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Quinto Septimio Florente Tertuliano
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  • CAPITULO XXIV. ---- QUE LOS CRISTIANOS NO INCURREN EN CRIMEN DE OFENDIDA RELIGIÓN, SINO LOS QUE ADORAN MUCHOS DIOSES.
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CAPITULO XXIV. ---- QUE LOS CRISTIANOS NO INCURREN EN CRIMEN DE OFENDIDA RELIGIÓN, SINO LOS QUE ADORAN MUCHOS DIOSES.

Toda esta confesión con que los dioses niegan que lo son, con que responden que no hay otro Dios sino uno, á quien sirven los cristianos, era bastante defensa para apartar de nosotros el crimen de ofendida religión, especialmente la romana. Porque si es cierto que no hay dioses, también será cierto que no hay religión; y si la religión es vana, el no seguirla no es crimen de ofendida religión 240. Antes este crimen con que nos zaherís á nosotros resulta en cargo vuestro, que adoráis una divinidad tan fabulosa, que el mismo á quien la dais la niega, y no solamente despreciáis, sino que hacéis guerra á la divinidad verdadera. Adorar la mentira conocida y perseguir la verdad manifiesta, éste es crimen verdadero de irreligiosidad.

Para defender que hay dioses, ¿no admitís con vuestra opinión común que hay un Dios más sublime, más poderoso que todos 241, como príncipe del Universo, adornado de perfecta sabiduría y majestad? Porque los más de vuestros sabios así disponen la divinidad, que [238] el imperio del supremo dominio está en uno, y los oficios en otros inferiores. Así Platón describe en el cielo al gran Júpiter acompañado de ejércitos de dioses y demonios. En ejército tan numeroso tendrá Júpiter procuradores, prefectos y presidentes. Pues ¿quién ofende más á la religión? ¿el que adora solamente á aquel Dios más sublime y no adora á los inferiores, ó aquellos que quitan la adoración al supremo Señor y la dan solamente á sus ministros? Si el oir y apellidar á otro hombre emperador, sino al César, es el delito mayor, ¿quién ofende más al César, el que solamente en él pone su esperanza, su cuidado, el título y el dominio, y lo niega á cualquier otro, ó el que niega estos títulos al César y los pone en sus vasallos?

Dejad siquiera libre la elección de la divinidad; permítase que uno adore á Dios si otro venera á Júpiter; que uno extienda las manos devotas al cielo si otro las extiende á las Aras de la fe 242; que uno haga oración mirando al cielo ó contando las nubes como decís 243, si otro mira los artesones del templo; que uno ofrezca su alma á Dios si otro la ofrece á un cabrón. Mirad no pertenezca también al título de irreligiosidad quitar la libertad de la religión 244 y prohibir la elección de la divinidad, de manera que no pueda adorar yo lo que quiero, y que se me fuerce á venerar lo que no quiero. Si un hombre no gusta de servicios ni cortesías involuntarias, ¿cómo se puede agradar Dios de una forzada adoración? Los egipcios dejaron al gusto de cada uno la [239] elección de la divinidad, y por eso adoraban tantas aves y bestias; y aun este abuso de esta privada elección se autorizó de manera que había pena de muerte á quien matase alguno de los animales consagrados.

Cada provincia y ciudad tiene su propio dios. Siria adora á Astartes 245; Arabia á los Disares 246; Noricia á Beleno 247; Africa á Juno 248, y Mauritania á sus reyezuelos 249. Provincias romanas he referido, según creo, que tienen estos dioses que no son romanos, ni son adorados en Roma, como ni los municipales que dentro de Italia adora cada lugar. Los de Castruminio adoran á Belventino 250; los de Narnia á Viridiano 251; los de Asculi á Ancaria 252; los de Volsinio á Nersia 253; los de Otriculano á Valencia 254; los de Sutrinio á Norcia 255; [240] los de Monte Fiascone á Curipatri 256, de quien tomó el sobrenombre Juno. Cada ciudad, cada villa adora dioses propios que no se adoran en Roma; ¿y sólo á los cristianos es prohibido tener un propio dios que sea suyo? Cada provincia tiene sus dioses diferentes de los dioses romanos, ¿y solos los cristianos ofenden á los romanos y son tenidos por indevotos de Roma porque no adoran romanos dioses? Pero mirado á la luz de la verdad, ninguno puede elegir dios; porque queramos ó no queramos, aquel es dios de todos, que á todos nos dió ser. Pero entre vosotros cada uno tiene libertad para elegir á su dios 257, con tal que no elija al que lo es verdadero; como si con más verdad no fuese aquel Dios de todos, de quien todos procedieron. [241]




240. (1)     El crimen mayor que oponían á los cristianos os Lesae religionis. Pero arguye bien que este crimen le comete el que impugna la religión verdadera, no el que niega la falsa.



241. (2)     Los sabios de la gentilidad admitían un dios supremo entre los dioses, que repartía las deidades inferiores. A esto llamó Orfeo grande: Antistane, artífice del Universo; Aristóteles, sumo; Séneca, dios de dioses; el puoblo, Júpiter; Cicerón, supremo.



242. (1)     Cerca del Capitolio, en lugar alto, estaba el templo de la fe, que se llamaba Ara fidei.



243. (2)     Como oraban los cristianos mirando al cielo hacia el Oriente, decían los gentiles que contaban las nubes; y dijo Juven.: Nihil prester nubes, et celi lumen adorant.



244. (3)     La religión cristiana no fuerza al que no es cristiano á que lo sea.



245. (1)     Astartes, diosa de los siros, y 3, Reg., cap. 21, se dice: Colebat Salomon Astartem Deam Sydoniorum, esta era Venus; y dice Suid.: Astarte Dea Sydoniorum, quae Graecis dieta est Venus.



246. (2)     Disares eran el dios Libero y Urania, que en arábigo so dicen Disares, y añadiendo á Baco Libero, los borrachos se llaman en hebreo Daseres. Orígenes, lib. 6, contr. Celso.



247. (3)     A los pueblos noricios, Ptolomeo los pone en Baviera y Plinio cerca de Aqnileya; esto es lo cierto; Beleño es lo mismo que Apolo; llamáronle así: Ad emissione radiorum, Belenus enim herba est sagitaria. Con esta hierba untaban las saetas los galos.



248. (4)     En África se adoró á Juno, y á ésta llamaron celestial.



249. (5)     Los de Mauritania adoraban sus reyes, y dice Minuc. in Oct.: Juba rnauris volentibus Deus est, et divi exteri reges.



250. (6)     Castruminio es pueblo cerca do Roma, que Plinio, lib. 3, capítulo 3, lo pone en el Lacio.



251. (7)     Narnia se llamó así del río Nar, y Strab., lib. 5, le pone en la Umbría.



252. (8)     Asculi, pueblo en la Pulla, allí fué derrotado y vencido Pirro. Plutarco, lib. 2.



253. (9)     Volsinio, pueblo de Toscana, que un rayo del Cielo lo abrasó, como dice Tertul., cap. 40.



254. 10 Otriculi es pueblo que Ptolomeo lo pone en la provincia de Umbría.



255. 11 Satrinio es pueblo que Silio, lib. 8, le pone veinticuatro millas distante de Roma.



256. (1)    Falisco es pueblo do Toscana, y se llama Monte Fiascone.



257. (2)     Concluye si los gentiles no convienen en una divinidad, ¿por qué en nosotros ha de ser tan gran delito el no convenir con ellos, sino porque solamente la verdad tiene contra sí el odio de los malos? Athenág.






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