IV
LA EUCARISTÍA
PRINCIPIO Y PROYECTO DE «MISIÓN»
«Levantándose
al momento, se volvieron a Jerusalén» (Lc 24,33)
24.
Los dos discípulos de Emaús, tras haber reconocido al Señor, «se levantaron al
momento» (Lc 24,33) para ir a comunicar lo que habían visto y oído.
Cuando se ha tenido verdadera experiencia del Resucitado, alimentándose de su
cuerpo y de su sangre, no se puede guardar la alegría sólo para uno mismo. El
encuentro con Cristo, profundizado continuamente en la intimidad eucarística,
suscita en la Iglesia y en cada cristiano la exigencia de evangelizar y dar
testimonio. Lo subrayé precisamente en la homilía en que anuncié el Año
de la Eucaristía, refiriéndome a las palabras de Pablo: «Cada vez que
coméis de este pan y bebéis de la copa, proclamaréis la muerte del Señor, hasta
que vuelva» (1Co 11,26). El Apóstol relaciona íntimamente el banquete y
el anuncio: entrar en comunión con Cristo en el memorial de la Pascua significa
experimentar al mismo tiempo el deber de ser misioneros del acontecimiento
actualizado en el rito.22 La despedida al finalizar la Misa es como una
consigna que impulsa al cristiano a comprometerse en la propagación del
Evangelio y en la animación cristiana de la sociedad.
25.
La Eucaristía no sólo proporciona la fuerza interior para dicha misión, sino
también, en cierto sentido, su proyecto. En efecto, la Eucaristía es un
modo de ser que pasa de Jesús al cristiano y, por su testimonio, tiende a irradiarse
en la sociedad y en la cultura. Para lograrlo, es necesario que cada fiel
asimile, en la meditación personal y comunitaria, los valores que la Eucaristía
expresa, las actitudes que inspira, los propósitos de vida que suscita. ¿Por
qué no ver en esto la consigna especial que podría surgir del Año de
la Eucaristía?
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