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Gustavo Adolfo Bécquer
Maese Pérez el organista

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
abade-glaci | glori-tomar | tomo-zumba

     Capítulo
1 IV | transcurrido un año más. La abadesa del convento de Santa Inés 2 I | Primero dejaría la vida que abandonar su órgano favorito... ¿No 3 IV | reliquia de San Pacomio, abogado contra las tentaciones, 4 I | cómo la gente del pueblo le abre paso y lo saluda. Toda Sevilla 5 IV | Vine al coro... sola..., abrí la puerta que conduce a 6 III| vara en mano, le fueran abriendo camino hasta llegar al altar 7 III| penetró en Santa Inés, abriéndose, según costumbre, un camino 8 II | y le parecía haber visto abrirse los cielos y transfigurarse 9 | acá 10 II | Qué hay?~- Que maese Pérez acaba de morir.~En efecto, cuando 11 III| puede haber tocado lo que acabamos de escuchar... Si yo lo 12 III| Cantos celestes como los que acarician los oídos en los momentos 13 II | gavilanes del estoque o acariciando el pomo del cincelado puñal, 14 IV | exclamó la joven con un acento profundamente conmovido.~- ¿ 15 I | los hipocritones, cómo se acercan ambos a la litera del prelado 16 II | una exclamación de júbilo, acompañada del discordante sonido de 17 II | no obstante, sólo era el acompañamiento de una extraña melodía, 18 I | anillo... Cómo lo siguen y lo acompañan confundiéndose con sus familiares. 19 II | flotar sobre aquel océano de acordes misteriosos, como un jirón 20 III| novicia. Y era natural: acostumbrados a oir aquellas maravillas, 21 III| palabra de acá, otra de acullá... sin ganas de enterarme 22 I | después de dejar la suya, se adelanta hacía aquí, precedida de 23 II | bisojo por añadidura, se adelantó hasta el sitio que ocupaba 24 I | comenzar la misa. Vamos adentro... Para todo el mundo es 25 II | y todos se empeñaban en adivinarlo, y crecía la confusión, 26 III| tanto su afán por verlo y admirarlo, que el asistente, temiendo, 27 III| modesta apariencia y la afable bondad del difunto maese 28 III| escalera fue tanta y tanto su afán por verlo y admirarlo, que 29 III| órgano con una gravedad tan afectada como ridícula. Entre la 30 IV | levantado, asombrada, para agarrarse con sus manos convulsas 31 II | de la plebe. Esta, que se agitaba en el fondo de las naves 32 I | entre la muchedumbre que se agolpaba en la puerta.~ ~ 33 IV | vez, y después de tomar el agua bendita en la puerta, escogía 34 Int| natural, después de oírla aguardé impaciente que comenzara 35 II | sordos, diríase que las aguas y los pájaros, las brisas 36 II | tribuna, un grito desgarrador, agudo, un grito de mujer.~El órgano 37 IV | notas parecía un sollozo ahogado dentro del tubo de metal, 38 III| temiendo, no sin razón, que lo ahogaran entre todos, mandó a algunos 39 III| iglesia en aquel instante y ahogó su primer acorde.~Zampoñas, 40 II | entre sí; luego quedó una aislada, sosteniendo una nota brillante 41 II | estremecían en sus angostos ajimeces.~De cada una de las notas 42 III| imaginación comprende, himnos alados que parecían remontarse 43 II | parecido al del mar cuando se alborota, prorrumpió en una exclamación 44 I | costumbre, que es la de alborotar las iglesias, callan como 45 II | crecía la confusión, y el alboroto comenzaba a subir de punto, 46 IV | en sus raptos de místico alborozo.~*~- ¿No os dije yo una 47 I | las gentes del duque de Alcalá doblan la esquina de la 48 I | sabida, y a la que se le alcanza esto de la solfa, conoce 49 II | pierde de eco en eco y se aleja y se debilita al alejarse, 50 II | se aleja y se debilita al alejarse, cuando de pronto sonó un 51 III| de taparse los oídos con algodones... Y luego, si no hay más 52 II | asistente se puso en pie y los alguaciles entraron a imponer silencio 53 | alguna 54 | Allá 55 I | firme son sus deudos, sus allegados y su servidumbre.~Pero, 56 | allí 57 I | que no tiene su alma en su almario, sino friéndose en las calderas 58 III| de la lluvia, trinos de alondras que se levantan gorjeando 59 II | formar un brillante circulo alrededor de la verja del presbiterio.~ 60 I | en el órgano...; y cuando alzan no se siente una mosca...: 61 III| instrumentos del populacho, alzaron sus discordantes voces a 62 II | ondas azuladas llenó el ámbito de la iglesia. Las campanas 63 I | hipocritones, cómo se acercan ambos a la litera del prelado 64 II | comenzaba a subir de punto, amenazando turbar el orden y el recogimiento 65 I | La Virgen Santísima del Amparo, a quien invocaba ahora 66 III| pronto. El segundo acorde, amplio, valiente, magnífico, se 67 I | ver? Sí, y muy pronto - añade, sonriendo como un ángel - . 68 II | seco, huesudo y bisojo por añadidura, se adelantó hasta el sitio 69 III| el prelado.~- Porque... - añadió el organista, procurando 70 I | por lo que veo, aquí van a andar más de sobra los cintarazos 71 II | colores se estremecían en sus angostos ajimeces.~De cada una de 72 II | estremeció la iglesia, en cuyos ángulos zumbaba el aire comprimido 73 III| Pues en Dios y en ni ánima que si el señor arzobispo 74 III| empellones en la puerta, la misma animación en el atrio, la multitud 75 III| bondadosa, qué color tan animado!... Era viejo y parecía 76 II | volvieron la mirada con ansiedad todos los fieles.~- ¿Qué 77 | ante 78 III| tan brillante como el año anterior. El nuevo organista, después 79 II | sonando; pero sus voces se apagaban gradualmente, como una voz 80 I | quienes en estas ocasiones apalean amigos y enemigos, se retiran... 81 II | minutos sin que el celebrante apareciese. La multitud comenzaba a 82 II | fingía el humo del incienso, apareció la Hostia a los ojos de 83 III| contraposición con la modesta apariencia y la afable bondad del difunto 84 II | confundiéndose entre las apiadas olas de la multitud.~En 85 III| Entre la gente menuda que se apiñaba a los pies de la iglesia 86 II | voces de los que estaban apiñados en la puerta, todo el mundo 87 | aquellas 88 II | lejos, éstos brillantes, aquéllos sordos, diríase que las 89 III| hojas que se besan en los árboles con un murmullo semejante 90 IV | paternóster y un avemaría al arcángel San Miguel, jefe de las 91 I | más ducados de oro en sus arcas que soldados mantiene nuestro 92 IV | la luz de la lámpara que arde en el altar mayor... A sus 93 I | media Sevilla hubiera ya ardido con estas disensiones de 94 I | pues si maese Pérez no le arranca con su órgano lágrimas como 95 II | la tribuna, hacia la que, arrancados de su éxtasis religioso, 96 II | una ráfaga de aire hubiese arrebatado sus últimos ecos.~A este 97 IV | con esta distinción, pensé arreglar unos registros y templarlo, 98 I | nada; él se da tal maña en arreglarlo y cuidarlo, que suena que 99 II | sordamente, mientras su hija, arrodillada a sus pies, lo lloraba en 100 II | joyeles de las damas, que arrodillándose sobre los cojines de terciopelo 101 III| Las campanillas repicaron, asemejando su repique una lluvia de 102 II | arzobispo hizo una señal de asentimiento con la cabeza, y ya algunos 103 I | Roma, cátale que aquí se asoma. ¿Veis aquel que viene por 104 IV | donde se había levantado, asombrada, para agarrarse con sus 105 II | iluminada con una profusión asombrosa. El torrente de luz que 106 II | Salvador.~La multitud escuchaba atónita y suspendida. En todos los 107 IV | alguna que otra rara persona atravesaba el atrio, silencioso y desierto 108 II | voz de los ángeles que, atravesando los espacios, llegaba al 109 III| nuevo organista, después de atravesar por en medio de los fieles 110 I | de cicerone a su vecina atravesó el atrio del convento de 111 III| hombre diciendo que él se atreve a tocarlo... No hay nada 112 III| tocarlo... No hay nada más atrevido que la ignorancia... Cierto 113 II | lejano y en un torrente de atronadora armonía. Era la voz de los 114 II | primeros fieles, después de atropellarse por la escalera, llegaron 115 III| después de haber suspendido al auditorio con sus primores... ¡Qué 116 II | yo tocaré el órgano en su ausencia, que si maese Pérez es el 117 I | se murmura que es un poco avaro... Pero, ¡calla!, en hablando 118 IV | Rezad un paternóster y un avemaría al arcángel San Miguel, 119 III| sólo alguno que otro se aventuraba a defender tibiamente al 120 I | pensamiento, lo trae en mi ayuda... ¡Ay! ¡Si nadie sabe lo 121 II | como a través de una gasa azul que fingía el humo del incienso, 122 II | se desenvolvía en ondas azuladas llenó el ámbito de la iglesia. 123 IV | ciego... ¡Era mi padre!~- ¡Bah! Hermana, desechad esas 124 III| semejante noche como ésta, bajaba de la tribuna, después de 125 III| ángel... No que éste, que ha bajado las escaleras a trompicones, 126 IV | antes que daros sustos, bajará a inspirar a su hija en 127 | bajo 128 III| nunca.~ ~Cuando el organista bajó de la tribuna, la muchedumbre 129 I | el populacho. Todas esas bandadas que veis llegar con teas 130 IV | con sus manos convulsas al barandal de la tribuna.~Todo el mundo 131 II | su hija, nada había sido bastante a detenerle en el lecho.~- 132 I | cuales los que verdaderamente baten el cobre de firme son sus 133 II | echó por tres veces la bendición al pueblo.~Era hora de que 134 I | manos tiene, Dios se las bendiga! Merecía que se las llevaran 135 IV | después de tomar el agua bendita en la puerta, escogía un 136 II | el fieltro, cuyas plumas besaban los tapices; la otra sobre 137 III| viento; rumor de hojas que se besan en los árboles con un murmullo 138 III| ocupaban las naves para ir a besar el anillo del prelado, había 139 I | litera del prelado para besarle el anillo... Cómo lo siguen 140 I | sus hábitos morados y su birrete rojo... Dios le conserve 141 I | la capa roja y la pluma blanca en el fieltro, que parece 142 II | pobre organista caído de boca sobre las teclas de su viejo 143 III| modesta apariencia y la afable bondad del difunto maese Pérez.~ 144 III| primores... ¡Qué sonrisa tan bondadosa, qué color tan animado!... 145 I | en las calderas de Pedro Botero... ¡Ay, vecina! Malo..., 146 II | concurrentes lo subieron en brazos a la tribuna y comenzó la 147 I | imagen, en la encomienda que brilla en su pecho? A no ser por 148 IV | Allá lejos, en el fondo, brillaba como una estrella perdida 149 I | pobres.~Vamos, vamos, ya brillan los broqueles en la oscuridad... ¡ 150 II | cerca, otros lejos, éstos brillantes, aquéllos sordos, diríase 151 II | aguas y los pájaros, las brisas y las frondas, los hombres 152 I | Vamos, vamos, ya brillan los broqueles en la oscuridad... ¡Nuestro 153 III| magnífico, se sostenía aún, brotando de los tubos de metal del 154 II | tapices; la otra sobre los bruñidos gavilanes del estoque o 155 III| III~- Buenas noches, mi señora doña Baltasara. ¿ 156 III| todos se disponían a hacer bulla a más y mejor, sólo alguno 157 II | que comenzó a notarse tal bullicio en el templo, que el asistente 158 Int| demandadera con aire de burla:~- ¿En qué consiste que 159 I | llenarse de modo que no cabe ni un grano de trigo... 160 III| de serafines sin ritmo ni cadencia, ignota música del cielo 161 I | mosca...: de todos los ojos caen lagrimones tamaños, al concluir 162 II | vieron al pobre organista caído de boca sobre las teclas 163 I | almario, sino friéndose en las calderas de Pedro Botero... ¡Ay, 164 I | un poco avaro... Pero, ¡calla!, en hablando del ruin de 165 III| su memoria, permaneciera callado el órgano en esta noche, 166 I | alborotar las iglesias, callan como muertos cuando pone 167 IV | comunidad... Pero... proseguís callando, sin que cesen vuestros 168 III| en las revueltas de las calles vecinas; los grupos del 169 II | impaciencia; los caballeros cambiaban entre sí algunas palabras 170 III| Cualquiera diría que nada ha cambiado de un año a otro. Los mismos 171 III| Hostia en sus manos... Las campanillas repicaron, asemejando su 172 II | por encima de su cabeza cana, y como a través de una 173 I | cuánta usura me paga las candelillas que le enciendo los sábados!... 174 II | la tierra y los cielos, cantaban, cada cual en su idioma, 175 III| colorines, qué gorguera de cañutos, qué aire de personaje! 176 II | de pie, envueltos en sus capas de color galoneadas de oro, 177 I | solfa al mismo maestro de capilla de la Primada. Como que 178 III| éste se desembarazaba del capote para prepararse a darle 179 III| Me lo habían de asegurar capuchinos descalzos y no lo creería 180 I | muerte de su padre heredó el cargo... ¡Y qué manos tiene, Dios 181 III| jifero de la Puerta de la Carne que maestro de solfa, va 182 III| su parroquia peor que una carraca; viene a probar el de maese 183 III| metal del órgano como una cascada de armonía inagotable y 184 IV | reproducía el tono sordo, casi imperceptible, pero justo.~ 185 I | hablando del ruin de Roma, cátale que aquí se asoma. ¿Veis 186 II | como todos, por saber la causa de aquel desorden.~- ¿Qué 187 II | efecto desagradable que causó en todo el mundo sería imposible. 188 Int| qué ha sido de él?~- Se cayó a pedazos de puro viejo 189 II | algunos minutos sin que el celebrante apareciese. La multitud 190 III| inagotable y sonora.~Cantos celestes como los que acarician los 191 IV | Miguel, jefe de las milicias celestiales, para que os asista contra 192 IV | para qué?... Para oir una cencerrada, porque personas que lo 193 | cerca 194 III| demandadera se disponía a cerrar las puertas de la entrada 195 IV | proseguís callando, sin que cesen vuestros suspiros. ¿Qué 196 I | las llevaran a la calle de Chicharreros y se las engarzasen en oro... 197 II | para llenar sus ámbitos chispeaba en los ricos joyeles de 198 I | mujer que había servido de cicerone a su vecina atravesó el 199 I | vecina! Aquí..., antes que cierren las puertas. Pero, ¡calle! ¿ 200 II | acariciando el pomo del cincelado puñal, los caballeros veinticuatro, 201 I | a andar más de sobra los cintarazos que los paternóster. Mirad, 202 II | vinieron a formar un brillante circulo alrededor de la verja del 203 I | que la respiración de los circunstantes, contenida mientras dura 204 IV | desconfianza de ninguna clase; estaremos en comunidad... 205 IV | tiempo que yo permanecí como clavada en el umbral, y aquel tiempo 206 I | Líbreme Dios de creerlos cobardes. Buena muestra han dado 207 I | verdaderamente baten el cobre de firme son sus deudos, 208 I | convento de Santa Inés y, codazo con éste, empujón en aquél, 209 III| a fuerza de empellones y codazos.~Ya se había dado principio 210 II | arrodillándose sobre los cojines de terciopelo que tendían 211 Int| vuelto a aparecer desde que colocaron él que ahora lo sustituye.~ 212 II | comprimido y cuyos vidrios de colores se estremecían en sus angostos 213 III| Jesús!, ¡qué ropilla de colorines, qué gorguera de cañutos, 214 I | Sevilla lo conoce por su colosal fortuna. El solo tiene más 215 I | Dueñas se me figura que he columbrado a las del de Medina Sidonia. ¿ 216 II | cuantos; después, otros. La combinación se simplificaba. Ya no eran 217 III| que aquí hay busilis...~Comentando las últimas palabras, las 218 II | llegaba al mundo.~Después comenzaron a oírse como unos himnos 219 II | dedos la Sagrada Forma y comienza a elevarla. Una nube de 220 I | Gran Poder nos asista! Ya comienzan los golpes... ¡Vecina, vecina! 221 III| que quisieran evitarse las comparaciones. Pues cuando ya la comunidad 222 I | con gritos desaforados al compás de los panderos, las sonajas 223 I | la inocencia de la una y componer los registros del otro... ¡ 224 III| que sólo la imaginación comprende, himnos alados que parecían 225 III| Sevilla, que nadie quería comprometerse a hacerlo. Ni aun su hija, 226 I | como ahora?... De las otras comunidades puede decirse que le han 227 I | caen lagrimones tamaños, al concluir se oye como un suspiro inmenso, 228 II | se habían cumplido. Los concurrentes lo subieron en brazos a 229 IV | sola..., abrí la puerta que conduce a la tribuna... En el reloj 230 II | en efecto, en la iglesia, conducido en un sillón, que todos 231 II | dos voces, cuyos ecos se confundían entre sí; luego quedó una 232 II | himnos a la vez, que al confundirse formaban uno solo, que, 233 III| se oía un rumor sordo y confuso, cierto presagio de que 234 IV | un acento profundamente conmovido.~- ¿Miedo? ¿De qué?~- No 235 I | su órgano favorito... ¿No conocéis a maese Pérez? Verdad es 236 III| diciendo la buena mujer, que ya conocen nuestros lectores por sus 237 I | profesión que él. Yo no lo conocí, pero mi señora madre que 238 II | algunos de los fieles, que conocían a aquel personaje extraño 239 IV | notable hasta que llegó la consagración. En aquel momento sonó el 240 II | sacerdote, después de haberla consagrado, toma con la extremidad 241 I | birrete rojo... Dios le conserve en su silla tantos siglos 242 III| Yo de mi decir que conservo un pedazo de su jubón como 243 III| suya, sino de los que le consienten esta profanación. Pero así 244 | consigo 245 Int| aire de burla:~- ¿En qué consiste que el órgano de maese Pérez 246 II | hijas y a sus esposas del contacto de la plebe. Esta, que se 247 III| esta noche va a darnos que contar para muchos días.~Esto diciendo 248 I | respiración de los circunstantes, contenida mientras dura la música... 249 Int| ahora tan mal?~- ¡Toma! - me contestó la vieja - , ¡es que ése 250 IV | el reloj de la catedral continuaba dando la hora, y el hombre 251 Int| ya sabe por qué no se ha continuado el milagroso portento hasta 252 I | poniendo fin de una vez a estas continuas reyertas, en las cuales 253 III| pedantesco hacía tan notable contraposición con la modesta apariencia 254 IV | reflejos debilísimos, que sólo contribuían a hacer más visible todo 255 IV | agarrarse con sus manos convulsas al barandal de la tribuna.~ 256 III| echan una losa sobre el corazón cuando entro en Santa Inés... ¡ 257 III| rugidos de una tempestad; coros de serafines sin ritmo ni 258 III| siquiera, suelo estar al corriente de algunas novedades.~Pues, 259 IV | y algunos de los fieles corrieron a la tribuna.~- ¡Miradlo! ¡ 260 I | para escucharlo. Y no se crea que sólo la gente sabida, 261 II | empeñaban en adivinarlo, y crecía la confusión, y el alboroto 262 I | Mucho, pero no tanto como creéis, porque tengo esperanzas. ¿ 263 III| callejón y desaparecían. Creemos inútil decir a nuestros 264 I | ellos!... Líbreme Dios de creerlos cobardes. Buena muestra 265 I | oscura y precedido de un solo criado con una linterna? Ahora 266 II | vibrante y maese Pérez puso sus crispadas manos sobre las teclas del 267 III| repique una lluvia de notas de cristal. Se elevaron las diáfanas 268 III| escucharos. ¿Seréis tan cruel como maese Pérez, que nunca 269 I | guante los señores de la Cruz Verde merced a su influjo 270 IV | momento una hora..., no cuál..., pero las campanas eran 271 I | continuas reyertas, en las cuales los que verdaderamente baten 272 | Cuándo 273 | cuánta 274 | cuánto 275 I | hacía aquí, precedida de cuatro pajes con hachas? Pues ése 276 IV | malos espíritus. Llevad al cuello un escapulario tocado en 277 I | sonriendo como un ángel - . Ya cuento setenta y seis años. Por 278 IV | mis venas; sentía en mi cuerpo como un frío glacial, y 279 I | Pues ése es el padre en cuestión. Mirad cómo la gente del 280 I | los registros del otro... ¡Cuidado que el órgano es viejo!... 281 I | tal maña en arreglarlo y cuidarlo, que suena que es una maravilla... 282 III| iglesia a nuestra casita, sin cuidarnos de lo que se dice o deja 283 I | lonjista de la calle de Culebras... Pues ése es el padre 284 III| ignorancia... Cierto que la culpa no es suya, sino de los 285 II | iglesia.~Sus deseos se habían cumplido. Los concurrentes lo subieron 286 II | del familiar.~La noticia cundió instantáneamente entre la 287 III| tuvo que echarlo el señor cura por malo; y era cosa de 288 II | la una mano el fieltro, cuyas plumas besaban los tapices; 289 III| tibiamente al extraño personaje, cuyo porte orgulloso y pedantesco 290 I | viejo!... Pues nada; él se da tal maña en arreglarlo y 291 I | poner los ojos sobre esta dama había pedido en matrimonio 292 IV | de la catedral continuaba dando la hora, y el hombre aquel 293 I | le preguntan que cuánto daría por ver, responde: Mucho, 294 III| parece que esta noche va a darnos que contar para muchos días.~ 295 I | Veis aquel que viene por debajo del Arco de San Felipe, 296 IV | turbar las imaginaciones débiles... Rezad un paternóster 297 IV | mayor... A sus reflejos debilísimos, que sólo contribuían a 298 II | eco en eco y se aleja y se debilita al alejarse, cuando de pronto 299 I | Si nadie sabe lo que yo debo a esta Señora!... ¿Con cuánta 300 III| cuando ya la comunidad había decidido que en honor del difunto, 301 Int| misa no pude por menos que decirle a la demandadera con aire 302 I | otras comunidades puede decirse que le han hecho a maese 303 II | con la extremidad de sus dedos la Sagrada Forma y comienza 304 III| cuidarnos de lo que se dice o deja de decir... Sólo que yo, 305 II | color galoneadas de oro, dejando entrever con estudiado descuido 306 | dejar 307 II | del mundo, ni a su muerte dejará de usarse este instrumento 308 I | Pero él, nada... Primero dejaría la vida que abandonar su 309 III| fraguarse y no tardaría mucho en dejarse sentir.~- Es un truhán que, 310 II | multitud comenzaba a rebullirse demostrando su impaciencia; los caballeros 311 III| nada bien, ni aun mira a la derecha - decían los unos.~- Es 312 I | entonando villancicos con gritos desaforados al compás de los panderos, 313 II | muchedumbre. Pintar el efecto desagradable que causó en todo el mundo 314 III| la esquina del callejón y desaparecían. Creemos inútil decir a 315 II | aquel magnífico acorde se desarrolló un tema, y unos cerca, otros 316 III| habían de asegurar capuchinos descalzos y no lo creería del todo... 317 IV | vos el órgano, tocadlo sin desconfianza de ninguna clase; estaremos 318 II | dejando entrever con estudiado descuido las encomiendas rojas y 319 IV | padre!~- ¡Bah! Hermana, desechad esas fantasías con que el 320 III| otros.~Y mientras éste se desembarazaba del capote para prepararse 321 I | retablo.~¿Reparasteis, al desembozarse para saludar a la imagen, 322 II | cara.~Maese Pérez, pálido y desencajado, entraba, en efecto, en 323 IV | decía la joven, fijando sus desencajados ojos en el banquillo; de 324 II | nube de incienso que se desenvolvía en ondas azuladas llenó 325 I | silla tantos siglos como deseo de vida para mí. Si no fuera 326 II | Vamos a la iglesia.~Sus deseos se habían cumplido. Los 327 III| literas de los señores fueron desfilando y perdiéndose en las revueltas 328 II | en la tribuna, un grito desgarrador, agudo, un grito de mujer.~ 329 I | con qué paciencia lleva su desgracia!... Cuando le preguntan 330 IV | siglo.~La iglesia estaba desierta y oscura... Allá lejos, 331 IV | atravesaba el atrio, silencioso y desierto esta vez, y después de tomar 332 II | saber la causa de aquel desorden.~- ¿Qué hay?~- Que maese 333 III| las flores como una saeta despedida de las nubes; estruendos 334 II | El torrente de luz que se desprendía de los altares para llenar 335 II | parecían formar un muro destinado a defender a sus hijas y 336 II | nada había sido bastante a detenerle en el lecho.~- No - había 337 I | Ya se han visto, ya se detienen unos y otros, sin pasar 338 I | el cobre de firme son sus deudos, sus allegados y su servidumbre.~ 339 III| cristal. Se elevaron las diáfanas ondas de incienso y sonó 340 IV | dicen que lo que hizo el dichoso organista de San Bartolomé 341 I | Primada. Como que echó los dientes en el oficio... Su padre 342 III| los fieles en distintas direcciones, y ya la demandadera se 343 II | brillantes, aquéllos sordos, diríase que las aguas y los pájaros, 344 II | muestras de profundo pesar, se dirigía al puesto donde lo esperaba 345 II | de júbilo, acompañada del discordante sonido de las sonajas y 346 III| del populacho, alzaron sus discordantes voces a la vez; pero la 347 II | órgano exhaló un sonido discorde y extraño, semejante a un 348 I | hubiera ya ardido con estas disensiones de los duques. Vedlos, vedlos, 349 II | prorrumpir en exclamaciones de disgusto, cuando de improviso se 350 III| los grupos del atrio se disolvieron, dispersándose los fieles 351 III| del atrio se disolvieron, dispersándose los fieles en distintas 352 III| y ya la demandadera se disponía a cerrar las puertas de 353 III| sus sonajas, y todos se disponían a hacer bulla a más y mejor, 354 I | el muchacho mostró tales disposiciones que, como era natural, a 355 II | un sillón, que todos se disputaban el honor de llevar en sus 356 II | a oírse como unos himnos distantes que entonaban las jerarquías 357 IV | misa, y, ufana con esta distinción, pensé arreglar unos registros 358 III| dispersándose los fieles en distintas direcciones, y ya la demandadera 359 I | A no ser por ese noble distintivo, cualquiera lo creería un 360 I | puestos... Los grupos se disuelven... Los ministrales, a quienes 361 III| entrada del atrio, cuando se divisaban aún dos mujeres que después 362 III| palabras, las dos mujeres doblaban la esquina del callejón 363 I | gentes del duque de Alcalá doblan la esquina de la plaza de 364 II | hombros.~Los preceptos de los doctores, las lágrimas de su hija, 365 III| el organista, procurando dominar la emoción que se revelaba 366 I | mantiene nuestro señor el rey don Felipe, y con sus galeones 367 I | señor; mas el padre de la doncella, de quien se murmura que 368 | Dónde 369 I | fortuna. El solo tiene más ducados de oro en sus arcas que 370 IV | lo vi, madre, no lo dudéis; vi a un hombre que, en 371 I | Mirad, mirad: las gentes del duque de Alcalá doblan la esquina 372 I | estas disensiones de los duques. Vedlos, vedlos, los hipocritones, 373 I | de Moscoso, galán de la duquesa viuda de Villapineda. Se 374 I | circunstantes, contenida mientras dura la música... Pero vamos, 375 III| confusión y el estrépito sólo duraron algunos segundos. Todos 376 I | quien se dice que no han echado ya el guante los señores 377 III| maese Pérez parece que me echan una losa sobre el corazón 378 III| bisojo que siempre está echando pestes de los otros organistas, 379 III| parroquia, y de donde tuvo que echarlo el señor cura por malo; 380 II | que parecía una voz que se elevaba desde la tierra al cielo, 381 II | Sagrada Forma y comienza a elevarla. Una nube de incienso que 382 III| de notas de cristal. Se elevaron las diáfanas ondas de incienso 383 | ello 384 I | Arco de San Felipe, a pie, embozado con una capa oscura y precedido 385 III| organista, procurando dominar la emoción que se revelaba en la palidez 386 II | sabía responder, y todos se empeñaban en adivinarlo, y crecía 387 IV | había oído decir que teníais empeño en que tocase el órgano 388 II | La ceremonia no puede empezar. Si queréis, yo tocaré el 389 I | Inés y, codazo con éste, empujón en aquél, se internó en 390 I | paga las candelillas que le enciendo los sábados!... Vedlo qué 391 II | inclinó la frente, y por encima de su cabeza cana, y como 392 I | saludar a la imagen, en la encomienda que brilla en su pecho? 393 II | con estudiado descuido las encomiendas rojas y verdes, en la una 394 I | ganas de encontrarse, se encontrarían, poniendo fin de una vez 395 I | se buscaran con ganas de encontrarse, se encontrarían, poniendo 396 I | dentro de media hora se encuentran en una calle oscura... Es 397 II | prelado.~- Maese Pérez está enfermodijo - . La ceremonia 398 I | de Chicharreros y se las engarzasen en oro... Siempre toca bien, 399 III| como habían comenzado, enmudecieron de pronto. El segundo acorde, 400 I | su órgano, pasa su vida entera en velar por la inocencia 401 III| de acullá... sin ganas de enterarme siquiera, suelo estar al 402 III| es la novedad..., ya me entiende usarced. ¡Qué! ¿No sabe 403 II | unos himnos distantes que entonaban las jerarquías de serafines. 404 I | llegar con teas encendidas, entonando villancicos con gritos desaforados 405 | Entonces 406 III| que oír... Pero, calle, ya entra en la iglesia el héroe de 407 II | Pérez, pálido y desencajado, entraba, en efecto, en la iglesia, 408 III| cerrar las puertas de la entrada del atrio, cuando se divisaban 409 II | en pie y los alguaciles entraron a imponer silencio confundiéndose 410 II | galoneadas de oro, dejando entrever con estudiado descuido las 411 III| sobre el corazón cuando entro en Santa Inés... ¡Pobrecillo! ¡ 412 III| de la muerte de su padre entró en un convento de novicia. 413 II | extraño por un organista envidioso, enemigo del de Santa Inés, 414 II | a aquella verja, de pie, envueltos en sus capas de color galoneadas 415 | esa 416 III| éste, que ha bajado las escaleras a trompicones, como si le 417 IV | espíritus. Llevad al cuello un escapulario tocado en la reliquia de 418 IV | agua bendita en la puerta, escogía un puesto en un rincón de 419 I | galeones podría formar una escuadra suficiente a resistir a 420 II | del Salvador.~La multitud escuchaba atónita y suspendida. En 421 III| tocado lo que acabamos de escuchar... Si yo lo he oído mil 422 I | un humilde convento para escucharlo. Y no se crea que sólo la 423 III| mi palacio aquí sólo por escucharos. ¿Seréis tan cruel como 424 | esos 425 I | grupo de señores graves; ésos son los caballeros veinticuatro. ¡ 426 II | ángeles que, atravesando los espacios, llegaba al mundo.~Después 427 IV | en silencio, y vuelto de espaldas hacia el sitio en que yo 428 II | oyó en el atrio un ruido espantoso.~- ¡Maese Pérez está aquí!... ¡ 429 IV | solemne, para el objeto de tan especial devoción.~La priora fue 430 III| que, según dicen, es el espejo del alma... Yo me acuerdo, 431 IV | cuantos vecinos del barrio esperaban tranquilamente a que comenzara 432 III| maese Pérez.~Al fin llegó el esperado momento, el momento solemne 433 IV | misa va a comenzar, y ya esperan con impaciencia los fieles... 434 III| éxtasis, cantos que percibe el espíritu y no los puede repetir el 435 II | defender a sus hijas y a sus esposas del contacto de la plebe. 436 IV | del coro de la iglesia. El esquilón llamaba a voz herida a los 437 II | A estas voces de los que estaban apiñados en la puerta, todo 438 | estar 439 IV | desconfianza de ninguna clase; estaremos en comunidad... Pero... 440 II | los bruñidos gavilanes del estoque o acariciando el pomo del 441 | éstos 442 IV | fondo, brillaba como una estrella perdida en el cielo de la 443 II | cuyos vidrios de colores se estremecían en sus angostos ajimeces.~ 444 II | explosión de armonía gigante estremeció la iglesia, en cuyos ángulos 445 III| pero la confusión y el estrépito sólo duraron algunos segundos. 446 III| despedida de las nubes; estruendos sin nombre, imponentes como 447 III| incienso y sonó el órgano. Una estruendosa algarabía llenó los ámbitos 448 II | oro, dejando entrever con estudiado descuido las encomiendas 449 III| acuerdo, pobrecito, como si lo estuviera viendo, me acuerdo de la 450 IV | y muchas..., muchas..., estuvieron sonando todo el tiempo que 451 IV | busilis! Oídlo. ¡Qué! ¿no estuvisteis anoche en la misa del Gallo? 452 II | Pasó el Introito, y el Evangelio, y el Ofertorio; llegó el 453 III| mala, por más que quisieran evitarse las comparaciones. Pues 454 III| nuestros lectores por sus exabruptos de locuacidad, penetró en 455 II | alborota, prorrumpió en una exclamación de júbilo, acompañada del 456 II | comenzaba a prorrumpir en exclamaciones de disgusto, cuando de improviso 457 IV | tenéis?~- Tengo... miedo - exclamó la joven con un acento profundamente 458 III| maese Pérez, que nunca quiso excusarme el viaje tocando la Nochebuena 459 II | grito de mujer.~El órgano exhaló un sonido discorde y extraño, 460 II | tremante se abrió y una explosión de armonía gigante estremeció 461 III| y de sonidos..., todo lo expresaban las cien voces del órgano 462 III| fantástico color que lo habían expresado nunca.~ ~Cuando el organista 463 III| viejo y malo, y no puede expresar todo lo que se quiere.~El 464 II | el acompañamiento de una extraña melodía, que parecía flotar 465 II | consagrado, toma con la extremidad de sus dedos la Sagrada 466 II | usarse este instrumento por falta de inteligente.~El arzobispo 467 II | Esta fue la respuesta del familiar.~La noticia cundió instantáneamente 468 IV | Hermana, desechad esas fantasías con que el enemigo malo 469 III| misteriosa poesía, con más fantástico color que lo habían expresado 470 I | ha visto el convento tan favorecido como ahora?... De las otras 471 I | que abandonar su órgano favorito... ¿No conocéis a maese 472 I | callejón de las Dueñas se me figura que he columbrado a las 473 IV | Miradlo! - decía la joven, fijando sus desencajados ojos en 474 IV | la tribuna.~Todo el mundo fijó sus miradas en aquel punto. 475 II | través de una gasa azul que fingía el humo del incienso, apareció 476 I | hola! También está aquí el flamencote, a quien se dice que no 477 III| levantan gorjeando de entre las flores como una saeta despedida 478 I | Baste ver cómo todo lo más florido de Sevilla, hasta el mismo 479 II | extraña melodía, que parecía flotar sobre aquel océano de acordes 480 I | lo conoce por su colosal fortuna. El solo tiene más ducados 481 III| la tempestad comenzaba a fraguarse y no tardaría mucho en dejarse 482 I | alma en su almario, sino friéndose en las calderas de Pedro 483 IV | sentía en mi cuerpo como un frío glacial, y en mis sienes 484 II | pájaros, las brisas y las frondas, los hombres y los ángeles, 485 IV | glacial, y en mis sienes fuego... Entonces quise gritar, 486 I | consigo para darle a los fuelles. Luego, el muchacho mostró 487 I | deseo de vida para mí. Si no fuera por él media Sevilla hubiera 488 | fueran 489 III| camino entre la multitud a fuerza de empellones y codazos.~ 490 III| la iglesia el héroe de la función. ¡Jesús!, ¡qué ropilla de 491 IV | está hecho, con razón, una furia... Haber dejado de asistir 492 III| primer acorde.~Zampoñas, gaitas, sonajas, panderos, todos 493 I | es el marqués de Moscoso, galán de la duquesa viuda de Villapineda. 494 II | envueltos en sus capas de color galoneadas de oro, dejando entrever 495 I | grano de trigo... Buena ganga tienen las monjas con su 496 II | y como a través de una gasa azul que fingía el humo 497 II | otra sobre los bruñidos gavilanes del estoque o acariciando 498 III| la una - . Yo soy de este genial. Cada loco con su tema... 499 II | una explosión de armonía gigante estremeció la iglesia, en 500 IV | en mi cuerpo como un frío glacial, y en mis sienes fuego...


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