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| Congregación para la doctrina de la fe Sobre el libro "Jesus symbol of God" del p. R. Haight, S.J. IntraText CT - Texto |
El método teológico
En el Proemio de su libro, Jesus Symbol of God, el autor afirma que hoy
la teología debería realizarse en diálogo con el mundo posmoderno, pero debería
también «permanecer fiel a la revelación originaria y a la constante tradición»
(p. XII), en el sentido de que los datos de la fe constituyen la norma y el
criterio para la hermenéutica teológica. Afirma también que se debe establecer
una «correlación crítica» (cf. pp. 40-47) entre estos datos y las formas y las
características del pensamiento posmoderno, que se distingue, en parte, por una
historicidad radical y por una conciencia pluralista (cf. pp. 24, 330-334): «La
tradición debe ser recibida críticamente en la situación actual» (p. 46).
Sin embargo, esta «correlación crítica» se traduce, de hecho, en una
subordinación de los contenidos de la fe a su plausibilidad e inteligibilidad
en la cultura posmoderna (cf. pp. 49-50, 127, 195, 241, 249, 273-274, 278-282,
330-334). Se asegura, por ejemplo, que a causa de la actual conciencia
pluralista «ya no se puede seguir afirmando (...) que el cristianismo es la
religión superior o que Cristo es el centro absoluto con respecto al cual todas
las demás mediaciones históricas son relativas. (...) En la cultura posmoderna
es imposible pensar (...) que una religión puede pretender ser el centro hacia
el que deben confluir todas las demás» (p. 333).
Por lo que atañe, en particular, al valor de las fórmulas dogmáticas,
especialmente las cristológicas, en el marco cultural y lingüístico posmoderno,
diferente de aquel en el que fueron elaboradas, el autor afirma que no se puede
prescindir de ellas, pero que tampoco se deben repetir de forma acrítica porque
«en nuestra cultura no tienen el mismo sentido que tenían cuando fueron
elaboradas. (...) Por tanto, se debe hacer referencia a los concilios clásicos
y también interpretarlos explícitamente para nuestro presente» (p. 16). Pero,
de hecho, esta interpretación no se concreta en propuestas doctrinales que
transmitan el sentido inmutable de los dogmas tal como los entiende la fe de la
Iglesia y que los aclaren, enriqueciendo su comprensión. La interpretación del
autor resulta, en cambio, una lectura no sólo diversa, sino también contraria
al auténtico significado de los dogmas.
Por lo que se refiere, en particular, a la cristología, el autor afirma que,
con el fin de superar un «ingenuo positivismo de revelación» (p. 173, n. 65),
la cristología debería insertarse en el marco de una «teoría general de la
religión en términos de epistemología religiosa» (p. 188). Un elemento
fundamental de esta teoría sería el símbolo, como medio histórico concreto: una
realidad creada (por ejemplo, una persona, un objeto o un acontecimiento) que
da a conocer y hace presente otra realidad, como la realidad trascendente de
Dios, que es parte del medio y al mismo tiempo es distinta de él, a la que
remite (cf. pp. 196-198). El lenguaje simbólico, estructuralmente poético,
imaginativo y figurativo (cf. pp. 177 y 256), expresaría y produciría una
experiencia determinada de Dios (cf. p. 11), pero no proporcionaría
informaciones objetivas sobre Dios mismo (cf. pp. 9, 210, 282 y 471).
Estas posiciones metodológicas llevan a una interpretación gravemente reductora
y desviada de las doctrinas de la fe, dando lugar a afirmaciones erróneas. En
particular, la opción epistemológica de la teoría del símbolo, tal como la
entiende el autor, mina en su base el dogma cristológico que, desde el Nuevo
Testamento, proclama que Jesús de Nazaret es la persona del Hijo-Verbo de Dios
hecho hombre1.