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Gustavo Adolfo Bécquer
La ajorca de oro

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)
reia-volvi

    Capítulo
501 II | como yo, que me miraba y se reía mofándose de mí. ¿La ves? 502 III| que la oscuridad. Sólo la Reina de los cielos, suavemente 503 II | inclinar la frente y él a reiterar sus preguntas.~La hermosa, 504 III| como el espíritu de nuestra religión, sombrío como sus tradiciones, 505 II | absorta en mis pensamientos religiosos, cuando maquinalmente levanté 506 III| todavía no tendréis una idea remota de ese eterno monumento 507 II | María.~- ¡La del Sagrario! - repitió el joven con acento de terror - . ¡ 508 II | facetas de sus diamantes, se reproducían de una manera prodigiosa. 509 III| cadáver, todo un mundo de reptiles y alimañas de granito, quiméricos, 510 III| horrorosos.~Ya no pudo resistir más. Las sienes le latieron 511 II | posible; pero ésta, ésta, que resplandece de un modo tan fantástico, 512 II | sobre un escabel de oro, resplandecía como un ascua de fuego; 513 III| fuerza sobrenatural; sólo restaba huir, huir con ella; pero 514 II | Por qué lloras?~El Tajo se retorcía gimiendo al pie del mirador, 515 II | Y en sus facciones se retrató un instante el estado de 516 II | causa de mi dolor; si te la revelase, acaso te arrancaría una 517 II | alma de mujer, sin que los revele más que un suspiro; ideas 518 III| Todo alrededor suyo se revestía de formas quiméricas y horribles; 519 II | arzobispo en su mitra, el rey en su corona o el diablo 520 II | aparté la vista y torné a rezar... ¡Imposible! Mis ojos 521 II | toda mi atención... No te rías...; aquel objeto era la 522 II | acaso otras mejores, más ricas, si es posible; pero ésta, 523 III| sollozos que se comprimen, como roce de telas que se arrastran, 524 III| cenobitas y villanos se rodeaban y confundían en las naves 525 III| inquieta, en el temblor de sus rodillas, en el sudor que corría 526 II | Millones de chispas de luz rojas y azules, verdes y amarillas, 527 II | sus preguntas.~La hermosa, rompiendo al fin su obstinado silencio 528 II | fuego, como una vertiginosa ronda de esos espíritus de las 529 III| con luengos y no vistos ropajes, habían descendido de sus 530 II | puede ni aun concebir. Te lo ruego, no me preguntes la causa 531 II | azul, y sólo el monótono ruido del agua interrumpía el 532 III| telas que se arrastran, como rumor de pasos que van y vienen 533 III| murmullos del viento, o, ¿quién sabe?, acaso ilusión de la fantasía, 534 III| cabellos de horror? Nunca pudo saberse. Pero él estaba allí, y 535 II | lo preguntes, pues ni yo sabré contestarte ni tú comprenderme. 536 II | iglesia, y en el coro los sacerdotes entonaban el Salve, Regina. 537 III| su recinto misterioso y sagrado, nunca produce una impresión 538 II | su increíble inquietud... Salí del templo; vine a casa, 539 II | sacerdotes entonaban el Salve, Regina. Yo rezaba, rezaba 540 III| violencia espantosa; una nube de sangre oscureció sus pupilas; arrojó 541 II | del Sagrario, a nuestra Santa Patrona, yo..., yo, que 542 III| con sus ojos sin pupila.~Santos, monjes, ángeles, demonios, 543 II | inspirada sin duda por el mismo Satanás... ¿Y qué?... Callas, callas 544 II | se dirigió al altar. No por qué mis ojos se fijaron, 545 III| Pedro hizo un esfuerzo para seguir en su camino; llegó a la 546 III| oscureció sus pupilas; arrojó un segundo grito, un grito desgarrador 547 II | aquí, entonces como ahora, semejante a un clavo ardiendo, diabólica, 548 III| y los rayos de luz que, semejantes a blancos y gigantescos 549 III| inspiración y de sus artes.~En su seno viven el silencio, la majestad, 550 III| que hasta entonces había sentido.~Tornó empero a dominarse, 551 III| cuando se comprende, al sentirla, la tremenda majestad de 552 III| formaban anchas y oscuras losas sepulcrales.~Por un momento creyó que 553 III| oscilaron las estatuas de los sepulcros y las imágenes del altar, 554 III| de ver los reyes de las sepulturas, los demonios de las cornisas, 555 | será 556 III| sonreír tranquila, bondadosa y serena en medio de tanto horror.~ 557 III| no pudo resistir más. Las sienes le latieron con una violencia 558 III| deslizándose con el mayor sigilo hasta la verja del crucero. 559 III| mayores, sobre el que los siglos han derramado a porfía el 560 III| granito y sus machones de sillería.~¡Adelante!, volvió a exclamar 561 III| un grito desgarrador y sobrehumano, y cayó desvanecido sobre 562 II | asienta la ciudad imperial. El sol trasponía los montes vecinos; 563 III| lado mismo, sonaban como sollozos que se comprimen, como roce 564 III| espíritu de nuestra religión, sombrío como sus tradiciones, enigmático 565 III| espaldas, ora a su lado mismo, sonaban como sollozos que se comprimen, 566 I | parece en nada a la que soñamos en los ángeles y que, sin 567 III| lámpara de oro, parecía sonreír tranquila, bondadosa y serena 568 III| horror.~Sin embargo, aquella sonrisa muda e inmóvil que lo tranquilizara 569 III| en él, y lo anima con su soplo, y lo llena con el reflejo 570 III| la Reina de los cielos, suavemente iluminada por una lámpara 571 III| ara; y trepando por ella, subió hasta el escabel de la imagen. 572 III| temblor de sus rodillas, en el sudor que corría en anchas gotas 573 III| se erizaron de horror; el suelo de la capilla lo formaban 574 II | lo creerás?, aún en el sueño veía cruzar, perderse y 575 III| mano fría y descarnada lo sujetaba en aquel punto con una fuerza 576 III| sola, completamente sola y sumergida en un silencio profundo. 577 III| acurrucados en los doseles, suspendidos en las bóvedas ululaba, 578 | suyo 579 III| pompa religiosa, en que sus tabernáculos se cubren de oro y pedrería; 580 II | decirle:~¿Por qué lloras?~El Tajo se retorcía gimiendo al 581 | tanto 582 III| alfombras, y sus pilares, de tapices.~Entonces cuando arden despidiendo 583 II | vecinos; la niebla de la tarde flotaba como un velo de 584 III| comprimen, como roce de telas que se arrastran, como rumor 585 II | fuego; las notas del órgano temblaban, dilatándose de eco en eco 586 III| su mirada inquieta, en el temblor de sus rodillas, en el sudor 587 III| naves, pobladas de rumores temerosos y extraños.~Al fin abrió 588 III| Al fin abrió los ojos, tendió una mirada, y un grito agudo 589 II | lo será nunca, nunca... Tendrás acaso otras mejores, más 590 III| parábolas, y todavía no tendréis una idea remota de ese eterno 591 II | repitió el joven con acento de terror - . ¡La del Sagrario de 592 III| han derramado a porfía el tesoro de sus creencias; de su 593 | ti 594 III| enigmático como sus parábolas, y todavía no tendréis una idea remota 595 | todos 596 III| cerrarse detrás del último toledano, cuando de entre las sombras, 597 I | de Orellana. Los dos eran toledanos, y los dos vivían en la 598 II | acercándose a María le tomó una mano, apoyó el codo 599 II | alrededor de las piedras como un torbellino de átomos de fuego, como 600 II | veía cruzar, perderse y tornar de nuevo una mujer, una 601 II | Yo aparté la vista y torné a rezar... ¡Imposible! Mis 602 III| órganos y las campanas de la torre estremecen el edificio desde 603 III| cuando arden despidiendo un torrente de luz sus mil lámparas 604 I | ciudad que los vio nacer.~La tradición que refiere esta maravillosa 605 III| religión, sombrío como sus tradiciones, enigmático como sus parábolas, 606 III| La fiesta religiosa había traído a ella una multitud inmensa 607 III| de oro, parecía sonreír tranquila, bondadosa y serena en medio 608 III| sonrisa muda e inmóvil que lo tranquilizara un instante concluyó por 609 II | ciudad imperial. El sol trasponía los montes vecinos; la niebla 610 III| comprende, al sentirla, la tremenda majestad de Dios, que vive 611 III| pálido como la estatua de la tumba en que se apoyó un instante 612 III| omnipotencia.~El mismo día en que tuvo lugar la escena que acabamos 613 | tuya 614 III| suspendidos en las bóvedas ululaba, como los gusanos de un 615 III| santo honor que defiende sus umbrales contra los pensamientos 616 II | tiene la Madre de Dios en uno de los brazos en que descansa 617 | unos 618 I | supersticioso, supersticioso y valiente, como todos los hombres 619 III| arzobispo, la ajorca de oro cuyo valor equivalía a una fortuna.~ 620 III| como rumor de pasos que van y vienen sin cesar.~Pedro 621 III| de la fantasía, que oye y ve y palpa en su exaltación 622 III| que él había visto otras veces inmóviles sobre sus lechos 623 II | sol trasponía los montes vecinos; la niebla de la tarde flotaba 624 II | creerás?, aún en el sueño veía cruzar, perderse y tornar 625 III| empuñadura de la espada, parecen velar noche y día por el santuario, 626 II | la tarde flotaba como un velo de gasa azul, y sólo el 627 II | del cielo de una noche de verano. ¿La ves? Pues no es tuya, 628 III| lo que no existe; pero la verdad era que ya cerca, ya lejos, 629 II | chispas de luz rojas y azules, verdes y amarillas, volteaban alrededor 630 I | en mi calidad de cronista verídico, no añadiré ni una sola 631 III| cerró los ojos para no verla, extendió la mano, con un 632 III| oro entre sus manos, y al verlos aproximarse exclamó con 633 II | átomos de fuego, como una vertiginosa ronda de esos espíritus 634 I | hermosura que inspira el vértigo, hermosa con esa hermosura 635 III| estatuas, estatuas que, vestidas con luengos y no vistos 636 III| rumor de pasos que van y vienen sin cesar.~Pedro hizo un 637 III| tal vez, o murmullos del viento, o, ¿quién sabe?, acaso 638 III| damas, pajes, cenobitas y villanos se rodeaban y confundían 639 III| se adelantó un hombre que vino deslizándose con el mayor 640 I | la misma ciudad que los vio nacer.~La tradición que 641 III| sienes le latieron con una violencia espantosa; una nube de sangre 642 III| vestidas con luengos y no vistos ropajes, habían descendido 643 III| de sus artes.~En su seno viven el silencio, la majestad, 644 I | eran toledanos, y los dos vivían en la misma ciudad que los 645 III| nube de incienso, y las voces del coro y la armonía de 646 II | azules, verdes y amarillas, volteaban alrededor de las piedras 647 II | Imposible! Mis ojos se volvían involuntariamente al mismo


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