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CAPITULO XXXVII. ---- QUE LOS CRISTIANOS NO DAÑAN Á NINGUNO,
AUNQUE PUEDAN TOMAR VENGANZA.
Los que deben amar los enemigos, como dije, ¿á quién pueden aborrecer? Los
que no se pueden desagraviar (que sería igualarse con la venganza la injuria)
¿á quién pueden ofender?
De esta benignidad tan desusada en la naturaleza, á vosotros que como jueces
ejecutáis nuestras vejaciones os alego por testigos. ¿Cuántas veces sois con
nosotros crueles, parte por recreo de vuestra inclinación feroz, parte con
pretexto de cumplimiento de las leyes? ¿Cuántas veces el vulgo alborotado, sin
orden vuestra nos ha invadido por su motivo con piedras y con fuego 335? ¿Cuántas en las fiestas ó furias
bacanales 336 nos
acometió el vulgo con tanta ferocidad, que no perdonando ni á los cristianos
muertos impíamente los ultrajan, y estando ya cadáveres arraigados en la
tierra, deshechos con la putrefacción los arrancan 337, los [275] despedazan, los arrastran, sacándolos
del descanso de la sepultura, del asilo de la' muerte 338? Con tan inhumanos tratamientos, decid
si se descompuso jamás en algún cristiano la paciencia. Decid si conspiró á la
venganza alguno. Decid si condenasteis á nadie de estos animados á morir por
venganzas intentadas del agravio. Y no se piense que el no desagraviarnos es
por falta de armas ó valor; que si nos faltaran fuerzas, no faltaran unas
rajuelas de tea para tomar larga venganza en una noche, abrasando la ciudad,
cuando fuera lícito al cristiano pagar un agravio con otro. Pero vaya lejos de
nosotros tal error, que la religión divina se vengue con fuego humano, y que el
cristiano resista al tormento que lo prueba.
Si quisiéramos vengarnos, no como ocultos, sino declarados enemigos, ¿faltaríannos
por ventura fuerzas de numerosos soldados y de ejércitos? ¿Son más los mauros 339, los marcomanos, los parthos que rebeló
Severo, que los cristianos de todo el mundo? Estos bárbaros numerosos son, pero
están encerrados en los límites de un reino; los cristianos habitan provincias
sin fronteras. Ayer nacimos, y hoy llenamos el imperio 340, [276] las ciudades, las islas, los castillos,
las villas, las aldeas, los reales, las tribus, las decurias, el palacio, el
Senado, el consistorio. Solamente dejamos vacíos los templos para vosotros
341. ¿Pues para qué
lance de batalla no serían idóneos soldados los cristianos, aun con desiguales
ejércitos, estando tan ejercitados en los combates de los tormentos en que se
dejan despedazar gustosamente, si en la disciplina de la milicia cristiana no
fuera más lícito perder la vida que quitarla? También podíamos sin armas pelear
contra vosotros con sola la envidia del divorcio, porque si tan lucida
muchedumbre de cristianos, alejados de vuestra compañía se resolviesen á vivir
juntos en algún seno del mundo, quedaría el imperio avergonzado con la pérdida
de tan ilustres ciudadanos y castigado con el desamparo de los buenos. ¿Qué
ciudad no quedaría apesaradamente envidiosa de la colonia cristiana, compuesta
del mayor lucimiento de la naturaleza y del mayor lustre de la gracia? Y si
todos los cristianos desamparasen sus casas, sin duda que en tanta soledad, en
tanto silencio de las cosas, en una ciudad desierta y como muerta, no habiendo
en ella vivos, os hallaríais enajenados con el pavor y encantados con el pasmo
342, no teniendo en
ella á quien mandar. Más enemigos quedarían que ciudadanos, aunque ahora tenéis
más ciudadanos que enemigos; que siendo los más ciudadanos cristianos, los más
ciudadanos son amigos.
Pero vosotros los llamáis enemigos, no del humano error, sino del linaje
humano. Pues si nosotros os desamparásemos, ¿quién os defendería de aquellos
ocultos [277] enemigos, que hasta los
últimos cimientos os destruyen el entendimiento y la salud 343? De aquellas correrías, digo, que
hacen los demonios en vuestras almas y cuerpos, á los cuales hacemos frente
nosotros, ó defendiéndoles la entrada, ó sacándolos rendidos sin recibir pagas
de sueldo ni merced 344.
Para venganza nuestra esto solo bastaría, dejar en vosotros á los espíritus
inmundos pacífica la posesión. Y aunque no pedimos ayuda de costa por la
defensa, y aunque este linaje de gente es más beneficioso á la república que
molesto, os determinasteis á declararlo por público enemigo, y lo es llanamente
del error, no de la naturaleza. [278]
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