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Gustavo Adolfo Bécquer
El gnomo

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
exten-rodea | roja-zumba

     Capítulo
501 I | las paredes de aquellos extensos salones, obra de la naturaleza, 502 I | contemplarlas. Ningún ruido exterior llegaba al fondo de la fantástica 503 III| empezó a producirles una extraña exaltación, una especie 504 I | mil formas caprichosas y extrañas.~ ~El suelo, la bóveda y 505 III| extraviada en todas sus extravagantes evoluciones y cuando el 506 I | pierden, las monedas que se extravían, todo lo que tiene algún 507 I | cada cual hacia uno de los extremos de la plaza. Luego que doblan 508 I | descifrar, tesoros, en fin, tan fabulosos e inmensos, que la imaginación 509 I | bajan en rebaños por su falda, y más de una vez los hemos 510 I | detenido. Cuando nos hagan falta ya nos los dará el señor 511 I | entretener el tiempo que aún faltaba para hacerse de noche, que 512 I | imperceptible sonrisa de burla, no faltando algunas de las que estaban 513 I | hasta que, por último, le faltaron las fuerzas y se sentó tranquilamente 514 III| las nieblas para que no falte un rayo de sol que ilumine 515 II | exaltó nuevamente las locas fantasias de las dos enamoradas hermanas, 516 I | exterior llegaba al fondo de la fantástica caverna; sólo se percíbian, 517 I | con un resplandor dudoso y fantástico, producido por las fosforescencias 518 III| acariciabáis dormida cuando, fatigada por el llanto, me rendia 519 III| luz semejante a un fuego fatuo, que se reía a carcajadas, 520 I | con apariencia de fuegos fatuos sobre el haz de agua, andaban 521 II | casada ya con uno de los favoritos del rey, noble galán, valiente 522 III| secreto de su maravillosa fecundidad y conozco todos los fenómenos 523 III| yo te traeré en un beso fecundo el germen vivificador de 524 III| daré tesoros para que vivas feliz, y más tarde, cuando se 525 III| fecundidad y conozco todos los fenómenos de sus entrañas, donde germinan 526 II | muchas fortalezas y muchos feudos.~ ~La estupenda relación 527 I | babeando y retorciéndose en figura de reptiles o bailando con 528 III| niñez y vuestro rumor se me figuraban palabras de una madre que 529 III| Ambas tenían sus ojos fijos, la una en el fondo de las 530 III| gota a gota a través del filón de oro de una mina inagotable, 531 I | sus aguar como un polvo finísimo de oro y cuando llega la 532 III| temor, y sus pasos eran firmes y seguros. Magdalena temblaba 533 II | pequeña, infantil en su fisonomía y sus formas y con unas 534 III| germen vivificador de otra flor hermana tuya y rasgaré las 535 III| porque mi inteligencia flota en un vértigo como flotan 536 III| flota en un vértigo como flotan tus palabras indecisas!, 537 I | delgadas y largas como cintas flotantes las otras.~ ~Medio escondidos 538 II | un manto de terciopelo, formaba un singular contraste con 539 I | las peñas; ellos los que forman y empujan esas inmensas 540 I | coronado de espuma que caía formando una vistosa cascada y produciendo 541 I | sentándose a su alrededor, formaron un corro, en cuyo centro 542 II | y le mandó edificar una fortaleza en el pueblo más fronterizo 543 II | señor asimismo de muchas fortalezas y muchos feudos.~ ~La estupenda 544 I | fantástico, producido por las fosforescencias de las rocas semejantes 545 III| tras él con una carrera frenética.~ ~¡Magdalena!, decía en 546 I | escondidos entre aquella húmeda frondosidad discurrían unos seres extraños, 547 II | No cuidaras sino de mis fronteras», le replicó el rey, y le 548 II | fortaleza en el pueblo más fronterizo a Castilla, adonde se trasladó 549 I | bailando con apariencia de fuegos fatuos sobre el haz de agua, 550 I | ni por dónde, se encontró fuera de aquellos lugares y en 551 III| alameda.~ ~Después que se fueron apagando poco a poco los 552 III| digna de nosotros, espíritus fuertes y libres... Ven, yo te voy 553 I | último, le faltaron las fuerzas y se sentó tranquilamente 554 | fuese 555 I | salamandras luminosas o llamas fugaces que danzaban en circulos 556 II | maravillas acerca de sus fundadores. Contaban que, hallándose 557 III| entrañas, donde germinan las futuras creaciones. Mi rumor adormece 558 II | favoritos del rey, noble galán, valiente y señor asimismo 559 I | encontrado, al fin, unas galerías subterráneas e inmensas, 560 III| ruido de las esquilillas del ganado, y las voces de los pastores, 561 I | inestimable, collares y gargantillas de perlas y piedras finas, 562 I | percíbian, a intervalos, unos gemidos largos y lastimeros del 563 III| misterioso consorcio a un genio. Rica con su poder y con 564 III| traeré en un beso fecundo el germen vivificador de otra flor 565 III| fenómenos de sus entrañas, donde germinan las futuras creaciones. 566 I | acompasando su acción con un gesto significativo.~ ~¿Y qué 567 I | derecha, destacándose oscura y gigantesca sobre el cielo violado y 568 I | algazara de una banda de golondrinas cuando revolotean espesas 569 III| neblinas que se deshacen en gotas, una lluvia de perlas sobre 570 I | un chascarrillo con más gracia que él, ni sabía historias 571 I | una senda y presa de un gran estupor, como si hubiera 572 I | momento, atañen a cosas tan graves que ni vosotras, que sois 573 I | son los que aúllan en las grietas de las peñas; ellos los 574 III| temor como de una vestidura grosera y osa traspasar los umbrales 575 I | vistas, con hojas anchas y gruesas las unas, delgadas y largas 576 I | credulidad de un momento.~ ~El grupo de las mozuelas se disolvió, 577 I | caminos subterráneos y eternos guardadores de los tesoros que encierran, 578 I | riquezas.~ ~Ellos saben dónde guardan los avaros esos tesoros 579 II | hallándose el rey de Aragón en guerra con sus enemigos, agotados 580 III| paso y como una sonámbula guiada en el sueño por una voz 581 III| plata y saltar como sobre guijarros entre un sinnúmero de zafiros 582 I | el viejo a la moza que le habia dirigido la palabra en nombre 583 I | espíritus. El palacio que habitan es horroroso y magnifico 584 I | prosiguió el anciano con su habitual sonrisa y su voz cansada 585 III| saltando de risco en risco.~ ~Y hablaban así:~ ~El agua: ¡Mujer, 586 I | temerosas y oscuras palabras nos habláis de lo que allí podría acontecernos? ¿ 587 I | viejecito, que comenzó a hablarles de esta manera:~ ~No os 588 III| después volvieron a hablar, y hablaron así:~ ~El agua: Después 589 I | sitio, que tales aspavientos hacéis y con tan temerosas y oscuras 590 III| extraños y leves, que lo hacen aún más perceptible.~ ~Marta 591 I | cuales una sola bastaría a hacerlo poderoso, el pastor iba 592 I | tiempo que aún faltaba para hacerse de noche, que no era mucho, 593 | hacia 594 I | ignorados.~ ~Allí tenían pues, hacinados en montón toda clase de 595 I | hemos detenido. Cuando nos hagan falta ya nos los dará el 596 I | inspira el sitio donde se halla la fuente, porque podía 597 II | ignorante historia del tesoro hallado por la pastorcita de la 598 II | fundadores. Contaban que, hallándose el rey de Aragón en guerra 599 I | no cuántas horas sin hallar la salida, hasta que, por 600 II | inspirado tal vez hubiera hecho mofa de un cariño que se 601 I | Después cultivó una pequeña heredad, patrimonio de sus padres, 602 I | vano buscan después los herederos, ellos conocen el lugar 603 I | mucho, pues el sol poniente hería de soslayo la tierra y las 604 III| nuestros, que son espíritus hermanos, y todos confundidos, seremos 605 I | pero tan grandes y tan hermosas, que sus ojos se deslumbraron 606 I | de fuego subterraneo que hervía comprimido, y murmullos 607 I | voces de los gnomos, del hervidero del fuego subterráneo, del 608 II | las muchachas del lugar hicieron conversación en sus casas 609 III| una madre que arrulla a su hija.~ ~El agua enmudeció por 610 II | una era el deseo tenaz, hijo de un carácter indomable 611 I | gracia que él, ni sabía historias más estupendas, ni traía 612 III| que producían sus pies al hollar las hojas secas que tapizaban 613 III| el gnomo. El gnomo era un hombrecillo transparente, una especie 614 I | seres extraños, en parte hombres, en parte reptiles, o ambas 615 II | su frente y caían por sus hombros como un manto de terciopelo, 616 III| crepúsculo se había apagado en el horizonte y la noche comenzaba a cerrar 617 I | enjambre, y pueblan el vacio y hormiguean en la llanura, y saltan 618 II | su cabeza.~ ~Después que hubo alcanzado tan señalada victoria 619 I | solitarias y ásperas, en su hueco seno, viven unos espíritus 620 II | Magdalena eran hermanas. Huérfanas desde los primeros años 621 I | pero no son los lobos los huéspedes más temibles del Moncayo. 622 I | donde los moros, antes de huir, ocultaron sus joyas, y 623 I | ora parecían criaturas humanas deformes y pequeñuelas, 624 I | escondidos entre aquella húmeda frondosidad discurrían unos 625 II | Magdalena, por el contrario, era humilde, amante, bondadosa, y en 626 II | con sus dicterios y sus humillantes palabras el peso de su beneficio. 627 III| las azules espirales del humo. ¡Desdichado el que, teniendo 628 I | con aire visible de mal humor, no es para oír consejos 629 I | I~Las muchachas del lugar 630 I | parecían absortas en sus ideas, se marcharon juntas, y 631 I | exorcismos de la Iglesia, han ido a refugiarse a las crestas 632 III| alegría. Vive oscura, vive ignorada, que cuando tu espiritu 633 I | y por caminos secretos e ignorados.~ ~Allí tenían pues, hacinados 634 II | contemplando, por decirlo así, la ignorante historia del tesoro hallado 635 II | preferencias que envidiar, iguales en la desgracia y el dolor. 636 II | II~Marta y Magdalena eran hermanas. 637 III| III~Las muchachas del lugar 638 III| falte un rayo de sol que ilumine tu alegría. Vive oscura, 639 III| mientras tiemblo al copiar tu imagen en el fondo sombrío de mis 640 I | miraron entre sí con una imperceptible sonrisa de burla, no faltando 641 I | monedas con bustos y leyendas imposibles de conocer o descifrar, 642 I | refugiarse a las crestas inaccesibles de las montañas, los hay 643 III| filón de oro de una mina inagotable, después de correr por un 644 III| rumores sin nombre sonidos inarticulados, como los de un niño que 645 I | nacimiento procuran seducir a los incautos que les prestan oídos, prometiéndoles 646 II | altiva, vehemente en sus inclinaciones y de una rudeza salvaje 647 III| lo mismo; después, frases inconexas y dislocadas, sin orden 648 I | brillantes se veían, como incrustadas, multitud de piedras preciosas 649 III| como flotan tus palabras indecisas!, habla misteriosa corriente.~ ~ 650 II | entonces en una especie de indiferencia, que hubiera podido confundirse 651 II | tenaz, hijo de un carácter indomable y voluntarioso; en la otra, 652 I | Había joyas de un valor inestimable, collares y gargantillas 653 II | un ángel.~ ~A pesar de la inexplicable repulsión que sentían la 654 II | blanca, rosada, pequeña, infantil en su fisonomía y sus formas 655 I | con que los gnomos que la inficionan desde su nacimiento procuran 656 III| así:~ ~El agua: Después de infiltrarme gota a gota a través del 657 III| que arde! Dime algo que me infunda valor, porque mi espíritu 658 III| armonías. Mis tesoros son inmateriales: pero ellos dan la paz del 659 I | del crepúsculo, veis esa inmensa mole coronada aún de nieve? 660 I | solo y perdido en aquella inmensidad, anduvo no cuántas horas 661 I | en fin, tan fabulosos e inmensos, que la imaginación apenas 662 I | sin embargo, los que se insinúan con dulces palabras en el 663 I | curiosidad y burla, tornaron a insistir:~ ~¡La noche!, pues ¿qué 664 II | de una vez sus noches de insomnio y de amargura, prestándose 665 I | poco, el temor que a todos inspira el sitio donde se halla 666 II | porque el hombre que lo había inspirado tal vez hubiera hecho mofa 667 III| agua enmudeció por algunos instantes, y no sonaba sino como agua 668 III| mejor, Magdalena se iba instintivamente separando de los riscos 669 II | adivinado mutuamente, con ese instinto maravilloso de la mujer 670 III| te comprenderé, porque mi inteligencia flota en un vértigo como 671 I | entreabiertos y la curiosidad y el interés pintados en el rostro. Una 672 II | de un cariño que se podia interpretar como ambición absurda, en 673 I | Oh, no!, se apresuró a interrumpir Marta, yo tambien creo en 674 III| Ábreme tu corazón y lo inundaré de felicidad.~ ~Marta: Cuando 675 III| de la luz de los ángeles invisibles que nos custodian.~ ~En 676 I | el pastor cayó al suelo invocando a la Madre de Nuestro Señor 677 II | las lágrimas se agolpaban involuntariamente a sus ojos.~ ~Ningún sentimiento 678 II | y áspero:~ ~Yo no quiero ir hoy.~ ~Ni yo tampoco, añadió 679 I | apresuraron el paso con ánimo de irle a hablar, y cuando estuvieron 680 III| una especie de atracción irresistible y siguió tras él con una 681 IV | IV~Magdalena tornó al lugar 682 I | colores y tamaños. Allí había jacintos y esmeraldas en montón, 683 I | la naturaleza, parecían jaspeados como los mármoles más ricos, 684 I | la Madre de Nuestro Señor Jesucristo; y sin saber cómo ni por 685 I | De niño fue pastor; de joven, soldado. Después cultivó 686 I | palabras en el corazón de las jóvenes y las deslumbran con promesas 687 III| brillando en el fondo como una joya de piedras de mil colores, 688 I | saltan de roca en roca, juegan entre las aguas o se mecen 689 II | fuese la mitad de mi reino, juro que te lo he de dar al instante». « 690 III| lejano eco de la voz de los labradores que vuelven, caballeros 691 III| y sacudia la cabeza a un lado y a otro con una rapidez 692 III| voces de los pastores, y el ladrillo de los perros que reúnen 693 II | lloraba a solas cuando las lágrimas se agolpaban involuntariamente 694 III| subterráneas.~ ~El viento: El agua lame la tierra y vive en el cieno. 695 III| sobre sus cabezas como un lamento que nacía y se apagaba para 696 I | aguas corrientes y de los lamentos del aire, digo, como si 697 I | todo brillaba a la vez, lanzando unas chispas de colores 698 III| el diabólico espíritu se lanzó al fin por entre las escabrosidades 699 III| musgo en el fondo de una larga alameda.~ ~Después que se 700 I | gruesas las unas, delgadas y largas como cintas flotantes las 701 I | dilataban por momentos a lo largo de la llanura.~ ~El tío 702 I | intervalos, unos gemidos largos y lastimeros del aire que 703 I | intervalos, unos gemidos largos y lastimeros del aire que discurría por 704 II | a que se estrechasen los lazos de cariño entre aquellas 705 I | atrio de la iglesia. Ya lejos del sitio en que se encontraron 706 III| el aire, que se alejaba lentamente.~ ~Y Magdalena paso a paso 707 I | marcharon juntas, y con esta lentitud propia de las personas distraídas, 708 I | ocupado en sus rezos y letanías, no habrá echado, como yo, 709 III| viento: ¡Niña! ¡niña gentil, levanta tu cabeza, déjame en paz 710 I | cumbre del Moncayo, que se levantaba a su derecha, destacándose 711 II | el rey pagó sus mesnadas, levantó un poderoso ejército y, 712 III| de murmullos extraños y leves, que lo hacen aún más perceptible.~ ~ 713 I | ricas, monedas con bustos y leyendas imposibles de conocer o 714 III| nosotros, espíritus fuertes y libres... Ven, yo te voy a enseñar 715 I | ojos espantados, los labios ligeramente entreabiertos y la curiosidad 716 I | corren como llamas azules y ligeras sobre el haz de los pantanos. 717 III| vuelo en el espacio sin limites. Sigue los movimientos de 718 III| Marta, viendo temblar en la linfa de la fuente el reflejo 719 I | tener unos veinte años, se llamaba Marta,y la más pequeña que 720 I | a su paso; ellos los que llaman con el granizo a nuestros 721 III| niño que quiere y no puede llamar a su madre; luego, palabras 722 I | espíritus que arrojados de las llanuras por las bendiciones y exorcismos 723 I | finísimo de oro y cuando llega la noche, en el rumor que 724 I | a un sitio al cual ellas llegaban de prisa y temblando a tomar 725 I | le había parecido.~ ~Al llegar aquí, el anciano se detuvo 726 I | oro de forma antiquísima llenas de rubíes, copas cinceladas, 727 II | el corazón de su hermana, lloraba a solas cuando las lágrimas 728 II | llorar, y por eso no había llorado ni reído nunca. Magdalena, 729 II | lugar, exaltó nuevamente las locas fantasias de las dos enamoradas 730 I | vosotras, que sois unas locuelas me prestaríais atención 731 III| cielo para revolcarte en el lodo de la miseria. Yo veo, sin 732 I | hoy vayan las muchachas a loquear y entretenerse a un sitio 733 III| Magdalena, mirando brillar los luceros en la altura:~ ~Esos son 734 I | pequeñuelas, ora salamandras luminosas o llamas fugaces que danzaban 735 IV | por agua tan temprano, que madrugan con el sol. Algunas me han 736 III| te voy a enseñar palabras mágicas de tal virtud, que al pronunciarlas 737 I | deslumbran con promesas magníficas, son los gnomos.Los gnomos, 738 I | que habitan es horroroso y magnifico a la vez.~ ~Hace muchos 739 II | señorio de toda la raya y le mandó edificar una fortaleza en 740 III| parecía responder el agua del manential con un rumor acompasado 741 II | por sus hombros como un manto de terciopelo, formaba un 742 II | silencio, durante el cual mantuvo los ojos clavados en los 743 III| que sacan del fondo del mar los pescadores. Ven; te 744 I | algunas, dice que oyó, ¡maravillaos del suceso!, oyó claro y 745 II | mutuamente, con ese instinto maravilloso de la mujer enamorada y 746 II | un poderoso ejército y, marchando por debajo de la tierra 747 I | absortas en sus ideas, se marcharon juntas, y con esta lentitud 748 III| saltaba de peña en peña y mareaba con su vertiginosa movilidad. 749 I | parecían jaspeados como los mármoles más ricos, pero las vetas 750 I | entradas cubren espesos matorrales y cuyo fin no ha visto ninguno. 751 I | aquellas dos muchachas, la mayor, que parecía tener unos 752 I | juegan entre las aguas o se mecen en las desnudas ramas de 753 III| dilatarse por la espesura. A medida que transcurrían las horas, 754 I | cintas flotantes las otras.~ ~Medio escondidos entre aquella 755 III| borde de la fuente para oír mejor, Magdalena se iba instintivamente 756 | menos 757 II | las cuales el rey pagó sus mesnadas, levantó un poderoso ejército 758 I | espantadas para mirarlo y , con mezcla de curiosidad y burla, tornaron 759 | 760 III| con su botín de perfumadas mieles, traigo suspiros de mujer, 761 III| del filón de oro de una mina inagotable, después de correr 762 II | Vamos a la fuente?, mira que si no nos apresuramos 763 III| Y exclamaba Magdalena, mirando brillar los luceros en la 764 I | los ojos espantadas para mirarlo y , con mezcla de curiosidad 765 I | tarde.~ ~Las muchachas se miraron entre sí con una imperceptible 766 II | años de la niñez, vivían miserablemente a la sombra de una pariente 767 II | unas muchachas plebeyas y miserables. Ambas, a pesar de la distancia 768 | mismas 769 II | que aun cuando fuese la mitad de mi reino, juro que te 770 II | inspirado tal vez hubiera hecho mofa de un cariño que se podia 771 I | crepúsculo, veis esa inmensa mole coronada aún de nieve? Pues 772 I | montes se dilataban por momentos a lo largo de la llanura.~ ~ 773 III| que se dejó de percibir el monótono ruido de las esquilillas 774 I | crestas inaccesibles de las montañas, los hay de diferente naturaleza 775 I | Pues en su seno tienen sus moradas esos diabólicos espíritus. 776 I | con la vida; pero antes de morir refirió cosas estupendas. 777 I | conocen el lugar donde los moros, antes de huir, ocultaron 778 III| confundidos, seremos la fuerza motora, el rayo vital de la creación, 779 I | todo estaba ardiendo y se movía y temblaba. Al menos, el 780 III| cosa que ruido de hojas movidas. Así paso algún tiempo, 781 III| mareaba con su vertiginosa movilidad. Unas veces se sumergía 782 I | contestó el viejo a la moza que le habia dirigido la 783 I | chismes en el lugar porque los mozos salen al camino a echarnos 784 I | momento.~ ~El grupo de las mozuelas se disolvió, alejándose 785 | mucho 786 III| viento: Yo soy el aire que mueve los ángeles con sus alas 787 I | veían, como incrustadas, multitud de piedras preciosas de 788 I | compañeras, las viejas del lugar murmuraban de que hoy vayan las muchachas 789 I | persignaron devotamente, murmurando un avemaría en voz baja 790 III| yo hablar también y te murmuraré al oído frases cariñosas.~ ~ 791 III| unos riscos cubiertos de musgo en el fondo de una larga 792 III| cabezas como un lamento que nacía y se apagaba para tornar 793 I | Tenía cerca de noventa nacidades, el pelo blanco, la boca 794 I | que ni temía ni deseaba. Nadie contaba un chascarrillo 795 III| de casto amor y aromas de nardos y azucenas silvestres. Yo 796 III| traigo al amanecer, con las neblinas que se deshacen en gotas, 797 II | de la adolescencia, que, necesitando un objeto en que emplearse, 798 II | Marta tenía los ojos más negros que la noche, y de entre 799 III| hermana tuya y rasgaré las nieblas para que no falte un rayo 800 II | sus sienes, semejantes al nimbo dorado de la cabeza de un 801 III| la altura:~ ~Esos son los nimbos de la luz de los ángeles 802 II | y reír a la vez como los niños.~ ~Marta tenía los ojos 803 II | de los favoritos del rey, noble galán, valiente y señor 804 I | desconocidas que él no supo nombrar, pero tan grandes y tan 805 | nosotros 806 I | del lugar. Tenía cerca de noventa nacidades, el pelo blanco, 807 III| amontono en el Occidente las nubes que ofrecen al sol un lecho 808 III| regiones de la luz en una nuebe roja.~ ~Callaron el viento 809 | Nuestra 810 | Nuestro 811 II | fuente del lugar, exaltó nuevamente las locas fantasias de las 812 I | en montón toda clase de objetos raros y preciosos. Había 813 I | aquellos extensos salones, obra de la naturaleza, parecían 814 I | muchachas, las cuales, una vez obtenida la promesa de que les referiria 815 III| espacio. Yo amontono en el Occidente las nubes que ofrecen al 816 I | los moros, antes de huir, ocultaron sus joyas, y las alhajas 817 III| Rica con su poder y con las ocultas virtudes de las piedras 818 I | tío Gregorio, porque él, ocupado en sus rezos y letanías, 819 II | emplearse, ama el primero que se ofrece a su vista. Ambas guardaban 820 III| Occidente las nubes que ofrecen al sol un lecho de púrpura 821 III| átomos vengo saturada, puedo ofrecerte cuanto ambicionas. Yo tengo 822 I | fabulosas riquezas que se habían ofrecido a la vista del pastor:~ ~- 823 I | todo. ¿Dudas tú acaso?~ ~¡Oh, no!, se apresuró a interrumpir 824 III| felicidad.~ ~Marta: Cuando yo por primera vez el murmullo 825 I | incautos que les prestan oídos, prometiéndoles riquezas 826 IV | atrevido a penetrar para oírlo en la alameda después del 827 III| óyeme y acércate para oírme que yo besaré tus pies mientras 828 III| el fondo sombrío de mis ondas ¡Óyeme, que mis murmullos 829 I | dároslo en esta ocasión tan oportuna como os lo puede dar el 830 I | estupendas, ni traía a cuento tan oportunamente un refrán, una sentencia 831 III| inconexas y dislocadas, sin orden ni sentido y por último... 832 III| una vestidura grosera y osa traspasar los umbrales de 833 III| árboles, y protegidas por la oscuridad, llegaron sin verse al fin 834 II | rígidos y cabellos crespos y oscuros, que sombreaban su frente 835 III| Entonces, a la manera que se oye hablar entre sueños con 836 I | el rumor que produce se oyen palabras confusas, palabras 837 I | heredad, patrimonio de sus padres, hasta que, por último, 838 I | diabólicos espíritus. El palacio que habitan es horroroso 839 IV | Magdalena tornó al lugar pálida y llena de asombro. A Marta 840 I | Cuando volvió al lugar estaba pálido como la muerte. Había sorprendido 841 I | viejo, señalando con el palo que le servía de apoyo la 842 I | ligeras sobre el haz de los pantanos. Entre estos espíritus que 843 II | recursos, abandonado de sus parciales y próximo a perder el trono, 844 III| vista y zumbando en el oído, parecia transtornarlas por completo.~ ~ 845 I | refirió que así le había parecido.~ ~Al llegar aquí, el anciano 846 III| eco lejano y confuso, les pareció percibir entre aquellos 847 II | miserablemente a la sombra de una pariente de su madre, que las había 848 III| estrellas:~ ~Esas son las partículas de oro que arrastra el agua 849 I | La noche!, pues ¿qué pasa de noche en ese sitio, que 850 III| conocía el temor, y sus pasos eran firmes y seguros. Magdalena 851 II | Castilla, adonde se trasladó la pastora, casada ya con uno de los 852 III| ganado, y las voces de los pastores, y el ladrillo de los perros 853 I | cultivó una pequeña heredad, patrimonio de sus padres, hasta que, 854 I | semejantes allí a grandes pedazos de cristal cuajados en mil 855 I | formas variadas. Los más peligrosos, sin embargo, los que se 856 I | de noventa nacidades, el pelo blanco, la boca de risa, 857 IV | ninguno se ha atrevido a penetrar para oírlo en la alameda 858 I | siguiendo a una res extraviada, penetró por la boca de una de esas 859 I | criaturas humanas deformes y pequeñuelas, ora salamandras luminosas 860 III| leves, que lo hacen aún más perceptible.~ ~Marta y Magdalena se 861 I | fantástica caverna; sólo se percíbian, a intervalos, unos gemidos 862 I | y yo encuentro mal que perdáis, poco a poco, el temor que 863 II | sus parciales y próximo a perder el trono, se le presentó 864 I | dónde.~ ~El pastor, solo y perdido en aquella inmensidad, anduvo 865 I | tornó a aconsejar que no perdieran el tiempo en la fuente, 866 III| colmena con su botín de perfumadas mieles, traigo suspiros 867 III| pastores, y el ladrillo de los perros que reúnen las reses, y 868 I | oraciones. Las muchachas se persignaron devotamente, murmurando 869 I | esta lentitud propia de las personas distraídas, por una calleja 870 II | confiaron sus alegrías y pesares, y, sin embargo, el único 871 III| sacan del fondo del mar los pescadores. Ven; te daré tesoros para 872 II | humillantes palabras el peso de su beneficio. Todo parecía 873 I | Gregorio escuchó sonriendo la petición de las muchachas, las cuales, 874 I | rodando desde los altos picos y arrollan y aplastan cuanto 875 II | el rey a la pastorcita: «Pídeme lo que quieras, que aun 876 I | cántaros en el asiento de piedra del portal, Marta le dijo 877 I | joyas, y las alhajas que se pierden, las monedas que se extravían, 878 I | curiosidad y el interés pintados en el rostro. Una de ellas 879 I | su alrededor crecían unas plantas nunca vistas, con hojas 880 II | absurda, en unas muchachas plebeyas y miserables. Ambas, a pesar 881 III| traigo suspiros de mujer, plegarias de niño, palabras de casto 882 I | el silencio y exclamó sin poderse contener, entusiasmada al 883 II | mofa de un cariño que se podia interpretar como ambición 884 II | indiferencia, que hubiera podido confundirse con la paz y 885 I | nos habláis de lo que allí podría acontecernos? ¿Se nos comerán 886 I | entre sus aguar como un polvo finísimo de oro y cuando 887 II | si no nos apresuramos se pondrá el sol antes de la vuelta.~ ~ 888 I | no era mucho, pues el sol poniente hería de soslayo la tierra 889 I | el asiento de piedra del portal, Marta le dijo a Magdalena:~ ~¿ 890 II | una esperanza remota de poseerlo.~ ~Cerca del lugar, y sobre 891 I | clase de objetos raros y preciosos. Había joyas de un valor 892 II | caricias que disputarse ni preferencias que envidiar, iguales en 893 I | pueblo, echado en una senda y presa de un gran estupor, como 894 II | a perder el trono, se le presentó un día una pastorcilla de 895 I | seducir a los incautos que les prestan oídos, prometiéndoles riquezas 896 III| me inclinaba a la tierra prestándole oído. Con ella iba un misterio 897 II | insomnio y de amargura, prestándose a su imaginación como un 898 I | que sois unas locuelas me prestaríais atención para escucharlas, 899 III| uniforme.~ ~Marta y Magdalena prestaron atención a aquellos ruidos 900 III| Marta: Cuando yo oí por primera vez el murmullo de una corriente 901 II | en que emplearse, ama el primero que se ofrece a su vista. 902 II | hermanas. Huérfanas desde los primeros años de la niñez, vivían 903 I | al cual ellas llegaban de prisa y temblando a tomar el agua 904 II | embargo, el único secrto que procuraban esconder en lo más profundo 905 I | inficionan desde su nacimiento procuran seducir a los incautos que 906 III| una rapidez que tocaba en prodigio.~ ~Marta vio al gnomo y 907 I | la noche, en el rumor que produce se oyen palabras confusas, 908 III| temblaba con el ruido que producían sus pies al hollar las hojas 909 I | resplandor dudoso y fantástico, producido por las fosforescencias 910 I | formando una vistosa cascada y produciendo un murmullo sonoro al alejarse 911 III| aire y el agua empezó a producirles una extraña exaltación, 912 I | temibles del Moncayo. En sus profundas simas, en sus cumbres solitarias 913 I | cuales, una vez obtenida la promesa de que les referiria alguna 914 I | jóvenes y las deslumbran con promesas magníficas, son los gnomos. 915 I | incautos que les prestan oídos, prometiéndoles riquezas y tesoros que han 916 III| mágicas de tal virtud, que al pronunciarlas se abrirán las rosas y te 917 I | noche.~ ~El tío Gregorio pronunció estas últimas palabras con 918 | propia 919 III| laberinto de los árboles, y protegidas por la oscuridad, llegaron 920 I | despegado aún los labios para protestar con sus burlas contra la 921 II | abandonado de sus parciales y próximo a perder el trono, se le 922 III| profundidades para buscar el oro, pudiendo remontarse a la altura para 923 II | secreta antipatía, que sólo pudiera explicar el estudio de sus 924 I | vertientes como un enjambre, y pueblan el vacio y hormiguean en 925 III| cuyos átomos vengo saturada, puedo ofrecerte cuanto ambicionas. 926 II | Magdalena tenían, efectivamente, puestos sus ojos en un mismo hombre.~ ~ 927 I | gregorio llegaba a este punto de su historia, ya la noche 928 II | un carbón ardiente.~ ~La pupila azul de Magdalena parecía 929 III| ofrecen al sol un lecho de púrpura y traigo al amanecer, con 930 II | Marta, enjutada de carnes, quebrada de color, de estatura esbelta, 931 I | resbalando por entre las quebraduras de las peñas. A su alrededor 932 I | avanzado de la tarde, me quedaría espacio para referirlas. 933 I | oyó claro y distinto en quellas profundidades, y a pesar 934 III| y más tarde, cuando se quiebre la cárcel que lo aprisiona, 935 II | pastorcita: «Pídeme lo que quieras, que aun cuando fuese la 936 III| como los de un niño que quiere y no puede llamar a su madre; 937 II | los de su hermana, como si quisiera adivinar en ellos la causa 938 III| voz amiga, siguió tras la ráfaga, que iba suspirando por 939 I | se mecen en las desnudas ramas de los árboles. Ellos son 940 III| un lado y a otro con una rapidez que tocaba en prodigio.~ ~ 941 I | montón toda clase de objetos raros y preciosos. Había joyas 942 III| otra flor hermana tuya y rasgaré las nieblas para que no 943 I | en la fuente charlando un rato con las amigas y las vecinas?, 944 II | dio el señorio de toda la raya y le mandó edificar una 945 II | más que volver a cuidar mi rebaño», respondió la pastorcilla, « 946 I | de sus guaridas, bajan en rebaños por su falda, y más de una 947 II | enemigos, agotados ya sus recursos, abandonado de sus parciales 948 II | en las noches de velada, referían una historia llena de maravillas 949 II | estupenda historia que les había referido. Marta y Magdalena guardaron 950 I | obtenida la promesa de que les referiria alguna cosa, dejaron los 951 I | me quedaría espacio para referirlas. Os daré en su lugar un 952 III| la linfa de la fuente el reflejo de las estrellas:~ ~Esas 953 I | chispas de colores y unos reflejos tan vivos, que parecía como 954 I | cuento tan oportunamente un refrán, una sentencia o un adagio.~ ~ 955 III| noche,aire de perfumes, refresca mi frente que arde! Dime 956 I | de la Iglesia, han ido a refugiarse a las crestas inaccesibles 957 III| a un fuego fatuo, que se reía a carcajadas, sin ruido, 958 II | eso no había llorado ni reído nunca. Magdalena, por el 959 II | cuando fuese la mitad de mi reino, juro que te lo he de dar 960 III| en la torre de oraciones, reinó ese doble y augusto silencio 961 II | cambiar una sola palabra relativa al asunto, tema de todas 962 III| hablar, y dijeron:~ ~El agua: Remonta mi corriente, desnúdate 963 III| buscar el oro, pudiendo remontarse a la altura para encontrar 964 II | alimentaban una esperanza remota de poseerlo.~ ~Cerca del 965 I | aquellos lugares, cantando y removiendo sus fabulosas riquezas.~ ~ 966 III| fatigada por el llanto, me rendia al sueño en mi niñez y vuestro 967 III| luego, palabras que se repetían una vez y otra, siempre 968 I | exclamó la otra.~ ~¡Ni yo!, repitieron las demás, burlándose con 969 II | sino de mis fronteras», le replicó el rey, y le dio el señorio 970 I | suelo en forma de enanos repugnantes y contrahechos, encaramándose 971 II | pesar de la inexplicable repulsión que sentían la una por la 972 I | pastor, siguiendo a una res extraviada, penetró por 973 I | murmullo sonoro al alejarse resbalando por entre las quebraduras 974 III| los perros que reúnen las reses, y sonó en la torre de oraciones, 975 II | en ellos la causa de su resolución.~ ~ ~ 976 III| viento y el agua siguieron resonando con los murmullos y los 977 I | secreto de los gnomos, había respirado su envenenada atmósfera 978 I | inmensas, alumbradas con un resplandor dudoso y fantástico, producido 979 III| soplos desiguales parecía responder el agua del manential con 980 II | volver a cuidar mi rebaño», respondió la pastorcilla, «No cuidaras 981 I | separarse, exclamó la más resuelta y decidora de ellas:~ ~¿ 982 I | las paredes, babeando y retorciéndose en figura de reptiles o 983 III| ladrillo de los perros que reúnen las reses, y sonó en la 984 II | aquella comarca, y después de revelarle la existencia de unos subterráneos 985 I | aparecer a nuestros ojos se revisten de formas variadas. Los 986 III| arrojado tal vez del cielo para revolcarte en el lodo de la miseria. 987 I | banda de golondrinas cuando revolotean espesas como el granizo 988 I | porque él, ocupado en sus rezos y letanías, no habrá echado, 989 III| misterioso consorcio a un genio. Rica con su poder y con las ocultas 990 I | copas cinceladas, armas ricas, monedas con bustos y leyendas 991 I | jaspeados como los mármoles más ricos, pero las vetas que los 992 I | cabeza. Volvían cantando y riendo con un ruido y una algazara 993 II | estatura esbelta, movimientos rígidos y cabellos crespos y oscuros, 994 II | tesoro en perlas finas, riquisimas piedras preciosas y barras 995 I | pelo blanco, la boca de risa, los ojos alegres y las 996 I | las demás, burlándose con risas de su credulidad de un momento.~ ~ 997 I | buscan, lo encuentran y lo roban para esconderlo en sus guaridas, 998 I | las fosforescencias de las rocas semejantes allí a grandes 999 I | bolas de nieve que bajan rodando desde los altos picos y 1000 II | unas trenzas rubias que rodeaban sus sienes, semejantes al


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