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CAPITULO XIV. ---- QUE LOS POETAS Y FÍLOSOFOS TAMBIÉN
ESCARNECEN Y HACEN BUBLA DE SUS DIOSES.
Pero si llego á examinar los libros con que se instruyen los hombres nobles
para aprender la prudencia y saber ejercer los oficios y cargos ingenuos,
¿cuántos escarnios se hallan allí de vuestros dioses? ¿Qué ignominias no
escribe Hornero de estas divinidades 137?
Este dice cómo los dioses unos 138
con otros guerrearon por los troyanos y argivos como si fueran cuadrillas de
gladiadores. Refiere cómo Diomedes por robar á Aeneas que agonizaba casi
muerto, hirió á la divinidad de Venus con una saeta humana 139, que como hijo lo amparaba. Escribe
los trece meses de la prisión de Marte 140, la fuga que hizo Júpiter por no experimentar la misma
calamidad. Este canta la libertad que dió un monstruo á Júpiter, las lágrimas
que éste derramó por la muerte de Sarpedonio, el amor que tuvo á Juno, y el
repudio que hizo de las antiguas mancebas por gozar más torpemente de su
hermana. [197]
Con el ejemplo del maestro
autorizaron los discípulos los desprecios que hicieron de los dioses. ¿Qué
poeta se hallará que á imitación de su príncipe no sea deshonrador de los
dioses? Uno conduce al dios Apolo para pastor de los ganados del rey Admeto. Otro
alquila al dios Neptuno para servir al rey Laomedonte en la fábrica de Troya.
Otro hay de los líricos (este es Píndaro) que canta que Júpiter mató con un
rayo á Esculapio, porque, codicioso del dinero, abusaba perniciosamente de la
medicina. ¡Oh mal Júpiter, si el rayo es suyo, impío con su nieto, envidioso
del autor de la salud! 141 Si estas indecencias de vuestros dioses
son verdaderas, las debierais ocultar; si falsas, no se debieran fingir por
hombres que blasonan de religiosísimos. Tampoco los poetas trágicos y cómicos
perdonan á los dioses. Estos comienzan sus libros con engaños y los acaban con
desdichas de los dioses.
De los filósofos no hablo, basta
Sócrates 142. Este cuando
juraba decía: «por vida del cabrón, por vida de la encina y del perro»,
mostrando en la contumelia lo que sentía de aquellas deidades. Mas el
que condenó á los dioses fué condenado; que la verdad ha sido siempre lo que
es, terrero del odio. Con todo eso
los atenienses apesadumbrados de la sentencia condenaron á los acusadores y
pusieron á Sócrates estatua de oro en el templo 143. La rescisa condenación es testimonio de
su [198] inocencía. También Diógoras se burló de
Hércules con una donosa chanza 144. Escínnico Varrón trescientas estatuas de Júpiter
introdujo descabezadas. [199]
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