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| Quinto Septimio Florente Tertuliano Apología IntraText CT - Texto |
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CAPITULO XV. ---- CUÁN TORPES COSAS SE REPRESENTAN DE LOS DIOSES EN LOS TEATROS DE LAS COMEDIAS Y EN LOS ESPECTÁCULOS. Las otras artes de la lascivia sirven al gusto humano con la deshonra divina. Reconoced las graciosidades de Léntulo y Hostilio 145, y decid: ¿de qué os reís más en los juegos y entremeses; de las donosidades que dicen los graciosos 146, ó de los dioses mismos? Allí se representa al dios Anubio rufián 147, los disfraces de la Luna, los azotes de Diana, el testamento de Júpiter, El hambre de los tres Hércules, finalmente, todos los dioses sirven á la risa. Pero la mayor torpeza de estas divinidades la manifiestan los representantes trágicos. Allí se ve la amargura con que solloza el Sol cuando fué lanzado del cielo su hijo Faetonte; ¡y llorando vuestro dios reís vosotros? Allí se mira suspirando la diosa Cibeles 148 por los desdenes de un rústico, ¡y no os avergonzáis que vuestra diosa tan torpemente se enamore, y que un [200] pastor la desprecie? Toleráis que los delitos de Júpiter se canten y que los vicios de los dioses sirvan de recreo. ¿No os empacháis que en la competencia de Juno, Venus y Minerva sobre la primicia de la belleza, se sujetan las tres supremas deidades á las sentencias de un rústico pastor? 149 ¿Qué diré? Que un comediante infame, representando el papel de Hércules se vista de la imagen de vuestro dios, y que el cuerpo impuro de una ramera torpe se vista en lascivo traje de la majestad de Minerva, y que en presencia vuestra se mezclen torpemente estos representantes; y que viendo vosotros ajada la majestad y la deidad violada, estéis aplaudiendo con la risa tan profano desacato. En el anfiteatro sois llanamente más religiosos, donde sobre la sangre humana y sobre barrigas de hombres muertos saltan los dioses, los representantes, digo, que hacen sus papeles, que con la representación de la historia muestran á los condenados de qué pena han de morir, y las más veces los mismos condenados hacen la persona de los dioses para que la representación se haga más viva y propiamente. Ya vimos malhechor que representando al dios Atis, efectivamente fué castrado; que representaba lo que le pasó á Atis con la gran Cibeles, la diosa de Pesinuncio. Y al que representaba á Hércules Oeteo le vimos arder vivo en el anfiteatro 150. Entre las burlas crueles de los juegos meridianos, reímos viendo á Mercurio con un cauterio 151 examinando [201] los cuerpos de los heridos, y á Plutón, hermano de Júpiter, que con un garabato sacaba los cuerpos muertos del corro. Cualquiera puede juzgar, si cada una de estas cosas pudiera inquietar el crédito de estas divinidades cuando estuviera muy asentado, y borrar los vestigios de esta Majestad cuando estuvieran claros; siendo tan ignominiosas que hacen despreciables á los que con ellas se veneran, y ridículos á los que con ellas adoran. Estas son burlas de juegos. Pero si añado en las veras lo que saben, no menos que yo, las conciencias mismas de todos: que en los templos se conciertan los adulterios; que entre las aras se trazan las alcahueterías; que en los mismos tabernáculos de los sacerdotes, que en las mismas sacristías, estando ya revestidos con la púrpura 152, con las cintas y guirnaldas de la mitra, vaporeando el incienso, alli cuando el incensario exhala el humo sacro, el sacerdote, ardiendo en la torpeza, ejecuta su lascivia. No sé si los dioses están más quejosos de vosotros que de los cristianos, siendo los que cometéis los sacrilegios con estas acciones y otras por las cuales prenden tantos cada día 153. Nosotros no vamos á vuestros templos ni de día ni de noche 154, que si fuéramos los robáramos como vosotros, aunque no fuéramos sacrilegos por el [202] hurto, sino por la adoración de dioses falsos. Los que á éstos no adoran 155, ¿qué adoran? Bien se deja conocer que reverencia la verdad el que desprecia la mentira 156, y que no errarámás en aquello que renunció conociendo haber errado. Aprended esto primero, y de este principio inferid el orden del sacramento de nuestra religión, como lo diré, impugnando primero unas falsas opiniones que acerca de nuestra sagrada religión ha esparcido la emulación. [203]
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145. (1) Léntulo, Hostilio, Filistión y Marulo, insignes autores do ridículos entremeses. San Jerónimo, Apol. 2. 146. (2) En los entremeses el papel de gracioso era el que representaba á algún dios, San Agustín, libro 7, Civ., cap. 26. 147. (3) Creo que eran estos los títulos de los entremeses: Los amores de Anubio, Los disfraces de la Luna, Los azotes de Diana, El testamento de Júpiter, El hambre de los tres Hércules. 148. (4) La diosa Cibeles castró al dios Atis debajo un pino, y el delito fué el que dice Minucio: De Cybele pudes dicere, quoniam ipsa deformis, et vetula multorum Deorum mater, cum ad stuprum elicere non potuit pastorem, execuit, ut Deum, scilicet, facerct eunuchum. Y en la comedia, el que hacía el papel de Atis era castrado efectivamente. 149. (1) Este pastor fué Paris. 150. (2) Los gentiles decían que Hércules Oeteo fué quemado vivo, y para representar este suceso vestían á los delincuentes una túnica embreada con pez y resina, y eran quemados vivos. 151. (3) A medio día, mientras comía el pueblo, para volver á los espectáculos se hacían algunos juegos burlescos, á que fué Claudio aficionado. Mercurio con un tizón cauterizaba las heridas de los que habían quedado heridos, y Plutón con un garabato sacaba del corro los que estaban muertos, y Horacio llamaba á Mercurio, líb. 2, Orci Satelitem. 152. (1) Text. Sub iisdem vittis, apicibus, et purpuris. Solos los sacerdotes de Saturno y Esculapio sacrificaban vestidos de púrpura. Apex significa la garzota que iba sobre la mitra; metafóricamente, la cumbre de cualquier cosa, y asi se dice subliman ad apicem dignitatis. 153. (2) Los gentiles robaban sus templos. Dionisio robó á Júpiter un velo de hilo de oro, y unas barbas de oro á Esculapio. Plut, lib. 5; otros robaron las mesas de plata en el templo de Diana. Diodoro, lib. 13. 154. (3) Los cristianos no entraban en los templos de los gentiles por ningún caso. 155. (1) Text. Si et ipsi ea adorarent. Habla de los templos, no de los ídolos; que también los gentiles adoraban los templos. 156. (2; Text. Qui mendaces non sint. Aquí mendacium quiere decir idolatría', según la frase de San Pablo, Ad Rom., cap. 1. |
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