|
CAPITULO XLVI. ---- QUE LA LEY CRISTIANA NO ES NUEVA ESCUELA DE
FILOSOFÍA, Y QUE LOS FILÓSOFOS NO ENSEÑAN LA VERDAD ENTERA, SINO QUE LA
REMEDAN.
Constantemente he satisfecho,
según creo, á los crímenes que oponían los designios de los que piden la sangre
de los cristianos. He mostrado todo el estado de nuestra religión, y los
caminos por donde se prueba ser verdadera, que son la fe, la antigüedad de la
Escrituras, y la confesión de los mismos dioses y demonios. ¿Quién se atreverá,
pues, ahora á redargüirme ó replicarme (si deja el retórico artificio de
palabras) en la misma forma de razón con que yo he disputado en defensa de la
verdad? Pero mientras la pureza de nuestra religión se va manifestando á cada
uno, y la incredulidad obstinada se rinde á la bondad conocida, que por la
experiencia y con el trato hallan ya que es provechosa, conceden algunos que es
buena nuestra religión, pero no admiten que sea ley divina 409, sino nueva escuela de filosofía. La
misma inocencia, dicen, profesan y enseñan los filósofos 410, la misma justicia, la misma paciencia,
sobriedad y honestidad. [307]
Pues si entendéis que somos
iguales con los filósofos, ¿por qué no nos daislicencia para enseñar como á
ellos? ¿O por qué si ellos son semejantes á nosotros, no les forzáis a las
acciones que si no hacemos nosotros peligramos? Aquella justicia es inicua que
de los iguales ordena con diferencia. ¿Quién jamás ha forzado á los filósofos á
sacrificar? ¿á jurar por los genios de los Césares? ¿á encender las "vanas
antorchas á medio día? Antes bien, en sus comentarios destruyen á los dioses;
acusan la superstición de la secta, y vosotros los aplaudís, y los más ladran
contra los emperadores, y sin castigo se toleran. En lugar de castigarlos
apadrináis tan favorablemente estos desprecios, que juzgáis que estos merecen,
no fieras como nosotros, sino estatuas y salarios. Pero con razón que se
llaman filósofos y no cristianos. No es menos provechoso, pues, para vosotros
el nombre del cristiano que el del filósofo; que el nombre de filósofo no hace
huir los demonios. ¿Cómo sería [308] esto?¿Cómo huirán los demonios de los filósofos
si los invocan como á sus dioses? Siempre que Sócrates prometía alguna cosa
ponía esta excepción: SI ME DA
LICENCIA MI DEMONIO 411.
Este filósofo cuando conoció la verdad negó los dioses, y cuando murió hizo
sacrificar á Esculapio el gallo 412.
Creo hizo esta honra á Esculapio en lisonja de su padre Apolo, que atestiguó
era Sócrates el más sabio de los hombres. ¡Oh inconstancia de filósofo!, ¡niega
los dioses y sacrifica á Esculapio! ¡Oh indiscreción de Apolo!, ¡atestigua en
abono de la sabiduría de aquel que los negaba!
Cuanto más abrasadamente esté la verdad perseguida del odio, tanto ofende el
que la dice más clara; pero el que la viste con afectación y la adultera con
aliñados rebozos halla aplausos, gana agrados entre los enemigos de la verdad,
entre aquellos que también la escarnecen, ó la violan. Los filósofos afectan la
verdad 413, remédanla
cómicamente; con la afectación la corrompen como quien busca la honra en el
aliño del arte. Los cristianos la apetecen con la necesidad, la enseñan con la
entereza, no buscan en ella lucimientos, sino salud. No se parecen, como pensáis, los filósofos y los
cristianos ni en el conocimiento de la verdad ni en la ense-sanza. ¿Qué supo
conocer de Dios Tales, príncipe de los filósofos 414, al cual preguntando Creso qué cosa
era Dios, [309] pidiendo espacios para deliberar,
entonces acertó más cuando no supo decir nada? A Dios lo halla y muestra
cualquier oficial cristiano, y todo lo que se le pregunte de Dios lo dará allí
señalado; aunque haya dicho Platón que no es fácil el hallar al hacedor del
universo, y que hallado es dificultoso definirle.
En la filosofía moral veréis cuán
poco se parecen los filósofos y los cristianos. Porque si hablo de pureza hallo
parte de una sentencia de los atenienses contra Sócrates por violador de
muchachos 415: el
cristiano no muda el sexo femenino. Hallo también á Friné, manceba de
Diógenes, que como puerca ardía en el regazo del poltrón filósofo. Veo
también á cierto Pseussippo, platónico, muerto en la fragancia de un
adulterio 416: el
cristiano solamente nació hombre para sola su mujer. Demócrito se sacó los
ojos porque no podía mirar sin concupiscencia las mujeres 417, y por ventura tuviera pesar si no las
hubiera gozado. Con el rigor de la enmienda confesó el exceso de la
continencia. El cristiano sin mirar ve las mujeres; para torpezas tiene
ciega la consideración. Si defiendo la bondad, está Diógenes, que
arrogantemente pisó con los pies lodosos las soberbias camas de Platón 418: pisó una soberbia con otra: el
cristiano, ni contra un pobre [310] miserable es presumido. Si
disputo de la modestia, está Pi-tágoras, que intentó tiranizar á los Turios
419, y Cenón á los
prienenses: el cristiano, ni aun el oficio de almotacén apetece. Si
quiero conferir de la ecuanimidad, ocurre Licurgo, que se dejó morir de hambre
apesarado de que le hubiesen enmendado sus leyes los lacedemonios 420: el cristiano, al mismo que le
condena da las gracias. Si se hace cotejo en la fidelidad, Anaxágoras
entregó al enemigo el depósito: y al cristiano, los mismos gentiles llaman
por antonomasia el fIel. Si examino despacio la llaneza de corazón, está
Aristóteles, que hizo matar á Hermias su amigo, bajo pretexto de amistad
421: el cristiano no
sabe ofender á sus mismos enemigos. El mismo Aristóteles, tan torpemente
lisonjeó á Alejandro, á quien debiera regir, como Platón vendió la libertad á
Dionisio por el regalo 422,
á quien debiera desengañar. Aristippo 423,
debajo de tan grande gravedad y purpúrea superficie, bebía como un borracho
glotón. Hippias fué muerto tratando de entregar la ciudad por traición 424. Esto jamás el cristiano lo intentó
en defensa de los suyos, viéndolos [311] despedazar atrozmente cada día. Por
estos ejercicios podéis conjeturar la semejanza.
Pero dirá alguno: no se infama la filosofía porque algunos degeneren
425, que también entre
los cristianos hay muchos que se desvían de su ley. Es verdad; pero el filósofo
no pierde ni el nombre ni la honra de sabio con estos hechos. No perdió
Aristóteles por los vicios la honra de príncipe de los filósofos, pero el más
excelente cristiano, si se aparta de la virtud ó la fe, pierde entre nosotros
el nombre y el honor. ¿Qué semejanza tienen el filósofo y el cristiano? ¿el
discípulo de Grecia y el del cielo? ¿el tratante de la fama, y el negociador de la vida eterna? ¿el que trabaja
en los dichos, y el que trabaja en los hechos? ¿el que destruye la inocencia de
la vida y el que la edifica? ¿el amigo del error y el enemigo de la
mentira? ¿el que cercena la verdad y el que la conserva entera? ¿el que la
hurta para violarla, y el que la defiende pura? [312]
|