| Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText |
| Guy de Maupassant El bigote IntraText - Concordancias (Hapax Legomena) |
Párrafo
1 15| helada todas las noches a 6 grados. ~ 2 21| Luego descubrimos más abajo una línea negra, derecha, 3 12| grada, un gran bosque de abetos, lleno también de chalets, 4 2 | a través de sus ventanas abiertas el Mediterráneo que venía 5 5 | asustado como un hombre que uno acaba de despertar. El enorme 6 2 | Mediterráneo que venía a acariciar los muros de sus jardines, 7 51| amarillos, que miraban las aceras blancas. ~ 8 52| de él. ¿Era un loco? Me acerqué con precaución. Era el bello 9 42| Se acuerda de el gran Radier, Jules 10 36| suavemente llevado por el mar, acunado por el movimiento de los 11 1 | mar en calma, en calma, adormilada, densa, y también azul, 12 16| pecho, el aire inmóvil, adormilado sobre el mar, el aire azul. 13 48| un amigo, y yo vi como él agradaba mucho a la señora de la 14 17| heladas, de cimas blancas, agudas como pirámides, a lo largo 15 12| tierra. A medida que me alejaba de la orilla, toda la ciudad 16 | allí 17 27| cuando decía: “Mamá, dame tu almohada para mi cabeza. Me duele.” ~ 18 2 | jardines llenos de palmeras, de aloes, de árboles siempre verdes 19 31| Nada más que la mar azul alrededor de nosotros, bajo nosotros, 20 64| montaña blanca disminuía su altura, se hundía detrás de la 21 51| ganas de cerrar sus ojos amarillos, que miraban las aceras 22 20| próxima, tan espesa, tan amenazante que me daba miedo, me daba 23 17| palmeras, donde florecen las anémonas. ~ 24 36| viven unas horas con los animales que viven algunos años, 25 36| animales que viven algunos años, con los universos que viven 26 23| Las noticias del valle de Aoste son terribles. La población 27 65| La ciudad volvió a aparecer, semejante a una espuma, 28 5 | Apareció en su balcón, asustado como 29 13| Mi marinero remaba apáticamente, en meridional tranquilo; 30 36| diezmado por las enfermedades, aplastado por las avalanchas, sacudido 31 36| movía sobre este grano de arena perdido en la polvareda 32 52| en la nieve levantándola, arrojándola, esparciéndola delante de 33 16| Yo aspiraba el aire tibio inflando mi 34 5 | Apareció en su balcón, asustado como un hombre que uno acaba 35 25| padre cuidaba a su mujer, ayudado por su hija, mientras que 36 20| con cada golpe de remo que azotaba el agua azul. La nieve parecía 37 12| totalmente al borde de las olas azules. Después, por encima, la 38 46| cubierto de nieve, fui a un baile a casa de una galante mujer, 39 5 | Apareció en su balcón, asustado como un hombre 40 23| numerosos. El pueblo de Balzéglia ha desaparecido completamente 41 58| esto, sino habría tomado un baño. ~ 42 1 | Mi pequeña barca, mi querida barquita, toda 43 11| y, tumbado al fondo del barco, se puso a ojearlo. ~ 44 58| hierro candente hay que batir de repente. Yo, no había 45 49| distracción entre el montón de bellas disponibles. ~ 46 52| acerqué con precaución. Era el bello Jules. ~ 47 44| torso, de su vigor, de sus bigotes. Él tenía todo mejor que 48 12| un hotel, tal vez, y tan blanco que parecía que se había 49 1 | una red a lo largo de la borda, iba suavemente, suavemente 50 12| la primera grada, un gran bosque de abetos, lleno también 51 53| Sujetaba con una mano sus botines de charol y de la otra sus 52 26| misma viga, pero uno de sus brazos queda cortado y triturado 53 17| de nieve, su alta pared brillante, cercada por una tenue cintura 54 44| irresistible, uno de esos buenos mozos de media estopa que 55 53| desnudos en esta espuma helada, buscando los lugares donde permanecía 56 49| Luego me ocupé yo mismo de buscar alguna distracción entre 57 44| orgulloso de su cabeza, de sus cabellos, de su torso, de su vigor, 58 | cada 59 23| contamos treinta y dos cadáveres. En Pirronne, en Saint-Damien, 60 20| La extensa cadena blanca se extendía hasta 61 26| destruye. Una gruesa viga, al caer, corta casi en dos al padre, 62 23| recuerda haber visto semejante calamidad. ~ 63 53| charol y de la otra sus calcetines. Su pantalón estaba subido 64 17| orilla, la suave orilla cálida, donde crecen las palmeras, 65 52| volver a pié. Y al girar la calle percibí una cosa extraña: 66 23| ocho, en Ronco, Valprato, Campiglia, que la nieve ha cubierto, 67 58| esta misma noche. Al hierro candente hay que batir de repente. 68 13| medio del cielo azul me cansaba los ojos, miré hacia el 69 61| Mi marinero, cansado, había dejado de remar. 70 31| Alpes gigantes con su pesada capa de nieve. ~ 71 45| temperamento de galantes chicos carniceros. Esto es suficiente. ~ 72 17| su alta pared brillante, cercada por una tenue cintura de 73 51| Parecían tener ganas de cerrar sus ojos amarillos, que 74 53| una mano sus botines de charol y de la otra sus calcetines. 75 23| Demonte, en Massello, en Chiabrano, los muertos son igualmente 76 45| temperamento de galantes chicos carniceros. Esto es suficiente. ~ 77 26| enorme avalancha cubre la choza y la destruye. Una gruesa 78 12| que nos aproximábamos a la cima, y sobre la cumbre se veía 79 9 | Y cinco minutos más tarde subía 80 17| brillante, cercada por una tenue cintura de cimas heladas, de cimas 81 53| más blanca. Se movía, daba coces, hacía movimientos de encerador 82 17| descubría en un instante. Ahora, comenzaba a mostrar su gran pared 83 66| poco a poco ella misma, comida por la costa más próxima. ~ 84 | cómo 85 36| unos días para vivir. Yo comparaba las moscas que viven unas 86 59| Pol concluyó: ~ 87 46| de una galante mujer, que conoces, la bella Sylvie Raymond. ~ 88 23| que la nieve ha cubierto, contamos treinta y dos cadáveres. 89 34| Pol continuó: ~ 90 44| pensaba. Y era un destroza corazones, un irresistible, uno de 91 53| encima de sus rodillas, y corría en redondo, como en una 92 26| Una gruesa viga, al caer, corta casi en dos al padre, que 93 26| uno de sus brazos queda cortado y triturado debajo. ~ 94 21| una línea negra, derecha, cortando la montaña en dos. Allá 95 66| ella misma, comida por la costa más próxima. ~ 96 24| nos llegan de todas las costas. He aquí una entre mil: » 97 17| suave orilla cálida, donde crecen las palmeras, donde florecen 98 58| Hay una oportunidad! Y creo que mi buena suerte va a 99 36| la que no veía más que la cresta blanca, pensaba en esta 100 12| se veía uno muy grande, cuadrado, un hotel, tal vez, y tan 101 | cual 102 | cuando 103 26| repente, una enorme avalancha cubre la choza y la destruye. 104 5 | deslumbrándole. le hacía cubrir sus ojos con la mano. ~ 105 40| Cuenta. ~ 106 25| día del desastre, el padre cuidaba a su mujer, ayudado por 107 27| en cuando decía: “Mamá, dame tu almohada para mi cabeza. 108 7 | Quieres dar una vuelta ? ~ 109 26| queda cortado y triturado debajo. ~ 110 35| Debe de ser horroroso, esta muerte, 111 51| Delante de la puerta, una decena de simones, esperaban tristemente 112 27| horas. De vez en cuando decía: “Mamá, dame tu almohada 113 61| marinero, cansado, había dejado de remar. Permanecimos inmóviles 114 45| inteligentes, ni finos, ni delicados, pero tienen un temperamento 115 | demás 116 23| Saint-Damien, en Musternale, en Demonte, en Massello, en Chiabrano, 117 1 | calma, en calma, adormilada, densa, y también azul, azul de 118 66| visible, una gran cumbre que desaparecía poco a poco ella misma, 119 25| El domingo, día del desastre, el padre cuidaba a su mujer, 120 23| el valle de Lucerna los desastres son también graves. En Locane, 121 23| enloquecida no tiene ya descanso. Las avalanchas sepultan 122 17| blanca aparecía. No se la descubría en un instante. Ahora, comenzaba 123 21| Luego descubrimos más abajo una línea negra, 124 67| mar azul sobre el que se deslizaba mi barquita, mi querida 125 5 | El enorme sol de la una deslumbrándole. le hacía cubrir sus ojos 126 53| doma, empapando sus pies desnudos en esta espuma helada, buscando 127 3 | mi marinero, que remaba despacio, de detenerse delante de 128 5 | hombre que uno acaba de despertar. El enorme sol de la una 129 44| demás, pensaba. Y era un destroza corazones, un irresistible, 130 13| profunda, a la cual los remos destruían su reposo. ~ 131 23| terribles. Las avalanchas han destruido dieciocho pueblos. Escuchad 132 26| avalancha cubre la choza y la destruye. Una gruesa viga, al caer, 133 24| Detalles horribles nos llegan de 134 3 | que remaba despacio, de detenerse delante de la puerta de 135 36| no teniendo más que unos días para vivir. Yo comparaba 136 23| avalanchas han destruido dieciocho pueblos. Escuchad esto; 137 36| miserable tropa de hombres, diezmado por las enfermedades, aplastado 138 10| dije a mi marinero que se dirigiera hacia alta mar. ~ 139 64| la alta montaña blanca disminuía su altura, se hundía detrás 140 49| entre el montón de bellas disponibles. ~ 141 49| yo mismo de buscar alguna distracción entre el montón de bellas 142 53| en redondo, como en una doma, empapando sus pies desnudos 143 25| El domingo, día del desastre, el padre 144 32| ligero, ¡de un suave azul dorado de luz! ~ 145 27| almohada para mi cabeza. Me duele.” ~ 146 27| pequeña gritó “Socorro” durante casi treinta horas. De vez 147 | ella 148 | Ellos 149 53| redondo, como en una doma, empapando sus pies desnudos en esta 150 29| no parecía más que una enana a sus pies. ~ 151 53| coces, hacía movimientos de encerador de suelo. ~ 152 24| dos niños. La mujer estaba enferma desde hacía mucho tiempo. ~ 153 36| hombres, diezmado por las enfermedades, aplastado por las avalanchas, 154 23| terribles. La población enloquecida no tiene ya descanso. Las 155 23| destruido dieciocho pueblos. Escuchad esto; y leyó: «Las noticias 156 | esos 157 12| de pájaros gigantes. Se esparcían a medida que nos aproximábamos 158 52| levantándola, arrojándola, esparciéndola delante de él. ¿Era un loco? 159 51| una decena de simones, esperaban tristemente a los últimos 160 19| Aquí está, la nieve, mira. Y le mostré 161 46| El pasado invierno, estando Paris cubierto de nieve, 162 | este 163 44| esos buenos mozos de media estopa que tienen mucho éxito sin 164 | estos 165 54| Permanecí estupefacto. ~ 166 20| extensa cadena blanca se extendía hasta perderse de vista 167 20| La extensa cadena blanca se extendía 168 52| la calle percibí una cosa extraña: una gran sombra negra, 169 58| absoluto, me lavo los pies. Figúrate que he seducido a la bella 170 45| son ni inteligentes, ni finos, ni delicados, pero tienen 171 2 | y de plantas siempre en flor. ~ 172 17| crecen las palmeras, donde florecen las anémonas. ~ 173 20| que me daba miedo, me daba frío. ~ 174 26| en el instante. La madre fue protegida por la misma viga, 175 21| dos. Allá donde el sol de fuego dijo a la nieve de hielo: « 176 46| a un baile a casa de una galante mujer, que conoces, la bella 177 45| tienen un temperamento de galantes chicos carniceros. Esto 178 51| invitados. Parecían tener ganas de cerrar sus ojos amarillos, 179 52| quise volver a pié. Y al girar la calle percibí una cosa 180 20| crecía en el cielo con cada golpe de remo que azotaba el agua 181 12| primera montaña, la primera grada, un gran bosque de abetos, 182 15| helada todas las noches a 6 grados. ~ 183 12| la cumbre se veía uno muy grande, cuadrado, un hotel, tal 184 36| que se movía sobre este grano de arena perdido en la polvareda 185 23| los desastres son también graves. En Locane, siete muertos, 186 27| madera. La pobre pequeña gritó “Socorro” durante casi treinta 187 24| Un valiente hombre de Groscavallo vivía con su mujer y sus 188 26| choza y la destruye. Una gruesa viga, al caer, corta casi 189 42| Radier, Jules Radier, el guapo de Jules? ~ 190 23| avalancha. Nadie recuerda haber visto semejante calamidad. ~ 191 58| había previsto esto, sino habría tomado un baño. ~ 192 23| terribles. Las avalanchas han destruido dieciocho pueblos. 193 17| una tenue cintura de cimas heladas, de cimas blancas, agudas 194 12| toda la ciudad aparecía, la hermosa ciudad blanca, tendida totalmente 195 33| Oh! ¡hermoso día! ~ 196 58| materializarse esta misma noche. Al hierro candente hay que batir de 197 25| su hija, mientras que su hijo estaba en casa de un vecino. ~ 198 38| Yo sé una buena historia de nieve. ~ 199 36| esta miserable tropa de hombres, diezmado por las enfermedades, 200 24| Detalles horribles nos llegan de todas las 201 35| Debe de ser horroroso, esta muerte, bajo esta 202 36| vida, tan modesta y tan hostigada, que se movía sobre este 203 12| muy grande, cuadrado, un hotel, tal vez, y tan blanco que 204 12| allá, parecidos a orondos huevos de pájaros gigantes. Se 205 36| en esta pobre y pequeña humanidad, en esta insignificancia 206 16| Yo aspiraba el aire tibio inflando mi pecho, el aire inmóvil, 207 17| y por encima, allá, la inmensa montaña blanca aparecía. 208 16| inflando mi pecho, el aire inmóvil, adormilado sobre el mar, 209 61| dejado de remar. Permanecimos inmóviles sobre el agua serena. ~ 210 36| pequeña humanidad, en esta insignificancia de vida, tan modesta y tan 211 53| lugares donde permanecía intacta, más espesa y más blanca. 212 45| Ellos no son ni inteligentes, ni finos, ni delicados, 213 46| El pasado invierno, estando Paris cubierto 214 36| estos pobres pequeños seres invisibles desde un kilómetro, y tan 215 51| tristemente a los últimos invitados. Parecían tener ganas de 216 21| la nieve de hielo: «Tú no irás más lejos». ~ 217 44| un destroza corazones, un irresistible, uno de esos buenos mozos 218 48| molestará en absoluto para irse esta noche». ~ 219 36| seres invisibles desde un kilómetro, y tan locos, tan vanidosos, 220 65| nieve, por encima, la línea labrada de cimas que se perdía a 221 58| En absoluto, me lavo los pies. Figúrate que he 222 11| periódico, que no había podido leer por la mañana, y, tumbado 223 30| había desaparecido en la lejanía. ~ 224 52| venía, patinaba en la nieve levantándola, arrojándola, esparciéndola 225 16| el aire azul. Y volví a levantar los ojos. ~ 226 23| pueblos. Escuchad esto; y leyó: «Las noticias del valle 227 32| encima de nosotros, el cielo ligero, ¡de un suave azul dorado 228 1 | de un azul transparente, líquido, donde la luz se hundía , 229 24| Detalles horribles nos llegan de todas las costas. He 230 12| un gran bosque de abetos, lleno también de chalets, de chalets 231 2 | de sus hermosos jardines llenos de palmeras, de aloes, de 232 23| desastres son también graves. En Locane, siete muertos, en Sparone, 233 52| esparciéndola delante de él. ¿Era un loco? Me acerqué con precaución. 234 36| desde un kilómetro, y tan locos, tan vanidosos, tan pendencieros, 235 23| pueblos. En el valle de Lucerna los desastres son también 236 53| espuma helada, buscando los lugares donde permanecía intacta, 237 27| igualmente bajo el montón de madera. La pobre pequeña gritó “ 238 27| De vez en cuando decía: “Mamá, dame tu almohada para mi 239 23| Musternale, en Demonte, en Massello, en Chiabrano, los muertos 240 36| tan pendencieros, que se matan unos a otros, no teniendo 241 58| que mi buena suerte va a materializarse esta misma noche. Al hierro 242 44| de esos buenos mozos de media estopa que tienen mucho 243 13| el sol que quemaba en el medio del cielo azul me cansaba 244 2 | sus ventanas abiertas el Mediterráneo que venía a acariciar los 245 44| sus bigotes. Él tenía todo mejor que los demás, pensaba. 246 52| hombre, un gran hombre, se meneaba, iba, venía, patinaba en 247 13| remaba apáticamente, en meridional tranquilo; y como el sol 248 20| tan amenazante que me daba miedo, me daba frío. ~ 249 24| costas. He aquí una entre mil: »Un valiente hombre de 250 9 | Y cinco minutos más tarde subía en mi barquita. ~ 251 19| Aquí está, la nieve, mira. Y le mostré los Alpes. ~ 252 12| Yo, miraba la tierra. A medida que 253 51| sus ojos amarillos, que miraban las aceras blancas. ~ 254 13| azul me cansaba los ojos, miré hacia el agua, el agua azul, 255 3 | amigo Pol. Y grité con todos mis pulmones: ~ 256 36| polvareda de los mundos, en esta miserable tropa de hombres, diezmado 257 | mismo 258 36| insignificancia de vida, tan modesta y tan hostigada, que se 259 48| aquí uno al que la nieve no molestará en absoluto para irse esta 260 36| vivir. Yo comparaba las moscas que viven unas horas con 261 17| instante. Ahora, comenzaba a mostrar su gran pared de nieve, 262 65| mar azul. Los chalets se mostraron entre los árboles. Ya no 263 19| está, la nieve, mira. Y le mostré los Alpes. ~ 264 36| por el mar, acunado por el movimiento de los remos, lejos de tierra, 265 53| movía, daba coces, hacía movimientos de encerador de suelo. ~ 266 44| irresistible, uno de esos buenos mozos de media estopa que tienen 267 26| casi en dos al padre, que muere en el instante. La madre 268 35| Debe de ser horroroso, esta muerte, bajo esta pesada espuma 269 50| No tuve éxito. No todo el mundo es Jules Radier y me fui, 270 36| perdido en la polvareda de los mundos, en esta miserable tropa 271 55| Murmuré: ~ 272 2 | que venía a acariciar los muros de sus jardines, de sus 273 23| Pirronne, en Saint-Damien, en Musternale, en Demonte, en Massello, 274 | muy 275 23| completamente bajo la avalancha. Nadie recuerda haber visto semejante 276 15| Siempre nieva en Paris. Hay helada todas 277 24| vivía con su mujer y sus dos niños. La mujer estaba enferma 278 65| perdía a la derecha, hacia Niza. ~ 279 15| Paris. Hay helada todas las noches a 6 grados. ~ 280 23| los muertos son igualmente numerosos. El pueblo de Balzéglia 281 29| Nosotros observábamos ahora la montaña, la enorme 282 2 | blancos, todos blancos, observaban a través de sus ventanas 283 23| quince, en Romborgogno, ocho, en Ronco, Valprato, Campiglia, 284 49| Luego me ocupé yo mismo de buscar alguna 285 33| Oh! ¡hermoso día! ~ 286 11| fondo del barco, se puso a ojearlo. ~ 287 12| totalmente al borde de las olas azules. Después, por encima, 288 58| la bella Sylvie. ¡Hay una oportunidad! Y creo que mi buena suerte 289 44| Tú sabes cómo estaba orgulloso de su cabeza, de sus cabellos, 290 12| aquí y allá, parecidos a orondos huevos de pájaros gigantes. 291 | otros 292 12| parecidos a orondos huevos de pájaros gigantes. Se esparcían a 293 53| otra sus calcetines. Su pantalón estaba subido por encima 294 57| Él respondió sin pararse: ~ ~ 295 51| a los últimos invitados. Parecían tener ganas de cerrar sus 296 12| chalets blancos, aquí y allá, parecidos a orondos huevos de pájaros 297 46| El pasado invierno, estando Paris 298 52| se meneaba, iba, venía, patinaba en la nieve levantándola, 299 16| el aire tibio inflando mi pecho, el aire inmóvil, adormilado 300 36| locos, tan vanidosos, tan pendencieros, que se matan unos a otros, 301 48| la señora de la casa. Yo pensé: «He aquí uno al que la 302 36| tierra, en estos pobres pequeños seres invisibles desde un 303 52| pié. Y al girar la calle percibí una cosa extraña: una gran 304 65| entre los árboles. Ya no percibíamos más que una línea de nieve, 305 20| blanca se extendía hasta perderse de vista y crecía en el 306 65| labrada de cimas que se perdía a la derecha, hacia Niza. ~ 307 36| sobre este grano de arena perdido en la polvareda de los mundos, 308 56| Pero qué! ¿Perdiste la cabeza? ~ 309 54| Permanecí estupefacto. ~ 310 53| buscando los lugares donde permanecía intacta, más espesa y más 311 61| había dejado de remar. Permanecimos inmóviles sobre el agua 312 36| las avalanchas, sacudido y perturbado por los temblores de tierra, 313 52| vivía lejos, quise volver a pié. Y al girar la calle percibí 314 23| Las noticias de Piémont son terribles. Las avalanchas 315 12| parecía que se había vuelto a pintar la misma mañana. ~ 316 17| cimas blancas, agudas como pirámides, a lo largo de la orilla, 317 23| treinta y dos cadáveres. En Pirronne, en Saint-Damien, en Musternale, 318 2 | árboles siempre verdes y de plantas siempre en flor. ~ 319 23| Aoste son terribles. La población enloquecida no tiene ya 320 36| temblores de tierra, en estos pobres pequeños seres invisibles 321 27| Con su otra mano podía tocar a su hija, prisionera 322 11| periódico, que no había podido leer por la mañana, y, tumbado 323 36| grano de arena perdido en la polvareda de los mundos, en esta miserable 324 52| un loco? Me acerqué con precaución. Era el bello Jules. ~ 325 58| de repente. Yo, no había previsto esto, sino habría tomado 326 27| mano podía tocar a su hija, prisionera igualmente bajo el montón 327 13| hacia el agua, el agua azul, profunda, a la cual los remos destruían 328 67| Y pronto no vimos nada más que la 329 22| sujetaba siempre su periódico pronunció: ~ ~ 330 26| el instante. La madre fue protegida por la misma viga, pero 331 23| igualmente numerosos. El pueblo de Balzéglia ha desaparecido 332 60| Como puede ver la nieve es útil para 333 3 | Pol. Y grité con todos mis pulmones: ~ 334 11| tumbado al fondo del barco, se puso a ojearlo. ~ 335 26| pero uno de sus brazos queda cortado y triturado debajo. ~ 336 66| Después, una única cumbre quedó visible, una gran cumbre 337 13| tranquilo; y como el sol que quemaba en el medio del cielo azul 338 7 | Quieres dar una vuelta ? ~ 339 23| siete muertos, en Sparone, quince, en Romborgogno, ocho, en 340 52| Como no vivía lejos, quise volver a pié. Y al girar 341 46| conoces, la bella Sylvie Raymond. ~ 342 44| mucho éxito sin que uno sepa realmente por qué. ~ 343 23| bajo la avalancha. Nadie recuerda haber visto semejante calamidad. ~ 344 1 | barquita, toda blanca con una red a lo largo de la borda, 345 53| sus rodillas, y corría en redondo, como en una doma, empapando 346 61| cansado, había dejado de remar. Permanecimos inmóviles 347 20| cielo con cada golpe de remo que azotaba el agua azul. 348 13| cual los remos destruían su reposo. ~ 349 63| Volvamos. Y el retomó los remos. ~ 350 1 | la luz azul, hasta las rocas del fondo. ~ 351 53| subido por encima de sus rodillas, y corría en redondo, como 352 23| en Sparone, quince, en Romborgogno, ocho, en Ronco, Valprato, 353 23| en Romborgogno, ocho, en Ronco, Valprato, Campiglia, que 354 67| querida barquita, al suave ruido de los remos.~ ~ 355 44| Tú sabes cómo estaba orgulloso de 356 36| aplastado por las avalanchas, sacudido y perturbado por los temblores 357 23| cadáveres. En Pirronne, en Saint-Damien, en Musternale, en Demonte, 358 38| Yo sé una buena historia de nieve. ~ 359 58| los pies. Figúrate que he seducido a la bella Sylvie. ¡Hay 360 48| como él agradaba mucho a la señora de la casa. Yo pensé: «He 361 44| mucho éxito sin que uno sepa realmente por qué. ~ 362 23| descanso. Las avalanchas sepultan una y otra vez los pueblos. 363 | ser 364 61| inmóviles sobre el agua serena. ~ 365 36| en estos pobres pequeños seres invisibles desde un kilómetro, 366 23| también graves. En Locane, siete muertos, en Sparone, quince, 367 36| universos que viven algunos siglos. ¿Qué es todo esto? ~ 368 41| Él siguió: ~ ~ 369 51| la puerta, una decena de simones, esperaban tristemente a 370 | sino 371 28| Solo la madre ha sobrevivido.» ~ 372 27| La pobre pequeña gritó “Socorro” durante casi treinta horas. 373 52| una cosa extraña: una gran sombra negra, un hombre, un gran 374 23| Locane, siete muertos, en Sparone, quince, en Romborgogno, 375 9 | cinco minutos más tarde subía en mi barquita. ~ 376 53| calcetines. Su pantalón estaba subido por encima de sus rodillas, 377 53| movimientos de encerador de suelo. ~ 378 58| oportunidad! Y creo que mi buena suerte va a materializarse esta 379 45| chicos carniceros. Esto es suficiente. ~ 380 | tal 381 9 | Y cinco minutos más tarde subía en mi barquita. ~ 382 36| sacudido y perturbado por los temblores de tierra, en estos pobres 383 45| delicados, pero tienen un temperamento de galantes chicos carniceros. 384 12| la hermosa ciudad blanca, tendida totalmente al borde de las 385 | tener 386 44| vigor, de sus bigotes. Él tenía todo mejor que los demás, 387 36| se matan unos a otros, no teniendo más que unos días para vivir. 388 17| brillante, cercada por una tenue cintura de cimas heladas, 389 16| Yo aspiraba el aire tibio inflando mi pecho, el aire 390 24| enferma desde hacía mucho tiempo. ~ 391 23| población enloquecida no tiene ya descanso. Las avalanchas 392 27| Con su otra mano podía tocar a su hija, prisionera igualmente 393 58| previsto esto, sino habría tomado un baño. ~ 394 44| de sus cabellos, de su torso, de su vigor, de sus bigotes. 395 12| hermosa ciudad blanca, tendida totalmente al borde de las olas azules. 396 11| Pol había traído su periódico, que no había 397 13| apáticamente, en meridional tranquilo; y como el sol que quemaba 398 1 | también azul, azul de un azul transparente, líquido, donde la luz se 399 2 | todos blancos, observaban a través de sus ventanas abiertas 400 51| decena de simones, esperaban tristemente a los últimos invitados. 401 26| sus brazos queda cortado y triturado debajo. ~ 402 36| mundos, en esta miserable tropa de hombres, diezmado por 403 | tu 404 11| podido leer por la mañana, y, tumbado al fondo del barco, se puso 405 50| No tuve éxito. No todo el mundo 406 51| esperaban tristemente a los últimos invitados. Parecían tener 407 | unas 408 66| Después, una única cumbre quedó visible, una 409 36| viven algunos años, con los universos que viven algunos siglos. ¿ 410 60| Como puede ver la nieve es útil para alguna cosa. ~ 411 58| creo que mi buena suerte va a materializarse esta misma 412 24| aquí una entre mil: »Un valiente hombre de Groscavallo vivía 413 23| Romborgogno, ocho, en Ronco, Valprato, Campiglia, que la nieve 414 36| kilómetro, y tan locos, tan vanidosos, tan pendencieros, que se 415 20| azul. La nieve parecía tan vecina, tan próxima, tan espesa, 416 25| hijo estaba en casa de un vecino. ~ 417 2 | observaban a través de sus ventanas abiertas el Mediterráneo 418 60| Como puede ver la nieve es útil para alguna 419 2 | aloes, de árboles siempre verdes y de plantas siempre en 420 36| esta insignificancia de vida, tan modesta y tan hostigada, 421 44| cabellos, de su torso, de su vigor, de sus bigotes. Él tenía 422 67| Y pronto no vimos nada más que la orilla de 423 66| una única cumbre quedó visible, una gran cumbre que desaparecía 424 20| extendía hasta perderse de vista y crecía en el cielo con 425 23| avalancha. Nadie recuerda haber visto semejante calamidad. ~ 426 36| teniendo más que unos días para vivir. Yo comparaba las moscas 427 63| Volvamos. Y el retomó los remos. ~ 428 52| Como no vivía lejos, quise volver a pié. Y al girar la calle 429 16| el mar, el aire azul. Y volví a levantar los ojos. ~ 430 65| La ciudad volvió a aparecer, semejante a 431 8 | Voy, respondió ~ 432 7 | Quieres dar una vuelta ? ~ 433 12| que parecía que se había vuelto a pintar la misma mañana. ~