Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText
Guy de Maupassant
Cantó un gallo

IntraText CT - Texto

Anterior - Siguiente

Pulse aquí para activar los vínculos a las concordancias

II

    Cierta noche, al principio del verano, la señora de Avancelles había respondido al señor de Croissard, que la hostigaba con sus ruegos:
    -Si he de caer, amigo mío, será cuando caigan las hojas de los árboles. Por ahora no tengo tiempo; estoy muy distraída.
    El recordó siempre aquella frase burlona y atrevida: y a fuerza de insistir un día y otro, acortaba las distancias, conquistando el corazón de la mujer, que, sin duda, sólo resistía ya por cierto respeto a las conveniencias mundanas.
    Se trataba de una gran cacería, y la víspera la señora de Avancelles le había dicho al barón, riendo:
    -Si mata usted a un jabalí, me obligo a premiarle.
    Desde antes de amanecer, el barón estaba ya en el monte reconociendo todos aquellos lugares en que la fiera podía ocultarse; acompañó a sus monteros, dispuso la traílla, lo organizó todo, preparando su triunfo, y cuando los cuernos de caza dieron aviso para la partida, compareció embutido en un estrecho traje, rojo y oro, irguiéndose con tantas energías como si en aquel instante acabase de abandonar la cama.
    Salieron los cazadores. El jabalí, perseguido por los perros, corrió a través de las malezas; los caballos galopaban por los angostos senderos del bosque, mientras que por los caminos más anchos, algo distantes, rodaban sin ruido los coches del acompañamiento.
    Berta, maliciosamente, retenía lo más posible al barón en un paseo interminable, bordeado por doble fila de encinas que lo cubrían formando bóveda.
    Estremeciéndose de amor y de inquietud, escuchaba con un oído la conversación burlona de su adorada, y con el otro escuchaba sin cesar el trompeteo de los ojeadores y los ladridos de los perros que se alejaban.
    -¿Ya no me quiere usted? -decía ella.
    -¿Cómo puede usted imaginarlo? -contestaba él.
    -Porque la caza. le interesa más que yo -proseguía Berta.
    -¿No me ha ordenado usted que mate un jabalí? -suspiraba el barón.
    -Sí; pero es necesario que lo mate usted estando yo presente -añadió ella con seriedad.
    Entonces, el barón, estremecido, clavó la espuela y dijo, impacientándose:
    -Pero, señora, es imposible si no salimos de aquí.
    -Nada; como dije ha de ser - añadió Berta, riendo -, y si no es como dije..., peor para usted.
    Entonces ella le habló con ternura, apoyando una mano en el brazo del hombre o acariciando, como distraída, las crines de su caballo.




Anterior - Siguiente

Índice | Palabras: Alfabética - Frecuencia - Inverso - Longitud - Estadísticas | Ayuda | Biblioteca IntraText

Best viewed with any browser at 800x600 or 768x1024 on Tablet PC
IntraText® (V89) - Some rights reserved by EuloTech SRL - 1996-2007. Content in this page is licensed under a Creative Commons License