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CAPITULO XX. ---- QUE LAS ESCRITURAS SAGRADAS SE PRUEBA SER DIVINAS POR LA VERDAD DE
LOS SUCESOS QUE ANUNCIAN.
El dilatar la prueba de la
antigüedad, no es rehusarla: mayor es la prueba que doy que la que dejo:
por la antigüedad que había de probar 196, doy su majestad autorizada: cuando no señalo á
la Escritura sus años, la pruebo divina por su autor; ni es menester ir
regateando la prueba, ni traer los argumentos de lejos: presentes tenemos los
testigos, el mundo, el siglo 197, y el cumplimiento de las desdichas que la
Escritura amenaza.
Todo lo que hoy sucede se halla
profetizado en la Escritura que había de suceder: todo lo que hoy vemos lo
teníamos oído á los profetas que la tierra se traga ciudades; que los mares
defraudan á las islas de sus campos; que pueblos fieramente se despedazan con
guerras civiles y extranjeras; que reinos con reinos por competencias combaten;
que el hambre, la peste, el estrago de tantos muertos tienen desplobadas muchas
tierras: que muchos hombres viles están entronizados; que muchos nobles en un
rincón abatidos; que la justicia está enflaquecida y la maldad insolentemente
bulliciosa; que el cuidado de las buenas letras está con la [217] ociosidad entorpecido; que los tiempos mudan sus
veredas: que los elementos dejan con violencia sus naturales cursos; que los
monstruos y los portentos turban las leyes de la naturaleza; antes que estas
cosas sucediesen estaban próvidamente escritas 198. Mientras las padecemos las leemos, y
mientras las experimentamos las aprobamos 199, que es idóneo testimonio de divinidad la verdad
de la profecía.
De aquí es que entre los cristianos con tanta certeza damos crédito á lo que
ha de ser, como á lo mismo que ha sido; porque al lado de lo que hoy sucede
está profetizado lo que ha de suceder mañana. Con la seguridad de palabras que
decimos lo que ha pasado, pronunciamos lo que se ha de cumplir: con unas mismas
letras escribimos lo que ha de venir y lo que ha llegado: con tan firme aliento
pronunciamos lo que ha de suceder como lo sucedido. Los profetas no tienen sino
un tiempo, porque veri presente lo futuro; mas nosotros distinguimos tiempos en
la profecía 200. Por lo
futuro que dice la Escritura que será, esperamos el presente, y por el presente
que ya es, colegimos que era verdadera la pretérita profecía. ¿En qué faltamos (yo os ruego) creyendo los
futuros por los dos grados de presente y de pretérito? Si se cumplió y
se cumple lo que estaba profetizado, ¿qué liviandad será creer se ha de cumplir
también lo que falta de lo prometido? De lo que ha sido y es, bien
se asegura la certeza, que será lo que dice la Escritura que ha de ser. [218]
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