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«Lo
reconocieron al partir el pan» (Lc 24,35)
14.
Es significativo que los dos discípulos de Emaús, oportunamente preparados por
las palabras del Señor, lo reconocieran mientras estaban a la mesa en el gesto
sencillo de la «fracción del pan». Una vez que las mentes están iluminadas y
los corazones enfervorizados, los signos «hablan». La Eucaristía se desarrolla
por entero en el contexto dinámico de signos que llevan consigo un mensaje
denso y luminoso. A través de los signos, el misterio se abre de alguna manera
a los ojos del creyente.
Como he
subrayado en la Encíclica Ecclesia de Eucharistia, es importante que no
se olvide ningún aspecto de este Sacramento. En efecto, el hombre está siempre
tentado a reducir a su propia medida la Eucaristía, mientras que en realidad
es él quien debe abrirse a las dimensiones del Misterio. «La Eucaristía es
un don demasiado grande para admitir ambigüedades y reducciones».12
15.
No hay duda de que el aspecto más evidente de la Eucaristía es el de
banquete. La Eucaristía nació la noche del Jueves Santo en el contexto de
la cena pascual. Por tanto, conlleva en su estructura el sentido del convite:
«Tomad, comed... Tomó luego una copa y... se la dio diciendo: Bebed de ella
todos...» (Mt 26,26.27). Este aspecto expresa muy bien la relación de
comunión que Dios quiere establecer con nosotros y que nosotros mismos debemos
desarrollar recíprocamente.
Sin embargo, no
se puede olvidar que el banquete eucarístico tiene también un sentido profunda
y primordialmente sacrificial.13 En él Cristo nos presenta el
sacrificio ofrecido una vez por todas en el Gólgota. Aun estando presente
en su condición de resucitado, Él muestra las señales de su pasión, de la cual
cada Santa Misa es su «memorial», como nos recuerda la Liturgia con la
aclamación después de la consagración: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu
resurrección...». Al mismo tiempo, mientras actualiza el pasado, la Eucaristía
nos proyecta hacia el futuro de la última venida de Cristo, al final de la
historia. Este aspecto «escatológico» da al Sacramento eucarístico un dinamismo
que abre al camino cristiano el paso a la esperanza.
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