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| Gustavo Adolfo Bécquer Los ojos verdes IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Capítulo
1 I | primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y la dejas perder 2 II | ruido semejante al de las abejas que zumban en torno a las 3 III| lo llamaba al borde del abismo donde estaba suspendida, 4 II | encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar 5 I | comienza por donde otros acaban... En cuarenta años de montero 6 III| de oro.~Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios 7 I | le fallan, su carrera se acorta; déjame..., déjame; suelta 8 I | su ballesta; de aquí en adelante, que pruebe a pasar el capellán 9 I | fue inútil. Cuando el más ágil de los lebreles llegó a 10 III| largas y verdes hojas que se agitan en su fondo?... Ellas nos 11 III| arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban 12 III| pálida como una estatua de alabastro. Y uno de sus rizos caía 13 II | álamos. Un día u otro os alcanzará su venganza y expiaréis, 14 I | sus, caballo mío! Si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes 15 II | mezcla de ansiedad y de alegría:~- ¿La conoces?~- ¡Oh, no! - 16 II | en torno a las flores, se alejan por entre las arenas y forman 17 II | flores que flotan entre las algas de su seno y cuyos cálices 18 | algo 19 | algún 20 | alguna 21 | algunas 22 | allá 23 | allí 24 II | dejado huir, se llenó mi alma del deseo de soledad.~Tú 25 II | os conjuro por lo que más améis en la tierra a no volver 26 II | sonrisa.~- Sí - prosiguió el anciano - ; por vuestros padres, 27 II | Tenéis la color quebrada; andáis mustio y sombrío. ¿Qué os 28 I | padres, y primero perderé el ánima en manos de Satanás, que 29 I | otros acaban... En cuarenta años de montero no he visto mejor 30 II | preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:~- ¿La conoces?~- ¡ 31 II | de su señor, del que no apartaba un punto los espantados 32 II | cuya inmóvil superficie apenas riza el viento de la tarde.~ 33 III| una fuerza desconocida, se aproximaba más y más al borde de la 34 | Aquellas 35 Int| resbalan sobre las hojas de los árboles después de una tempestad 36 I | asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos - . ¿ 37 III| sensación fría en sus labios ardorosos, un beso de nieve..., y 38 II | se alejan por entre las arenas y forman un cauce, y luchan 39 I | de la fiesta, Fernando de Argensola, el primogénito de Almenar.~- ¿ 40 III| amante, procuraba en vano arrancarle el secreto de su existencia.~ 41 II | sin despegar los labios, arrastró su banquillo hasta colocarse 42 III| demente casi, exclamó en un arrebato de amor:~- Si lo fueses.:., 43 III| superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los 44 II | incorporándose de un golpe en su asiento.~Fernando lo miró a su vez 45 II | rebosa en mi corazón y asoma a mi semblante. Voy, pues, 46 II | Fernando lo miró a su vez como asombrado de que concluyese lo que 47 II | ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de ébano con 48 II | todo el cariño que pueden atesorar todas las mujeres de la 49 I | Cómo la salvaréis vos sin atraer sobre vuestra cabeza alguna 50 III| su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, 51 II | fuente de los Alamos, y, atravesando sus aguas, recobré el ciervo 52 III| como un rayo de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco 53 I | su corriente paga caro su atrevimiento. Ya la res, habrá salvado 54 II | a revelártelo... Tú me ayudarás a desvanecer el misterio 55 I | paso por esas carrascas, azuzad los perros, soplad en esas 56 III| cumbre del monte; las sombras bajaban a grandes pasos por su falda; 57 II | Para estancarse en una balsa profunda cuya inmóvil superficie 58 II | castillo, en valde busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿ 59 II | los labios, arrastró su banquillo hasta colocarse junto al 60 II | el amor de mi padre, los besos de la que me dio la vida 61 Int| este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré 62 I | a morir en el fondo del bosque. ¿Crees acaso que he venido 63 I | repitieron de eco en eco el bramido de las trompas, el latir 64 III| otro..., y sintió unos brazos delgados y flexibles que 65 I | déjame..., déjame; suelta esa brida o te revuelvo en el polvo... ¿ 66 II | gotas, que al desprenderse brillan como puntos de oro y suenan 67 II | Relámpago, creí haber visto brillar en su fondo una cosa extraña.., 68 III| mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, 69 I | había salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales 70 II | aquel sitio. Mira: la fuente brota escondida en el seno de 71 II | herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con sus 72 III| exclamó Fernando al ver burlada su esperanza - . ¿Querrás 73 II | al borde de la fuente, a buscar en sus ondas... no sé qué, ¡ 74 II | Mira cómo podré dejar yo de buscarlos!~Dijo Fernando estas palabras 75 II | fatigado al castillo, en valde busco en la bandolera los despojos 76 I | había de marcharse.~Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron 77 I | confuso tropel de hombres, caballos y perros, se dirigió al 78 II | sobre toda ponderación. Sus cabellos eran como el oro; sus pestañas 79 I | sin atraer sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? 80 II | caer en un lago. En el lago caen con un rumor indescriptible. 81 II | otras, con suspiros, hasta caer en un lago. En el lago caen 82 III| alabastro. Y uno de sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose 83 I | sobre vuestra cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores 84 II | algas de su seno y cuyos cálices parecen esmeraldas...; no 85 II | obstáculos que se oponen a su camino, y se repliegan sobre sí 86 II | Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que he oído 87 III| vulgo, como a un amante capaz de comprender mi caso extraño 88 I | adelante, que pruebe a pasar el capellán con su hisopo.~ ~ 89 Int| papel, y luego he dejado a capricho volar la pluma.~Yo creo 90 II | me dio la vida y todo el cariño que pueden atesorar todas 91 I | enturbiar su corriente paga caro su atrevimiento. Ya la res, 92 I | las piernas le fallan, su carrera se acorta; déjame..., déjame; 93 III| brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato 94 III| amante capaz de comprender mi caso extraño y misterioso.~Mientras 95 III| con sus pliegues. Yo no castigo al que osa turbar la fuente 96 II | volvéis pálido y fatigado al castillo, en valde busco en la bandolera 97 II | entre las arenas y forman un cauce, y luchan con los obstáculos 98 II | sus ecos. Sólo con esas cavilaciones que os persiguen, todas 99 III| vaciló..., y perdió pie, y cayó al agua con un rumor sordo 100 III| atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas rubias brillaban 101 III| saltaron en chispas de luz y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos 102 II | instrumento, se reúnen entre los céspedes y, susurrando, susurrando, 103 II | que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al resbalar sobre 104 III| lúgubre.~Las aguas saltaron en chispas de luz y se cerraron sobre 105 I | acaso que he venido a matar ciervos para festines de lobos?~- 106 III| cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata fueron ensanchándose, 107 II | la ruidosa jauría, ni el clamor de vuestras trompas despierta 108 II | eran los ojos que yo tenía clavados en la mente, unos ojos de 109 II | creí ver una mirada que se clavó en la mía, una mirada que 110 I | sus facciones, ya ardía la cólera en sus ojos - . ¿Qué haces, 111 II | arrastró su banquillo hasta colocarse junto al escaño de su señor, 112 I | piernas... Nuestro joven señor comienza por donde otros acaban... 113 I | momento, se reunía a la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando 114 II | vez como asombrado de que concluyese lo que iba a decir, y le 115 I | prosiguió el montero - conduce a la fuente de los Alamos: 116 III| ni a los servidores que conducen tu litera. Rompe de una 117 I | matorrales de una trocha que conducía a la fuente.~- ¡Alto!... ¡ 118 I | resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de hombres, caballos 119 II | mí existe, pues nadie la conoce, ni la ha visto, ni puede 120 II | montero - . ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero mis padres, al prohibirme 121 I | permanecían inmóviles y consternados.~El montero exclamó al fin:~- 122 III| el joven absorto en la contemplación de su fantástica hermosura, 123 II | ojos... Este, después de coordinar sus ideas, prosiguió así:~- 124 III| un lecho de esmeraldas y corales..., y yo..., yo te daré 125 II | es posible; rebosa en mi corazón y asoma a mi semblante. 126 III| en tu busca, y ni veo el corcel que te trae a estos lugares 127 I | hígados, y hundid a los corceles una cuarta de hierro en 128 I | El que osa enturbiar su corriente paga caro su atrevimiento. 129 III| instante; un sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas 130 I | Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso por esas carrascas, 131 I | el más a propósito para cortarle el paso a la res.~Pero todo 132 II | hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna. Aquellas 133 III| esperanza - . ¿Querrás que dé crédito a lo que de ti me han dicho? ¡ 134 I | en el fondo del bosque. ¿Crees acaso que he venido a matar 135 Int| capricho volar la pluma.~Yo creo que he visto unos ojos como 136 II | misterio que envuelve a esa criatura que, al parecer, sólo para 137 Int| pudiéramos llamar boceto de un cuadro que pintaré algún día.~ ~ 138 III| III~- ¿Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde 139 Int| los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes 140 | cualquier 141 I | donde otros acaban... En cuarenta años de montero no he visto 142 I | hundid a los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿ 143 Int| letras grandes en la primera cuartilla de papel, y luego he dejado 144 I | las carrascas, jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya 145 II | su escaño de ébano con un cuchillo de monte.~Después de un 146 III| flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación fría en 147 I | podemos darlo por perdido?~Las cuencas del Moncayo repitieron de 148 Int| verano. De todos modos, cuento con la imaginación de mis 149 III| luz y se cerraron sobre su cuerpo, y sus círculos de plata 150 II | exclamó con acento sombrío:~- ¡Cúmplase la voluntad del Cielo!~ ~ 151 I | caballo por detenerlo. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo 152 II | que crecen al borde de su cuna. Aquellas gotas, que al 153 I | fuente de los Alamos, en cuyas aguas habita un espíritu 154 II | ni la ha visto, ni puede dame razón de ella.~El montero, 155 III| en su fondo?... Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y 156 II | mundo? ¿Sabes tú por qué daría yo el amor de mi padre, 157 I | salva antes de morir podemos darlo por perdido?~Las cuencas 158 III| esperanza - . ¿Querrás que dé crédito a lo que de ti me 159 I | detenerlo. Yo he cumplido con mi deber. Con el diablo no sirven 160 III| exhalaron un suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la 161 II | concluyese lo que iba a decir, y le preguntó con una mezcla 162 | dejar 163 I | trompas, y los lebreles dejaron refunfuñando la pista a 164 I | abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya a morir 165 III| y sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban 166 III| has soñado en tus horas de delirio y que no puede ofrecerte 167 II | expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado sus 168 | demás 169 III| por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en un arrebato 170 I | después volvió los ojos en derredor suyo; todos, como él, permanecían 171 III| que tú me amas; yo, que desciendo hasta un mortal siendo un 172 III| atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba más y más 173 II | soledad, con sus mil rumores desconocidos, vive en aquellos lugares 174 Int| De seguro no los podré describir tal cuales ellos eran: luminosos, 175 I | trompas, el latir de la jauría desencadenada, y las voces de los pajes 176 III| caía sobre sus hombros, deslizándose entre los pliegues del velo 177 II | de ella.~El montero, sin despegar los labios, arrastró su 178 II | clamor de vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas 179 III| la que parecía próxima a desplomarse en el fondo de las aguas, 180 II | busco en la bandolera los despojos de la caza. ¿Qué os ocupa 181 II | Aquellas gotas, que al desprenderse brillan como puntos de oro 182 II | espíritu del hombre.~Cuando al despuntar la mañana me veías tomar 183 II | lágrimas de la que el Cielo destina para vuestra esposa, por 184 III| te amo ahora, como es mi destino amarte, hasta más allá de 185 II | revelártelo... Tú me ayudarás a desvanecer el misterio que envuelve 186 I | los pies de su caballo por detenerlo. Yo he cumplido con mi deber. 187 I | marcharse.~Y la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, 188 II | vuestros padres, por vuestros deudos, por las lágrimas de la 189 I | alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta 190 III| crédito a lo que de ti me han dicho? ¡Oh, no!... Háblame; yo 191 I | Señor - murmuró Iñigo entre dientes - , es imposible pasar de 192 III| la Tierra; soy una mujer digna de ti, que eres superior 193 II | hasta estos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, 194 III| miembros; sus pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad 195 II | de una vez a su cumbre, dime: ¿has encontrado, por acaso, 196 II | en pos de la res herida, diríase que una mala bruja os ha 197 I | ijares: ¿no veis que se dirige hacia la fuente de los Alamos 198 I | hombres, caballos y perros, se dirigió al punto que Iñigo, el montero 199 II | veías tomar la ballesta y dirigirme al monte, no fue nunca para 200 I | ves?... ¿Lo ves?... Aún se distingue a intervalos desde aquí; 201 III| suspiro, un suspiro débil, doliente, como el de la ligera onda 202 | dónde 203 III| brillaban sus pupilas como dos esmeraldas sujetas en una 204 I | herido va... no hay duda. Se ve el rastro de la sangre 205 | e 206 II | astillas de su escaño de ébano con un cuchillo de monte.~ 207 I | soplad en esas trompas hasta echar los hígados, y hundid a 208 II | vuestras trompas despierta sus ecos. Sólo con esas cavilaciones 209 | él 210 III| la fuente, y la niebla, elevándose poco a poco de la superficie 211 | ellos 212 II | vive en aquellos lugares y embriaga el espíritu en su inefable 213 III| incomprensibles; el viento empieza entre los álamos sus himnos 214 III| el de la ligera onda que empuja una brisa al morir entre 215 II | que una mala bruja os ha encanijado con sus hechizos. Ya no 216 II | muriendo, el delito de haber encenagado sus ondas.~- ¡Por lo que 217 II | en la mía, una mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, 218 II | a su cumbre, dime: ¿has encontrado, por acaso, una mujer que 219 II | absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos 220 II | a ti ahora...; una tarde encontré sentada en mi puesto, vestida 221 II | tomáis la ballesta para enderezaros a la espesura y permanecer 222 I | mío! Si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de mi joyel 223 I | la cabalgata se detuvo, y enmudecieron las trompas, y los lebreles 224 I | espíritu del mal. El que osa enturbiar su corriente paga caro su 225 III| superficie del lago, comenzaba a envolver las rocas de su margen.~ 226 II | desvanecer el misterio que envuelve a esa criatura que, al parecer, 227 III| misterioso velo en que te envuelves como en una noche profunda. 228 III| secreto de su existencia.~Ella era hermosa, hermosa y pálida 229 II | persiguiendo a las fieras, y en tus errantes excursiones de cazador subiste 230 I | que permitir que se me escape ese ciervo, el único que 231 II | ella hasta que el sol se esconde. Y cuando la noche oscurece 232 II | sitio. Mira: la fuente brota escondida en el seno de una peña, 233 Int| tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa con este 234 II | servidor, como si no hubiera escuchado una sola de sus palabras:~- 235 II | no apartaba un punto los espantados ojos... Este, después de 236 III| Fernando al ver burlada su esperanza - . ¿Querrás que dé crédito 237 II | ballesta para enderezaros a la espesura y permanecer en ella hasta 238 II | nos hablan los invisibles espíritus de la Naturaleza, que reconocen 239 II | Cielo destina para vuestra esposa, por las de un servidor, 240 I | imbécil? Ves que la pieza está herida, que es la primera 241 II | fuente misteriosa, Para estancarse en una balsa profunda cuya 242 III| hermosa y pálida como una estatua de alabastro. Y uno de sus 243 II | poder guardar ese secreto eternamente, pero ya no es posible; 244 III| pronunciar algunas palabras; pero exhalaron un suspiro, un suspiro débil, 245 II | al parecer, sólo para mí existe, pues nadie la conoce, ni 246 III| soy una mujer como las que existen en la Tierra; soy una mujer 247 III| arrancarle el secreto de su existencia.~Ella era hermosa, hermosa 248 II | alcanzará su venganza y expiaréis, muriendo, el delito de 249 III| ensanchándose, ensanchándose hasta expirar en las orillas.~ 250 I | vosotros lo habéis visto; me he expuesto a morir entre los pies de 251 III| ven.~La noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba 252 III| capaz de comprender mi caso extraño y misterioso.~Mientras ella 253 I | pintaba el asombro en sus facciones, ya ardía la cólera en sus 254 III| bajaban a grandes pasos por su falda; la brisa gemía entre los 255 II | Moncayo, que has vivido en sus faldas persiguiendo a las fieras, 256 I | desde aquí; las piernas le fallan, su carrera se acorta; déjame..., 257 III| en la contemplación de su fantástica hermosura, atraído como 258 III| las de aquella mujer, y fascinado por su brillo fosfórico, 259 II | oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, en valde busco 260 III| oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz 261 I | jadeante y cubiertas las fauces de espuma, ya el ciervo, 262 II | cuando me he sentado solo y febril sobre el peñasco a cuyos 263 I | venido a matar ciervos para festines de lobos?~- Señor - murmuró 264 I | reyes que pagan un tributo. Fiera que se refugia en esta fuente 265 II | faldas persiguiendo a las fieras, y en tus errantes excursiones 266 I | comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de Argensola, 267 III| pupilas se dilataron al fijarse con más intensidad en las 268 | fin 269 I | uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas... Nuestro joven 270 III| sintió unos brazos delgados y flexibles que se liaban a su cuello, 271 III| Ven; la niebla del lago flota sobre nuestras frentes como 272 II | llegaban hasta las aguas y flotaban sobre su haz, una mujer 273 II | sería una de esas flores que flotan entre las algas de su seno 274 II | por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que 275 II | alejan por entre las arenas y forman un cauce, y luchan con los 276 III| fascinado por su brillo fosfórico, demente casi, exclamó en 277 III| lago flota sobre nuestras frentes como un pabellón de lino...; 278 III| cuello, y una sensación fría en sus labios ardorosos, 279 III| vaciló un instante; un sudor frío corrió por sus miembros; 280 III| en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre 281 III| y sus círculos de plata fueron ensanchándose, ensanchándose 282 III| hermosura, atraído como por una fuerza desconocida, se aproximaba 283 | fuese 284 III| arrebato de amor:~- Si lo fueses.:., te amaría..., te amaría 285 III| incorpórea como ellas, fugaz y transparente: hablo con 286 II | rayo de sol que serpenteó fugitivo entre su espuma; tal vez 287 II | como aquellos. En su busca fui un día y otro a aquel sitio.~ 288 II | día en que, a pesar de sus funestas predicciones, llegué a la 289 II | que yo siempre tendré por funesto, en que llegasteis a la 290 I | pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel de 291 Int| Hace mucho tiempo que tenía ganas de escribir cualquier cosa 292 III| pasos por su falda; la brisa gemía entre los álamos de la fuente, 293 II | de la tarde.~Todo allí es grande. La soledad, con sus mil 294 I | Alto todo el mundo! - gritó Iñigo entonces - . Estaba 295 II | muy extraña... Creí poder guardar ese secreto eternamente, 296 II | viejo, tú que conoces las guaridas del Moncayo, que has vivido 297 I | Señores, vosotros lo habéis visto; me he expuesto a 298 I | ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus, Relámpago!; ¡sus, 299 III| es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo un día y otro 300 II | pero no, es verdad; le he hablado ya muchas veces como te 301 III| me han dicho? ¡Oh, no!... Háblame; yo quiero saber si me amas; 302 II | del agua, parece que nos hablan los invisibles espíritus 303 III| Cuando el joven acabó de hablarle, sus labios se removieron 304 I | atrevimiento. Ya la res, habrá salvado sus márgenes. ¿Cómo 305 Int| Introducción~Hace mucho tiempo que tenía ganas 306 Int| imaginación de mis lectores para hacerme comprender en este que pudiéramos 307 | hacia 308 III| Fernando dio un paso hacía ella..., otro..., y sintió 309 II | os ha encanijado con sus hechizos. Ya no vais a los montes 310 II | Naturaleza, que reconocen un hermano en el inmortal espíritu 311 III| contemplación de su fantástica hermosura, atraído como por una fuerza 312 I | reunía a la comitiva el héroe de la fiesta, Fernando de 313 I | los corceles una cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis 314 I | trompas hasta echar los hígados, y hundid a los corceles 315 II | pestañas brillaban como hilos de luz, y entre las pestañas 316 III| empieza entre los álamos sus himnos de amor; ven..., ven.~La 317 I | pasar el capellán con su hisopo.~ ~ 318 II | interrumpía el chirrido de la hoja al resbalar sobre la pulimentada 319 II | el inmortal espíritu del hombre.~Cuando al despuntar la 320 III| sus rizos caía sobre sus hombros, deslizándose entre los 321 I | cabeza alguna calamidad horrible? Los cazadores somos reyes 322 Int| cualquier cosa con este título. Hoy, que se me ha presentado 323 II | hojas de los álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas 324 II | superstición hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo 325 I | hasta echar los hígados, y hundid a los corceles una cuarta 326 I | jinete partieron como un huracán. Iñigo los siguió con la 327 II | sobre sí mismas, saltan, y huyen, y corren, unas veces, con 328 I | I~- Herido va el ciervo..., 329 II | II~- Tenéis la color quebrada; 330 III| III~- ¿Quién eres tú? ¿Cuál 331 I | cuarta de hierro en los ijares: ¿no veis que se dirige 332 Int| todos modos, cuento con la imaginación de mis lectores para hacerme 333 I | sus ojos - . ¿Qué haces, imbécil? Ves que la pieza está herida, 334 III| nos llaman con sus voces incomprensibles; el viento empieza entre 335 II | acento de profundo terror e incorporándose de un golpe en su asiento.~ 336 III| el fondo de estas aguas, incorpórea como ellas, fugaz y transparente: 337 II | el lago caen con un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, 338 II | embriaga el espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas 339 III| sobre el haz de las aguas infectas... Ven, ven... Estas palabras 340 II | reconocen un hermano en el inmortal espíritu del hombre.~Cuando 341 II | una balsa profunda cuya inmóvil superficie apenas riza el 342 I | todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.~El montero 343 II | entre las pestañas volteaban inquietas unas pupilas que yo había 344 III| fuese?~El joven vaciló un instante; un sudor frío corrió por 345 II | suenan como las notas de un instrumento, se reúnen entre los céspedes 346 III| dilataron al fijarse con más intensidad en las de aquella mujer, 347 II | largo silencio, que sólo interrumpía el chirrido de la hoja al 348 I | ves?... Aún se distingue a intervalos desde aquí; las piernas 349 Int| Introducción~Hace mucho tiempo que tenía 350 I | a la res.~Pero todo fue inútil. Cuando el más ágil de los 351 II | parece que nos hablan los invisibles espíritus de la Naturaleza, 352 II | pecho un deseo absurdo, irrealizable: el de encontrar una persona 353 I | lebreles llegó a las carrascas, jadeante y cubiertas las fauces de 354 I | serreta de oro.~Caballo y jinete partieron como un huracán. 355 III| esmeraldas sujetas en una joya de oro.~Cuando el joven 356 I | engarzar los diamantes de mi joyel en tu serreta de oro.~Caballo 357 II | una tarde... yo me creí juguete de un sueño...; pero no, 358 III| brisa al morir entre los juncos.~- ¡No me respondes! - exclamó 359 | junto 360 II | palabras con tal acento, que la lágrima que temblaba en los párpados 361 II | vuestros deudos, por las lágrimas de la que el Cielo destina 362 II | un rumor indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, 363 II | de monte.~Después de un largo silencio, que sólo interrumpía 364 I | bramido de las trompas, el latir de la jauría desencadenada, 365 III| fondo?... Ellas nos darán un lecho de esmeraldas y corales..., 366 Int| con la imaginación de mis lectores para hacerme comprender 367 II | os ocupa tan largas horas lejos de los que más os quieren?~ 368 I | y al saltar uno de esos lentiscos han flaqueado sus piernas... 369 Int| ocasión, lo he puesto con letras grandes en la primera cuartilla 370 Int| los que he pintado en esta leyenda. No sé si en sueños, pero 371 III| delgados y flexibles que se liaban a su cuello, y una sensación 372 II | dijo el montero - . ¡Líbreme Dios de conocerla! Pero 373 III| doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa 374 I | llegase, al diablo ella, su limpidez y sus habitadores. ¡Sus, 375 III| prosiguió así:~- ¿Ves, ves el límpido fondo de este lago? ¿Ves 376 III| frentes como un pabellón de lino...; las ondas nos llaman 377 III| servidores que conducen tu litera. Rompe de una vez el misterioso 378 III| y la mujer misteriosa lo llamaba al borde del abismo donde 379 III| de lino...; las ondas nos llaman con sus voces incomprensibles; 380 Int| comprender en este que pudiéramos llamar boceto de un cuadro que 381 I | sirven valentías. Hasta aquí llega el montero con su ballesta; 382 II | vestida con unas ropas que llegaban hasta las aguas y flotaban 383 II | mis padres, al prohibirme llegar hasta estos lugares, me 384 I | llegue a la fuente? Y si llegase, al diablo ella, su limpidez 385 II | tendré por funesto, en que llegasteis a la fuente de los Alamos, 386 I | más ágil de los lebreles llegó a las carrascas, jadeante 387 I | no le daré lugar para que llegue a la fuente? Y si llegase, 388 II | sus funestas predicciones, llegué a la fuente de los Alamos, 389 II | hubiera dejado huir, se llenó mi alma del deseo de soledad.~ 390 Int| transparentes como las gotas de la lluvia que se resbalan sobre las 391 I | ciervos para festines de lobos?~- Señor - murmuró Iñigo 392 II | ondas... no sé qué, ¡una locura! El día en que saltó sobre 393 II | arenas y forman un cauce, y luchan con los obstáculos que se 394 Int| primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho volar 395 I | Quién sabe si no le daré lugar para que llegue a la fuente? 396 III| agua con un rumor sordo y lúgubre.~Las aguas saltaron en chispas 397 Int| describir tal cuales ellos eran: luminosos, transparentes como las 398 III| extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie 399 II | resbalar sobre la pulimentada madera, el joven exclamó, dirigiéndose 400 I | aguas habita un espíritu del mal. El que osa enturbiar su 401 II | herida, diríase que una mala bruja os ha encanijado con 402 I | hasta que se perdieron en la maleza; después volvió los ojos 403 II | Cuando al despuntar la mañana me veías tomar la ballesta 404 II | os persiguen, todas las mañanas tomáis la ballesta para 405 I | caballo mío! Si lo alcanzas, mando engarzar los diamantes de 406 I | la primera que cae por mi mano, y abandonas el rastro y 407 I | primero perderé el ánima en manos de Satanás, que permitir 408 II | absorto en sus ideas, sacaba maquinalmente astillas de su escaño de 409 I | Estaba de Dios que había de marcharse.~Y la cabalgata se detuvo, 410 III| envolver las rocas de su margen.~Sobre una de estas rocas, 411 I | la res, habrá salvado sus márgenes. ¿Cómo la salvaréis vos 412 I | el montero mayor de los marqueses de Almenar, señalara como 413 I | Crees acaso que he venido a matar ciervos para festines de 414 I | punto que Iñigo, el montero mayor de los marqueses de Almenar, 415 II | resbaló silenciosa por su mejilla, mientras exclamó con acento 416 I | años de montero no he visto mejor golpe... Pero, ¡por San 417 II | espíritu en su inefable melancolía. En las plateadas hojas 418 II | yo tenía clavados en la mente, unos ojos de un color imposible, 419 II | decir, y le preguntó con una mezcla de ansiedad y de alegría:~- ¿ 420 | mí 421 | mía 422 III| sudor frío corrió por sus miembros; sus pupilas se dilataron 423 | mío 424 II | el montero con asombro y mirándole de hito en hito.~- Sí - 425 II | su asiento.~Fernando lo miró a su vez como asombrado 426 | mismas 427 II | ayudarás a desvanecer el misterio que envuelve a esa criatura 428 Int| tempestad de verano. De todos modos, cuento con la imaginación 429 I | los cazadores.~En aquel momento, se reunía a la comitiva 430 II | hechizos. Ya no vais a los montes precedido de la ruidosa 431 III| osa turbar la fuente donde moro; antes lo premio con mi 432 | muchas 433 | mucho 434 II | pueden atesorar todas las mujeres de la tierra? Por una mirada, 435 II | su venganza y expiaréis, muriendo, el delito de haber encenagado 436 III| una voz semejante a una música - , yo te amo más aún que 437 II | la color quebrada; andáis mustio y sombrío. ¿Qué os sucede? 438 II | servidor, que os ha visto nacer.~- ¿Sabes tú lo que más 439 II | invisibles espíritus de la Naturaleza, que reconocen un hermano 440 III| labios ardorosos, un beso de nieve..., y vaciló..., y perdió 441 III| profunda. Yo te amo, y, noble o villana, seré tuyo, tuyo 442 III| te daré una felicidad sin nombre, esa felicidad que has soñado 443 II | indescriptible. Lamentos, palabras, nombres, cantares, yo no sé lo que 444 II | de oro y suenan como las notas de un instrumento, se reúnen 445 III| de sol que atraviesa las nubes, y en el cerco de sus pestañas 446 | nuestras 447 | Nuestro 448 I | los pajes resonaron con nueva furia, y el confuso tropel 449 | nunca 450 II | cauce, y luchan con los obstáculos que se oponen a su camino, 451 Int| que se me ha presentado ocasión, lo he puesto con letras 452 II | despojos de la caza. ¿Qué os ocupa tan largas horas lejos de 453 III| estaba suspendida, y parecía ofrecerle un beso..., un beso...~Fernando 454 III| de delirio y que no puede ofrecerte nadie... Ven; la niebla 455 II | cantares, yo no sé lo que he oído en aquel rumor cuando me 456 III| palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. 457 III| doliente, como el de la ligera onda que empuja una brisa al 458 III| hablo con sus rumores y ondulo con sus pliegues. Yo no 459 II | con los obstáculos que se oponen a su camino, y se repliegan 460 III| ensanchándose hasta expirar en las orillas.~ 461 II | esconde. Y cuando la noche oscurece y volvéis pálido y fatigado 462 III| ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que 463 | otras 464 | otros 465 III| nuestras frentes como un pabellón de lino...; las ondas nos 466 II | qué daría yo el amor de mi padre, los besos de la que me 467 I | osa enturbiar su corriente paga caro su atrevimiento. Ya 468 I | Moncayo, pero reyes que pagan un tributo. Fiera que se 469 I | desencadenada, y las voces de los pajes resonaron con nueva furia, 470 III| Ella era hermosa, hermosa y pálida como una estatua de alabastro. 471 II | noche oscurece y volvéis pálido y fatigado al castillo, 472 Int| la primera cuartilla de papel, y luego he dejado a capricho 473 II | en las ondas del agua, parece que nos hablan los invisibles 474 II | su seno y cuyos cálices parecen esmeraldas...; no sé; yo 475 | parecer 476 II | lágrima que temblaba en los párpados de Iñigo se resbaló silenciosa 477 I | de oro.~Caballo y jinete partieron como un huracán. Iñigo los 478 III| sombras bajaban a grandes pasos por su falda; la brisa gemía 479 III| Quién eres tú? ¿Cuál es tu patria? ¿En dónde habitas? Yo vengo 480 I | Pero, ¡por San Saturio, patrón de Soria!, cortadle el paso 481 II | mirada que encendió en mi pecho un deseo absurdo, irrealizable: 482 II | escondida en el seno de una peña, y cae, resbalándose gota 483 II | álamos, en los huecos de las peñas, en las ondas del agua, 484 II | sentado solo y febril sobre el peñasco a cuyos pies saltan las 485 I | abandonas el rastro y la dejas perder para que vaya a morir en 486 II | monte, no fue nunca para perderme entre sus matorrales en 487 I | morir podemos darlo por perdido?~Las cuencas del Moncayo 488 I | salvado de un solo brinco, perdiéndose entre los matorrales de 489 I | con la vista hasta que se perdieron en la maleza; después volvió 490 III| nieve..., y vaciló..., y perdió pie, y cayó al agua con 491 II | enderezaros a la espesura y permanecer en ella hasta que el sol 492 I | derredor suyo; todos, como él, permanecían inmóviles y consternados.~ 493 I | en manos de Satanás, que permitir que se me escape ese ciervo, 494 II | esas cavilaciones que os persiguen, todas las mañanas tomáis 495 II | has vivido en sus faldas persiguiendo a las fieras, y en tus errantes 496 II | irrealizable: el de encontrar una persona con unos ojos como aquellos. 497 II | Desde el día en que, a pesar de sus funestas predicciones, 498 III| y vaciló..., y perdió pie, y cayó al agua con un rumor 499 I | montero, y en tanto, ya se pintaba el asombro en sus facciones, 500 Int| unos ojos como los que he pintado en esta leyenda. No sé si 501 Int| boceto de un cuadro que pintaré algún día.~ ~