Como sabéis, en agosto iré a Colonia para la Jornada mundial
de la juventud, y espero encontrarme de nuevo con muchos de vosotros,
acompañados por gran número de jóvenes italianos. Precisamente con respecto a
los jóvenes, a su formación y a su relación con el Señor y con la Iglesia,
quisiera añadir una última reflexión.