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P. Jesús Castellano Cervera, OCD
De la mística de la oración a la mística de la acción

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2. Apología de Marta y María

 

Con una fuerte llamada al realismo, Teresa hace la apología de la unidad de vida con un reclamo ideal a la tipología clásica de la unidad indisoluble entre acción y contemplación, representadas por María y Marta de Betania.

Ante todo propone una afirmación sobre la unidad entre oración y vida, velada de una pizca de fina ironía, siempre actual  en la referencia a un cristianismo pío que peligra de atrincherarse en la piedad y la oración sin ofrecer una salida al amor activo: “Por eso, repito, es necesario que intentéis no hacer consistir vuestro fundamento solamente en orar y contemplar, porque si no procuráis alcanzar las virtudes y no las ejercitáis, os quedaréis siempre enanas. Y quiera Dios que os limitéis sólo a no crecer, pues en este camino,  como sabéis también vosotras, el que no crece se achica10. La vida espiritual es un crecimiento armónico de oración y virtud; el hombre espiritual crece y madura en la oración que lo une con Dios y en las obras con las que ama a los hermanos, encontrando así una armoniosa unidad de vida. La oración necesita el espacio vital de la existencia para hacer aflorar todas sus posibilidades.

A lo largo de todo el Castillo interior nuestra autora ha indicado esta coherencia de maduración cristiana. Pero, cuando se quiebra la unidad de vida, corremos el peligro de deformación espiritual y también humana; una deformación que ha quedado ilustrada plásticamente en el texto anterior con la referencia al “enanismo”; existe el peligro de producir contrahechos, de deformar la naturaleza de la vida cristiana cuando se oponen oración y vida. En cambio, una oración que busca la coherencia de las actitudes cristianas tiene como fruto cristianos auténticos, equilibrados. El amor verdadero posee un dinamismo natural de crecimiento, de creatividad: “Tengo por imposible que el amor, cuando lo haya, se contente con permanecer siempre en un estado11.

Con una repetición  que nos lleva de nuevo al tema del servicio encontramos la siguiente afirmación: “Esto es, pues, todo lo que quiero que procuremos. Deseemos y practiquemos la oración, no ya para gozar sino para tener la fuerza de servir al Señor12. El camino regio de la santidad por el que se han encaminado los Santos siguiendo las huellas del Señor.

Se nos vienen de nuevo a las mientes, como tipología de la unidad de vida, las clásicas figuras de Marta y María, unidas ya en una armonía de la acción y la contemplación. Como de costumbre, y en contra de una exégesis demasiado unilateralmente favorable a María, Teresa defiende la actitud activa de Marta, casi despreocupada del reproche de Jesús y de la docta exégesis de los teólogos. A Teresa le ha llamado siempre la atención la figura noble y amorosa en el servicio de Marta de Betania. Recurre a menudo a la obligada unidad entre Marta y María. Más aún, Teresa piensa en el dolor de Marta, en su sentimiento de pena por el reproche que le ha hecho Jesús 13.

Teresa insiste en la visión realista de la necesaria trabazón entre contemplación y servicio: “Creedme, para hospedar al Señor, tenerlo siempre con nosotras, tratarlo bien y ofrecerle de comer como es debido, es necesario que Marta y María estén de acuerdo. ¿De qué forma María, quedándose sentada a sus pies, podía darle de comer si su hermana no la ayudaba?” 14. En la línea de todo el pensamiento a favor del servicio, un sutil reproche, si acaso, se le hace ahora a María de Betania.

Unidad de vida: oración y acción, contemplación y servicio, escuchar al Señor y acogerlo. Pero el mejor servicio al Señor es hacer entrar a muchos en el mismo círculo de la amistad de Cristo. El paso doctrinal a la identificación del apostolado con el servicio hecho por Marta, en este texto en el que se encuentra una reminiscencia de Juan que alude al manjar de Cristo, que es hacer la voluntad del Padre y realizar su obra (cfr. Jn 4,34): “un manjar suyo consiste en procurar con todas las fuerzas y modos ganar muchas almas para Dios para que se salven y lo alaben por siempre” 15. Una espléndida alabanza de la vida apostólica y una eficaz propuesta de la espiritualidad de la acción.

 




10 Ibidem 9, p. 960.



11 Ibidem



12 Ibidem 12, p. 961.



13 Exclamación 5, 2; p.1043.



14 Castillo interior VII, 4,12; p.961.



15 Ibidem






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