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| Quinto Septimio Florente Tertuliano Apología IntraText CT - Texto |
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CAPITULO XXXVIII. ---- QUE LAS JUNTAS DE LOS CRISTIANOS NO SE HAN DE CONTAR ENTRE LAS CONGREGACIONES ILÍCITAS. Pues si la religión cristiana es á la ciudad tan provechosa y á la república tan necesaria, no será hacerle más cortesía que la menos que merece, contándola en el número de las lícitas congregaciones, pues en ella no se trata lo que en las otras se teme. La causa de haber prohibido los colegios de otras sectas ha sido 345, si no me engaño, porque consideró la providencia y modestia pública que la competencia de opiniones podía avandalizar la ciudad, y la parte más poderosa comprar votos con dinero, agregando sectarios para salir violentamente con sus pretensiones en las juntas de la ciudad. Esta división podía turbar también las congregaciones de la república, los comicios, los concilios, la curia, las oraciones y los espectáculos. Pero nuestra junta no tiene estos peligros; que si los cristianos son hombres de hielo, para las honras y dignidades no necesitan de ir al Senado, ni á otra junta á pretender tumultuosamente cargos apadrinados con la violencia de. los votos. No acude el cristiano al Consistorio por su interés; para él todo el mundo es su república, todos los hombres son ciudadanos; con igualdad mira el público negocio y el ajeno. Mucho menos [279] puede turbar la fiesta de los espectáculos, porque igualmente renunciamos estas íiestas 346, como su origen supersticioso y las acciones con que se celebran. ¿Qué puede esperar nuestro deseo en las cuadrigas del CIRCO? ¿Qué tienen que oir nuestros oídos en las torpezas del TEATRO? ¿Qué tienen que ver nuestros ojos en la atrocidad con que las fieras despedazan hombres en la ARENA? ¿Qué tiene que aprender nuestra atención en la vanidad de las acciones del XISTO? 347 ¿En qué os ofendemos por presumir hay otros deleites más gustosos que vuestros juegos? 348. Si no queremos aprender vuestras delectaciones, no quita á nadie nuestra abstinencia su recreo; no tengáis esto por agravio, que el daño es nuestro. Si reprobamos vuestros entretenimientos, también nuestros deleites os disgustan á vosotros. Si habiendo dicho indiferentemente Epicuro que el sumo bien es el deleite 349, pudieron sus discípulos determinar que la verdad de éste se halla en la equidad del ánimo y en la rectitud de las obras, ¿por qué no podrá pensar el cristiano que está el deleite en su origen? [280]
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345. (1) Severo prohibió que en Roma se juntasen congregaciones con ninguna especie de pretextos, y hace mención de este rescripto Ulpiano, lib. 1, In fine, ff. de offic. Praefecti, Urbis y Bar. tomo 3, An., 204. 346. (1) Ea la primitiva Iglesia por ningún caso asistían los cristianos á las comedias. 347. (2) XISTO era un juego qua llamaban ostadio, en que corrían tiraban, luchaban, saltaban y se abofeteaban. 348. (3) Todo este linaje de juegos se llaman espectáculos, y de todos dijo Tertuliano, lib. De Spect., cap. 28: Delicatus es, christiane, si in saeculo voluptatem concupiscis, imo nimium stultus, si hoc existimas voluptatem. 349. (4) Epicuro dijo en general: Summum bonum est voluptas: y sus discípulos añadieron: Voluptas est aequitas animi, et requies a negotiis. |
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