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Gustavo Adolfo Bécquer
Creed en Dios

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
abad-hosti | hueso-vidri | vieja-zumbi

     Parte, Capítulo
1 IV,IV | a confesarlas a vuestro abad y a pedirle que lo admita 2 I,III | desierto para vagar entre sus abandonadas tumbas, a cuyos bordes crecen 3 II,III | consagrada en sus manos, a que abandonase aquel lugar y fuese a pie 4 IV,III | Teobaldo, lleno de asombro, abandonó la aldea y se dirigió al 5 III,VII | lejano de un enjambre de abejas cuando, en las tardes de 6 III,IV | puente colosal sobre el abismo que separa al primer cielo 7 II,X | sintiendo que las ramas le abofeteaban el rostro al pasar, y los 8 III,X | sin caer nunca; ciego, abrasado y ensordecido, como caería 9 III,X | mirarlo.~Un aliento de fuego abrasó su cara, un mar de luz oscureció 10 II,XI | Nuevos y nuevos horizontes se abrían ante su vista; horizontes 11 I,III | silvestres que crecéis felices al abrigo de vuestra humildad: si 12 III,V | alondras en las mañanas de abril.~Después, las nieblas rosadas 13 II,XI | Cuando, recobrado el animo, abrió los ojos un instante para 14 II,III | romero a pedir al Papa la absolución de sus culpas.~ - ¡Déjame 15 IV,III | cubiertos de orín por la acción de los años; en la torre 16 III,IX | en Dios! - decía aún su acento, agitándose en aquel océano 17 IV,III | de un punto a otro, sin acertar a comprender lo que le pasaba - . ¡ 18 III,X | él pudo comprender ni yo acierto a concebir, y llegó, al 19 III,V | aquellas almas inocentes iba acompañada de un arcángel purísimo, 20 II,VIII| herido jabalí comenzaba a acortarse, cuando bastaba un solo 21 II,I | que el tiempo realizó más adelante. Soñó que en su seno engendraba 22 IV,IV | abad y a pedirle que lo admita en el seno de su religión.~ 23 III,VIII| Atravesaba esa fantástica región adonde van todos los acentos de 24 III,II | arrastraba, sin que supiese adónde, a través de aquellas nieblas 25 III,X | cielos, donde los serafines adoran al Señor, cubierto el rostro 26 III,I | maravilloso. Yo podré acaso adornar con algunas galas de la 27 III,VI | pecadores y el consuelo de los afligidos.~ 28 II,X | tuvo que cerrar los ojos agarrarse con ambas manos a sus flotantes 29 II,IX | lanzándose sobre sus lomos, ágil como un gamo.~El paje, que 30 II,VII | viéndose burlado por su agilidad maravillosa.~ 31 IV,I | cerrado y el viento gemía agitando las hojas de los árboles, 32 III,IX | decía aún su acento, agitándose en aquel océano de blasfemias; 33 II,X | flotantes crines.~Y sin agitar sus riendas, sin herirle 34 II,VIII| piernas, in ligero temblor agitó sus contraídos musculosa 35 II,I | monstruosa que arrojando agudos silbos, y ora arrastrándose 36 II,II | de lágrimas y de sangre. Ahorcaba a sus pecheros, se batía 37 II,I | dadme el venablo, tocad el alali en vuestras trompas, que 38 II,VI | primeros en dar la voz de alarma, y que al aproximarse el 39 II,VII | mostrársele de nuevo fuera del alcance de su arma.~Así corrió muchas 40 II,VII | codiciada res. Siempre creyendo alcanzarla, siempre viéndose burlado 41 II,VIII| un solo esfuerzo más para alcanzarlo.~ 42 II,XI | cumbre de las montañas; alegres campiñas cubiertas de un 43 | algunas 44 | algunos 45 III,X | pies.~Él quiso mirarlo.~Un aliento de fuego abrasó su cara, 46 III,VII | hondo pavor se apoderó de su alma. La eterna soledad, el eterno 47 IV,III | sillares de las derruidas almenas; el puente levadizo, inútil 48 III,V | cantando como suben las alondras en las mañanas de abril.~ 49 III,III | la tempestad.~Y subió más alto y creyó divisar a lo lejos 50 I,III | sombrío monasterio que se alza entre sus peñas, habéis 51 II,IX | delgado, muy delgado, y amarillo como la muerte, se sonrió 52 II,X | cerrar los ojos agarrarse con ambas manos a sus flotantes crines.~ 53 III,IX | maldiciones de la desesperación, amenazas de la impotencia y juramentos 54 II,I | aunque poco rezador, soy amigo de no faltar a mis palabras. ¡ 55 I,III | su retablo, venciendo el amor que os inspira el sombrío 56 III,VI | Reina de los arcángeles, el amparo de los pecadores y el consuelo 57 III,X | ensordecido, como caería el ángel rebelde cuando Dios derribó 58 III,III | de cárdena luz, vio a los ángeles, ministros de la cólera 59 II,XI | más desconocidos. Valles angostos, erizados de colosales fragmentos 60 II,X | herirle con el acicate ni animarlo con la voz, el corcel corría, 61 II,XI | XI~Cuando, recobrado el animo, abrió los ojos un instante 62 III,VII | asienta la Virgen María, el ánimo de Teobaldo se sobrecogió 63 III,I | que es tan cierto como lo anterior, aunque más maravilloso. 64 | Antes 65 III,I | es una fábula tejida a mi antojo para sorprendes vuestra 66 III,VII | ráfagas semejantes a las que anunciaban a los profetas la aproximación 67 II,V | el monte!» Teobaldo, al anuncio de la deseada res, corrió 68 IV,III | giraron sobre los goznes y apareció en su dintel un religioso.~ 69 III,I | historia; pero nunca me apartare un punto de la verdad a 70 IV,III | cuyas puertas llegó cuando apenas clareaba el día. El foso 71 III,VII | temeroso, y un hondo pavor se apoderó de su alma. La eterna soledad, 72 II,VI | subiendo a su corcel sin apoyarse en el estribo ni desarmar 73 III,VII | anunciaban a los profetas la aproximación del espíritu divino. Al 74 II,VI | voz de alarma, y que al aproximarse el terrible animal se habían 75 | aquella 76 II,XI | corría sin detenerse, y arboles, rocas, castillos y aldeas 77 IV,I | agitando las hojas de los árboles, por entre cuyas frondas 78 I,II | al pie de las derruidas arcadas del monasterio, cuyos musgosos 79 III,VI | de Dios, le Reina de los arcángeles, el amparo de los pecadores 80 III,IV | entre las llamas y desde su ardiente seno, entonan al Creador 81 II,XI | limites, donde hervían las arenas calcinadas por los rayos 82 II,VII | fuera del alcance de su arma.~Así corrió muchas horas, 83 II,V | ladridos; ya el barón había armado su ballesta, riendo con 84 II,IX | reventarme - exclamó, al fin, armando de nuevo su ballesta y disponiéndose 85 I,I | prez en la profesión de las armas: si al atravesar el quebrado 86 III,VIII| oye.~Aquí, en un circulo armónico, flotan las plegarias de 87 II,III | comitiva de pajes licenciosos, arqueros desalmados y siervos envilecidos, 88 II,IX | inmensas soledades, y se arrancó los cabellos y se mesó las 89 II,III | sin temer los violentos arranques de su carácter impulsivo, 90 III,II | poder sobrenatural que le arrastraba, sin que supiese adónde, 91 IV,I | cabalgadura que le había arrastrado a unas regiones desconocidas 92 II,I | arrojando agudos silbos, y ora arrastrándose entre la menuda hierba, 93 IV,IV | un miserable pecador que, arrepentido de sus faltas, viene a confesarlas 94 II,X | jinete como zumba una piedra arrojada por la honda. Había partido 95 II,XI | los ojos un instante para arrojar en torno suyo una mirada 96 II,III | un venerable sacerdote, arrostrando su cólera y sin temer los 97 II,I | las breñas y se remontó al as nubes.~La serpiente había 98 II,XI | los gigantescos témpanos asemejaban, destacándose sobre un cielo 99 | Así 100 III,VII | allá del trono donde se asienta la Virgen María, el ánimo 101 II,XI | extendían sus brazos para asirle por los cabellos al pasar: 102 II,VI | guarecido en sus chozas, asomaron tímidamente la cabeza a 103 IV,III | III~Teobaldo, lleno de asombro, abandonó la aldea y se 104 III,IX | discordante, mil y mil acentos ásperos y roncos, blasfemias, gritos 105 II,I | que se había escondido el asqueroso reptil.~Cuando sus servidores 106 III,IV | de luz imperceptibles que atan los hombres a las estrellas 107 III,IV | sobre sus ejes de oro en una atmósfera de colores y de fuego, y 108 III,III | cuya cima le contempla el atónito peregrino.~ 109 III,X | X~Dejó atrás aquellas regiones y atravesó 110 III,VIII| VIII~Atravesaba esa fantástica región adonde 111 I,I | profesión de las armas: si al atravesar el quebrado valle de Montagut 112 III,IX | que vibraba allí sonante y atronadora, sobreponiéndose a las otras 113 II,V | desatar los lebreles, que aturdían la Iglesia con sus ladridos; 114 I,I | I~Nobles aventureros que, puesta la lanza en 115 II,I | misterioso y terrible. Acaso un aviso de Dios; tal vez una vana 116 III,VIII| de los que padecen, los ayes de los que sufren y los 117 III,VII | Señor. De cuando en cuando azotaba su frente una ráfaga de 118 III,III | pies como muge el Océano azotando la roca desde cuya cima 119 III,IV | la superficie de un lago azul.~Y vio el sol volteando 120 IV,II | castillo sobre el fondo azulado y transparente del cielo 121 II,I | Raimundo! ¡Gerardo! ¡Pedro! Azuzad la jauría, dadme el venablo, 122 IV,II | Montagut, el del cuento!... ¡Bah!... Seguid vuestro camino 123 III,IV | noches serenas, como un bajel de plata sobre la superficie 124 IV,IV | quién sois?~ - Yo... - balbuceó el señor de Fortcastell, 125 II,VIII| caballo. - ¡Muerto está! En balde huye. El rastro de la sangre 126 II,VIII| comenzaba a acortarse, cuando bastaba un solo esfuerzo más para 127 II,II | Ahorcaba a sus pecheros, se batía con sus iguales, perseguía 128 I,II | cuyos musgosos pilares besan las ondas, oídme.~ 129 II,I | señalaba aun con el dedo, una blanca paloma se levantó de entre 130 I,II | con lento paso vuestras blancas ovejas, que pacen derramadas 131 III,IV | IV~Y vio al arcángel, blanco como la nieve, que, sentado 132 III,III | la encendida cabellera y blandiendo sus espadas, que relampagueaban 133 II,VIII| diciendo, comenzó a hacer en la bocina la señal del triunfo para 134 I,III | abandonadas tumbas, a cuyos bordes crecen las margaritas más 135 II,III | lugar y fuese a pie y con un bordón de romero a pedir al Papa 136 II,XI | vista; horizontes que se borraban para dejar lugar a otros 137 II,I | que si muero a tus manos borrará mis culpas del libro de 138 IV,I | sólo interrumpía el lejano bramido de los ciervos, el temeroso 139 II,V | recinto una vocería terrible, bramidos de trompas que hacían señales 140 II,VIII| ocasión propicia; tendió el brazo y voló la saeta, que fue 141 II,XI | fantasmas que extendían sus brazos para asirle por los cabellos 142 II,VII | sobre el cuello al fogoso bruto, se había empinado sobre 143 II,II | emboscada, peleando como bueno contra los enemigos de Dios.~ 144 II,VIII| un salto y un espantoso bufido.~ - ¡Muerto está - exclama 145 II,VII | alcanzarla, siempre viéndose burlado por su agilidad maravillosa.~ 146 I,I | clarísimo y vuestra montante, buscando honra y prez en la profesión 147 IV,I | dieron aquella fantástica cabalgadura que le había arrastrado 148 III,III | III~Cabalgando sobre las nubes, vestidos 149 III,I | I~Nobles caballeros, sencillos pastores, hermosas 150 III,III | al huracán la encendida cabellera y blandiendo sus espadas, 151 II,VI | asomaron tímidamente la cabeza a los quicios de las ventanas, 152 III,X | a concebir, y llegó, al cabo, al último círculo de la 153 | cada 154 III,X | abrasado y ensordecido, como caería el ángel rebelde cuando 155 I,I | puesta la lanza en la puja, caída la visera del casco y jinetes 156 II,XI | donde hervían las arenas calcinadas por los rayos de un sol 157 I,IV | relámpago; tú, pastor errante, calcinado por los rayos del sol; tú, 158 III,II | aquel océano de vapores caliginosos y encendidos, y las maravillas 159 II,XI | de las montañas; alegres campiñas cubiertas de un tapiz de 160 II,VI | desarmar la ballesta.~ - Por la cañada que se extiende al pie de 161 II,VII | muchas horas, atravesó las cañadas, el pedregoso lecho del 162 III,X | al vacío como la piedra candente que arroja un volcán, se 163 II,VIII| cubierta de espuma, un caño de sangre.~Había muerto 164 IV,II | castillo está lejos y estoy cansado - murmuró - ; esperaré el 165 III,V | ojos; los que no , subían cantando como suben las alondras 166 III,IX | blasfemias, gritos de venganza, cantares de orgías, palabras lúbricas, 167 I,IV | inscripción es el mote de mi canto, reposa en paz el último 168 III,II | aquellas nubes de formas caprichosas y fantásticas, en cuyo seno, 169 III,X | aliento de fuego abrasó su cara, un mar de luz oscureció 170 II,III | violentos arranques de su carácter impulsivo, le conjuró, en 171 II,I | sacrílego barón con una carcajada - . Yo no creo en Dios, 172 III,III | relampagueaban arrojando chispas de cárdena luz, vio a los ángeles, 173 I,I | puja, caída la visera del casco y jinetes sobre un corcel 174 II,XI | ruido que producían los cascos del caballo al herir la 175 II,XI | verdura y sembradas de blancos caseríos; desiertos sin limites, 176 III,VIII| peticiones de los humildes, las castas palabras de los limpios 177 II,VII | corcel, más ligero o más castigado que los de sus servidores, 178 II,XI | detenerse, y arboles, rocas, castillos y aldeas pasaban a su lado 179 III,VI | portadas de piedra de nuestras catedrales; allí las vírgenes luminosas, 180 II,III | te suelto mis perros y te cazo como a un jabalí para distraerme.~ 181 IV,III | clareaba el día. El foso estaba cegado con los sillares de las 182 III,VI | de todas las jerarquías celestes, y hermosa sobre toda ponderación, 183 III,II | distinguir las hirvientes centellas, próximas a desprenderse.~ 184 II,VIII| volviendo a hundir por la centésima vez el acicate en el sangriento 185 | cerca 186 I,III | III~Niñas de las cercanas aldeas, lirios silvestres 187 IV,II | esperaré el día en un lugar cercano - y se dirigió al lugar. 188 IV,I | I~La noche había cerrado y el viento gemía agitando 189 II,X | por el vértigo, tuvo que cerrar los ojos agarrarse con ambas 190 IV,II | gentes honradas para decirles chanzonetas insulas.~ 191 III,III | relampagueaban arrojando chispas de cárdena luz, vio a los 192 II,VI | habían guarecido en sus chozas, asomaron tímidamente la 193 III,X | y bajar, sin caer nunca; ciego, abrasado y ensordecido, 194 III,X | círculo de la espiral de los cielos, donde los serafines adoran 195 | cierto 196 IV,I | el lejano bramido de los ciervos, el temeroso murmullo de 197 III,III | azotando la roca desde cuya cima le contempla el atónito 198 III,VIII| que nadie oye.~Aquí, en un circulo armónico, flotan las plegarias 199 IV,III | puertas llegó cuando apenas clareaba el día. El foso estaba cegado 200 I,I | patrimonio que vuestro nombre clarísimo y vuestra montante, buscando 201 I,III | habéis penetrado en su claustro mudo y desierto para vagar 202 II,VIII| voló la saeta, que fue a clavarse temblando en el lomo del 203 IV,III | escudo grabado aún sobre la clave del arco! ¡Este es el valle 204 II,VII | siempre fijos los ojos en la codiciada res. Siempre creyendo alcanzarla, 205 IV,I | incorporándose sobre el codo y restregándose los ojos 206 I,III | bajar al valle de Montagut a coger tréboles y margaritas con 207 IV,II | Teobaldo de Montagut! - dijo colérica su interlocutora, que lo 208 II,IX | IX~Pintar la ira del colérico Teobaldo sería imposible. 209 IV,III | levadizo, inútil ya, se pudría colgado aún de sus fuertes tirantes 210 III,IV | iris, echado como un puente colosal sobre el abismo que separa 211 II,XI | Valles angostos, erizados de colosales fragmentos de granito que 212 II,V | nueva orden de su señor, comenzaban los pajes a desatar los 213 III,II | las maravillas del cielo comenzaron a desplegarse, unas tras 214 II,II | de Fortcastell solo puede compararse a un huracán. Por donde 215 III,VII | rumor sordo, que pudiera comparase al zumbido lejano de un 216 II,XI | en unos ligares para él completamente extraños. El corcel corría, 217 I,IV | tumba humilde. Antes la componían una piedra tosca y una cruz 218 III,X | comprender ni yo acierto a concebir, y llegó, al cabo, al último 219 III,IX | voces en medio de aquel concierto infernal.~ - ¡No creo en 220 IV,IV | sucediese en el feudo, los condes soberanos hicieron donación 221 III,VII | en aquellas regiones que conducen al misterioso santuario 222 I,II | colinas y las llanuras; si al conducirlas al borde del transparente 223 IV,IV | arrepentido de sus faltas, viene a confesarlas a vuestro abad y a pedirle 224 IV,III | veía un solo soldado, y confuso y sordo, parecía que de 225 II,III | su carácter impulsivo, le conjuró, en nombre del cielo y llevando 226 IV,II | sorprendido de que no le conociesen - ; Teobaldo de Montagut.~ - ¡ 227 II,III | cielo y llevando una hostia consagrada en sus manos, a que abandonase 228 III,VI | amparo de los pecadores y el consuelo de los afligidos.~ 229 III,III | roca desde cuya cima le contempla el atónito peregrino.~ 230 II,I | sin embargo, se limitó a contestarle.~ - Haz lo que quieras; 231 IV,IV | al monje.~ - Yo soy - le contesto éste - un humilde servidor 232 II,IX | servidores, y únicamente le contestó el eco en aquellas inmensas 233 | contra 234 II,VIII| ligero temblor agitó sus contraídos musculosa y cayó al suelo 235 III,VI | luminosas, que intenta en vano copiar de sus sueños el pintor 236 III,VIII| palabras de los limpios de corazón, las resignadas quejas de 237 III,VI | los altares; allí, en fin, coronada de estrellas, vestida de 238 I,II | transparente riachuelo que corre, forcejea y salta por entre 239 III,V | flotaban en le espacio como cortinas de gasa transparente, se 240 II,XI | esto, y mil y mil otras cosas que yo no podré deciros, 241 II,III | caza y que, como era su costumbre, hizo a entra a guarecerse 242 III,IV | ardiente seno, entonan al Creador himnos de alegría.~Vio los 243 III,I | maravilla lo que os cuento, no creáis que es una fábula tejida 244 I,III | aldeas, lirios silvestres que crecéis felices al abrigo de vuestra 245 I,III | abandonadas tumbas, a cuyos bordes crecen las margaritas más nobles 246 III,I | para sorprendes vuestra credulidad. De boca en boca ha llegado 247 I | borde ~de mi sepultura, cree en Dios ~como yo he creído ~ 248 III,VIII| el aire, los lamentos que creemos que nadie oye.~Aquí, en 249 III,IX | y Teobaldo comenzaba a creer.~ 250 III,II | resplandor de un relámpago, creía distinguir las hirvientes 251 II,VII | la codiciada res. Siempre creyendo alcanzarla, siempre viéndose 252 II,I | nombre y hacerte expiar tu crimen.~ - ¡Un Dios que castiga 253 II,X | ambas manos a sus flotantes crines.~Y sin agitar sus riendas, 254 III,VII | la hoja de un puñal, que crispaba sus cabellos de horror y 255 III,IV | sobre un inmenso globo de cristal, los dirige por el espacio 256 III,IX | la rapidez que el meteoro cruza el cielo en una tarde de 257 III,III | de la cólera del Señor, cruzar como un formidable ejercito 258 | cual 259 | cualquiera 260 | Cuánto 261 II,XI | montañas; alegres campiñas cubiertas de un tapiz de verdura y 262 III,X | serafines adoran al Señor, cubierto el rostro con las triples 263 IV,III | fuertes tirantes de hierro, cubiertos de orín por la acción de 264 III,V | arcángel purísimo, que la cubría con las sombras de sus alas. 265 II,VII | dejándole la brida sobre el cuello al fogoso bruto, se había 266 IV,IV | A su último señor, según cuentan, se lo llevó el diablo, 267 II,XI | tempestades habían arrancado de la cumbre de las montañas; alegres 268 II,I | para darte una prueba voy a cumplirte lo que te he prometido, 269 III,II | caprichosas y fantásticas, en cuyo seno, que se iluminaba a 270 II,II | perseguía a las doncellas, daba de palos a los monjes, y, 271 II,I | Pedro! Azuzad la jauría, dadme el venablo, tocad el alali 272 II,I | presurosos al punto que la noble dama, inmóvil y presa de un profundo 273 II,VI | que fueron los primeros en dar la voz de alarma, y que 274 II,I | vuestras trompas, que vamos a darle caza a este imbécil, aunque 275 II,II | mundo. Su madre murió al darlo a luz; su padre pereció 276 II,I | no creo en Dios, y para darte una prueba voy a cumplirte 277 III,VIII| Tierra, los sonidos que decimos que se desvanecen, las palabras 278 III,I | lo que aún me resta por decir, que es tan cierto como 279 IV,II | las gentes honradas para decirles chanzonetas insulas.~ 280 II,XI | otras cosas que yo no podré deciros, vio en su fantástica carrera, 281 II,I | le señalaba aun con el dedo, una blanca paloma se levantó 282 II,II | blasfemias y juramentos, ni dejaba santo en paz ni cosa sagrada 283 II,VII | res, que dos o tres veces, dejándole la brida sobre el cuello 284 | dejar 285 III,X | X~Dejó atrás aquellas regiones 286 II,VII | VII~Teobaldo iba delante de todos. Su corcel, más 287 I,II | blancas ovejas, que pacen derramadas por las colinas y las llanuras; 288 III,VII | de otoño, revolotean en derredor de las últimas flores.~ 289 III,X | ángel rebelde cuando Dios derribó el pedestal de su orgullo 290 II,III | pajes licenciosos, arqueros desalmados y siervos envilecidos, con 291 II,VI | apoyarse en el estribo ni desarmar la ballesta.~ - Por la cañada 292 II,V | comenzaban los pajes a desatar los lebreles, que aturdían 293 III,II | y que su corcel corría desbocado, es verdad; pero corría 294 IV,I | arrastrado a unas regiones desconocidas y misteriosas.~Un silencio 295 II,XI | lugar a otros más y más desconocidos. Valles angostos, erizados 296 II,V | Teobaldo, al anuncio de la deseada res, corrió a las puertas 297 II,X | al pasar, y los zarzales desgarraban sus vestidos, y el viento 298 I,III | penetrado en su claustro mudo y desierto para vagar entre sus abandonadas 299 II,XI | sembradas de blancos caseríos; desiertos sin limites, donde hervían 300 IV,I | por entre cuyas frondas se deslizaba un suave rayo de luna, cuando 301 III,V | se ofreció a sus miradas deslumbrador y magnífico.~ 302 III,I | algunas galas de la poesía el desnudo esqueleto de esta sencilla 303 IV,I | restregándose los ojos como si despertara de un profundo sueño, tendió 304 III,II | maravillas del cielo comenzaron a desplegarse, unas tras otras, ante los 305 II,VIII| musculosa y cayó al suelo desplomado, arrojando por la hinchada 306 III,II | hirvientes centellas, próximas a desprenderse.~El corcel corría, o, mejor 307 II,XI | gigantescos témpanos asemejaban, destacándose sobre un cielo gris y oscuro, 308 IV,II | las rocas de Montagut, vio destacarse la negra silueta de su castillo 309 III,VIII| sonidos que decimos que se desvanecen, las palabras que juzgamos 310 I | cualquiera que seas, ~que te detienes un instante al borde ~de 311 II,VIII| aquel instante, el corcel se detuvo, flaquearon sus piernas, 312 IV,IV | cuentan, se lo llevó el diablo, y como no tenia a nadie 313 II,VIII| marca su camino - y esto diciendo, comenzó a hacer en la bocina 314 IV,I | muerto su corcel, donde le dieron aquella fantástica cabalgadura 315 II,IX | ojos un paje que traía del diestro un corcel negro como la 316 II,X | en que se levantó más de diez varas del suelo, y el aire 317 IV,III | goznes y apareció en su dintel un religioso.~ 318 III,IV | inmenso globo de cristal, los dirige por el espacio en las noches 319 III,IX | oídos, con un estrépito discordante, mil y mil acentos ásperos 320 II,IX | armando de nuevo su ballesta y disponiéndose a seguir a la res; pero 321 IV,I | y el eco de una campana distante que de cuando en cuando 322 III,II | resplandor de un relámpago, creía distinguir las hirvientes centellas, 323 II,III | cazo como a un jabalí para distraerme.~ 324 III,VII | aproximación del espíritu divino. Al fin llegó a un punto 325 II,VII | Pero el jabalí, al que sólo divisaba a intervalos entre los espesos 326 III,III | Y subió más alto y creyó divisar a lo lejos las tormentosas 327 IV,III | Montagut! ¡Estas tierras que domina el señorío de Fortcastell!...~ 328 II,III | Iglesia de una aldea de sus dominios, un venerable sacerdote, 329 IV,IV | condes soberanos hicieron donación de estas tierras a los religiosos 330 II,II | iguales, perseguía a las doncellas, daba de palos a los monjes, 331 | dónde 332 II,VII | tan de cerca la res, que dos o tres veces, dejándole 333 II,V | V~Ya, después dudar un instante y a una nueva 334 II,III | encontrado una sola pieza durante el día, te suelto mis perros 335 II,V | las puertas del santuario, ebrio de alegría; tras él fueron 336 III,IV | estrellas y vio el arco iris, echado como un puente colosal sobre 337 II,VII | empinado sobre los estribos y echándose al hombro la ballesta para 338 III,III | cruzar como un formidable ejercito sobre las alas de la tempestad.~ 339 III,IV | volteando encendido sobre sus ejes de oro en una atmósfera 340 II,I | decía. El sacerdote, sin embargo, se limitó a contestarle.~ - 341 I,III | tréboles y margaritas con que embellecer su retablo, venciendo el 342 II,II | algunos años después en una emboscada, peleando como bueno contra 343 II,VII | al fogoso bruto, se había empinado sobre los estribos y echándose 344 IV,I | soñado - dijo el barón, y emprendió su camino a través del bosque, 345 III,III | fuego, suelta al huracán la encendida cabellera y blandiendo sus 346 III,IV | Y vio el sol volteando encendido sobre sus ejes de oro en 347 III,II | de vapores caliginosos y encendidos, y las maravillas del cielo 348 II,I | condesa de Montagut estaba encinta de su primogénito, Teobaldo, 349 II,VIII| VIII~Por último, pudo encontrar una ocasión propicia; tendió 350 II,III | guarecerse de la lluvia a toda su endiablada comitiva de pajes licenciosos, 351 II,II | peleando como bueno contra los enemigos de Dios.~Desde este punto, 352 II,I | adelante. Soñó que en su seno engendraba una serpiente, una serpiente 353 III,VII | al zumbido lejano de un enjambre de abejas cuando, en las 354 III,X | nunca; ciego, abrasado y ensordecido, como caería el ángel rebelde 355 II,I | primogénito, Teobaldo, tuvo un ensueño misterioso y terrible. Acaso 356 III,IV | desde su ardiente seno, entonan al Creador himnos de alegría.~ 357 | entonces 358 II,III | era su costumbre, hizo a entra a guarecerse de la lluvia 359 II,IX | ruido a sus espaldas, se entreabrieron las ramas de la espesura 360 II,IX | noche.~ - El cielo me lo envía - dijo el cazador lanzándose 361 II,III | arqueros desalmados y siervos envilecidos, con perros, caballos y 362 II,XI | carrera, y hasta tanto que, envuelto en una niebla oscura, dejo 363 | eran 364 III,VIII| los salmos de los piadosos eremitas, las peticiones de los humildes, 365 II,XI | desconocidos. Valles angostos, erizados de colosales fragmentos 366 I,IV | un relámpago; tú, pastor errante, calcinado por los rayos 367 III,V | V~Por una escala misteriosa vio bajar las 368 II,IX | blasfemias, sólo repetirlas fuera escandaloso e impío. Llamó a grandes 369 II,I | la zarza en que se había escondido el asqueroso reptil.~Cuando 370 II,I | saltar, huyó de su vista, escondiéndose, al fin, entre unas zarzas.~ - ¡ 371 II,I | libro de su indignación para escribir tu nombre y hacerte expiar 372 III,I | pastores, hermosas niñas que escucháis mi relato: si os maravilla 373 II,VI | colinas - le respondieron.~Sin escuchar la última palabra, el impetuoso 374 IV,III | pasaba - . ¡Aquel es mi escudo grabado aún sobre la clave 375 III,VI | habréis visto groseramente esculpidos en las portadas de piedra 376 II,VIII| cuando bastaba un solo esfuerzo más para alcanzarlo.~ 377 III,III | cabellera y blandiendo sus espadas, que relampagueaban arrojando 378 II,IX | momento sintió ruido a sus espaldas, se entreabrieron las ramas 379 III,II | unas tras otras, ante los espantados ojos de su jinete.~ 380 II,IX | las barbas, presa la más espantosa desesperación.~ - Lo seguiré 381 II,VIII| animal, que dio un salto y un espantoso bufido.~ - ¡Muerto está - 382 II,V | elevaba sus ojos al cielo y esperaba tranquilo la muerte, cuando 383 III,VIII| y los himnos de los que esperan. Teobaldo oyó entre aquellas 384 IV,II | estoy cansado - murmuró - ; esperaré el día en un lugar cercano - 385 II,VII | divisaba a intervalos entre los espesos matorrales tornaba a desaparecer 386 III,X | al último círculo de la espiral de los cielos, donde los 387 III,VII | profetas la aproximación del espíritu divino. Al fin llegó a un 388 III,IV | en su foco a los ígneos espíritus que habitan incólumes entre 389 II,VIII| hinchada nariz, cubierta de espuma, un caño de sangre.~Había 390 III,I | de la poesía el desnudo esqueleto de esta sencilla y terrible 391 III,VI | VI~Allí estaban los santos profetas que 392 | están 393 | éste 394 | estos 395 IV,II | Mi castillo está lejos y estoy cansado - murmuró - ; esperaré 396 II,X | con una fuerza que hizo estremecer el bosque; dio un bote increíble, 397 III,II | reprimir un involuntario estremecimiento de terror. Hasta entonces 398 III,IX | hirieron sus oídos, con un estrépito discordante, mil y mil acentos 399 II,VI | corcel sin apoyarse en el estribo ni desarmar la ballesta.~ - 400 III,VIII| que palpitaban aún en el éter luminoso, la voz de su santa 401 III,VII | se apoderó de su alma. La eterna soledad, el eterno silencio, 402 II,XI | llanuras inmensas, regiones de eternas nieves, donde los gigantescos 403 III,VII | alma. La eterna soledad, el eterno silencio, viven en aquellas 404 II,VIII| bufido.~ - ¡Muerto está - exclama con un grito de alegría 405 II,XI | pasaban a su lado como una exhalación. Nuevos y nuevos horizontes 406 II,I | escribir tu nombre y hacerte expiar tu crimen.~ - ¡Un Dios que 407 II,XI | oscuro, blancos fantasmas que extendían sus brazos para asirle por 408 II,VI | Por la cañada que se extiende al pie de esa colinas - 409 II,IX | se sonrió de una manera extraña al presentarse la brida.~ 410 II,XI | ligares para él completamente extraños. El corcel corría, corría 411 III,I | cuento, no creáis que es una fábula tejida a mi antojo para 412 II,I | rezador, soy amigo de no faltar a mis palabras. ¡Raimundo! ¡ 413 IV,IV | que, arrepentido de sus faltas, viene a confesarlas a vuestro 414 II,I | de Dios; tal vez una vana fantasía que el tiempo realizó más 415 III,II | de formas caprichosas y fantásticas, en cuyo seno, que se iluminaba 416 II,VIII| sangre.~Había muerto de fatiga, había muerto cuando la 417 I,III | lirios silvestres que crecéis felices al abrigo de vuestra humildad: 418 IV,IV | nadie que lo sucediese en el feudo, los condes soberanos hicieron 419 II,VII | sombrías revueltas, siempre fijos los ojos en la codiciada 420 II,VIII| instante, el corcel se detuvo, flaquearon sus piernas, in ligero temblor 421 III,VII | derredor de las últimas flores.~ 422 III,V | nieblas rosadas y azules, que flotaban en le espacio como cortinas 423 III,VIII| en un circulo armónico, flotan las plegarias de los niños, 424 III,IV | colores y de fuego, y en su foco a los ígneos espíritus que 425 II,VII | brida sobre el cuello al fogoso bruto, se había empinado 426 II,VI | infernal comitiva por entre el follaje de la espesura se santiguaron 427 I,II | transparente riachuelo que corre, forcejea y salta por entre los peñascos 428 III,II | oscuras, de aquellas nubes de formas caprichosas y fantásticas, 429 III,III | del Señor, cruzar como un formidable ejercito sobre las alas 430 IV,III | al arco principal de la fortaleza, y sobre un pedestal de 431 IV,III | apenas clareaba el día. El foso estaba cegado con los sillares 432 II,XI | angostos, erizados de colosales fragmentos de granito que las tempestades 433 III,VII | frente una ráfaga de aire, frío como la hoja de un puñal, 434 IV,I | árboles, por entre cuyas frondas se deslizaba un suave rayo 435 IV,III | pudría colgado aún de sus fuertes tirantes de hierro, cubiertos 436 II,X | caballo relincho con una fuerza que hizo estremecer el bosque; 437 | fuese 438 I | Parte I~Yo fui el verdadero ~Teobaldo de 439 III,I | acaso adornar con algunas galas de la poesía el desnudo 440 II,IX | sus lomos, ágil como un gamo.~El paje, que era delgado, 441 III,V | espacio como cortinas de gasa transparente, se rasgaron 442 IV,I | había cerrado y el viento gemía agitando las hojas de los 443 IV,II | sacar de su sueño a las gentes honradas para decirles chanzonetas 444 II,I | mis palabras. ¡Raimundo! ¡Gerardo! ¡Pedro! Azuzad la jauría, 445 II,III | con perros, caballos y con gerifaltes, en la Iglesia de una aldea 446 III,X | oscureció sus ojos, un trueno gigante retumbó en sus oídos, y 447 II,XI | eternas nieves, donde los gigantescos témpanos asemejaban, destacándose 448 IV,III | pesadas hojas de la puerta giraron sobre los goznes y apareció 449 III,IV | sentado sobre un inmenso globo de cristal, los dirige por 450 III,V | rasgaron como el día de gloria se rasga en nuestros templos 451 I,IV | hermosa niña, cubierta aún con gotas de rocío, semejantes a lágrimas: 452 IV,III | puerta giraron sobre los goznes y apareció en su dintel 453 IV,III | Aquel es mi escudo grabado aún sobre la clave del arco! ¡ 454 II,IX | escandaloso e impío. Llamó a grandes voces a sus servidores, 455 IV,III | lejano, un himno religioso, grave, solemne y magnífico.~ - ¡ 456 II,XI | destacándose sobre un cielo gris y oscuro, blancos fantasmas 457 II,I | Allí está, allí está! - gritaba la condesa en su horrible 458 II,VIII| Muerto está - exclama con un grito de alegría el cazador, volviendo 459 III,VI | profetas que habréis visto groseramente esculpidos en las portadas 460 II,III | costumbre, hizo a entra a guarecerse de la lluvia a toda su endiablada 461 II,VI | terrible animal se habían guarecido en sus chozas, asomaron 462 III,IV | los ígneos espíritus que habitan incólumes entre las llamas 463 II,VI | él partieron todos.~Los habitantes de la aldea, que fueron 464 IV,IV | regla, que están aquí desde habrá cosa de ciento a ciento 465 IV,I | viento en sus ráfagas.~ - Habré soñado - dijo el barón, 466 IV,IV | prosiguió el monje - hace mucho tiempo... A su último 467 IV,IV | IV~ - ¿Quién sois y qué hacéis aquí? - le pregunto Teobaldo 468 II,I | para escribir tu nombre y hacerte expiar tu crimen.~ - ¡Un 469 | Hacia 470 II,V | bramidos de trompas que hacían señales de ojeo y gritos 471 | haya 472 II,I | limitó a contestarle.~ - Haz lo que quieras; pero ten 473 II,VIII| muerto cuando la carrera del herido jabalí comenzaba a acortarse, 474 II,XI | los cascos del caballo al herir la tierra.~ 475 II,X | agitar sus riendas, sin herirle con el acicate ni animarlo 476 II,VII | hombro la ballesta para herirlo. Pero el jabalí, al que 477 III,I | caballeros, sencillos pastores, hermosas niñas que escucháis mi relato: 478 II,XI | desiertos sin limites, donde hervían las arenas calcinadas por 479 IV,IV | feudo, los condes soberanos hicieron donación de estas tierras 480 II,I | arrastrándose entre la menuda hierba, ora replegándose sobre 481 IV,III | sus fuertes tirantes de hierro, cubiertos de orín por la 482 III,IV | himnos de alegría.~Vio los hilos de luz imperceptibles que 483 IV,III | como un murmullo lejano, un himno religioso, grave, solemne 484 II,VIII| desplomado, arrojando por la hinchada nariz, cubierta de espuma, 485 III,IX | IX~Más allá hirieron sus oídos, con un estrépito 486 IV,I | en el mismo bosque donde hirió al jabalí, donde cayó muerto 487 III,II | relámpago, creía distinguir las hirvientes centellas, próximas a desprenderse.~ 488 III,VII | ráfaga de aire, frío como la hoja de un puñal, que crispaba 489 II,I | IV~Teobaldo era hombre de hacer lo que decía. El 490 III,IV | imperceptibles que atan los hombres a las estrellas y vio el 491 II,VII | estribos y echándose al hombro la ballesta para herirlo. 492 IV,III | los años; en la torre del homenaje tañía lentamente una campana; 493 II,X | una piedra arrojada por la honda. Había partido sal escape; 494 III,VII | sobrecogió temeroso, y un hondo pavor se apoderó de su alma. 495 I,I | vuestra montante, buscando honra y prez en la profesión de 496 IV,II | de su sueño a las gentes honradas para decirles chanzonetas 497 II,VII | arma.~Así corrió muchas horas, atravesó las cañadas, el 498 II,I | gritaba la condesa en su horrible pesadilla, señalando a sus 499 III,VII | crispaba sus cabellos de horror y penetraba hasta la medula 500 II,III | del cielo y llevando una hostia consagrada en sus manos,


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