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| Pio XII Divino afflante Spiritu IntraText CT - Texto |
11. No hay quien fácilmente no vea cómo se han modificado, en estos cincuenta años, las condiciones de los estudios bíblicos y la de todos cuantos les pueden ser útiles. Pasando por alto otras cosas, cuando Nuestro Predecesor publicó su encíclica Providentissimus Deus, muy pocos eran los lugares de Palestina comenzados a explorar por excavaciones relacionadas con estos estudios, en tanto que ahora las investigaciones de tal género se han multiplicado y se llevan a cabo con métodos más severos que, perfeccionados por el mismo ejercicio, nos ofrecen más copiosos y ciertos resultados.
Cuánta, en verdad, sea la luz que de estas investigaciones brota para entender mejor y más plenamente los Sagrados Libros, lo saben muy bien los peritos y cuantos a tales estudios se consagran. Crece aún la importancia de estas investigaciones por los documentos escritos hallados de cuando en cuanto, que contribuyen mucho al conocimiento de las lenguas, literatura, historia, costumbres y religiones de los más antiguos pueblos. Ni es de menor importancia el hallazgo y la investigación, tan frecuente en nuestro tiempo, de los papiros que tan útiles han sido para conocer las literaturas y las instituciones públicas y privadas, principalmente del tiempo de nuestro Salvador. Además, se han hallado y editado con rigurosa crítica vetustos códices de los Sagrados Libros; se ha investigado más y más plenamente la exégesis de los Santos Padres; y, en fin, se ilustran con innumerables ejemplos los modos de decir, de narrar o de escribir de los antiguos. Todo esto, que no sin especial consejo de la providencia de Dios ha sido concebido a nuestra época, invita y, en cierto modo, amonesta a los intérpretes de las Sagradas Letras para que, valiéndose solícitos de tanta luz, las estudien más a fondo, las expliquen con más precisión y las expongan con mayor claridad. Y si, con gran contento del alma, vemos que los intérpretes han obedecido con el mayor entusiasmo y siguen obedeciendo a esta invitación, no vemos en ello el último ni tampoco el menor de los frutos de la encíclica Providentissimus Deus, en la que Nuestro Predecesor, como presagiando este nuevo florecer de los estudios bíblicos, llamó a los exegetas católicos hacia un trabajo, cuyo camino y método les trazó con sabia intuición. Hacer que el trabajo no sólo permanezca ininterrumpido sino que cada día se vaya perfeccionando más y resulte más fecundo: tal es la finalidad de esta Nuestra Encíclica, con la cual Nos proponemos principalmente demostrar a todos lo que aun resta por hacer y con qué ánimo debe emprender hoy el exegeta católico tan importante y elevado cargo, y dar nuevo estímulo y nuevos ánimos a los obreros que constantemente trabajan en la viña del Señor.