Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Gustavo Adolfo Bécquer
Creed en Dios

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
hueso-vidri | vieja-zumbi

     Parte, Capítulo
501 III,VII | penetraba hasta la medula de los huesos, ráfagas semejantes a las 502 I,III | felices al abrigo de vuestra humildad: si en la mañana del santo 503 III,VIII| eremitas, las peticiones de los humildes, las castas palabras de 504 II,VI | palabra, el impetuoso cazador hundió su acicate de oro en el 505 II,VIII| el cazador, volviendo a hundir por la centésima vez el 506 II,VIII| Muerto está! En balde huye. El rastro de la sangre 507 II,I | sobre sí misma para saltar, huyó de su vista, escondiéndose, 508 III,IV | fuego, y en su foco a los ígneos espíritus que habitan incólumes 509 II,II | pecheros, se batía con sus iguales, perseguía a las doncellas, 510 III,II | fantásticas, en cuyo seno, que se iluminaba a veces con el resplandor 511 III,II | ojos eran fantasmas de su imaginación, turbada por el vértigo, 512 II,I | vamos a darle caza a este imbécil, aunque se suba a los retablos 513 III,IV | alegría.~Vio los hilos de luz imperceptibles que atan los hombres a las 514 II,VI | escuchar la última palabra, el impetuoso cazador hundió su acicate 515 III,IX | juramentos sacrílegos de la impiedad.~Teobaldo atravesó el segundo 516 II,IX | repetirlas fuera escandaloso e impío. Llamó a grandes voces a 517 II,IX | colérico Teobaldo sería imposible. Repetir sus maldiciones 518 III,IX | desesperación, amenazas de la impotencia y juramentos sacrílegos 519 II,III | arranques de su carácter impulsivo, le conjuró, en nombre del 520 II,VIII| flaquearon sus piernas, in ligero temblor agitó sus 521 III,IV | ígneos espíritus que habitan incólumes entre las llamas y desde 522 IV,I | de luna, cuando Teobaldo incorporándose sobre el codo y restregándose 523 II,X | estremecer el bosque; dio un bote increíble, un bote en que se levantó 524 II,I | mis culpas del libro de su indignación para escribir tu nombre 525 III,X | regiones y atravesó otras inmensidades llenas de visiones terribles, 526 II,I | punto que la noble dama, inmóvil y presa de un profundo terror, 527 III,V | cada una aquellas almas inocentes iba acompañada de un arcángel 528 I,IV | piedra. En esa tumba, cuya inscripción es el mote de mi canto, 529 IV,II | preguntarle.~ - Vuestro señor - insistió el caballero, sorprendido 530 I,III | venciendo el amor que os inspira el sombrío monasterio que 531 IV,II | para decirles chanzonetas insulas.~ 532 III,VI | vírgenes luminosas, que intenta en vano copiar de sus sueños 533 IV,II | Montagut! - dijo colérica su interlocutora, que lo era una vieja~ - . ¡ 534 II,VII | pedregoso lecho del río, e internándose en un bosque inmenso, se 535 IV,I | alrededor; un silencio que sólo interrumpía el lejano bramido de los 536 IV,IV | de Montagut.~ - Pero... - interrumpió el barón - Montagut ¿no 537 II,VII | al que sólo divisaba a intervalos entre los espesos matorrales 538 IV,III | almenas; el puente levadizo, inútil ya, se pudría colgado aún 539 III,II | vacío no pudo reprimir un involuntario estremecimiento de terror. 540 II,IX | IX~Pintar la ira del colérico Teobaldo sería 541 III,IV | estrellas y vio el arco iris, echado como un puente colosal 542 III,I | Montagut, es un testimonio irrecusable de la veracidad de mis palabras.~ 543 I,III | margaritas más nobles y los jacintos más azules, oídme.~ 544 II,I | Gerardo! ¡Pedro! Azuzad la jauría, dadme el venablo, tocad 545 III,VI | luz, rodeada de todas las jerarquías celestes, y hermosa sobre 546 I,I | caída la visera del casco y jinetes sobre un corcel poderoso, 547 III,II | quedaba duda de que era el juguete de un poder sobrenatural 548 II,II | Dios.~Desde este punto, la juventud del primogénito de Fortcastell 549 III,VIII| desvanecen, las palabras que juzgamos que se pierden en el aire, 550 III,X | orgullo con un soplo de sus labios.~ 551 II,XI | castillos y aldeas pasaban a su lado como una exhalación. Nuevos 552 II,V | aturdían la Iglesia con sus ladridos; ya el barón había armado 553 III,IV | sobre la superficie de un lago azul.~Y vio el sol volteando 554 III,VIII| pierden en el aire, los lamentos que creemos que nadie oye.~ 555 I,I | aventureros que, puesta la lanza en la puja, caída la visera 556 II,IX | envía - dijo el cazador lanzándose sobre sus lomos, ágil como 557 III,VI | allí los querubines con sus largas y flotantes vestiduras y 558 IV,IV | Fortcastell, después de un largo rato de silencio - , yo 559 III,III | semejantes a un mar de lava, y oyó mugir el turno a 560 II,VII | las cañadas, el pedregoso lecho del río, e internándose 561 IV,III | torre del homenaje tañía lentamente una campana; frente al arco 562 I,II | Pastores que seguéis con lento paso vuestras blancas ovejas, 563 IV,III | derruidas almenas; el puente levadizo, inútil ya, se pudría colgado 564 III,I | mi esta tradición, y la leyenda del sepulcro, que aun subsiste 565 II,I | manos borrará mis culpas del libro de su indignación para escribir 566 II,III | endiablada comitiva de pajes licenciosos, arqueros desalmados y siervos 567 II,XI | lejos de Montagut y en unos ligares para él completamente extraños. 568 II,XI | caseríos; desiertos sin limites, donde hervían las arenas 569 II,I | sacerdote, sin embargo, se limitó a contestarle.~ - Haz lo 570 III,VIII| las castas palabras de los limpios de corazón, las resignadas 571 I,III | de las cercanas aldeas, lirios silvestres que crecéis felices 572 III,IV | habitan incólumes entre las llamas y desde su ardiente seno, 573 IV,I | bosque, y salió, al fin, a la llanura.~ 574 III,I | credulidad. De boca en boca ha llegado hasta mi esta tradición, 575 II,I | reptil.~Cuando sus servidores llegaron presurosos al punto que 576 III,X | atravesó otras inmensidades llenas de visiones terribles, que 577 IV,III | III~Teobaldo, lleno de asombro, abandonó la 578 II,III | conjuró, en nombre del cielo y llevando una hostia consagrada en 579 IV,IV | señor, según cuentan, se lo llevó el diablo, y como no tenia 580 II,III | entra a guarecerse de la lluvia a toda su endiablada comitiva 581 II,III | Déjame en paz, viejo loco! - exclamó Teobaldo al oírlo - ; 582 II,VIII| clavarse temblando en el lomo del terrible animal, que 583 II,IX | cazador lanzándose sobre sus lomos, ágil como un gamo.~El paje, 584 IV,II | II~En lontananza, y sobre las rocas de Montagut, 585 III,IX | cantares de orgías, palabras lúbricas, maldiciones de la desesperación, 586 III,III | sobre las nubes, vestidos de luengas túnicas con orlas de fuego, 587 I,III | del santo patrono de estos lugares, al bajar al valle de Montagut 588 III,VI | catedrales; allí las vírgenes luminosas, que intenta en vano copiar 589 III,VIII| palpitaban aún en el éter luminoso, la voz de su santa madre, 590 IV,I | deslizaba un suave rayo de luna, cuando Teobaldo incorporándose 591 II,II | ni cosa sagrada de que no maldijese.~ 592 I,III | vuestra humildad: si en la mañana del santo patrono de estos 593 III,V | suben las alondras en las mañanas de abril.~Después, las nieblas 594 II,IX | muerte, se sonrió de una manera extraña al presentarse la 595 III,I | escucháis mi relato: si os maravilla lo que os cuento, no creáis 596 III,II | caliginosos y encendidos, y las maravillas del cielo comenzaron a desplegarse, 597 II,VII | burlado por su agilidad maravillosa.~ 598 III,I | lo anterior, aunque más maravilloso. Yo podré acaso adornar 599 II,VIII| de la sangre que arroja marca su camino - y esto diciendo, 600 III,VII | donde se asienta la Virgen María, el ánimo de Teobaldo se 601 II,VII | intervalos entre los espesos matorrales tornaba a desaparecer de 602 III,IX | sobreponiéndose a las otras voces en medio de aquel concierto infernal.~ - ¡ 603 III,VII | horror y penetraba hasta la medula de los huesos, ráfagas semejantes 604 III,II | desprenderse.~El corcel corría, o, mejor dicho, nadaba en aquel océano 605 II,I | ora arrastrándose entre la menuda hierba, ora replegándose 606 II,IX | arrancó los cabellos y se mesó las barbas, presa la más 607 III,IX | círculo con la rapidez que el meteoro cruza el cielo en una tarde 608 | 609 III,III | luz, vio a los ángeles, ministros de la cólera del Señor, 610 III,V | justos se ofreció a sus miradas deslumbrador y magnífico.~ 611 III,X | prosternados a sus pies.~Él quiso mirarlo.~Un aliento de fuego abrasó 612 IV,IV | silencio - , yo soy... un miserable pecador que, arrepentido 613 | misma 614 | mismo 615 III,V | V~Por una escala misteriosa vio bajar las almas a la 616 IV,I | regiones desconocidas y misteriosas.~Un silencio de muerte reinaba 617 II,IX | a la res; pero en aquel momento sintió ruido a sus espaldas, 618 II,II | doncellas, daba de palos a los monjes, y, en sus blasfemias y 619 II,I | serpiente, una serpiente monstruosa que arrojando agudos silbos, 620 II,XI | arrancado de la cumbre de las montañas; alegres campiñas cubiertas 621 I,I | nombre clarísimo y vuestra montante, buscando honra y prez en 622 II,V | Por las breñas! ¡Hacia el monteTeobaldo, al anuncio de 623 III,VI | ponderación, Nuestra Señora de Montserrat, la Madre de Dios, le Reina 624 II,VII | desaparecer de su vista para mostrársele de nuevo fuera del alcance 625 I,IV | cuya inscripción es el mote de mi canto, reposa en paz 626 | mucho 627 I,III | penetrado en su claustro mudo y desierto para vagar entre 628 II,I | castiga y perdona, y que si muero a tus manos borrará mis 629 III,III | el turno a sus pies como muge el Océano azotando la roca 630 III,III | a un mar de lava, y oyó mugir el turno a sus pies como 631 II,II | II~Teobaldo vino al mundo. Su madre murió al darlo 632 II,II | vino al mundo. Su madre murió al darlo a luz; su padre 633 II,V | el venerable sacerdote, murmurando una plegaria, elevaba sus 634 IV,II | lejos y estoy cansado - murmuró - ; esperaré el día en un 635 IV,III | elevaba una cruz; en los muros no se veía un solo soldado, 636 II,VIII| temblor agitó sus contraídos musculosa y cayó al suelo desplomado, 637 I,II | arcadas del monasterio, cuyos musgosos pilares besan las ondas, 638 III,II | corría, o, mejor dicho, nadaba en aquel océano de vapores 639 II,VIII| arrojando por la hinchada nariz, cubierta de espuma, un 640 IV,II | Montagut, vio destacarse la negra silueta de su castillo sobre 641 II,IX | traía del diestro un corcel negro como la noche.~ - El cielo 642 II,XI | tanto que, envuelto en una niebla oscura, dejo de percibir 643 III,IV | arcángel, blanco como la nieve, que, sentado sobre un inmenso 644 II,XI | inmensas, regiones de eternas nieves, donde los gigantescos témpanos 645 III,VI | flotantes vestiduras y sus nimbos de oro, como los de las 646 I,IV | sol; tú, en fin, hermosa niña, cubierta aún con gotas 647 III,VIII| flotan las plegarias de los niños, las oraciones de las vírgenes, 648 III,IV | dirige por el espacio en las noches serenas, como un bajel de 649 | nuestras 650 | nuestros 651 II,V | dudar un instante y a una nueva orden de su señor, comenzaban 652 III,II | entonces había creído que los objetos que se representaban a sus 653 II,VIII| último, pudo encontrar una ocasión propicia; tendió el brazo 654 III,V | paraíso de los justos se ofreció a sus miradas deslumbrador 655 III,IX | tarde de verano, por no oír su voz, que vibraba allí 656 II,III | loco! - exclamó Teobaldo al oírlo - ; déjame en paz o ya que 657 II,V | trompas que hacían señales de ojeo y gritos de: «¡Al jabalí! ¡ 658 III,VI | vidrios de colores de las ojivas; allí los querubines con 659 I,II | musgosos pilares besan las ondas, oídme.~ 660 III,VIII| plegarias de los niños, las oraciones de las vírgenes, los salmos 661 II,V | un instante y a una nueva orden de su señor, comenzaban 662 III,IX | de venganza, cantares de orgías, palabras lúbricas, maldiciones 663 III,X | derribó el pedestal de su orgullo con un soplo de sus labios.~ 664 IV,III | de hierro, cubiertos de orín por la acción de los años; 665 III,III | vestidos de luengas túnicas con orlas de fuego, suelta al huracán 666 II,XI | envuelto en una niebla oscura, dejo de percibir el ruido 667 III,II | través de aquellas nieblas oscuras, de aquellas nubes de formas 668 III,X | abrasó su cara, un mar de luz oscureció sus ojos, un trueno gigante 669 II,XI | destacándose sobre un cielo gris y oscuro, blancos fantasmas que extendían 670 III,VII | cuando, en las tardes de otoño, revolotean en derredor 671 | otra 672 | otro 673 | otros 674 I,II | lento paso vuestras blancas ovejas, que pacen derramadas por 675 III,VIII| lamentos que creemos que nadie oye.~Aquí, en un circulo armónico, 676 II,VIII| del triunfo para que la oyesen sus servidores.~En aquel 677 I,II | vuestras blancas ovejas, que pacen derramadas por las colinas 678 III,VIII| resignadas quejas de los que padecen, los ayes de los que sufren 679 II,II | murió al darlo a luz; su padre pereció algunos años después 680 II,VI | Sin escuchar la última palabra, el impetuoso cazador hundió 681 I,IV | piedra tosca y una cruz de palo; la cruz ha desaparecido 682 II,I | con el dedo, una blanca paloma se levantó de entre las 683 II,II | a las doncellas, daba de palos a los monjes, y, en sus 684 III,VIII| entre aquellas voces, que palpitaban aún en el éter luminoso, 685 II,III | bordón de romero a pedir al Papa la absolución de sus culpas.~ - ¡ 686 IV,III | soldado, y confuso y sordo, parecía que de su seno se elevaba 687 II,X | arrojada por la honda. Había partido sal escape; pero aun escape 688 II,VI | partió al escape. Tras él partieron todos.~Los habitantes de 689 II,VI | el ijar del caballo, que partió al escape. Tras él partieron 690 II,XI | rocas, castillos y aldeas pasaban a su lado como una exhalación. 691 IV,III | duda! - decía Teobaldo, paseando su inquieta mirada de un 692 I,II | Pastores que seguéis con lento paso vuestras blancas ovejas, 693 I,IV | resplandor de un relámpago; tú, pastor errante, calcinado por los 694 I,I | recorréis la tierra sin más patrimonio que vuestro nombre clarísimo 695 I,III | si en la mañana del santo patrono de estos lugares, al bajar 696 III,VII | sobrecogió temeroso, y un hondo pavor se apoderó de su alma. La 697 IV,IV | yo soy... un miserable pecador que, arrepentido de sus 698 III,VI | arcángeles, el amparo de los pecadores y el consuelo de los afligidos.~ 699 I | Noble o villano, señor o pechero, ~tú, cualquiera que seas, ~ 700 II,II | de sangre. Ahorcaba a sus pecheros, se batía con sus iguales, 701 III,VIII| voz de su santa madre, que pedía a Dios por él; pero no oyó 702 II,III | con un bordón de romero a pedir al Papa la absolución de 703 IV,IV | confesarlas a vuestro abad y a pedirle que lo admita en el seno 704 II,VII | atravesó las cañadas, el pedregoso lecho del río, e internándose 705 II,I | palabras. ¡Raimundo! ¡Gerardo! ¡Pedro! Azuzad la jauría, dadme 706 II,II | después en una emboscada, peleando como bueno contra los enemigos 707 I,III | monasterio que se alza entre sus peñas, habéis penetrado en su 708 I,II | forcejea y salta por entre los peñascos del valle de Montagut, en 709 III,VII | sus cabellos de horror y penetraba hasta la medula de los huesos, 710 I,III | entre sus peñas, habéis penetrado en su claustro mudo y desierto 711 II,X | rápido, que, temeroso de perder los estribos y caer a tierra 712 II,VII | en un bosque inmenso, se perdió entre sus sombrías revueltas, 713 II,II | al darlo a luz; su padre pereció algunos años después en 714 I,IV | cual voy a referiros la peregrina historia.~ 715 III,III | le contempla el atónito peregrino.~ 716 II,II | se batía con sus iguales, perseguía a las doncellas, daba de 717 IV,III | En aquel instante, las pesadas hojas de la puerta giraron 718 II,I | la condesa en su horrible pesadilla, señalando a sus servidores 719 III,VIII| los piadosos eremitas, las peticiones de los humildes, las castas 720 III,VIII| vírgenes, los salmos de los piadosos eremitas, las peticiones 721 III,VIII| palabras que juzgamos que se pierden en el aire, los lamentos 722 II,VIII| se detuvo, flaquearon sus piernas, in ligero temblor agitó 723 II,III | no he encontrado una sola pieza durante el día, te suelto 724 I,II | monasterio, cuyos musgosos pilares besan las ondas, oídme.~ 725 II,IX | IX~Pintar la ira del colérico Teobaldo 726 III,VI | copiar de sus sueños el pintor en los vidrios de colores 727 III,II | Teobaldo dejo de percibir las pisadas de su corcel y se sintió 728 III,IV | serenas, como un bajel de plata sobre la superficie de un 729 II,V | sacerdote, murmurando una plegaria, elevaba sus ojos al cielo 730 III,VIII| circulo armónico, flotan las plegarias de los niños, las oraciones 731 | pocas 732 | poco 733 III,II | que era el juguete de un poder sobrenatural que le arrastraba, 734 I,I | jinetes sobre un corcel poderoso, recorréis la tierra sin 735 III,I | con algunas galas de la poesía el desnudo esqueleto de 736 III,VI | celestes, y hermosa sobre toda ponderación, Nuestra Señora de Montserrat, 737 | porque 738 III,VI | groseramente esculpidos en las portadas de piedra de nuestras catedrales; 739 IV,II | que queréis? - tornaron a preguntarle.~ - Vuestro señor - insistió 740 IV,II | puerta.~ - ¿Quién sois? - le preguntaron.~ - El barón de Fortcastell - 741 IV,IV | y qué hacéis aquí? - le pregunto Teobaldo al monje.~ - Yo 742 II,VI | Por donde va el jabalí? - preguntó el varón, subiendo a su 743 II,IX | de una manera extraña al presentarse la brida.~ 744 II,I | lo que quieras; pero ten presente que hay un Dios que castiga 745 II,IX | ramas de la espesura y se presentó a sus ojos un paje que traía 746 II,I | sus servidores llegaron presurosos al punto que la noble dama, 747 I,I | montante, buscando honra y prez en la profesión de las armas: 748 III,IV | el abismo que separa al primer cielo del segundo.~ 749 II,VI | la aldea, que fueron los primeros en dar la voz de alarma, 750 IV,III | campana; frente al arco principal de la fortaleza, y sobre 751 II,XI | de percibir el ruido que producían los cascos del caballo al 752 I,I | buscando honra y prez en la profesión de las armas: si al atravesar 753 II,I | a cumplirte lo que te he prometido, porque aunque poco rezador, 754 II,VIII| pudo encontrar una ocasión propicia; tendió el brazo y voló 755 II,I | que castiga y perdona! - prorrumpió el sacrílego barón con una 756 IV,IV | señorío?~ - Lo fue... - prosiguió el monje - hace mucho tiempo... 757 III,X | rostro con las triples alas y prosternados a sus pies.~Él quiso mirarlo.~ 758 III,II | las hirvientes centellas, próximas a desprenderse.~El corcel 759 II,I | en Dios, y para darte una prueba voy a cumplirte lo que te 760 III,VII | percibir un rumor sordo, que pudiera comparase al zumbido lejano 761 IV,III | levadizo, inútil ya, se pudría colgado aún de sus fuertes 762 II,II | primogénito de Fortcastell solo puede compararse a un huracán. 763 | pues 764 I,I | Nobles aventureros que, puesta la lanza en la puja, caída 765 I,I | que, puesta la lanza en la puja, caída la visera del casco 766 III,VII | frío como la hoja de un puñal, que crispaba sus cabellos 767 III,V | acompañada de un arcángel purísimo, que la cubría con las sombras 768 | qué 769 I,I | armas: si al atravesar el quebrado valle de Montagut os ha 770 I,IV | cruz ha desaparecido y sólo queda la piedra. En esa tumba, 771 III,II | de su señorío. Ya no le quedaba duda de que era el juguete 772 III,VIII| corazón, las resignadas quejas de los que padecen, los 773 IV,II | otra.~ - ¿Quién sois y que queréis? - tornaron a preguntarle.~ - 774 III,VI | de las ojivas; allí los querubines con sus largas y flotantes 775 II,VI | tímidamente la cabeza a los quicios de las ventanas, y cuando 776 II,I | contestarle.~ - Haz lo que quieras; pero ten presente que hay 777 III,X | prosternados a sus pies.~Él quiso mirarlo.~Un aliento de fuego 778 III,VII | cuando azotaba su frente una ráfaga de aire, frío como la hoja 779 II,I | faltar a mis palabras. ¡Raimundo! ¡Gerardo! ¡Pedro! Azuzad 780 III,IX | el segundo círculo con la rapidez que el meteoro cruza el 781 II,X | escape; pero aun escape tan rápido, que, temeroso de perder 782 III,V | como el día de gloria se rasga en nuestros templos el velo 783 III,V | de gasa transparente, se rasgaron como el día de gloria se 784 IV,IV | Fortcastell, después de un largo rato de silencio - , yo soy... 785 IV,I | frondas se deslizaba un suave rayo de luna, cuando Teobaldo 786 II,I | vana fantasía que el tiempo realizó más adelante. Soñó que en 787 III,X | ensordecido, como caería el ángel rebelde cuando Dios derribó el pedestal 788 II,V | se oyó fuera del sagrado recinto una vocería terrible, bramidos 789 II,XI | XI~Cuando, recobrado el animo, abrió los ojos 790 I,I | sobre un corcel poderoso, recorréis la tierra sin más patrimonio 791 I,IV | Montagut, del cual voy a referiros la peregrina historia.~ 792 I,I | noche y habéis encontrado un refugio en las ruinas del monasterio 793 III,VIII| Atravesaba esa fantástica región adonde van todos los acentos 794 IV,IV | los religiosos de nuestra regla, que están aquí desde habrá 795 III,VI | Montserrat, la Madre de Dios, le Reina de los arcángeles, el amparo 796 IV,I | misteriosas.~Un silencio de muerte reinaba a su alrededor; un silencio 797 III,III | blandiendo sus espadas, que relampagueaban arrojando chispas de cárdena 798 III,I | hermosas niñas que escucháis mi relato: si os maravilla lo que 799 IV,IV | admita en el seno de su religión.~ 800 IV,IV | donación de estas tierras a los religiosos de nuestra regla, que están 801 II,X | X~El caballo relincho con una fuerza que hizo 802 II,I | de entre las breñas y se remontó al as nubes.~La serpiente 803 II,IX | Teobaldo sería imposible. Repetir sus maldiciones y sus blasfemias, 804 II,IX | maldiciones y sus blasfemias, sólo repetirlas fuera escandaloso e impío. 805 II,I | entre la menuda hierba, ora replegándose sobre sí misma para saltar, 806 I,IV | es el mote de mi canto, reposa en paz el último varón de 807 I,II | encontrado la sombra y el reposo al pie de las derruidas 808 III,II | creído que los objetos que se representaban a sus ojos eran fantasmas 809 III,II | lanzado en el vacío no pudo reprimir un involuntario estremecimiento 810 II,I | había escondido el asqueroso reptil.~Cuando sus servidores llegaron 811 III,VIII| limpios de corazón, las resignadas quejas de los que padecen, 812 II,VI | pie de esa colinas - le respondieron.~Sin escuchar la última 813 IV,II | El barón de Fortcastell - respondió, y se le rieron en sus barbas. 814 III,I | dicho, y creed lo que aún me resta por decir, que es tan cierto 815 IV,I | incorporándose sobre el codo y restregándose los ojos como si despertara 816 I,III | margaritas con que embellecer su retablo, venciendo el amor que os 817 II,I | imbécil, aunque se suba a los retablos de sus altares.~ 818 III,X | ojos, un trueno gigante retumbó en sus oídos, y arrancado 819 II,IX | carrera, aun cuando haya de reventarme - exclamó, al fin, armando 820 III,VII | en las tardes de otoño, revolotean en derredor de las últimas 821 II,VII | perdió entre sus sombrías revueltas, siempre fijos los ojos 822 II,I | prometido, porque aunque poco rezador, soy amigo de no faltar 823 I,II | al borde del transparente riachuelo que corre, forcejea y salta 824 II,X | crines.~Y sin agitar sus riendas, sin herirle con el acicate 825 II,V | había armado su ballesta, riendo con una risa de Satanás, 826 IV,II | Fortcastell - respondió, y se le rieron en sus barbas. Llamó a otra.~ - ¿ 827 I,II | valle de Montagut, en el rigor del verano y en una siesta 828 II,VII | el pedregoso lecho del río, e internándose en un bosque 829 II,V | ballesta, riendo con una risa de Satanás, y el venerable 830 III,III | muge el Océano azotando la roca desde cuya cima le contempla 831 I,IV | cubierta aún con gotas de rocío, semejantes a lágrimas: 832 III,VI | estrellas, vestida de luz, rodeada de todas las jerarquías 833 II,III | a pie y con un bordón de romero a pedir al Papa la absolución 834 III,IX | y mil acentos ásperos y roncos, blasfemias, gritos de venganza, 835 III,V | abril.~Después, las nieblas rosadas y azules, que flotaban en 836 I | Dios ~como yo he creído ~y ruégale por mí.~ 837 I,I | encontrado un refugio en las ruinas del monasterio que aun se 838 III,VII | donde creyó percibir un rumor sordo, que pudiera comparase 839 II,X | a su alrededor? Nadie lo sabe.~ 840 II,X | corrió Teobaldo con él sin saber por dónde, sintiendo que 841 III,I | un punto de la verdad a sabiendas.~ 842 IV,II | vuestro camino y no vengáis a sacar de su sueño a las gentes 843 II,I | perdona! - prorrumpió el sacrílego barón con una carcajada - . 844 III,IX | impotencia y juramentos sacrílegos de la impiedad.~Teobaldo 845 II,VIII| tendió el brazo y voló la saeta, que fue a clavarse temblando 846 II,II | dejaba santo en paz ni cosa sagrada de que no maldijese.~ 847 II,V | cuando se oyó fuera del sagrado recinto una vocería terrible, 848 II,X | la honda. Había partido sal escape; pero aun escape 849 III,II | verdad; pero corría sin salir del termino de su señorío. 850 III,VIII| oraciones de las vírgenes, los salmos de los piadosos eremitas, 851 I,II | riachuelo que corre, forcejea y salta por entre los peñascos del 852 II,I | replegándose sobre sí misma para saltar, huyó de su vista, escondiéndose, 853 II,VIII| terrible animal, que dio un salto y un espantoso bufido.~ - ¡ 854 II,VIII| centésima vez el acicate en el sangriento ijar de su caballo. - ¡Muerto 855 III,VIII| éter luminoso, la voz de su santa madre, que pedía a Dios 856 II,VI | follaje de la espesura se santiguaron en silencio.~ 857 III,VI | VI~Allí estaban los santos profetas que habréis visto 858 II,V | riendo con una risa de Satanás, y el venerable sacerdote, 859 I | pechero, ~tú, cualquiera que seas, ~que te detienes un instante 860 I,II | II~Pastores que seguéis con lento paso vuestras 861 II,VII | que los de sus servidores, seguía tan de cerca la res, que 862 IV,II | del cuento!... ¡Bah!... Seguid vuestro camino y no vengáis 863 II,IX | ballesta y disponiéndose a seguir a la res; pero en aquel 864 II,IX | espantosa desesperación.~ - Lo seguiré a la carrera, aun cuando 865 | según 866 II,XI | de un tapiz de verdura y sembradas de blancos caseríos; desiertos 867 II,VIII| a hacer en la bocina la señal del triunfo para que la 868 II,I | de un profundo terror, le señalaba aun con el dedo, una blanca 869 II,V | bramidos de trompas que hacían señales de ojeo y gritos de: «¡Al 870 III,I | desnudo esqueleto de esta sencilla y terrible historia; pero 871 III,I | I~Nobles caballeros, sencillos pastores, hermosas niñas 872 III,VI | toda ponderación, Nuestra Señora de Montserrat, la Madre 873 III,IV | blanco como la nieve, que, sentado sobre un inmenso globo de 874 III,IV | colosal sobre el abismo que separa al primer cielo del segundo.~ 875 III,I | tradición, y la leyenda del sepulcro, que aun subsiste en el 876 I | instante al borde ~de mi sepultura, cree en Dios ~como yo he 877 III,X | de los cielos, donde los serafines adoran al Señor, cubierto 878 III,IV | el espacio en las noches serenas, como un bajel de plata 879 II,IX | ira del colérico Teobaldo sería imposible. Repetir sus maldiciones 880 IV,IV | contesto éste - un humilde servidor de Dios, religioso del monasterio 881 | 882 II,III | licenciosos, arqueros desalmados y siervos envilecidos, con perros, 883 I,II | rigor del verano y en una siesta de fuego, habéis encontrado 884 II,X | sus vestidos, y el viento silbaba a su alrededor? Nadie lo 885 II,I | monstruosa que arrojando agudos silbos, y ora arrastrándose entre 886 IV,III | foso estaba cegado con los sillares de las derruidas almenas; 887 IV,II | vio destacarse la negra silueta de su castillo sobre el 888 I,III | cercanas aldeas, lirios silvestres que crecéis felices al abrigo 889 II,X | él sin saber por dónde, sintiendo que las ramas le abofeteaban 890 IV,IV | en el feudo, los condes soberanos hicieron donación de estas 891 III,VII | el ánimo de Teobaldo se sobrecogió temeroso, y un hondo pavor 892 III,II | era el juguete de un poder sobrenatural que le arrastraba, sin que 893 III,IX | allí sonante y atronadora, sobreponiéndose a las otras voces en medio 894 II,III | que no he encontrado una sola pieza durante el día, te 895 IV,III | muros no se veía un solo soldado, y confuso y sordo, parecía 896 III,VII | apoderó de su alma. La eterna soledad, el eterno silencio, viven 897 IV,III | himno religioso, grave, solemne y magnífico.~ - ¡Y este 898 III,V | sus alas. Los que tornaban solos, tornaban en silencio y 899 I,II | fuego, habéis encontrado la sombra y el reposo al pie de las 900 III,V | purísimo, que la cubría con las sombras de sus alas. Los que tornaban 901 II,VII | inmenso, se perdió entre sus sombrías revueltas, siempre fijos 902 I,III | el amor que os inspira el sombrío monasterio que se alza entre 903 IV,I | en sus ráfagas.~ - Habré soñado - dijo el barón, y emprendió 904 III,IX | su voz, que vibraba allí sonante y atronadora, sobreponiéndose 905 III,VIII| acentos de la Tierra, los sonidos que decimos que se desvanecen, 906 II,I | tiempo realizó más adelante. Soñó que en su seno engendraba 907 II,IX | amarillo como la muerte, se sonrió de una manera extraña al 908 III,X | pedestal de su orgullo con un soplo de sus labios.~ 909 III,I | tejida a mi antojo para sorprendes vuestra credulidad. De boca 910 IV,I | frondas se deslizaba un suave rayo de luna, cuando Teobaldo 911 II,I | este imbécil, aunque se suba a los retablos de sus altares.~ 912 III,V | no , subían cantando como suben las alondras en las mañanas 913 III,V | en los ojos; los que no , subían cantando como suben las 914 II,VI | jabalí? - preguntó el varón, subiendo a su corcel sin apoyarse 915 III,III | alas de la tempestad.~Y subió más alto y creyó divisar 916 III,V | tierra; vio bajar muchas y subir pocas. cada una aquellas 917 III,I | leyenda del sepulcro, que aun subsiste en el monasterio de Montagut, 918 IV,IV | no tenia a nadie que lo sucediese en el feudo, los condes 919 III,III | túnicas con orlas de fuego, suelta al huracán la encendida 920 II,III | pieza durante el día, te suelto mis perros y te cazo como 921 III,VI | intenta en vano copiar de sus sueños el pintor en los vidrios 922 III,VIII| padecen, los ayes de los que sufren y los himnos de los que 923 III,IV | bajel de plata sobre la superficie de un lago azul.~Y vio el 924 III,II | que le arrastraba, sin que supiese adónde, a través de aquellas 925 | suya 926 | suyo 927 III,VI | de oro, como los de las tablas de los altares; allí, en 928 IV,III | en la torre del homenaje tañía lentamente una campana; 929 | tanto 930 II,XI | campiñas cubiertas de un tapiz de verdura y sembradas de 931 III,IX | meteoro cruza el cielo en una tarde de verano, por no oír su 932 III,VII | de abejas cuando, en las tardes de otoño, revolotean en 933 III,I | creáis que es una fábula tejida a mi antojo para sorprendes 934 II,VIII| saeta, que fue a clavarse temblando en el lomo del terrible 935 II,VIII| flaquearon sus piernas, in ligero temblor agitó sus contraídos musculosa 936 II,III | arrostrando su cólera y sin temer los violentos arranques 937 II,XI | nieves, donde los gigantescos témpanos asemejaban, destacándose 938 III,III | ejercito sobre las alas de la tempestad.~Y subió más alto y creyó 939 II,XI | fragmentos de granito que las tempestades habían arrancado de la cumbre 940 III,V | gloria se rasga en nuestros templos el velo de los altares, 941 II,I | Haz lo que quieras; pero ten presente que hay un Dios 942 IV,IV | llevó el diablo, y como no tenia a nadie que lo sucediese 943 III,II | pero corría sin salir del termino de su señorío. Ya no le 944 III,X | inmensidades llenas de visiones terribles, que ni él pudo comprender 945 III,I | monasterio de Montagut, es un testimonio irrecusable de la veracidad 946 II,VI | en sus chozas, asomaron tímidamente la cabeza a los quicios 947 IV,III | colgado aún de sus fuertes tirantes de hierro, cubiertos de 948 II,I | jauría, dadme el venablo, tocad el alali en vuestras trompas, 949 | todas 950 | todo 951 I,I | ha sorprendido en él la tormenta y la noche y habéis encontrado 952 III,III | creyó divisar a lo lejos las tormentosas nubes, semejantes a un mar 953 II,VII | entre los espesos matorrales tornaba a desaparecer de su vista 954 IV,II | Quién sois y que queréis? - tornaron a preguntarle.~ - Vuestro 955 II,XI | instante para arrojar en torno suyo una mirada inquieta, 956 IV,III | acción de los años; en la torre del homenaje tañía lentamente 957 I,IV | la componían una piedra tosca y una cruz de palo; la cruz 958 III,I | ha llegado hasta mi esta tradición, y la leyenda del sepulcro, 959 II,V | ojos al cielo y esperaba tranquilo la muerte, cuando se oyó 960 I,III | valle de Montagut a coger tréboles y margaritas con que embellecer 961 II,VII | cerca la res, que dos o tres veces, dejándole la brida 962 III,X | cubierto el rostro con las triples alas y prosternados a sus 963 II,VIII| en la bocina la señal del triunfo para que la oyesen sus servidores.~ 964 III,VII | los justos; más allá del trono donde se asienta la Virgen 965 III,X | luz oscureció sus ojos, un trueno gigante retumbó en sus oídos, 966 I,III | vagar entre sus abandonadas tumbas, a cuyos bordes crecen las 967 III,III | nubes, vestidos de luengas túnicas con orlas de fuego, suelta 968 III,II | fantasmas de su imaginación, turbada por el vértigo, y que su 969 II,X | estribos y caer a tierra turbado por el vértigo, tuvo que 970 III,III | de lava, y oyó mugir el turno a sus pies como muge el 971 | tus 972 II,VI | respondieron.~Sin escuchar la última palabra, el impetuoso cazador 973 III,VII | revolotean en derredor de las últimas flores.~ 974 II,IX | voces a sus servidores, y únicamente le contestó el eco en aquellas 975 | unos 976 II,VI | VI~ - ¿Por donde va el jabalí? - preguntó el 977 I,III | claustro mudo y desierto para vagar entre sus abandonadas tumbas, 978 II,XI | más y más desconocidos. Valles angostos, erizados de colosales 979 II,I | en vuestras trompas, que vamos a darle caza a este imbécil, 980 III,VIII| fantástica región adonde van todos los acentos de la 981 II,I | aviso de Dios; tal vez una vana fantasía que el tiempo realizó 982 III,VI | luminosas, que intenta en vano copiar de sus sueños el 983 III,II | nadaba en aquel océano de vapores caliginosos y encendidos, 984 II,X | que se levantó más de diez varas del suelo, y el aire comenzó 985 II,XI | rayos de un sol de fuego; vastas soledades, llanuras inmensas, 986 I,I | del monasterio que aun se ve en su fondo, oídme.~ 987 IV,IV | cosa de ciento a ciento veinte años. Y vos, ¿quién sois?~ - 988 III,V | rasga en nuestros templos el velo de los altares, y el paraíso 989 II,I | Azuzad la jauría, dadme el venablo, tocad el alali en vuestras 990 I,III | que embellecer su retablo, venciendo el amor que os inspira el 991 IV,II | Seguid vuestro camino y no vengáis a sacar de su sueño a las 992 III,IX | roncos, blasfemias, gritos de venganza, cantares de orgías, palabras 993 II,VI | cabeza a los quicios de las ventanas, y cuando vieron desaparecer 994 III,I | testimonio irrecusable de la veracidad de mis palabras.~Creed, 995 I | Parte I~Yo fui el verdadero ~Teobaldo de Montagut, ~ 996 II,XI | cubiertas de un tapiz de verdura y sembradas de blancos caseríos; 997 III,VI | coronada de estrellas, vestida de luz, rodeada de todas 998 III,VI | con sus largas y flotantes vestiduras y sus nimbos de oro, como 999 III,IX | por no oír su voz, que vibraba allí sonante y atronadora, 1000 III,VI | sueños el pintor en los vidrios de colores de las ojivas;


hueso-vidri | vieja-zumbi

IntraText® (V89) Copyright 1996-2007 EuloTech SRL