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CAPITULO XLVII. ---- QUE TODOS LOS FILÓSOFOS BEBIERON ALGO DE
LA FUENTE DE LA SAGRADA ESCRITURA.
A esto replicaréis: ¿El filósofo puede hurtar la verdad á los cristianos?
¿Por ventura el cristiano es más antiguo que todos los filósofos? Si no me
engaño, la verdad que el cristiano enseña precede á todas. Para esto aprovecha
ahora la mayor antigüedad de la Divina Escritura que dejó averiguada, para que
fácilmente se crea que la más antigua sabiduría es el tesoro de la postrera. Y
si no fuera ya templando el peso de este libro, también alargara la pluma en
prueba de este asunto.
¿Quién de los poetas, quién de
los sofistas dejó de beber algo de la fuente pura de los profetas? 426. De aquí regaron, pues, los filósofos el
sediento campo de los ingenios, y por lo que tienen de nosotros nos comparan á
ellos, como si no fueran ellos los que nos remedan, que por eso creo que la
ciudad de Tebas, de Sparta y Argos desterraron la filosofía que predicaba un
Dios, porque presumieron que aquella doctrina se originabade nuestros
libros. Pero como los filósofos son, como dijimos, hombres amigos de gloria
vana, si en la Escritura [313] haliaban con verdades claras, las
desfiguraban con la curiosidad de la elocuencia para ser tenidos por autores de
lo que no era suyo 427; y como no acababan de creer que eran escrituras divinas, se abalanzaron
sin temor á cercenarlas, y como no entendían la profundidad de sus misterios
(que entonces estaban aún á la sombra de figuras tan obscuras, que ni los
mismos judíos, cuyas eran, entendían), las torcieron para contrarios intentos. Por
esto si veían alguna verdad sencillamente dicha, la escrupulosidad humana que
despreciaba la autoridad divina, con más desembarazo la trocaba en su razón, y
por este camino mezclaron con lo cierto lo dudoso.
Hallaron los filósofos en nuestra Escritura «que Dios era uno solamente»;
pero como no disputaron de él de la manera que lo habían hallado, comenzaron á
altercar sobre su naturaleza, sobre sus atributos, y sobre el asiento de su
corte. Los platónicos dicen que es espiritual: los estoicos que corpóreo;
Epicuro lo compone de átomos; Pitágoras, de números; Heracleto, de fuego. Los
platónicos lo ponen ocupado en el cuidado de las criaturas. Los epicúreos tan
ocioso, tan sin ocupación, como si dijésemos que es ninguno. Los estoicos lo
ponen fuera del mundo revolviendo la máquina de este globo desde los cielos
como el alfarero la rueda. Los platónicos dentro del cielo lo colocan,
asistiendo como asiste el gobernador dentro del reino que rige. Así varían también en la disputa del mundo. Unos
dicen que es criado; otros que nunca nació; unos que es corruptible, y otros
sienten que tiene eterna duración. Asimismo en la disputa del estado del
alma hay encuentro de opiniones 428.
Unos dicen que es divina y eterna: otros
que mortal y disoluble. [314]
Yo no admiro que á la Escritura antigua después de tantos siglos la hayan
pervertido los filósofos 429,
si al Evangelio con tanta brevedad lo adulteraron. De esta semilla nacieron los
que á este novizuelo edificio lo han profanado, reduciendo la verdad á
opiniones de filosofía, y partiendo el camino real en muchos senderos
inexplicables y torcidos. He
señalado esta advertencia para que el que conoce la variedad que hay dentro de
nuestra misma religión no nos iguale, aun en esto, á la variedad de las sectas
de los filósofos, y para que no juzgue sospechosamente por la variedad de las
defensas de la certeza de la verdad. Ya nuestra enseñanza desembarazadamente ha
prescripto contra los herejes «que aquella es la regla de la verdad, que vino
de Cristo», que llegó á nosotros por mano de sus apóstoles, con los cuales
andan encontrados estos ultimos comentadores como probaré en especiales
tratados. De la verdad ha salido toda la máquina y munición que á la verdad hace
guerra, trazando esta emulación los espíritus malignos, padres del error. De
este espíritu salió el veneno que ha corrompido la enseñanza saludable: de éste procedieron las fábulas que se han
mezclado con la pureza de la doctrina para que con la semejanza que tienen con
las cosas de nuestra fe, ó la enfermaran [315] ó la vencieran. Porque si se presume que
los cristianos no han de ser creídos, porque los filósofos que enseñan
doctrinas semejantes no son creíbles, este pretexto enflaquece nuestro crédito,
y si se piensa que los filósofos son creíbles porque los cristianos no han de
ser creídos, esta presunción lo aniquila.
Esto, pues, ha persuadido el demonio á los gentiles, que no creyesen lo que
dijese el cristiano. Por esto si decimos «que Dios ha de juzgar todo el linaje
humano», se ríen de nosotros, y si los poetas y filósofos levantan en el
infierno un tribunal lo creen, porque los no cristianos lo dicen. Si amenazamos
con el infierno, que es un fuego subterráneo, tesoro para penas, dan carcajadas
de risa; y si los poetas ponen el Piriflegteonte para castigar los malos, lo
creen como ministerio sagrado 430.
Si nombramos el paraíso 431
(lugar de divina amenidad, destinado para hospicio de las almas santas, que la
distingue de la noticia de este orbe la flamante zona de la espada del
Querubín) no lo creen, porque todo el crédito lo tiene ocupado la fe de los
campos Elíseos que describen los poetas. ¿De dónde sacaron (yo os ruego) los
filósofos y poetas cosas tan semejantes á las nuestras 432? ¿Y por qué siendo tan semejantes han de ser las vuestras tan solamente
creídas? ¿Por ventura [316] por haber sido las primeras? Ya consta
por la antigüedad que nuestros Sacramentos fueron los primeros de donde los
filósofos los copiaron. Luego si los nuestros son primeros, son más verdaderos;
que más fiel es el original que la copia. Y también son más" creíbles; que
más fe merece la verdad que la figura. Si decís que vuestro ingenio inventó
estas doctrinas, y que nosotros las imitamos, esto será decir: que nuestros
misterios son dechado de los postreros, instancia que no sufre el orden de las
cosas, que nunca precede la sombra al cuerpo, ni la imagen al original. [317]
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