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Quinto Septimio Florente Tertuliano
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  • CAPITULO XL. ---- QUE LAS CALAMIDADES NO SUCEDEN AL MUNDO NI AL IMPERIO POR OCASIÓN DE LOS CRISTIANOS, COMO DICEN LOS GENTILES.
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CAPITULO XL. ---- QUE LAS CALAMIDADES NO SUCEDEN AL MUNDO NI AL IMPERIO POR OCASIÓN DE LOS CRISTIANOS, COMO DICEN LOS GENTILES.

Antes por el contrario, el nombre de amotinados se debe acomodar á los que conspiran en odio de los buenos y honrados, á los que proclaman contra la sangre inocente, excusando el odio con pretexto de aquella frivola vanidad con que piensan, que toda común desdicha y las particulares descomodidades del pueblo suceden por causa de los cristianos 367. Si el Tíber sube á las murallas 368; si el Nilo no llega á regar las vegas; si ei cielo está sereno y no da lluvias; si la tierra tiembla ó se estremece; si el hambre aflige; si la peste mata, luego grita el pueblo: ARRÓJENSE LOS CRISTIANOS AL LEÓN 369. ¿Un león para tantos?

Yo ruego que me digáis: ¿cuántas calamidades cayeron sobre el mundo y sobre Roma antes del imperio de [288] Tiberio 370, esto es, antes de la venida de Cristo? Leemos que Hierápoli 371 y las islas de Delon, Rodas 372 y Coon, con muchos millares de hombres se hundieron. Platón cuenta también que el mar Atlántico anegó la mayor parte de Asia y África 373. Un bostezo de la tierra se sorbió enteramente al mar Corinto 374. El ímpetu de las aguas despezonó de tierra firme á Lucania, quedando desterrada de Italia con nombre de isla Sicilia 375. Estas cosas no sucedieron llanamente sin daño grande de los habitadores. ¿Dónde estaban los cristianos, estos que desprecian vuestros dioses, y dónde los dioses mismos cuando el diluvio universal, que Platón llama campestre 376, anegó á todo el mundo? Las [289] ciudades donde nacieron y murieron los dioses, y también las que fundaron, que hoy se conservan con sus nombres, atestiguan que sus fundadores vivieron después de aquel universal estrago. No duraran hoy si no se hubieran fabricado después de aquella general ruina. Aún no había hospedado al enjambre judío que venía de Egipto, la colmena de Palestina; aún no había oído el nombre de cristiano el mundo, cuando la lluvia de fuego abrasó las regiones de Sodoma y de Gomorra. Aún duran vivos los castigos de este rigor, que la tierra huele á incendio, y si los árboles producenfrutos, solamente son para los ojos hermosos, que en las manos se resuelven en ceniza. No había recibido la Toscana enojo de los cristianos cuando á Volsinio lo abrasó allí el fuego del cielo ni la villa de Pompeya se había querellado de los cristianos cuando la enterró el Vesubio con ceniza 377. No conocía Roma al Dios de los cristianos cuando Aníbal 378, después de la batalla de las Cannas, medía á celeminadas las muertes de la nobleza romana. A todos sus dioses adoraba Roma cuando los galos 379 escalaron el mismo Capitolio 380, que era su curia y era [290] su casa. Y con especial providencia las calamidades de las ciudades alcanzaban también á vuestros dioses y las ruinas de las murallas á sus templos, para que conocieseis vosotros, varones suaves, que no era suya la mano que enviaba los castigos; que es creíble no venían sus propias injurias de sus manos.

De otro origen nacieron estas desdichas. Siempre el linaje humano tuvo á Dios muy ofendido. Primeramente, porque pudiendo por la parte de la razón natural rastrear el autor de la naturaleza y las acciones que le ofendían, negligentemente emperezó para hallarle y se fingió otros dioses á quien dió la adoración. A más de esto no quiso buscar al autor de la naturaleza por no tropezar con el maestro de la inocencia y de la gracia de Jesucristo nuestro Señor, que es el juez y cobrador de los méritos y las culpas: no quiso, pues, tener á quien temer por tener salvedad para pecar, y así creció en todo vicio y todo crimen. Porque si lo hubiera buscado lo hallara; si lo hallara lo estimara; si lo estimara lo sirviera, y si lo sirviera lo experimentara más propicio que enojado. Sepa, pues, que el Dios que está ahora enojado, es aquel mismo que lo estuvo antes que hubiera cristianos; que aquella mano castiga por los delitos, que siempre castigó por las ofensas. Si el mundo, antes que fingiera estos dioses que venera, recibió tantos beneficios de la mano de un autor, ¿por qué no conoce que los daños que padece, cuando los adora, nacen de aquella mano que se ignora, de aquella misma bondad, cuyos beneficios se desprecian? De la majestad que es ingrata, de aquella es reo.

Y si se comparan las calamidades pasadas con las presentes, se hallará que son menores las que hoy padece el mundo después que recibió de la mano de Dios la compañía de los cristianos. Desde entonces se cumplió la malicia del siglo con la inocencia cristiana, y [291] comenzó á haber quien terciase con sus ruegos. Finalmente, podéis conocer que nuestras oraciones moderan el enojo que merecieron vuestras culpas, cuando sucede que las nubes no llovieron en la primavera del otoño y del verano, cuando ya da cuidado la cosecha; entonces, pues, vosotros coméis mucho para cenar mejor; os entregáis con más frecuencia á los baños, á las tabernas, á las casas públicas; ofrecéis á Júpiter los aquilicios 381; decretáis se descalce el pueblo 382; buscáis en el Capitolio el cielo; esperáis las nubes de los artesones del techo, y buscáis á Dios huyendo de él, y le obligáis con ofensas. Pero nosotros, secos con los ayunos, desustanciados con la mortificación, enjutos como esqueletos, destituidos casi de la esperanza de vivir, postrados en tierra, vestidos de saco, envueltos en ceniza rompemos los cielos con agradable porfía hasta tocar con la mano su piedad 383. Y siendo nosotros los que con la extorsión de ruegos alcanzamos de Dios el benecio, dais vosotros á Júpiter las gracias. [292]




367. (1)     Fue querella general y obstinada de los gentiles, que las calamidades del mundo y del imperio sucedían por permitir los cristianos en el mundo. Respondióles Arnobio, lib. 1; August., lib. 2, Civ., cap. 2. Rufino, lib. 9, cap. 7. Ciprian., ad Demetr.



368. (2)     Como se riegan las campañas de Egipto con las crecidas que hace el Nilo en el otoño es notorio. Y que las grandes crecientes del Tíber han causado en Roma grandes daños, lo dicen Livio, lib. 5, Valer. Max., lib. 1, cap. 6. Plutarco en la Vida de Camilo.



369. (3)     En una calamidad era común amenaza de los gentiles del pueblo: Arrojense los cristianos al león.



370. (1)    Pone siempre el nombre de Tiberio para computar los años de la religión cristiana, porque el Salvador comenzó ápredicar el año 15 de Tiberio, como dice San Lucas, cap. 3, y padeció el año 18 de este César siendo cónsules En. Domicio y A. Vitelio.



371. (2)    Hierápoli, dice la Cerda, que es la ciudad en Asia, de que dice Oros., lib. 7, cap, 7, que se arrumó en tiempo de Nerón. Pero, ó no habla de esta Tertuliano, ó antes había caído alguna parte, porque habla de las ruinas que sucedieron antes de Tiberio.



372. (3)    Rodas y Délos se hundieron año 517 de la fundación de Roma, y Coon el año 38 de Augusto César, y después, aunque .minoradas, se descubrieron. Plinio, lib. 2, cap. 88. Orosio, lib. 4, capítulo 13.



373. (4) Platón en el Timeo dice que hubo una isla llamada Aeon en el Océano Atlántico, tan grande como las dos partes del mundo, sorbida después por las aguas de este mar.



374. (5)    Pamelio, núm. 529, dice que habla de Bura, y Elice que las anegó el mar de Corinto, como dice Plinio, lib. 2, cap. 94; mas Tert. no dice sino que el mar se sumió en la tierra: Mare Corinthum terrae motus obibit.



375. (6)    Sicilia fué tierra firme continuada con Italia, y se llamó Lucania; pero combatida del encuentro del mar Adriático y Tirreno quedó isla. Tertul., lib. De Pal., cap. 2. Plinio, lib. 3, capitulo 8.



376. (7)    Platón pensó que las aguas del diluvio no subieron á las

cumbres de los montes, y dijo Tertuliano, lib. De Pal., cap. 2: Aun las conchas y peregrinos caracoles peregrinan en los montes, queriendo persuadir á Platón que nadaron las cumbres. Herodoto, lib. 2, dice que vio en los montes de Egipto estas conchas.



377. (1)     Volsinio era pueblo de la Toscana, y lo abrasó un rayo. Pompeya era pueblo de Napóles, al pie del monte Vesubio.



378. (2)     Para encarecer Anibal la victoria que tuvo de los romanos en Cannas envió á Cartago tres celemines de anillos, insignias de los nobles. Livio dice que uno, Tertuliano no dice el número.



379. (3)     El capitán de estos galos fué Breno. Suidas dice que eran habitadores del Rhin. Plutarco, que de las riberas de la Ga-rona.



380. (4)     Text. Capitolium Senones occupaverunt. Occupare no quiere decir poseer; pues consta se despertaron los centinelas, sino embestir repentinamente.



381. (1)     Aquilicios eran sacrificios que se hacían á Júpiter cuando faltaba agua para los frutos. El nombre se deriva de este Aquilex, que es el artífice que saca agua con pozos de tierra, y la lleva por arcaduces á la fuente. Séneca, lib. 3.



382. (2)     Nudipedalia era una procesión que hacían en tiempo soco y sereno en que iban los consulares sin togas, las matronas descalzas, las vírgenes vestales con sacos. Tertuliano, libro De Jejuniis, cap. 16.



383. (3)     Text. Invidia Caelum tundimus, Coelum tangimus. Este lugar tiene tantos expositores como lectores. Yo creería que aquí facere invidiam es hacer acción excesivamente agradable, envidiable de todos; que en buena parte, "por la competencia en lo bueno suele tomarse envidia.,,






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