Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Gustavo Adolfo Bécquer
El gnomo

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
abeja-expli | exten-rodea | roja-zumba

     Capítulo
1 III| por la llanura, y como la abeja que vuelve a la colmena 2 III| suspiros son un bálsamo. Ábreme tu corazón y lo inundaré 3 I | misterio, que las muchachas abrieron los ojos espantadas para 4 III| que al pronunciarlas se abrirán las rosas y te brindarán 5 II | de sus caracteres, tan en absoluta contraposición como sus 6 I | maravillosa relación, parecían absortas en sus ideas, se marcharon 7 II | interpretar como ambición absurda, en unas muchachas plebeyas 8 III| yo os conozco vosotros me acariciabáis dormida cuando, fatigada 9 I | el dedo, acompasando su acción con un gesto significativo.~ ~¿ 10 II | Marta exclamó al fin, con acento breve y áspero:~ ~Yo no 11 III| mujer! ¡óyeme..., óyeme y acércate para oírme que yo besaré 12 III| del manential con un rumor acompasado y uniforme.~ ~Marta y Magdalena 13 I | tocasen la frente con el dedo, acompasando su acción con un gesto significativo.~ ~¿ 14 I | Gregorio, que les tornó a aconsejar que no perdieran el tiempo 15 I | la fuente, porque podía acontecer que alguna vez os sorprendiese 16 I | habláis de lo que allí podría acontecernos? ¿Se nos comerán acaso los 17 I | refrán, una sentencia o un adagio.~ ~Las muchachas, al verlo, 18 I | Andando por aquella caverna adelante había encontrado, al fin, 19 II | hermana, como si quisiera adivinar en ellos la causa de su 20 II | espontánea ternura de la adolescencia, que, necesitando un objeto 21 II | más fronterizo a Castilla, adonde se trasladó la pastora, 22 III| futuras creaciones. Mi rumor adormece y despierta. Despierta tú, 23 II | confundirse con la paz y el afecto. No habían tenido caricias 24 II | salvaje en la expresión de sus afectos. No sabía ni reír ni llorar, 25 III| salía a la superficie y agitaba los pies y las manos, y 26 III| como una llama que corre, agitando su cabellera de chispas, 27 I | cúspide del surtidor. Allí , agitándose en todas direcciones, corriendo 28 III| viento de la noche comenzó a agitar las copas de los álamos, 29 III| tu frente, en tanto que agito tus cabellos!, niña gentil, 30 II | solas cuando las lágrimas se agolpaban involuntariamente a sus 31 II | guerra con sus enemigos, agotados ya sus recursos, abandonado 32 I | lugar trae a veces entre sus aguar como un polvo finísimo de 33 III| agitar las copas de los álamos, y el murmullo de sus soplos 34 II | cabeza.~ ~Después que hubo alcanzado tan señalada victoria cuentan 35 I | la boca de risa, los ojos alegres y las manos temblonas. De 36 III| rayo de sol que ilumine tu alegría. Vive oscura, vive ignorada, 37 II | Nunca se confiaron sus alegrías y pesares, y, sin embargo, 38 III| en tanto el aire, que se alejaba lentamente.~ ~Y Magdalena 39 I | las mozuelas se disolvió, alejándose cada cual hacia uno de los 40 I | produciendo un murmullo sonoro al alejarse resbalando por entre las 41 I | riendo con un ruido y una algazara de una banda de golondrinas 42 | algunos 43 I | ocultaron sus joyas, y las alhajas que se pierden, las monedas 44 II | del objeto de su pasión, alimentaban una esperanza remota de 45 II | cariño entre aquellas dos almas, hermanas no sólo por el 46 I | concierto no sólo en los alrededores de la fuente, sino en las 47 II | como sus tipos.~ ~Marta era altiva, vehemente en sus inclinaciones 48 III| frente sombría un sello de altivez que te hace digna de nosotros, 49 II | para sufrir en su egoísta y altivo silencio, y Magdalena, encontrando 50 II | Cerca del lugar, y sobre un alto que dominaba los contornos, 51 I | bajan rodando desde los altos picos y arrollan y aplastan 52 I | comenzaba a disipar su miedo y, alucinado a la vista de aquellas joyas, 53 I | subterráneas e inmensas, alumbradas con un resplandor dudoso 54 II | objeto en que emplearse, ama el primero que se ofrece 55 III| lecho de púrpura y traigo al amanecer, con las neblinas que se 56 II | noche ni en todo el día que amaneció después volvieron a cambiar 57 II | contrario, era humilde, amante, bondadosa, y en más de 58 II | noches de insomnio y de amargura, prestándose a su imaginación 59 III| un sinnúmero de zafiros y amatistas, arrastrando, en vez de 60 II | se podia interpretar como ambición absurda, en unas muchachas 61 III| puedo ofrecerte cuanto ambicionas. Yo tengo la fuerza de un 62 III| en el sueño por una voz amiga, siguió tras la ráfaga, 63 I | charlando un rato con las amigas y las vecinas?, dijo una 64 III| cruzar por el espacio. Yo amontono en el Occidente las nubes 65 II | ir hoy.~ ~Ni yo tampoco, añadió Magdalena después de un 66 I | nunca vistas, con hojas anchas y gruesas las unas, delgadas 67 I | fatuos sobre el haz de agua, andaban los gnomos, señores de aquellos 68 I | vecinas?, dijo una de ellas, ¿andan, acaso, chismes en el lugar 69 I | refirió cosas estupendas. Andando por aquella caverna adelante 70 I | guaridas, porque ellos saben andar todo el mundo por debajo 71 I | perdido en aquella inmensidad, anduvo no cuántas horas sin 72 I | perlas y piedras finas, ánforas de oro de forma antiquísima 73 II | dorado de la cabeza de un ángel.~ ~A pesar de la inexplicable 74 I | apresuraron el paso con ánimo de irle a hablar, y cuando 75 II | los contornos, había un antiguo castillo abandonado por 76 II | sorda emulación, una secreta antipatía, que sólo pudiera explicar 77 I | ánforas de oro de forma antiquísima llenas de rubíes, copas 78 III| un lamento que nacía y se apagaba para tornar a crecer y dilatarse 79 III| del crepúsculo se había apagado en el horizonte y la noche 80 III| Después que se fueron apagando poco a poco los rumores 81 I | diferente naturaleza y que al aparecer a nuestros ojos se revisten 82 III| Callaron el viento y el agua y apareció el gnomo. El gnomo era un 83 I | reptiles o bailando con apariencia de fuegos fatuos sobre el 84 I | inmensos, que la imaginación apenas puede concebirlos. Y todo 85 II | atravesar el Moncayo sin que se apercibiesen sus enemigos, le dio un 86 I | altos picos y arrollan y aplastan cuanto encuentran a su paso; 87 I | poderoso, el pastor iba a apoderarse de algunas, dice que oyó, ¡ 88 I | el palo que le servía de apoyo la cumbre del Moncayo, que 89 II | fuente?, mira que si no nos apresuramos se pondrá el sol antes de 90 I | Las muchachas, al verlo, apresuraron el paso con ánimo de irle 91 I | tú acaso?~ ~¡Oh, no!, se apresuró a interrumpir Marta, yo 92 III| quiebre la cárcel que lo aprisiona, tu espiritu se asimilará 93 IV | Marta, cuyo espiritu vive aprisionado en la fuente. Yo no qué 94 | aquello 95 | aquí 96 III| al compás del timón del arado que arrastran por la tierra; 97 II | que, hallándose el rey de Aragón en guerra con sus enemigos, 98 III| refresca mi frente que arde! Dime algo que me infunda 99 I | parecía como que todo estaba ardiendo y se movía y temblaba. Al 100 II | fuego como de un carbón ardiente.~ ~La pupila azul de Magdalena 101 III| arrastrando, en vez de arenas, diamantes y rubíes, me 102 I | rubíes, copas cinceladas, armas ricas, monedas con bustos 103 III| más que perfumes y ecos de armonías. Mis tesoros son inmateriales: 104 II | rubias. Y todo era en ellas armónico con la diversidad de expresión 105 III| palabras de casto amor y aromas de nardos y azucenas silvestres. 106 III| las partículas de oro que arrastra el agua en su misterioso 107 III| del timón del arado que arrastran por la tierra; después que 108 III| de zafiros y amatistas, arrastrando, en vez de arenas, diamantes 109 III| superiores. La envidia te habrá arrojado tal vez del cielo para revolcarte 110 I | desde los altos picos y arrollan y aplastan cuanto encuentran 111 III| palabras de una madre que arrulla a su hija.~ ~El agua enmudeció 112 III| circula como un fluido por sus arterias subterráneas.~ ~El viento: 113 IV | con el sol. Algunas me han asegurado que de noche se ha oido 114 II | contrarios y los desbarató, asegúrandose la corona en su cabeza.~ ~ 115 I | dejaron los cántaros en el asiento de piedra del portal, Marta 116 III| aprisiona, tu espiritu se asimilará a los nuestros, que son 117 II | galán, valiente y señor asimismo de muchas fortalezas y muchos 118 IV | lugar pálida y llena de asombro. A Marta la esperaron en 119 I | en ese sitio, que tales aspavientos hacéis y con tan temerosas 120 I | sus cumbres solitarias y ásperas, en su hueco seno, viven 121 II | fin, con acento breve y áspero:~ ~Yo no quiero ir hoy.~ ~ 122 II | sola palabra relativa al asunto, tema de todas las conversaciones 123 I | algunas en este momento, atañen a cosas tan graves que ni 124 I | respirado su envenenada atmósfera y pagó su atrevimiento con 125 III| y los metales, de cuyos átomos vengo saturada, puedo ofrecerte 126 III| chispas, sintió una especie de atracción irresistible y siguió tras 127 III| Mientras su hermana, atraída como por un encanto se inclinaba 128 II | subterráneos por donde podía atravesar el Moncayo sin que se apercibiesen 129 IV | desde entonces ninguno se ha atrevido a penetrar para oírlo en 130 I | envenenada atmósfera y pagó su atrevimiento con la vida; pero antes 131 I | silenciosas y preocupadas del atrio de la iglesia. Ya lejos 132 III| oraciones, reinó ese doble y augusto silencio de la noche y soledad, 133 I | árboles. Ellos son los que aúllan en las grietas de las peñas; 134 I | de una vez los hemos oido aullar en horroroso concierto no 135 II | Pídeme lo que quieras, que aun cuando fuese la mitad de 136 I | contaré una historia, porque aunque recuerdo algunas en este 137 I | escucharlas, ni a mí, por lo avanzado de la tarde, me quedaría 138 I | aquel momento en que la avaricia, que a todo se sobrepone, 139 I | saben dónde guardan los avaros esos tesoros que en vano 140 I | muchachas.~ ~El cielo le ayudó en aquel trance, prosiguió 141 III| amor y aromas de nardos y azucenas silvestres. Yo no he recogido 142 II | carbón ardiente.~ ~La pupila azul de Magdalena parecía nada 143 I | encaramándose en las paredes, babeando y retorciéndose en figura 144 I | en figura de reptiles o bailando con apariencia de fuegos 145 I | murmurando un avemaría en voz baja y, después de despedirse 146 | bajo 147 III| corriente subterránea, no en balde me inclinaba a la tierra 148 III| flores. Mis suspiros son un bálsamo. Ábreme tu corazón y lo 149 I | ruido y una algazara de una banda de golondrinas cuando revolotean 150 II | riquisimas piedras preciosas y barras de oro y de plata, con las 151 I | de las cuales una sola bastaría a hacerlo poderoso, el pastor 152 I | de las llanuras por las bendiciones y exorcismos de la Iglesia, 153 II | humillantes palabras el peso de su beneficio. Todo parecía contribuir 154 III| tu cabeza, déjame en paz besar tu frente, en tanto que 155 III| acércate para oírme que yo besaré tus pies mientras tiemblo 156 III| que yo te traeré en un beso fecundo el germen vivificador 157 II | contraste con Magdalena, blanca, rosada, pequeña, infantil 158 I | noventa nacidades, el pelo blanco, la boca de risa, los ojos 159 I | y empujan esas inmensas bolas de nieve que bajan rodando 160 II | contrario, era humilde, amante, bondadosa, y en más de una ocasión 161 III| vuelve a la colmena con su botín de perfumadas mieles, traigo 162 I | extrañas.~ ~El suelo, la bóveda y las paredes de aquellos 163 II | exclamó al fin, con acento breve y áspero:~ ~Yo no quiero 164 I | puede concebirlos. Y todo brillaba a la vez, lanzando unas 165 III| en el agua y continuaba brillando en el fondo como una joya 166 I | y entre aquellas vetas brillantes se veían, como incrustadas, 167 III| exclamaba Magdalena, mirando brillar los luceros en la altura:~ ~ 168 III| se abrirán las rosas y te brindarán con los diamantes que están 169 I | echarnos flores o vienen a brindarse para traer nuestros cántaros 170 I | sobre el cielo violado y brumoso del crepúsculo, veis esa 171 I | repitieron las demás, burlándose con risas de su credulidad 172 I | labios para protestar con sus burlas contra la veracidad del 173 III| de las profundidades para buscar el oro, pudiendo remontarse 174 I | armas ricas, monedas con bustos y leyendas imposibles de 175 III| labradores que vuelven, caballeros en sus yuntas, cantando 176 III| llama que corre, agitando su cabellera de chispas, sintió una especie 177 III| susurro constante y sobre sus cabezas como un lamento que nacía 178 III| que yo debía comprender al cabo.~ ~Magdalena: Suspiros del 179 I | agua coronado de espuma que caía formando una vistosa cascada 180 II | que sombreaban su frente y caían por sus hombros como un 181 III| luz en una nuebe roja.~ ~Callaron el viento y el agua y apareció 182 I | personas distraídas, por una calleja sombría, estrecha y tortuosa.~ ~ 183 III| rompe entre peñas. El viento calló también, y su ruido no fue 184 II | amaneció después volvieron a cambiar una sola palabra relativa 185 I | alrededor de la veleta de un campanario.~ ~En el pórtico de la iglesia, 186 I | habitual sonrisa y su voz cansada y temblorosa, que el señor 187 I | cristal cuajados en mil formas caprichosas y extrañas.~ ~El suelo, 188 II | deseo tenaz, hijo de un carácter indomable y voluntarioso; 189 II | explicar el estudio de sus caracteres, tan en absoluta contraposición 190 II | chispas de fuego como de un carbón ardiente.~ ~La pupila azul 191 III| tarde, cuando se quiebre la cárcel que lo aprisiona, tu espiritu 192 II | afecto. No habían tenido caricias que disputarse ni preferencias 193 II | que las había recogido por caridad, y que a cada paso les hacía 194 III| murmuraré al oído frases cariñosas.~ ~Marta: ¡Habla, que yo 195 II | ojos. Marta, enjutada de carnes, quebrada de color, de estatura 196 III| y siguió tras él con una carrera frenética.~ ~¡Magdalena!, 197 I | llegaron a los umbrales de la casa y dejaron los cántaros en 198 II | se trasladó la pastora, casada ya con uno de los favoritos 199 I | caía formando una vistosa cascada y produciendo un murmullo 200 II | pueblo más fronterizo a Castilla, adonde se trasladó la pastora, 201 II | contornos, había un antiguo castillo abandonado por sus dueños. 202 III| plegarias de niño, palabras de casto amor y aromas de nardos 203 II | quisiera adivinar en ellos la causa de su resolución.~ ~ ~ 204 II | de la mujer enamorada y celosa. Marta y Magdalena tenían, 205 I | formaron un corro, en cuyo centro quedó el viejecito, que 206 II | fluido de luz dentro del cerco de oro de sus pestañas rubias. 207 III| horizonte y la noche comenzaba a cerrar de cada vez más oscura, 208 I | detengamos en la fuente charlando un rato con las amigas y 209 I | deseaba. Nadie contaba un chascarrillo con más gracia que él, ni 210 I | de ellas, ¿andan, acaso, chismes en el lugar porque los mozos 211 III| lame la tierra y vive en el cieno. Yo discurro por las regiones 212 I | llenas de rubíes, copas cinceladas, armas ricas, monedas con 213 I | delgadas y largas como cintas flotantes las otras.~ ~Medio 214 III| vital de la creación, que circula como un fluido por sus arterias 215 I | fugaces que danzaban en circulos sobre la cúspide del surtidor. 216 I | en que se encuentra, el clamor de la campana que hay en 217 I | maravillaos del suceso!, oyó claro y distinto en quellas profundidades, 218 I | hacinados en montón toda clase de objetos raros y preciosos. 219 II | el cual mantuvo los ojos clavados en los de su hermana, como 220 I | si estuviese al pie de la colina en que se encuentra, el 221 I | de un valor inestimable, collares y gargantillas de perlas 222 III| la abeja que vuelve a la colmena con su botín de perfumadas 223 I | algunas de las que estaban colocadas a su espalda que se tocasen 224 II | enjutada de carnes, quebrada de color, de estatura esbelta, movimientos 225 II | una pastorcilla de aquella comarca, y después de revelarle 226 II | conversaciones y objeto de los comentarios de sus vecinas.~ ~Cuando 227 I | podría acontecernos? ¿Se nos comerán acaso los lobos?~ ~Cuando 228 | cómo 229 I | palabra en nombre de sus compañeras, las viejas del lugar murmuraban 230 III| sus yuntas, cantando al compás del timón del arado que 231 III| parecia transtornarlas por completo.~ ~Entonces, a la manera 232 III| un misterio que yo debía comprender al cabo.~ ~Magdalena: Suspiros 233 III| Marta: ¡Habla, que yo te comprenderé, porque mi inteligencia 234 III| despierta. Despierta tú, que lo comprendes.~ ~El viento: Yo soy el 235 I | fuego subterraneo que hervía comprimido, y murmullos de aguas corrientes 236 II | Ningún sentimiento era común entre ellas. Nunca se confiaron 237 I | imaginación apenas puede concebirlos. Y todo brillaba a la vez, 238 III| como las perlas en las conchas que sacan del fondo del 239 I | oido aullar en horroroso concierto no sólo en los alrededores 240 I | tesoros que han de ser su condenación.~ ~Cuando el tío gregorio 241 II | común entre ellas. Nunca se confiaron sus alegrías y pesares, 242 III| espíritus hermanos, y todos confundidos, seremos la fuerza motora, 243 II | indiferencia, que hubiera podido confundirse con la paz y el afecto. 244 I | produce se oyen palabras confusas, palabras engañosas con 245 III| Yo tengo la fuerza de un conjuro, el poder de un talisman 246 I | y leyendas imposibles de conocer o descifrar, tesoros, en 247 III| de la alameda. Marta no conocía el temor, y sus pasos eran 248 II | por la pastorcita de la conseja, tesoro cuyo recuerdo había 249 I | mal humor, no es para oír consejos para lo que nos hemos detenido. 250 III| me he unido en misterioso consorcio a un genio. Rica con su 251 III| sus pies como un susurro constante y sobre sus cabezas como 252 I | temía ni deseaba. Nadie contaba un chascarrillo con más 253 II | acerca de sus fundadores. Contaban que, hallándose el rey de 254 I | las tonterías que nos ha contado el tío Gregorio?~ ~¡Yo, 255 I | de esta manera:~ ~No os contaré una historia, porque aunque 256 I | comenzaron a suplicarle que les contase una historia con que entretener 257 II | dos enamoradas hermanas, contemplando, por decirlo así, la ignorante 258 I | ojos se deslumbraron al contemplarlas. Ningún ruido exterior llegaba 259 I | silencio y exclamó sin poderse contener, entusiasmada al oír la 260 I | nada de aquello?~ ~- Nada, contesto el tío Gregorio~ ~- ¡Qué 261 III| se sumergía en el agua y continuaba brillando en el fondo como 262 I | vez, pues, transformándose continuamente, ora parecían criaturas 263 I | silencio, esperando a que continuase, con los ojos espantados, 264 II | un alto que dominaba los contornos, había un antiguo castillo 265 | contra 266 I | de enanos repugnantes y contrahechos, encaramándose en las paredes, 267 II | caracteres, tan en absoluta contraposición como sus tipos.~ ~Marta 268 II | nunca. Magdalena, por el contrario, era humilde, amante, bondadosa, 269 II | cayó al otro día sobre sus contrarios y los desbarató, asegúrandose 270 II | terciopelo, formaba un singular contraste con Magdalena, blanca, rosada, 271 II | beneficio. Todo parecía contribuir a que se estrechasen los 272 II | muchachas del lugar hicieron conversación en sus casas de la estupenda 273 II | asunto, tema de todas las conversaciones y objeto de los comentarios 274 III| pies mientras tiemblo al copiar tu imagen en el fondo sombrío 275 I | Qué tonto! , exclamaron a coro las muchachas.~ ~El cielo 276 II | desbarató, asegúrandose la corona en su cabeza.~ ~Después 277 I | crepúsculo, veis esa inmensa mole coronada aún de nieve? Pues en su 278 I | maravillosa, con un salto de agua coronado de espuma que caía formando 279 III| Moncayo como una llama que corre, agitando su cabellera de 280 I | en las noches de lluvia y corren como llamas azules y ligeras 281 III| mina inagotable, después de correr por un lecho de plata y 282 I | agitándose en todas direcciones, corriendo por el suelo en forma de 283 I | su alrededor, formaron un corro, en cuyo centro quedó el 284 II | Cuando llegó la hora de costumbre, Magdalena tomó su cántaro 285 III| motora, el rayo vital de la creación, que circula como un fluido 286 III| donde germinan las futuras creaciones. Mi rumor adormece y despierta. 287 III| se apagaba para tornar a crecer y dilatarse por la espesura. 288 I | las peñas. A su alrededor crecían unas plantas nunca vistas, 289 IV | la fuente. Yo no qué crédito dar a esta última parte 290 I | burlándose con risas de su credulidad de un momento.~ ~El grupo 291 I | decidora de ellas:~ ~¿Vosotras creéis algo de las tonterías que 292 I | En todo... lo que deseo creer.~ ~ 293 I | dijo a Magdalena:~ ~¿Y tú crees en las maravillas del Moncayo 294 II | movimientos rígidos y cabellos crespos y oscuros, que sombreaban 295 I | han ido a refugiarse a las crestas inaccesibles de las montañas, 296 I | continuamente, ora parecían criaturas humanas deformes y pequeñuelas, 297 I | allí a grandes pedazos de cristal cuajados en mil formas caprichosas 298 I | con el granizo a nuestros cristales en las noches de lluvia 299 I | pero las vetas que los cruzaban eran de oro y de plata, 300 III| vacila.~ ~El agua: Yo he cruzado el tenebroso seno de la 301 III| con sus alas inmensas al cruzar por el espacio. Yo amontono 302 I | grandes pedazos de cristal cuajados en mil formas caprichosas 303 | cuántas 304 III| escondida entre unos riscos cubiertos de musgo en el fondo de 305 I | Cuando el Moncayo se cubre de nieve, los lobos, arrojados 306 I | esas cuevas, cuyas entradas cubren espesos matorrales y cuyo 307 II | alcanzado tan señalada victoria cuentan que dijo el rey a la pastorcita: « 308 I | más estupendas, ni traía a cuento tan oportunamente un refrán, 309 I | por la boca de una de esas cuevas, cuyas entradas cubren espesos 310 II | quiero más que volver a cuidar mi rebaño», respondió la 311 II | respondió la pastorcilla, «No cuidaras sino de mis fronteras», 312 I | joven, soldado. Después cultivó una pequeña heredad, patrimonio 313 I | que le servía de apoyo la cumbre del Moncayo, que se levantaba 314 I | profundas simas, en sus cumbres solitarias y ásperas, en 315 I | pequeña que aún no había cumplido los dieciseis, Magdalena.~ ~ 316 III| el agua en su misterioso curso.~ ~El manantial y el viento, 317 I | danzaban en circulos sobre la cúspide del surtidor. Allí , agitándose 318 III| ángeles invisibles que nos custodian.~ ~En tanto decía Marta, 319 I | boca de una de esas cuevas, cuyas entradas cubren espesos 320 III| preciosas y los metales, de cuyos átomos vengo saturada, puedo 321 III| inmateriales: pero ellos dan la paz del alma y la vaga 322 I | luminosas o llamas fugaces que danzaban en circulos sobre la cúspide 323 I | nos hagan falta ya nos los dará el señor cura.~ ~Es, prosiguió 324 I | señor cura acaso no sabría dároslo en esta ocasión tan oportuna 325 III| ella iba un misterio que yo debía comprender al cabo.~ ~Magdalena: 326 II | a su imaginación como un débil rayo de esperanza.~ ~La 327 I | exclamó la más resuelta y decidora de ellas:~ ~¿Vosotras creéis 328 II | contestó, y Magdalena volvió a decirle:~ ~¿Vamos a la fuente?, 329 II | hermanas, contemplando, por decirlo así, la ignorante historia 330 I | tocasen la frente con el dedo, acompasando su acción con 331 I | parecían criaturas humanas deformes y pequeñuelas, ora salamandras 332 III| movimientos de tu corazón, deja que tu alma suba como la 333 III| gentil, levanta tu cabeza, déjame en paz besar tu frente, 334 III| la tierra; después que se dejó de percibir el monótono 335 I | anchas y gruesas las unas, delgadas y largas como cintas flotantes 336 | demás 337 II | nada en un fluido de luz dentro del cerco de oro de sus 338 I | Moncayo, que se levantaba a su derecha, destacándose oscura y gigantesca 339 I | que tiene algún valor y desaparece, ellos son los que lo buscan, 340 III| que cuando tu espiritu se desate, yo lo subiré a las regiones 341 II | sobre sus contrarios y los desbarató, asegúrandose la corona 342 III| Desdichado el que, teniendo alas, desciende de las profundidades para 343 I | imposibles de conocer o descifrar, tesoros, en fin, tan fabulosos 344 I | yo, otras muchas piedras desconocidas que él no supo nombrar, 345 III| traspasar los umbrales de lo desconocido. Yo he adivinado que tu 346 I | entusiasmada al oír la descripción de las fabulosas riquezas 347 III| azules espirales del humo. ¡Desdichado el que, teniendo alas, desciende 348 I | muerte, que ni temía ni deseaba. Nadie contaba un chascarrillo 349 I | diferentes calles que venían a desembocar en aquel sitio, dos muchachas, 350 II | envidiar, iguales en la desgracia y el dolor. Marta se había 351 III| con las neblinas que se deshacen en gotas, una lluvia de 352 III| el murmullo de sus soplos desiguales parecía responder el agua 353 III| Marta y Magdalena se deslizaron por entre el laberinto de 354 I | corazón de las jóvenes y las deslumbran con promesas magníficas, 355 I | hermosas, que sus ojos se deslumbraron al contemplarlas. Ningún 356 I | aguas o se mecen en las desnudas ramas de los árboles. Ellos 357 III| agua: Remonta mi corriente, desnúdate del temor como de una vestidura 358 I | en voz baja y, después de despedirse del tío Gregorio, que les 359 I | las únicas que no habían despegado aún los labios para protestar 360 I | levantaba a su derecha, destacándose oscura y gigantesca sobre 361 I | mal encontráis en que nos detengamos en la fuente charlando un 362 I | consejos para lo que nos hemos detenido. Cuando nos hagan falta 363 I | llegar aquí, el anciano se detuvo un momento. Las muchachas, 364 I | muchachas se persignaron devotamente, murmurando un avemaría 365 III| evoluciones y cuando el diabólico espíritu se lanzó al fin 366 I | a apoderarse de algunas, dice que oyó, ¡maravillaos del 367 II | les hacía sentir con sus dicterios y sus humillantes palabras 368 I | aún no había cumplido los dieciseis, Magdalena.~ ~El tiempo 369 I | las montañas, los hay de diferente naturaleza y que al aparecer 370 I | doblan las esquinas de las diferentes calles que venían a desembocar 371 III| sello de altivez que te hace digna de nosotros, espíritus fuertes 372 I | de los lamentos del aire, digo, como si estuviese al pie 373 III| instante, tornaron a hablar, y dijeron:~ ~El agua: Remonta mi corriente, 374 I | sombras de los montes se dilataban por momentos a lo largo 375 III| apagaba para tornar a crecer y dilatarse por la espesura. A medida 376 III| refresca mi frente que arde! Dime algo que me infunda valor, 377 III| salieron del pueblo con dirección a la fuente misteriosa. 378 I | Allí , agitándose en todas direcciones, corriendo por el suelo 379 II | entre sus oscuras pestañas diríase que a intervalos saltaban 380 I | viejo a la moza que le habia dirigido la palabra en nombre de 381 I | lastimeros del aire que discurría por aquel laberinto encantado, 382 I | aquella húmeda frondosidad discurrían unos seres extraños, en 383 III| tierra y vive en el cieno. Yo discurro por las regiones etéreas 384 I | se sobrepone, comenzaba a disipar su miedo y, alucinado a 385 III| después, frases inconexas y dislocadas, sin orden ni sentido y 386 I | grupo de las mozuelas se disolvió, alejándose cada cual hacia 387 II | habían tenido caricias que disputarse ni preferencias que envidiar, 388 II | miserables. Ambas, a pesar de la distancia que las separaba del objeto 389 I | del suceso!, oyó claro y distinto en quellas profundidades, 390 I | lentitud propia de las personas distraídas, por una calleja sombría, 391 II | en ellas armónico con la diversidad de expresión de sus ojos. 392 III| mutuamente y cada cual por diverso camino, salieron del pueblo 393 I | extremos de la plaza. Luego que doblan las esquinas de las diferentes 394 III| de oraciones, reinó ese doble y augusto silencio de la 395 II | iguales en la desgracia y el dolor. Marta se había encerrado 396 II | lugar, y sobre un alto que dominaba los contornos, había un 397 II | sienes, semejantes al nimbo dorado de la cabeza de un ángel.~ ~ 398 III| vosotros me acariciabáis dormida cuando, fatigada por el 399 I | sencillez, yo creo en todo. ¿Dudas tú acaso?~ ~¡Oh, no!, se 400 I | alumbradas con un resplandor dudoso y fantástico, producido 401 II | castillo abandonado por sus dueños. Las viejas, en las noches 402 I | los que se insinúan con dulces palabras en el corazón de 403 I | Magdalena.~ ~El tiempo que duró el camino, ambas guardaron 404 I | mozos salen al camino a echarnos flores o vienen a brindarse 405 III| paso más que perfumes y ecos de armonías. Mis tesoros 406 II | toda la raya y le mandó edificar una fortaleza en el pueblo 407 II | Marta y Magdalena tenían, efectivamente, puestos sus ojos en un 408 II | encerrado para sufrir en su egoísta y altivo silencio, y Magdalena, 409 II | mesnadas, levantó un poderoso ejército y, marchando por debajo 410 | ella 411 III| eterno del aire y el agua empezó a producirles una extraña 412 II | necesitando un objeto en que emplearse, ama el primero que se ofrece 413 I | ellos los que forman y empujan esas inmensas bolas de nieve 414 II | Magdalena existía una sorda emulación, una secreta antipatía, 415 II | maravilloso de la mujer enamorada y celosa. Marta y Magdalena 416 II | locas fantasias de las dos enamoradas hermanas, contemplando, 417 III| transparente, una especie de enano de luz semejante a un fuego 418 I | por el suelo en forma de enanos repugnantes y contrahechos, 419 I | discurría por aquel laberinto encantado, un rumor confuso de fuego 420 III| hermana, atraída como por un encanto se inclinaba al borde de 421 I | repugnantes y contrahechos, encaramándose en las paredes, babeando 422 II | el dolor. Marta se había encerrado para sufrir en su egoísta 423 I | guardadores de los tesoros que encierran, velan día y noche junto 424 I | aquella caverna adelante había encontrado, al fin, unas galerías subterráneas 425 I | significativo.~ ~¿Y qué mal encontráis en que nos detengamos en 426 II | altivo silencio, y Magdalena, encontrando seco el corazón de su hermana, 427 III| remontarse a la altura para encontrar amor y sentimiento!~ ~Vive 428 I | saber cómo ni por dónde, se encontró fuera de aquellos lugares 429 I | pie de la colina en que se encuentra, el clamor de la campana 430 I | y sentado al pie de un enebro, estaba el tío Gregorio. 431 I | palabras confusas, palabras engañosas con que los gnomos que la 432 I | por sus vertientes como un enjambre, y pueblan el vacio y hormiguean 433 II | expresión de sus ojos. Marta, enjutada de carnes, quebrada de color, 434 III| que por segunda vez habían enmudecido un instante, tornaron a 435 III| arrulla a su hija.~ ~El agua enmudeció por algunos instantes, y 436 III| libres... Ven, yo te voy a enseñar palabras mágicas de tal 437 I | nuestros cántaros hasta la entrada del pueblo?~ ~De todo hay, 438 I | una de esas cuevas, cuyas entradas cubren espesos matorrales 439 I | historia, ya la noche había entrado y la campana de la iglesia 440 I | los labios ligeramente entreabiertos y la curiosidad y el interés 441 I | contase una historia con que entretener el tiempo que aún faltaba 442 I | las muchachas a loquear y entretenerse a un sitio al cual ellas 443 I | exclamó sin poderse contener, entusiasmada al oír la descripción de 444 I | gnomos, había respirado su envenenada atmósfera y pagó su atrevimiento 445 III| espíritus superiores. La envidia te habrá arrojado tal vez 446 II | disputarse ni preferencias que envidiar, iguales en la desgracia 447 I | la campana que hay en la ermita de Nuestra Señora del Moncayo. 448 II | quebrada de color, de estatura esbelta, movimientos rígidos y cabellos 449 III| lanzó al fin por entre las escabrosidades del Moncayo como una llama 450 II | único secrto que procuraban esconder en lo más profundo del corazón 451 I | encuentran y lo roban para esconderlo en sus guaridas, porque 452 III| misteriosa. La fuente brotaba escondida entre unos riscos cubiertos 453 I | flotantes las otras.~ ~Medio escondidos entre aquella húmeda frondosidad 454 III| rumores del día y no se escuchaba el lejano eco de la voz 455 III| cabellos!, niña gentil, escúchame, que yo hablar también 456 I | prestaríais atención para escucharlas, ni a mí, por lo avanzado 457 I | llanura.~ ~El tío Gregorio escuchó sonriendo la petición de 458 III| que tu espíritu es de la esencia de los espíritus superiores. 459 I | tamaños. Allí había jacintos y esmeraldas en montón, y diamantes y 460 | eso 461 I | que estaban colocadas a su espalda que se tocasen la frente 462 I | muchachas abrieron los ojos espantadas para mirarlo y , con mezcla 463 I | continuase, con los ojos espantados, los labios ligeramente 464 I | entonces un profundo silencio, esperando a que continuase, con los 465 I | se sentó tranquilamente a esperar su muerte, que ni temía 466 IV | llena de asombro. A Marta la esperaron en vano toda la noche.~ ~ 467 I | golondrinas cuando revolotean espesas como el granizo alrededor 468 I | cuevas, cuyas entradas cubren espesos matorrales y cuyo fin no 469 III| crecer y dilatarse por la espesura. A medida que transcurrían 470 III| como la llama y las azules espirales del humo. ¡Desdichado el 471 I | maravillas del Moncayo y en los espiritus de la fuente...?~ ~Yo, contestó 472 II | se parecía a esa vaga y espontánea ternura de la adolescencia, 473 I | salto de agua coronado de espuma que caía formando una vistosa 474 III| el monótono ruido de las esquilillas del ganado, y las voces 475 I | plaza. Luego que doblan las esquinas de las diferentes calles 476 III| cuando Marta y Magdalena, esquivándose mutuamente y cada cual por 477 | están 478 | estas 479 II | carnes, quebrada de color, de estatura esbelta, movimientos rígidos 480 | Éste 481 | estos 482 I | por una calleja sombría, estrecha y tortuosa.~ ~De aquellas 483 II | parecía contribuir a que se estrechasen los lazos de cariño entre 484 III| fuente el reflejo de las estrellas:~ ~Esas son las partículas 485 II | sólo pudiera explicar el estudio de sus caracteres, tan en 486 I | senda y presa de un gran estupor, como si hubiera salido 487 I | del aire, digo, como si estuviese al pie de la colina en que 488 III| Marta vio al gnomo y le estuvo siguiendo con la vista extraviada 489 III| discurro por las regiones etéreas y vuelo en el espacio sin 490 III| transcurrían las horas, aquel sonar eterno del aire y el agua empezó 491 I | sus caminos subterráneos y eternos guardadores de los tesoros 492 III| todas sus extravagantes evoluciones y cuando el diabólico espíritu 493 III| producirles una extraña exaltación, una especie de vértigo 494 II | en la fuente del lugar, exaltó nuevamente las locas fantasias 495 III| el fondo del cielo.~ ~Y exclamaba Magdalena, mirando brillar 496 II | después de revelarle la existencia de unos subterráneos por 497 II | entre Marta y Magdalena existía una sorda emulación, una 498 I | llanuras por las bendiciones y exorcismos de la Iglesia, han ido a 499 II | antipatía, que sólo pudiera explicar el estudio de sus caracteres, 500 I | sueño. Desde entonces se explicó todo el mundo por qué la


abeja-expli | exten-rodea | roja-zumba

IntraText® (V89) Copyright 1996-2007 EuloTech SRL