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Guy de Maupassant
La Casa Tellier

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


1881-corti | costa-humor | hurac-prote | prove-zapat

     Párrafo
1 III| G. de Maupassant, Mayo 1881~ ~ 2 II| debían tomar el tren de las 3:55 que las dejaría en Fécamp 3 II| debían tomar el tren de las 3:55 que las dejaría en Fécamp 4 II| eternizando los Amén con unas a-a indefinidas que el serpentón 5 II| lugar, el carnicero, el abacero, el carpintero, el tabernero, 6 I| desapareció en dirección a la abadía. Largo tiempo aún se escuchó 7 II| salida. La señora Rivet se abalanzó, las hizo descender una 8 III| al recaudador, Madame se abandonó en los brazos del señor 9 III| partes a la vez; no daban abasto para el trabajo, y la noche 10 II| esas ráfagas de viento que abaten los bosques; y el sacerdote 11 II| porque sus dos vecinas, abatidas junto a ella, Luisa y Flora 12 I| señor Pimpesse; regresaron abatidos.~            Después de 13 II| caballetes.~            La puerta abierta, dando sobre la calle, dejaba 14 II| el grueso libro de cantos abierto ante ellos y sostenido por 15 II| la campiña, bajo un cielo abrasador, en medio de unos cultivos 16 III| botellas. - Entonces Fernanda abrazándolo le dijo al oído: -¿Bailemos, 17 II| sobretodas no dejaba de abrazarla. Finalmente ella la tomó 18 I| de café de mala fama se abría en la noche a la gente del 19 II| redención del mundo. Ellos abrían la boca con unos espasmos, 20 III| apareció la sirvienta: - Mi abrigo, pronto, rápido y mi sombrero. - 21 III| rebaño.~            En un abrir y cerrar de ojos la noticia 22 II| El señor, se agachó, abrochó la liga bajo la rodilla 23 II| como inconmovible por la absolución, se dejaba hacer, paciente 24 I| reconocía como una persona absolutamente prudente, y las propias 25 II| hermana no le turbaba en absoluto sus escrúpulos y el resto, 26 III| Es lo de menos, ya me aburría esa casa.-~            Cenaron 27 I| la J aca, una pequeña bola de carne 28 I| noche a todo lo largo del acantilado. Cuando los tristes caminantes 29 II| a su cuñada, que quería acaparar. Comieron en el taller desocupado 30 II| todas las mujeres la querían acariciar, con esa necesidad de expansión 31 II| furioso del caballito que aceleraba ahora a cada repetición 32 II| ruidosas donde cantaba el acento normando. La gente formaba 33 I| departamento del Eure, había aceptado esta profesión igualmente 34 II| podía negarse a su ahijada; aceptó. Su hermano que se llamaba 35 II| sin duda, y cuando estaba achispado, fastidiaba a la gente por 36 II| los animales bajo el pico, acompañándolo de dichos jocosos para divertir 37 I| la puerta, y esperar los acontecimientos.~            Los burgueses 38 III| detalles de un affaire ya acordado.~            Finalmente, 39 II| estrellas. Las muchachas, acostumbradas a las tumultuosas veladas 40 II| de expansión tierna, esa actitud profesional de cariño, que 41 II| carpintero estaba llena de una actividad de colmena. Las damas en 42 III| la manera acostumbrada, adecuadamente, dignamente, con afectación, 43 II| sobre los tres asientos de adelante; y Rosa no halló donde sentarse, 44 | además 45 II| ajustada en los puños y adornadas de un pequeño bordado blanco, 46 I| barniz grasiento. Un delgado adorno de rulos, falsos y enroscados, 47 II| Las mujeres del lugar iban afanosas de puerta en puerta, charlando 48 II| sus brazos con ímpetus de afección vehemente y espontáneos. 49 III| adecuadamente, dignamente, con afectación, reverencias y saludos.~            50 I| novedad, no había nadie más afectado que él, casado, padre de 51 II| esfuerzos las dos mujeres aferradas a él, y tiraba con toda 52 II| sacudidas más fuertes. Se aferraron a los costados del vehículo; 53 III| ultimar los detalles de un affaire ya acordado.~            54 I| comestible que uno de ellos afirmaba haber encontrado en los 55 II| chal cruzado sobre el pecho afirmado por una joya de plata antiquísima. 56 II| lanzaron un miserable grito de aflicción: - ¡Cua! ¡cua! ¡cua! ¡cua! - 57 I| señor Tournevau, el salador, afligido de esperar hasta el próximo 58 II| risas entre las mujeres. Se agachaban, se empujaban para ver; 59 II| El señor, se agachó, abrochó la liga bajo la 60 II| Como la jornada había sido agotadora para todos, se acostaron 61 II| hermanas, mis niños, estoy agradecido desde el fondo del corazón: 62 II| se sumergió en un acto de agradecimiento desesperado.~            63 I| Los ánimos estaban agriados por el tedio, quizás habrían 64 II| de ancho hocico. La voz aguda de un niño replicaba, y 65 II| cielo por unas vocecitas agudas; pero Madame les impidió 66 II| las alas desplegadas de un águila de madera montada sobre 67 II| ella no podía negarse a su ahijada; aceptó. Su hermano que 68 II| demasiado feble, rápidamente ahogada en la inmensidad azulada.~            69 III| para ellas se anunciaba ajetreada.~            La tertulia 70 II| un aire oriental que se ajustaba a su fisonomía de Judía. 71 II| plisado, las mangas amplias ajustada en los puños y adornadas 72 III| viejecillo se levantó y ajustándose el chaleco, siguió a la 73 II| los pliegues del traje, ajustaron el talle demasiado ancho, 74 II| través de su máscara de alambres a esta carreta furiosa y 75 II| caballo blanco iba siempre, alargando la cabeza, la cola erecta, 76 I| lanzaban piedras, dando alaridos; los cinco clientes del 77 II| de peleles, de muecas de alarma, de gritos de terror, combinado 78 II| dejaba asomar las cabezas alarmadas de tres patos. La mujer, 79 II| casullas de los cabildos. El alcalde ofreció su banca, la primera 80 II| contenía las dos escuelas y la alcaldía, situado a un extremo del 81 II| nocturnas. Los campesinos de la aldea estaban ya en pié. Las mujeres 82 I| madurez de su figura. Siempre alegre y su cara animada, atraía 83 I| gobierno; tomaban su chartreuse alegremente con alguna de las muchachas, 84 I| disminuyendo como un trueno que se aleja; y el silencio se restableció.~            85 II| mujer decir a su marido al alejarse: - Son pécoras que van a 86 II| y con la ayuda de muchos alfileres, ordenaron los pliegues 87 II| lejos un pañuelo blanco que alguien agitaba.~ 88 | algunos 89 II| El señor esperaba, alimentando una idea: - vamos, mis gatitas, 90 II| con gruesos zapatos que se alinearon a ambos lados del coro.~            91 | allí 92 II| presente, que llenó vuestras almas, hizo desbordar vuestros 93 II| vestidos cortos de muselina almidonada como cartón, o unos cirios 94 II| mesas de trabajo por el almuerzo del día siguiente.~            95 II| mujeres y lo instaló en sus alojamientos.~Como el lugar era muy pequeño, 96 II| objeción, y se encargó de alojar la compañía completa por 97 I| Se iba allá, cada noche, alrededor de las once, como se va 98 I| haber encontrado en los alrededores.~            Los ánimos 99 II| pisaderas de las puertas las altas Normandas en vestidos oscuros, 100 I| furioso, se retiró. Y un nuevo altercado se produjo entre el ex-alcalde, 101 I| voz cascada, unos versos alternativamente obscenos o sentimentales, 102 I| farol como aquellos que alumbran aún en ciertas ciudades 103 I| rápidamente una cerilla alumbrando unas palabras en una letra 104 II| De repente Fernanda que amaba la música, suplicó a Rosa 105 III| hijo del banquero, tuvo la amabilidad de avisar por un mensajero 106 II| ya calmada, se durmió. Al amanecer la comulgante reposaba su 107 II| sangre de tanto que las amapolas lo había invadido. Y al 108 III| debajo de la falda de seda amarilla levantada, cortando el paño 109 II| nuevo a través de los campos amarillos y verdes, salpicados de 110 I| declaró entre los marinos de ambas naciones. En la reyerta, 111 II| sonoro, eternizando los Amén con unas a-a indefinidas 112 III| vino espumoso; el baile amenazaba con eternizarse, cuando 113 I| trataba a sus mujeres como amigas, repetía a menudo que ellas " 114 I| que el doctor Borde, su amigo, le había revelado se efectuaba 115 I| amable con sus clientes, sus amigos, no se movía del salón, 116 I| cuando ella les expresaba una amistad más marcada; y cuando se 117 III| estas palabras: - Sí mi amor, esta noche, esta bien. - 118 II| meneando la cabeza:~Qué de amores yo tuve en aquellos tiempos~ 119 II| cuello plisado, las mangas amplias ajustada en los puños y 120 II| Jaca, con falda rosa de amplios vuelos, parecía una niña 121 II| atravesado por una calle ancha. Una decena de casas en 122 II| ella para la ceremonia. Los ancianos padres habían muerto, ella 123 II| de la estación, corrió al andén para ver una vez más a Rosa; 124 II| A las cinco, al Ángelus, la pequeña campana de la 125 II| Agregó: - Es la gracia que yo anhelo. Así sea. - Y se volvió 126 I| Siempre alegre y su cara animada, atraía fácilmente, con 127 III| pantuflas, en bata de noche, animadísima, toda arrebolada: - Quiero 128 I| alrededores.~            Los ánimos estaban agriados por el 129 II| puerta en puerta, charlando animosamente, llevando con cuidado unos 130 II| cumplía doce años, hacía este año su primera comunión, él 131 II| y Madame manipulaba con ansia un par de ligas naranjas, 132 III| señor Vasse, que había sido antaño un gran bailarín, hacía 133 I| propietario. Monsieur y Madame, anteriormente proxenetas cerca de Yvetot, 134 | antes 135 II| carcomida cayeron incluso de la antigua bóveda sacudida por esta 136 II| afirmado por una joya de plata antiquísima. Los hombres habían puesto 137 III| y la noche para ellas se anunciaba ajetreada.~            La 138 I| furtiva, todos leyeron el anuncio misterioso: "cerrado por 139 III| Tourmevau; - Yo también - anunció el señor Vasse. - Lo mismo 140 III| que llegaron, con un sueño apacible de conciencias satisfechas; 141 I| verse comprometidos, pero un apagado "pss´t" los contuvo: era 142 II| ella la campiña volvía a aparecer, recortada, aquí y allá 143 II| hermano: - Tú, te vas a aparejar ahora -; y se fue a terminar 144 I| puerta estrecha, humilde de apariencia, dando a la calle, y sobre 145 III| rápido y mi sombrero. - Apenas estuvo en la calle se puso 146 III| señor Dupuis. Entonces todos aplaudieron.~                La fiesta 147 II| Madame una vez recuperado el aplomo, respondió secamente, para 148 I| sirvientes de posada, se les apodaba en el puerto bajo el sobrenombre 149 I| mujeres de abajo, Luisa apodada Cocote, y Flora, la columpio 150 I| Ingleses y Franceses que aporreaban a golpes de puño las persianas 151 II| más?. Una pila de tablas apoyadas en las paredes y unos montoncitos 152 II| José Rivet, con un pie apoyado en el pescante, la otra 153 II| formas y de todas las edades, apoyados de punta o bien con el culo 154 II| Sola a los quince años, aprendí a usarlos~Porque, en la 155 III| rápidamente, hacían una apresurada vuelta de vals, mientras 156 II| y con la mano izquierda, apretaban violentamente su corazón 157 II| vestido escocés cuyo corpiño apretado a toda fuerza por sus compañeras, 158 II| trajo a su cama cálida, la apretujó contra su pecho en un abrazo, 159 III| mantener derecha su cabeza, aprovechando el ejemplo: - Vamos, hace 160 II| de una fiebre divina, se aproximaron a la santa mesa.~Toda una 161 II| en éxtasis de bondad, se aproximó a la baranda del coro.~            162 II| parar las orejas al jaco, y apurar su trote.~            De 163 | aquel 164 | aquella 165 II| centeno ya crecido unos arándanos mostraban sus pequeñas cabezas 166 II| recortada, aquí y allá por arboledas escondiendo las granjas.~            167 II| desapareciendo detrás de los grandes árboles de una granja, para reaparecer 168 II| Bajo el sol ardiente, la alegría dormida durante 169 II| de flores de colores más ardientes, pasaba al trote del caballo 170 I| siempre agitada, ágil como una ardilla a pesar de su gordura y 171 I| formaban una suerte de aristocracia, y permanecían reservadas 172 III| La fiesta estaba armada. De vez en cuando, Luisa 173 I| con el señor Duvert, el armador, que se dirigía en la misma 174 II| escalera, encontrado con un armario estrecho donde yacería esa 175 I| marcado por una nube. Su nariz arqueada caía sobre una mandíbula 176 II| muselina para que ella no la arrastrara por el polvo; Luisa y Flora 177 III| noche, animadísima, toda arrebolada: - Quiero bailar -, gritó. 178 II| el talle demasiado ancho, arreglaron la elegancia del atuendo. 179 II| rodilla primero, después más arriba; le hacía cosquillas suave 180 I| semana, partía en coche de arriendo con una fracción de su tropa; 181 II| a mi voz sobre su pueblo arrodillado.- Y balbució unas oraciones 182 II| santa mesa.~Toda una fila se arrodilló. El anciano cura, sosteniendo 183 II| movimiento y sus viejos rostros arrugados no hacían una sonrisa o 184 II| como un ramillete de fuegos artificiales.~            Su entrada 185 II| paquetes, lo abrió. Era una artimaña, el paquete contenía ligas.~            186 II| Para encontrarnos con el asa-asador, ¡Cua! ¡cua! ¡cua!.~            187 II| casera seguida de una carne asada, regada de buena sidra burbujeante, 188 II| del coro.~            La asamblea estaba sentada en medio 189 II| tañido débil de campana pobre ascendía perdiéndose en el cielo, 190 I| ciudad, era frecuentado asiduamente. Madame había dado al lugar 191 II| embarcarse -, gritó el asistente del conductor. Se subieron.~            192 I| El prejuicio de deshonra asociado a la prostitución, tan violento 193 II| tela verde cuyos faldones asomaban por debajo.~            194 II| canasto grande que dejaba asomar las cabezas alarmadas de 195 III| costumbre. Y como ellos se asombraron de esta generosidad, Madame, 196 II| se resolvió. La campesina astuta, falsamente enternecida, 197 II| Miró a Rosa con un aire astuto, con ojos brillantes y de 198 II| una burguesa de Fécamp -, asumiéndose que podía vivir de sus rentas. 199 II| se las traía; partieron atacando un cántico.~            200 I| murmuraciones de la ciudad que les atañía. Su conversación seria, 201 I| señor Tellier murió de un ataque dos años más tarde. Su nueva 202 II| mujeres nerviosas corrieron a ataviarse a su vez.~La pequeña iglesia 203 II| La mujer, rígida en su atavío rustico, tenía una fisonomía 204 II| tres a la derecha, con sus atavíos brillantes como un ramillete 205 II| esfuerzos para distraer la atención y mantenerlas hasta el día 206 II| esperaba que a fuerza de atenciones llegaría a obtener quizás 207 III| Flora no sabían a quién atender, bebían con uno, bebían 208 I| mostraba tan amable, tan atenta hacia todo el mundo; su 209 II| balbució unas oraciones atolondradas, sin encontrar las palabras, 210 II| más allá de Rouen; nada atraería a los de Fécamp a un villorrio 211 I| alegre y su cara animada, atraía fácilmente, con un matiz 212 II| hombros, y lo tiró hacia atrás tan violentamente que fue 213 II| mediodía, una carreta de bancos atravesaba el lugar al trote saltarín 214 I| sobre el "Retenue", luego atravesaron la línea del ferrocarril 215 III| del piso como a una pluma, atravesó el salón, llegó a la puerta 216 II| arreglaron la elegancia del atuendo. Luego que terminaron, se 217 I| bajo un portal, y la horda aulladora desapareció en dirección 218 II| recuerdos, su emoción en aumento, y, el cuello hinchado, 219 II| como una huella tenue de la aurora. Familias de gallinas se 220 I| empresa que colapsaba en ausencia de sus dueños.~            221 II| mas espantados que sus aves, movían sus ojos enloquecidos 222 III| banquero, tuvo la amabilidad de avisar por un mensajero al Señor 223 II| a todas las damas y les ayudó a subir en su carreta. Tres 224 II| ahogada en la inmensidad azulada.~            Las comulgantes 225 III| estaban sujetas por unas ligas azules, regalo del vendedor viajero.~            226 III| lápiz: " El cargamento de bacalaos regresó; el barco entró 227 I| las ventanas, se veía la bahía llena de barcos que descargaban, 228 III| A medianoche se bailaba aún. Algunas veces una de 229 III| había sido antaño un gran bailarín, hacía figuras, y Madame 230 III| Los cuatro bailarines la danzaron a la manera 231 III| copa de vino espumoso; el baile amenazaba con eternizarse, 232 III| abrazándolo le dijo al oído: -¿Bailemos, quieres? él se levantó, 233 I| detenía para llamar en voz baja al camarero Federico. Viendo 234 II| llegaba, y las mujeres no bajaban, se escuchaban grandes risotadas, 235 I| la marcha y volvieron a bajar instintivamente hacia el 236 II| Los viejos se bajaron en Motteville, con su canasto, 237 III| de Madame, conversaba muy bajito con ella en una esquina; 238 II| damas de lo alto y de los bajos estallarían infaliblemente; 239 II| oraron. El anciano cura balbucía las palabras misteriosas 240 II| su pueblo arrodillado.- Y balbució unas oraciones atolondradas, 241 II| pensaban, lanzados sobre las baldosas por una especie de miedo 242 II| se volvió hacia las dos bancas donde se encontraban las 243 II| mediodía, una carreta de bancos atravesaba el lugar al trote 244 II| de honor.~            El banquete estaba servido en el taller 245 II| bondad, se aproximó a la baranda del coro.~            La 246 II| plana extendida sobre sus barbillas temblorosas como el agua 247 II| birreta cuadrada se levantó, barbullando alguna cosa y sentándose 248 III| de bacalaos regresó; el barco entró a puerto; buen negocio 249 I| se veía la bahía llena de barcos que descargaban, el gran 250 I| cerrado, brillaba como bajo un barniz grasiento. Un delgado adorno 251 II| unos montoncitos de virutas barridos en la esquina despedían 252 III| tenía los dos pies sobre la barriga del señor Pimpesse, el recaudador 253 I| mayor éxito. Pero una gran batahola se escuchó repentinamente 254 I| hacia el muelle, donde una batalla se declaró entre los marinos 255 II| Madame Tellier dirigía su batallón volante. La lavaron, la 256 II| cabeza coronada de púrpura, batía las alas, y lanzaba al viento 257 II| blanco parecido a la crema batida, mientras que los niños, 258 II| había sostenido en la pila baustimal la hija de este hermano 259 I| lanzados al cuello de los bebedores, sentadas a través de sus 260 II| solamente estaba en vena y bebía sin medida. Madame Tellier 261 II| noche de su santo~había bebido dos dedos de vino puro~Nos 262 I| merienda sobre el césped bebiendo cidra, se volvía a la caída 263 I| Sus ojos hubiesen sido bellos si el derecho no hubiese 264 I| sueldo del recaudador y los beneficios que podría procurarse. Los 265 II| Cántanos mejor alguna cosa de Béranger.- Entonces Rosa después 266 I| Los marineros Franceses berreaban la Marsellesa, los Ingleses 267 I| dulce emoción; y en el coche besaban a Madame como a una muy 268 II| Inmediatamente cada mujer quiso besarlos a su turno; y el señor las 269 II| clase.~            Hasta Beuzeville fueron solas y parlotearon 270 II| sitial y tocado con una birreta cuadrada se levantó, barbullando 271 II| dignidad de la sobrepelliz blanca, replicaban con una voz 272 III| cortas por las patillas blancas del viejecillo. Un extremo 273 I| olas, hacía en la sombra, blancuras luminosas, extinguiéndose 274 II| campesino, vestido con una blusa azul, con un cuello plisado, 275 I| aca, una pequeña bola de carne toda en el vientre 276 II| buena impresión. Pero en Bolbec apareció un señor con patillas 277 III| muchacha buscando en su bolsillo donde dormía su dinero.~            278 III| Buscó en sus bolsillos, dio veinte centavos al 279 II| le escuchó en el patio, bombeándose agua en la cabeza; cuando 280 II| comulgantes perdidos en éxtasis de bondad, se aproximó a la baranda 281 I| ellos; habían llegado una bonita mañana a tomar la dirección 282 I| pueblo, ni más feas ni más bonitas, verdaderas sirvientes de 283 II| adornadas de un pequeño bordado blanco, tocado de un antiguo 284 I| sanitario, que el doctor Borde, su amigo, le había revelado 285 I| Después de bordear la calle que domina la costa 286 II| los esfuerzos inútiles del borrachín. El hombre furioso, la cara 287 I| lloraba ahora como lloran los borrachines o los niños contrariados.~            288 II| de viento que abaten los bosques; y el sacerdote permanecía 289 III| más aún a seis francos la botella en vez de diez francos, 290 II| cayeron incluso de la antigua bóveda sacudida por esta explosión 291 II| monótona impelida sin fin, bramado por el instrumento de cobre 292 II| todo el mundo. Rivet, para brindar, tenía tomado un vaso, y 293 II| doblegados como cañas ante la brisa -.~            Luego, con 294 I| Marsellesa, los Ingleses la Rule Britania. Hubo una pateadura general 295 II| gracia, su ingenio y sus bromas.~            Rosa se cruzó 296 II| dejaba distraer; ella nunca bromeaba cuando se trataba de negocios.~            297 II| Tenía un aspecto de bromista y niño bueno. Saludó, sonrió 298 II| lanzaba al viento su canto de bronce que repetían los otros gallos.~            299 II| Pero muy pronto, el trote brusco del caballo sacudía tan 300 II| emitir grititos con unos bruscos estremecimientos. Cuando 301 II| salida, una muchedumbre bulliciosa, una mezcla de voces ruidosas 302 I| retirarse cuando un grupo bullicioso de hombres del puerto apareció 303 II| asada, regada de buena sidra burbujeante, devolvió la alegría a todo 304 II| de vaquero, con una media burda mal estirada.~            305 II| La señora Tellier es una burguesa de Fécamp -, asumiéndose 306 III| desaparecía, y cuándo se la buscaba para un frente a frente, 307 III| Venga rápido -.~            Buscó en sus bolsillos, dio veinte 308 II| pantorrilla, como un verdadero caballero Francés.~            Los 309 II| planchas sostenidas por unos caballetes.~            La puerta abierta, 310 II| que las casullas de los cabildos. El alcalde ofreció su banca, 311 II| cacharros rústicos, carretas, cabrioles, tílburis, carros con asientos, 312 II| ahora de las sacudidas del cacharro, empujando ellas mismas 313 II| camino una doble línea de cacharros rústicos, carretas, cabrioles, 314 II| encima un chal de falsa cachemira Francesa, roja, relumbrante, 315 II| con unas sortijas y una cadena de oro, que puso en el portaequipaje 316 III| que seguía girando, fue a caer sobre su corazón. Él la 317 I| nube. Su nariz arqueada caía sobre una mandíbula prominente 318 II| clamaba a Dios; los niños caían en una intensa ansiedad.~            319 I| bebiendo cidra, se volvía a la caída de la noche con un cansancio 320 II| niña. La trajo a su cama cálida, la apretujó contra su pecho 321 II| preparatorias. En cuanto se callaba, todos los cantores y el 322 II| iglesia, con una voz mas callada, más humilde, como deben 323 I| triviales, no cesaba de hablar callando solo para comer y de comer 324 II| Madame inmediatamente la hizo callar, encontrando que era una 325 I| comenzaron a vagar por las calles.~            Se encontraron 326 II| manifestaciones exageradas, luego, ya calmada, se durmió. Al amanecer 327 II| carreta, estaba totalmente calmado.~            Se pusieron 328 II| los brazos, tratando de calmarlo, espantadas por esta escena 329 II| la gente, poco a poco se calmó. Los cantores, elevados 330 II| en cuando, bajo el pesado calor de mediodía, una carreta 331 II| niños, parecían embriones de camareros de café, caminaban con las 332 II| desenfado: - ¿ Las damas cambian de guarnición? - Esta pregunta 333 II| En Oissel, cambiaron de tren, y en la estación 334 II| brazo a su hermana, la madre caminaba al lado de Rafaela, Fernanda 335 I| acantilado. Cuando los tristes caminantes hubieron descansado por 336 II| reaparecer al fondo del follaje y caminar de nuevo a través de los 337 I| fuerza; nadie respondió. Caminó por la calle lentamente 338 II| campesinos en brazos de camisa, bebían sidra vaciando las 339 II| estilo, y coronada de un campanario de pizarra. Detrás de ella 340 II| cuál nada se resolvió. La campesina astuta, falsamente enternecida, 341 I| sin color, parecido a un cáñamo peinado, le cubría insuficientemente 342 II| abrazaron, doblegados como cañas ante la brisa -.~            343 II| elección, y con una voz cansada comenzó "La abuela":~Mi 344 I| caída de la noche con un cansancio delicioso, una dulce emoción; 345 II| restallar el látigo, saltando y cantando con toda sus fuerzas:~Cuanto 346 II| para ese día. Agregó: - Cántanos mejor alguna cosa de Béranger.- 347 II| más humilde, como deben cantar los feligreses.~            348 II| música, suplicó a Rosa que cantara; de aquí que ella entonara 349 II| De vez en cuando, algún cantero se enderezaba, y miraba 350 II| y lanzaba al viento su canto de bronce que repetían los 351 I| de la Virgen con su vieja capilla completamente gris.~            352 I| medio de una escalera de caracol terminando en una puerta 353 II| jornada no habría sido de este carácter verdaderamente divino. Ha 354 III| un trago murmurando: ¡ - Caramba, esto si que es lujo ! .~            355 II| polvo y fragmentos de madera carcomida cayeron incluso de la antigua 356 III| trazadas con un lápiz: " El cargamento de bacalaos regresó; el 357 III| saldar sus cuentas. Se les cargó solamente el champaña, y, 358 II| el cuello para evitar las caricias, haciendo ingentes esfuerzos 359 II| esa actitud profesional de cariño, que en el vagón les había 360 I| cocineras vestidas para un carnaval. Parecidas a todas las mujeres 361 I| Era alta, entrada en carnes, bien parecida. Su tez, 362 II| comerciantes del lugar, el carnicero, el abacero, el carpintero, 363 II| madera cepillada, un olor a carpintería, esa inhalación resinosa 364 I| marea de rufianes reanudó su carrera hacia el muelle, donde una 365 I| señoritas internas fugadas, con carreras locas, con juegos infantiles, 366 II| o de azul, la brillante carretada de mujeres que huían bajo 367 II| línea de cacharros rústicos, carretas, cabrioles, tílburis, carros 368 II| Rosa; y a medida que el carro lleno de mercancía humana 369 II| carretas, cabrioles, tílburis, carros con asientos, coches de 370 II| Llegaron unos carruajes de los municipios vecinos, 371 I| el toldo estaba pegado un cartel. Encendió rápidamente una 372 II| muselina almidonada como cartón, o unos cirios enormes, 373 I| nadie más afectado que él, casado, padre de familia y muy 374 III| la una, los dos hombres casados, el señor Tournevau y Pimpesse, 375 II| Una tortilla francesa casera seguida de una carne asada, 376 I| comprendiendo que no había caso.~            El borracho 377 II| mas engalanadas que las casullas de los cabildos. El alcalde 378 I| los sábados, "securitatis causa", decía, haciendo referencia 379 III| Madame le miraba con ojos cautivadores, con esos ojos que responden - 380 II| fragmentos de madera carcomida cayeron incluso de la antigua bóveda 381 II| celeste, el soplo de Dios, cayó sobre vosotros, se apoderó 382 II| todos los vecinos habían cedido el paso a las damas de la 383 I| bombas.~            Una paz celosa, pero raramente perturbada, 384 I| la noche, detrás de una celosía, un pequeño farol como aquellos 385 II| estaba rodeada de un estrecho cementerio; y cuatro tilos inmensos, 386 III| aburría esa casa.-~            Cenaron pronto, y cuando se hubieron 387 III| sus bolsillos, dio veinte centavos al mensajero, y enrojeciendo 388 III| sentándose delante la espineta centenaria, dormida en una esquina, 389 II| por el viento. Entre el centeno ya crecido unos arándanos 390 II| despedían un perfume de madera cepillada, un olor a carpintería, 391 I| fantasía Española con unos cequíes de cobre que danzaban en 392 | cerca 393 II| donde el pelo rojizo parecía cerda, tenía en una mano un inmenso 394 I| Encendió rápidamente una cerilla alumbrando unas palabras 395 III| complacencia inusual. Madame cerraba los ojos; tenía largo ratos 396 II| el polvo; Luisa y Flora cerraban la marcha con la señora 397 I| de vino y los jarros de cerveza sobre las mesas de mármoles 398 I| interminables y triviales, no cesaba de hablar callando solo 399 I| gritos agudos, estallaban sin cesar, aquí, allá, en el dormitorio, 400 I| comía la merienda sobre el césped bebiendo cidra, se volvía 401 I| de las muchachas, o bien charlaban seriamente con "Madame", 402 II| afanosas de puerta en puerta, charlando animosamente, llevando con 403 I| de gobierno; tomaban su chartreuse alegremente con alguna de 404 II| enlazados y dorados. Las chicas lanzaron gritos de alegría, 405 III| se paraba delante de la chimenea para embucharse una copa 406 I| como un descanso de los chistes pícaros, de los peculiares 407 I| Las palabras soeces le chocaban siempre un poco; y cuando 408 II| escupió ruidosamente su primer chorro de vapor mientras las ruedas 409 I| sobre el césped bebiendo cidra, se volvía a la caída de 410 II| vieja con muleta y casi ciega se santiguó como al paso 411 II| estribillo, y picaba cada vez cien metros de galope, con gran 412 | ciertas 413 III| en la izquierda tenía un cigarrillo.~            Rafaela parecía 414 I| como La libertad con una cinta tricolor, la otra como fantasía 415 II| comenzaba. El sacerdote circuló lentamente delante del tabernáculo 416 I| a Leda extendida bajo un cisne. Se llegaba a este lugar 417 I| raramente alguno se perdía la cita cotidiana.~            Sin 418 II| muchedumbre prosternada clamaba a Dios; los niños caían 419 I| tiempo aún se escuchó el clamor disminuyendo como un trueno 420 II| Luego, con una voz más clara, se volvió hacia las dos 421 I| cuyo pelo ondea, corto, claro y sin color, parecido a 422 II| constantemente una suerte de cloqueo que hacía parar las orejas 423 II| largo de esta única vía cobijaba a los comerciantes del lugar, 424 II| encontraban instaladas en la cocina sobre unos colchones tirados 425 II| vaso, y su mujer servía, cocinaba, traía los platos, los retiraba, 426 I| desnivelados, tenían el aire de cocineras vestidas para un carnaval. 427 II| replegada sobre si mismo, los codos muy elevados, sostenía las 428 II| junto a ella, Luisa y Flora cogidas de los mismos recuerdos 429 II| alargando la cabeza, la cola erecta, una colita de ratón 430 I| dirección de la empresa que colapsaba en ausencia de sus dueños.~            431 II| en la cocina sobre unos colchones tirados en el suelo y Rosa 432 III| señor Philippe del cuál colgaba al cuello su mano derecha, 433 II| cabeza, la cola erecta, una colita de ratón sin pelo con la 434 II| llena de una actividad de colmena. Las damas en bata y enagua, 435 I| momentos, un aroma de agua de colonia pasaba por los pasillos, 436 I| ondea, corto, claro y sin color, parecido a un cáñamo peinado, 437 II| al medio de esas praderas coloreadas así por las flores de la 438 II| entusiasmado de sus poderosas columnas. Las flacas tibias de la 439 II| verde se desbordaba. Las colzas en flor mostraban de trecho 440 III| hubieron puesto los trajes de combate esperaron a los clientes 441 II| alarma, de gritos de terror, combinado de vez en cuando con unas 442 II| silencio. El oficio divino comenzaba. El sacerdote circuló lentamente 443 I| llegar, el Señor Poulin, comerciante de maderas y ex-alcalde, 444 I| a propósito de una seta comestible que uno de ellos afirmaba 445 I| intoxicadas por el aire libre. Se comía la merienda sobre el césped 446 II| niñas, allá dos muchachos, comiendo en cada una dos familias.~            447 II| cuñada, que quería acaparar. Comieron en el taller desocupado 448 | Cómo 449 II| dejaron de estar solas en el compartimiento, tomaron una expresión grave, 450 II| sobre las virutas; su mujer compartiría su cama con su cuñada, y 451 I| fuera como una muestra, un compendio de tipo femenino, a fin 452 II| espontáneos. La niña muy prudente, compenetrada de piedad, como inconmovible 453 II| triunfo del carpintero era completo. El regimiento Tellier, 454 II| bajó para Rouen, después de comportarse tan grosero que Madame se 455 I| esperaba algún incidente, no comprendía; lo exasperaba que la policía 456 I| Entonces se fue, comprendiendo que no había caso.~            457 II| niña en sus rodillas, no se comprometía a nada, prometía vagamente; 458 I| inmediatamente para no verse comprometidos, pero un apagado "pss´t" 459 II| dirigiéndose hacia el edificio comunal que contenía las dos escuelas 460 III| con un sueño apacible de conciencias satisfechas; y cuando entraron 461 I| gracias a la sabiduría de conciliación de Madame y a su inextinguible 462 II| el hombre en blusón que conducía lanzaba una mirada de envidia 463 II| gritó el asistente del conductor. Se subieron.~            464 III| Tournevau volvió, satisfecho, confortado, radiante. Gritó: - No sé 465 II| pregunta dejó en el grupo una confusión embarazosa. Madame una vez 466 I| su buen corazón era tan conocido, que una suerte de consideración 467 II| de su garganta escapaban constantemente una suerte de cloqueo que 468 II| ensombrecían completamente. Estaba construida en pedernal tallado, sin 469 II| un objeto de vestir. Se consultaban con la mirada o con una 470 II| de licencia.~            Consultado el hermano no hizo ninguna 471 I| femenino, a fin de que todo consumidor pudiera encontrar allí, 472 I| sus piernas, fomentaban el consumo.~            Las otras tres 473 II| De Fécamp a Virville se contaban menos de veinte leguas; 474 II| Como las lágrimas son contagiosas, Madame, a su vez, sintió 475 II| dejaba hacer, paciente y contemplativa.~            Como la jornada 476 I| y de esta manera estaría contenido por toda la semana.~            477 II| suspiros con unos gritos contenidos. Pasaba como esas ráfagas 478 I| Federico. Viendo que no le contestaban, decidió sentarse en el 479 III| señor al señor Poulin - contestó el recaudador. La frase 480 I| Solo un hombre continuaba vagando, el señor Tournevau, 481 III| hizo la invitación a una contradanza.~            Los cuatro 482 I| borrachines o los niños contrariados.~            Finalmente 483 I| referencia a una medida de control sanitario, que el doctor 484 I| pero un apagado "pss´t" los contuvo: era el señor Tournevau, 485 II| que era una canción poco conveniente para ese día. Agregó: - 486 II| Perdón, debí decir de convento - Madame no encontró nada 487 III| pero platónico de Madame, conversaba muy bajito con ella en una 488 II| bebían sidra vaciando las copas al seco, y en medio de cada 489 II| Vamos, mi hija, un poco de coraje, toma, el par lila, irá 490 III| trajo el champaña. El primer corcho saltó y el señor Phillipe 491 II| Todos juntos coreaban el estribillo; Rivet golpeaba 492 II| un vestido escocés cuyo corpiño apretado a toda fuerza por 493 III| estuvo en la calle se puso a correr silbando una melodía, y 494 I| que podría procurarse. Los correspondientes insultos volaban de ambos 495 III| impacientaban; luego volvían corriendo a su café, con el corazón 496 II| tropa de mujeres nerviosas corrieron a ataviarse a su vez.~La 497 II| interior de la estación, corrió al andén para ver una vez 498 III| seda amarilla levantada, cortando el paño negro del pantalón, 499 III| con él, pasaba sus manos cortas por las patillas blancas 500 II| detenían sus juegos, una cortina levantada dejó entrever


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