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Guy de Maupassant
Cantó un gallo

IntraText - Concordancias

(Hapax Legomena)


    Párrafo
1 II| aquel instante acabase de abandonar la cama.~    Salieron los 2 V| pronto, como había quedado abierta la ventana, resonó en la 3 III| inmóvil bajo aquella caricia abrasadora; pero al poco rato se sacudió 4 IV| acostarme.~    Y mientras él abría los brazos para estrecharla 5 V| aquel grito penetrante, abrió los ojos el barón.~    Sintiendo 6 III| cosquillas en la cara con su abundante y rizado cabello. Entonces 7 III| arenosas, antes que los perros acabaran su festín.~ 8 II| como si en aquel instante acabase de abandonar la cama.~    9 IV| olvidaba sus amores al sentir acariciado por el suave lienzo su cuerpo 10 II| en el brazo del hombre o acariciando, como distraída, las crines 11 | acaso 12 IV| barón salió de su cuarto, acercándose a paso de lobo a la puerta 13 II| sin ruido los coches del acompañamiento.~    Berta, maliciosamente, 14 III| ella se inclinó sobre su acompañante, de tal modo, que le hizo 15 II| la fiera podía ocultarse; acompañó a sus monteros, dispuso 16 I| entendía nada, como siempre acontece. Según pública opinión, 17 II| insistir un día y otro, acortaba las distancias, conquistando 18 IV| estoy fatigada; quiero acostarme.~    Y mientras él abría 19 | Además 20 II| conversación burlona de su adorada, y con el otro escuchaba 21 IV| deseos, su ansia de caricias' adquirieron tal vehemencia, que a punto 22 I| de Carville, procurando agradar a Berta.~    El marido, 23 V| exquisito; soñaba dulcemente, aguardando con delicia la cosa deseada. 24 IV| Vuelvo en seguida; aguárdeme usted aquí.~    Entonces, 25 II| hojas de los árboles. Por ahora no tengo tiempo; estoy muy 26 I| bandada de pajarillos. El aire estaba impregnado con perfumes 27 II| ladridos de los perros que se alejaban.~    -¿Ya no me quiere usted? - 28 | algo 29 | alguna 30 III| sorprendidas, y las damas, alteradas por tantas emociones dulces 31 V| con la misma implacable altivez que usaba para tratar a 32 II| premiarle.~    Desde antes de amanecer, el barón estaba ya en el 33 III| antorchas encendidas, en un ambiente suave y melancólico. La 34 IV| de lobo a la puerta de su amiga. Llamó dulcemente; pero 35 IV| delicia; casi olvidaba sus amores al sentir acariciado por 36 II| que por los caminos más anchos, algo distantes, rodaban 37 II| caballos galopaban por los angostos senderos del bosque, mientras 38 IV| su amor, sus deseos, su ansia de caricias' adquirieron 39 III| Regresaron de noche, con antorchas encendidas, en un ambiente 40 III| hacían presa, el jabalí apareció.~    Entonces el barón, 41 III| brazo de los caballeros, se apartaban por las avenidas arenosas, 42 III| emociones dulces y violentas. apoyándose en el brazo de los caballeros, 43 | aquellos 44 IV| estaban de caer al pie de un árbol.~    Los cuernos de caza 45 III| tronchando las ramas de los arbustos, ensangrentado, sacudiendo 46 I| barón la había perseguido ardorosamente, y después organizaba diversiones 47 III| apartaban por las avenidas arenosas, antes que los perros acabaran 48 I| por el contrario, era una arrogante figura, una hermosa mujer, 49 IV| en la ventana.~    El se arrojó a sus pies, besando el cuerpo 50 I| alguna.~    El barón se arruinaba por ella, proyectando sin 51 I| noche, deslumbrantes fuegos artificiales mezclaban sus resplandores 52 | así 53 I| Todos los días los perros aullaban por el bosque, persiguiendo 54 | aún 55 V| cazadores. Durmió hasta la aurora.~    De pronto, como había 56 III| caballeros, se apartaban por las avenidas arenosas, antes que los 57 III| madrigueras a los conejos.~    Las aves nocturnas revoloteaban, 58 II| los cuernos de caza dieron aviso para la partida, compareció 59 III| columnas de humo ennegrecían el azul del cielo. Los perros comían 60 IV| expresión atrevida, pero en voz baja:~    -Vuelvo en seguida; 61 I| revoloteaban sobre el césped como bandada de pajarillos. El aire estaba 62 IV| la mujer a través de la bata de noche; Berta callaba, 63 IV| El se arrojó a sus pies, besando el cuerpo de la mujer a 64 IV| desfallecido, la siguió.~    Se besaron bajo las ramas, casi desprovistas 65 IV| estrecharla dándole el último beso, ella escapaba murmurando:~    - 66 III| sus bigotazos rubios, la besó con fiereza.~    Ella no 67 V| se hundía gozoso en un bienestar exquisito; soñaba dulcemente, 68 III| mejilla de la mujer sus bigotazos rubios, la besó con fiereza.~    69 I| los robustos hombros, los bigotes rubios y soberbios de su 70 II| en un paseo interminable, bordeado por doble fila de encinas 71 V| se oscurecía, incierto, borroso. La fatiga poderosa le venció 72 II| que lo cubrían formando bóveda.~    Estremeciéndose de 73 V| habitación el canto de un gallo. Bruscamente sorprendido por aquel grito 74 V| Vuelva usted a dormirse, caballero, y no le importe; ya no 75 III| apoyándose en el brazo de los caballeros, se apartaban por las avenidas 76 II| través de las malezas; los caballos galopaban por los angostos 77 IV| hundiendo sus dedos finos en la cabellera del barón.~    Y de pronto, 78 III| con su abundante y rizado cabello. Entonces él no pudo contenerse 79 I| Era en otoño. Las hojas caídas de los árboles revoloteaban 80 II| amigo mío, será cuando caigan las hojas de los árboles. 81 IV| la bata de noche; Berta callaba, hundiendo sus dedos finos 82 III| minutos después, a una calva del bosque donde no había 83 I| un hombrecillo rechoncho, calvo, corto de brazos, de piernas, 84 II| acabase de abandonar la cama.~    Salieron los cazadores. 85 III| Torcieron a la derecha, por un camino estrecho, y de pronto, para 86 II| bosque, mientras que por los caminos más anchos, algo distantes, 87 I| proyectando sin cesar fiestas campestres, cacerías, placeres nuevos, 88 V| No es nada. Que ha cantado un gallo. Vuelva usted a 89 V| resonó en la habitación el canto de un gallo. Bruscamente 90 III| le hizo cosquillas en la cara con su abundante y rizado 91 III| quedando inmóvil bajo aquella caricia abrasadora; pero al poco 92 IV| sus deseos, su ansia de caricias' adquirieron tal vehemencia, 93 I| cierta expresión complacida y cariñosa los robustos hombros, los 94 I| su residencia señorial de Carville, procurando agradar a Berta.~    95 III| violentamente, y, sea por casualidad, sea de intento, sus labios 96 V| languideciera su esperanza. El barón cerraba los ojos, se hundía gozoso 97 I| árboles revoloteaban sobre el césped como bandada de pajarillos. 98 III| suelo, manchado, con la chaquetilla rota y las manos ensangrentadas; 99 III| ennegrecían el azul del cielo. Los perros comían las entrañas 100 | cierto 101 III| valles, despertando a los ciervos y turbando en sus madrigueras 102 IV| hojas, que dejaban paso a la claridad suave de la luna, y su amor, 103 II| el barón, estremecido, clavó la espuela y dijo, impacientándose:~    - 104 II| distantes, rodaban sin ruido los coches del acompañamiento.~    105 IV| echado.~    Ella deliraba, de codos en la ventana.~    El se 106 III| resplandores rojizos de las teas; columnas de humo ennegrecían el azul 107 I| que veraneaban en aquella comarca.~    Todos los días los 108 III| azul del cielo. Los perros comían las entrañas y tripas del 109 | Cómo 110 II| dieron aviso para la partida, compareció embutido en un estrecho 111 I| miraba con cierta expresión complacida y cariñosa los robustos 112 I| Berta no había hecho aún concesión alguna.~    El barón se 113 III| en sus madrigueras a los conejos.~    Las aves nocturnas 114 IV| Entonces, a tientas, confundido, con las manos temblorosas, 115 II| acortaba las distancias, conquistando el corazón de la mujer, 116 III| cabello. Entonces él no pudo contenerse y, apoyando en la mejilla 117 II| puede usted imaginarlo? -contestaba él.~    -Porque la caza. 118 I| todo.~    Berta, por el contrario, era una arrogante figura, 119 II| por cierto respeto a las conveniencias mundanas.~    Se trataba 120 II| escuchaba con un oído la conversación burlona de su adorada, y 121 II| distancias, conquistando el corazón de la mujer, que, sin duda, 122 II| perseguido por los perros, corrió a través de las malezas; 123 I| hombrecillo rechoncho, calvo, corto de brazos, de piernas, de 124 V| aguardando con delicia la cosa deseada. Pero poco a poco 125 III| de tal modo, que le hizo cosquillas en la cara con su abundante 126 II| acariciando, como distraída, las crines de su caballo.~ 127 I| los paseos ráfagas de luz cruzadas a cada punto por movibles 128 I| placeres nuevos, a los cuales invitaba a las más distinguidas 129 IV| muerta, el barón salió de su cuarto, acercándose a paso de lobo 130 II| doble fila de encinas que lo cubrían formando bóveda.~    Estremeciéndose 131 I| de los vestidos que la cubrieron.~ 132 III| mostraba en el cuello el cuchillo de caza del barón, hundido 133 III| revoloteaban, sorprendidas, y las damas, alteradas por tantas emociones 134 IV| brazos para estrecharla dándole el último beso, ella escapaba 135 II| Ya no me quiere usted? -decía ella.~    -¿Cómo puede usted 136 I| hermosa mujer, morena y decidida, riendo siempre con risa 137 IV| Berta callaba, hundiendo sus dedos finos en la cabellera del 138 IV| desprovistas de hojas, que dejaban paso a la claridad suave 139 IV| estaba echado.~    Ella deliraba, de codos en la ventana.~    140 IV| Quiere usted que demos un paseo por el parque?~    141 III| III~    Torcieron a la derecha, por un camino estrecho, 142 III| quiera, que me siga.~    Y desapareció entre los matorrales como 143 I| Berta de Avancelles había desatendido hasta entonces todas las 144 | Desde 145 V| aguardando con delicia la cosa deseada. Pero poco a poco se 146 IV| la luna, y su amor, sus deseos, su ansia de caricias' adquirieron 147 I| todas las súplicas de su desesperado admirador el barón Joseph 148 IV| tembloroso, emocionado y desfallecido, la siguió.~    Se besaron 149 IV| barón.~    Y de pronto, desligándose, como si hubiera tomado 150 I| y al jabalí; cada noche, deslumbrantes fuegos artificiales mezclaban 151 IV| temblorosas, el barón se desnudó de prisa y se hundió entre 152 V| mirando, a aquel hombre despeinado, con los ojos enrojecidos, 153 III| ocultos de lejanos valles, despertando a los ciervos y turbando 154 V| sorprendido, preguntó al despertar:~    -¿Qué? ¿Dónde estoy? ¿ 155 I| olor de la carne cuando se despoja una mujer, después de una 156 I| suficiente para que la señora le despreciase. Además, tampoco su figura 157 IV| besaron bajo las ramas, casi desprovistas de hojas, que dejaban paso 158 I| aquella comarca.~    Todos los días los perros aullaban por 159 II| señora de Avancelles le había dicho al barón, riendo:~    -Si 160 II| cuando los cuernos de caza dieron aviso para la partida, compareció 161 III| mucho rato en silencio y sin dirigirse ni una mirada.~    El tumulto 162 II| acompañó a sus monteros, dispuso la traílla, lo organizó 163 II| día y otro, acortaba las distancias, conquistando el corazón 164 II| caminos más anchos, algo distantes, rodaban sin ruido los coches 165 I| cuales invitaba a las más distinguidas personas que veraneaban 166 I| ardorosamente, y después organizaba diversiones y cacerías en su residencia 167 II| interminable, bordeado por doble fila de encinas que lo cubrían 168 IV| IV~    Dominada por los entusiasmos y placeres 169 | donde 170 | Dónde 171 V| fin; se quedó dormido.~    Dormía con un sueño pesado; el 172 IV| murmurando:~    -No, no...; voy a dormir. ¡Quien me quiera que me 173 V| un gallo. Vuelva usted a dormirse, caballero, y no le importe; 174 II| corazón de la mujer, que, sin duda, sólo resistía ya por cierto 175 III| alteradas por tantas emociones dulces y violentas. apoyándose 176 I| barón Joseph de Croissard. Durante el invierno en París, el 177 V| sueño de los cazadores. Durmió hasta la aurora.~    De 178 IV| entrar. El pestillo no estaba echado.~    Ella deliraba, de codos 179 III| bosque, repetida por los ecos ocultos de lejanos valles, 180 I| Joseph Croissard.~    Sin embargo. Berta no había hecho aún 181 II| para la partida, compareció embutido en un estrecho traje, rojo 182 IV| sin responder, tembloroso, emocionado y desfallecido, la siguió.~    183 III| damas, alteradas por tantas emociones dulces y violentas. apoyándose 184 III| de noche, con antorchas encendidas, en un ambiente suave y 185 II| bordeado por doble fila de encinas que lo cubrían formando 186 III| sea de intento, sus labios encontraron los del hombre.~    Luego 187 II| irguiéndose con tantas energías como si en aquel instante 188 IV| Los cuernos de caza habían enmudecido. Los perros no ladraban 189 III| las teas; columnas de humo ennegrecían el azul del cielo. Los perros 190 V| despeinado, con los ojos enrojecidos, los labios secos, respondió, 191 III| chaquetilla rota y las manos ensangrentadas; el jabalí,tendido a sus 192 III| las ramas de los arbustos, ensangrentado, sacudiendo a los perros 193 I| Avancelles, no veía nada ni entendía nada, como siempre acontece. 194 III| cielo. Los perros comían las entrañas y tripas del jabalí, saltando 195 IV| respondía, se resolvió a entrar. El pestillo no estaba echado.~    196 V| se entumecía toda su carne; su pensamiento 197 IV| IV~    Dominada por los entusiasmos y placeres del día, Berta 198 IV| dándole el último beso, ella escapaba murmurando:~    -No, no...; 199 V| para que languideciera su esperanza. El barón cerraba los ojos, 200 III| cacería estaba ya próximo; la espesura parecía estremecerse, y 201 II| barón, estremecido, clavó la espuela y dijo, impacientándose:~    - 202 IV| vehemencia, que a punto estaban de caer al pie de un árbol.~    203 II| necesario que lo mate usted estando yo presente -añadió ella 204 IV| sábanas; se revolvía y se estiraba con delicia; casi olvidaba 205 IV| él abría los brazos para estrecharla dándole el último beso, 206 I| resplandores fugaces con los de las estrellas, mientras que las ventanas 207 III| próximo; la espesura parecía estremecerse, y de pronto, rápido, tronchando 208 II| Entonces, el barón, estremecido, clavó la espuela y dijo, 209 II| cubrían formando bóveda.~    Estremeciéndose de amor y de inquietud, 210 III| estrecho, y de pronto, para evitar una rama que le impedía 211 V| no volvía; acaso tardaba expresamente para que languideciera su 212 V| hundía gozoso en un bienestar exquisito; soñaba dulcemente, aguardando 213 V| oscurecía, incierto, borroso. La fatiga poderosa le venció al fin; 214 IV| temblorosa:~    -Amigo mío, estoy fatigada; quiero acostarme.~    Y 215 III| que los perros acabaran su festín.~ 216 II| aquellos lugares en que la fiera podía ocultarse; acompañó 217 III| bigotazos rubios, la besó con fiereza.~    Ella no se rebeló de 218 I| una mujer, después de una fiesta, de los vestidos que la 219 I| ella, proyectando sin cesar fiestas campestres, cacerías, placeres 220 II| interminable, bordeado por doble fila de encinas que lo cubrían 221 IV| callaba, hundiendo sus dedos finos en la cabellera del barón.~    222 I| su mujer por impotencia física, motivo suficiente para 223 II| de encinas que lo cubrían formando bóveda.~    Estremeciéndose 224 I| riendo siempre con risa franca y sonora; y, sin preocupárse 225 II| recordó siempre aquella frase burlona y atrevida: y a 226 IV| Cuando se hallaron frente a la casa, ella murmuré 227 I| cada noche, deslumbrantes fuegos artificiales mezclaban sus 228 III| el barón la siguió; así fueron mucho rato en silencio y 229 II| burlona y atrevida: y a fuerza de insistir un día y otro, 230 I| mezclaban sus resplandores fugaces con los de las estrellas, 231 II| las malezas; los caballos galopaban por los angostos senderos 232 III| caballo de Berta salió al galope y el barón la siguió; así 233 V| cerraba los ojos, se hundía gozoso en un bienestar exquisito; 234 II| mundanas.~    Se trataba de una gran cacería, y la víspera la 235 V| Bruscamente sorprendido por aquel grito penetrante, abrió los ojos 236 IV| Los cuernos de caza habían enmudecido. Los perros no 237 V| la ventana, resonó en la habitación el canto de un gallo. Bruscamente 238 II| usted.~    Entonces ella le habló con ternura, apoyando una 239 | hacer 240 V| cuerpo el de una mujer, hallándose en un lecho que no era el 241 IV| dijo Berta.~    Cuando se hallaron frente a la casa, ella murmuré 242 II| con sus ruegos:~    -Si he de caer, amigo mío, será 243 I| embargo. Berta no había hecho aún concesión alguna.~    244 I| una arrogante figura, una hermosa mujer, morena y decidida, 245 III| acompañante, de tal modo, que le hizo cosquillas en la cara con 246 I| figura le recomendaba: era un hombrecillo rechoncho, calvo, corto 247 I| y cariñosa los robustos hombros, los bigotes rubios y soberbios 248 IV| me siga!~    Pasada uno hora, cuando toda la casa, en 249 II| señor de Croissard, que la hostigaba con sus ruegos:~    -Si 250 I| impregnado con perfumes de tierra húmeda como el olor de la carne 251 III| de las teas; columnas de humo ennegrecían el azul del 252 V| barón cerraba los ojos, se hundía gozoso en un bienestar exquisito; 253 III| cuchillo de caza del barón, hundido hasta el puño. Regresaron 254 IV| de noche; Berta callaba, hundiendo sus dedos finos en la cabellera 255 IV| se desnudó de prisa y se hundió entre las sábanas; se revolvía 256 I| I~    Berta de Avancelles 257 II| II~    Cierta noche, al principio 258 III| III~    Torcieron a la derecha, 259 II| Cómo puede usted imaginarlo? -contestaba él.~    -Porque 260 II| clavó la espuela y dijo, impacientándose:~    -Pero, señora, es imposible 261 III| para evitar una rama que le impedía el paso, ella se inclinó 262 V| respondió, con la misma implacable altivez que usaba para tratar 263 IV| como si hubiera tomado una importante resolución, murmuró con 264 V| dormirse, caballero, y no le importe; ya no tiene usted nada 265 II| impacientándose:~    -Pero, señora, es imposible si no salimos de aquí.~    - 266 I| separado de su mujer por impotencia física, motivo suficiente 267 I| pajarillos. El aire estaba impregnado con perfumes de tierra húmeda 268 V| pensamiento se oscurecía, incierto, borroso. La fatiga poderosa 269 III| impedía el paso, ella se inclinó sobre su acompañante, de 270 III| rebeló de momento, quedando inmóvil bajo aquella caricia abrasadora; 271 II| Estremeciéndose de amor y de inquietud, escuchaba con un oído la 272 II| atrevida: y a fuerza de insistir un día y otro, acortaba 273 II| energías como si en aquel instante acabase de abandonar la 274 III| sea por casualidad, sea de intento, sus labios encontraron 275 II| Porque la caza. le interesa más que yo -proseguía Berta.~    -¿ 276 II| posible al barón en un paseo interminable, bordeado por doble fila 277 I| soberbios de su admirador invariable y tenaz, el barón Joseph 278 V| con un sueño pesado; el invencible sueño de los cazadores. 279 I| de Croissard. Durante el invierno en París, el barón la había 280 I| placeres nuevos, a los cuales invitaba a las más distinguidas personas 281 II| estrecho traje, rojo y oro, irguiéndose con tantas energías como 282 IV| IV~    Dominada por los entusiasmos 283 | jamás 284 | junto 285 IV| enmudecido. Los perros no ladraban ya.~    -Retirémonos -dijo 286 III| tripas del jabalí, saltando y ladrando. Los ojeadores y los monteros 287 II| trompeteo de los ojeadores y los ladridos de los perros que se alejaban.~    -¿ 288 V| tardaba expresamente para que languideciera su esperanza. El barón cerraba 289 V| mujer, hallándose en un lecho que no era el suyo y no 290 III| por los ecos ocultos de lejanos valles, despertando a los 291 III| privaran la vista, el barón se levantaba del suelo, manchado, con 292 IV| acariciado por el suave lienzo su cuerpo rendido.~ 293 I| marido, quien públicamente la llamaba "señora puches", miraba 294 IV| a la puerta de su amiga. Llamó dulcemente; pero como ella 295 III| tragado.~    Cuando Berta llegó, minutos después, a una 296 IV| cuarto, acercándose a paso de lobo a la puerta de su amiga. 297 III| encontraron los del hombre.~    Luego el caballo de Berta salió 298 II| reconociendo todos aquellos lugares en que la fiera podía ocultarse; 299 I| sobre los paseos ráfagas de luz cruzadas a cada punto por 300 III| ciervos y turbando en sus madrigueras a los conejos.~    Las aves 301 II| acompañamiento.~    Berta, maliciosamente, retenía lo más posible 302 III| se levantaba del suelo, manchado, con la chaquetilla rota 303 II| con ternura, apoyando una mano en el brazo del hombre o 304 II| al barón, riendo:~    -Si mata usted a un jabalí, me obligo 305 III| Y desapareció entre los matorrales como si el bosque lo hubiera 306 III| contenerse y, apoyando en la mejilla de la mujer sus bigotazos 307 III| en un ambiente suave y melancólico. La luna plateaba los resplandores 308 I| deslumbrantes fuegos artificiales mezclaban sus resplandores fugaces 309 III| Cuando Berta llegó, minutos después, a una calva del 310 I| llamaba "señora puches", miraba con cierta expresión complacida 311 III| silencio y sin dirigirse ni una mirada.~    El tumulto de la cacería 312 V| dormido en toda la noche, mirando, a aquel hombre despeinado, 313 | misma 314 III| sobre su acompañante, de tal modo, que le hizo cosquillas 315 III| Ella no se rebeló de momento, quedando inmóvil bajo aquella 316 II| el barón estaba ya en el monte reconociendo todos aquellos 317 I| figura, una hermosa mujer, morena y decidida, riendo siempre 318 III| jabalí,tendido a sus pies, mostraba en el cuello el cuchillo 319 I| mujer por impotencia física, motivo suficiente para que la señora 320 I| cruzadas a cada punto por movibles sombras.~    Era en otoño. 321 | mucho 322 IV| casa, en silencio, parecía muerta, el barón salió de su cuarto, 323 II| respeto a las conveniencias mundanas.~    Se trataba de una gran 324 IV| último beso, ella escapaba murmurando:~    -No, no...; voy a dormir. ¡ 325 IV| hallaron frente a la casa, ella murmuré con voz temblorosa:~    - 326 IV| una importante resolución, murmuró con su expresión atrevida, 327 III| monteros hacían ruidosa música, turbando el silenció del 328 | muy 329 I| de piernas, de cuello, de nariz, de todo.~    Berta, por 330 II| barón.~    -Sí; pero es necesario que lo mate usted estando 331 III| los conejos.~    Las aves nocturnas revoloteaban, sorprendidas, 332 I| campestres, cacerías, placeres nuevos, a los cuales invitaba a 333 | o 334 II| mata usted a un jabalí, me obligo a premiarle.~    Desde antes 335 II| lugares en que la fiera podía ocultarse; acompañó a sus monteros, 336 III| bosque, repetida por los ecos ocultos de lejanos valles, despertando 337 II| inquietud, escuchaba con un oído la conversación burlona 338 I| de tierra húmeda como el olor de la carne cuando se despoja 339 IV| estiraba con delicia; casi olvidaba sus amores al sentir acariciado 340 I| acontece. Según pública opinión, estaba separado de su mujer 341 II| proseguía Berta.~    -¿No me ha ordenado usted que mate un jabalí? - 342 I| ardorosamente, y después organizaba diversiones y cacerías en 343 II| dispuso la traílla, lo organizó todo, preparando su triunfo, 344 II| un estrecho traje, rojo y oro, irguiéndose con tantas 345 V| carne; su pensamiento se oscurecía, incierto, borroso. La fatiga 346 I| movibles sombras.~    Era en otoño. Las hojas caídas de los 347 I| el césped como bandada de pajarillos. El aire estaba impregnado 348 I| Durante el invierno en París, el barón la había perseguido 349 IV| que demos un paseo por el parque?~    Y él, sin responder, 350 II| caza dieron aviso para la partida, compareció embutido en 351 IV| quiera que me siga!~    Pasada uno hora, cuando toda la 352 I| salón proyectaban sobre los paseos ráfagas de luz cruzadas 353 V| sorprendido por aquel grito penetrante, abrió los ojos el barón.~    354 V| entumecía toda su carne; su pensamiento se oscurecía, incierto, 355 II| y si no es como dije..., peor para usted.~    Entonces 356 I| aire estaba impregnado con perfumes de tierra húmeda como el 357 I| aullaban por el bosque, persiguiendo al zorro y al jabalí; cada 358 I| invitaba a las más distinguidas personas que veraneaban en aquella 359 V| Dormía con un sueño pesado; el invencible sueño de 360 IV| se resolvió a entrar. El pestillo no estaba echado.~    Ella 361 IV| punto estaban de caer al pie de un árbol.~    Los cuernos 362 I| calvo, corto de brazos, de piernas, de cuello, de nariz, de 363 III| suave y melancólico. La luna plateaba los resplandores rojizos 364 V| incierto, borroso. La fatiga poderosa le venció al fin; se quedó 365 II| lugares en que la fiera podía ocultarse; acompañó a sus 366 | Porque 367 II| maliciosamente, retenía lo más posible al barón en un paseo interminable, 368 V| recordando nada, sorprendido, preguntó al despertar:~    -¿Qué? ¿ 369 II| a un jabalí, me obligo a premiarle.~    Desde antes de amanecer, 370 I| franca y sonora; y, sin preocupárse jamás de la presencia de 371 II| traílla, lo organizó todo, preparando su triunfo, y cuando los 372 III| los perros que le hacían presa, el jabalí apareció.~    373 I| preocupárse jamás de la presencia de su marido, quien públicamente 374 II| lo mate usted estando yo presente -añadió ella con seriedad.~    375 II| II~    Cierta noche, al principio del verano, la señora de 376 IV| el barón se desnudó de prisa y se hundió entre las sábanas; 377 III| había malezas ni árboles que privaran la vista, el barón se levantaba 378 I| residencia señorial de Carville, procurando agradar a Berta.~    El 379 II| le interesa más que yo -proseguía Berta.~    -¿No me ha ordenado 380 III| de la cacería estaba ya próximo; la espesura parecía estremecerse, 381 I| que las ventanas del salón proyectaban sobre los paseos ráfagas 382 I| barón se arruinaba por ella, proyectando sin cesar fiestas campestres, 383 I| siempre acontece. Según pública opinión, estaba separado 384 I| presencia de su marido, quien públicamente la llamaba "señora puches", 385 I| públicamente la llamaba "señora puches", miraba con cierta expresión 386 III| cabello. Entonces él no pudo contenerse y, apoyando en 387 II| decía ella.~    -¿Cómo puede usted imaginarlo? -contestaba 388 IV| acercándose a paso de lobo a la puerta de su amiga. Llamó dulcemente; 389 III| barón, hundido hasta el puño. Regresaron de noche, con 390 V| De pronto, como había quedado abierta la ventana, resonó 391 III| no se rebeló de momento, quedando inmóvil bajo aquella caricia 392 V| poderosa le venció al fin; se quedó dormido.~    Dormía con 393 IV| Amigo mío, estoy fatigada; quiero acostarme.~    Y mientras 394 I| proyectaban sobre los paseos ráfagas de luz cruzadas a cada punto 395 III| pronto, para evitar una rama que le impedía el paso, 396 III| estremecerse, y de pronto, rápido, tronchando las ramas de 397 III| fiereza.~    Ella no se rebeló de momento, quedando inmóvil 398 I| recomendaba: era un hombrecillo rechoncho, calvo, corto de brazos, 399 I| Además, tampoco su figura le recomendaba: era un hombrecillo rechoncho, 400 II| barón estaba ya en el monte reconociendo todos aquellos lugares en 401 V| que no era el suyo y no recordando nada, sorprendido, preguntó 402 II| estoy muy distraída.~    El recordó siempre aquella frase burlona 403 III| hundido hasta el puño. Regresaron de noche, con antorchas 404 IV| el suave lienzo su cuerpo rendido.~ 405 III| el silenció del bosque, repetida por los ecos ocultos de 406 I| diversiones y cacerías en su residencia señorial de Carville, procurando 407 II| mujer, que, sin duda, sólo resistía ya por cierto respeto a 408 IV| hubiera tomado una importante resolución, murmuró con su expresión 409 IV| como ella no respondía, se resolvió a entrar. El pestillo no 410 V| quedado abierta la ventana, resonó en la habitación el canto 411 II| sólo resistía ya por cierto respeto a las conveniencias mundanas.~    412 IV| el parque?~    Y él, sin responder, tembloroso, emocionado 413 IV| dulcemente; pero como ella no respondía, se resolvió a entrar. El 414 II| señora de Avancelles había respondido al señor de Croissard, que 415 V| enrojecidos, los labios secos, respondió, con la misma implacable 416 II| Berta, maliciosamente, retenía lo más posible al barón 417 IV| perros no ladraban ya.~    -Retirémonos -dijo Berta.~    Cuando 418 IV| hundió entre las sábanas; se revolvía y se estiraba con delicia; 419 I| decidida, riendo siempre con risa franca y sonora; y, sin 420 III| cara con su abundante y rizado cabello. Entonces él no 421 I| complacida y cariñosa los robustos hombros, los bigotes rubios 422 II| anchos, algo distantes, rodaban sin ruido los coches del 423 III| plateaba los resplandores rojizos de las teas; columnas de 424 II| embutido en un estrecho traje, rojo y oro, irguiéndose con tantas 425 III| manchado, con la chaquetilla rota y las manos ensangrentadas; 426 II| que la hostigaba con sus ruegos:~    -Si he de caer, amigo 427 II| algo distantes, rodaban sin ruido los coches del acompañamiento.~    428 III| ojeadores y los monteros hacían ruidosa música, turbando el silenció 429 IV| prisa y se hundió entre las sábanas; se revolvía y se estiraba 430 III| arbustos, ensangrentado, sacudiendo a los perros que le hacían 431 III| abrasadora; pero al poco rato se sacudió violentamente, y, sea por 432 II| de abandonar la cama.~    Salieron los cazadores. El jabalí, 433 II| señora, es imposible si no salimos de aquí.~    -Nada; como 434 I| mientras que las ventanas del salón proyectaban sobre los paseos 435 III| entrañas y tripas del jabalí, saltando y ladrando. Los ojeadores 436 V| enrojecidos, los labios secos, respondió, con la misma 437 IV| voz baja:~    -Vuelvo en seguida; aguárdeme usted aquí.~    438 | Según 439 II| galopaban por los angostos senderos del bosque, mientras que 440 I| cacerías en su residencia señorial de Carville, procurando 441 IV| casi olvidaba sus amores al sentir acariciado por el suave 442 I| pública opinión, estaba separado de su mujer por impotencia 443 | ser 444 | será 445 II| presente -añadió ella con seriedad.~    Entonces, el barón, 446 | 447 III| ruidosa música, turbando el silenció del bosque, repetida por 448 V| abrió los ojos el barón.~    Sintiendo junto a su cuerpo el de 449 I| hombros, los bigotes rubios y soberbios de su admirador invariable 450 II| la mujer, que, sin duda, sólo resistía ya por cierto respeto 451 I| cada punto por movibles sombras.~    Era en otoño. Las hojas 452 V| un bienestar exquisito; soñaba dulcemente, aguardando con 453 I| siempre con risa franca y sonora; y, sin preocupárse jamás 454 III| nocturnas revoloteaban, sorprendidas, y las damas, alteradas 455 V| Qué? ¿Dónde estoy? ¿Qué sucede?~    Entonces Berta, que 456 III| el barón se levantaba del suelo, manchado, con la chaquetilla 457 I| impotencia física, motivo suficiente para que la señora le despreciase. 458 I| hasta entonces todas las súplicas de su desesperado admirador 459 II| usted que mate un jabalí? -suspiraba el barón.~    -Sí; pero 460 | suyo 461 | tampoco 462 V| Ella no volvía; acaso tardaba expresamente para que languideciera 463 III| resplandores rojizos de las teas; columnas de humo ennegrecían 464 IV| casa, ella murmuré con voz temblorosa:~    -Amigo mío, estoy fatigada; 465 IV| confundido, con las manos temblorosas, el barón se desnudó de 466 IV| Y él, sin responder, tembloroso, emocionado y desfallecido, 467 I| su admirador invariable y tenaz, el barón Joseph Croissard.~    468 III| ensangrentadas; el jabalí,tendido a sus pies, mostraba en 469 II| los árboles. Por ahora no tengo tiempo; estoy muy distraída.~    470 II| Entonces ella le habló con ternura, apoyando una mano en el 471 II| árboles. Por ahora no tengo tiempo; estoy muy distraída.~    472 V| y no le importe; ya no tiene usted nada que hacer.~FIN~ 473 IV| usted aquí.~    Entonces, a tientas, confundido, con las manos 474 I| impregnado con perfumes de tierra húmeda como el olor de la 475 | todas 476 IV| desligándose, como si hubiera tomado una importante resolución, 477 III| III~    Torcieron a la derecha, por un camino 478 III| si el bosque lo hubiera tragado.~    Cuando Berta llegó, 479 II| sus monteros, dispuso la traílla, lo organizó todo, preparando 480 II| embutido en un estrecho traje, rojo y oro, irguiéndose 481 II| conveniencias mundanas.~    Se trataba de una gran cacería, y la 482 V| implacable altivez que usaba para tratar a su marido:~    -No es 483 III| perros comían las entrañas y tripas del jabalí, saltando y ladrando. 484 III| Entonces el barón, riendo triunfalmente, dijo:~    -Quien me quiera, 485 II| organizó todo, preparando su triunfo, y cuando los cuernos de 486 II| otro escuchaba sin cesar el trompeteo de los ojeadores y los ladridos 487 III| estremecerse, y de pronto, rápido, tronchando las ramas de los arbustos, 488 III| dirigirse ni una mirada.~    El tumulto de la cacería estaba ya 489 IV| para estrecharla dándole el último beso, ella escapaba murmurando:~    - 490 IV| que me siga!~    Pasada uno hora, cuando toda la casa, 491 V| misma implacable altivez que usaba para tratar a su marido:~    - 492 V| V~    Ella no volvía; acaso 493 III| ecos ocultos de lejanos valles, despertando a los ciervos 494 IV| caricias' adquirieron tal vehemencia, que a punto estaban de 495 I| señor de Avancelles, no veía nada ni entendía nada, como 496 V| borroso. La fatiga poderosa le venció al fin; se quedó dormido.~    497 I| estrellas, mientras que las ventanas del salón proyectaban sobre 498 I| distinguidas personas que veraneaban en aquella comarca.~    499 II| noche, al principio del verano, la señora de Avancelles 500 I| después de una fiesta, de los vestidos que la cubrieron.~ 501 III| al poco rato se sacudió violentamente, y, sea por casualidad, 502 III| tantas emociones dulces y violentas. apoyándose en el brazo 503 II| de una gran cacería, y la víspera la señora de Avancelles 504 III| árboles que privaran la vista, el barón se levantaba del 505 V| V~    Ella no volvía; acaso tardaba expresamente 506 IV| murmurando:~    -No, no...; voy a dormir. ¡Quien me quiera 507 V| Que ha cantado un gallo. Vuelva usted a dormirse, caballero, 508 IV| pero en voz baja:~    -Vuelvo en seguida; aguárdeme usted 509 I| bosque, persiguiendo al zorro y al jabalí; cada noche,


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