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| Gustavo Adolfo Bécquer El monte de las ánimas IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Capítulo
501 II | de terciopelo bordado de oro, y después, con una infantil 502 IV | horrible, y, caballeros sobre osamentas de corceles, perseguir como 503 I | por entre las estrechas y oscuras calles de Soria.~ 504 | Otra 505 | otros 506 I | la noche de Difuntos se oye doblar sola la campana de 507 II | ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas doblan, la 508 II | el de una desposada; mi padre se lo regaló a la que me 509 I | contaré esa historia.~Los pajes se reunieron en alegres 510 II | la joya, sin añadir una palabra.~Los dos jóvenes volvieron 511 II | alta chimenea gótica del palacio de los condes de Alcudiel 512 II | de las Animas! - murmuró, palideciendo y dejándose caer sobre el 513 III| ojos se desencajaron y una palidez mortal descoloró sus mejillas: 514 III| pobres gentes cuyo corazón palpita de terror bajo una armadura 515 II | representaban el principal papel; y las campanas de las iglesias 516 III| ojos. Creía haber oído, a par de ellas, pronunciar su 517 II | salón.~Solas dos personas parecían ajenas a la conversación 518 III| porque la noche aquella pareció eterna a Beatriz. Al fin, 519 III| mil ruidos diversos; se pasaba la mano por la frente, tornaba 520 III| a reírse de sus temores pasados, cuando de repente un sudor 521 Int| tirarlo de la rienda. Por pasar el rato, me decidí a escribirla, 522 III| ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir 523 II | sus hábitos sencillos y patriarcales, sé que no te gustan; te 524 II | que me ha visto huir el peligro en ninguna ocasión. Otra 525 II | perdido! Se ha perdido, y pensaba dejártela como un recuerdo.~- ¡ 526 II | presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, quisiera 527 II | que se debilitaba, que se perdía, que se desvaneció por último.~ 528 I | incorporársele los dos jinetes, se perdió por entre las estrechas 529 IV | sobre osamentas de corceles, perseguir como a una fiera a una mujer 530 II | ojivas del salón.~Solas dos personas parecían ajenas a la conversación 531 I | hoy llaman de las Animas pertenecía a los Templarios, cuyo convento 532 I | gran batida en el coto, a pesar de las severas prohibiciones 533 II | mi raza. La alfombra que pisan tus pies son despojos de 534 I | necesidades y contribuir a sus placeres. Los segundos determinaron 535 II | buscar alguna cosa entre los pliegues de su ancha manga de terciopelo 536 II | El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó tu atención. ¡ 537 III| yo tan miedosa como esas pobres gentes cuyo corazón palpita 538 | pocos 539 IV | la noche de Difuntos sin poder salir del Monte de las Animas, 540 I | caballeros de la nueva y poderosa Orden y los hidalgos de 541 II | cazadores. No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los 542 II | labios.~- Tal vez por la pompa de la Corte francesa, donde 543 I | Refrena tu yegua, yo también pondré la mía al paso, y mientras 544 III| Será el viento – dijo - , y poniéndose la mano sobre su corazón 545 III| sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó entre sueños 546 I | hijos Beatriz y Alonso, que precedían a la comitiva a bastante 547 II | ha perdido! ¿Y dónde? - preguntó Alonso, incorporándose de 548 II | hermosa, pero en mi país una prenda recibida compromete una 549 II | oscura cabellera! Ya ha prendido el de una desposada; mi 550 III| involuntarios que anuncian la presencia de algo que no se ve y cuya 551 II | hoy es día de ceremonias y presentes. ¿Quieres aceptar el mío?~ 552 II | joven. De un modo o de otro, presiento que no tardaré en perderte... 553 II | que coloreó sus mejillas, prestó oído a aquel rumor que se 554 III| prolongado y estridente.~Primero unas y luego las otras más 555 III| notificarle la muerte del primogénito de Alcudiel, que por la 556 II | aparecidos representaban el principal papel; y las campanas de 557 II | No habiendo aún podido probar mis fuerzas en los combates, 558 III| la mano sobre su corazón procuró tranquilizarse.~Pero su 559 I | a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos con espuelas, 560 III| goznes con chirrido agudo, prolongado y estridente.~Primero unas 561 I | narró en estos términos la prometida historia:- ~- Ese monte 562 III| haber oído, a par de ellas, pronunciar su nombre; pero lejos, muy 563 II | acento helado con que Beatriz pronunció estas palabras turbó un 564 II | Las dueñas referían, a propósito de la noche de Difuntos, 565 II | Monte de las Animas! - luego prosiguió, con voz entrecortada y 566 I | empeño de estorbarlo. La proyectada expedición se llevó a cabo. 567 III| querer, en menos de una hora pudiera haberlo hecho.~- ¡Habrá 568 II | tuyo se celebra el mío, y puedes, sin atar tu voluntad, dejarme 569 III| colgaduras de brocado de la puerta habían rozado al separarse, 570 | Pues 571 III| esa fosforescencia de la pupila en las crisis nerviosas, 572 II | hoguera chispear en las azules pupilas de Beatriz.~Ambos guardaban 573 II | movido como por un resorte se puso en pie, se pasó la mano 574 II | dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, y volvióse 575 I | batalla espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres. Los 576 I | las Animas, y por eso he querido salir de él antes que cierre 577 | quienes 578 Int| noche.~Sea de ello lo que quiera, allá va, como el caballo 579 II | perderte... Al separarnos, quisiera que llevases una memoria 580 II | galope. La hermosa, con una radiante expresión de orgullo satisfecho 581 III| perros se dilataban en las ráfagas de aire, y las campanas 582 II | dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando quiso o aparentó 583 III| cabeza sobre la almohada de raso azul del lecho. ¿Soy yo 584 III| los ojos a los primeros rayos de la luz. Después de una 585 II | ardor hereditario de mi raza. La alfombra que pisan tus 586 II | interrumpido diálogo tornó a reanudarse de este modo:~- Y antes 587 I | dejara yo de concluir con ese rebaño de lobos que las nieves 588 III| lanzó un grito agudo, y rebujándose en la ropa que la cubría, 589 II | decir esta última frase la recargó de un modo tan especial, 590 II | pero en mi país una prenda recibida compromete una voluntad. 591 III| exclamó, volviendo a recostar su hermosa cabeza sobre 592 II | profundo silencio.~Las dueñas referían, a propósito de la noche 593 IV | pudo contar lo que viera, refirió cosas terribles. Entre otras, 594 II | llama. Alonso miraba el reflejo de la hoguera chispear en 595 I | venido a él desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré 596 II | desposada; mi padre se lo regaló a la que me dio el ser, 597 III| alrededor, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados, 598 I | que cierre la noche.~La relación de Alonso concluyó justamente 599 II | prima, que brilló como un relámpago, iluminada por un pensamiento 600 III| Las doce sonaron en el reloj del Postigo. Beatriz oyó 601 III| temores pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su 602 II | espectros y los aparecidos representaban el principal papel; y las 603 I | acotado ese monte, donde reservaban caza abundante para satisfacer 604 II | ironía; movido como por un resorte se puso en pie, se pasó 605 III| suspiros que se ahogan, respiraciones fatigosas, que casi se siente, 606 II | Alcudiel despedía un vivo resplandor, iluminando algunos grupos 607 I | lado. Allí esperaron al resto de la comitiva, la cual, 608 III| sonar, cuando Beatriz se retiró a su oratorio. Alonso no 609 I | enemigos. Cundió la voz del reto, y nada fue a parte a detener 610 I | las trompas para que se reúnan los cazadores y demos la 611 I | esa historia.~Los pajes se reunieron en alegres y bulliciosos 612 II | un carácter de mujer se reveló en aquella desdeñosa contracción 613 II | hogar, entreteniéndose en revolver el fuego:~- Adiós, Beatriz, 614 III| murmurar algunos de los rezos que la Iglesia consagra 615 Int| que no sirve tirarlo de la rienda. Por pasar el rato, me decidí 616 III| boca, blancos los labios, rígidos los miembros, muerta, ¡muerta 617 I | ves allí, a la margen del río. Los Templarios eran guerreros 618 II | deudo..., que aún puede ir a Roma sin volver con las manos 619 II | exclamó, al fin, Alonso, rompiendo el largo silencio en que 620 III| agudo, y rebujándose en la ropa que la cubría, escondió 621 III| van y vienen, crujir de ropas que arrastran, suspiros 622 III| brocado de la puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas 623 III| por su orden; éstas con un ruido sordo y grave, y aquellas 624 III| escuchó un momento. Oía mil ruidos diversos; se pasaba la mano 625 I | monte.~- ¡En esa capilla ruinosa! ¡Bah! ¿Quieres asustarme?~- 626 III| silencio; un silencio lleno de rumores extraños, el silencio de 627 II | entrecortada y sorda - : Tú lo sabes, porque lo habrás oído mil 628 I | que así hubieran solos sabido defenderla corno solos la 629 II | vidrios de las ojivas del salón.~Solas dos personas parecían 630 II | el fuego del hogar, donde saltaba y crujía la leña, arrojando 631 II | por haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta 632 II | la oración ha sonado en San Juan del Duero, las ánimas 633 II | puede helar de terror la sangre del más valiente, tornar 634 III| reclinatorio había visto, sangrienta y desgarrada, la banda azul 635 I | exterminar, tuvieron un sangriento festín. Por último, intervino 636 IV | con los pies desnudos y sangrientos, y arrojando gritos de horror, 637 I | reservaban caza abundante para satisfacer sus necesidades y contribuir 638 II | radiante expresión de orgullo satisfecho que coloreó sus mejillas, 639 | Sea 640 II | Beatriz y Alonso. Beatriz seguía con los ojos, y absorta 641 I | contribuir a sus placeres. Los segundos determinaron organizar una 642 I | espantosa: el monte quedó sembrado de cadáveres. Los lobos, 643 II | Ir ahora al monte por semejante friolera! ¡Una noche tan 644 I | Atad los perros, haced la señal con las trompas para que 645 II | y guerreras, sus hábitos sencillos y patriarcales, sé que no 646 I | madres como arrastraron sendos lutos por sus hijos. Aquello 647 II | algún galán de tu lejano señorío.~Beatriz hizo un gesto de 648 Int| cabeza con miedo cuando sentía crujir los cristales de 649 II | una infantil expresión de sentimiento, añadió:~- ¿Te acuerdas 650 II | arrastra el viento sin que se sepa adónde.~Mientras el joven 651 III| puerta habían rozado al separarse, y unas pisadas lentas sonaban 652 III| clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del 653 | Será 654 III| lecho, tendió una mirada serena a su alrededor, y ya se 655 II | al joven que, después de serenarse, dijo con tristeza:~- Lo 656 I | el coto, a pesar de las severas prohibiciones de los clérigos 657 | Si 658 | sí 659 | siempre 660 III| respiraciones fatigosas, que casi se siente, estremecimientos involuntarios 661 III| hora, dos, la noche, un siglo, porque la noche aquella 662 I | caballos, y todos juntos siguieron a sus hijos Beatriz y Alonso, 663 I | culebras dan horrorosos silbidos. Y al otro día se han visto 664 Int| que se desboca y al que no sirve tirarlo de la rienda. Por 665 II | dejándose caer sobre el sitial. ¡En el Monte de las Animas! - 666 I | capilla de los religiosos, situada en el mismo monte, y en 667 II | de las ojivas del salón.~Solas dos personas parecían ajenas 668 II | noche, a pie y a caballo, solo y en batida, y nadie dirá 669 II | compromete una voluntad. Sólo en un día de ceremonia debe 670 III| nada; oscuridad de las sombras impenetrables.~- ¡Bah! - 671 II | alfombra que pisan tus pies son despojos de fieras que he 672 III| separarse, y unas pisadas lentas sonaban sobre la alfombra; el rumor 673 II | campanas doblan, la oración ha sonado en San Juan del Duero, las 674 III| paso a su habitación iban sonando por su orden; éstas con 675 III| medianoche estaba a punto de sonar, cuando Beatriz se retiró 676 I | imposible. Dentro de poco sonará la oración en los Templarios, 677 III| ligero, nervioso.~Las doce sonaron en el reloj del Postigo. 678 II | Mientras el joven hablaba, una sonrisa imperceptible se dibujó 679 II | con voz entrecortada y sorda - : Tú lo sabes, porque 680 III| de las campanas, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió 681 III| de raso azul del lecho. ¿Soy yo tan miedosa como esas 682 I | prima. Tú ignoras cuanto sucede en este país, porque aún 683 IV | después de acaecido este suceso, un cazador extraviado que 684 I | envueltas en jirones de sus sudarios, corren como en una cacería 685 III| pasados, cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus 686 III| durmió; se durmió con un sueño inquieto, ligero, nervioso.~ 687 III| Postigo. Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de las campanas, 688 II | esta tierra? El joyel que sujetaba la pluma de mi gorra cautivó 689 II | atención. ¡Qué hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura 690 II | no te gustan; te he oído suspirar varias veces, acaso por 691 III| de ropas que arrastran, suspiros que se ahogan, respiraciones 692 | también 693 I | los difuntos comenzarán a tañer su campana en la capilla 694 | tanto 695 II | de otro, presiento que no tardaré en perderte... Al separarnos, 696 III| oscuridad.~Beatriz, inmóvil, temblorosa, adelantó la cabeza fuera 697 II | noche de Difuntos, cuentos temerosos, en que los espectros y 698 III| disponía a reírse de sus temores pasados, cuando de repente 699 II | acuerdas cuando fuimos al templo a dar gracias a Dios por 700 III| cortinas de seda del lecho, tendió una mirada serena a su alrededor, 701 I | ella las fieras. Antes la tendrían presente tantas madres como 702 II | a qué ocultártelo?, tengo miedo. ¿Oyes? Las campanas 703 I | odio profundo. Los primeros tenían acotado ese monte, donde 704 III| haberlo hecho.~- ¡Habrá tenido miedo! - exclamó la joven, 705 II | pliegues de su ancha manga de terciopelo bordado de oro, y después, 706 I | camino, Alonso narró en estos términos la prometida historia:- ~- 707 IV | que viera, refirió cosas terribles. Entre otras, se asegura 708 III| una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz 709 II | viniste a buscar a esta tierra? El joyel que sujetaba la 710 I | los hizo venir de lejanas tierras para defender la ciudad 711 Int| desboca y al que no sirve tirarlo de la rienda. Por pasar 712 | tomar 713 II | concluido, exclamó en un tono indiferente y mientras atizaba 714 II | blancos o arrebatarlo en el torbellino de su fantástica carrera 715 III| pasaba la mano por la frente, tornaba a escuchar; nada, silencio.~ 716 II | sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos o arrebatarlo 717 II | el interrumpido diálogo tornó a reanudarse de este modo:~- 718 II | Castilla, sus costumbres toscas y guerreras, sus hábitos 719 Int| trajo a las mientes esta tradición que oí hace poco en Soria.~ 720 Int| tañido monótono y eterno me trajo a las mientes esta tradición 721 III| sobre su corazón procuró tranquilizarse.~Pero su corazón latía cada 722 II | hablaban de brujas y de trasgos, y el zumbido del aire que 723 III| Había asado una hora, dos, tres; la medianoche estaba a 724 III| otras distantes, doblaban tristemente por las ánimas de los difuntos.~ 725 II | después de serenarse, dijo con tristeza:~- Lo sé, prima; pero hoy 726 III| campanas, lentas, sordas, tristísimas, y entreabrió los ojos. 727 I | haced la señal con las trompas para que se reúnan los cazadores 728 IV | vueltas alrededor de la tumba de Alonso.~ 729 II | pronunció estas palabras turbó un momento al joven que, 730 | tus 731 I | quienes se quiso exterminar, tuvieron un sangriento festín. Por 732 II | de lobos!~Al decir esta última frase la recargó de un modo 733 | unos 734 Int| ello lo que quiera, allá va, como el caballo de copas.~ 735 II | sin volver con las manos vacías.~El acento helado con que 736 II | los ojos, y absorta en un vago pensamiento, los caprichos 737 II | terror la sangre del más valiente, tornar sus cabellos blancos 738 II | que se encontraban, Pronto vamos a separarnos, tal vez para 739 III| ininteligibles; ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas 740 III| intentó dormir...: pero en vano había hecho un esfuerzo 741 | varias 742 III| presencia de algo que no se ve y cuya aproximación se nota, 743 III| escuchar; nada, silencio.~Veía, con esa fosforescencia 744 II | hermoso estaría sujetando un velo sobre tu oscura cabellera! 745 I | aún no hace un año que has venido a él desde muy lejos. Refrena 746 I | árabes, el rey los hizo venir de lejanas tierras para 747 III| gemía en los vidrios de la ventana.~- Será el viento – dijo - , 748 I | Templarios, cuyo convento ves allí, a la margen del río. 749 III| Beatriz oyó entre sueños las vibraciones de las campanas, lentas, 750 III| ecos de pasos que van y vienen, crujir de ropas que arrastran, 751 IV | morir, pudo contar lo que viera, refirió cosas terribles. 752 II | haberte devuelto la salud que viniste a buscar a esta tierra? 753 IV | Entre otras, se asegura que vio a los esqueletos de los 754 III| corazón latía cada vez con más violencia, las puertas de alerce del 755 II | Las ánimas!, cuya sola vista puede helar de terror la 756 II | francesa, donde hasta aquí has vivido se apresuró a añadir el 757 II | de Alcudiel despedía un vivo resplandor, iluminando algunos 758 III| lejanos ladridos de perros, voces confusas, palabras ininteligibles; 759 II | aún puede ir a Roma sin volver con las manos vacías.~El 760 II | Alonso, Alonso! - dijo ésta, volviéndose con rapidez; pero cuando 761 II | palabra.~Los dos jóvenes volvieron a quedarse en silencio, 762 III| esfuerzo sobre sí misma. Pronto volvió a incorporarse, más pálida, 763 II | quedarse en silencio, y volvióse a oír la cascada voz de 764 IV | arrojando gritos de horror, daba vueltas alrededor de la tumba de 765 I | desde muy lejos. Refrena tu yegua, yo también pondré la mía 766 I | por entre las breñas y los zarzales. Los ciervos braman espantados, 767 II | ánimas aparecidas; el aire zumbaba en los vidrios del balcón, 768 II | brujas y de trasgos, y el zumbido del aire que hacía crujir