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Quinto Septimio Florente Tertuliano
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  • CAPITULO XXXIX. ---- DE LA ENSEÑANZA Y EJERCICIOS QUE TIENEN LOS CRISTIANOS EN SU IGLESIA Ó CONGREGACIÓN.
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CAPITULO XXXIX. ---- DE LA ENSEÑANZA Y EJERCICIOS QUE TIENEN LOS CRISTIANOS EN SU IGLESIA Ó CONGREGACIÓN.

Ahora yo mismo manifestaré los negocios que se tratan en la junta de los cristianos; que si he refutado las juntas malas, ahora mostraré las que son buenas.

Nuestra congregación es un cuerpo de miembros unidos con el conocimiento de un Dios, con la unión de una doctrina y con la confederación de una esperanza. Juntamonos todos en una compañía y congregación, y allí como con mano armada, juntos en escuadrón cerrado le ponemos á Dios cerco con nuestras oraciones 350. Es grata á Dios esta fuerza 351. Rogamos también por los emperadores, por sus ministros, por las potestades, por el estado del siglo, por la paz de todos y por la retardación del juicio final. En esta junta tenemos conferencia de la Sagrada Escritura, y se dan avisos y advertencias según el accidente del tiempo y los negocios, y con consejo se determina. Allí con las voces de la Santa Escritura apacentamos la fe, levantamos la esperanza, arraigamos la confianza y la [281] ensefianza de los divinos preceptos la macizamos con nuevos apuntamientos. Alií mismo se hacen las amonestaciones, los castigos y se fulminan las censuras. Júzgase con mucho peso y miramiento, como entre aquellos que saben los ve Dios. Si alguno ha delinquido en pecado atroz ó enorme, es desterrado de la oración 352, de la Iglesia y del tratado de aquella santa compañía. Este castigo es tan espantoso que parece un ensayo del juicio final, en que Cristo apartará lejos de si los condenados.

En esta congregación presiden presbíteros ancianos 353 que alcanzaron esta honra, no por precio, sino por el testimonio de sus méritos; que aquí el honor na se compra sino con costumbres. Y si en el arca se pone algún dinero no es tributo del honor, ni precio con que la dignidad cristiana se compre ó se redima, sino voluntarios donativos de los congregantes; que cada uno da una monedilla cada mes, ó cuando quiere ó cuando puede, ó de la manera que quiere; que la donación es graciosa. Esta suma es el depósito de la piedad que de allí se saca, no para gastos de banquetes, ni para bebidas desordenadas, ni para voluntarias glotonerías, sino para sustentar y enterrar pobres, para alimentar niños y niñas huérfanos de padres y de hacienda, para viejos que no pueden salir de casa 354, para los que padecieron naufragio, para los presos en las cárceles, para los desterrados á las islas y para los condenados á las minas por causa de religión tan solamente. Todos estos [282] son ahijados que cría la religión, porque su confesión los sustenta.

Pero también esta demostración de grande amor lo notan con murmuración algunos. Mirad, dicen, cómo se aman entre sí: admíranse, porque ellos recíprocamente se aborrecen. Mirad cómo cada uno está aparejado á morir gustosamente por el otro: extráñanlo porque ellos más dispuestos están para matarse. También nos calumnian por el nombre de hermanos con que nos tratamos 355, y no por otra razón, según creo, sino porque entre ellos todos los nombres de parentesco no son demostraciones de amor, sino voces de cumplimientos afectados. Hermanos vuestros somos también nosotros por derecho de la naturaleza; que esta es la común madre de los hombres, aunque vosotros no parecéis hermanos de hombres, siendo hombres sin humanidad. ¿Cuánto más dignamente se llaman y son hermanos aquellos que conocieron á un mismo Dios por padre, que bebieron un mismo espíritu de santidad; que esperan una misma herencia; que nacieron de un mismo vientre de la ignorancia ciega; que al nacer, con el repentino reflejo dieron pavorosamente con la luz de la verdad? Por eso por ventura nos tienen por hermanos menos legítimos, porque de nuestra hermandad no se han compuesto tragedias 356, ó porque la hacienda que entre vosotros deshace la hermandad, entre nosotros la establece y corrobora; y es así que los que tenemos las almas y los corazones unidos no rehusamos unir y comunicar los bienes.

Entre nosotros todos los bienes son comunes, sino las mujeres. En esto solo rompemos la compañía, en [283] que solamente la guardan los gentiles, los cuales no solamente usurpan las mujeres ajenas, sino que pacientí-simamente brindan con las propias á sus amigos, por el ejemplo, creo, de sus sapientísimos antepasados Sócrates, griego, y Catón, romano 357. Estos comunicaron á sus amigos las mujeres con quien se casaron, con deseo de tener hijos en el matrimonio, para que ellos los engendraran en adulterio. Yo no si en esto venían ellas de mala gana. ¡Qué estimación hacían de la castidad maridos que así baldonaron de ella! ¡Oh ejemplo de la sabiduría de Atenas! ¡Oh gravedad de la severidad romana! ¡El filósofo alcahuete de su mujer! ¡Y el censor liberal de su pureza! ¿Qué maravilla, pues, que en los casados esté violado el amor del matrimonio si la castidad se desprecia?

No se contentan con infamar nuestras cenillas con los delitos de incestos (que dijimos), sino que las murmuran de pródigas. Creo entienden de nosotros el dicho de Diógenes 358: «Los megarenses cenan como si hubiesen de morir mañana, y edifican como si nunca hubieran de morir.» Pero más fácilmente se ve una pajuela en los ojos ajenos, que en los propios una viga. Si cenan los tribunos, los curiones y decuriones en sus ranchos innundan tantos regüeldos que el aire mismo se aceda con el vaho de las crudas indigestiones: si han de cenar los salios es necesario que el acreedor que ha de prestar sea el arrendador de las décimas de Hércules: si cenan los adivinos que embalsaman los muertos, los aritméticos ó contadores pueden sumar los gastos de [284] la cena. Las cenas de los atenienses en los sacrificios apaturios de Dionisio 359 las encarece de espléndidas el estudio con que se elegían los cocineros. En la cena se-rápica de los egipcios 360 han de quedar de noclie centinelas para que el fuego de la cocina no ocasione algún incendio. Cenando, pues, tanto vosotros, ¿de sola una mesa pobre y parca de los cristianos se murmura?

Nuestra cena con su nombre se acredita 361. Llámase en griego Agape, que significa caridad 362. Conste de cualesquier gastos esta cena que administra la caridad, que donde el amor es dispensero, el gasto es ganancioso, porque con este refrigerio socorremos los necesitados. Con esta cena remedíamos la necesidad de los pobres, no les compramos la libertad, como lo hacéis vosotros con los truhanes en los banquetes 363, que el que se obliga á hartarlos de comida los puede hartar de contumelias; solamente se hace esta piedad en consideración de ejercitar la obra que para Dios vale más, que es el socorro de los menores. Si la ocasión de la cena es tan honesta, la composición con que se come y se reparte se puede medir por la causa; que si la causa es caridad, [285] será el modo religión. No admite esta cena acción inmodesta ni vil. Lo primero que se gusta es á Dios; en esta mesa la oración hace la salva. Aquí no se come, témplase el hambre. Bebese con la sobriedad conveniente á un pecho honesto. Así se cena como quien se acuerda que también aquella noche ha de adorar á Dios. Así se platica como quien atiende á que Dios oye las palabras. Acabada la cena se lavan las manos 364, se encienden las luces, y se manda que cada uno salga en medio de la congregación y cante algo de la Sagrada Escritura, ó lo que su devoción le administrare, y así se prueba la templanza con que se bebió en la cena. Este convite, pues, de los cristianos, con oración comienza y con oración se acaba 365. De allí se retiran todos, no á ver cuadrillas de esgrimidores que se hieren ó se matan, como hacéis vosotros después de vuestras cenas 366: no á rondar en camaradas, discurriendo por la ciudad para injuriar á todos; no á buscar impetuosamente los encuentros de la torpeza, las canciones, los bailes y entremeses, sino al cuidado de repasar la honestidad que desprendieron en la cena, como aquellos que no cenaron cena sino enseñanza. Esta cena con razón se llamara ilícita si fuera igual con las prohibidas, y con razón se había de condenar si alguno querellase de ella con el título que hay querella de otros apuntamientos. [286]

¿Pero en daño de quién se juntaron jamás los cristianos? Lo mismo somos solos que congregados; lo mismo sentimos juntos que solos; á ninguno dañamos, á ninguno entristecemos. Cuando los honrados y los buenos se juntan, esta congregación no es sedición sino hermandad; cuando los piadosos y los castos se congregan, esta junta no es rancho, sino escuela; no es facción, sino curia. [287]




350. (1)    Engañóse Esteban Duranto, lib. 2, De Rit., cap, 16, en decir que estas oraciones eran las que se dicen en el preámbulo del sacrificio de la misa; que aquí no habla Tertuliano de la junta en que se celebraba la misa, que era la matutina, sino la vespertina, de la oración.



351. (2)    Text. Haec vis Deo grata. Se rinde a partido Dios por la oración que se hace en comunidad.



352. (1)     Text. Censura divina. Frecuente mención hace Tertuliano de la descomunión que llama relegationem, Anathema, agere extra Ecclesiam, separari a communione fraternitatis, depelli a communicatione exactorari Sacramento benedictionis.



353. (2)     Por ancianos entiendo presbíteros.



354. (3)     En la primitiva Iglesia se cuidaba mucho de los viejos, niños, presos, viudas y pupilos.



355. (1)     Tratábanse con tanto amor aquellos cristianos, que los de mayor calidad llamaban, al más anciano padre, al menor hijo y al igual hermano.



356. (2)     Alude á la tragedia de los hermanos Atreyo y Teyesta.



357. (1)     Sócrates autorizó amores de su mujer con un amigo suyo, y Catón, romano, los consintió á Marcia, su mujer, con Hortensio, San Agustin, lib. De Bono conjugii., cap. 19.



358. (2)    Plutarco dice que Estratónico dijo este dicho de los rodios, pero Laercio lo atribuye á Diógenes respecto de los megarenses.



359. (1)     En Atenas se hacían unos sacrificios á Baco llamados apaturios, que instituyó Dionisio, en que se cenaba con grande opulencia cuatro días. Véase á Meursio in Grecia feriata, lib. 1.



360. (2)     En Egipto se cenaba tanto en la fiesta de Serapis, que se vigilaban las chimeneas para que no causasen incendio en la ciudad.



361. (3)     No habla aquí de la cena mística en que se decía la misa, como pensó con engaño Pamelio, núm. 516, porque aqui solamente habla de la cena con que por las tardes se socorría á los pobres; que la misa en la junta de las mañanas se celebraba.



362. (4)     agave significa caridad, y así se llamaba aquella cena. En tiempo de San Jerónimo se convocaba á voz de pregonero á los pobres.



363. (5)     Tratábase á los truhanes con tanta contumelia en los banquetes, que dice San Jerónimo, lib. in Helvid.: Parasitus in contumeliis gloriatur.



364. (1)     Lavarse las manos después de haber comido fué costumbre entre los cristianos.



365. (2)     Los ejercicios de la junta se acababan dando gracias á Dios por las gracias y todos los beneficios, como dice Clemente Alej., lib. 2, Pedag., cap. 10.



366. (3)     Text. Non in catervas caesionum. La Cerda, núm. 950, dice que alude á los gladiadores, que iban después de los convites á los juegos meridianos. Aquí no habla de eso, porque si trata de las cenas, parece que no iban después de cenar al juego meridiano. Alude á los atletas que después de borrachos luchaban y so abofeteaban, como dice Suet., cap. 45.






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