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CAPITULO XVIII. ---- QUE LA SACHADA ESCRITURA SE TRADUJO EN
LENGUA GRIEGA POR DILIGENCIA DE PTOLOMEO FILADELFO.
Mas para que pudiésemos hallar más llanamente el conocimiento de Dios, y más
intensamente penetrar la disposición de su divina voluntad, añadió el
instrumento de la escritura al impulso de la naturaleza. Aquí lo busca el que
lo desea; aquí lo halla el que lo busca; á éste cree el que lo halla, y á éste
sirve el que lo halló.
Desde el principio del mundo envió Dios varones justos é inocentes 175, dignos de conocerle y mostrarle,
llenos de la gracia del Espíritu Santo para que predicasen que Dios era único;
que crió el universo; que formó al hombre terreno de tierra, que es el
verdadero Prometeo que ordenó por disposiciones ciertas la variedad de los
tiempos, y para que anunciasen las señales que después mostró de su majestad
justiciera en las aguas del diluvio y en los fuegos de Sodoma, y las enseñanzas
que dispuso para que con su observancia se mereciesen sus favores, que vosotros
ignoráis y remisáis saber, y los premios que destinó á los observantes, y los
castigos que señaló á los incorregibles. Mandóles predicar también como acabado
este siglo han de resucitar todos los muertos del mundo 176, reuniéndose á los [211] mismos cuerpos las
almas, cuyos méritos se han de liquidar con riguroso examen 177, premiando á los honradores de Dios
con vida eterna, y castigando á los profanos con fuego eterno y continuo. Tiempo hubo en que solía yo reírme de esta
doctrina 178. He sido yo de
los vuestros: hácense, no nacen los cristianos. Estos predicadores que decimos
se llamaron profetas por el ofició de profetizar. No se perdieron sus
dichos, ni sus hechos; impresos quedaron para el crédito de la divinidad en el
tesoro de la escritura; ni tampoco ésta se ha perdido.
El más erudito de los Ptolomeos 179
que tuvo por sobrenombre Filadelfo, noticiosísimo en todas letras, queriendo
competir, según creo, con la diligencia que tuvo Pisistrato en congregar
famosas librerías, entre las memorias con que la curiosidad se adorna y la
antigüedad se celebra, pidió á los judíos, por consejo de Demetrio Falereo
180, el más excelente
gramático de aquella edad, por cuya cuenta corría este negocio, sus libros
escritos en idioma y caracteres tan propios de aquella gente, que no los tenía
otra nación. En este idioma habló
Dios á los profetas, y en este predicaban ellos á los judíos, que era la
familia de Dios por méritos de sus primeros padres. Los que ahora se dicen
judíos [212] llamáronse antiguamente hebreos, y por
eso se llaman hebreos los caracteres y el lenguaje. Los judíos, ajustándose á
la petición del rey, enviaron los libros y setenta y dos intérpretes 181 para que con fidelidad tradujesen
escrituras tan obscuras. Estos hicieron la traducción de hebreo en griego, y
confiriéndola Menedemo, filósofo, que fué el que reconoció la providencia
divina en este suceso 182, halló que la traslación de todos constaba de unas mismas palabras y
sentencias. La verdad de esta historia ya os la dejó escrita Aristseas 183. Por este camino Ptolomeo dejó las
escrituras hebreas clarísimamente traducidas en griego estilo. Hoy se pueden
ver en el templo de Serapis, donde está la librería 184, y se guardan los originales de esta
versión. Y el que quisiere informarse de más cerca, aquí en Roma tiene los
judíos que todos los sábados leen en su sinagoga esta escritura pagando anual
tributo por entrar á oir la explicación. El que oyere estas voces hallará á
Dios, y el que cuidare de conocerle se verá forzado á creerle. [213]
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