio en donde 462 I | porque tus lágrimas me hacen daño. Voy a alejarme de 463 IV | amante le puso un anillo al hacerla una promesa. Vos sabréis, 464 IV | brocatel, secretos para hacerse amar de todas las mujeres, 465 III| en mi copa, y siempre se halla delante de mis ojos, y por 466 IV | colgaban de sus hombros se hallaban revueltos y confundidos 467 III| lo que me sucede. Yo debo hallarme bajo la influencia de laguna 468 III| dolor, para el que yo no hallo palabras de consuelo.~ ~ 469 II | largo de la calzada, ya haría cerca de una hora que los 470 IV | oyentes con la relación de hazañas portentosas, y los gritos 471 IV | palabras que él decía ser hebraicas, las mismas que dijo el 472 III| algo de mí, y lo avisan con hechos sobrenaturales. ¿Te acuerdas 473 IV | cien figuras o símbolos heráldicos que pregonaban el nombre 474 II | los farautes siguieron los heraldos de corte, ufanos con sus 475 II | momento cayó desmayada y como herida de un rayo en los brazos 476 IV | lanzaban chispas de luz, heridas por el sol, las cuatro grandes 477 III| del combate, mi caballo, herido y ciego de furor, se precipitó 478 II | pulmones.~Cuando dejó de herir el viento al agudo clamor 479 III| aire una saeta que venía a herirme; la he visto, en los banquetes 480 I | lugar donde la guardaban sus hermanos.~ - Ponte tus vestidos de 481 III| la misma mano, una mano hermosa, blanca hasta la palidez, 482 IV | Fernando, una de las más heroicas y atrevidas de aquella época, 483 II | de las máquinas, con sus herramientas y sus torres de palo; las 484 IV | anunciaba a voces y con hiperbólicos encomios, había un extraño 485 IV | triste, como si ningún objeto hiriese su vista ni llegase a su 486 IV | ballestero con oraciones devotas, historias de amores picarescos con 487 I | techo, me he calentado en su hogar y he comido el pan a su 488 II | calzada, ya haría cerca de una hora que los curiosos esperaban 489 I | comido el pan a su mesa. Si hoy le abandono, mañana sus 490 III| horas de negra melancolía hubiera osado interrumpirle sin 491 III| y como si las palabras hubiesen tardado todo aquel tiempo 492 IV | sus romances. Después que hubo estirado bien las cuerdas 493 I | debo partir con el conde. Huérfano oscuro, sin nombre y sin 494 II | diesen paso y ayuda a sus huestes.~A los farautes siguieron 495 V | éste, arrodillado sobre la humilde fosa, estrechó en la suya 496 V | prodigio y la mano muerta se hundió para siempre.~Al pie de 497 III| de picas - me dijeron - , ibais sólo, completamente solo. 498 III| del muro de hierro en que íbamos a estrellarnos, cuando... 499 III| embargo, en contrariar sus ideas, y se limitó a decirle con 500 III| en vano arrancarme de la imaginación el recuerdo de la extraña