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Quinto Septimio Florente Tertuliano
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  • CAPITULO L. ---- DE LA VICTORIA DE LOS CRISTIANOS EN LOS TORMENTOS.
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CAPITULO L. ---- DE LA VICTORIA DE LOS CRISTIANOS EN LOS TORMENTOS.

Pues no se querellen los cristianos, decís, porque los perseguimos; que si ellos desean tanto padecer, deben amarnos mucho, pues les damos lo que quieren. Verdaderamente deseamos padecer; pero con aquel deseo que ama la guerra el soldado. Llanamente ninguno padece gustoso, que el temor es necesario, y el miedo en los pe" ligros forzoso; pero el mismo que se querella de la guerra pelea en la ocasión de la batalla con toda la fuerza de su valor, y cuando vence se goza el mismo que se querellaba, porque en la victoria alcanza honor, gana despojos. Batalla es para nosotros cuando somos provocados á la palestra de los tribunales para combatir con peligro de la vida en defensa de la verdad. Victoria es alcanzar aquello por que se pelea. Esta victoria tiene por gloria agradar á Dios, por despojos vida eterna. Si nos prenden, si en el tribunal somos convencidos de nuestra fe, conseguimos lo que queremos; luego vencemos cuando morimos; luego escapamos cuando nos prenden, y triunfamos cuando padecemos. Aunque ahora nos llamáis sarmenticios 447, y semaxios 448, porque [326] atados al palo del medio eje de un carro, y cercados de sarmientos somos quemados vivos á fuego lento, advertid que cuando impedís nuestra gloria, la adelantáis; que esta es la librea de nuestra victoria, este el vestido de palma de los vencedores 449, este eje es el carro de nuestro triunfo. Por esta razón no admitimos en el tormento la vida que nos prometéis negando, porque no es decoroso al vencedor pasar por las condiciones del vencido.

Por esta constancia tan animosa somos tenidos por desesperados y miserables 450; pero esta desesperación y resolución de perderse, enarbolan entre nosotros el estandarte de la virtud, como causa de la gloria y de la fama. Mucio dejó gustosamente la mano derecha en el ara 451. ¡Oh sublimidad de ánimo! Empédocles animosamente se arrojó al volcán de Etna en Catania 452. ¡Oh esfuerzo de corazón! La fundadora de Cartago,más quiso abrasarse en el fuego que en las segundas bodas 453. [327] ¡Oh sonoro pregón de castidad! Régulo, porque muchos enemigos no viviesen, él solo quiso morir padeciendo en una cuba tantas cruces como clavos 454. ¡Oh varón fuerte, en el cautiverio victorioso! Anaxarco 455, cuando el tirano lo majaba con un mazo en una pila, decía: «muele, muele las hojas de Anaxarco, que á Anaxarco no lo mueles.» ¡Oh magnanimidad de filósofo, que aun en tal calamidad hizo chanza de la pena! Dejó á los que con su propia espada ó con otro linaje de pena más benigna trocaron con la alabanza la muerte 456. Veis aqui cómo entre vosotros las victorias de los tormentos con algún premio se coronan. La ramera ateniense 457, habiendo fatigado al verdugo escupió con la lengua, ó bien comida ó bien cortada, á la cara del tirano, por escupir la voz en ella para no poder descubrir los conjurados aunque quisiese forzada del dolor. Consultado Cenón Elates de Dionisio de qué servía la filosofía, como respondiese que de despreciar la muerte, el tirano le mandó azotar hasta que el filósofo selló su sentencia con su muerte. Los mancebos de Lacedemonia se azotan en el templo de Diana 458, asistiéndoles sus [328] parientes, que los animan á la victoria, porque tanta honra piensan dejar á su linaje cuanta sea la sangre derramada con la amargura de los azotes.

¡Oh gloria lícita porque es humana, á la cual ni la presunción la tiene por miserable, ni la opinión la juzga por desesperada, porque se ganó padeciendo por desprecio de la muerte y de los tormentos atroces! ¡Oh privilegiada paciencia la del gentil que puede padecer por la patria, por el imperio, por los amigos lo que un cristiano no puede padecer por Dios! A los que así padecen levantáis estatuas, inscribís imágenes, grabáis títulos para en cierta manera eternizarlos y resucitarlos con estas memorias del olvido de la muerte; y si un cristiano padece por Dios y espera vida y premio de su mano, lo llamáis loco.

Pero perseverad en la persecución, presidentes buenos, que seréis mejores en los aplausos del pueblo, haciéndoles esta tiesta de sacrificar cristianos: fatigadnos, atormentadnos, condenadnos, desmenuzadnos 459, que vuestra maldad es la prueba de nuestra inocencia y enseñanza. Por eso sufre Dios que suframos, para que lo probemos. Porque cuando estos días condenasteis á aquella señora cristiana á que fuese entregada, no al león, sino al rufian 460, ya confesasteis en este hecho que en nosotros la mancha de la pureza es más atroz que [329] toda pena y toda muerte. No medra vuestra crueldad por ingeniar tormentos exquisitos, que para nosotros la mayor pena es caricia más sabrosa para morir más gustosos. Segando nos sembráis: más somos cuanto derramáis más sangre; que la sangre de los cristianos es semilla. Muchos hay entre nosotros que exhortan á la tolerancia del dolor y de la muerte. Cicerón en las Tusculanas 461, Séneca en los Fortuitos, Diógenes,Pirrón y Calinio. Mas no han hallado tantos discípulos estas palabras como han enseñado los cristianos con sus obras. Aquella misma animosa fortaleza y constante tesón que zaherís, es la maestra. ¿A quién, pues, contemplando esta firmeza no le sacude en el pecho el corazón, y le impele á investigar qué secreto puede haber dentro de esta constancia? ¿Quién si allí le buscó no le halla? ¿Quién si lo halló no llegó? ¿Quién si llegó no desea padecer para redimir en el martirio toda la gracia de Dios, para sacar enteramente el despacho del perdón con la recompensa de su sangre?; que todos los pecados con el martirio se perdonan. Por esta causa en el mismo tribunal os damos las gracias por la sentencia de muerte que recibimos 462. En donde la crueldad humana y la piedad divina con emulación se compiten; el juez con todo el conato de su ira nos condena, y Dios con toda su misericordia nos absuelve.

 




447. (1)     Por ultraje y burla llamaban á los cristianos sarmenticios, porque se dejaban quemar vivos por la fe á fuego lento con sarmientos, y así fué atormentado San Policarpo. Eusobio, lib. 4, cap. 14.



448. (2)     También les llaman por oprobrio semaxios (ab axi, et semis), porque cuando los quemaban los ataban á un medio eje de carro. Tertuliano, lib. De Pud.., cap, 5: Adest Christianus puta in axe incendio astricto. En esta persecución a seis de Enero quemaron muchos mártires.



449. (1)    El emperador entraba en el triunfo vestido de palma. De estos vestidos, vinos se guardaban en el Capitolio y se llamaban. Palma Capitolina, y otros en palacio. Sidonio, lib. 3, Epíst. 7.



450. (2)     Con tal osadía ó fervor morían los cristianos, que los llamaban desesperados; Josepho, lib. 13, íiutic, cap. 9: Audatia sumpta á desperatione impetuosissima, y dolos cristianos, Lactancio, lib. 15, cap. 9: Hos desperatos vocant, quia corpori suo minime parcunt.



451. (3)     Sabida es la constancia de Mucio Scóbola, que so dejó quemar la mano en el ara.



452. (4)    Empódocles fué tan desvanecido, que pretendió sor opinado por Dios, y para persuadir que había sido trasladado al cielo se arrojó secretamente en el volcán del monte Etna; pero como el fuego arrojase una de las chinelas de cobre que llevaba, fuera del volcán, fué conocido por vano y loco. Laercio en su Vida, y Tertuliano, lib. De Pal., cap. 4.



453. (5)     Dido, reina y fundadora de Cartago, se mató con unpuñal, otros dicen con fuego, por no casarse con el rey Hiarba en segundas bodas. Jerónimo, Epist. 2.



454. (1)     Los cartagineses pusieron á Attilio Régulo en una cuba llena de púas de acero, y haciéndola rodar le penetraban los clavos. Val. Max., lib. 9, cap. 2. Llama cruces, porque con clavos se atormentaba en las cruces.



455. (2)     Nicrocreonte, tirano de Chipre, hizo moler como pisto en una pila á Anaxarco, porque le dijo era bueno para que el pueblo se lo comiese á bocados. Laercio, lib. 9.



456. (3)     Alude á las muertes que se dieron Lucrecia, Cleopatra, Bruto, M. Antonio y otros.



457. (4)     Esta ramera se llamó Ificrates, é Hippias el tirano. Plinio, lib. 24, cap. 5, y San Ambrosio, lib. De Virg., la llama virgen pitagórica, no porque lo fuese, sino aludiendo al silencio de Pitágoras.



458. (5)     En la fiesta de Diana Ortia se azotaban los mozos de Lacedemonia con el pretexto que dice Temistio, Orat. 1: Verborum est certamen, et sanguis premium. El que con más sufrimiento derramaba más sangre, vencía, y algunos morían de los azotes. Tulio, 2, Tuscul. Tertuliano, lib. De Pat., cap. 6.



459. (1)     El fervor de estas palabras indica el ánimo pío y católico de Tertuliano.



460. (2)    Aquellos días fue condenada alguna noble señora, como á tormento mayor, á sor llevada á la casa pública, como sucedió á Santa Inés, á Ja cual dijo el tirano lo que dice Prudencio:

Hanc in lupanar trudere publicum.
Certum est, ad Aram in caput applicet.



461. (1)    Escribió Cicerón in Tuscul. De tolerantia in adversi?. Séneca, de remediis fortuitorum. Diógenes, De bono mortis. Pirron, De insensibilitate sapientum. Calinio, De constantia in morte, et doloribus. Clem. Alex., lib. 7. Strom. y Laercio en sus Vidas.



462. (2)     Aquellos fieles estimaban tanto la merced que Dios les hacia en morir por él, que cuando los leian en el tribunal la sentencia de muerte quedaban tan regocijados y agradecidos, que puestos de rodillas daban al presidente las gracias. Tertuliano, Apol., cap. 1: Damnatus gratias agit. Y cap. 46: Christianus etiam damnatus gratias agit.






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