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| Quinto Septimio Florente Tertuliano Apología IntraText CT - Texto |
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CAPITULO X. ---- QUE SON FALSÍSIMOS LOS DIOSES QUE ADORAN LOS GENTILES. Ahora ya trataré de los delitos públicos que se nos imputan. Decís que no adoramos á los dioses, y que no sacrificamos por la salud del emperador; que una vez asentado que no adoramos dioses, bien se infiere que no sacrificamos, 'no sólo por la salud del emperador, pero ni por otra, ni aun por la nuestra. Por esto somos acusados de sacrilegos y reos de lesa majestad 109. Esto es la suma de esta causa, y toda. Por eso será bien que con atención se examine, si no la juzga la presunción ó la malicia; que aquélla no espera la verdad, ésta la rehusa la prueba. Dejamos de adorar los dioses desde que conocimos que no lo eran. Debéis pedirnos que probemos esto para que conste la razón por qué no los adoramos; que si lo fueran, llanamente merecieran adoración. Si estas deidades fueran verdaderas, dignas fueran por su naturaleza de culto, y dignos de pena los que se les quitasen. Pero decís: «nosotros sabemos que son dioses, ¿qué importa que vanamente lo nieguen los cristianos?» Alego en mi favor vuestra conciencia misma; provoco la noticia interior de vuestro pecho; ella juzgue, ella condene, ella diga si estos dioses fueron hombres. Hablen aquí los instrumentos de la antigüedad que están [182] continuamente atestiguando; las ciudades donde nacieron, las regiones donde dejaron vestigios de sus obras: los sepulcros donde aún duran enterradas sus cenizas. No puedo discurrir por todo el número de los dioses 110 nuevos y viejos, bárbaros y griegos, romanos y peregrinos, cautivos y adoptivos, propios y comunes, másculos y hembras, rústicos y políticos, marineros y militares. Ocioso sería describir sus nombres y oficios; basta este epílogo, no para darlos á conocer, que no los ignoráis vosotros, sino para que los reconozcáis ahora sin afectar desacuerdo. Antes de Saturno no tenéis dios alguno más antiguo. De éste se originó la divinidad mayor y más notoria. Y así, lo que constare de esta divinidad originaria convendrá á la posteridad sucesora. A este Saturno, ni los anales de Diodoro 111, griego, ni los de Talo, ni los de Casio Severo, ni Cornelio Nepos, ni otro comentador de antigüedades le llamaron más que hombre. Y si valen más las cosas que las palabras, los más fíele s testigos son la misma Italia, en donde después de la jornada de Atenas y de otras expediciones lo recibió Jano ó Jane 112, como dicen los versos de los salios. [183] Llámase siempre Saturnio el monte donde habitó 113, y la ciudad cuyo sitio señaló con unas estacas 114 hasta hoy se llama Saturnia, y después toda Italia, que antes se llamaba Oenotria 115 se llamó Saturnia por sobrenombre. Este fué el que primero enseñó á imprimir y á sellar la moneda; y por esto le hicisteis presidente del Erario. Luego si Saturno fué hombre que nació de otro hombre, procedió sin haber título especial por que se llame más hijo del cielo y de la tierra que los otros hombres nacidos. Pero como los padres de este Saturno no fueron conocidos en Italia, fácilmente le llamaron hijo de aquellos padres que generalmente se llaman padres de todos. ¿Qué hombre hay que no llame al cielo padre y á la tierra madre por la honra y veneración que se hace á tan universales criaturas? A cualquier hombre no conocido ó que repentinamente se aparece entre nosotros, siendo de grandes prendas y valor, solemos comúnmente llamarle hombre bajado del cielo 116. Por esto á Saturno, que vino inopinadamente á Italia, lo llamaron celestial. También el vulgo, á quien no se le conocen padres llama hijo de la tierra 117. Dejo ahora aquella edad, que entonces era tan ruda, que con la vista de cualquier hombre excelente, nuevo y no conocido, asíse atobaba, [184] como si fuera virtud divina y celestial. Y aun ahora que están los gentiles más políticos hay naciones que á los que con el público y solemne llanto confiesan que murieron, pasados algunos días los adoran como dioses. Con esto que brevemente probé la humanidad de Saturno, se prueba también la de su hijo Júpiter, que fué un hombre terreno, hijo de otro, y por la misma razón, todo el enjambre de sus hijos; que siendo mortal el padre, mortal será también la semilla.[185]
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109. (1) Los capitales delitos públicos de que acusaban á los cristianos eran dos: De sacrilegos, porque negaban los dioses. De reos de lesa majestad, por no sacrificar por la salud de los emperadores. 110. (1) Antiguos, como Saturno; modernos, Castor; bárbaros, los que se adoraban en bárbaras naciones; griegos, los que se veneraban en Grecia; romanos, á los que nacieron en Roma; peregrinos á los que trajeron de otras partes; cautivos, á los que traian de las conquistas, adoptivos, á los que consagraba el Senado; comunes, á los que en todas partes se veneraban; másenlos y hembras, á los que distinguía el sexo; urbanos, á los que se adoraban en la ciudad; marineros, á los que presidían en el mar, y militares á los que gobernaban la guerra. 111. (2) Diodoro peregrinó treinta años por Asia y Europa, y epilogó con 40 libros todas las librerías del orbe. Lact., lib. 1, capítulo 13. 112. (3) Desterró Júpiter de Creta á su padre Saturno, y vino á Italia á ampararse de Jano; y dijo Prud., lib. 1, in Symm.: Sum Deus, advenio fugiens, proebete latebras. 113. (1) Vino á Roma Saturno, y habitó en un monte llamado Tarpeyo, y que después se llamó Saturnio, y enseñó á escribir, á imprimir y á sellar la moneda. Cipriano, De Idolat. vanit. 114. (2) Text. Civitas quan depallaverat. Señalar el sitio donde se ha de edificar con estacas, se llama depallare. 115. (3) Italia se llamó Oenotria, no por algún rey, como dice Pamel., núm. 159, sino por la bondad del vino. 116. (4) Text. Ex inopinato apparentes de caelo supervenisse dicuntur. Alude á lo que sucede en las representaciones trágicas, que repentinamente se aparecian los dioses por tramoyas. 117. (5) Vulgarmente se llamaba bajado del cielo cualquier hombre de alguna virtud admirable, é hijo de la tierra aquel que no se le conocían los padres. Lact., lib. 1, cap. 1. |
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