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Quinto Septimio Florente Tertuliano
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  • CAPITULO XLI. ---- QUE LOS GENTILES SON LA CAUSA DEL DIVINO ENOJO ADORANDO LAS ESTATUAS Y DESPRECIANDO AL DIOS VERDADERO.
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CAPITULO XLI. ---- QUE LOS GENTILES SON LA CAUSA DEL DIVINO ENOJO ADORANDO LAS ESTATUAS Y DESPRECIANDO AL DIOS VERDADERO.

Vosotros sois, pues, los importunos á la naturaleza humana; vosotros los culpados en las públicas descomodidades 384; vosotros las añagazas de todas las desdichas, entre quien Dios se desprecia, y las estatuas se adoran. Más creíble parece que el enojado es nuestro Dios siendo el ofendido y despreciado 385, que no vuestros dioses que se hallan de vosotros tan servidos, y serían ellos malvados, si por ocasión de sus enemigos castigasen á sus fieles honradores, á quien debían separar en el castigo, pues lo están de las culpas de los cristianos.

Pero diréis: de la misma injusticia se puede redargüir á vuestro Dios. Si es verdadero y justo el Dios de los cristianos, ¿cómo sufre que padezcan sus honrado-res por las culpas de los gentiles profanos? Pero admitid primeramente las disposiciones divinas, y veréis desvanecida la redargüición. Nuestro Dios que una vez destinó día fijo para juzgar á los hombres cuando el [293] mundo se acabare, no precipita anticipadamente el distinguir las personas antes que se acabe; que el discernir entre los méritos de las personas, es condición aneja al acto judicial. Mientras no llega aquel día, es Dios uniformemente igual sobre el linaje humano, perdonando y reprendiendo. Los provechos y los daños quiso que fuesen comunes para los extraños y los propios, para que los que viven juntos con sociable humildad experimentasen con igualdad la clemencia y el rigor. Y porque esta disposición la conocimos en su Escritura, amamos la suavidad y su rigor lo tememos; mas vosotros, al contrario, lo desestimáis de todos modos; ni su piedad os obliga, ni su rigor os enmienda; de que se sigue que todas las calamidades con que Dios castiga al mundo son para vosotros castigo 386, y para nosotros amonestación.

Por esta causa ninguna tribulación nos aflige. Primeramente, porque si el trabajo nos quita la vida, nos cumple el deseo; que no tiene en este siglo el cristiano mayor anhelo que escapar de él con presteza. A más de esto, la adversidad que nos lastima nos ejercita y pasa á suma de méritos la grandeza de la tribulación 387. Y si de los castigos que Dios os envía nos alcanza alguna parte por vivir entre vosotros, más nos gozamos entonces; porque leyendo los profetizados en la Escritura, su cumplimiento nos corrobora la fe y nos asegura la esperanza. Pero si estas calamidades las envían vuestros dioses por nuestras culpas, y vosotros las padecéis [294] por nuestras causas, ¿por qué continuáis en adorar á dioses tan injustos y tan ingratos? Que no es razón padezcan los amigos por ocasión de los émulos; antes bien, á vista de nuestro castigo debieran favorecernos más para que los cristianos castigados con la envidia ó pretendieran su culto, ó murieran envidiosos. [295]




384. (1)     De este argumento escribió San Agustín todo el libro de la ciudad de Dios, y Orosio largamente, porque se pensaba que el imperio se disminuía al paso que se disminuyó el culto de los dioses.



385. (2)     Arguye bien, si Dios enojado castiga, vosotros causáis el castigo; que le indignáis quitándole su culto. Y el autor de estos castigos será nuestro Dios ofendido y ultrajado; que los vuestros estando tan honrados y servidos os darán estos premios.



386. (1)     Text. Si forte in admonitionem. Pónelo condicionalmente; porque no siempre que Dios nos castiga con severidad, entendemos que nos avisa para la enmienda.



387. (2)     Text. Nostris meritis deputatur. Quiere decir: con lo que so padece en este siglo crece el mérito, y en el otro crecerá el premio. Otros leen vestris meritis, y quiere decir por vuestra causa somos castigados; que viviendo entre vosotros que merecéis castigo, fuerza es nos alcance alguna calamidad.






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