| Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
| Gustavo Adolfo Bécquer El monte de las ánimas IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Capítulo
1 I | tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla de los religiosos, 2 II | Beatriz seguía con los ojos, y absorta en un vago pensamiento, 3 I | monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades 4 II | II~Los servidores acababan de levantar los manteles; 5 IV | IV~Dicen que después de acaecido este suceso, un cazador 6 Int| en el mismo lugar en que acaeció, y la he escrito volviendo 7 II | con las manos vacías.~El acento helado con que Beatriz pronunció 8 II | ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?~Beatriz se mordió 9 II | un día de ceremonia debe aceptarse un presente de manos de 10 I | a la ciudad. La noche se acerca, es día de Todos los Santos 11 I | expedición se llevó a cabo. No se acordaron de ella las fieras. Antes 12 I | profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde reservaban 13 III| Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinas 14 II | el viento sin que se sepa adónde.~Mientras el joven hablaba, 15 I | haciendo en ello notable agravio a sus nobles de Castilla, 16 III| los vidrios del balcón; el agua de la fuente lejana caía 17 Int| nuevo. ¡Imposible! Una vez aguijoneada la imaginación es un caballo 18 III| muy lejos, y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía 19 III| arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas, 20 | ajenas 21 I | Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos grupos. Los 22 II | rumor de un caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con 23 III| violencia, las puertas de alerce del oratorio habían crujido 24 | algo 25 | algún 26 | alguna 27 | algunas 28 III| escondió la cabeza y contuvo el aliento.~El aire azotaba los vidrios 29 | allá 30 II | que era la divisa de tu alma?~- Si.~- ¡Pues... se ha 31 III| hermosa cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho. ¿ 32 Int| de la mañana, después de almorzar bien, y con un cigarro en 33 II | levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio 34 II | ser, y ella lo llevó al altar... ¿Lo quieres?~- No sé 35 II | menos de comprender toda su amarga ironía; movido como por 36 II | comenzarán ahora a levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas 37 III| encontraron inmóvil; asida con ambas manos a una de las columnas 38 II | azules pupilas de Beatriz.~Ambos guardaban hacía rato un 39 I | atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse. 40 II | expresión de sentimiento, añadió:~- ¿Te acuerdas de la banda 41 II | entre los pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado 42 I | país, porque aún no hace un año que has venido a él desde 43 I | ciudad fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio 44 IV | a los esqueletos de los antiguos Templarios y de los nobles 45 III| estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia de algo que 46 III| existen.~Después de haber apagado la lámpara y cruzado las 47 II | en sus cuentos de ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los 48 III| que por la mañana había aparecido devorado por los lobos entre 49 II | rapidez; pero cuando quiso o aparentó querer detenerlo, el joven 50 II | hasta aquí has vivido se apresuró a añadir el joven. De un 51 III| algo que no se ve y cuya aproximación se nota, no obstante, en 52 | Aquello 53 | aquí 54 I | Conquistada Soria a los árabes, el rey los hizo venir de 55 II | de mi juventud, todo el ardor hereditario de mi raza. 56 II | tal vez para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus 57 III| palpita de terror bajo una armadura al oír una conseja de aparecidos?~ 58 II | por la frente, como para arrancarse el miedo que estaba en su 59 II | carrera como una hoja que arrastra el viento sin que se sepa 60 III| vienen, crujir de ropas que arrastran, suspiros que se ahogan, 61 I | presente tantas madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. 62 II | tornar sus cabellos blancos o arrebatarlo en el torbellino de su fantástica 63 I | las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras, pero 64 I | amigos y enemigos, comenzó a arruinarse. Desde entonces dicen que 65 III| III~Había asado una hora, dos, tres; la 66 II | en los combates, como mis ascendientes, he llevado a esta diversión, 67 IV | terribles. Entre otras, se asegura que vio a los esqueletos 68 III| la encontraron inmóvil; asida con ambas manos a una de 69 II | Alonso, incorporándose de su asiento y con una indescriptible 70 I | ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?~- No, hermosa prima. Tú 71 I | I~- Atad los perros, haced la señal 72 II | celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un 73 II | pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando 74 III| pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era una ilusión: 75 II | tono indiferente y mientras atizaba el fuego del hogar, donde 76 I | braman espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos 77 III| Beatriz. Al fin, despuntó la aurora. Vuelta de su temor entreabrió 78 I | Por último, intervino la autoridad del rey: el monte, maldita 79 II | hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.~Ambos 80 | bajo 81 I | precedían a la comitiva a bastante distancia. Mientras duraba 82 I | fue una cacería. Fue una batalla espantosa: el monte quedó 83 Int| mañana, después de almorzar bien, y con un cigarro en la 84 III| tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas 85 II | ancha manga de terciopelo bordado de oro, y después, con una 86 I | bulliciosos grupos. Los condes de Borges y de Alcudiel montaron en 87 I | los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, 88 I | fantástica por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos 89 II | mirada en la de su prima, que brilló como un relámpago, iluminada 90 II | de la guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el 91 III| ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta habían rozado 92 II | las viejas que hablaban de brujas y de trasgos, y el zumbido 93 I | se reunieron en alegres y bulliciosos grupos. Los condes de Borges 94 III| las crisis nerviosas, como bultos que se movían en todas las 95 I | montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos siguieron 96 II | un velo sobre tu oscura cabellera! Ya ha prendido el de una 97 II | más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarlo en 98 | cada 99 I | monte quedó sembrado de cadáveres. Los lobos, a quienes se 100 II | palideciendo y dejándose caer sobre el sitial. ¡En el 101 I | las estrechas y oscuras calles de Soria.~ 102 II | un vago pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba 103 II | fría indiferencia: todo un carácter de mujer se reveló en aquella 104 II | torbellino de su fantástica carrera como una hoja que arrastra 105 II | silencio, y volvióse a oír la cascada voz de las viejas que hablaban 106 II | sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué hermoso 107 I | monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer 108 IV | acaecido este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche 109 I | los unos en su manía de cazar y a los otros en su empeño 110 II | que así como el tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar 111 II | Lo sé, prima; pero hoy se celebran Todos los Santos y el tuyo 112 | cerca 113 III| unas y luego las otras más cercanas, todas las puertas que daban 114 II | voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente 115 II | entre todos; hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar 116 II | levantar los manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los 117 III| crujido sobre sus goznes con chirrido agudo, prolongado y estridente.~ 118 II | crujía la leña, arrojando chispas de mil colores.~- ¡Oh! Eso, 119 II | el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas de 120 I | querido salir de él antes que cierre la noche.~La relación de 121 I | breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos 122 Int| almorzar bien, y con un cigarro en la boca, no le hará mucho 123 III| es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó 124 II | no lo harás? - dijo él, clavando una mirada en la de su prima, 125 I | severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban 126 III| no era una ilusión: las colgaduras de brocado de la puerta 127 II | no sé qué emblema de su color me dijiste que era la divisa 128 II | de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, prestó oído 129 II | arrojando chispas de mil colores.~- ¡Oh! Eso, de ningún modo. ¡ 130 III| ambas manos a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados 131 II | probar mis fuerzas en los combates, como mis ascendientes, 132 II | guaridas y sus costumbres, y he combatido con ellas de día y de noche, 133 I | juntos amigos y enemigos, comenzó a arruinarse. Desde entonces 134 III| pero continuado, y a su compás se oía crujir una cosa como 135 II | Alonso no pudo menos de comprender toda su amarga ironía; movido 136 II | país una prenda recibida compromete una voluntad. Sólo en un 137 II | Beatriz, que, cuando hubo concluido, exclamó en un tono indiferente 138 I | otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos 139 II | este modo:~- Y antes que concluya el día de Todos los Santos 140 I | noche.~La relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos 141 III| ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; 142 II | he muerto por mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres, 143 I | guerreros y religiosos a la vez. Conquistada Soria a los árabes, el rey 144 I | defenderla corno solos la conquistaron. Entre los caballeros de 145 III| los rezos que la Iglesia consagra en el día de Difuntos a 146 III| una armadura al oír una conseja de aparecidos?~Y cerrando 147 IV | día, antes de morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas 148 I | mientras dure el camino te contaré esa historia.~Los pajes 149 Int| efecto a los lectores de El Contemporáneo. Yo la oí en el mismo lugar 150 II | quieres?~- No sé en el tuyo contestó la hermosa, pero en mi país 151 II | último.~Las viejas, en tanto, continuaban en sus cuentos de ánimas 152 III| casi imperceptible, pero continuado, y a su compás se oía crujir 153 II | reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados labios.~- 154 I | satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres. Los segundos 155 III| cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.~El aire azotaba 156 I | pertenecía a los Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del 157 II | que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento 158 II | personas parecían ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso. 159 Int| allá va, como el caballo de copas.~ 160 IV | caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera 161 I | solos sabido defenderla corno solos la conquistaron. Entre 162 I | jirones de sus sudarios, corren como en una cacería fantástica 163 II | Tal vez por la pompa de la Corte francesa, donde hasta aquí 164 IV | contar lo que viera, refirió cosas terribles. Entre otras, 165 I | organizar una gran batida en el coto, a pesar de las severas 166 II | levantar sus amarillentos cráneos de entre las malezas que 167 III| y entreabrió los ojos. Creía haber oído, a par de ellas, 168 III| fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que 169 III| aquellas con un lamento largo y crispador. Después, un silencio; un 170 Int| cuando sentía crujir los cristales de mi balcón, estremecidos 171 II | del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas 172 III| alerce del oratorio habían crujido sobre sus goznes con chirrido 173 III| haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, 174 II | oscura, noche de Difuntos y cuajado el camino de lobos!~Al decir 175 | cual 176 | cuanto 177 II | de entre las malezas que cubren sus fosas... ¡Las ánimas!, 178 III| rebujándose en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo 179 III| de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron 180 III| un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron 181 I | espantados, los lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos. 182 I | llamaban a sus enemigos. Cundió la voz del reto, y nada 183 I | al extremo del puente que da paso a la ciudad por aquel 184 IV | arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la 185 III| cercanas, todas las puertas que daban paso a su habitación iban 186 II | iluminando algunos grupos de damas y caballeros que alrededor 187 I | lobos aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos. Y al 188 II | cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte 189 II | Sólo en un día de ceremonia debe aceptarse un presente de 190 II | oído a aquel rumor que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció 191 Int| rienda. Por pasar el rato, me decidí a escribirla, como en efecto 192 II | cuajado el camino de lobos!~Al decir esta última frase la recargó 193 I | de tantas desgracias, se declaró abandonado, y la capilla 194 I | de lejanas tierras para defender la ciudad por la parte del 195 I | así hubieran solos sabido defenderla corno solos la conquistaron. 196 II | murmuró, palideciendo y dejándose caer sobre el sitial. ¡En 197 I | pronto!~- A ser otro día, no dejara yo de concluir con ese rebaño 198 II | puedes, sin atar tu voluntad, dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? - 199 II | Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.~- ¡Se 200 II | desdeñosa contracción de sus delgados labios.~- Tal vez por la 201 I | se reúnan los cazadores y demos la vuelta a la ciudad. La 202 I | pero hoy es imposible. Dentro de poco sonará la oración 203 II | llevándose la mano al hombro derecho, como para buscar alguna 204 II | detenerlo, el joven había desaparecido.~A los pocos minutos se 205 Int| imaginación es un caballo que se desboca y al que no sirve tirarlo 206 I | nieve las huellas de los descarnados pies de los esqueletos. 207 III| desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: sobre el reclinatorio 208 II | mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción de sus delgados 209 III| columnas de ébano del lecho, desencajados los ojos, entreabierta la 210 III| cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró 211 III| había visto, sangrienta y desgarrada, la banda azul que fue a 212 I | maldita ocasión de tantas desgracias, se declaró abandonado, 213 IV | mujer hermosa y pálida y desmelenada que, con los pies desnudos 214 IV | desmelenada que, con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando 215 III| sus servidores llegaron, despavoridos, a notificarle la muerte 216 II | de los condes de Alcudiel despedía un vivo resplandor, iluminando 217 Int| La Noche de Difuntos, me despertó a no sé qué hora el doble 218 II | alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he muerto 219 II | Ya ha prendido el de una desposada; mi padre se lo regaló a 220 III| eterna a Beatriz. Al fin, despuntó la aurora. Vuelta de su 221 II | debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.~Las viejas, 222 I | reto, y nada fue a parte a detener a los unos en su manía de 223 II | quiso o aparentó querer detenerlo, el joven había desaparecido.~ 224 I | sus placeres. Los segundos determinaron organizar una gran batida 225 II | presente de manos de un deudo..., que aún puede ir a Roma 226 III| la mañana había aparecido devorado por los lobos entre las 227 II | gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste a buscar 228 II | iluminada por un pensamiento diabólico:~- ¿Por qué no? - exclamó 229 II | minutos, el interrumpido diálogo tornó a reanudarse de este 230 II | sonrisa imperceptible se dibujó en los labios de Beatriz, 231 II | qué emblema de su color me dijiste que era la divisa de tu 232 III| ladridos de los perros se dilataban en las ráfagas de aire, 233 III| las direcciones, y cuando dilatándolas las fijaba en un punto, 234 II | se lo regaló a la que me dio el ser, y ella lo llevó 235 II | al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto la 236 II | solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir el 237 III| que se movían en todas las direcciones, y cuando dilatándolas las 238 II | y con voz firme exclamó, dirigiéndose a la hermosa, que estaba 239 III| a su alrededor, y ya se disponía a reírse de sus temores 240 I | a la comitiva a bastante distancia. Mientras duraba el camino, 241 III| Soria, unas cerca, y otras distantes, doblaban tristemente por 242 II | ascendientes, he llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos 243 III| momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la 244 II | color me dijiste que era la divisa de tu alma?~- Si.~- ¡Pues... 245 II | miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la oración ha sonado en 246 Int| despertó a no sé qué hora el doble de las campanas. Su tañido 247 III| la lámpara y cruzado las dobles cortinas de seda, se durmió; 248 III| y por una voz ahogada y doliente. El viento gemía en los 249 | dónde 250 II | un profundo silencio.~Las dueñas referían, a propósito de 251 II | ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del monte comenzarán 252 I | bastante distancia. Mientras duraba el camino, Alonso narró 253 I | mía al paso, y mientras dure el camino te contaré esa 254 III| a una de las columnas de ébano del lecho, desencajados 255 III| palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, 256 II | como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche..., ¿a qué ocultártelo?, 257 II | cacería, y que no sé qué emblema de su color me dijiste que 258 I | cazar y a los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada 259 II | y el viento azotaba los emplomados vidrios de las ojivas del 260 III| su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, después de haber 261 II | largo silencio en que se encontraban, Pronto vamos a separarnos, 262 III| Monte de las Animas, la encontraron inmóvil; asida con ambas 263 IV | y de los nobles de Soria enterrados en el atrio de la capilla 264 I | monte, y en cuyo atrio se enterraron juntos amigos y enemigos, 265 | entonces 266 III| desencajados los ojos, entreabierta la boca, blancos los labios, 267 II | luego prosiguió, con voz entrecortada y sorda - : Tú lo sabes, 268 II | inclinada sobre el hogar, entreteniéndose en revolver el fuego:~- 269 I | las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, 270 | eran 271 | esas 272 III| en la ropa que la cubría, escondió la cabeza y contuvo el aliento.~ 273 Int| pasar el rato, me decidí a escribirla, como en efecto lo hice.~ 274 Int| en que acaeció, y la he escrito volviendo algunas veces 275 III| por la frente, tornaba a escuchar; nada, silencio.~Veía, con 276 III| fuera de las cortinas y escuchó un momento. Oía mil ruidos 277 III| pero en vano había hecho un esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió 278 I | zarzales. Los ciervos braman espantados, los lobos aúllan, las culebras 279 I | cacería. Fue una batalla espantosa: el monte quedó sembrado 280 II | la recargó de un modo tan especial, que Alonso no pudo menos 281 II | cuentos temerosos, en que los espectros y los aparecidos representaban 282 II | indescriptible expresión de temor y esperanza.~- No sé... En el monte 283 I | ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, 284 I | prohibiciones de los clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos. 285 I | fermentó por algunos años, y estalló al fin, un odio profundo. 286 I | día de Todos los Santos y estamos en el Monte de las Animas.~- ¡ 287 II | tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre 288 | estas 289 III| iban sonando por su orden; éstas con un ruido sordo y grave, 290 I | los otros en su empeño de estorbarlo. La proyectada expedición 291 | estos 292 I | se perdió por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.~ 293 Int| cristales de mi balcón, estremecidos por el aire de la noche.~ 294 III| fatigosas, que casi se siente, estremecimientos involuntarios que anuncian 295 IV | punto de la oración con un estrépito horrible, y, caballeros 296 III| chirrido agudo, prolongado y estridente.~Primero unas y luego las 297 III| la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin, despuntó 298 III| Difuntos a los que ya no existen.~Después de haber apagado 299 I | estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. No se acordaron 300 II | ligeramente los labios y extendió la mano para tomar la joya, 301 I | lobos, a quienes se quiso exterminar, tuvieron un sangriento 302 III| silencio lleno de rumores extraños, el silencio de la medianoche; 303 IV | este suceso, un cazador extraviado que pasó la noche de Difuntos 304 I | dos jóvenes llegaban al extremo del puente que da paso a 305 II | de la lumbre conversaban familiarmente, y el viento azotaba los 306 III| se ahogan, respiraciones fatigosas, que casi se siente, estremecimientos 307 I | los hidalgos de la ciudad fermentó por algunos años, y estalló 308 I | tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino la 309 IV | corceles, perseguir como a una fiera a una mujer hermosa y pálida 310 II | volaría gozoso como a una fiesta; y, sin embargo, esta noche..., ¿ 311 III| cuando dilatándolas las fijaba en un punto, nada; oscuridad 312 II | en su corazón, y con voz firme exclamó, dirigiéndose a 313 II | las malezas que cubren sus fosas... ¡Las ánimas!, cuya sola 314 III| silencio.~Veía, con esa fosforescencia de la pupila en las crisis 315 II | por la pompa de la Corte francesa, donde hasta aquí has vivido 316 II | lobos!~Al decir esta última frase la recargó de un modo tan 317 II | Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia: todo un carácter 318 III| cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos 319 II | ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan oscura, 320 III| del balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un 321 III| temblorosa, adelantó la cabeza fuera de las cortinas y escuchó 322 II | habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, como mis 323 II | mía... ¿Te acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias 324 II | varias veces, acaso por algún galán de tu lejano señorío.~Beatriz 325 II | caballo que se alejaba al galope. La hermosa, con una radiante 326 III| ahogada y doliente. El viento gemía en los vidrios de la ventana.~- 327 II | ajenas a la conversación general: Beatriz y Alonso. Beatriz 328 III| miedosa como esas pobres gentes cuyo corazón palpita de 329 II | señorío.~Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia: todo 330 II | sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡Qué 331 II | manteles; la alta chimenea gótica del palacio de los condes 332 III| habían crujido sobre sus goznes con chirrido agudo, prolongado 333 II | por esa banda, y volaría gozoso como a una fiesta; y, sin 334 II | cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por haberte devuelto 335 I | determinaron organizar una gran batida en el coto, a pesar 336 III| éstas con un ruido sordo y grave, y aquellas con un lamento 337 III| lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y rebujándose en 338 IV | sangrientos, y arrojando gritos de horror, daba vueltas 339 II | pupilas de Beatriz.~Ambos guardaban hacía rato un profundo silencio.~ 340 II | mi mano. Yo conozco sus guaridas y sus costumbres, y he combatido 341 II | diversión, imagen de la guerra, todos los bríos de mi juventud, 342 II | sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y 343 I | río. Los Templarios eran guerreros y religiosos a la vez. Conquistada 344 II | patriarcales, sé que no te gustan; te he oído suspirar varias 345 III| menos de una hora pudiera haberlo hecho.~- ¡Habrá tenido miedo! - 346 II | a dar gracias a Dios por haberte devuelto la salud que viniste 347 II | rey de los cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas 348 III| puertas que daban paso a su habitación iban sonando por su orden; 349 II | toscas y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales, 350 II | adónde.~Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible 351 II | cascada voz de las viejas que hablaban de brujas y de trasgos, 352 III| pudiera haberlo hecho.~- ¡Habrá tenido miedo! - exclamó 353 II | Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil veces. En la ciudad, 354 I | I~- Atad los perros, haced la señal con las trompas 355 I | por la parte del puente, haciendo en ello notable agravio 356 Int| cigarro en la boca, no le hará mucho efecto a los lectores 357 II | dejarme un recuerdo, ¿no lo harás? - dijo él, clavando una 358 II | manos vacías.~El acento helado con que Beatriz pronunció 359 II | cuya sola vista puede helar de terror la sangre del 360 II | juventud, todo el ardor hereditario de mi raza. La alfombra 361 II | cautivó tu atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo 362 Int| escribirla, como en efecto lo hice.~A las doce de la mañana, 363 I | nueva y poderosa Orden y los hidalgos de la ciudad fermentó por 364 II | miraba el reflejo de la hoguera chispear en las azules pupilas 365 II | fantástica carrera como una hoja que arrastra el viento sin 366 II | ésta, llevándose la mano al hombro derecho, como para buscar 367 IV | oración con un estrépito horrible, y, caballeros sobre osamentas 368 I | aúllan, las culebras dan horrorosos silbidos. Y al otro día 369 I | nobles de Castilla, que así hubieran solos sabido defenderla 370 II | de Beatriz, que, cuando hubo concluido, exclamó en un 371 I | impresas en la nieve las huellas de los descarnados pies 372 III| crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, se acercaban, 373 II | nadie dirá que me ha visto huir el peligro en ninguna ocasión. 374 I | I~- Atad los perros, haced 375 III| daban paso a su habitación iban sonando por su orden; éstas 376 III| algunos de los rezos que la Iglesia consagra en el día de Difuntos 377 II | papel; y las campanas de las iglesias de Soria doblaban a lo lejos 378 I | No, hermosa prima. Tú ignoras cuanto sucede en este país, 379 II | II~Los servidores acababan 380 III| III~Había asado una hora, dos, 381 II | brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento diabólico:~- ¿ 382 II | despedía un vivo resplandor, iluminando algunos grupos de damas 383 III| aterrada. Ya no era una ilusión: las colgaduras de brocado 384 II | llevado a esta diversión, imagen de la guerra, todos los 385 Int| Una vez aguijoneada la imaginación es un caballo que se desboca 386 III| oscuridad de las sombras impenetrables.~- ¡Bah! - exclamó, volviendo 387 I | al otro día se han visto impresas en la nieve las huellas 388 II | hermosa, que estaba aún inclinada sobre el hogar, entreteniéndose 389 II | dónde? - preguntó Alonso, incorporándose de su asiento y con una 390 III| sí misma. Pronto volvió a incorporarse, más pálida, más inquieta, 391 I | comitiva, la cual, después de incorporársele los dos jinetes, se perdió 392 II | de su asiento y con una indescriptible expresión de temor y esperanza.~- 393 II | Beatriz hizo un gesto de fría indiferencia: todo un carácter de mujer 394 II | concluido, exclamó en un tono indiferente y mientras atizaba el fuego 395 II | oro, y después, con una infantil expresión de sentimiento, 396 III| voces confusas, palabras ininteligibles; ecos de pasos que van y 397 III| incorporarse, más pálida, más inquieta, más aterrada. Ya no era 398 III| se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.~Las doce 399 III| Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa 400 III| lecho, después de haber intentado inútilmente murmurar algunos 401 Int| que oí hace poco en Soria.~Intenté dormir de nuevo. ¡Imposible! 402 III| aparecidos?~Y cerrando los ojos, intentó dormir...: pero en vano 403 II | cabo de algunos minutos, el interrumpido diálogo tornó a reanudarse 404 I | sangriento festín. Por último, intervino la autoridad del rey: el 405 Int| Introducción~La Noche de Difuntos, me 406 III| después de haber intentado inútilmente murmurar algunos de los 407 III| siente, estremecimientos involuntarios que anuncian la presencia 408 II | comprender toda su amarga ironía; movido como por un resorte 409 IV | IV~Dicen que después de acaecido 410 I | de incorporársele los dos jinetes, se perdió por entre las 411 I | los muertos, envueltas en jirones de sus sudarios, corren 412 II | extendió la mano para tomar la joya, sin añadir una palabra.~ 413 II | buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de 414 II | oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas del 415 I | relación de Alonso concluyó justamente cuando los dos jóvenes llegaban 416 II | guerra, todos los bríos de mi juventud, todo el ardor hereditario 417 I | paso a la ciudad por aquel lado. Allí esperaron al resto 418 III| grave, y aquellas con un lamento largo y crispador. Después, 419 III| Después de haber apagado la lámpara y cruzado las dobles cortinas 420 III| orilla de su lecho. Beatriz lanzó un grito agudo, y rebujándose 421 III| tranquilizarse.~Pero su corazón latía cada vez con más violencia, 422 | le 423 Int| hará mucho efecto a los lectores de El Contemporáneo. Yo 424 III| balcón; el agua de la fuente lejana caía y caía con un rumor 425 I | el rey los hizo venir de lejanas tierras para defender la 426 II | acaso por algún galán de tu lejano señorío.~Beatriz hizo un 427 III| silencio de la medianoche; lejanos ladridos de perros, voces 428 II | donde saltaba y crujía la leña, arrojando chispas de mil 429 IV | en el atrio de la capilla levantarse al punto de la oración con 430 III| exclamó la joven, cerrando su libro de oraciones y encaminándose 431 II | el mío?~Beatriz se mordió ligeramente los labios y extendió la 432 III| durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.~Las doce sonaron 433 II | pensamiento, los caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo 434 I | clérigos con espuelas, como llamaban a sus enemigos. Cundió la 435 I | esqueletos. Por eso en Soria lo llamamos el Monte de las Animas, 436 II | para siempre; las áridas llanuras de Castilla, sus costumbres 437 I | entonces dicen que cuando llega la noche de Difuntos se 438 I | justamente cuando los dos jóvenes llegaban al extremo del puente que 439 III| Alonso.~Cuando sus servidores llegaron, despavoridos, a notificarle 440 III| un silencio; un silencio lleno de rumores extraños, el 441 II | como mis ascendientes, he llevado a esta diversión, imagen 442 II | qué no? - exclamó ésta, llevándose la mano al hombro derecho, 443 II | separarnos, quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas 444 II | acuerdas de la banda azul que llevé hoy a la cacería, y que 445 II | Eso, de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora al monte por 446 Int| Contemporáneo. Yo la oí en el mismo lugar en que acaeció, y la he 447 II | caballeros que alrededor de la lumbre conversaban familiarmente, 448 I | como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello no 449 III| oía crujir una cosa como madera o hueso. Y se acercaban, 450 I | tendrían presente tantas madres como arrastraron sendos 451 I | Moncayo han arrojado de sus madrigueras, pero hoy es imposible. 452 I | Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, y todos juntos 453 I | autoridad del rey: el monte, maldita ocasión de tantas desgracias, 454 II | los pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de 455 I | detener a los unos en su manía de cazar y a los otros en 456 II | acababan de levantar los manteles; la alta chimenea gótica 457 I | convento ves allí, a la margen del río. Los Templarios 458 II | quisiera que llevases una memoria mía... ¿Te acuerdas cuando 459 III| azul del lecho. ¿Soy yo tan miedosa como esas pobres gentes 460 III| los labios, rígidos los miembros, muerta, ¡muerta de horror!~ 461 Int| y eterno me trajo a las mientes esta tradición que oí hace 462 II | caprichos de la llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera 463 | misma 464 I | lobos que las nieves del Moncayo han arrojado de sus madrigueras, 465 I | de Borges y de Alcudiel montaron en sus magníficos caballos, 466 II | aceptar el mío?~Beatriz se mordió ligeramente los labios y 467 IV | que al otro día, antes de morir, pudo contar lo que viera, 468 III| desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: 469 III| nerviosas, como bultos que se movían en todas las direcciones, 470 II | comprender toda su amarga ironía; movido como por un resorte se puso 471 III| acercaban, se acercaban, y se movió el reclinatorio que estaba 472 | mucho 473 III| despavoridos, a notificarle la muerte del primogénito de Alcudiel, 474 II | despojos de fieras que he muerto por mi mano. Yo conozco 475 I | y que las ánimas de los muertos, envueltas en jirones de 476 III| haber intentado inútilmente murmurar algunos de los rezos que 477 II | el Monte de las Animas! - murmuró, palideciendo y dejándose 478 II | caballo, solo y en batida, y nadie dirá que me ha visto huir 479 I | duraba el camino, Alonso narró en estos términos la prometida 480 I | abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir a sus placeres. 481 III| la pupila en las crisis nerviosas, como bultos que se movían 482 III| sueño inquieto, ligero, nervioso.~Las doce sonaron en el 483 I | han visto impresas en la nieve las huellas de los descarnados 484 I | rebaño de lobos que las nieves del Moncayo han arrojado 485 II | colores.~- ¡Oh! Eso, de ningún modo. ¡Qué locura! ¡Ir ahora 486 | ninguna 487 III| de ellas, pronunciar su nombre; pero lejos, muy lejos, 488 III| ve y cuya aproximación se nota, no obstante, en la oscuridad.~ 489 I | puente, haciendo en ello notable agravio a sus nobles de 490 III| llegaron, despavoridos, a notificarle la muerte del primogénito 491 I | Entre los caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos 492 Int| Soria.~Intenté dormir de nuevo. ¡Imposible! Una vez aguijoneada 493 III| aproximación se nota, no obstante, en la oscuridad.~Beatriz, 494 II | embargo, esta noche..., ¿a qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las 495 I | años, y estalló al fin, un odio profundo. Los primeros tenían 496 II | chispas de mil colores.~- ¡Oh! Eso, de ningún modo. ¡Qué 497 III| joven, cerrando su libro de oraciones y encaminándose a su lecho, 498 I | Los segundos determinaron organizar una gran batida en el coto, 499 II | una radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus 500 III| reclinatorio que estaba a la orilla de su lecho. Beatriz lanzó