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Guy de Maupassant
La Casa Tellier

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


1881-corti | costa-humor | hurac-prote | prove-zapat

     Párrafo
501 I| bordear la calle que domina la costa y que se llama: "Sous -le-Bois", 502 I| llamado "La traba", detrás, el costado de la Virgen con su vieja 503 II| fuertes. Se aferraron a los costados del vehículo; los sombreros 504 I| eran harina de un mismo costal".~            Algunas veces 505 I| alguno se perdía la cita cotidiana.~            Sin embargo, 506 II| y parlotearon como unas cotorras. Pero en esta estación subió 507 I| cubría insuficientemente el cráneo.~            Rafaela, una 508 II| viento. Entre el centeno ya crecido unos arándanos mostraban 509 II| tul blanco parecido a la crema batida, mientras que los 510 I| oleaje. La espuma sobre la cresta de las olas, hacía en la 511 II| su primera comunión. Se creyó de vuelta a aquel día cuando 512 II| hostia sagrada, el cuerpo de Cristo, la redención del mundo. 513 II| vestidos oscuros, con el chal cruzado sobre el pecho afirmado 514 II| campesinos son más difíciles de cruzar que el océano para alguno 515 II| bromas.~            Rosa se cruzó y se recostó entre las piernas 516 II| y tocado con una birreta cuadrada se levantó, barbullando 517 II| sus pañuelos de indiana a cuadros y con la mano izquierda, 518 | cuándo 519 II| la cabeza descubierta, cubierta de sus cabellos de plata, 520 I| a un cáñamo peinado, le cubría insuficientemente el cráneo.~            521 II| Luisa Cocote, por broma, cubrió al señor con su falda, y 522 II| mirada o con una palabra cuchicheada, se respondían a sí mismas, 523 III| retiraban, y querían saldar sus cuentas. Se les cargó solamente 524 II| unos movimientos torpes de cuerpos siempre encorvados sobre 525 II| animosamente, llevando con cuidado unos vestidos cortos de 526 II| apoyados de punta o bien con el culo por tierra y los varales 527 II| abrasador, en medio de unos cultivos maduros, al paso furioso 528 II| otro. Pero como la niñita cumplía doce años, hacía este año 529 II| de metal formadas por dos cupidos enlazados y dorados. Las 530 II| caídos pechos en una doble cúpula siempre agitada que parecía 531 II| viejo vestido de tela verde cuyos faldones asomaban por debajo.~            532 I| sedentarismo, engordando demasiado, dañó su salud.~            Madame, 533 I| unos cequíes de cobre que danzaban en su pelo zanahoria con 534 II| blanco comenzó su paso vivo y danzarín.~            Bajo el sol 535 III| Los cuatro bailarines la danzaron a la manera acostumbrada, 536 II| vamos, mis gatitas, dijo, debemos probarlas -. Fue una tempestad 537 II| callada, más humilde, como deben cantar los feligreses.~            538 II| Él se excusó: - Perdón, debí decir de convento - Madame 539 II| días seguidos sin trabajar debían tomar el tren de las 3:55 540 II| pero no podía lograrlo, debido a su gran látigo que tenía 541 II| volvía a llamar. Su tañido débil de campana pobre ascendía 542 II| pegada a su cabeza, unos débiles sollozos como los de un 543 II| que llora. Temerosa, llamó débilmente, y una vocecita entrecortada 544 III| orejas: - Es necesario, dijo, debo salir - Le entregó a su 545 II| por una calle ancha. Una decena de casas en fila a lo largo 546 I| cada noche en esta orgía decente y mediocre de beber un vaso 547 II| de una pequeña elite para decidir al Señor a descender sobre 548 I| muelle, donde una batalla se declaró entre los marinos de ambas 549 II| tren de las 3:55 que las dejaría en Fécamp por la noche.~            550 II| Tan pronto que las damas dejaron de estar solas en el compartimiento, 551 I| indispensable de la bella Judía, delgada, con los pómulos salientes 552 I| un barniz grasiento. Un delgado adorno de rulos, falsos 553 I| sublevada. En fin, tenía un alma delicada, y, aunque que trataba a 554 II| rumor de muchedumbre en delirio, una tempestad de suspiros 555 I| hubiesen sido bellos si el derecho no hubiese estado marcado 556 I| cuyas pecas se rehúsan a desaparecer, y cuyo pelo ondea, corto, 557 III| veces una de las muchachas desaparecía, y cuándo se la buscaba 558 II| a sus retoños. Las niñas desaparecían en una nube de tul blanco 559 II| trote del caballo blanco, desapareciendo detrás de los grandes árboles 560 I| portal, y la horda aulladora desapareció en dirección a la abadía. 561 III| a la puerta del fondo, y desapreció en las escaleras a los dormitorios 562 II| la nariz - Co co r co -. Desatándose de nuevo un huracán de risas.~            563 II| violentamente su corazón desbocado.~            Como la pavesa 564 II| camino la campiña verde se desbordaba. Las colzas en flor mostraban 565 II| llenó vuestras almas, hizo desbordar vuestros ojos. Soy el más 566 III| al albergue, refrescadas, descansadas para el trabajo de la noche, 567 I| tristes caminantes hubieron descansado por un rato, el señor Tournevau 568 II| lado, Fernanda y Rafaela descansarían juntas, Luisa y Flora se 569 I| bahía llena de barcos que descargaban, el gran pantano salado 570 II| los municipios vecinos, descargando en las pisaderas de las 571 II| polvareda.~            Cuando descendieron en la estación, el carpintero 572 II| mi vida. Sentí que Dios descendió sobre nosotros a mi llamado. 573 II| manifiesta su presencia, que desciende a mi voz sobre su pueblo 574 II| ralos y cortos que se diría descoloridos y raídos por el uso, se 575 II| hacia el altar, y, la cabeza descubierta, cubierta de sus cabellos 576 II| Comenzó por Rosa La Jaca, que descubrió una cosa informe, completamente 577 I| asiladas no habían llegado a descubrir nada.~            Era alta, 578 I| después de enviudar, era deseada, sin éxito, por los parroquianos 579 I| de gritos formidables se desencadenó, y la tropa de marineros, 580 II| Saludó, sonrió y preguntó con desenfado: - ¿ Las damas cambian de 581 I| dientes nuevos, en alto, desentonaban al lado de aquellos, abajo, 582 II| sobretodo, torturada de deseo, dudaba visiblemente. Él 583 II| en sus esfuerzos, agitaba desesperadamente tras la espalda de la muchacha.~            - 584 II| un acto de agradecimiento desesperado.~            Detrás de él 585 II| dos suspiros profundos, desgarradores, le respondieron; porque 586 II| furioso, la cara roja, todo desguañangado, sacudía con violentos esfuerzos 587 I| sirvienta. El prejuicio de deshonra asociado a la prostitución, 588 I| palabras en una letra grande y desigual: "Cerrado por primera comunión".~            589 I| con cada uno de sus pasos desnivelados, tenían el aire de cocineras 590 II| acaparar. Comieron en el taller desocupado de las mesas de trabajo 591 II| virutas barridos en la esquina despedían un perfume de madera cepillada, 592 I| cada uno para su lado sin despedirse.~Los otros cuatro reanudaron 593 I| en el dormitorio, en la despensa, en el café, por todos lados, 594 II| levantó, y suavemente, para no despertar a nadie, fue a buscar a 595 II| iglesia sonando a todo repique despertó a estas damas que dormían 596 I| papeles bajo el brazo para despistar; con una mirada furtiva, 597 II| Bombas juntas, la tropa se desplegaba majestuosamente como un 598 II| y sostenido por las alas desplegadas de un águila de madera montada 599 II| envidia sobre todo este despliegue de fiesta.~            En 600 I| lugar eran exclusivamente destinadas a las necesidades de esta 601 II| madre, tenía miedo en su desván estrecho.~            Rosa, 602 II| muy borracho y a medio desvestir, trataba, pero en vano, 603 III| Vasse como para ultimar los detalles de un affaire ya acordado.~            604 II| el señor Rivet no quiso detenerse.~            Luego de vez 605 I| vitrina del café, luego se detenía para llamar en voz baja 606 II| a las puertas, los niños detenían sus juegos, una cortina 607 II| buena sidra burbujeante, devolvió la alegría a todo el mundo. 608 II| empinaban por verlas. Y las devotas hablaban demasiado alto, 609 II| por una especie de miedo devoto, y, en la iglesia, de tanto 610 II| Son pécoras que van a ese diabólico Paris -.~            El 611 I| y ornamentado de un gran dibujo representando a Leda extendida 612 I| campiña Normanda. El campesino dice: - Es una buena profesión - 613 II| el pico, acompañándolo de dichos jocosos para divertir a 614 I| mandíbula prominente donde dos dientes nuevos, en alto, desentonaban 615 II| bajo el sol.~            Dieron la una cuando llegaron a 616 III| francos la botella en vez de diez francos, el precio de costumbre. 617 II| para los campesinos son más difíciles de cruzar que el océano 618 III| cerrar de ojos la noticia se difundió, no se supo como, no se 619 III| acostumbrada, adecuadamente, dignamente, con afectación, reverencias 620 II| Pero ellas no querían, muy dignas, con el talle levantado. 621 II| suficiente, hizo un saludo digno apretando los labios.~            622 III| bolsillo donde dormía su dinero.~            Fernanda y 623 II| antiguo sacerdote de la diócesis, soy también, hoy día, el 624 II| lanzas inclinadas en todas direcciones.~            Ante el facistol, 625 II| cabellos ralos y cortos que se diría descoloridos y raídos por 626 II| comulgantes salían de sus casas, dirigiéndose hacia el edificio comunal 627 I| mujeres como los enviarían a dirigir un internado de señoritas.~            628 III| responden - sí -, un - sí -, más discreto y más delicioso que una 629 I| donde comenzó de repente una discusión entre el recaudador, el 630 I| una mueca inquieta y de disgusto.~            Madame, amable 631 I| aún se escuchó el clamor disminuyendo como un trueno que se aleja; 632 I| Finalmente los burgueses se dispersaron.~            Poco a poco 633 III| que estaba libre sobre el diván, y la polca se reanudó.~            634 II| no puede ser siempre solo diversión. - Entonces una idea iluminó 635 II| liberó. Las muchachas se divertían ahora de las sacudidas del 636 I| Tournevau dijo: - Esto no es divertido.- No lo es, respondió el 637 II| acompañándolo de dichos jocosos para divertir a la concurrencia: - Nos 638 II| temblando de una fiebre divina, se aproximaron a la santa 639 II| vosotros, ustedes se abrazaron, doblegados como cañas ante la brisa -.~            640 II| Pero como la niñita cumplía doce años, hacía este año su 641 I| control sanitario, que el doctor Borde, su amigo, le había 642 II| embargada por una emoción vaga y dolorosa. Se revolvía en su cama 643 I| de bordear la calle que domina la costa y que se llama: " 644 I| padre de familia y muy dominado, no venía mas que los sábados, " 645 III| salador tenía justamente cada domingo varios primos a cenar, estaban 646 II| la mano el cáliz de plata dorado, pasaba delante de ellos, 647 II| dos cupidos enlazados y dorados. Las chicas lanzaron gritos 648 II| despertó a estas damas que dormían normalmente la mañana entera, 649 II| Rivet, por esta vez dormiría en el taller sobre las virutas; 650 III| desapreció en las escaleras a los dormitorios con su fardo viviente, en 651 II| Federico se emborracharía sin duda, y cuando estaba achispado, 652 II| sobretodo, torturada de deseo, dudaba visiblemente. Él la presionó: - 653 II| Entonces Rosa después de haber dudado algunos segundos, hizo su 654 I| colapsaba en ausencia de sus dueños.~            Eran buena 655 III| III~            Durmieron hasta que llegaron, con 656 II| exageradas, luego, ya calmada, se durmió. Al amanecer la comulgante 657 I| se encontró con el señor Duvert, el armador, que se dirigía 658 II| las formas y de todas las edades, apoyados de punta o bien 659 II| ejemplo. Ustedes han sido la edificación de mi parroquia; vuestra 660 II| El carpintero besó educadamente a todas las damas y les 661 I| amigo, le había revelado se efectuaba periódicamente. Era precisamente 662 II| sombrero para saludar aquella ejemplar pantorrilla, como un verdadero 663 II| demasiado ancho, arreglaron la elegancia del atuendo. Luego que terminaron, 664 II| medio de una compañía tan elegante.~            Había en efecto, 665 II| De pronto el Kyrie Eleison saltó hacia el cielo, empujado 666 II| veces solo de una pequeña elite para decidir al Señor a 667 II| Los pasajeros para Rouen, embarcarse -, gritó el asistente del 668 II| brazos vacíos, se sentía embargada por una emoción vaga y dolorosa. 669 II| infaliblemente; luego Federico se emborracharía sin duda, y cuando estaba 670 II| que los niños, parecían embriones de camareros de café, caminaban 671 III| delante de la chimenea para embucharse una copa de vino espumoso; 672 II| la muchacha, para hacerle emitir grititos con unos bruscos 673 II| majestuosamente. Su mujer, muy emocionada por el vestido de lentejuelas 674 II| hotel galante, se sentían emocionadas por este silencio de descanso 675 II| extraña simpatía de tiernas emociones, perturbadas también por 676 II| estación, el carpintero se emocionó: - Es una pena que ustedes 677 III| la noche, Madame no tuvo empacho en decir:- Es lo de menos, 678 II| estremecían de emoción e hipos, empapaban sus pañuelos de indiana 679 II| Cuando le tocó a Rosa, se empeñó en encontrar su boca que 680 II| empujaban, se daban vuelta, se empinaban por verlas. Y las devotas 681 II| Rafaela, con un tocado emplumado simulando un nido lleno 682 I| ciudades a los pies de vírgenes empotradas en los muros.~            683 I| tomar la dirección de la empresa que colapsaba en ausencia 684 II| Eleison saltó hacia el cielo, empujado por todos los pechos y los 685 II| sacudidas del cacharro, empujando ellas mismas las sillas 686 II| escuchaban grandes risotadas, empujones, explosiones de gritos, 687 II| colmena. Las damas en bata y enagua, el pelo suelto sobre la 688 II| demasiado gorda, de una enana obesa; las dos bombas parecían 689 I| tentativa. Pero los marineros enardecidos sitiaban la casa, lanzaban 690 II| estrecho.~            Rosa, encantada, se levantó, y suavemente, 691 II| vendedor, sorprendido y encantado, se sacó galantemente su 692 II| No verdaderamente ! y mis encantos~Sola a los quince años, 693 I| marineros. Dos de las personas encargadas del especial comercio del 694 II| hizo ninguna objeción, y se encargó de alojar la compañía completa 695 II| los campos, una luz que enceguecía los ojos; y las ruedas levantaban 696 I| detrás de su reja, no estaba encendido; ningún ruido salía del 697 I| estaba pegado un cartel. Encendió rápidamente una cerilla 698 II| de pies a cabeza, llevaba encima un chal de falsa cachemira 699 II| Entonces el señor, que se encontraba entre Rosa la Jaca y el 700 II| la-lagunita ¡Cua! ¡cua! ¡cua! Para encontrarnos con el asa-asador, ¡Cua! ¡ 701 II| moverse, impresionada de encontrarse en medio de una compañía 702 II| perdía de vista, aunque no se encontrasen a menudo, retenidos ambos 703 II| torpes de cuerpos siempre encorvados sobre el trabajo, seguían 704 II| cuando, algún cantero se enderezaba, y miraba a través de su 705 II| veía unas mesas de gente endomingada, y unos gritos salían de 706 II| parroquia; vuestra emoción ha enfervorizado los corazones; sin ustedes, 707 II| espectáculo de estas damas mas engalanadas que las casullas de los 708 II| El sacerdote engendraba el cuerpo de Dios. Los niños 709 I| molicie y el sedentarismo, engordando demasiado, dañó su salud.~            710 II| formadas por dos cupidos enlazados y dorados. Las chicas lanzaron 711 II| sus aves, movían sus ojos enloquecidos sin osar hacer el menor 712 II| Su entrada en la iglesia enloqueció a la población. Se empujaban, 713 I| con los pómulos salientes enlucidos de maquillaje rojo. Sus 714 I| establecimiento que ella dirigía, se enojaba, sublevada. En fin, tenía 715 III| La frase tuvo un éxito enorme y todos sucesivamente subían 716 II| como cartón, o unos cirios enormes, con un lazo de seda con 717 III| centavos al mensajero, y enrojeciendo hasta las orejas: - Es necesario, 718 I| adorno de rulos, falsos y enroscados, rodeaban su frente y le 719 II| Agregó como moraleja: - Nos enseña a no hablar con el primero 720 II| delante de su portal, la ensombrecían completamente. Estaba construida 721 III| hombres del puerto hacían un ensordecedor griterío. Luisa y Flora 722 III| sonreían ambos como si a un entendimiento se hubiera llegado esta 723 II| dormían normalmente la mañana entera, único descanso de sus fatigas 724 II| campesina astuta, falsamente enternecida, y Madame Tellier, que tenía 725 II| en cuando, un campo todo entero parecía regado de sangre 726 II| cantara; de aquí que ella entonara vigorosamente "El gordo 727 III| eternizarse, cuando Rosa entornó la puerta con una palmatoria 728 III| momento que el señor Pimpesse entraba con Fernanda. - De ver dormir 729 I| La casa tenía dos entradas. En la esquina, una suerte 730 III| conciencias satisfechas; y cuando entraron al albergue, refrescadas, 731 I| pasillos, o bien una puerta entreabierta en el piso bajo hacía escuchar 732 II| débilmente, y una vocecita entrecortada la respondió. Era la niña 733 III| necesario, dijo, debo salir - Le entregó a su mujer la esquela lacónica 734 II| una cortina levantada dejó entrever una cabeza tocada de un 735 III| bacalaos regresó; el barco entró a puerto; buen negocio para 736 III| apareció. Unos gritos de entusiasmo estallaron: ¡Viva Tournevau!. 737 II| la campiña, y después de enumerar las principales propiedades, 738 I| abajo, que habían tomado al envejecer un tinte oscuro como las 739 II| conducía lanzaba una mirada de envidia sobre todo este despliegue 740 III| Champaña. Madame Tellier envíe a buscar tres botellas. - 741 I| Madame, después de enviudar, era deseada, sin éxito, 742 II| que parece casi religioso envolviendo al pueblito, un silencio 743 II| en un abrazo, la mimó, la envolvió de su ternura de manifestaciones 744 II| cuando era pequeña, toda envuelta en su vestido blanco, y 745 II| dos bombas parecían estar envueltas en ropas extrañas hechas 746 II| su cabeza muchos paquetes envueltos en tela de hule.~            747 II| gran Fernanda; luego el equipaje se puso en marcha. Pero 748 II| alargando la cabeza, la cola erecta, una colita de ratón sin 749 III| fondo, y desapreció en las escaleras a los dormitorios con su 750 II| campiña dormida. Tenían escalofríos en la piel, no de frío, 751 II| riendas, y de su garganta escapaban constantemente una suerte 752 II| en seda malva, en seda escarlata, con unas hebillas de metal 753 II| calmarlo, espantadas por esta escena después de la ceremonia 754 II| resoplaba dentro de un vestido escocés cuyo corpiño apretado a 755 II| camino en medio de esta escolta de honor.~            El 756 II| aquí y allá por arboledas escondiendo las granjas.~            757 II| ocasión para un reencuentro, y escribió a su hermana que contaba 758 II| turbaba en absoluto sus escrúpulos y el resto, las personas 759 II| las mujeres no bajaban, se escuchaban grandes risotadas, empujones, 760 II| pasar delante de la iglesia, escucharon los cantos de los niños: 761 II| pasmoso.~            En la escuela las niñas se organizaron 762 II| comunal que contenía las dos escuelas y la alcaldía, situado a 763 II| potente de la locomotora que escupió ruidosamente su primer chorro 764 II| rodar lentamente con gran esfuerzo.~            Rivet, solo 765 | Eso 766 | esos 767 I| tricolor, la otra como fantasía Española con unos cequíes de cobre 768 II| brazos, tratando de calmarlo, espantadas por esta escena después 769 II| Los dos campesinos, mas espantados que sus aves, movían sus 770 II| Como la pavesa que salta esparce el fuego a través de un 771 II| abrían la boca con unos espasmos, unas muecas nerviosas, 772 I| personas encargadas del especial comercio del lugar eran 773 II| alto, estupefactas por el espectáculo de estas damas mas engalanadas 774 III| puesto los trajes de combate esperaron a los clientes habituales; 775 I| negros, brillantes como el espinazo de un buey, formaban unos 776 III| y, sentándose delante la espineta centenaria, dormida en una 777 II| cuerpo de estos pequeños, el Espíritu Santo, la paloma celeste, 778 II| de la prolongada tensión espiritual. Estaban famélicos, por 779 II| de afección vehemente y espontáneos. La niña muy prudente, compenetrada 780 II| aplausos. Entonces, mientras la esposa del carpintero se dirigía 781 I| miraban rizarse el oleaje. La espuma sobre la cresta de las olas, 782 III| embucharse una copa de vino espumoso; el baile amenazaba con 783 III| Le entregó a su mujer la esquela lacónica y misteriosa. Llamó, 784 II| carpintero se dirigía al establo para ver si el vehículo 785 I| cascada de gritos agudos, estallaban sin cesar, aquí, allá, en 786 II| las sillas de sus vecinas, estallando de risa en todo momento, 787 II| de lo alto y de los bajos estallarían infaliblemente; luego Federico 788 III| Unos gritos de entusiasmo estallaron: ¡Viva Tournevau!. Y Rafaela, 789 I| su noche y de esta manera estaría contenido por toda la semana.~            790 II| pedernal tallado, sin ningún estilo, y coronada de un campanario 791 II| con una media burda mal estirada.~            El señor, se 792 II| Por fin la propia Madame, estiró su pierna, una bella pierna 793 | estos 794 II| queridas hermanas, mis niños, estoy agradecido desde el fondo 795 I| terminando en una puerta estrecha, humilde de apariencia, 796 II| finos cabellos rubios, la estrecharon en sus brazos con ímpetus 797 II| penetrante, y extenso hasta las estrellas. Las muchachas, acostumbradas 798 II| damas de rodillas que se estremecían de emoción e hipos, empapaban 799 II| hablaban demasiado alto, estupefactas por el espectáculo de estas 800 II| paralogizados inmovilizados por el estupor, miraban de lado, con un 801 II| Cuando los caballos estuvieron en las pesebreras, había 802 I| requeridas abajo y que el primero estuviese vacío.~            El salón 803 II| sílabas del latín sonoro, eternizando los Amén con unas a-a indefinidas 804 III| el baile amenazaba con eternizarse, cuando Rosa entornó la 805 II| Rivet, por etiqueta, aunque vestía ropa de trabajo, 806 II| sin escuchar el último evangelio, para terminar los preparativos 807 II| sus labios cerrados, lo evitaba cada vez con un rápido movimiento 808 II| animales torcían el cuello para evitar las caricias, haciendo ingentes 809 II| ternura de manifestaciones exageradas, luego, ya calmada, se durmió. 810 II| gritos de alegría, luego examinaron el muestrario, imbuidas 811 I| incidente, no comprendía; lo exasperaba que la policía dejara cerrar 812 | excepto 813 III| aplausos.~            Rosa que excitaba al ex-alcalde, lo besaba 814 II| Fue una tempestad de exclamaciones; y ellas se tiraron sus 815 III| preguntó : - ¿Y tú tío? -. Rosa exclamó: - ¿Él? Duerme ya, el se 816 I| comercio del lugar eran exclusivamente destinadas a las necesidades 817 II| ser más educado - Él se excusó: - Perdón, debí decir de 818 II| carpintero.~            Estaban exhaustas y pálidas de hambre, no 819 I| pesar de su gordura y la exigüidad de sus patas; y su risa, 820 I| vivo en las ciudades, no existe en la campiña Normanda. 821 II| bella Judía fueron menos exitosas. Luisa Cocote, por broma, 822 II| cosa sobrehumana, un alma expandida, el hálito prodigioso de 823 II| acariciar, con esa necesidad de expansión tierna, esa actitud profesional 824 II| iglesia; una gran emoción, una expectante ansiedad, la proximidad 825 II| grandes risotadas, empujones, explosiones de gritos, aplausos. Entonces, 826 I| exultados cuando ella les expresaba una amistad más marcada; 827 II| sábado por la mañana, el tren expreso de las ocho llevaba a Madame 828 II| comulgantes perdidos en éxtasis de bondad, se aproximó a 829 II| fieles, y, con las manos extendidas hacia ellos, pronunció: 830 II| Rosa y sus compañeras se extendieron a toda la concurrencia. 831 II| silencio quieto, penetrante, y extenso hasta las estrellas. Las 832 II| Flora Columpio, que cojeaba, extenuada.~            Los vecinos 833 I| sombra, blancuras luminosas, extinguiéndose inmediatamente que aparecían, 834 I| de voces se elevaba, para extinguirse en lontananza.~            835 I| riachuelo que corre en los extramuros de Valmont. Eran entonces 836 II| una hermana, tomada por la extraña simpatía de tiernas emociones, 837 II| estar envueltas en ropas extrañas hechas de viejas cortinas 838 I| invitaban por cuenta de ellos, exultados cuando ella les expresaba 839 I| su cara animada, atraía fácilmente, con un matiz de moderación 840 II| direcciones.~            Ante el facistol, tres hombres de pie cantaban 841 II| vestido de tela verde cuyos faldones asomaban por debajo.~            842 II| llevaba encima un chal de falsa cachemira Francesa, roja, 843 II| resolvió. La campesina astuta, falsamente enternecida, y Madame Tellier, 844 I| delgado adorno de rulos, falsos y enroscados, rodeaban su 845 III| momento que un hombre también faltaba.~            - ¿De donde 846 I| una suerte de café de mala fama se abría en la noche a la 847 II| tensión espiritual. Estaban famélicos, por lo demás, y los parientes, 848 I| cinta tricolor, la otra como fantasía Española con unos cequíes 849 III| a los dormitorios con su fardo viviente, en medio de aplausos.~            850 II| fuerzas las faldas de Rosa farfullando: -¿Puta, no quieres?- Pero 851 I| encontró la puerta cerrada. El farolito, detrás de su reja, no estaba 852 II| intervenir para terminar con esa farsa embarazosa. Por fin la propia 853 II| cuando estaba achispado, fastidiaba a la gente por nimiedades. 854 II| entera, único descanso de sus fatigas nocturnas. Los campesinos 855 II| que dejara un testamento a favor de la pequeña, Madame no 856 I| mujeres del pueblo, ni más feas ni más bonitas, verdaderas 857 II| como una voz demasiado feble, rápidamente ahogada en 858 II| Fernanda fue felicitada por el vendedor entusiasmado 859 II| humilde, como deben cantar los feligreses.~            De pronto el 860 II| también, hoy día, el más feliz. Un milagro se ha hecho 861 I| muestra, un compendio de tipo femenino, a fin de que todo consumidor 862 I| atravesaron la línea del ferrocarril y desembocaron nuevamente 863 II| la alegría del pueblo. Se festejaba en todas partes. En cada 864 III| establecimiento Tellier tenía un aire festivo. En el piso bajo las voces 865 II| niños, temblando de una fiebre divina, se aproximaron a 866 II| Se volvió hacia los fieles, y, con las manos extendidas 867 I| contrastaba con la madurez de su figura. Siempre alegre y su cara 868 III| un gran bailarín, hacía figuras, y Madame le miraba con 869 II| comenzaban nuevamente, los ojos fijos sobre el grueso libro de 870 I| hombres del puerto apareció al final de la calle. Los marineros 871 I| embargo, una noche, hacia fines del mes de Mayo, el primero 872 II| rodillas, manosearon sus finos cabellos rubios, la estrecharon 873 II| poderosas columnas. Las flacas tibias de la bella Judía 874 II| desbordaba. Las colzas en flor mostraban de trecho en trecho 875 II| sobre sus cabezas parecía flotar una cosa sobrehumana, un 876 I| muy gorda, casi obesa, fofa, hija del campo cuyas pecas 877 II| reaparecer al fondo del follaje y caminar de nuevo a través 878 I| a través de sus piernas, fomentaban el consumo.~            879 II| acento normando. La gente formaba dos filas, y cuando aparecían 880 II| con unas hebillas de metal formadas por dos cupidos enlazados 881 I| el brazo, de dos en dos, formando una larga procesión, vociferando 882 II| asientos, coches de todas las formas y de todas las edades, apoyados 883 III| Él la tomó en un abrazo formidable, y sin decir una palabra, 884 I| una tempestad de gritos formidables se desencadenó, y la tropa 885 I| coche de arriendo con una fracción de su tropa; y se iban a 886 II| Unos granitos de polvo y fragmentos de madera carcomida cayeron 887 II| con un lazo de seda con franjas de oro en el medio. El sol 888 III| contestó el recaudador. La frase tuvo un éxito enorme y todos 889 II| ellos, pronunció: Orate, fratres", " orad mis hermanos. Todos 890 I| en la pequeña ciudad, era frecuentado asiduamente. Madame había 891 I| ayuda de un camarero llamado Frédéric, un rubiecito imberbe y 892 II| escalofríos en la piel, no de frío, sino estremecimientos de 893 II| pavesa que salta esparce el fuego a través de un sembrado 894 II| brillantes como un ramillete de fuegos artificiales.~            895 I| tratado que cada una de ellas fuera como una muestra, un compendio 896 | fueran 897 II| cuando con unas sacudidas más fuertes. Se aferraron a los costados 898 I| grupo de señoritas internas fugadas, con carreras locas, con 899 II| Francesa, roja, relumbrante, fulgurante. Fernanda resoplaba dentro 900 I| honorables, comerciantes, jóvenes funcionarios de gobierno; tomaban su 901 II| alambres a esta carreta furiosa y rugiente, seguida por 902 I| larga procesión, vociferando furiosamente. El grupo de burgueses se 903 I| despistar; con una mirada furtiva, todos leyeron el anuncio 904 III| todos los días es fiesta. -~ G. de Maupassant, Mayo 1881~ ~ 905 II| Los parientes en tenida de gala con una expresión incómoda 906 II| tumultuosas veladas del hotel galante, se sentían emocionadas 907 II| sorprendido y encantado, se sacó galantemente su sombrero para saludar 908 II| tenía una fisonomía de gallina con una nariz puntiaguda 909 II| de la aurora. Familias de gallinas se paseaban delante de sus 910 II| y, de vez en cuando, un gallo negro de cuello brillante 911 II| bronce que repetían los otros gallos.~            Llegaron unos 912 II| tierra y de la producción del ganado, José Rivet retornó su rebaño 913 I| de un buey, formaban unos ganchos sobre sus sienes. Sus ojos 914 II| alimentando una idea: - vamos, mis gatitas, dijo, debemos probarlas -. 915 II| mismos recuerdos lejanos gemían también con torrentes de 916 II| en vano; una especie de gemido salió de su garganta, y 917 I| Britania. Hubo una pateadura general contra los muros, después 918 III| ellos se asombraron de esta generosidad, Madame, radiante, les respondió:~            - 919 II| tabernáculo de oro, hizo unas genuflexiones, salmodió con una voz cascada, 920 II| cabellos de plata, con unos gestos trémulos, se acercaba al 921 III| Vasse, y las dos parejas giraban intercambiándose besos. 922 III| Y Rafaela, que seguía girando, fue a caer sobre su corazón. 923 II| ella y Fernanda. Rosa la glotona trotaba detrás con Luisa 924 I| jóvenes funcionarios de gobierno; tomaban su chartreuse alegremente 925 II| de la iglesia, un pequeño golpe seco sonó: la monja, golpeando 926 II| golpe seco sonó: la monja, golpeando sobre su libro, dio la señal 927 II| violentamente que fue a golpear contra el muro.~            928 I| hospedaje, que parecía muerto. Golpeó suavemente la puerta, luego 929 II| entonara vigorosamente "El gordo cura de Meudon". Pero Madame 930 I| una ardilla a pesar de su gordura y la exigüidad de sus patas; 931 II| una cabeza tocada de un gorro de indiana; una vieja con 932 III| vienen ustedes? Preguntó graciosamente, el señor Phillippe, justo 933 I| línea sobre el pretil de granito y miraban rizarse el oleaje. 934 II| pechos y los corazones. Unos granitos de polvo y fragmentos de 935 II| los grandes árboles de una granja, para reaparecer al fondo 936 II| arboledas escondiendo las granjas.~            Rivet, por 937 II| con ojos brillantes y de granuja. - Vamos, concluyó Madame, 938 I| brillaba como bajo un barniz grasiento. Un delgado adorno de rulos, 939 II| compartimiento, tomaron una expresión grave, y se pusieron a hablar 940 II| muestrario, imbuidas de la gravedad natural de toda mujer que 941 II| para vengar el honor del gremio: - Ud. Podría ser más educado - 942 I| vieja capilla completamente gris.~            Madame, provenía 943 II| de los niños: un cántico gritado hacia el cielo por unas 944 II| nariz y la boca para no gritar; todo fue en vano; una especie 945 II| A quién le toca?. Todas gritaron al mismo tiempo: - ¡A mí! ¡ 946 III| puerto hacían un ensordecedor griterío. Luisa y Flora no sabían 947 II| muchacha, para hacerle emitir grititos con unos bruscos estremecimientos. 948 II| después de comportarse tan grosero que Madame se vio obligada 949 II| una bella pierna Normanda, gruesa y musculosa; y el vendedor, 950 II| los ojos fijos sobre el grueso libro de cantos abierto 951 II| muchedumbre de cantores con gruesos zapatos que se alinearon 952 II| del carpintero, la alegría guardaba un cierto aire de reserva, 953 II| hombres habían puesto el guardapolvo azul sobre la levita o sobre 954 II| Las damas cambian de guarnición? - Esta pregunta dejó en 955 II| viejo campesino, se puso a guiñarles los ojos a los tres patos 956 I| salador de pescado, que habiéndoles reconocido, los llamó. Le 957 II| repartido de dos en dos en las habitaciones.~            Rivet, por 958 III| comercio, el pretendiente habitual pero platónico de Madame, 959 III| esperaron a los clientes habituales; y el pequeño farol iluminaba, 960 II| decía solamente, cuando se hablaba de ella: - La señora Tellier 961 II| por verlas. Y las devotas hablaban demasiado alto, estupefactas 962 II| ser, esta gran jornada no habría sido de este carácter verdaderamente 963 II| que ustedes se vayan, lo habríamos pasado muy bien.-~            964 I| agriados por el tedio, quizás habrían llegado a los puños si los 965 III| aprovechando el ejemplo: - Vamos, hace como él - decía. Entonces 966 I| ocupaciones no habían podido aún hacerla perder. Las palabras soeces 967 II| mente a la muchacha, para hacerle emitir grititos con unos 968 II| si tú quieres , pero no hagas tonterías.~            No 969 II| sobrehumana, un alma expandida, el hálito prodigioso de un ser invisible 970 II| asientos de adelante; y Rosa no halló donde sentarse, instalándose 971 II| Estaban exhaustas y pálidas de hambre, no habían tomado nada desde 972 I| sus hijos a mantener un harem de mujeres como los enviarían 973 I| menudo que ellas " no eran harina de un mismo costal".~            974 | hay 975 II| seda escarlata, con unas hebillas de metal formadas por dos 976 II| envueltas en ropas extrañas hechas de viejas cortinas de ventanales, 977 III| su café, con el corazón henchido de pena.~            A medianoche 978 I| por lo demás, provenía de herencia de un viejo tío de la cuál 979 I| se iban a retozar en la hierba en la orilla del riachuelo 980 I| profesión - y enviarían a sus hijos a mantener un harem de mujeres 981 II| en aumento, y, el cuello hinchado, el pecho palpitando, sollozó. 982 II| estremecían de emoción e hipos, empapaban sus pañuelos 983 I| sentimentales, contaba unas historias interminables y triviales, 984 II| instrumento de cobre de ancho hocico. La voz aguda de un niño 985 II| villorrio de quinientos hogares, perdido en medio de la 986 I| juerguistas sino hombres honorables, comerciantes, jóvenes funcionarios 987 I| ocultó bajo un portal, y la horda aulladora desapareció en 988 II| azul que mantenía en el horizonte un tinte un poco rosado, 989 II| tejas del techo hacía un horno de la pequeña iglesia; una 990 I| ningún ruido salía del hospedaje, que parecía muerto. Golpeó 991 II| tumultuosas veladas del hotel galante, se sentían emocionadas 992 II| la diócesis, soy también, hoy día, el más feliz. Un milagro 993 II| un poco rosado, como una huella tenue de la aurora. Familias 994 II| carretada de mujeres que huían bajo el sol.~            995 II| paquetes envueltos en tela de hule.~            Tenía un aspecto 996 II| carro lleno de mercancía humana pasaba delante de él, se 997 II| una voz menos segura, aún húmeda; y el serpentón también 998 I| El edificio, húmedo y viejo, olía ligeramente 999 II| sintió pronto sus párpados húmedos, y, se volvió hacia su cuñada, 1000 I| a su inextinguible buen humor.~            El establecimiento,


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