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| Quinto Septimio Florente Tertuliano Apología IntraText CT - Texto |
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CAPITULO XXIII. ---- QUE LOS FANTASMAS DE LOS MAGOS, Y LOS PRODIGIOS QUE HACEN LOS DIOSES, SON ENCANTOS DEL DEMONIO. A más de esto los magos, con la potestad del demonio invocada y asistente, hacen que aparezcan fantasmas, que las almas de los difuntos respondan, que los niños hablen y adivinen; si con los círculos engañan con tal apariencia los ojos, que soñando representan prodigios; si hacen que hablen las cabras y que adivinen las mesas 234; si esto hace el demonio por negociación de un mago, ¿qué hará por su interés obrando con toda su voluntad y su fuerza? O si los demonios hacen los mismos prodigios que vuestros dioses, ¿dónde está la ventaja de la divinidad; que la potestad divina se ha de concebir superior á toda potencia? Y si estos dioses no hacen sino aquello mismo que hacen los demonios, ¿por qué de la similitud de la operación no inferís la igualdad de la naturaleza? Más decentemente se puede presumir que son demonios que quieren ser dioses los que obran aquellas mismas cosas conlas cuales muchos hombres alcanzaron la divinidad, que no que los dioses quieran obrar aquellas que hacen los que son tenidos por demonios; que es más creíble que un demonio pretenda parecer dios, que no que un dios quiera parecer [232] demonio. Yo pienso que solamente los diferenciáis por los puestos ó lugares en que están; de suerte que si el demonio está en el templo le llamáis dios, y si está fuera de allí, demonio; y que si el furioso espiritado se precipita de la torre del templo 235, creéis lo hace por virtud de Dios, y si salta del otro tejado vecino, por arte del diablo: y que pensáis que álos que se castran y despedazan en el templo de Cibeles y de Belonalos mueve Dios, y á los furiosos que enloquecidos se degüellan los agita el diablo. Pero el igual fin del furor, igual causa supone en el impulso que instiga. Estas son palabras; vengamos á la evidencia misma de la cosa, con la cual mostraremos que son unos dioses y demonios. Salga aquí en vuestro tribunal uno de quien conste que el demonio lo posee, y mándele cualquier cristiano en presencia vuestra que hable aquel espíritu que confiesa claramente que es demonio, y que dice que mintió fuera de allí cuando dijo que era Dios. Salga asimismo alguno de los que decís llevan á Diosen el pecho: alguno de los que al vaho de las reses conciben la divinidad, de los que regoldando se curan y bostezando profetizan. Venga aquí la misma virgen celestial, la diosa Juno, la que prométe las lluvias 236; salga el mismo Esculapio que inventó la medicina, el que halló para los desfallecidos el SCORDIO 237, para los [233] agorazantes el denacio, contra el veneno el asclepiadoto, y si preguntándoles un cristiano que digan lo que son, no confesaren claramente que son demonios, sin osar mentir, allí mismo bebedle la sangre al cristiano, de que os mostráis tan sedientos. ¿Qué experiencia puede haber más clara que ésta? ¿Qué prueba puede buscarse más fiel? Allí en medio está sola la verdad sencilla; no le asiste al cristiano sino sola su virtud; no hay que sospechar ayuda de magia ni otro engaño. Nunca creáis lo que decimos, si con vuestros mismos ojos y oídos no experimentáis esta verdad. ¿Qué se puede oponer contra aquello que solamente lo obra una sinceridad desnuda? Si decís que en otras partes son dioses verdaderos, mas que en presencia de los cristianos se mienten demonios, ya confesáis en esto que vuestra divinidad está á los cristianos sujeta, pues que les fuerza á mentir. Torpe divinidad la que miente por obedecer á su enemigo; desvalido dios el que á un hombre está sujeto; divinidad sin honra la que obedece á quien le ultraja. Si hubiera dioses verdaderos no osaran llamarse fuera de aquí dioses los que aquí confiesan ser demonios; porque así como estos dioses, si lo fuesen, no se dejarían llamar demonios por no dejar calidad tan majestuosa, así los que aquí confiesan ser demonios no osarán decir en otra parte que son dioses si los hubiese verdaderos, porque sin duda temerían aquel superior poder abusando y usurpando el honor divino. Por esto hallo que la divinidad que adoráis es vana, que si fuera [234] verdadera ni el demonio la alcanzara ó pretendiera, ni los dioses á nuestro imperio y á vuestros ojos la negaran. Luego si la confesión de vuestros dioses tiene las dos partes que dicen lo que no son y confiesan lo que son, conoced ya que vuestros dioses son demonios y no dioses. Búsquese, pues, en otra parte la divinidad, que donde la pensabais tener ya veis que no se halla. ¿Quién la hallará, pues? La misma virtud que les obligó á vuestros dioses á decir que ni ellos ni otros lo son, esa misma les fuerza á que prontamente declaren lo que encubrían. Mandándoles un cristiano que digan quién es Dios, luego responden que el Dios único y verdadero es aquel tan solamente que los cristianos adoran, y que así se ha de creer, como la fe y la enseñanza de los cristianos disponen. Digan aquí los dioses en presencia nuestra lo que á espaldas nuestras blasonan: Que Cristo fué hombre mago y fabuloso, de la común condición de los otros, que le hurtaron sus discípulos del sepulcro y que está ahora en el infierno; respondan en presencia vuestra, y veréis cómo confiesan aquí que Cristo está en los cielos; que de allí ha de bajar como virtud de Diosy espíritu suyo, como palabra y sabiduría del Padre é Hijo de Dios verdadero, con estremecimiento del mundo, con horror del universo y con llanto de todos, sino es de los buenos cristianos. ¿Llamáis estos artículos ridículos? Ríanse, pues, también vuestros dioses de lo que vosotros osreis. Niegen, si pueden, que después de resucitar todos los muertos , ha de juzgar Jesucristo. Digan aquí en el tribunal, en presencia de todos, si por ventura Minoes y RHADAMANTO 238 han de ser en este día los jueces, [235] como dijeron Platón y los poetas. Refuten siquiera su ignominia y el perjuicio de su crédito. Pero oíd cómo sin poder rehusar despechadamente confiesan que son espíritus inmundos que se agradan de comidas de sangre y humo, de hediondas hogueras de carnes, de sucísimas lenguas de poetas, que se sienten condenados á fuego eterno con todos sus secuaces y honradores. Pero todo este dominio que tenemos sobre los dioses 239, proviene de la virtud de la invocación del nombre de Cristo y de la íe con que hacemos conmemoración de los eminentes peligros del día del juicio que ha de celebrar Jesucristo, árbitro de Dios. Los demonios, que como esclavos temen á Cristo en Dios y á Dios en Cristo, se rinden á Dios y á Cristo. Por esta razón, con nuestro contacto, con nuestro aliento, con nuestra oración, con las amenazas del fuego perpetuo se encogen medrosos y salen á su despecho de los cuerpos, no sin grande empacho y corrimiento suyo, viéndose forzados á obedecer á sus enemigos delante de aquellos que los suelen adorar. Creed que dirán la verdad hablando de la importancia de su crédito en presencia de quien los adora como á dioses, pues los creísteis cuando os dijeron la mentira. Ninguno miente para menoscabar con la mentira su honra, aunque en abono de su crédito mientan muchos. Más lleno de crédito es el testimonio del que confiesa contra sí, que del que niega en su favor; que el negar en conveniencias que se interesa es negación recelosa, el confesar en propio daño es confesión sin sospecha. Finalmente, estos testimonios de los dioses suelen multiplicar los cristianos, que creyendo con firmeza lo que estas divinidades vergonzosamente [236] confesaron, vine yo d conocer á Dios verdadero, mi Señor. Estos testigos encienden la fe de las Escrituras; éstos edifican los cimientos de nuestra esperanza. Pero como vosotros los servís con la sangre de los cristianos, no querían, á lo que yo creo, perder siervos tan provechosos y ganar enemigos tan perjudiciales; porque llegando vosotros á ser cristianos los podéis expeler de los cuerpos y forzar á la confesión de su falsa divinidad; qne ellos á ningún cristiano que la quieren probar osan mentir. [237]
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234. (1) Text. Per quos capreae et mansae divinare consueverunt. El demonio solía adivinar por las bocas de las cabras. Y dice Diódoro, lib. 16. Primum oraculum capras fuisse Delphis. Y también por las mesas; y dijo Olem. Alejandr., admon. ad gent.: Aut lebetem Thesprotpaeum; aut trypodem cirrhaeum, aut aes dodonaeum praestigiis plena. 235. (1) Text. Quis sacras turres pervolet. Frecuentísimo embuste de los magos, volar de las torres de los templos para acreditar su divinidad. Algunos ejemplos refiere Apuleyo, lib. 8, y Nicetas, lib. 3, cap. 5. 236. (2) Text. Ista ipsa virgo coelestis. Esta diosa era Juno; porque dice era la que promete las lluvias, que era beneficio do Juno, como dice Apul., lib. 6: llámala virgen aunque tuvo hijas, porque como habia culto para Júpiter niño, como dijo Sta-tio: Puero Jovi oscula libat, así á Juno la adoraban en África niña virgen antes de tenerlas. 237. (3) Lee el padre la Cerda, núm. 704, Socordio. Yo no hallo tal medicamento ni él le refiere. Leo Scordío, Y entre los antídotos mitridáticos le pone Plinio, lib. 25, cap. 6. Denacio es medicamento que se da al moribundo. No halio esto medicamento; asclepiadoto es aquel que dice Plinio, lib. 2, cap. 4: Unum Arcoplium cognominatur; quod omnium morborum remedium promittit, et diis immortalibus adscriptum. 238. (1) De Minoes fingió Platón que fiscalizaba las almas en el infierno, y dijo Virgilio, 6, Aeneid.: Concilium quae vocat, vitasque et crimina discit. Y de Rhadamanto que las condonaba: Castigatque auditque dolos subigitque fateri. 239. (1) Text. Nostra dominatio in illos, et potestas de nominatione Christi valet. El dominio con que los cristianos trataban los idolos se exagera en que les obligaban á confesar forzadamente que eran demonios. |
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