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Gustavo Adolfo Bécquer
La cueva de la mora

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
aband-sufri | super-zarza

    Capítulo
1 I | se ven todavía los restos abandonados de un castillo árabe, célebre 2 II | mostraba partidario de otra absolutamente opuesta, hasta que, al fin, 3 II | proyectos más atrevidos y absurdos: ora imaginaba un medio 4 I | observar cuidadosamente los accidentes de la bóveda y del piso, 5 I | vine en conocimiento de que acerca del castillo árabe y del 6 III| amante le ofrecía y, sin acercársela a los labios, preguntó a 7 I | vericuetos, y al cual me acerqué so pretexto de pedirle lumbre 8 I | jaramago; por todas partes adonde se vuelven los ojos no se 9 II | sólo movía a su caudillo el afán de vengarse de cuanto le 10 I | propiedades medicinales de las aguas de Fitero, de la cosecha 11 II | Cuando el castillo, del que ahora sólo restan algunas informes 12 II | sus hombres de guerra se alborozaron al verle, creyendo llegada 13 | algo 14 I | le pregunté si sabía de alguien que hubiese penetrado en 15 | alguna 16 | alguno 17 | allá 18 II | sucedió así: el alcaide allegó de los lugares comarcanos 19 II | nuevos combates; pero el alma del caballero se había llenado 20 I | peldaños en dirección a la altura en que se halla el castillo 21 III| río. El valle y todas las alturas que lo coronan estaban llenos 22 II | anunciar a los enamorados amantes que por toda la sierra que 23 I | historieta, y como yo soy muy amigo de oír todas estas tradiciones 24 II | caso de los consejos de sus amigos, ni paraba mientes en las 25 II | paterno ni los esfuerzos de la amistad eran parte a disipar su 26 I | hija de un alcaide moro que anda todavía penando por estos 27 I | conversación con un trabajador que andaba podando unas viñas en aquellos 28 I | río que corre a sus pies, andando a lo largo de la ribera, 29 I | naturaleza y que, después que anduve algunos pasos, vi era un 30 III| oían salir estas palabras angustiosas:~- ¡Tengo sed! ¡Me abraso! ¡ 31 I | postes de argamasa con las anillas de hierro que sostenían 32 II | atalaya de la torre bajó a anunciar a los enamorados amantes 33 II | Solo por sorpresa, como se apoderaron de él los cristianos, era 34 II | el mayor sigilo todos los aprestos necesarios, cayó de improviso 35 | aquellas 36 | aquello 37 | aquí 38 I | más allá los postes de argamasa con las anillas de hierro 39 I | al estado de mi salud, ya arrastrado por la curiosidad, todas 40 III| muerte, logró, sin embargo, arrastrarse a la entrada del subterráneo 41 II | la idea del peligro, lo arrastró hasta el patio de armas. 42 II | verdadera causa de aquella arrojada empresa, en que tantos buenos 43 II | cuanto le habían hecho sufrir arrojándole en el fondo de sus calabozos; 44 II | guerreros, que bien podía asegurarse que iba a caer sobre el 45 I | la roca sobre la que se asienta el castillo,renuncié a subir 46 II | de la roca en que tienen asiento todo aquel fertilísimo valle 47 I | la Mora! - me dijo, como asombrado al oír mi pregunta - . ¿ 48 I | pregunta - . ¿Quien había de atreverse? ¿No sabe usted que de esa 49 II | forjando los proyectos más atrevidos y absurdos: ora imaginaba 50 II | había logrado subir con la ayuda de una escala, al mismo 51 II | rocas se descubre se veía bajar tal nublado de guerreros, 52 II | comenzaron a dar órdenes; se bajaron los rastrillos, se levantó 53 II | colgante y se coronaron de ballesteros las almenas.~Algunas horas 54 II | imaginaba un medio de romper las barreras que lo separaban de aquella 55 II | villa de Fitero una reñida batalla, en la cual cayó herido 56 III| derramó el caballero el agua bautismal invocando el nombre del 57 II | nublado de guerreros, que bien podía asegurarse que iba 58 I | noches salir vestida de blanco de esa cueva, y llena en 59 I | ribera, vi una especie de boquerón abierto en la peña viva 60 I | cuidadosamente los accidentes de la bóveda y del piso, que me pareció 61 II | recibía un golpe mortal en la brecha de la barbacana, en donde 62 II | arrojada empresa, en que tantos buenos cristianos habían perecido 63 III| vez rendida la fortaleza, buscaban en vano por todas partes 64 III| cueva, donde encontró los cadáveres del caballero y su amada, 65 II | algunos días en el fondo de un calabozo luchando entre la vida y 66 II | arrojándole en el fondo de sus calabozos; pero después de tomada 67 I | entre aquellos vericuetos el camino que conduce a las ruinas 68 I | descubierto uno de esos caminos secretos, tan comunes en 69 II | estrechamente para hacer capitular a sus defensores por hambre.~ 70 I | rotos, sillares oscuros y carcomidos; aquí un lienzo de barbacana, 71 II | desapareció con su preciosa carga y comenzó a descender hasta 72 II | Conducido a la fortaleza y cargado de hierros por sus enemigos, 73 II | profunda melancolía, y ni el cariño paterno ni los esfuerzos 74 III| un instante, y tomando el casco del moribundo, se deslizó 75 II | muerte, hasta que, curado casi milagrosamente de sus heridas, 76 II | hermosísima mora, no hacía caso de los consejos de sus amigos, 77 I | fama existen en todos los castillos de los moros.~Mis diligentes 78 II | creyeron que sólo movía a su caudillo el afán de vengarse de cuanto 79 II | ocultó a ninguno la verdadera causa de aquella arrojada empresa, 80 II | estraña melancolía.~Durante su cautiverio logró ver a la hija del 81 II | fuerza de oro.~Volvió el cautivo a su hogar; volvió a estrechar 82 I | haber visto una poterna cegada. Sin duda, había descubierto 83 I | sobre otras al foso y lo han cegado por completo; en el patio 84 II | cristianos comenzaron a cejar y a replegarse. En este 85 I | abandonados de un castillo árabe, célebre en los fastos gloriosos 86 II | inutilidad de sus esfuerzos, a cercarlo estrechamente para hacer 87 I | corre allí inmediato.~Para cerciorarme de la verdad que pudiera 88 II | defensa desesperada y el choque horrible. Durante la pelea, 89 III| expiaban, volvió sus ojos al cielo, tomó el agua que su amante 90 I | lumbre para encender un cigarrillo.~Hablamos de varias cosas 91 II | sus soldados. Unos y otros clamaban por salir cuanto antes de 92 I | de los que valerosamente clavaron sobre sus almenas el estandarte 93 I | para hacer salidas falsas o coger, estando sitiados, el agua 94 II | alcaide allegó de los lugares comarcanos y una mañana el vigía que 95 II | hora de emprender nuevos combates; pero el alma del caballero 96 II | barbacana, en donde unos y otros combatían cuerpo a cuerpo entre las 97 II | reunió a sus hermanos y compañeros de armas, hizo llamar a 98 I | foso y lo han cegado por completo; en el patio de armas crecen 99 I | esos caminos secretos, tan comunes en las obras militares de 100 I | subterráneo que yo suponía en comunicación con él había alguna historieta, 101 I | vericuetos el camino que conduce a las ruinas de la fortaleza 102 II | piedad como por su valentía.~Conducido a la fortaleza y cargado 103 II | que habían reprobado su conducta juraron perecer en su defensa.~ 104 | conmigo 105 II | noticias por la fama antes de conocerla; pero que cuando la hubo 106 II | pero que cuando la hubo conocido la encontró tan superior 107 III| morir, volvió en su razón y, conociendo la enormidad del pecado 108 I | aquel buen hombre vine en conocimiento de que acerca del castillo 109 II | mora, no hacía caso de los consejos de sus amigos, ni paraba 110 III| noches a vagar por estos contornos.~ 111 II | cristianos habían perecido para contribuir al logro de una pasión indigna.~ 112 I | que, según me decían, era conveniente al estado de mi salud, ya 113 III| todas las alturas que lo coronan estaban llenos de soldados 114 II | el puente colgante y se coronaron de ballesteros las almenas.~ 115 I | Fitero, y sobre unas rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre 116 II | y ya se decidía por una cosa, ya se mostraba partidario 117 I | cigarrillo.~Hablamos de varias cosas indiferentes: de las propiedades 118 I | las aguas de Fitero, de la cosecha pasada y la por venir, de 119 I | completo; en el patio de armas crecen zarzales y matas de jaramago; 120 II | se alborozaron al verle, creyendo llegada la hora de emprender 121 II | a esta expedición, todos creyeron que sólo movía a su caudillo 122 III| la mora:~- ¿Quieres ser cristiana? ¿Quieres morir en mi religión 123 II | árabes un famoso caballero cristiano, tan digno de renombre por 124 I | almenas el estandarte de la cruz. De los muros no quedan 125 II | salieron en tumulto de sus cuadras; los jefes comenzaron a 126 III| caballero. Éste, al verla cubierta de sangre y próxima a morir, 127 I | temor, separé el ramaje que cubría la entrada de aquello que 128 III| entre los matorrales que cubrían la boca de la cueva y bajó 129 I | sombras, me limité a observar cuidadosamente los accidentes de la bóveda 130 I | mujeres de Navarra y el cultivo de las viñas; hablamos, 131 II | y la muerte, hasta que, curado casi milagrosamente de sus 132 I | desesperanzado de hallar algo nuevo y curioso en los alto de la roca sobre 133 II | hija del alcaide moro, de cuya hermosura tenía noticias 134 I | rocas cortadas a pico, a cuyos pies corre el río Alhama, 135 I | encontraba algunas armas, dando golpes en los muros para 136 I | de aquella época, el cual debió servir para hacer salidas 137 I | ejercicio, que, según me decían, era conveniente al estado 138 II | esfuerzos por olvidarla, y ya se decidía por una cosa, ya se mostraba 139 I | por parte de los que lo defendieron como de los que valerosamente 140 II | sobrenatural y por la boca que dejó ver al levantarse, desapareció 141 III| muero! ¡Me abraso!~Y en su delirio precursor de la muerte, 142 | demás 143 III| la cabeza, sobre la cual derramó el caballero el agua bautismal 144 II | dejó ver al levantarse, desapareció con su preciosa carga y 145 II | preciosa carga y comenzó a descender hasta llegar al fondo del 146 I | cegada. Sin duda, había descubierto uno de esos caminos secretos, 147 II | desde aquellas rocas se descubre se veía bajar tal nublado 148 II | fuerzas que hacían mayores la desesperación y la idea del peligro, lo 149 II | fue rabiosa, la defensa desesperada y el choque horrible. Durante 150 I | embargo, uuna tarde en que, ya desesperanzado de hallar algo nuevo y curioso 151 III| casco del moribundo, se deslizó como una sombra por entre 152 III| que había caído al suelo desvanecida con la falta de sangre, 153 II | milagrosamente de sus heridas, sus deudos le rescataron a fuerza de 154 II | enemigos, estuvo algunos días en el fondo de un calabozo 155 II | sus brazos a los que le dieron el ser. Sus hermanos de 156 II | defensores una, dos y hasta diez embestidas.~Los moros se 157 II | caballero cristiano, tan digno de renombre por su piedad 158 I | castillos de los moros.~Mis diligentes pesquisas fueron por demás 159 II | la amistad eran parte a disipar su estraña melancolía.~Durante 160 III| alrededor de la fortaleza habían disparados sus arcos en la dirección 161 III| otro día, el soldado que disparó la saeta vio un rastro de 162 II | quedado piedra sobre piedra, dominaban desde lo alto de la roca 163 I | una poterna cegada. Sin duda, había descubierto uno de 164 III| enormidad del pecado que tan duramente expiaban, volvió sus ojos 165 I | los baños, ya por hacer ejercicio, que, según me decían, era 166 I | piso, que me pareció que se elevaba formando como unos grandes 167 | ellos 168 II | asalto al mediar la noche. La embestida fue rabiosa, la defensa 169 II | defensores una, dos y hasta diez embestidas.~Los moros se limitaron, 170 II | pasión indigna.~El caballero, embriagado en el amor que, al fin, 171 II | creyendo llegada la hora de emprender nuevos combates; pero el 172 II | causa de aquella arrojada empresa, en que tantos buenos cristianos 173 II | torre bajó a anunciar a los enamorados amantes que por toda la 174 II | seducción de sus encantos y se enamoró perdidamente de un objeto 175 II | resistir a la seducción de sus encantos y se enamoró perdidamente 176 I | rincones, con la idea de encontrar la entrada de alguno de 177 II | cargado de hierros por sus enemigos, estuvo algunos días en 178 III| su razón y, conociendo la enormidad del pecado que tan duramente 179 II | sobre el castillo la morisma entera.~La hija del alcaide se 180 | entonces 181 I | cueva por donde mismo había entrado, trabé conversación con 182 III| orilla del río, y siguiéndolo entró en la cueva, donde encontró 183 I | obras militares de aquella época, el cual debió servir para 184 | eran 185 | es 186 II | subir con la ayuda de una escala, al mismo tiempo que el 187 I | pasaba las horas y las horas escarbando el suelo por ver si encontraba 188 I | a hueco y sorprender el escondrijo de un tesoro, y metiéndome 189 I | todas estas tradiciones especialmente de labios de la gente del 190 I | largo de la ribera, vi una especie de boquerón abierto en la 191 I | medio oculto por frondosos y espesísimos matorrales. No sin mi poquito 192 | esta 193 II | una mañana el vigía que estaba puesto en la atalaya de 194 III| las alturas que lo coronan estaban llenos de soldados moros, 195 I | I~Frente al establecimiento de baños de Fitero, y sobre 196 I | decían, era conveniente al estado de mi salud, ya arrastrado 197 I | puente colgante.~Durante mi estancia en los baños, ya por hacer 198 I | clavaron sobre sus almenas el estandarte de la cruz. De los muros 199 I | salidas falsas o coger, estando sitiados, el agua del río 200 | Éste 201 II | comenzó, en efecto, a hacer estragos horrorosos entre los cristianos; 202 II | eran parte a disipar su estraña melancolía.~Durante su cautiverio 203 II | sus esfuerzos, a cercarlo estrechamente para hacer capitular a sus 204 II | cautivo a su hogar; volvió a estrechar entre sus brazos a los que 205 II | hierros por sus enemigos, estuvo algunos días en el fondo 206 I | un ánima?~- ¡Un ánima! - exclamé yo, sonriéndome - . ¿El 207 III| cuando silbó una saeta y exhaló un grito.~Dos guerreros 208 I | subterráneos que es fama existen en todos los castillos de 209 II | insensato amor.~Al partir a esta expedición, todos creyeron que sólo 210 III| pecado que tan duramente expiaban, volvió sus ojos al cielo, 211 I | una jarrica de agua.~Por explicación de aquel buen hombre vine 212 III| saciar en ellos su sed de exterminio. Sin embargo, no vaciló 213 III| alrededor una mirada llena de extravío, y dijo:~- ¡Tengo sed! ¡ 214 I | servir para hacer salidas falsas o coger, estando sitiados, 215 III| suelo desvanecida con la falta de sangre, hizo un movimiento 216 II | prisionero de los árabes un famoso caballero cristiano, tan 217 I | castillo árabe, célebre en los fastos gloriosos de la reconquista 218 II | aquel fertilísimo valle que fecunda el río Alhama, tuvo lugar 219 II | tienen asiento todo aquel fertilísimo valle que fecunda el río 220 II | meses pasó el caballero forjando los proyectos más atrevidos 221 I | aquello que me pareció cueva formada por la naturaleza y que, 222 II | idea que de ella se había formado, que no pudo resistir a 223 I | me pareció que se elevaba formando como unos grandes peldaños 224 I | viva y medio oculto por frondosos y espesísimos matorrales. 225 II | mediar la noche. La embestida fue rabiosa, la defensa desesperada 226 I | Mis diligentes pesquisas fueron por demás infructuosas.~ 227 II | sus deudos le rescataron a fuerza de oro.~Volvió el cautivo 228 II | tomándolo en sus brazos con unas fuerzas que hacían mayores la desesperación 229 I | especialmente de labios de la gente del pueblo, le supliqué 230 I | árabe, célebre en los fastos gloriosos de la reconquista por haber 231 II | el caballero recibía un golpe mortal en la brecha de la 232 I | encontraba algunas armas, dando golpes en los muros para observar 233 III| silbó una saeta y exhaló un grito.~Dos guerreros moros que 234 II | improviso sobre la fortaleza que guardaba a la hermosura objeto de 235 | ha 236 II | de su jefe, ninguno quiso hacerle traición, y los mismos que 237 II | partida la frente de un hachazo cayó al foso desde lo alto 238 II | brazos con unas fuerzas que hacían mayores la desesperación 239 I | dirección a la altura en que se halla el castillo de que ya he 240 I | que, ya desesperanzado de hallar algo nuevo y curioso en 241 I | de grandes y memorables hazañas, así por parte de los que 242 I | halla el castillo de que ya he hecho mención, y en cuyas 243 I | de barbacana, entre cuyas hendiduras nace la yedra; allí un torreón 244 III| moverse las ramas.~La mora, herida de muerte, logró, sin embargo, 245 II | casi milagrosamente de sus heridas, sus deudos le rescataron 246 II | batalla, en la cual cayó herido y prisionero de los árabes 247 II | encender en el pecho de la hermosísima mora, no hacía caso de los 248 I | argamasa con las anillas de hierro que sostenían el puente 249 II | la fortaleza y cargado de hierros por sus enemigos, estuvo 250 I | comunicación con él había alguna historieta, y como yo soy muy amigo 251 II | Volvió el cautivo a su hogar; volvió a estrechar entre 252 II | verle, creyendo llegada la hora de emprender nuevos combates; 253 II | desesperada y el choque horrible. Durante la pelea, el alcaide, 254 II | efecto, a hacer estragos horrorosos entre los cristianos; pero 255 I | si sabía de alguien que hubiese penetrado en ella y visto 256 II | conocerla; pero que cuando la hubo conocido la encontró tan 257 I | para observar si sonaba a hueco y sorprender el escondrijo 258 I | I~Frente al establecimiento 259 II | II~Cuando el castillo, del 260 III| III~Cuando el caballero volvió 261 II | atrevidos y absurdos: ora imaginaba un medio de romper las barreras 262 II | en su defensa.~Los moros impacientes, resolvieron dar un nuevo 263 III| sangre, hizo un movimiento imperceptible con la cabeza, sobre la 264 II | perdidamente de un objeto para él imposible.~Meses y meses pasó el caballero 265 II | aprestos necesarios, cayó de improviso sobre la fortaleza que guardaba 266 II | piedra como movida de un impulso sobrenatural y por la boca 267 II | En este punto la mora se inclinó sobre su amante, que yacía 268 III| tomado el agua, ya iba a incorporarse para volver de nuevo al 269 I | Hablamos de varias cosas indiferentes: de las propiedades medicinales 270 II | contribuir al logro de una pasión indigna.~El caballero, embriagado 271 I | que pudiera haber en mis inducciones, después que salí de la 272 II | podía llamarse con razón inexpugnable. Solo por sorpresa, como 273 II | ahora sólo restan algunas informes ruinas, se tenía aún por 274 I | pesquisas fueron por demás infructuosas.~Sin embargo, uuna tarde 275 I | agua del río que corre allí inmediato.~Para cerciorarme de la 276 II | la hermosura objeto de su insensato amor.~Al partir a esta expedición, 277 III| Sin embargo, no vaciló un instante, y tomando el casco del 278 II | se limitaron, viendo la inutilidad de sus esfuerzos, a cercarlo 279 III| caballero el agua bautismal invocando el nombre del Todopoderoso.~ 280 I | crecen zarzales y matas de jaramago; por todas partes adonde 281 I | cueva, y llena en el río una jarrica de agua.~Por explicación 282 II | defensores era la cabeza de su jefe, ninguno quiso hacerle traición, 283 II | tumulto de sus cuadras; los jefes comenzaron a dar órdenes; 284 | junto 285 II | habían reprobado su conducta juraron perecer en su defensa.~Los 286 III| para volver de nuevo al lado de su amante, cuando silbó 287 I | a sus pies, andando a lo largo de la ribera, vi una especie 288 I | se la voy a referir a mis lectores.~ 289 II | la boca que dejó ver al levantarse, desapareció con su preciosa 290 I | oscuros y carcomidos; aquí un lienzo de barbacana, entre cuyas 291 II | embestidas.~Los moros se limitaron, viendo la inutilidad de 292 II | compañeros de armas, hizo llamar a sus hombres de guerra 293 II | asalto.~El castillo podía llamarse con razón inexpugnable. 294 II | alborozaron al verle, creyendo llegada la hora de emprender nuevos 295 II | comenzó a descender hasta llegar al fondo del subterráneo.~ 296 II | alma del caballero se había llenado de una profunda melancolía, 297 III| alturas que lo coronan estaban llenos de soldados moros, que, 298 II | alto del muro, al que había logrado subir con la ayuda de una 299 II | perecido para contribuir al logro de una pasión indigna.~El 300 II | el fondo de un calabozo luchando entre la vida y la muerte, 301 II | fecunda el río Alhama, tuvo lugar junto a la villa de Fitero 302 I | acerqué so pretexto de pedirle lumbre para encender un cigarrillo.~ 303 II | lugares comarcanos y una mañana el vigía que estaba puesto 304 I | armas crecen zarzales y matas de jaramago; por todas partes 305 II | después de hacer con el mayor sigilo todos los aprestos 306 II | resolvieron dar un nuevo asalto al mediar la noche. La embestida fue 307 I | indiferentes: de las propiedades medicinales de las aguas de Fitero, 308 I | sido teatro de grandes y memorables hazañas, así por parte de 309 I | castillo de que ya he hecho mención, y en cuyas ruinas recordé 310 | menos 311 I | escondrijo de un tesoro, y metiéndome por todos los rincones, 312 II | de sus amigos, ni paraba mientes en las murmuraciones y las 313 I | se tiene en pie como por milagro; más allá los postes de 314 II | hasta que, curado casi milagrosamente de sus heridas, sus deudos 315 I | tan comunes en las obras militares de aquella época, el cual 316 III| tendió a su alrededor una mirada llena de extravío, y dijo:~- ¡ 317 II | caer sobre el castillo la morisma entera.~La hija del alcaide 318 II | caballero recibía un golpe mortal en la brecha de la barbacana, 319 II | decidía por una cosa, ya se mostraba partidario de otra absolutamente 320 III| dirección en que oyeron moverse las ramas.~La mora, herida 321 II | todos creyeron que sólo movía a su caudillo el afán de 322 II | levantó una piedra como movida de un impulso sobrenatural 323 III| dijo:~- ¡Tengo sed! ¡Me muero! ¡Me abraso!~Y en su delirio 324 II | lo separaban de aquella mujer, ora hacía los mayores esfuerzos 325 I | pasada y la por venir, de las mujeres de Navarra y el cultivo 326 II | ni paraba mientes en las murmuraciones y las quejas de sus soldados. 327 II | al foso desde lo alto del muro, al que había logrado subir 328 | muy 329 I | entre cuyas hendiduras nace la yedra; allí un torreón 330 II | muros, sobre los cuales era natural que habían de caer nuevamente 331 I | pareció cueva formada por la naturaleza y que, después que anduve 332 I | venir, de las mujeres de Navarra y el cultivo de las viñas; 333 II | sigilo todos los aprestos necesarios, cayó de improviso sobre 334 II | nuevo asalto al mediar la noche. La embestida fue rabiosa, 335 III| agua bautismal invocando el nombre del Todopoderoso.~Al otro 336 II | de cuya hermosura tenía noticias por la fama antes de conocerla; 337 II | descubre se veía bajar tal nublado de guerreros, que bien podía 338 II | natural que habían de caer nuevamente los árabes, repuestos del 339 II | llegada la hora de emprender nuevos combates; pero el alma del 340 I | secretos, tan comunes en las obras militares de aquella época, 341 I | en la peña viva y medio oculto por frondosos y espesísimos 342 II | tomada la fortaleza, no se ocultó a ninguno la verdadera causa 343 I | que al buen hombre se le ocurrió, primero que de la cueva, 344 III| el agua que su amante le ofrecía y, sin acercársela a los 345 III| silbaba la respiración sólo se oían salir estas palabras angustiosas:~- ¡ 346 II | del alcaide se quedó al oírlo pálida como la muerte; el 347 II | los mayores esfuerzos por olvidarla, y ya se decidía por una 348 II | partidario de otra absolutamente opuesta, hasta que, al fin, un día 349 II | los jefes comenzaron a dar órdenes; se bajaron los rastrillos, 350 I | y limité mi paseo a las orillas del río que corre a sus 351 II | le rescataron a fuerza de oro.~Volvió el cautivo a su 352 I | que arcos rotos, sillares oscuros y carcomidos; aquí un lienzo 353 | otra 354 | otras 355 | otro 356 III| arcos en la dirección en que oyeron moverse las ramas.~La mora, 357 III| sólo se oían salir estas palabras angustiosas:~- ¡Tengo sed! ¡ 358 II | alcaide se quedó al oírlo pálida como la muerte; el caballero 359 II | los árabes, repuestos del pánico de la sorpresa.~Y, en efecto, 360 II | consejos de sus amigos, ni paraba mientes en las murmuraciones 361 II | Durante la pelea, el alcaide, partida la frente de un hachazo 362 II | una cosa, ya se mostraba partidario de otra absolutamente opuesta, 363 II | de su insensato amor.~Al partir a esta expedición, todos 364 I | fortaleza árabe y allí me pasaba las horas y las horas escarbando 365 I | de Fitero, de la cosecha pasada y la por venir, de las mujeres 366 III| de sus labios secos, al pasar por los cuales silbaba la 367 I | subir a ella, y limité mi paseo a las orillas del río que 368 II | contribuir al logro de una pasión indigna.~El caballero, embriagado 369 II | imposible.~Meses y meses pasó el caballero forjando los 370 I | después que anduve algunos pasos, vi era un subterráneo abierto 371 II | melancolía, y ni el cariño paterno ni los esfuerzos de la amistad 372 III| conociendo la enormidad del pecado que tan duramente expiaban, 373 II | fin, logró encender en el pecho de la hermosísima mora, 374 I | me acerqué so pretexto de pedirle lumbre para encender un 375 I | formando como unos grandes peldaños en dirección a la altura 376 II | choque horrible. Durante la pelea, el alcaide, partida la 377 II | desesperación y la idea del peligro, lo arrastró hasta el patio 378 I | de boquerón abierto en la peña viva y medio oculto por 379 I | alcaide moro que anda todavía penando por estos lugares, y se 380 I | sabía de alguien que hubiese penetrado en ella y visto su fondo.~- ¡ 381 I | penetrar hasta el fondo, que se perdía entre las sombras, me limité 382 II | sus encantos y se enamoró perdidamente de un objeto para él imposible.~ 383 II | reprobado su conducta juraron perecer en su defensa.~Los moros 384 II | buenos cristianos habían perecido para contribuir al logro 385 I | los moros.~Mis diligentes pesquisas fueron por demás infructuosas.~ 386 II | la muerte; el caballero pidió sus armas a grandes voces 387 I | torreón que aún se tiene en pie como por milagro; más allá 388 II | digno de renombre por su piedad como por su valentía.~Conducido 389 I | ruinosos vestigios; las piedras de la atalaya han caído 390 I | accidentes de la bóveda y del piso, que me pareció que se elevaba 391 | poco 392 I | un trabajador que andaba podando unas viñas en aquellos vericuetos, 393 I | espesísimos matorrales. No sin mi poquito de temor, separé el ramaje 394 II | de él los cristianos, era posible rendirlo. Resistieron, pues, 395 I | por milagro; más allá los postes de argamasa con las anillas 396 I | entonces haber visto una poterna cegada. Sin duda, había 397 II | rendido el castillo, el precio de la vida de sus defensores 398 II | levantarse, desapareció con su preciosa carga y comenzó a descender 399 III| abraso!~Y en su delirio precursor de la muerte, de sus labios 400 I | como asombrado al oír mi pregunta - . ¿Quien había de atreverse? ¿ 401 I | recayó sobre este punto, le pregunté si sabía de alguien que 402 III| acercársela a los labios, preguntó a la mora:~- ¿Quieres ser 403 I | y al cual me acerqué so pretexto de pedirle lumbre para encender 404 I | buen hombre se le ocurrió, primero que de la cueva, objeto 405 II | en la cual cayó herido y prisionero de los árabes un famoso 406 II | se había llenado de una profunda melancolía, y ni el cariño 407 I | cosas indiferentes: de las propiedades medicinales de las aguas 408 III| verla cubierta de sangre y próxima a morir, volvió en su razón 409 II | el caballero forjando los proyectos más atrevidos y absurdos: 410 I | subterráneo abierto a pico.~No pudiendo penetrar hasta el fondo, 411 I | cerciorarme de la verdad que pudiera haber en mis inducciones, 412 II | se había formado, que no pudo resistir a la seducción 413 I | de labios de la gente del pueblo, le supliqué me la refiriese, 414 | pues 415 II | mañana el vigía que estaba puesto en la atalaya de la torre 416 II | grandes voces y todo se puso en movimiento en la fortaleza. 417 II | torres, de las que no ha quedado piedra sobre piedra, dominaban 418 I | la cruz. De los muros no quedan más que algunos ruinosos 419 II | La hija del alcaide se quedó al oírlo pálida como la 420 II | las murmuraciones y las quejas de sus soldados. Unos y 421 | Quien 422 | quién 423 II | cabeza de su jefe, ninguno quiso hacerle traición, y los 424 II | noche. La embestida fue rabiosa, la defensa desesperada 425 I | poquito de temor, separé el ramaje que cubría la entrada de 426 III| en que oyeron moverse las ramas.~La mora, herida de muerte, 427 II | órdenes; se bajaron los rastrillos, se levantó el puente colgante 428 III| disparó la saeta vio un rastro de sangre a la orilla del 429 I | último, la conversación recayó sobre este punto, le pregunté 430 II | tiempo que el caballero recibía un golpe mortal en la brecha 431 I | los fastos gloriosos de la reconquista por haber sido teatro de 432 I | mención, y en cuyas ruinas recordé entonces haber visto una 433 I | yo, a mi vez, se la voy a referir a mis lectores.~ 434 I | pueblo, le supliqué me la refiriese, lo cual hizo, poco más 435 III| cristiana? ¿Quieres morir en mi religión y, si me salvo, salvarte 436 III| soldados moros, que, una vez rendida la fortaleza, buscaban en 437 II | pero sabiendo que, una vez rendido el castillo, el precio de 438 II | cristianos, era posible rendirlo. Resistieron, pues, sus 439 II | a la villa de Fitero una reñida batalla, en la cual cayó 440 II | cristiano, tan digno de renombre por su piedad como por su 441 I | que se asienta el castillo,renuncié a subir a ella, y limité 442 II | cristianos comenzaron a cejar y a replegarse. En este punto la mora se 443 II | y los mismos que habían reprobado su conducta juraron perecer 444 II | caer nuevamente los árabes, repuestos del pánico de la sorpresa.~ 445 II | sus heridas, sus deudos le rescataron a fuerza de oro.~Volvió 446 II | cristianos, era posible rendirlo. Resistieron, pues, sus defensores una, 447 II | había formado, que no pudo resistir a la seducción de sus encantos 448 II | Los moros impacientes, resolvieron dar un nuevo asalto al mediar 449 II | de armas. Allí tocó a un resorte, se levantó una piedra como 450 III| por los cuales silbaba la respiración sólo se oían salir estas 451 II | castillo, del que ahora sólo restan algunas informes ruinas, 452 I | Alhama, se ven todavía los restos abandonados de un castillo 453 II | hasta que, al fin, un día reunió a sus hermanos y compañeros 454 II | ruinas, se tenía aún por los reyes moros, y sus torres, de 455 I | andando a lo largo de la ribera, vi una especie de boquerón 456 I | metiéndome por todos los rincones, con la idea de encontrar 457 II | ora imaginaba un medio de romper las barreras que lo separaban 458 I | no se ven más que arcos rotos, sillares oscuros y carcomidos; 459 I | no quedan más que algunos ruinosos vestigios; las piedras de 460 I | había de atreverse? ¿No sabe usted que de esa sima sale 461 II | entre los cristianos; pero sabiendo que, una vez rendido el 462 III| caballero y a su amada para saciar en ellos su sed de exterminio. 463 I | sabe usted que de esa sima sale todas las noches un ánima?~- ¡ 464 I | inducciones, después que salí de la cueva por donde mismo 465 III| aquel subterráneo tenía una salida al valle por donde corre 466 I | debió servir para hacer salidas falsas o coger, estando 467 II | fortaleza. Los soldados salieron en tumulto de sus cuadras; 468 I | conveniente al estado de mi salud, ya arrastrado por la curiosidad, 469 III| religión y, si me salvo, salvarte conmigo?~La mora, que había 470 III| en mi religión y, si me salvo, salvarte conmigo?~La mora, 471 III| la muerte, de sus labios secos, al pasar por los cuales 472 I | descubierto uno de esos caminos secretos, tan comunes en las obras 473 II | que no pudo resistir a la seducción de sus encantos y se enamoró 474 | según 475 II | romper las barreras que lo separaban de aquella mujer, ora hacía 476 I | sin mi poquito de temor, separé el ramaje que cubría la 477 I | aquella época, el cual debió servir para hacer salidas falsas 478 | 479 I | la reconquista por haber sido teatro de grandes y memorables 480 II | amantes que por toda la sierra que desde aquellas rocas 481 II | después de hacer con el mayor sigilo todos los aprestos necesarios, 482 III| sangre a la orilla del río, y siguiéndolo entró en la cueva, donde 483 III| al pasar por los cuales silbaba la respiración sólo se oían 484 III| lado de su amante, cuando silbó una saeta y exhaló un grito.~ 485 I | ven más que arcos rotos, sillares oscuros y carcomidos; aquí 486 I | No sabe usted que de esa sima sale todas las noches un 487 I | falsas o coger, estando sitiados, el agua del río que corre 488 I | vericuetos, y al cual me acerqué so pretexto de pedirle lumbre 489 II | como movida de un impulso sobrenatural y por la boca que dejó ver 490 III| Todopoderoso.~Al otro día, el soldado que disparó la saeta vio 491 II | con razón inexpugnable. Solo por sorpresa, como se apoderaron 492 III| moribundo, se deslizó como una sombra por entre los matorrales 493 I | los muros para observar si sonaba a hueco y sorprender el 494 I | Un ánima! - exclamé yo, sonriéndome - . ¿El ánima de quién?~- 495 I | observar si sonaba a hueco y sorprender el escondrijo de un tesoro, 496 I | las anillas de hierro que sostenían el puente colgante.~Durante 497 I | alguna historieta, y como yo soy muy amigo de oír todas estas 498 I | entrada de alguno de esos subterráneos que es fama existen en todos 499 II | sorpresa.~Y, en efecto, sucedió así: el alcaide allegó de 500 II | de cuanto le habían hecho sufrir arrojándole en el fondo


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