NOTA
DOCTRINAL
1.Valoración general
El libro Moral de Actitudes
consta de tres volúmenes. En el primero se trata de la moral
fundamental.1 El segundo volumen se divide en dos tomos, dedicados,
respectivamente, a la moral de la persona y bioética teológica2 y a la
moral del amor y de la sexualidad.3 El tercer volumen se ocupa de la
moral social.4 El Diccionario de ética teológica5 ofrece un
tratamiento más conciso de los principales conceptos y temas de la moral
cristiana.
En Moral de Actitudes se
advierte la preocupación pastoral por el diálogo con «el hombre autónomo,
secular y concreto».6 En función de este
objetivo se adopta una actitud benigna y comprensiva, atenta al carácter
gradual y progresivo de la vida y de la educación moral, y se busca una
mediación entre las posiciones consideradas extremas, teniendo presentes los
datos ofrecidos por las ciencias humanas y por las diversas orientaciones
culturales. Sin embargo, esta laudable preocupación frecuentemente no alcanza
su objetivo, porque predomina sobre aspectos que son esenciales y constitutivos
de toda presentación integral de la doctrina moral de la Iglesia; particularmente:
el uso de una metodología teológica correcta, la adecuada definición de la
moralidad objetiva de las acciones, la precisión del lenguaje y la presentación
de argumentaciones completas.
Como afirma el Autor, Moral de
Actitudes está construido sobre la «opción por el paradigma de la “autonomía
teónoma” reinterpretado desde la “ética de liberación”».7
Él se propone llevar a cabo una revisión personal de ese paradigma, pero no
consigue evitar algunos de los errores que contiene, que son sustancialmente
los señalados por la
Enc. Veritatis splendor. 8
El Autor no logra tener suficientemente en cuenta que la razón y la fe, aun
siendo distintas, tienen un origen y un fin comunes, y que por tanto no se
relacionan entre sí sólo para delimitar de modo siempre exclusivo y excluyente
sus respectivos ámbitos de competencia, o bien para extenderlos cada una en
detrimento de la otra bajo una óptica de emancipación. La «“ratio” normativa»
9 no se entiende como algo que está entre el hombre y Dios al modo de
un anillo que los une, 10 sino más bien como un diafragma que se
interpone entre ellos, por lo que no resulta ya posible poner en la «Sabiduría
divina» el fundamento ontológico (y, por ello, objetivo) de la competencia
moral que todo hombre indudablemente posee, 11 ni admitir que la razón
moral pueda ser «iluminada por la
Revelación divina y por la fe». 12
Por ello el Autor afirma
repetidas veces una de las tesis determinantes del planteamiento del libro: «lo
propio y específico del êthos cristiano no hay que buscarlo en el orden de los
contenidos concretos del compromiso moral», sino «en el orden de la cosmovisión
que acompaña» esos contenidos. 13 Sólo a partir de
estas afirmaciones se debe entender — como precisa el Autor — qué significa «la
referencia a Jesús de Nazaret en cuanto horizonte o ámbito nuevo de comprensión
y de vivencia de la realidad»,14 o bien en qué sentido se sostiene que
la fe ofrece un «influjo», un «contexto», una «orientación»,15 un
«nuevo ámbito de referencia» y una «dimensión».16 Aunque el Autor
afirma ocasionalmente que «la
Norma decisiva de la ética cristiana es Cristo» y que «no hay
otra norma para el cristiano que el acontecimiento de Jesús de
Nazaret».17, su intento de fundamentación cristológica no consigue
conceder normatividad ética concreta a la revelación de Dios en
Cristo.18 La fundamentación cristológica de la ética se admite
solamente en cuanto «redimensiona la normativa intramundana del personalismo de
alteridad política».19
La ética cristiana resultante es «una ética influida por la fe»,20 pero se trata de un influjo débil,
porque se yuxtapone de hecho a una racionalidad secularizada enteramente
proyectada sobre un plano horizontal. En Moral de Actitudes no se resalta
suficientemente la dimensión vertical ascendente de la vida moral cristiana, y
grandes temas cristianos como la redención, la cruz, la gracia, las virtudes
teologales, la oración, las bienaventuranzas, la
resurrección, el juicio, la vida eterna, además de estar poco presentes, no
tienen casi influjo en la presentación de los contenidos morales.
Consecuencia del modelo moral adoptado es la atribución de un papel insuficiente a la Tradición y al
Magisterio moral de la Iglesia,
que se filtran a través de las frecuentes «opciones» y «preferencias» del
Autor.21 En el comentario a la encíclica Veritatis splendor, de modo
particular, se nota la concepción deficiente de la competencia moral del
Magisterio eclesiástico.22 Aun informando a los lectores acerca de la
doctrina eclesial, el Autor se separa críticamente de ella al proponer una
solución a los diversos problemas de ética especial, como se verá más
adelante.
Se debe señalar, en fin, la tendencia a
utilizar el método del conflicto de valores o de bienes en el estudio de los
diversos problemas éticos, así como el papel desempeñado por las referencias al
nivel óntico o pre-moral. 23 Modos que llevan
a tratar reductivamente algunos problemas teóricos y prácticos, como son la
relación entre libertad y verdad, entre conciencia y ley, entre opción
fundamental y acciones concretas, los cuales no se resuelven positivamente por
la falta de una toma de posición coherente del Autor. En el plano práctico, no
se acepta la doctrina tradicional sobre las acciones intrínsecamente malas y
sobre el valor absoluto de las normas que prohiben esas acciones.
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