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Quinto Septimio Florente Tertuliano
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  • CAPITULO XLII. ---- QUE LOS CRISTIANOS NO SON HOMBRES INFRUCTUOSOS PARA LA REPÚBLICA, COMO DICEN LOS GENTILES.
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CAPITULO XLII. ---- QUE LOS CRISTIANOS NO SON HOMBRES INFRUCTUOSOS PARA LA REPÚBLICA, COMO DICEN LOS GENTILES.

Pero también somos perseguidos á título de otras injurias menores. Hácennos cargo los gentiles de infructuosos para los negocios de la república. ¿Pero cómo son hombres inútiles los que viven con vosotros en un mismo lugar, que comen las mismas viandas, visten los mismos trajes 388, usan las mismas alhajas, necesitan de las mismas cosas para vivir? ¿Somos por ventura nosotros brahmanes salvajes 389, ó indios, gimnosofistas desterrados de la vida 390? No repudiamos ningunos frutos los cristianos, si bien templamos el uso y el exceso, que en ellos consideramos el favor de Dios que los crió. Hombres somos que vivimos con los otros en el mundo; que necesitamos de la plaza, de la carnicería, de los baños, de las tabernas, de las oficinas, de los mesones, de las ferias, y de los otros comercios comunes. A cualquier ministerio nos acomodamos con vosotros; somos marineros, soldados 391, labradores, [296] mercaderes, oficiales; sabemos todos artes, y servimos con nuestras obras á vuestro uso. Yo no sé cómo llamáis infructuosos para vuestros negocios á aquellos con quien y de quien vivís.

Si me llamas infructuoso porque no frecuento tus ceremonias, ¿eso qué importa?; no por eso dejo de ser hombre aquel día. «Si en las fiestas saturnales no me baño de día y no me lavo al amanecer» 392, hágolo por no perder el día y la noche; pero lávome á hora honesta y saludable, cuando el baño puede refrescarme la sangre, y conservarme el calor; que si me bañase en una mañana fría, la sangre puede helarse, y quedarme con el color amarillo, como muerto. «Si no salgo á cenar á la calle en las fiestas del Dios Libero 393, ¿á quién agravio? Que no quiero parecer á los delincuentes que cenan en público la última cena la noche antes que han de ser arrojados alas bestias. En<cualquier puesto que ceno, allí como de las viandas que te compro. «No compro para la cabeza corona 394; ¿esto qué te importa á ti? Si te compro las flores, deja á mi libertad el usar de ellas. Yo pienso son más agradables las flores, ó cuando se llevan libres, ó cuando se huelen sueltas, ó cuando vagamente se derraman, que cuando se ponen cautivas en la apretura de una corona. Si la corona va en la cabeza, [297] ¿cómo pueden las narices oler las flores? Véase si hay quién sepa oler por. los cabellos. «No concurro á las fiestas de los espectáculos»; ¿pero qué falta hago yo allí? Que si necesito de las cosas que se venden en aquel concurso, con más libertad las compro en las mismas tiendas ó mercados. «No compramos llanamente para los dioses aromas; pero si se querellan los de Arabia, sepan los sabeos que los cristianos compran y gastan más preciosos aromas para sepultar sus difuntos 395, que los gentiles para zahumar sus dioses.

Pero decís: llanamente los sacerdotes se querellan con razón de la inutilidad de los cristianos 396, porque de cada día se disminuyen tanto los tributos de los templos, «que ya no hay un cristiano que arroje á los dioses un dinero.» Señores no es culpa nuestra; reparad que nuestra hacienda no basta á sustentar hombres pobres y dioses mendigos, ni entendemos que la limosna se ha de dar, sino al que la llega á pedir. Si quiere Júpiter que le demos, hable, pida, alargue la mano y reciba, mientras extiende el brazo sepa que nuestra piedad gasta más con los pobres que piden de calle en calle, que su religión con los dioses que piden de templo en templo. En los otros tributos los ministros y ciudades dan gracias á los cristianos por la fidelidad con que los pagan 397; que el cristiano con aquel rigor paga [298] lo que debe con que se abstiene de quitar á nadie lo que es suyo. De suerte que si se coteja lo que se defrauda en los tributos por el engaño y astucia de vuestras fullerías, con nuestra fidelidad, se hallará que lo que falta al tributo de los templos por no pagarlos nosotros, se recompensa bastantemente con la ganancia que se tiene pagando nosotros todos los demás tributos con fidelidad y entereza. [299]




388. (1)     Vestían los cristianos el traje del pueblo común.



389. (2)     Brahmanes oran filósofos indios que no comían carne, ni bebían vino y vivían en las selvas. Clemente Alejandrino, lib. 3, Strom.



390. (3)     Gymnosophistas eran otros filósofos de la India Oriental que no se casaban, andaban desnudos y vivían siempre en los desiertos. San Agustín, lib. 14, Civ., cap. 16. Clemente Alejandrino, lib. 3, Strom.



391. (4) Nunca dijo Tertuliano que la milicia era ilícita á los cristianos, sino hacer las acciones de idolatría que estaban anejas á la milicia gentílica, como guardar los templos, adorar las banderas, apellidar un dios falso, venerar imágenes de dioses que iban en el estandarte.



392. (1)     En las fiestas saturnales se lavaban al amanecer, y dijo por ironía temía helarse, porque se celebraban en Diciembre.



393. (2)     En la fiesta de Baco hacían fiesta en el anfiteatro, y á los malhechores que habían de pelear con las fieras les daban de cenar la noche antes en público. Estuchio, lib. 1, cap. 16.



394. (3)     Rehusaban los cristianos ponerse coronas; porque los gentiles tenían consagradas las de laurel á Marte, las de murta á Venus, las de olivo á Minerva, y porque los coronados sacrificaban en el Capitolio un buey á Júpiter, dorándole los cuernos.



395. (1)     Uso frecuente de los cristianos ungir los cuerpos de los difuntos con aromas, por lo que dijo Cristo, Lucae, 22, de la unción de la Magdalena: Bonum opus operata est in me. Irineo, libro 1, De Haer., cap. 18. Lact., lib. 2, cap. 4.



396. (2)    El interés que perdían los sacerdotes en los templos por no dar ni sacrificar á los ídolos los irritaba contra los cristianos.



397. (3)    Aquellos cristianos por pagar los tributos con puntualidad y entereza se lo quitaban del comer, en consideración de lo que dijo Cristo: Reddite quae sunt Caesaris Caesari, et quae sunt Dei Deo. Justino Apol. Ad Antoni.






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