Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Guy de Maupassant
Campesinos

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


aband-tanto | tarde-yendo

    Párrafo
1 I| esperaba pacientemente, sin abandonar su frágil cochecillo.~    2 II| Merecían ahora que yo los abandonase.~    La buena mujer lloraba, 3 II| buscar mi vida lejos de aquí.~Abrió la puerta; resonaron voces 4 I| dos. padres los confundían absolutamente; los ocho nombres bailaban 5 I| conoció a los padres y acabó yendo todas las tardes, 6 I| alzándolo entre los brazos, acariciándolo apasionadamente, cubriéndole 7 I| semana siguiente, se apeó, acarició al niño, se sentó junto 8 | acaso 9 I| apeándose de un salto, se acercó a los niños, cogiendo, a 10 I| llamaban a tres antes de acertar con el verdadero.~    Dejando 11 I| El hombre no contestó, acostumbrado a semejantes admiraciones, 12 | además 13 I| acostumbrado a semejantes admiraciones, que para él eran un dolor 14 I| expresado claramente. Queremos adoptar al niño; pero el niño podía 15 II| Vallin festejaban a su hijo afortunado. Entonces Carlos, apretando 16 I| tierra, y las manecitas, que agitaba el infeliz para librarse 17 I| hermano. Pero si no fuese agradecido a nuestras atenciones, al 18 I| plato con pan remojado en el agua en que se habían cocido 19 I| sorprendidos, ofrecieron sillas y aguardaron silenciosos. La señora. 20 | ahí 21 II| desgracia de sus hijos. Merecían ahora que yo los abandonase.~    22 I| trabajosamente con sopitas, patatas y aire puro. A las siete de la 23 II| venderlo.~    Los Vallin, algo aislados, vivían tranquilamente, 24 II| puerta; resonaron voces alegres en el exterior: los Vallin 25 I| la señora subió al coche, alejándose al trote largo de los caballos. 26 I| desde la puerta, los vieron alejarse, y quedaron severos, mudos, 27 | algunas 28 I| Las criaturas se colocaban alineadas junto a una mesa, barnizada 29 I| como se llevaría de un almacén el juguete deseado.~    30 I| encendiendo lumbre para el almuerzo. Quedaron muy sorprendidos, 31 II| los días; cada hora, las alusiones groseras fueron vociferadas 32 II| una porquería.~    Y luego alzaba entre sus brazos a su Carlitos, 33 I| pequeños, el de los Tubaches, alzándolo entre los brazos, acariciándolo 34 II| dormitaba en un rincón. Ambos alzaron los ojos. y el joven les 35 II| dormitaba en un rincón. Ambos alzaron los ojos. y el joven 36 II| no soy capaz de venderte, ángel mío. Yo no vendo a mis hijos. 37 I| Hubiéres, que temblaba de angustia, les habló del porvenir 38 I| guardan patos reúnen a los animalitos. Las criaturas se colocaban 39 I| de las dos viviendas que aparecía era la de los Tubaches, 40 I| los brazos, acariciándolo apasionadamente, cubriéndole de besos la 41 I| como aquel pequeño!~    Y apeándose de un salto, se acercó a 42 II| afortunado. Entonces Carlos, apretando los puños y dando una fuerte 43 I| vecino, a los cuales llamaron aprisa, hicieron de testigos complacientes.~    44 I| grave y reflexivo; pero aprobaba con un movimiento de cabeza 45 | aquello 46 | aquellos 47 I| Hubiéres, contrariada y triste, arrancó en llanto, y volviéndose 48 I| quedaron severos, mudos, arrepentidos acaso de su negativa.~ 49 I| el hijo no lo venden y aseguran su porvenir, su felicidad, 50 I| precauciones oratorias y más astucia.~    Los dos campesinos 51 II| Y los que hablaban del asunto decían:~    -Claro que la 52 I| infeliz para librarse de aquel ataque.~    Luego la señora subió 53 I| fuese agradecido a nuestras atenciones, al llegar a su mayoría 54 I| nombre. Como también hemos de atenderlos a ustedes, les daríamos 55 II| Los dos viejos callaban, aterrados, llorosos.~    El muchacho 56 I| junto a él, en el suelo, le atiborró de dulces, repartiendo algunos 57 | aún 58 II| cadena de oro, se apeó, ayudando luego a bajar a una señora 59 II| Sólo quedaba Carlos para ayudar a su padre, para procurar 60 I| algunos años, trabajaría, nos ayudaría, ganaría también algo. Han 61 I| absolutamente; los ocho nombres bailaban en sus cabezas, mezclándose 62 II| se apeó, ayudando luego a bajar a una señora de pelo blanco.~    63 I| Los dos campesinos bajaron la cabeza, negándose; pero 64 I| alineadas junto a una mesa, barnizada por el roce de medio siglo. 65 I| Cien francos al mes no es bastante para que me prive del gusto 66 I| llevó a la criatura, que berreaba, como se llevaría de un 67 II| estrechó entre sus brazos, besándola Y repitiendo:~    -Buenos 68 I| mujer seguía:~    -Quiero besarlos. ¡ Ah! ¡ Cuánto me gustaría 69 I| apasionadamente, cubriéndole de besos la cara sucia, el pelo ensortijado 70 I| sentenciosamente:~    -No es una bicoca.~    Entonces la señora 71 II| bajar a una señora de pelo blanco.~    La señora le dijo:~    - 72 I| todos apenas llegaba con la boca al nivel de la mesa. Les 73 I| tarde de octubre se detuvo bruscamente ante las dos cabañas un 74 II| Y el joven respondió, brutalmente:~    -Si; lo reprocho. Fueron 75 I| y temblorosa, dijo:~    -Buenas gentes; vine a su casa porque 76 I| ver a sus padres. Si es bueno con nosotros, como esperamos, 77 I| alejándose al trote largo de los caballos. Pero volvió a la semana 78 I| nombres bailaban en sus cabezas, mezclándose a todas horas, 79 II| caballero joven, con su cadena de oro, se apeó, ayudando 80 II| hijo nuestro.~    El padre callaba. El hijo insistió:~    - 81 II| perdonaré!~    Los dos viejos callaban, aterrados, llorosos.~    82 II| tembloroso, decía con la calma propia de su carácter:~    -¿ 83 I| darles con el tiempo. El campesino preguntó:~    -Y esta renta 84 II| Yo no te vendí; no soy capaz de venderte, ángel mío. 85 I| cubriéndole de besos la cara sucia, el pelo ensortijado 86 II| con la calma propia de su carácter:~    -¿Ya está el chico 87 I| de pronto, no haciéndose cargo de la cosa, no dijeron nada.~    88 I| comer al menor. Un poco de carne cocida los domingos era 89 II| criatura estuviera en el caso de comprenderlo, y para 90 I| patatas, media col y tres cebollas, y todos lo devoraban como 91 II| porque no había querido ceder a su Carlos como la Vallin 92 II| su Carlos como la Vallin cedió a su Juan.~    Y los que 93 II| pasar.~    Por la noche, cenando, les dijo a sus padres:~    - 94 | cerca 95 I| jugó con todos como una chiquilla, mientras que su marido 96 I| Frente a las dos puertas, la chiquillería piaba desde la mañana hasta 97 I| les habló del porvenir del chiquillo, de su felicidad futura, 98 I| deseo..., deseo llevarme al chiquitín...~    Los campesinos, de 99 II| una buena madre.~    La citaban como un modelo, y Carlitos 100 I| mujer no se ha expresado claramente. Queremos adoptar al niño; 101 II| del asunto decían:~    -Claro que la proposición era tentadora; 102 II| Sus padres iban cada mes a cobrar sus ciento veinte francos 103 I| menor. Un poco de carne cocida los domingos era un regalo 104 I| el agua en que se habían cocido patatas, media col y tres 105 I| se acercó a los niños, cogiendo, a uno de los más pequeños, 106 I| habían cocido patatas, media col y tres cebollas, y todos 107 I| cabañas juntas, al pie de una colina, cerca de un balneario; 108 I| animalitos. Las criaturas se colocaban alineadas junto a una mesa, 109 I| del cuchillo de un plato colocado entre los dos.~    El señor 110 I| hambrientos; la madre daba de comer al menor. Un poco de carne 111 I| reposado. repitiendo:~    -Así comería yo siempre.~    Una tarde 112 I| los suyos para repartir la comida, como los que guardan patos 113 I| Vallin estaban en la mesa, comiendo tranquilamente rebanadas 114 I| aprisa, hicieron de testigos complacientes.~    Y la señora, satisfecha, 115 I| cien francos mensuales. ¿Me comprenden?~    La campesina se había 116 II| estuviera en el caso de comprenderlo, y para que todos la oyesen:~    - 117 I| saltando impacientemente, lo concedió en seguida. Y como quería 118 II| reprochar a todas horas la conducta de mis padres, que me hundieron 119 I| vecino; los dos. padres los confundían absolutamente; los ocho 120 I| Repitió la visita, conoció a los padres y acabó yendo 121 II| idea repetida sin cesar, considerándose muy superior a los otros 122 I| reflexionaron un poco, sobrecogidos, consultándose con la mirada.~    -¿Qué 123 II| todas las madres de aquellos contornos, porque no había querido 124 | contra 125 I| La señora de Hubiéres, contrariada y triste, arrancó en llanto, 126 II| me ha dado un vuelco el corazón y he pensado: "¡Así podría 127 I| mujer y el marido estaban cortando leña y encendiendo lumbre 128 I| no haciéndose cargo de la cosa, no dijeron nada.~    La 129 I| vendamos a Carlos? ¡ Ah! Esas cosas no se le piden a una madre. 130 II| Y una se mata por criar a sus hijos!~    Entonces 131 I| reúnen a los animalitos. Las criaturas se colocaban alineadas junto 132 II| puerta, que se necesitaba ser criminal para, vender a un hijo; 133 | cual 134 I| alcalde y un vecino, a los cuales llamaron aprisa, hicieron 135 | cuanto 136 | Cuánto 137 I| numerosas el padre, la madre y cuatro hijos. Frente a las dos 138 I| acariciándolo apasionadamente, cubriéndole de besos la cara sucia, 139 II| lloraba, gemía, tragando cucharadas de sopa, vertiendo la mitad.~    -¡ 140 I| tomaban con la punta del cuchillo de un plato colocado entre 141 I| yo. Si nos lo dieran, le cuidaríamos... ¿Quieren?~    La mujer 142 II| del alcalde, a casa del cura y a casa del maestro.~    143 I| como hambrientos; la madre daba de comer al menor. Un poco 144 II| nacido. Viendo al otro, me ha dado un vuelco el corazón y he 145 II| Carlos, apretando los puños y dando una fuerte patada en el 146 I| atenderlos a ustedes, les daríamos una pensión vitalicia de 147 I| cuando se fijaron en que les darían cien francos mensuales, 148 I| futura, de cuanto podía darles con el tiempo. El campesino 149 II| que hablaban del asunto decían:~    -Claro que la proposición 150 | dejar 151 I| nivel de la mesa. Les ponían delante un plato con pan remojado 152 | demás 153 | demasiado 154 I| al niño; además, el niño, dentro de algunos años, trabajaría, 155 I| estamos dispuestos a dejar depositados a su nombre. Como también 156 II| insistió:~    -No es muy desagradable que le sacrifiquen a uno 157 II| Miserables! ¡Eh!~    Y desapareció entre las negruras de la 158 I| de un almacén el juguete deseado.~    Los Tuhaches, desde 159 II| Padres como ustedes hacen la desgracia de sus hijos. Merecían ahora 160 I| Una tarde de octubre se detuvo bruscamente ante las dos 161 I| tres cebollas, y todos lo devoraban como hambrientos; la madre 162 I| regalo para todos, y aquel día el padre mascaba reposado. 163 I| con la mirada.~    -¿Qué dices tú a eso? -preguntó la mujer 164 II| con ojos llenos de ira, diciéndoles:~    -¡Miserables! ¡Eh!~    165 II| y Carlitos llegó a los dieciocho años con esta idea repetida 166 I| mi marido y yo. Si nos lo dieran, le cuidaríamos... ¿Quieren?~    167 I| haciéndose cargo de la cosa, no dijeron nada.~    La señora, ya 168 I| quería llevarse al niño, dio cien francos de regalo, 169 I| llegar a su mayoría de edad dispondría de veinticinco mil francos, 170 I| francos, que desde hoy estamos dispuestos a dejar depositados a su 171 I| niños jugaban juntos, apenas distinguían las dos madres cuáles eran 172 I| caballero extendía y firmaba un documento provisional. El alcalde 173 I| admiraciones, que para él eran un dolor y casi un reproche.~    174 I| poco de carne cocida los domingos era un regalo para todos, 175 II| los manteles. y el hombre dormitaba en un rincón. Ambos alzaron 176 I| el suelo, le atiborró de dulces, repartiendo algunos a los 177 II| no vendo a mis hijos.~    Durante algunos años repitió lo 178 I| al llegar a su mayoría de edad dispondría de veinticinco 179 II| diciéndoles:~    -¡Miserables! ¡Eh!~    Y desapareció entre 180 II| gracias a la pensión. Esto .enardecía más los odios y los furores 181 I| estaban cortando leña y encendiendo lumbre para el almuerzo. 182 II| Entonces el padre dijo, encolerizado:~    -¿Nos reprochas que 183 I| besos la cara sucia, el pelo ensortijado y rubio y lleno de tierra, 184 I| Quieren?~    La mujer iba entendiendo, y habló:~    -¿Quiere usted 185 I| hijos ni familia; estamos enteramente solos mi marido y yo. Si 186 I| sin pararse con los niños entraron en la cabaña de los Tubaches.~    187 I| Es de los vecinos; entren ustedes a ver si ellos quieren.~    188 II| casa. Hijo mío. Y el joven entró en la de los Vallin.~    189 II| nuestro hijo? ¿Es mi Juan? ¿Eres tú?~    El joven la estrechó 190 | Esas 191 I| mensuales, ¿quedará por escritura hecha ante notario?~    192 | ese 193 I| campesinos hacían el mismo esfuerzo para buscar en la tierra 194 I| verdadero.~    Dejando a la espalda el balneario de Rolleport, 195 II| irguieron los dos, como espantados. La mujer balbució:~    -¿ 196 I| mientras que su marido la esperaba pacientemente, sin abandonar 197 I| bueno con nosotros, como esperamos, heredará toda nuestra fortuna. 198 I| algunas monedas.~    Era la esposa de Henry de Hubiéres.~    199 II| de su carácter:~    -¿Ya está el chico de vuelta? -como 200 | estas 201 | Esto 202 II| Eres tú?~    El joven la estrechó entre sus brazos, besándola 203 II| gritándole, como si la criatura estuviera en el caso de comprenderlo, 204 I| la que resonaban aún las exaltadas voces de su mujer.~    Los 205 I| su...~    La campesina exasperada, le interrumpió.~    -Sí, 206 II| hijos!~    Entonces el mozo exclamó:~    -Para lo que soy, me 207 I| Mi mujer no se ha expresado claramente. Queremos adoptar 208 I| regalo, mientras el caballero extendía y firmaba un documento provisional. 209 II| resonaron voces alegres en el exterior: los Vallin festejaban a 210 I| pan de los suyos; las dos familias eran numerosas el padre, 211 II| el exterior: los Vallin festejaban a su hijo afortunado. Entonces 212 I| negándose; pero cuando se fijaron en que les darían cien francos 213 | FIN 214 I| el caballero extendía y firmaba un documento provisional. 215 I| esperamos, heredará toda nuestra fortuna. Y si llegásemos a tener 216 I| pacientemente, sin abandonar su frágil cochecillo.~    Repitió 217 I| querían llamar a uno, con frecuencia llamaban a tres antes de 218 II| miseria.~    Su hijo mayor fue soldado. El segundo murió. 219 II| apretando los puños y dando una fuerte patada en el suelo, miró 220 | fuese 221 I| campesina se había levantado furiosa.~    - ¿Quiere usted que 222 II| enardecía más los odios y los furores de la familia Tubache, que 223 I| chiquillo, de su felicidad futura, de cuanto podía darles 224 I| trabajaría, nos ayudaría, ganaría también algo. Han de ser 225 II| La buena mujer lloraba, gemía, tragando cucharadas de 226 I| tardes, repartiendo muchas golosinas y algunas monedas.~    Era 227 II| vivían tranquilamente, gracias a la pensión. Esto .enardecía 228 I| El hombre no decía nada, grave y reflexivo; pero aprobaba 229 II| sus brazos a su Carlitos, gritándole, como si la criatura estuviera 230 II| cada hora, las alusiones groseras fueron vociferadas para 231 I| Mira, Henry; mira qué grupo de niños!~    El hombre 232 I| la comida, como los que guardan patos reúnen a los animalitos. 233 I| una señora joven, que le guiaba, dijo al caballero que iba 234 I| besarlos. ¡ Ah! ¡ Cuánto me gustaría uno como aquel pequeño!~    235 I| bastante para que me prive del gusto de ver al niño; además, 236 II| que soy, me valiera más no haber nacido. Viendo al otro, 237 II| a su Juan.~    Y los que hablaban del asunto decían:~    - 238 II| mentecatos. Padres como ustedes hacen la desgracia de sus hijos. 239 | hacer 240 | hacia 241 I| balneario; los dos campesinos hacían el mismo esfuerzo para buscar 242 I| campesinos, de pronto, no haciéndose cargo de la cosa, no dijeron 243 I| todos lo devoraban como hambrientos; la madre daba de comer 244 I| ayudaría, ganaría también algo. Han de ser ciento veinte.~    245 | hasta 246 II| dado un vuelco el corazón y he pensado: "¡Así podría ser 247 I| quedará por escritura hecha ante notario?~    El señor 248 I| los Vallin, que tenían una hembra y tres varones.~    Todos 249 I| Tubaches, que tenían tres hembras y un varón; la segunda era 250 I| nosotros, como esperamos, heredará toda nuestra fortuna. Y 251 II| sustento de su madre y dos hermanas.~    Tenía veintiún años, 252 I| repartiría con ellos como un hermano. Pero si no fuese agradecido 253 I| cuales llamaron aprisa, hicieron de testigos complacientes.~    254 I| El señor de Hubieres hizo de nuevo sus proposiciones, 255 I| simultáneamente casi, en los dos hogares.~    Cuando los niños jugaban 256 II| juicio y al de las gentes honradas; una torpeza, una porquería.~    257 I| verles en esta casa. No es honrado querer quitar un hijo a 258 II| mismo todos los días; cada hora, las alusiones groseras 259 II| un hijo; aquello era un horror, a su juicio y al de las 260 I| veinticinco mil francos, que desde hoy estamos dispuestos a dejar 261 II| chico de vuelta? -como si lo hubiera visto un mes antes.~    262 I| los dos.~    El señor de Hubieres hizo de nuevo sus proposiciones, 263 II| conducta de mis padres, que me hundieron en la miseria. ¡Nunca, nunca 264 I| I~    Las dos cabañas juntas, 265 II| Juanito Vallin. Sus padres iban cada mes a cobrar sus ciento 266 II| II~    No se habló más -del 267 I| lo hemos oído todo; ya lo imaginamos todo. Váyanse ustedes y 268 I| Pero no es lo que ustedes imaginan; el hijo no lo venden y 269 I| señora de Hubiéres, saltando impacientemente, lo concedió en seguida. 270 II| de Tubache los llenaba de improperios, repitiendo sin cesar, de 271 I| madre. No, no; eso es una infamia.~    El hombre no decía 272 I| para buscar en la tierra infecunda el pan de los suyos; las 273 I| manecitas, que agitaba el infeliz para librarse de aquel ataque.~    274 I| proposiciones, pero más insinuante, con más precauciones oratorias 275 I| Y el hombre se retiró al interior de su vivienda, en la que 276 I| campesina exasperada, le interrumpió.~    -Sí, ya lo sabemos 277 I| Carlos? No; eso, no. Entonces intervino el señor de Hubiéres con 278 II| padres con ojos llenos de ira, diciéndoles:~    -¡Miserables! ¡ 279 II| papá; buenos días. mamá. Se irguieron los dos, como espantados. 280 II| demasiado triste; prefiero irme a otra parte, buscar mi 281 II| se habló más -del pequeño Juanito Vallin. Sus padres iban 282 I| hogares.~    Cuando los niños jugaban juntos, apenas distinguían 283 I| repartiendo algunos a los demás, y jugó con todos como una chiquilla, 284 I| llevaría de un almacén el juguete deseado.~    Los Tuhaches, 285 II| aquello era un horror, a su juicio y al de las gentes honradas; 286 I| I~    Las dos cabañas juntas, al pie de una colina, cerca 287 | juntos 288 II| La Tubache terminó por juzgarse muy superior a todas las 289 I| pequeñuelos, y preguntó entre lágrimas, con la tenacidad propia 290 II| mejor que puedo hacer es largarme de aquí. No quiero reprochar 291 I| coche, alejándose al trote largo de los caballos. Pero volvió 292 II| otra parte, buscar mi vida lejos de aquí.~Abrió la puerta; 293 I| marido estaban cortando leña y encendiendo lumbre para 294 II| los Vallin.~    La mujer levantaba los manteles. y el hombre 295 I| La campesina se había levantado furiosa.~    - ¿Quiere usted 296 II| Así podría ser yo!". Se levantó, prosiguiendo:~    -Lo mejor 297 I| agitaba el infeliz para librarse de aquel ataque.~    Luego 298 I| ante las dos cabañas un ligero cochecillo, y una señora 299 I| la tarde, cada matrimonio llamaba a los suyos para repartir 300 I| llamar a uno, con frecuencia llamaban a tres antes de acertar 301 I| horas, y cuando querían llamar a uno, con frecuencia llamaban 302 I| un vecino, a los cuales llamaron aprisa, hicieron de testigos 303 I| contrariada y triste, arrancó en llanto, y volviéndose hacia su 304 I| El menor de todos apenas llegaba con la boca al nivel de 305 I| toda nuestra fortuna. Y si llegásemos a tener hijos, la repartiría 306 II| fueron vociferadas para que llegasen a casa de los vecinos. La 307 II| como un modelo, y Carlitos llegó a los dieciocho años con 308 II| la mujer de Tubache los llenaba de improperios, repitiendo 309 I| pelo ensortijado y rubio y lleno de tierra, y las manecitas, 310 II| miró a sus padres con ojos llenos de ira, diciéndoles:~    -¡ 311 II| muy tontos dejando que se llevaran al hijo de los Vallin.~    312 I| criatura, que berreaba, como se llevaría de un almacén el juguete 313 I| casa porque deseo..., deseo llevarme al chiquitín...~    Los 314 II| que todos lo vieran. Lo llevaron a casa del alcalde, a casa 315 I| satisfecha, radiante, se llevó a la criatura, que berreaba, 316 II| abandonase.~    La buena mujer lloraba, gemía, tragando cucharadas 317 II| viejos callaban, aterrados, llorosos.~    El muchacho seguía:~    - 318 II| la familia Tubache, que luchaba contra la miseria.~    Su 319 II| una mañana vio llegar un lucido coche que se paraba frente 320 II| momentos, los padres quisieron lucir al chico; que todos lo vieran. 321 I| cortando leña y encendiendo lumbre para el almuerzo. Quedaron 322 II| casa del cura y a casa del maestro.~    Carlos, desde la puerta 323 I| y lleno de tierra, y las manecitas, que agitaba el infeliz 324 I| rebanadas de pan con un poco de manteca, la cual tomaban con la 325 II| La mujer levantaba los manteles. y el hombre dormitaba en 326 I| todos, y aquel día el padre mascaba reposado. repitiendo:~    - 327 II| la mitad.~    -¡Y una se mata por criar a sus hijos!~    328 I| las seis de la tarde, cada matrimonio llamaba a los suyos para 329 I| pequeños quince meses. Los dos matrimonios y los nacimientos de cada 330 II| la miseria.~    Su hijo mayor fue soldado. El segundo 331 I| hasta la noche, Los dos mayores tenían seis años y los dos 332 I| atenciones, al llegar a su mayoría de edad dispondría de veinticinco 333 I| se habían cocido patatas, media col y tres cebollas, y todos 334 I| barnizada por el roce de medio siglo. El menor de todos 335 I| las siete de la mañana, al mediodía y a las seis de la tarde, 336 I| mañana mismo. La mujer, que meditaba, dijo:~    -Cien francos 337 II| levantó, prosiguiendo:~    -Lo mejor que puedo hacer es largarme 338 II| reprocho. Fueron ustedes unos mentecatos. Padres como ustedes hacen 339 II| desgracia de sus hijos. Merecían ahora que yo los abandonase.~    340 I| los dos pequeños quince meses. Los dos matrimonios y los 341 I| bailaban en sus cabezas, mezclándose a todas horas, y cuando 342 I| dispondría de veinticinco mil francos, que desde hoy estamos 343 I| sollozos, una voz de niña mimada, balbució:~    - ¡ No quieren, 344 I| sobrecogidos, consultándose con la mirada.~    -¿Qué dices tú a eso? - 345 II| fuerte patada en el suelo, miró a sus padres con ojos llenos 346 II| ira, diciéndoles:~    -¡Miserables! ¡Eh!~    Y desapareció 347 II| cucharadas de sopa, vertiendo la mitad.~    -¡Y una se mata por 348 II| La citaban como un modelo, y Carlitos llegó a los 349 I| un hijo a su madre de ese modo.~    Al salir, la señora 350 II| Pasados los primeros momentos, los padres quisieron lucir 351 I| muchas golosinas y algunas monedas.~    Era la esposa de Henry 352 I| reflexivo; pero aprobaba con un movimiento de cabeza lo que decía su 353 II| sus hijos!~    Entonces el mozo exclamó:~    -Para lo que 354 II| aterrados, llorosos.~    El muchacho seguía:~    -No: esta idea 355 II| muy superior a los otros muchachos, porque su madre no quiso 356 | muchas 357 I| alejarse, y quedaron severos, mudos, arrepentidos acaso de su 358 I| tenacidad propia de una mujer-mimada:~    -Pero el otro pequeñito, ¿ 359 II| fue soldado. El segundo murió. Sólo quedaba Carlos para 360 II| me valiera más no haber nacido. Viendo al otro, me ha dado 361 I| Los dos matrimonios y los nacimientos de cada criatura se habían 362 II| puerta en puerta, que se necesitaba ser criminal para, vender 363 I| campesinos bajaron la cabeza, negándose; pero cuando se fijaron 364 I| arrepentidos acaso de su negativa.~ 365 II| Y desapareció entre las negruras de la noche.~FIN~ 366 | ni 367 I| entre sollozos, una voz de niña mimada, balbució:~    - ¡ 368 I| apenas llegaba con la boca al nivel de la mesa. Les ponían delante 369 I| a dejar depositados a su nombre. Como también hemos de atenderlos 370 I| absolutamente; los ocho nombres bailaban en sus cabezas, 371 | nosotros 372 I| salir, la señora de Hubiéres notó que había dos pequeñuelos, 373 | nuestra 374 | nuestras 375 I| señor de Hubieres hizo de nuevo sus proposiciones, pero 376 I| suyos; las dos familias eran numerosas el padre, la madre y cuatro 377 II| La madre respondía obstinadamente:~    -No quisimos vender 378 I| confundían absolutamente; los ocho nombres bailaban en sus 379 I| siempre.~    Una tarde de octubre se detuvo bruscamente ante 380 II| Esto .enardecía más los odios y los furores de la familia 381 I| Quedaron muy sorprendidos, ofrecieron sillas y aguardaron silenciosos. 382 I| que iba con ella:~    - ¡Oh! ¡ Mira, Henry; mira qué 383 I| sabemos todo; ya lo hemos oído todo; ya lo imaginamos todo. 384 I| insinuante, con más precauciones oratorias y más astucia.~    Los dos 385 II| joven, con su cadena de oro, se apeó, ayudando luego 386 | otra 387 | otros 388 II| comprenderlo, y para que todos la oyesen:~    -Yo no te vendí; no 389 I| que su marido la esperaba pacientemente, sin abandonar su frágil 390 II| dijo:~    -Buenos días, papá; buenos días. mamá. Se irguieron 391 II| llegar un lucido coche que se paraba frente a las cabañas. Un 392 I| del coche tras ella, y sin pararse con los niños entraron en 393 II| triste; prefiero irme a otra parte, buscar mi vida lejos de 394 II| visto un mes antes.~    Pasados los primeros momentos, los 395 II| puerta de su cabaña los vio pasar.~    Por la noche, cenando, 396 II| puños y dando una fuerte patada en el suelo, miró a sus 397 I| comida, como los que guardan patos reúnen a los animalitos. 398 II| un vuelco el corazón y he pensado: "¡Así podría ser yo!". 399 I| mujer-mimada:~    -Pero el otro pequeñito, ¿no será también de ustedes?~    400 I| Hubiéres notó que había dos pequeñuelos, y preguntó entre lágrimas, 401 II| miseria. ¡Nunca, nunca se lo perdonaré!~    Los dos viejos callaban, 402 I| puertas, la chiquillería piaba desde la mañana hasta la 403 I| Ah! Esas cosas no se le piden a una madre. No, no; eso 404 I| Las dos cabañas juntas, al pie de una colina, cerca de 405 II| corazón y he pensado: "¡Así podría ser yo!". Se levantó, prosiguiendo:~    - 406 I| al nivel de la mesa. Les ponían delante un plato con pan 407 II| honradas; una torpeza, una porquería.~    Y luego alzaba entre 408 II| tentadora; rechazándola, se portó como una buena madre.~    409 I| más insinuante, con más precauciones oratorias y más astucia.~    410 II| idea es demasiado triste; prefiero irme a otra parte, buscar 411 I| balneario de Rolleport, la primera de las dos viviendas que 412 II| mes antes.~    Pasados los primeros momentos, los padres quisieron 413 I| es bastante para que me prive del gusto de ver al niño; 414 II| ayudar a su padre, para procurar el sustento de su madre 415 I| Los campesinos, de pronto, no haciéndose cargo de 416 I| dos madres cuáles eran los propios y cuáles los del vecino; 417 II| decían:~    -Claro que la proposición era tentadora; rechazándola, 418 I| Hubieres hizo de nuevo sus proposiciones, pero más insinuante, con 419 II| podría ser yo!". Se levantó, prosiguiendo:~    -Lo mejor que puedo 420 I| señora, ya más tranquila, prosiguió:~    -No tenemos hijos ni 421 I| extendía y firmaba un documento provisional. El alcalde y un vecino, 422 II| prosiguiendo:~    -Lo mejor que puedo hacer es largarme de aquí. 423 I| hijos. Frente a las dos puertas, la chiquillería piaba desde 424 II| Entonces Carlos, apretando los puños y dando una fuerte patada 425 I| la cual tomaban con la punta del cuchillo de un plato 426 I| sopitas, patatas y aire puro. A las siete de la mañana, 427 II| El segundo murió. Sólo quedaba Carlos para ayudar a su 428 I| cien francos mensuales, ¿quedará por escritura hecha ante 429 I| ha expresado claramente. Queremos adoptar al niño; pero el 430 | querer 431 I| concedió en seguida. Y como quería llevarse al niño, dio cien 432 I| a todas horas, y cuando querían llamar a uno, con frecuencia 433 II| contornos, porque no había querido ceder a su Carlos como la 434 I| años y los dos pequeños quince meses. Los dos matrimonios 435 II| primeros momentos, los padres quisieron lucir al chico; que todos 436 II| obstinadamente:~    -No quisimos vender a un hijo nuestro.~    437 II| muchachos, porque su madre no quiso venderlo.~    Los Vallin, 438 I| casa. No es honrado querer quitar un hijo a su madre de ese 439 I| Y la señora, satisfecha, radiante, se llevó a la criatura, 440 I| señor de Hubiéres con estas razones:~    -Mi mujer no se ha 441 I| comiendo tranquilamente rebanadas de pan con un poco de manteca, 442 II| proposición era tentadora; rechazándola, se portó como una buena 443 I| cien francos mensuales, reflexionaron un poco, sobrecogidos, consultándose 444 I| hombre no decía nada, grave y reflexivo; pero aprobaba con un movimiento 445 I| delante un plato con pan remojado en el agua en que se habían 446 I| campesino preguntó:~    -Y esta renta de cien francos mensuales, ¿ 447 I| llamaba a los suyos para repartir la comida, como los que 448 I| llegásemos a tener hijos, la repartiría con ellos como un hermano. 449 II| dieciocho años con esta idea repetida sin cesar, considerándose 450 I| aquel día el padre mascaba reposado. repitiendo:~    -Así comería 451 II| largarme de aquí. No quiero reprochar a todas horas la conducta 452 II| encolerizado:~    -¿Nos reprochas que no te vendiésemos?~    453 I| eran un dolor y casi un reproche.~    La mujer seguía:~    - 454 II| brutalmente:~    -Si; lo reprocho. Fueron ustedes unos mentecatos. 455 I| de su vivienda, en la que resonaban aún las exaltadas voces 456 II| de aquí.~Abrió la puerta; resonaron voces alegres en el exterior: 457 II| los Vallin.~    La madre respondía obstinadamente:~    -No 458 I| quieren.~    Y el hombre se retiró al interior de su vivienda, 459 I| como los que guardan patos reúnen a los animalitos. Las criaturas 460 II| vendo a mis hijos. No soy rica, pero no vendo a mis hijos.~    461 II| el hombre dormitaba en un rincón. Ambos alzaron los ojos. 462 I| una mesa, barnizada por el roce de medio siglo. El menor 463 I| espalda el balneario de Rolleport, la primera de las dos viviendas 464 I| sucia, el pelo ensortijado y rubio y lleno de tierra, y las 465 I| interrumpió.~    -Sí, ya lo sabemos todo; ya lo hemos oído todo; 466 II| muy desagradable que le sacrifiquen a uno como a Juan.~    Entonces 467 I| madre de ese modo.~    Al salir, la señora de Hubiéres notó 468 I| La señora de Hubiéres, saltando impacientemente, lo concedió 469 I| pequeño!~    Y apeándose de un salto, se acercó a los niños, 470 I| complacientes.~    Y la señora, satisfecha, radiante, se llevó a la 471 II| un notario, y vivían poco satisfechos de sus vecinos, porque la 472 I| impacientemente, lo concedió en seguida. Y como quería llevarse 473 II| hijo mayor fue soldado. El segundo murió. Sólo quedaba Carlos 474 I| Hubiéres contestó:~    -Seguramente; mañana mismo. La mujer, 475 I| caballos. Pero volvió a la semana siguiente, se apeó, acarició 476 I| contestó, acostumbrado a semejantes admiraciones, que para él 477 I| la mujer El hombre dijo, sentenciosamente:~    -No es una bicoca.~    478 I| apeó, acarició al niño, se sentó junto a él, en el suelo, 479 | será 480 I| vieron alejarse, y quedaron severos, mudos, arrepentidos acaso 481 | 482 | siempre 483 I| patatas y aire puro. A las siete de la mañana, al mediodía 484 I| barnizada por el roce de medio siglo. El menor de todos apenas 485 I| Pero volvió a la semana siguiente, se apeó, acarició al niño, 486 I| ofrecieron sillas y aguardaron silenciosos. La señora. con voz entrecortada 487 I| sorprendidos, ofrecieron sillas y aguardaron silenciosos. 488 I| criatura se habían verificado, simultáneamente casi, en los dos hogares.~    489 I| reflexionaron un poco, sobrecogidos, consultándose con la mirada.~    -¿ 490 II| miseria.~    Su hijo mayor fue soldado. El segundo murió. Sólo 491 I| la voz entrecortada entre sollozos, una voz de niña mimada, 492 II| soldado. El segundo murió. Sólo quedaba Carlos para ayudar 493 I| familia; estamos enteramente solos mi marido y yo. Si nos lo 494 II| tragando cucharadas de sopa, vertiendo la mitad.~    -¡ 495 I| vivían trabajosamente con sopitas, patatas y aire puro. A 496 I| el almuerzo. Quedaron muy sorprendidos, ofrecieron sillas y aguardaron 497 I| ataque.~    Luego la señora subió al coche, alejándose al 498 I| cubriéndole de besos la cara sucia, el pelo ensortijado y rubio 499 II| padre, para procurar el sustento de su madre y dos hermanas.~    500 | tanto


aband-tanto | tarde-yendo

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License