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Gustavo Adolfo Bécquer
La promesa

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
impac-vuest

    Capítulo
501 II | que algunos comenzaran a impacientarse, cuando volvió a sonar de 502 IV | del conde con una fijeza imperturbable - , esta cántiga la repiten 503 IV | entre las calles de aquella improvisada ciudad circulaban en todas 504 III| vuestras sienes, calmando ese incomprensible dolor, para el que yo no 505 II | de nuestros reyes por la increíble fuerza de sus pulmones.~ 506 IV | encontrarte solía.»~Mientras la infelice muere, ~diz que el viento 507 III| terrible. El cielo o el infierno deben querer algo de mí, 508 III| Yo debo hallarme bajo la influencia de laguna maldición terrible. 509 IV | leyendas de santos.~En las inmensas alforjas que colgaban de 510 II | multitud levantó un clamor inmenso para saludarle, y entre 511 III| salió poco a poco de su inmovilidad y, atrayéndole hacia sí 512 III| llegar desde sus oídos a su inteligencia, salió poco a poco de su 513 IV | volvió a exclamar su interlocutor, cada vez con muestras de 514 IV | chocarrería, mezclada en su interminable relación, chistes capaces 515 III| melancolía hubiera osado interrumpirle sin atraer sobre su cabeza 516 III| miro allí luchar con algo invisible que os atormenta. Abrís 517 I | volveré en tu busca y nos iremos juntos a habitar en aquel 518 I | entristece que me alegra ver irse a los que acaso no han de 519 IV | hasta tocar en la margen izquierda del Guadalquivir. Enfrente 520 II | sus calderas, y al estribo izquierdo, el ejecutor de las justicias 521 IV | rebosaba la verdura de los mil jardines de la morisca ciudad, y 522 III| el corcel no obedecía al jinete». Aquella noche entré preocupado 523 III| Córdoba, había venido por sus jornadas hasta Sevilla, no sin haber 524 IV | todos los lugares de España, joyuelas, cadenillas, cinturones, 525 IV | puerta de sus tiendas y jugando a las tablas, en tanto que 526 IV | hierro, los cánticos de los juglares, que entretenían a sus oyentes 527 III| en silencio. Creyéndome juguete de una vana fantasía, hasta 528 IV | ofendida por un poderoso. Altos juicios de Dios han permitido que 529 | Junto 530 | juntos 531 IV | mía.»~Mientras el amante jura, ~diz que el viento repetía: ~ 532 I | Castilla; volveré, te lo juro; volveré a cumplir la palabra 533 IV | deshonrado», dice. ~«Me juró que tornaría.»~«No te encontrará, 534 I | no es más que un galán de justas, un lidiador de cortesía».~ 535 II | izquierdo, el ejecutor de las justicias del señorío vestido de negro 536 I | su amante, y removió los labios como para dirigirle la palabra; 537 III| El escudero se engujó una lágrima que corría por sus mejillas. 538 III| hallarme bajo la influencia de laguna maldición terrible. El cielo 539 IV | sobre cuyo aéreo pretil lanzaban chispas de luz, heridas 540 II | casco de sus caballos, y lanzando chispas de luz de sus petos 541 II | a lo lejos un bosque de lanzas.~Por último, precedido de 542 IV | una especie de letanía en latín bárbaro, ora diciendo una 543 II | pelotones, que semejaban a lo lejos un bosque de lanzas.~Por 544 I | distinguirle, se volvió lentamente al lugar donde la guardaban 545 IV | partidos, astros, grifos, leones, cadenas, barras y calderas 546 | les 547 IV | recitando una especie de letanía en latín bárbaro, ora diciendo 548 IV | los animados grupos sin levantar los ojos de la tierra, silencioso, 549 II | pausa sobre el foso, y se levantaron los rastrillos, mientras 550 IV | llegase a su oído el rumor más leve. Andaba maquinalmente, a 551 IV | de amores picarescos con leyendas de santos.~En las inmensas 552 IV | templo y las únicas para libertarse de toda clase de enfermedades 553 II | requiriendo a las villas y lugares libres para que diesen paso y ayuda 554 I | que un galán de justas, un lidiador de cortesía».~Al llegar 555 III| contrariar sus ideas, y se limitó a decirle con voz profundamente 556 I | que hasta el cielo es más limpio y más azul que el de Castilla; 557 IV | distantes vinieran también, llamados por la fama, a unir los 558 II | caja las cédulas del rey llamando a sus feudatarios a la guerra 559 IV | cristianos parecían cuatro llamas.~La empresa de don Fernando, 560 II | trompeteros de la tierra llana, célebres en las crónicas 561 II | conde, y los campesinos que llegaban en numerosos grupos de los 562 IV | objeto hiriese su vista ni llegase a su oído el rumor más leve. 563 IV | los maestros del campo, llenando los aires de mil y mil ruidos 564 I | Margarita levantó sus ojos, llenos de lágrimas, para fijarlos 565 IV | que se va el conde ~y se lleva la honra mía!» ~Mientras 566 IV | hombre fía! ~IV~Muerta la llevan al soto; ~la han enterrado 567 II | sobre un potro morcillo, llevando en sus manos el pendón de 568 III| el fogoso animal corría llevándome a una muerte segura. Ya 569 IV | mía!» ~Mientras la cuitada llora, ~diz que el viento repetía: ~¡ 570 I | para mirarla, y viéndola llorar, tornaba a bajarlos, guardando 571 III| por sus mejillas. Creyendo loco a su señor, no insistió, 572 III| hasta Sevilla, no sin haber luchado antes en Écija, Carmona 573 III| vuestro lecho, os miro allí luchar con algo invisible que os 574 IV | oscuras manchas del follaje lucían los miradores blancos como 575 II | servicio de las acémilas.~Luego, envueltos en la nube de 576 V | V~En un lugarejo miserable y que se encuentra 577 V | autorizado por el Papa bendijo la lúgubre unión, es fama que cesó 578 IV | respondía en un todo a los lúgubres pensamientos que embargaban 579 II | brillantes armaduras y los lujosos arreos del séquito del conde 580 IV | y destacándose sobre el luminoso horizonte, se alzaban los 581 I | morir en el horizonte; la luna comenzó a dibujarse vagamente 582 IV | publicaban las ordenanzas de los maestros del campo, llenando los 583 III| la influencia de laguna maldición terrible. El cielo o el 584 IV | ciudad, y entre las oscuras manchas del follaje lucían los miradores 585 IV | Andaba maquinalmente, a la manera que un somnámbulo, cuyo 586 IV | el rumor más leve. Andaba maquinalmente, a la manera que un somnámbulo, 587 II | los aparejadores de las máquinas, con sus herramientas y 588 I | su castillo, preguntarán maravillados de no verme: «¿Dónde está 589 III| completamente solo. Por eso nos maravillamos al veros tornar, sabiendo 590 IV | enfermedades contagiosas; bálsamos maravillosos para pegar a hombres partidos 591 IV | Guadaira hasta tocar en la margen izquierda del Guadalquivir. 592 I | otras fueron apareciendo las mayores estrellas.~Pedro rompió 593 IV | cadenillas, cinturones, medallas y otras muchas baratijas 594 IV | la tienda del rey, y en medio de un gran corro de soldados, 595 III| aquellas horas de negra melancolía hubiera osado interrumpirle 596 III| guardarlo en el fondo de mi memoria como en un sepulcro.~El 597 IV | trompetas, las voces de los mercaderes ambulantes, el golpear del 598 I | y he comido el pan a su mesa. Si hoy le abandono, mañana 599 IV | escanciaban el vino en copas de metal; allí algunos peones aprovechaban 600 IV | bufonada o una chocarrería, mezclada en su interminable relación, 601 IV | nieve, los minaretes de las mezquitas y la gigantesca atalaya, 602 III| de mis soldados, me salvó milagrosamente. En vano pregunté a unos 603 IV | blancos como la nieve, los minaretes de las mezquitas y la gigantesca 604 I | Así transcurrieron algunos minutos, durante los cuales se acabó 605 IV | a lo largo de la llanura mirábanse, pues, tiendas de campaña 606 IV | manchas del follaje lucían los miradores blancos como la nieve, los 607 III| vaguedad del que parece mirar un objeto y, sin embargo, 608 I | en cuando los ojos para mirarla, y viéndola llorar, tornaba 609 III| corro a vuestro lecho, os miro allí luchar con algo invisible 610 V | V~En un lugarejo miserable y que se encuentra a un 611 | misma 612 | mismas 613 III| partes, estoy viendo esa mano misteriosa que previene mis deseos 614 II | que había conocido a su misterioso amante en el muy alto y 615 I | bufones dirán, en son de mofa: «El escudero del conde 616 IV | voz gangosa y con un aire monótono y plañidero un romance que 617 II | precedido de los timbaleros, que montaban poderosas mulas con gualdrapas 618 III| sobre la empuñadura del montante y los ojos fijos en el espacio 619 III| hacia el grueso de la hueste mora. Yo pugnaba en balde por 620 II | caballero sobre un potro morcillo, llevando en sus manos el 621 I | que el sol había dejado al morir en el horizonte; la luna 622 IV | de los mil jardines de la morisca ciudad, y entre las oscuras 623 II | pendón de ricohombre con sus motes y sus calderas, y al estribo 624 | mucha 625 | muchas 626 | mucho 627 IV | solía.»~Mientras la infelice muere, ~diz que el viento repetía: ~¡ 628 III| corría llevándome a una muerte segura. Ya los moros, cerrando 629 IV | interlocutor, cada vez con muestras de emoción más profunda.~ - 630 IV | el mundode los sueños, se mueve y marcha sin la conciencia 631 II | se ahogó el grito de una mujer, que en aquel momento cayó 632 IV | hacerse amar de todas las mujeres, reliquias de los santos 633 II | que montaban poderosas mulas con gualdrapas y penachos, 634 IV | espíritu se agita en el mundode los sueños, se mueve y marcha 635 III| volabais a estrellaros en la muralla de picas - me dijeron - , 636 I | así no dirán las gentes murmuradoras que tienes amores en el 637 IV | horizonte, se alzaban los muros de Sevilla, flanqueados 638 III| encuentro con los moros de Nebrija en el aljarafe de Triana? 639 III| que en aquellas horas de negra melancolía hubiera osado 640 II | justicias del señorío vestido de negro y rojo.~Precedían al escudero 641 | ni 642 I | sombra se confundió entre la niebla de la noche, y cuando ya 643 IV | miradores blancos como la nieve, los minaretes de las mezquitas 644 IV | silencioso, triste, como si ningún objeto hiriese su vista 645 II | de Gómara, un de los más nobles y poderosos feudatarios 646 | nosotros 647 | nuestros 648 II | cuando volvió a sonar de nuevo el toque de los clarines, 649 II | campesinos que llegaban en numerosos grupos de los lugares cercanos 650 III| sabiendo que ya el corcel no obedecía al jinete». Aquella noche 651 IV | revueltos y confundidos mil objetos diferentes: cintas tocadas 652 I | Margarita lloraba con el rostro oculto entre las manos; lloraba 653 IV | una desdichada cruelmente ofendida por un poderoso. Altos juicios 654 IV | estaba allí, ~estas palabras oía. ~«Nos has deshonrado», 655 IV | su vista ni llegase a su oído el rumor más leve. Andaba 656 III| a la fatiga del día, os oigo suspirar angustiado, y si 657 IV | el remate de las cuales ondeaban al viento distintas enseñas 658 IV | colorado a un ballestero con oraciones devotas, historias de amores 659 IV | farautes que publicaban las ordenanzas de los maestros del campo, 660 III| negra melancolía hubiera osado interrumpirle sin atraer 661 IV | morisca ciudad, y entre las oscuras manchas del follaje lucían 662 | otro 663 I | servido en el ocio de las paces, he dormido bajo su techo, 664 IV | faltando algunos que de países extraños y distantes vinieran 665 IV | gran corro de soldados, pajecillos y gente menuda que le escuchaban 666 III| hermosa, blanca hasta la palidez, que descorrió la cortinas, 667 III| escaño de alerce, inmóvil, pálido, terrible, as manos cruzadas 668 II | herramientas y sus torres de palo; las cuadrillas de escaladores 669 I | su hogar y he comido el pan a su mesa. Si hoy le abandono, 670 V | sacerdote autorizado por el Papa bendijo la lúgubre unión, 671 I | juntos a habitar en aquel paraíso de los árabes, donde dicen 672 III| con esa vaguedad del que parece mirar un objeto y, sin embargo, 673 | parecer 674 IV | campo de los cristianos parecían cuatro llamas.~La empresa 675 I | señor, el conde de Gómara, parte mañana de su castillo para 676 III| a todas horas, en todas partes, estoy viendo esa mano misteriosa 677 IV | anuncia ~que a la guerra se partía. ~«Te vas y acaso no tornes.» ~« 678 III| no se desvanece. ¿Qué os pasa, señor? Decídmelo. Si es 679 II | de sus petos de hierro, pasaron los hombres de armas del 680 IV | aclamaciones de la multitud, pasmada de su destreza; y el rumor 681 II | lugares libres para que diesen paso y ayuda a sus huestes.~A 682 III| puso de pie y dio algunos pasos como fuera de sí y embargado 683 II | del arco que conducía al patio de armas.~La multitud corrió 684 IV | reliquias de los santos patrones de todos los lugares de 685 II | del puente, que cayó con pausa sobre el foso, y se levantaron 686 V | añosos y corpulentos hay un pedacito de prado que al llegar la 687 IV | bálsamos maravillosos para pegar a hombres partidos por la 688 III| Triana? Éramos pocos. La pelea fue dura, y yo estuve a 689 II | castillo, formados en gruesos pelotones, que semejaban a lo lejos 690 II | poderosas mulas con gualdrapas y penachos, rodeado de sus pajes, que 691 IV | diferentes reinos de la Península, no faltando algunos que 692 IV | en un todo a los lúgubres pensamientos que embargaban su ánimo. 693 III| y yo estuve a punto de perecer. Tú lo viste: en lo más 694 IV | ojos fijos en el juglar permaneció inmóvil escuchando esta 695 IV | Altos juicios de Dios han permitido que al enterrarla quedase 696 IV | encomios, había un extraño personaje, mitad romero, mitad juglar 697 II | en los brazos de algunas personas que acudieron a socorrerla. 698 I | con acento aún más dulce y persuasivo, prosiguió así:~ - No llores, 699 II | gimiendo sobre sus goznes, las pesadas puertas del arco que conducía 700 II | lanzando chispas de luz de sus petos de hierro, pasaron los hombres 701 IV | devotas, historias de amores picarescos con leyendas de santos.~ 702 III| El caballo estaba algunos pies de distancia del muro de 703 IV | una animación imposible de pintar con palabras.~El conde de 704 IV | guisa, formaban un extraño y pintoresco contraste.~Aquí descansaban 705 IV | y con un aire monótono y plañidero un romance que siempre terminaba 706 IV | de alquimia, de vidrio y plomo.~Cuando el conde llegó cerce 707 II | birretes guarnecidos de plumas vistosas.~Después vino el 708 | pocos 709 I | va a sacar a Sevilla del poder de los infieles, y yo debo 710 II | timbaleros, que montaban poderosas mulas con gualdrapas y penachos, 711 IV | cruelmente ofendida por un poderoso. Altos juicios de Dios han 712 II | un de los más nobles y poderosos feudatarios de la corona 713 II | envueltos en la nube de polvo que levantaba el casco de 714 IV | relación, chistes capaces de poner colorado a un ballestero 715 I | guardaban sus hermanos.~ - Ponte tus vestidos de gala - le 716 | porque 717 IV | con la relación de hazañas portentosas, y los gritos de los farautes 718 I | salir en tropel por las poternas de su castillo, preguntarán 719 II | blanco, caballero sobre un potro morcillo, llevando en sus 720 V | corpulentos hay un pedacito de prado que al llegar la primavera 721 II | vestido de negro y rojo.~Precedían al escudero mayor hasta 722 II | bosque de lanzas.~Por último, precedido de los timbaleros, que montaban 723 III| herido y ciego de furor, se precipitó hacia el grueso de la hueste 724 I | poternas de su castillo, preguntarán maravillados de no verme: «¿ 725 III| milagrosamente. En vano pregunté a unos y otros por mi salvador. 726 IV | con fuerza del brazo, le preguntó en voz baja y convulsa:~ - ¿ 727 III| jinete». Aquella noche entré preocupado en mi tienda. Quería en 728 IV | y mil ruidos discordes, prestaban a aquel cuadro de costumbres 729 IV | conde se acercó al grupo y prestó atención. Por una coincidencia, 730 IV | atalaya, sobre cuyo aéreo pretil lanzaban chispas de luz, 731 III| esa mano misteriosa que previene mis deseos y se adelanta 732 V | de prado que al llegar la primavera se cubre espontáneamente 733 II | Apenas rayaba en el cielo la primera luz del alba, cuando empezó 734 III| en los banquetes donde procuraba ahogar mi pena entre la 735 V | unión, es fama que cesó el prodigio y la mano muerta se hundió 736 IV | muestras de emoción más profunda.~ - Señor - dijo el romero, 737 III| limitó a decirle con voz profundamente conmovida:~ - Venid... Salgamos 738 II | armados de largas picas y provistos de sendas adargas de cuero. 739 IV | voluntad ajena a la suya.~Próximo a la tienda del rey, y en 740 IV | gritos de los farautes que publicaban las ordenanzas de los maestros 741 I | la noche, y cuando ya no pudo distinguirle, se volvió 742 I | con todos los vecinos del pueblo para ver al conde, que se 743 II | rechinaron las cadenas del puente, que cayó con pausa sobre 744 IV | en escaños de alerce a la puerta de sus tiendas y jugando 745 II | sus goznes, las pesadas puertas del arco que conducía al 746 | pues 747 III| grueso de la hueste mora. Yo pugnaba en balde por contenerle. 748 IV | escudero tan extraño anuncio, pugnó por arrancar a su señor 749 II | increíble fuerza de sus pulmones.~Cuando dejó de herir el 750 II | mayor de la casa, armado de punta en blanco, caballero sobre 751 I | solemnemente empeñada el día que puse en tus manos ese anillo, 752 IV | permitido que al enterrarla quedase siempre fuera de la sepultura 753 | querer 754 III| preocupado en mi tienda. Quería en vano arrancarme de la 755 IV | una promesa. Vos sabréis, quizá, a quién toca cumplirla.~ ~ 756 II | foso, y se levantaron los rastrillos, mientras se abrían de par 757 I | cuales se acabó de borrar el rastro de luz que el sol había 758 II | II~Apenas rayaba en el cielo la primera luz 759 II | desmayada y como herida de un rayo en los brazos de algunas 760 III| famoso castillo, puso los reales a la vista de la ciudad 761 IV | de la corona de almenas rebosaba la verdura de los mil jardines 762 II | el toque de los clarines, rechinaron las cadenas del puente, 763 III| de sus largas picas para recibirme en ellas. Una nube de saetas 764 IV | romero, mitad juglar que, ora recitando una especie de letanía en 765 IV | apartaban con respeto al reconocerle, el conde llegó a donde 766 III| arrancarme de la imaginación el recuerdo de la extraña aventura. 767 III| Acaso la brisa de la tarde refrescará vuestras sienes, calmando 768 IV | armas rotas en la última refriega; más allá cubrían de saetas 769 IV | guerreros de los diferentes reinos de la Península, no faltando 770 IV | amar de todas las mujeres, reliquias de los santos patrones de 771 IV | formas y colores sobre el remate de las cuales ondeaban al 772 I | fijarlos en los de su amante, y removió los labios como para dirigirle 773 III| todos los guerreros duermen rendidos a la fatiga del día, os 774 III| Tú lo viste: en lo más reñido del combate, mi caballo, 775 IV | imperturbable - , esta cántiga la repiten de unos en otros los aldeanos 776 III| le dijo con voz grave y reposada:~ - He sufrido demasiado 777 II | feudatarios a la guerra de moros y requiriendo a las villas y lugares libres 778 I | No obstante, hay algo tan respetable como nuestro cariño, y es 779 I | callaba alrededor y parecía respetar su pena. Los rumores del 780 IV | curiosos, que se apartaban con respeto al reconocerle, el conde 781 IV | título de aquella historia respondía en un todo a los lúgubres 782 I | dominando su emoción y con voz resuelta y firme - . Ve, ve a mantener 783 I | mañana de su castillo para reunir su hueste a las del rey 784 IV | sus hombros se hallaban revueltos y confundidos mil objetos 785 II | las crónicas de nuestros reyes por la increíble fuerza 786 II | corrió a agolparse en los ribazos del camino para ver más 787 I | rey nos dará feudos en las riberas del Guadalquivir a los conquistadores.~ 788 II | en sus manos el pendón de ricohombre con sus motes y sus calderas, 789 II | de sus pajes, que vestían ricos trajes de seda y oro y seguido 790 III| balde por contenerle. Las riendas se habían escapado de mis 791 III| Écija, Carmona y Alcalá del Río de Guadaira, donde, una 792 II | por su esplendidez y sus riquezas.~Rompieron la marcha los 793 II | con gualdrapas y penachos, rodeado de sus pajes, que vestían 794 II | señorío vestido de negro y rojo.~Precedían al escudero mayor 795 IV | acompañaba en la relación de sus romances. Después que hubo estirado 796 IV | la última estrofa, cuando rompiendo el muro de curiosos, que 797 II | esplendidez y sus riquezas.~Rompieron la marcha los farautes, 798 I | mayores estrellas.~Pedro rompió al fin aquel silencio angustioso, 799 I | Margarita lloraba con el rostro oculto entre las manos; 800 IV | aderezar y componer sus armas rotas en la última refriega; más 801 IV | llenando los aires de mil y mil ruidos discordes, prestaban a aquel 802 I | parecía respetar su pena. Los rumores del campo se apagaban; el 803 III| maravillamos al veros tornar, sabiendo que ya el corcel no obedecía 804 II | camino para ver más a su sabor las brillantes armaduras 805 III| Decídmelo. Si es un secreto, yo sabré guardarlo en el fondo de 806 IV | hacerla una promesa. Vos sabréis, quizá, a quién toca cumplirla.~ ~ 807 IV | daba la vuelta al corro sacando los últimos cornados de 808 I | rey don Fernando, que va a sacar a Sevilla del poder de los 809 V | la mano de Margarita y un sacerdote autorizado por el Papa bendijo 810 III| y partir en el aire una saeta que venía a herirme; la 811 III| profundamente conmovida:~ - Venid... Salgamos un momento de la tienda. 812 IV | mesnada, ~de su castillo salía. ~Ella, que le ha conocido, ~ 813 III| oídos a su inteligencia, salió poco a poco de su inmovilidad 814 IV | las mismas que dijo el rey Salomón cuando fundaba el templo 815 II | levantó un clamor inmenso para saludarle, y entre la confusa vocería 816 III| pregunté a unos y otros por mi salvador. Nadie le conocía, nadie 817 III| filas de mis soldados, me salvó milagrosamente. En vano 818 I | cielo nos ayudará en la santa empresa. Conquistaremos 819 IV | tocadas en el sepulcro de Santiago, cédulas con palabras que 820 IV | los esfuerzos a los del santo rey.~Tendidas a lo largo 821 III| señor? Decídmelo. Si es un secreto, yo sabré guardarlo en el 822 IV | en bolsitas de brocatel, secretos para hacerse amar de todas 823 II | ricos trajes de seda y oro y seguido de los escuderos de su casa, 824 | Según 825 III| llevándome a una muerte segura. Ya los moros, cerrando 826 II | en gruesos pelotones, que semejaban a lo lejos un bosque de 827 II | largas picas y provistos de sendas adargas de cuero. Tras éstos 828 IV | Aquí descansaban algunos señores de las fatigas del combate, 829 II | desplegarse al viento el pendón señorial en la torre más alta de 830 II | ejecutor de las justicias del señorío vestido de negro y rojo.~ 831 III| Gómara estaba en la tienda sentado en un escaño de alerce, 832 IV | quedase siempre fuera de la sepultura la mano en que su amante 833 II | y los lujosos arreos del séquito del conde de Gómara, célebre 834 | ser 835 II | escaladores y la gente menuda del servicio de las acémilas.~Luego, 836 I | debo cuanto soy. Yo le he servido en el ocio de las paces, 837 III| tarde refrescará vuestras sienes, calmando ese incomprensible 838 III| ojos, y por donde voy me sigue: en la tienda, en el combate, 839 II | huestes.~A los farautes siguieron los heraldos de corte, ufanos 840 I | de la alameda.~Margarita siguió a Pedro con los ojos hasta 841 III| ellas. Una nube de saetas silbaba en mis oídos. El caballo 842 I | pero las lágrimas corrían silenciosas a lo largo de sus mejillas, 843 IV | levantar los ojos de la tierra, silencioso, triste, como si ningún 844 I | en tus manos ese anillo, símbolo de una promesa.~ - ¡Pedro! - 845 IV | otras cien y cien figuras o símbolos heráldicos que pregonaban 846 III| lo detuvo con una fuerza sobrenatural y, volviéndole en dirección 847 III| y lo avisan con hechos sobrenaturales. ¿Te acuerdas del día de 848 II | personas que acudieron a socorrerla. Era Margarita, Margarita, 849 I | volveré a cumplir la palabra solemnemente empeñada el día que puse 850 IV | torna, ~donde encontrarte solía.»~Mientras la infelice muere, ~ 851 I | pero su voz se ahogó en un sollozo.~Pedro, con acento aún más 852 III| ibais sólo, completamente solo. Por eso nos maravillamos 853 III| picas - me dijeron - , ibais sólo, completamente solo. Por 854 I | con los ojos hasta que su sombra se confundió entre la niebla 855 I | de la tarde dormía y las sombras comenzaban a envolver los 856 IV | maquinalmente, a la manera que un somnámbulo, cuyo espíritu se agita 857 II | impacientarse, cuando volvió a sonar de nuevo el toque de los 858 I | angustioso, exclamando con voz sorda y entrecortada, y como si 859 IV | tierra eres?~ - De tierra de Soria - le respondió éste sin 860 I | familia, a él le debo cuanto soy. Yo le he servido en el 861 I | con acento más cariñoso y suave:~ - Margarita, para ti el 862 III| mírala, mírala aquí, apoyada suavemente en mis hombros.~Al pronunciar 863 II | borde de los fosos, otros subidos en las copas de los árboles, 864 III| no es ilusión lo que me sucede. Yo debo hallarme bajo la 865 IV | agita en el mundode los sueños, se mueve y marcha sin la 866 III| grave y reposada:~ - He sufrido demasiado en silencio. Creyéndome 867 I | desató su caballo, que estaba sujeto a uno de los árboles del 868 III| fatiga del día, os oigo suspirar angustiado, y si corro a 869 I | respondió Margarita con un suspíro.~ - Sin embargo - insistió 870 IV | tiendas y jugando a las tablas, en tanto que sus pajes 871 | también 872 | tanto 873 III| si las palabras hubiesen tardado todo aquel tiempo en llegar 874 II | de cuero. Tras éstos no tardaron en aparecer los aparejadores 875 I | paces, he dormido bajo su techo, me he calentado en su hogar 876 II | amante en el muy alto y muy temido señor conde de Gómara, un 877 IV | admiradores, comenzaba éste a templar una especie de bandolina 878 IV | Salomón cuando fundaba el templo y las únicas para libertarse 879 IV | esfuerzos a los del santo rey.~Tendidas a lo largo de la llanura 880 III| explosión de su cólera.~ - ¿Qué tenéis, señor? - le decía - .¿Qué 881 IV | anillo que le dio el conde tenía. ~De noche, sobre la tumba, ~ 882 IV | plañidero un romance que siempre terminaba con el mismo estribillo.~ 883 IV | Apenas el cantor había terminado la última estrofa, cuando 884 III| hubiesen tardado todo aquel tiempo en llegar desde sus oídos 885 IV | esta cántiga:~I~La niña tiene un amante ~que escudero 886 I | gentes murmuradoras que tienes amores en el castillo y 887 II | último, precedido de los timbaleros, que montaban poderosas 888 IV | comenzar, el romance se titulaba el Romance de la mano muerta.~ 889 IV | al parecer extraña, el título de aquella historia respondía 890 IV | sabréis, quizá, a quién toca cumplirla.~ ~ 891 IV | objetos diferentes: cintas tocadas en el sepulcro de Santiago, 892 IV | campo de Guadaira hasta tocar en la margen izquierda del 893 I | a la desconsolada niña y tomando una de sus manos, prosiguió 894 II | volvió a sonar de nuevo el toque de los clarines, rechinaron 895 IV | No te encontrará, si torna, ~donde encontrarte solía.»~ 896 I | mirarla, y viéndola llorar, tornaba a bajarlos, guardando a 897 III| combate y triste volvéis, aun tornando con la victoria. Cuando 898 III| nos maravillamos al veros tornar, sabiendo que ya el corcel 899 IV | vas y acaso no tornes.» ~«Tornaré por vida mía.»~Mientras 900 IV | deshonrado», dice. ~«Me juró que tornaría.»~«No te encontrará, si 901 III| Mas al dirigirme al lecho torné a ver la misma mano, una 902 IV | partía. ~«Te vas y acaso no tornes.» ~«Tornaré por vida mía.»~ 903 II | el pendón señorial en la torre más alta de la fortaleza.~ 904 I | pero vuelve..., vuelve a traerme la mía.~Pedro besó la frente 905 IV | de aquella época, había traído a su alrededor a los más 906 II | pajes, que vestían ricos trajes de seda y oro y seguido 907 I | espesos árboles del soto.~Así transcurrieron algunos minutos, durante 908 IV | atambores, el clamor de las trompetas, las voces de los mercaderes 909 II | veintena de aquellos famosos trompeteros de la tierra llana, célebres 910 I | hombres de armas al salir en tropel por las poternas de su castillo, 911 IV | tenía. ~De noche, sobre la tumba, ~diz que el viento repetía: ~¡ 912 III| entre la confusión y el tumulto, escanciar el vino en mi 913 V | sitio en donde se asegura tuvo lugar la extraña ceremonia 914 II | siguieron los heraldos de corte, ufanos con sus casullas de seda, 915 III| hombros.~Al pronunciar estas últimas palabras el conde se puso 916 II | un bosque de lanzas.~Por último, precedido de los timbaleros, 917 IV | vuelta al corro sacando los últimos cornados de la flaca escarcela 918 IV | la han enterrado en la umbría; ~por más tierra que le 919 IV | fundaba el templo y las únicas para libertarse de toda 920 III| escuderos de su casa, el único que en aquellas horas de 921 II | rumor sordo, compasado y uniforme. Eran los peones de la mesnada, 922 V | Papa bendijo la lúgubre unión, es fama que cesó el prodigio 923 IV | llamados por la fama, a unir los esfuerzos a los del 924 IV | diversos y vestido cada cual al uso de su país y cada cual armado 925 V | V~En un lugarejo miserable 926 I | luna comenzó a dibujarse vagamente sobre el fondo violado del 927 II | copas de los árboles, éstos vagando por la llanura, aquéllos 928 III| fijos en el espacio con esa vaguedad del que parece mirar un 929 III| aqueja y consume? Triste vais al combate y triste volvéis, 930 I | al entrar - ; que mañana vamos a Gómara con todos los vecinos 931 I | castillo y que tus amores se van a la guerra.~ 932 III| Creyéndome juguete de una vana fantasía, hasta ahora he 933 IV | la guerra se partía. ~«Te vas y acaso no tornes.» ~«Tornaré 934 I | vamos a Gómara con todos los vecinos del pueblo para ver al conde, 935 II | escudero mayor hasta una veintena de aquellos famosos trompeteros 936 III| en el aire una saeta que venía a herirme; la he visto, 937 III| profundamente conmovida:~ - Venid... Salgamos un momento de 938 III| salir de Córdoba, había venido por sus jornadas hasta Sevilla, 939 IV | corona de almenas rebosaba la verdura de los mil jardines de la 940 II | casa, apareció el conde.~Al verle, la multitud levantó un 941 I | preguntarán maravillados de no verme: «¿Dónde está el escudero 942 III| eso nos maravillamos al veros tornar, sabiendo que ya 943 I | el amor es todo, y tú no ves nada más allá del amor. 944 II | rodeado de sus pajes, que vestían ricos trajes de seda y oro 945 I | sus hermanos.~ - Ponte tus vestidos de gala - le dijo uno de 946 III| Créeme: no fue una ilusión. Vi una mano que, agarrándole 947 III| volvéis, aun tornando con la victoria. Cuando todos los guerreros 948 IV | baratijas de alquimia, de vidrio y plomo.~Cuando el conde 949 III| en todas partes, estoy viendo esa mano misteriosa que 950 I | los ojos para mirarla, y viéndola llorar, tornaba a bajarlos, 951 II | de los lugares cercanos vieron desplegarse al viento el 952 II | moros y requiriendo a las villas y lugares libres para que 953 IV | países extraños y distantes vinieran también, llamados por la 954 I | vagamente sobre el fondo violado del cielo del crepúsculo, 955 III| punto de perecer. Tú lo viste: en lo más reñido del combate, 956 II | birretes guarnecidos de plumas vistosas.~Después vino el escudero 957 II | saludarle, y entre la confusa vocería se ahogó el grito de una 958 III| le había visto. «Cuando volabais a estrellaros en la muralla 959 IV | como arrastrado por una voluntad ajena a la suya.~Próximo 960 III| vais al combate y triste volvéis, aun tornando con la victoria. 961 I | los que acaso no han de volver - respondió Margarita con 962 III| una fuerza sobrenatural y, volviéndole en dirección a las filas 963 IV | al hacerla una promesa. Vos sabréis, quizá, a quién 964 IV | mientras su acompañante daba la vuelta al corro sacando los últimos 965 | vuestras


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