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Gustavo Adolfo Bécquer
La ajorca de oro

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
abrio-regin | reia-volvi

    Capítulo
1 III| temerosos y extraños.~Al fin abrió los ojos, tendió una mirada, 2 III| pero para esto era preciso abrir los ojos, y Pedro tenía 3 II | Regina. Yo rezaba, rezaba absorta en mis pensamientos religiosos, 4 III| tuvo lugar la escena que acabamos de referir se celebraba 5 I | esta maravillosa historia acaecida hace muchos años, no dice 6 I | muchos años, no dice nada más acerca de los personajes que fueron 7 II | llorar.~Pedro, entonces, acercándose a María le tomó una mano, 8 III| Pedro como fuera de sí, y se acercó al ara; y trepando por ella, 9 II | fija en la imaginación. Me acosté para dormir; no pude... 10 III| trepando por los machones, acurrucados en los doseles, suspendidos 11 III| dominaba su emoción, se adelantó un hombre que vino deslizándose 12 II | no era la Virgen que yo adoro y ante quien me humillo; 13 II | sólo el monótono ruido del agua interrumpía el alto silencio.~ 14 III| tendió una mirada, y un grito agudo se escapó de sus labios. 15 III| profundos hasta las más altas agujas que lo coronan, entonces 16 II | espantada de una idea.~- ¡Ah! ¿Por qué no la posee otra 17 II | comprenderme. Hay deseos que se ahogan en nuestra alma de mujer, 18 II | fija aquí, entonces como ahora, semejante a un clavo ardiendo, 19 III| pedrería; sus gradas, de alfombras, y sus pilares, de tapices.~ 20 | algunos 21 III| todo un mundo de reptiles y alimañas de granito, quiméricos, 22 III| La consunción material se alivia respirando el aire puro 23 I | María Antúnez; él, Pedro Alonso de Orellana. Los dos eran 24 III| profundos hasta las más altas agujas que lo coronan, entonces 25 II | del agua interrumpía el alto silencio.~María exclamó:~ 26 II | aquel pensamiento... Al amanecer se cerraron mis párpados, 27 II | obstinado silencio dijo a su amante con voz sorda y entrecortada:~ 28 III| había pasado entre los dos amantes para que se arrestara, al 29 II | rojas y azules, verdes y amarillas, volteaban alrededor de 30 I | de cronista verídico, no añadiré ni una sola palabra de mi 31 III| murmuró en voz baja, y quiso andar y no pudo. Parecía que sus 32 III| Dios, que vive en él, y lo anima con su soplo, y lo llena 33 I | historia acaecida hace muchos años, no dice nada más acerca 34 I | época. Ella se llamaba María Antúnez; él, Pedro Alonso de Orellana. 35 III| direcciones, ya se habían apagado las luces de las capillas 36 II | descansa su Divino Hijo... Yo aparté la vista y torné a rezar... ¡ 37 II | prosiguió con acento enérgico y apasionado - . ¿Por qué no la tiene 38 III| entre sus manos, y al verlos aproximarse exclamó con una estridente 39 | aquí 40 II | apoyó el codo en el pretil árabe desde donde la hermosa miraba 41 III| el templo todo, con sus arcadas de granito y sus machones 42 III| tapices.~Entonces cuando arden despidiendo un torrente 43 II | ahora, semejante a un clavo ardiendo, diabólica, incontrastable, 44 III| las voces del coro y la armonía de los órganos y las campanas 45 II | un círculo de estrellas arrancadas del cielo de una noche de 46 III| movimiento convulsivo, y le arrancó la ajorca, la ajorca de 47 III| como roce de telas que se arrastran, como rumor de pasos que 48 III| mortuorios, mientras que, arrastrándose por las losas, trepando 49 III| dos amantes para que se arrestara, al fin, a poner por obra 50 III| su inspiración y de sus artes.~En su seno viven el silencio, 51 III| hinojos sobre sus tumbas, los arzobispos de mármol que él había visto 52 II | oro, resplandecía como un ascua de fuego; las notas del 53 I | encuentran martirios, amor que se asemeja a la felicidad y que, no 54 III| puro de las montañas; el ateísmo debe curarse respirando 55 II | llamaba sobre sí toda mi atención... No te rías...; aquel 56 III| debe curarse respirando su atmósfera de fe.~Pero si grande, si 57 II | piedras como un torbellino de átomos de fuego, como una vertiginosa 58 II | que el hombre no puede ni aun concebir. Te lo ruego, no 59 II | se la arrancaría para ti, aunque me costase la vida o la 60 II | diré, puesto que lo deseas. Ayer estuve en el templo. Se 61 II | flotaba como un velo de gasa azul, y sólo el monótono ruido 62 II | de chispas de luz rojas y azules, verdes y amarillas, volteaban 63 III| Adelante!, murmuró en voz baja, y quiso andar y no pudo. 64 | bajo 65 III| clavado en el pavimento. Bajó los ojos, y sus cabellos 66 III| de luz que, semejantes a blancos y gigantescos fantasmas, 67 III| parecía sonreír tranquila, bondadosa y serena en medio de tanto 68 III| Catedral de Toledo! Figuraos un bosque de gigantescas palmeras 69 III| entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal y magnífica, bajo 70 III| doseles, suspendidos en las bóvedas ululaba, como los gusanos 71 II | Madre de Dios en uno de los brazos en que descansa su Divino 72 II | mostrándome la joya. ¡Cómo brilla! Parece un círculo de estrellas 73 III| moribundas lámparas, que brillaban en el fondo de las naves 74 II | llamas que fascinan con su brillo y su increíble inquietud... 75 I | amaba con ese amor en que se busca un goce y sólo se encuentran 76 III| estaba allí para llevar a cabo su criminal propósito. En 77 III| los gusanos de un inmenso cadáver, todo un mundo de reptiles 78 I | fueron sus héroes.~Yo, en mi calidad de cronista verídico, no 79 III| esfuerzo para seguir en su camino; llegó a la verja y siguió 80 III| armonía de los órganos y las campanas de la torre estremecen el 81 III| imaginarios y reales.~Figuraos un caos incomprensible de sombra 82 III| apagado las luces de las capillas y del altar mayor, y las 83 III| cornisas, los endriagos de los capiteles, las fajas de sombras y 84 I | palabra de mi cosecha para caracterizarlos; mejor.~ 85 II | Salí del templo; vine a casa, pero vine con aquella idea 86 II | murmuró María con voz casi imperceptible - . ¡Nunca!~ 87 II | ruego, no me preguntes la causa de mi dolor; si te la revelase, 88 III| desgarrador y sobrehumano, y cayó desvanecido sobre el ara.~ 89 III| guerreros, damas, pajes, cenobitas y villanos se rodeaban y 90 | cerca 91 II | pensamiento... Al amanecer se cerraron mis párpados, y, ¿lo creerás?, 92 III| rechinado sobre sus goznes para cerrarse detrás del último toledano, 93 III| Tornó empero a dominarse, cerró los ojos para no verla, 94 III| como unos rumores confusos: chasquidos de madera tal vez, o murmullos 95 II | prodigiosa. Millones de chispas de luz rojas y azules, verdes 96 III| oscuridad. Sólo la Reina de los cielos, suavemente iluminada por 97 III| estremecen el edificio desde sus cimientos más profundos hasta las 98 II | Cómo brilla! Parece un círculo de estrellas arrancadas 99 III| verja del crucero. Allí, la claridad de una lámpara permitía 100 III| Parecía que sus pies se habían clavado en el pavimento. Bajó los 101 II | como ahora, semejante a un clavo ardiendo, diabólica, incontrastable, 102 II | tomó una mano, apoyó el codo en el pretil árabe desde 103 II | de la Virgen, su imagen, colocada en el altar mayor sobre 104 III| de las naves los rayos de colores de las ojivas donde lucha 105 III| ramas forman una bóveda colosal y magnífica, bajo la que 106 III| y del altar mayor, y las colosales puertas del templo habían 107 | Cómo 108 III| La catedral estaba sola, completamente sola y sumergida en un silencio 109 III| coronan, entonces es cuando se comprende, al sentirla, la tremenda 110 II | sabré contestarte ni tú comprenderme. Hay deseos que se ahogan 111 III| sonaban como sollozos que se comprimen, como roce de telas que 112 II | el hombre no puede ni aun concebir. Te lo ruego, no me preguntes 113 III| obra una idea que sólo al concebirla había erizado sus cabellos 114 III| tranquilizara un instante concluyó por infundirle temor, un 115 II | me costase la vida o la condenación. Pero a la Virgen del Sagrario, 116 III| luz, en donde se mezclan y confunden con las tinieblas de las 117 III| y villanos se rodeaban y confundían en las naves y en el altar. 118 III| percibían como unos rumores confusos: chasquidos de madera tal 119 I | amaba con ese amor que no conoce freno ni límite; la amaba 120 III| pasiones de la tierra. La consunción material se alivia respirando 121 II | preguntes, pues ni yo sabré contestarte ni tú comprenderme. Hay 122 | contra 123 III| sepulturas, los demonios de las cornisas, los endriagos de los capiteles, 124 II | en su mitra, el rey en su corona o el diablo entre sus garras? 125 III| más altas agujas que lo coronan, entonces es cuando se comprende, 126 III| rodillas, en el sudor que corría en anchas gotas por su frente, 127 I | ni una sola palabra de mi cosecha para caracterizarlos; mejor.~ 128 II | arrancaría para ti, aunque me costase la vida o la condenación. 129 III| prestado, el genio, toda una creación de seres imaginarios y reales.~ 130 III| porfía el tesoro de sus creencias; de su inspiración y de 131 II | cerraron mis párpados, y, ¿lo creerás?, aún en el sueño veía cruzar, 132 III| sepulcrales.~Por un momento creyó que una mano fría y descarnada 133 III| allí para llevar a cabo su criminal propósito. En su mirada 134 III| estaba en su poder; sus dedos crispados la oprimían con una fuerza 135 I | héroes.~Yo, en mi calidad de cronista verídico, no añadiré ni 136 III| sigilo hasta la verja del crucero. Allí, la claridad de una 137 II | suspiro; ideas locas que cruzan por nuestra imaginación, 138 II | creerás?, aún en el sueño veía cruzar, perderse y tornar de nuevo 139 | cualquier 140 III| que sus tabernáculos se cubren de oro y pedrería; sus gradas, 141 I | para la expiación de una culpa.~Ella era caprichosa, caprichosa 142 III| montañas; el ateísmo debe curarse respirando su atmósfera 143 III| día por el santuario, a cuya sombra descansan por toda 144 III| las tumbas de los reyes, cuyas imágenes de piedra, con 145 III| arzobispo, la ajorca de oro cuyo valor equivalía a una fortuna.~ 146 III| ángeles, demonios, guerreros, damas, pajes, cenobitas y villanos 147 III| las montañas; el ateísmo debe curarse respirando su atmósfera 148 II | corriente del río y tornó a decirle:~¿Por qué lloras?~El Tajo 149 II | de mí. ¿La ves? parecía decirme, mostrándome la joya. ¡Cómo 150 III| estaba en su poder; sus dedos crispados la oprimían con 151 III| misticismo y un santo honor que defiende sus umbrales contra los 152 III| de granito, quiméricos, deformes, horrorosos.~Ya no pudo 153 I | diabólica, que tal vez presta el demonio a algunos seres para hacerlos 154 III| Cuando al otro día los dependientes de la iglesia lo encontraron 155 III| sobre el que los siglos han derramado a porfía el tesoro de sus 156 II | uno de los brazos en que descansa su Divino Hijo... Yo aparté 157 III| santuario, a cuya sombra descansan por toda una eternidad. ¡ 158 III| creyó que una mano fría y descarnada lo sujetaba en aquel punto 159 III| no vistos ropajes, habían descendido de sus huecos y ocupaban 160 II | te lo diré, puesto que lo deseas. Ayer estuve en el templo. 161 II | ni tú comprenderme. Hay deseos que se ahogan en nuestra 162 III| segundo grito, un grito desgarrador y sobrehumano, y cayó desvanecido 163 III| adelantó un hombre que vino deslizándose con el mayor sigilo hasta 164 II | fascinador..., nunca, nunca. Desperté; pero con la misma idea 165 III| tapices.~Entonces cuando arden despidiendo un torrente de luz sus mil 166 III| como en los días en que despliega todas las galas de su pompa 167 III| desgarrador y sobrehumano, y cayó desvanecido sobre el ara.~Cuando al 168 III| sus goznes para cerrarse detrás del último toledano, cuando 169 II | el rey en su corona o el diablo entre sus garras? Yo se 170 II | en las mil facetas de sus diamantes, se reproducían de una manera 171 III| tan profunda como en los días en que despliega todas las 172 I | acaecida hace muchos años, no dice nada más acerca de los personajes 173 II | desde luego, en la imagen; digo mal; en la imagen, no; se 174 II | notas del órgano temblaban, dilatándose de eco en eco por el ámbito 175 II | pero no importa; te lo diré, puesto que lo deseas. Ayer 176 III| había dispersado en todas direcciones, ya se habían apagado las 177 I | felicidad y que, no obstante, diríase que lo infunde el Cielo 178 II | la cabeza y mi vista se dirigió al altar. No sé por qué 179 III| fieles; pero ya ésta se había dispersado en todas direcciones, ya 180 III| de una lámpara permitía distinguir sus facciones.~Era Pedro.~¿ 181 II | brazos en que descansa su Divino Hijo... Yo aparté la vista 182 II | qué?... Callas, callas y doblas la frente... ¿No te hace 183 II | preguntes la causa de mi dolor; si te la revelase, acaso 184 III| apoyó un instante mientras dominaba su emoción, se adelantó 185 III| sentido.~Tornó empero a dominarse, cerró los ojos para no 186 II | imaginación. Me acosté para dormir; no pude... Pasó la noche, 187 III| machones, acurrucados en los doseles, suspendidos en las bóvedas 188 II | incontrastable, inspirada sin duda por el mismo Satanás... ¿ 189 III| todo era tinieblas o luz dudosa, más imponente aún que la 190 | e 191 III| de la torre estremecen el edificio desde sus cimientos más 192 II | levantó la cabeza, que, en efecto, había inclinado, y dijo 193 III| instante mientras dominaba su emoción, se adelantó un hombre que 194 III| entonces había sentido.~Tornó empero a dominarse, cerró los ojos 195 III| piedra, con la mano en la empuñadura de la espada, parecen velar 196 III| dependientes de la iglesia lo encontraron al pie del altar, tenía 197 II | II~El la encontró un día llorando, y la preguntó:~¿ 198 I | busca un goce y sólo se encuentran martirios, amor que se asemeja 199 III| demonios de las cornisas, los endriagos de los capiteles, las fajas 200 II | prosiguió con acento enérgico y apasionado - . ¿Por qué 201 III| sombrío como sus tradiciones, enigmático como sus parábolas, y todavía 202 II | Por qué lloras?~Ella se enjugó los ojos, lo miró fijamente, 203 II | en el coro los sacerdotes entonaban el Salve, Regina. Yo rezaba, 204 II | su amante con voz sorda y entrecortada:~Tú lo quieres; es una locura 205 III| palmeras de granito que al entrelazar sus ramas forman una bóveda 206 III| ese eterno monumento del entusiasmo y de la fe de nuestros mayores, 207 I | todos los hombres de su época. Ella se llamaba María Antúnez; 208 III| ajorca de oro cuyo valor equivalía a una fortuna.~Ya la presea 209 | eran 210 III| sólo al concebirla había erizado sus cabellos de horror? 211 III| ojos, y sus cabellos se erizaron de horror; el suelo de la 212 III| mirada, y un grito agudo se escapó de sus labios. La catedral 213 III| día en que tuvo lugar la escena que acabamos de referir 214 III| gotas por su frente, llevaba escrito su pensamiento.~La catedral 215 III| sin cesar.~Pedro hizo un esfuerzo para seguir en su camino; 216 | esos 217 III| cerca, ya lejos, ora a sus espaldas, ora a su lado mismo, sonaban 218 II | instante el estado de su alma, espantada de una idea.~- ¡Ah! ¿Por 219 III| latieron con una violencia espantosa; una nube de sangre oscureció 220 III| piedra, inmenso como el espíritu de nuestra religión, sombrío 221 II | vertiginosa ronda de esos espíritus de las llamas que fascinan 222 II | se retrató un instante el estado de su alma, espantada de 223 | están 224 | estas 225 III| pálido, tan pálido como la estatua de la tumba en que se apoyó 226 | esto 227 III| las campanas de la torre estremecen el edificio desde sus cimientos 228 III| aproximarse exclamó con una estridente carcajada:- ~- ¡Suya, suya!~ 229 II | llorando.~Pedro fijó una mirada estúpida en la corriente del río; 230 II | puesto que lo deseas. Ayer estuve en el templo. Se celebraba 231 II | no pude... Pasó la noche, eterna con aquel pensamiento... 232 III| sombra descansan por toda una eternidad. ¡Adelante!, murmuró en 233 III| tendréis una idea remota de ese eterno monumento del entusiasmo 234 III| que oye y ve y palpa en su exaltación lo que no existe; pero la 235 III| sillería.~¡Adelante!, volvió a exclamar Pedro como fuera de sí, 236 III| su exaltación lo que no existe; pero la verdad era que 237 I | infunde el Cielo para la expiación de una culpa.~Ella era caprichosa, 238 II | carcajada.~Cuando estas palabras expiraron, ella tornó a inclinar la 239 II | objeto que, sin que pudiera explicármelo, llamaba sobre sí toda mi 240 III| los ojos para no verla, extendió la mano, con un movimiento 241 III| infundirle temor, un temor más extraño, más profundo que el que 242 III| pobladas de rumores temerosos y extraños.~Al fin abrió los ojos, 243 I | caprichosa, caprichosa y extravagante, como todas las mujeres 244 II | pasaba sin cesar ante sus extraviados ojos, quebrándose al pie 245 II | reflejándose en las mil facetas de sus diamantes, se reproducían 246 III| endriagos de los capiteles, las fajas de sombras y los rayos de 247 III| sabe?, acaso ilusión de la fantasía, que oye y ve y palpa en 248 III| a blancos y gigantescos fantasmas, se movían lentamente en 249 II | resplandece de un modo tan fantástico, tan fascinador..., nunca, 250 II | modo tan fantástico, tan fascinador..., nunca, nunca. Desperté; 251 II | espíritus de las llamas que fascinan con su brillo y su increíble 252 I | amor que se asemeja a la felicidad y que, no obstante, diríase 253 II | ose formularlas el labio, fenómenos incomprensibles de nuestra 254 III| una multitud inmensa de fieles; pero ya ésta se había dispersado 255 II | enjugó los ojos, lo miró fijamente, arrojó un suspiro y volvió 256 II | Y siguió llorando.~Pedro fijó una mirada estúpida en la 257 III| lámparas de plata; cuando flota en el aire una nube de incienso, 258 II | vecinos; la niebla de la tarde flotaba como un velo de gasa azul, 259 III| el suelo de la capilla lo formaban anchas y oscuras losas sepulcrales.~ 260 III| al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal y magnífica, 261 III| alrededor suyo se revestía de formas quiméricas y horribles; 262 II | imaginación, sin que ose formularlas el labio, fenómenos incomprensibles 263 III| cuyo valor equivalía a una fortuna.~Ya la presea estaba en 264 I | con ese amor que no conoce freno ni límite; la amaba con 265 III| momento creyó que una mano fría y descarnada lo sujetaba 266 III| volvió a exclamar Pedro como fuera de sí, y se acercó al ara; 267 I | acerca de los personajes que fueron sus héroes.~Yo, en mi calidad 268 III| oscuridad del santuario el fulgor de las lámparas.~Figuraos 269 III| que despliega todas las galas de su pompa religiosa, en 270 II | corona o el diablo entre sus garras? Yo se la arrancaría para 271 II | flotaba como un velo de gasa azul, y sólo el monótono 272 III| vida que le ha prestado, el genio, toda una creación de seres 273 III| Toledo! Figuraos un bosque de gigantescas palmeras de granito que 274 III| semejantes a blancos y gigantescos fantasmas, se movían lentamente 275 II | lloras?~El Tajo se retorcía gimiendo al pie del mirador, entre 276 I | amor en que se busca un goce y sólo se encuentran martirios, 277 III| sudor que corría en anchas gotas por su frente, llevaba escrito 278 III| habían rechinado sobre sus goznes para cerrarse detrás del 279 III| verja y siguió la primera grada de la capilla mayor. Alrededor 280 III| cubren de oro y pedrería; sus gradas, de alfombras, y sus pilares, 281 III| atmósfera de fe.~Pero si grande, si imponente se presenta 282 III| magnífica, bajo la que se guarece y vive, con la vida que 283 III| monjes, ángeles, demonios, guerreros, damas, pajes, cenobitas 284 III| bóvedas ululaba, como los gusanos de un inmenso cadáver, todo 285 | ha 286 I | demonio a algunos seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra.~ 287 III| sobre el que los siglos han derramado a porfía el tesoro 288 II | quieres; es una locura que te hará reír; pero no importa; te 289 | Hay 290 II | Patrona, yo..., yo, que he nacido en Toledo, ¡imposible, 291 I | personajes que fueron sus héroes.~Yo, en mi calidad de cronista 292 II | en que descansa su Divino Hijo... Yo aparté la vista y 293 III| presencia de los reyes, de hinojos sobre sus tumbas, los arzobispos 294 I | refiere esta maravillosa historia acaecida hace muchos años, 295 III| vienen sin cesar.~Pedro hizo un esfuerzo para seguir 296 I | valiente, como todos los hombres de su época. Ella se llamaba 297 III| del misticismo y un santo honor que defiende sus umbrales 298 III| nuestros ojos a cualquier hora que se penetra en su recinto 299 III| revestía de formas quiméricas y horribles; todo era tinieblas o luz 300 III| granito, quiméricos, deformes, horrorosos.~Ya no pudo resistir más. 301 III| habían descendido de sus huecos y ocupaban todo el ámbito 302 II | yo adoro y ante quien me humillo; era una mujer, otra mujer 303 I | I~Ella era hermosa, hermosa 304 II | revele más que un suspiro; ideas locas que cruzan por nuestra 305 II | II~El la encontró un día llorando, 306 III| III~¡La Catedral de Toledo! 307 III| de los cielos, suavemente iluminada por una lámpara de oro, 308 III| o, ¿quién sabe?, acaso ilusión de la fantasía, que oye 309 III| toda una creación de seres imaginarios y reales.~Figuraos un caos 310 II | murmuró María con voz casi imperceptible - . ¡Nunca!~Y siguió llorando.~ 311 II | que te hará reír; pero no importa; te lo diré, puesto que 312 III| sagrado, nunca produce una impresión tan profunda como en los 313 III| flota en el aire una nube de incienso, y las voces del coro y 314 II | cabeza, que, en efecto, había inclinado, y dijo con voz sorda:~- ¿ 315 II | expiraron, ella tornó a inclinar la frente y él a reiterar 316 III| reales.~Figuraos un caos incomprensible de sombra y luz, en donde 317 II | formularlas el labio, fenómenos incomprensibles de nuestra naturaleza misteriosa, 318 II | clavo ardiendo, diabólica, incontrastable, inspirada sin duda por 319 II | fascinan con su brillo y su increíble inquietud... Salí del templo; 320 III| carcajada:- ~- ¡Suya, suya!~El infeliz estaba loco.~ 321 I | obstante, diríase que lo infunde el Cielo para la expiación 322 III| un instante concluyó por infundirle temor, un temor más extraño, 323 III| traído a ella una multitud inmensa de fieles; pero ya ésta 324 III| aquella sonrisa muda e inmóvil que lo tranquilizara un 325 III| había visto otras veces inmóviles sobre sus lechos mortuorios, 326 III| propósito. En su mirada inquieta, en el temblor de sus rodillas, 327 II | su brillo y su increíble inquietud... Salí del templo; vine 328 I | hermosa con esa hermosura que inspira el vértigo, hermosa con 329 III| de sus creencias; de su inspiración y de sus artes.~En su seno 330 II | diabólica, incontrastable, inspirada sin duda por el mismo Satanás... ¿ 331 I | seres para hacerlos sus instrumentos en la tierra.~El la amaba; 332 II | monótono ruido del agua interrumpía el alto silencio.~María 333 III| aquel punto con una fuerza invencible. Las moribundas lámparas, 334 II | Imposible! Mis ojos se volvían involuntariamente al mismo punto. Las luces 335 II | del Sagrario! - repitió el joven con acento de terror - . ¡ 336 II | sin que ose formularlas el labio, fenómenos incomprensibles 337 III| grito agudo se escapó de sus labios. La catedral estaba llena 338 III| a sus espaldas, ora a su lado mismo, sonaban como sollozos 339 III| resistir más. Las sienes le latieron con una violencia espantosa; 340 III| veces inmóviles sobre sus lechos mortuorios, mientras que, 341 III| verdad era que ya cerca, ya lejos, ora a sus espaldas, ora 342 III| gigantescos fantasmas, se movían lentamente en el fondo de las naves, 343 II | religiosos, cuando maquinalmente levanté la cabeza y mi vista se 344 II | oprimió el puño de su espada, levantó la cabeza, que, en efecto, 345 I | amor que no conoce freno ni límite; la amaba con ese amor en 346 II | de esos espíritus de las llamas que fascinan con su brillo 347 III| para seguir en su camino; llegó a la verja y siguió la primera 348 III| allí, y estaba allí para llevar a cabo su criminal propósito. 349 II | arrojó un suspiro y volvió a llorar.~Pedro, entonces, acercándose 350 II | No me preguntes por qué lloro, no me lo preguntes, pues 351 II | más que un suspiro; ideas locas que cruzan por nuestra imaginación, 352 III| suya!~El infeliz estaba loco.~ 353 III| colores de las ojivas donde lucha y se pierde con la oscuridad 354 II | mis ojos se fijaron, desde luego, en la imagen; digo mal; 355 III| estatuas que, vestidas con luengos y no vistos ropajes, habían 356 III| El mismo día en que tuvo lugar la escena que acabamos de 357 III| confusos: chasquidos de madera tal vez, o murmullos del 358 II | ajorca de oro que tiene la Madre de Dios en uno de los brazos 359 II | luego, en la imagen; digo mal; en la imagen, no; se fijaron 360 II | diamantes, se reproducían de una manera prodigiosa. Millones de 361 III| ajorca de oro entre sus manos, y al verlos aproximarse 362 II | pensamientos religiosos, cuando maquinalmente levanté la cabeza y mi vista 363 I | tradición que refiere esta maravillosa historia acaecida hace muchos 364 III| tumbas, los arzobispos de mármol que él había visto otras 365 I | goce y sólo se encuentran martirios, amor que se asemeja a la 366 III| la tierra. La consunción material se alivia respirando el 367 III| entusiasmo y de la fe de nuestros mayores, sobre el que los siglos 368 III| tranquila, bondadosa y serena en medio de tanto horror.~Sin embargo, 369 I | cosecha para caracterizarlos; mejor.~ 370 II | nunca... Tendrás acaso otras mejores, más ricas, si es posible; 371 III| sombra y luz, en donde se mezclan y confunden con las tinieblas 372 III| pensamientos mundanos y las mezquinas pasiones de la tierra. La 373 | 374 III| los ojos, y Pedro tenía miedo de ver, de ver la imagen, 375 II | de una manera prodigiosa. Millones de chispas de luz rojas 376 III| ámbito de la iglesia y lo miraban con sus ojos sin pupila.~ 377 II | Ella se enjugó los ojos, lo miró fijamente, arrojó un suspiro 378 II | incomprensibles de nuestra naturaleza misteriosa, que el hombre no puede 379 III| se penetra en su recinto misterioso y sagrado, nunca produce 380 III| majestad, la poesía del misticismo y un santo honor que defiende 381 II | tiene el arzobispo en su mitra, el rey en su corona o el 382 II | ésta, que resplandece de un modo tan fantástico, tan fascinador..., 383 II | que me miraba y se reía mofándose de mí. ¿La ves? parecía 384 III| losas sepulcrales.~Por un momento creyó que una mano fría 385 III| ojos sin pupila.~Santos, monjes, ángeles, demonios, guerreros, 386 II | de gasa azul, y sólo el monótono ruido del agua interrumpía 387 III| respirando el aire puro de las montañas; el ateísmo debe curarse 388 II | imperial. El sol trasponía los montes vecinos; la niebla de la 389 III| idea remota de ese eterno monumento del entusiasmo y de la fe 390 II | nuevo una mujer, una mujer morena y hermosa, que llevaba la 391 III| una fuerza invencible. Las moribundas lámparas, que brillaban 392 III| inmóviles sobre sus lechos mortuorios, mientras que, arrastrándose 393 II | La ves? parecía decirme, mostrándome la joya. ¡Cómo brilla! Parece 394 III| gigantescos fantasmas, se movían lentamente en el fondo de 395 | muchos 396 III| embargo, aquella sonrisa muda e inmóvil que lo tranquilizara 397 I | extravagante, como todas las mujeres del mundo; él, supersticioso, 398 III| había traído a ella una multitud inmensa de fieles; pero 399 III| contra los pensamientos mundanos y las mezquinas pasiones 400 III| chasquidos de madera tal vez, o murmullos del viento, o, ¿quién sabe?, 401 I | misma ciudad que los vio nacer.~La tradición que refiere 402 II | Patrona, yo..., yo, que he nacido en Toledo, ¡imposible, imposible!~- ¡ 403 II | incomprensibles de nuestra naturaleza misteriosa, que el hombre 404 II | trasponía los montes vecinos; la niebla de la tarde flotaba como 405 II | como un ascua de fuego; las notas del órgano temblaban, dilatándose 406 II | cruzar, perderse y tornar de nuevo una mujer, una mujer morena 407 III| arrestara, al fin, a poner por obra una idea que sólo al concebirla 408 II | hermosa, rompiendo al fin su obstinado silencio dijo a su amante 409 III| el último de la magnífica octava de la Virgen.~La fiesta 410 III| descendido de sus huecos y ocupaban todo el ámbito de la iglesia 411 III| en el altar. A sus pies oficiaban, en presencia de los reyes, 412 III| la ajorca de oro, piadosa ofrenda de un santo arzobispo, la 413 III| rayos de colores de las ojivas donde lucha y se pierde 414 III| llena con el reflejo de su omnipotencia.~El mismo día en que tuvo 415 III| sus dedos crispados la oprimían con una fuerza sobrenatural; 416 II | un movimiento convulsivo, oprimió el puño de su espada, levantó 417 I | Antúnez; él, Pedro Alonso de Orellana. Los dos eran toledanos, 418 II | de fuego; las notas del órgano temblaban, dilatándose de 419 III| coro y la armonía de los órganos y las campanas de la torre 420 III| las imágenes del altar, y osciló el templo todo, con sus 421 III| capilla lo formaban anchas y oscuras losas sepulcrales.~Por un 422 III| espantosa; una nube de sangre oscureció sus pupilas; arrojó un segundo 423 II | nuestra imaginación, sin que ose formularlas el labio, fenómenos 424 | otro 425 III| ilusión de la fantasía, que oye y ve y palpa en su exaltación 426 III| demonios, guerreros, damas, pajes, cenobitas y villanos se 427 I | no añadiré ni una sola palabra de mi cosecha para caracterizarlos; 428 II | carcajada.~Cuando estas palabras expiraron, ella tornó a 429 III| un bosque de gigantescas palmeras de granito que al entrelazar 430 III| fantasía, que oye y ve y palpa en su exaltación lo que 431 III| tradiciones, enigmático como sus parábolas, y todavía no tendréis una 432 III| empuñadura de la espada, parecen velar noche y día por el 433 II | amanecer se cerraron mis párpados, y, ¿lo creerás?, aún en 434 III| facciones.~Era Pedro.~¿Qué había pasado entre los dos amantes para 435 II | donde la hermosa miraba pasar la corriente del río y tornó 436 III| mundanos y las mezquinas pasiones de la tierra. La consunción 437 II | para dormir; no pude... Pasó la noche, eterna con aquel 438 III| arrastran, como rumor de pasos que van y vienen sin cesar.~ 439 II | Sagrario, a nuestra Santa Patrona, yo..., yo, que he nacido 440 III| se habían clavado en el pavimento. Bajó los ojos, y sus cabellos 441 III| a cualquier hora que se penetra en su recinto misterioso 442 III| de cuando en cuando se percibían como unos rumores confusos: 443 II | en el sueño veía cruzar, perderse y tornar de nuevo una mujer, 444 III| las naves como estrellas perdidas entre las sombras, oscilaron 445 III| claridad de una lámpara permitía distinguir sus facciones.~ 446 I | dice nada más acerca de los personajes que fueron sus héroes.~Yo, 447 III| ajorca, la ajorca de oro, piadosa ofrenda de un santo arzobispo, 448 II | volteaban alrededor de las piedras como un torbellino de átomos 449 III| ojivas donde lucha y se pierde con la oscuridad del santuario 450 III| gradas, de alfombras, y sus pilares, de tapices.~Entonces cuando 451 III| luz sus mil lámparas de plata; cuando flota en el aire 452 III| en el fondo de las naves, pobladas de rumores temerosos y extraños.~ 453 III| Ya la presea estaba en su poder; sus dedos crispados la 454 III| silencio, la majestad, la poesía del misticismo y un santo 455 III| despliega todas las galas de su pompa religiosa, en que sus tabernáculos 456 III| se arrestara, al fin, a poner por obra una idea que sólo 457 III| los siglos han derramado a porfía el tesoro de sus creencias; 458 | porque 459 II | idea.~- ¡Ah! ¿Por qué no la posee otra Virgen? - prosiguió 460 II | mejores, más ricas, si es posible; pero ésta, ésta, que resplandece 461 III| ella; pero para esto era preciso abrir los ojos, y Pedro 462 II | frente y él a reiterar sus preguntas.~La hermosa, rompiendo al 463 II | encontró un día llorando, y la preguntó:~¿Por qué lloras?~Ella se 464 III| A sus pies oficiaban, en presencia de los reyes, de hinojos 465 III| grande, si imponente se presenta la catedral a nuestros ojos 466 I | hermosura diabólica, que tal vez presta el demonio a algunos seres 467 III| vive, con la vida que le ha prestado, el genio, toda una creación 468 II | mano, apoyó el codo en el pretil árabe desde donde la hermosa 469 III| llegó a la verja y siguió la primera grada de la capilla mayor. 470 II | reproducían de una manera prodigiosa. Millones de chispas de 471 III| misterioso y sagrado, nunca produce una impresión tan profunda 472 III| produce una impresión tan profunda como en los días en que 473 III| desde sus cimientos más profundos hasta las más altas agujas 474 III| llevar a cabo su criminal propósito. En su mirada inquieta, 475 II | la posee otra Virgen? - prosiguió con acento enérgico y apasionado - . ¿ 476 II | Me acosté para dormir; no pude... Pasó la noche, eterna 477 II | un objeto que, sin que pudiera explicármelo, llamaba sobre 478 II | misteriosa, que el hombre no puede ni aun concebir. Te lo ruego, 479 III| altar mayor, y las colosales puertas del templo habían rechinado 480 II | no importa; te lo diré, puesto que lo deseas. Ayer estuve 481 II | movimiento convulsivo, oprimió el puño de su espada, levantó la 482 III| miraban con sus ojos sin pupila.~Santos, monjes, ángeles, 483 III| de sangre oscureció sus pupilas; arrojó un segundo grito, 484 III| alivia respirando el aire puro de las montañas; el ateísmo 485 II | ante sus extraviados ojos, quebrándose al pie del mirador, entre 486 | quien 487 | quién 488 II | sorda y entrecortada:~Tú lo quieres; es una locura que te hará 489 III| suyo se revestía de formas quiméricas y horribles; todo era tinieblas 490 III| reptiles y alimañas de granito, quiméricos, deformes, horrorosos.~Ya 491 III| murmuró en voz baja, y quiso andar y no pudo. Parecía 492 III| granito que al entrelazar sus ramas forman una bóveda colosal 493 III| creación de seres imaginarios y reales.~Figuraos un caos incomprensible 494 III| puertas del templo habían rechinado sobre sus goznes para cerrarse 495 III| hora que se penetra en su recinto misterioso y sagrado, nunca 496 III| la escena que acabamos de referir se celebraba en la catedral 497 I | nacer.~La tradición que refiere esta maravillosa historia 498 II | punto. Las luces del altar, reflejándose en las mil facetas de sus 499 III| soplo, y lo llena con el reflejo de su omnipotencia.~El mismo 500 II | sacerdotes entonaban el Salve, Regina. Yo rezaba, rezaba absorta


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